Capítulo 2 - Para un perro, su amo es su dios:
Si alguien dijera que estoy un poco molesta, esa persona estaría subestimando el límite de mi mal genio. Es decir, no estoy simplemente de mal humor, estoy ardiendo en furia infernal.
Probablemente esto se deba al estrés en el que me encuentro sometida. Llevo dos días intentando sacar tiempo libre para investigar las causas de mi misterioso regreso al pasado, pero de repente no paran de surgir problemas en la casa principal del estado de los Sohma: complicados entramados financieros exigen mi atención, a la vez que entorpecen mi investigación e impiden que me tome un respiro. Cada vez que algún empleado me ve, me aborda con un sinfín de documentos que debo revisar o firmar. Este tipo de tareas las solía cumplir Kureno, pero ahora que le he obligado a tomar unas vacaciones para alejarlo de mi lado, toda la responsabilidad recae en mí.
Por supuesto, Ren aprovechó esta oportunidad de oro para agravar aún más los problemas ya existentes.
Que pena... Tenía la esperanza de que esa mujer hubiese adquirido una actitud mas dócil en este pasado tan raro que estoy reviviendo, pero parece que no ha habido suerte. Nada ha cambiado respecto a ella, ... sigue siendo una perra.
Primero, el viaje en el tiempo, luego los problemas financieros y después, por si fuera poco, esa mujer. A este paso, parece que no solo el espacio-tiempo está conspirando contra mí, sino también el mundo entero... y probablemente el universo en su totalidad. Fantástico.
- "Lo siento. No tengo tiempo para lidiar con esa mujer. Les confío esa tarea a ustedes." - contesté a las empleadas de forma muy educada, aunque por dentro no paraba de maldecir a Ren, esa vieja bruja con la que he tenido que lidiar durante más de treinta años y que en mi linea de tiempo casi apuñala a mi hijo. He tratado de perdonarla decenas de veces, así como los demás perdonaron mis pecados, pero... es un poco complicado. Podríamos decir que ella no se deja perdonar tan fácilmente. Cada vez que intento hacer las paces con ella acabo siendo abofeteada...
A pesar de todo, en determinadas ocasiones he llegado a sentir pena por ella; tanto que he intentado ayudarla a redimirse, pero... nada ha funcionado.
Supongo que no todo el mundo puede dejar el pasado atrás, porque para ello no solo es necesario tener a alguien que te apoye, sino que también debes tener la voluntad de cambiar tu "yo interior" y estar dispuesta a correr el riesgo de perder muchas cosas valiosas durante el proceso de cambio.
No hay garantía de que permanecerá a tu lado todo cuanto amas; eso da mucho miedo, pero debes aceptar este riesgo en pos del cambio. Debes estar dispuesta a dejar ir esas cosas a las que antes te aferrabas con uñas y dientes, como si tu vida dependiese de ello, pues sentías que sin ellas tu mundo se desmoronaría; que sin ellas no eras nada más que un juguete roto en manos de un destino cruel.
Dicha voluntad de cambio es algo muy difícil de obtener, más aún cuando te acostumbras a vivir triste todo el tiempo, inmersa en odio y desesperación. Vivir en agonía es doloroso, pero también puede llegar a ser muy adictivo. En la oscuridad puedes hallar un tipo de consuelo tan reconfortante que no vas a querer dejarlo ir nunca. Por eso me costó tanto redimirme en su momento y por eso hay tanta gente que jamás encontrará la redención. De hecho, yo no tengo ni la menor idea de cómo logré hacerlo. Supongo que todo se lo debo a Tohru; por ello, esa chica siempre ocupará un lugar especial en mi corazón.
Que irónico. Ella es más joven que yo, sin embargo, a veces siento que es como la madre que nunca tuve...
Suspiré resignada. Luego comencé a explicarles a las empleadas como debían proceder a la hora de lidiar con Ren. Ellas simplemente asintieron.
- "Si, señor Akito. Como deseé. Nos ocuparemos de la señora tal y como usted ha ordenado, señor."
