Se veía tan bella contemplando el cerezo que no pudo contenerse a inmortalizar ese momento en una fotografía. Su cabello ondeaba con el viento y los pétalos de cerezos que caían alrededor de ella hacían de un paisaje mágico y ella, ella era la cúspide de la magia.

—¿Estás lista para irnos? —preguntó distrayendo a la mujer cuando ya tenía la fotografía hecha: perfecta.

Ella volteó sonriendo y corrió a abrazarlo con una radiante sonrisa digna de una obra de arte, ella completa lo era.

—Toda mi vida he estado lista —le dijo entrelazando su mano con la de él.

Fujitaka le dio un beso en la frente y caminaron hacia el auto que había quedado esperándolos.

Ese día, comenzarían su vida juntos, en un modesto departamento y aunque no habían contado con el apoyo de su familia, ambos estaban bien, porque estaban juntos y felizmente casados.