¿Señor? Oh, dios. No me digas que tengo que volver a pasar por esto otra vez... Lo peor de todo es que el mundo entero me trata como si fuera un hombre, lo que reabre viejas heridas e inseguridades, a la vez que agrava mi mal humor. Pierdo a mi familia, pierdo a mis amigas y ahora pierdo mi feminidad recién adquirida. ¡Lo que me faltaba! ¿Qué más me queda por perder? ¿la cabeza? ¿el corazón? Oh, espera... ¡Eso última ya me lo ha robado cierto bastardo pulgoso que no quiero nombrar! ¡Maldito sea!
Lancé una mirada fulminante a las pobres empleadas y estas huyeron espantadas, sin saber muy bien que es lo que estaba pasando.
- "Necesito un descanso." - murmuré para mis adentros, mientras me masajeaba las sienes. - "Tohru... y ese bastardo pulgoso... Quizás sea un buen momento para hacerles una visita, tal y como había planeado en un principio cuando llegué al pasado."
Sin embargo, ¿qué se supone que voy a decirles cuando les vea? No hay confianza entre nosotros ni modo alguno de justificar mi visita. Tohru todavía no es mi amiga. Y Shigure... Oh dios, ese perro estúpido. Me tiemblan las piernas con solo pensar en volver a verle, después de todo lo que lloré al pensar que en cierta forma le había perdido.
Supongo que tendré que inventarme alguna excusa para ir a visitarles sin levantar sospechas. Podría decirles que, como la cabeza de familia, tengo la obligación de supervisar las condiciones en las que se encuentra esa vieja casa en la que viven, ya que sigue siendo posesión del clan de los Sohma... o algo así. Suena ridículo, pero no sé que más inventar.
- "Quizás debería llamar antes de presentarme allí sin previo aviso..." - Si voy a ir a visitarles debería avisar con algunos minutos de antelación, para que lo vayan asimilando. El Yuki del pasado probablemente va a sentirse mal al verme, Kyo del pasado querrá darme una paliza, y en definitiva, todo va a ser extremadamente incómodo. Está claro como el agua, esto va a ser horrible, pero tengo que hacerlo. No puedo posponerlo más.
Cuando por fin pude solucionar el embrollo que se había montado en la casa principal, me dirigí hacia el pasillo en el que se encontraba un viejo teléfono fijo y me dispuse a marcar el número de la casa de Shigure. Mis dedos temblaron al marcar el número y mi corazón amenazaba con salirse del pecho a cada pitido que escuchaba. Mientras esperaba impaciente a que alguien contestara, miré al teléfono con una intensidad desmedida, como si el pobre aparato tuviera la culpa de todos mis males.
- "Hola, Shigure al habla~ ¿Qué desea?"
¡Oh dios! ¡No, es él! ¿Por qué no contestó Tohru en vez de él? ¿Y ahora qué le digo?
- "S-Shigure. S-Soy y-..."
- "Que no bobo~ ¡Esto es el contestador automático! Deja tu mensaje después de oír la señal. PIIII"
...
¡Maldito chucho pulgoso! ¡No me lo puedo creer! ¡Me ha costado una eternidad reunir el valor para llamar y tiene que venir este hombre a jugar con mi paciencia, como siempre!
¿Pues sabes qué? Me da igual todo. Voy a su casa de todos modos, sin previo aviso.
Con esta firme decisión en mente acudí a mi habitación para cambiarme de ropa. Miré con asco el interior de mi armario, como quien mira una bolsa de basura. Todo lo que había dentro era ropa de hombre, incluso la ropa interior. Por supuesto, no había sujetadores. Intenté ponerme la faja para disimular mi pecho, pero sentí que me asfixiaba y no me sentía nada cómoda conmigo misma llevando esa cosa encima.
- "¡Pues me da igual! ¡Si se me nota el pecho que se aguanten! ¡No voy a revivir esta farsa una vez más!"
Tiré la faja a la basura. Luego, tomé una camisa negra muy ceñida, la que tenía la forma más femenina, junto con unos pantalones negros estrechos. Así mismo salí de mi habitación, andando por los pasillos como una exhalación e ignorando por completo las miradas escandalizadas de todos los que me rodeaban. Que miren si quieren. ¡Ni siquiera me voy a molestar en aclarar que soy una mujer!
El tiempo es oro. No quiero desperdiciarlo en tonterías como estas nunca más.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Al parecer, mi corazón tiene el objetivo de crear un agujero en mi pecho para salir disparado, porque estos latidos tan fuertes no pueden ser normales. Me encuentro justo enfrente de la casa de Shigure, hecha un manojo de nervios ante la posibilidad de volver a estar frente a él... No sé si mi débil corazón podrá soportar todo esto.
Tengo tantas dudas.¿Y si este Shigure es totalmente distinto al Shigure de mi linea de tiempo? ¿Y si ha cambiado tanto en personalidad como en apariencia, al igual que otras personas del pasado con las que me he encontrado?
¿Y si este Shigure me odia? ¿Qué podría hacer entonces?
Tengo miedo. Siento un nudo en la garganta que me impide tragar saliva. Me sudan las manos debido a los nervios; mi estómago duele por culpa de esas horribles mariposas que revolotean en mi interior. Y aún así... quiero verle.
Haciendo acopio de todo el valor que me queda, toqué la puerta. Al instante me arrepentí, me di la vuelta y empecé a huir como una cobarde. Pero de pronto, escuché una voz familiar que me dejó congelada en medio del camino.
- "¡Ya voy! Espere un segundo~"
Oh dios. Esa es su voz, tan irritante como siempre. Es idéntica a la de mi Shigure. Que molesto es y cuanto le amo. Siento que en cualquier momento voy a echarme a llorar.
Oí el chirrido agudo de la puerta abriéndose de golpe tras mi espalda. Yo sabía que el hombre al que amo estaba ahora a escasos metros de mí, sujetando el pomo de dicha puerta, pero no tuve el valor de darme la vuelta para encararle.
Yo no dije ni una palabra y él tampoco. Durante un minuto, todo permaneció en silencio. Ambos estábamos inmersos en una quietud muy tensa e incómoda, durante la cual deseé tener la habilidad de volverme invisible o teletransportarme.
- "Akito..." - susurró él finalmente, en un tono de voz tan bajo que a duras penas pude escucharlo. Su forma de hablar, demasiado efusiva e infantil, cambió radicalmente a una más genuina, acorde a su verdadera personalidad.
Desde este momento supe que era una perdida de tiempo el tratar de huir. Ya se había dado cuenta de mi presencia y no había más remedio que seguir adelante. Resignada, me dí la vuelta lentamente para encararlo.
Y ahí, frente a mí, estaba el hombre más cautivante que he conocido en la vida. El que robó mi corazón desde hace tantos años que no recuerdo ningún momento de mi vida en el que no le haya amado.
Una vez más, su simple imagen bastó para quitarme el aliento. No pude apartar la mirada, completamente extasiada. Los últimos rayos de sol de un rojo atardecer iluminaban su figura a contraluz, creando la ilusión de un aura luminosa a su alrededor. Esa tenue luz rojiza se reflejaba de forma hechizante en sus brillantes ojos y en su blanca tez. Bajo esta iluminación, su rostro parecía ligeramente más joven de lo que debería, pero era igual de atractivo. Las finas hebras de su cabello danzaban gracilmente con el viento, enmarcando ese bello rostro, tan familiar y tan querido. Por último, cabe mencionar que llevaba su típica vestimenta de estilo japones, con la parte superior ligeramente abierta, mostrando así su pecho ancho y fuerte.
- "S-Shigure..." - susurré también, en un tono de voz muy bajo, un murmullo tan suave como la brisa que revolvía nuestros cabellos.
No sé a ciencia cierta si él sigue siendo el mismo Shigure con el que me casé, pero aún así, siento el impulso casi incontrolable de correr a sus brazos, de abrazarle fuertemente y permanecer así por siempre, aferrada a él, para no volver a perderlo nunca más. Pero, a pesar de lo fuerte que es mi deseo por arrojarme a sus brazos, soy consciente de que eso es algo que no debía hacer. Al menos no todavía. Debo refrenar mis impulsos e intentar mantener mi secreto a salvo; ni siquiera él debe enterarse de que vengo del futuro. De hecho, ni siquiera sé si es buena idea revelar este secreto a Tohru; quizás debería mantener la boca cerrada y actuar con prudencia por una vez en mi vida.
Sé que debo ocultar este secreto bajo una fría fachada de indiferencia. Lo sé. Soy consciente de lo que debo hacer. Pero aún así... tengo tantas ganas de abrazarlo...
Mientras yo luchaba esa batalla interna entre mis sentimientos versus el sentido común, él permaneció inmóvil e inalterable durante varios segundos, analizándome minuciosamente desde el umbral de la puerta. Su expresión era indescifrable, pues no mostró mueca alguna que delatara lo que en realidad estaba pensando. Tan solo permaneció allí de pie, observándome fijamente con esos hermosos ojos azul grisáceo.
Tras lo que pareció una eternidad, se hizo a un lado en silencio para indicarme que entrase.
Atravesé el umbral de la puerta a paso lento, con la cabeza gacha, evitando su penetrante mirada. Luego, esperé pacientemente a que cerrase la puerta tras de mí y me guiara hasta el salón en silencio.
No se oía ningún ruido en el interior del hogar, así que deduje que Kyo, Yuki y Tohru no estaban presentes. Deben estar en alguna clase extraescolar. Esto es rarísimo; todavía no me hago a la idea de que todos hemos rejuvenecido diez años y que ahora ellos son un puñado de adolescentes.
- "Disculpa por presentarme aquí sin avisar. Llamé antes de venir, pero supongo que no estabas en casa. Lo siento."
- "... No te preocupes. Llegué hace poco."
- "Entiendo. ¿Hay alguien más aquí aparte de nosotros?"
- "... No."- dijo él tras una breve pausa, sonriendo de una forma un tanto enigmática. El tono de su voz era muy sombrío, lo cual era... bastante extraño. - "Puedes sentarte aquí, sobre estos cojines, si quieres. Aunque dudo mucho que sean de tu agrado."
Le miré con el ceño profundamente fruncido. Esa sonrisa forzada, esta actitud... todo en él me hace desconfiar. Algo en este Shigure parece fuera de lugar, pero no logro identificar que es. Tampoco sé lo que está pensando. Yo diría que su mente es incluso más difícil de descifrar que la del Shigure con el que estoy familiariza a tratar.
Aunque también es probable que no sea su culpa. Quizás lo verdaderamente "extraño" no sea él, sino la situación en sí. Yo nunca he puesto un pie en esta casa, pero aquí estoy ahora mismo: vestida de forma semi-femenina; comportándome de una manera inusual, tan serena y tranquila; buscando a Tohru en son de paz, después de que mi yo del pasado le hubiese arañado la cara no hace mucho tiempo atrás, durante las vacaciones en la casa de la playa. Desde luego, esta es una situación excepcional. No es tan raro que la actitud de Shigure sea tan distante.
Teniendo eso en cuenta, decidí pasar por alto su extraño comportamiento. Seguí sus instrucciones al pie de la letra y me senté sobre uno de los cojines que había en el suelo, cerca de la puerta que daba al jardín. Él no tardó en sentarse a mi lado, muy cerca. Demasiado cerca, de hecho; tanto que podía oler la suave fragancia de ese perfume que siempre utiliza, tan dulce, tan embriagador.
Tragué saliva con cierta dificultad. Puse mis manos fuertemente unidas en el regazo porque no sabía donde ponerlas. ¿Por qué me siento tan nerviosa? Este hombre fue, o probablemente será, mi esposo. Me he quedado a solas con él en un cuarto incontables veces. No debería sentirme así.
¿A lo mejor es porque tengo miedo de causarle una mala impresión? ¿Es miedo al rechazo esto que estoy sintiendo? ¿Miedo a que mi horrible comportamiento del pasado haya conseguido borrar todo su amor por mí en esta linea temporal?
Oh dios, esto es demasiado. Esta atmósfera tensa e incómoda me hace sentir al borde del colapso.
En un desesperado intento por calmar mis nervios empecé a pasar mis dedos por entre las finas hebras de mis cabellos, jugueteando con los cortos mechones que enmarcaban mi rostro. Esta es una manía que adquirí por culpa de mi amiga Hanajima, que siempre aprovechaba la más mínima oportunidad para cepillarme el pelo mientras me decía cosas embarazosas, como: "A-chan tiene un pelo muy lindo" o tonterías por el estilo. Mala mujer... seguro que lo hacía a propósito para avergonzarme.
- "¿Quieres un poco de té?" - preguntó Shigure, sacándome abruptamente de mi ensueño para devolverme a la realidad.
- "¿Q-Qué? ¡Oh! ¿Té?"- Me maldije a mí misma por tartamudear de forma tan ridícula delante de él. No pude evitar sobresaltarme un poco al escuchar su voz pronunciando mi nombre. - "N-No quiero té. Gracias."
- "¿Gracias?" - Shigure sonrió de forma aún más inquietante que la vez anterior, antes de añadir con deliberado sacarmo: - "¿Desde cuando un dios necesita tener tan buenos modales?"
Y ahí está: su cruel sacarmo, tan diferente al del hombre con el que me casé. Las traviesas burlas de mi esposo no eran malintencionadas, pues siempre tenían como objetivo llamar mi atención. Sin embargo, las del Shigure de esta época parecen tener la intención de herirme; romperme en mil pedazos, probablemente con el objetivo de quebrar mis convicciones y destituirme de mi posición como dios del zodiaco.
Qué irónico. En cierta parte, Shigure es como yo. Cuando la gentileza o la amabilidad no funcionan a la hora de obtener lo que queremos, tendemos a desatar nuestro lado más oscuro. La importancia de los medios desaparece por completo con tal de obtener el fin a toda costa. Él se volvió cruel con tal de obtenerme; yo me volví cruel con tal de retener en mis garras al único amor que pensé real: mi vínculo con los miembros del zodiaco.
Mientras yo meditaba sobre todo esto, Shigure prosiguió con sus malintencionadas burlas de la forma más pasivo-agresiva posible:
- "Nunca he oído hablar de ningún dios que dé las gracias a sus esclavos."
- "Bueno... en ese caso, felicidades. Has conocido al primer dios que te agradece algo, perro estúpido." - repliqué, mientras le miraba directamente a los ojos con el ceño profundamente fruncido. Por su parte, él no dudo en devolverme la mirada, iniciándose así una silenciosa batalla de voluntades.
Poco a poco, las comisuras de sus labios se fueron elevando, dando paso a una sonrisa traviesa que no estaba libre de malicia. ¿Por qué actúa de forma tan mordaz? ¿Qué está pasando?
- "Es de mala educación mirar a alguien a los ojos por tanto tiempo, Akito."
- "Creía que un dios no tenía que tener educación ni buenos modales, Shigure."
- "Bueno... Teniendo en cuenta todos los hombres que hay a tu disposición, supongo que es todo un halago ser el centro de tu atención, Akito"
- "Bueno... Teniendo en cuenta todas las mujeres que hay a tu disposición, supongo que es todo un milagro que te sientas halagado por ser el centro de mi atención, Shigure."
- "¿Acaso soy tan guapo que hasta dios no puede quitarme los ojos de encima?"
- "¡Deja de creerte la gran cosa!"
- "¿Estás haciendo un mohín, bella flor llena de espinas? ¿No es eso un gesto demasiado femenino para alguien como tú?"
- "¡Por supuesto que no, perro estúpido!" - exclamé, antes de girar mi cabeza bruscamente hacia el otro lado en señal de indignación. - "Y no estoy haciendo un mohín. ¿Por quien me has tomado? ¿Por una niña pequeña en pleno berrinche? Si vas a seguir intentando molestarme, mejor cierra esa bocaza tan grande que tienes."
- "Está bien, señor Akito... Como usted ordene..."
La habitación quedó entonces sumida en un denso silencio. Él permaneció inusualmente callado, mientras yo trataba de ignorar su mirada fija en mí. Los segundos pasaban como una eternidad, mientras él seguía analizándome, desde la cabeza a los pies.
Cuando finalmente me digne a voltear de nuevo la cabeza en su dirección, me di cuenta de que el estúpido perro descarado había detenido su mirada en mis pechos. Su forma redondeada se dejaba entrever a través de la camisa ceñida debido a la falta de un sostén. Para colmo, uno de los botones de la camisa se había desabrochado, dejando a la vista el escote que ahora Shigure observaba sin el más mínimo disimulo.
Al instante, sentí un fuego en mis mejillas y bajé la cabeza, avergonzada. Sinceramente, no sé si sentirme terriblemente ofendida o halagada. Supongo que lo que debería hacer es actuar con indulgencia en vez de enfadarme. Después de todo, debo entender que esto le llame la atención, ya que el antiguo Akito jamás hubiera salido a la calle con estas pintas. No después de haber declarado una y mil veces su odio hacia las mujeres.
Tosí un poco para disimular mi bochorno, a la vez que me abrochaba la camisa. Ante esto, Shigure pareció adoptar una expresión indescifrable, que no me agradó en lo más mínimo. Parecía... ¿Una acusación?
Esta actitud... ¿qué le pasa? Esto no es normal.
- "Deja de mirarme." - le advertí, mientras tomaba un mechón de pelo y jugueteaba con él, un tanto nerviosa.
- "¿Por qué?"
- "¿¡C-Cómo que por qué!?" - exclamé al ver que aún seguía mirándome fijamente con esos ojos grises, que cada vez se iban volviendo más y más oscuros. Sus pupilas eran dos profundos abismos sin fondo, en los que no podía evitar caer.
- "¿Por qué estás aquí?" - preguntó Shigure de manera cortante.
- "Vengo a hablar con Tohru." - afirmé, frunciendo el ceño a más no poder.
- "¿Por qué estás aquí?" - repitió nuevamente, sin alzar la voz en lo más minino, pero sonando terriblemente intimidante de todos modos. Había una tormenta apenas contenida dentro del alma de este hombre que amenazaba con desatarse en cualquier momento, arrasando conmigo y con todo cuanto estuviese en su camino.
- "¡Ya te lo he dicho! ¡Vengo a-...!"
- "Mentira." - me interrumpió él, usando una voz ronca que envió escalofríos a lo largo de mi columna vertebral. Al instante, todo cuanto iba a replicar cayó en el olvido.
Después de eso, nadie dijo nada por un par de segundos.
- "¿Q-Qué?" - Me atreví a decir, rompiendo el denso silencio que se había apoderado nuevamente de la habitación.
- "Ya te dije el otro día que los chicos estaban ocupados ensayando para una obra de teatro. Lo sabías muy bien. Sabías perfectamente que hoy no iba a haber nadie más que yo en esta casa." - continuó él, hablando muy despacio, con un tono de voz tan afilado como un cuchillo. - "Y sin embargo te presentas aquí, sin previo aviso, después de haberme dicho hace tan solo dos días que... te daba asco besarme, que te parecía repugnante y que ojala muriese entre terribles dolores para no tener que verme la cara nunca más."
- "Espera... ¿¡qué!?"
Mi mente pareció colapsar cuando escuché esas crueles palabras que supuestamente habían salido de mis labios. ¿Cuando dije eso? ¿Lo dije alguna vez en el pasado? No recuerdo haberle dicho algo así en mi vida.
- "Oh, ya veo. Ahora vas a fingir que no sabes de qué hablo, ¿No es así?" - replicó Shigure, que parecía una bomba a punto de explotar. - "Oh Shigure. Me dan arcadas de solo pensar en besar los labios que ESA MUJER ha tocado. Que asco me das. ¿Cómo puedes siquiera pensar que hay alguna posibilidad de que te ame? ¿Cómo puedes si quiera llegar a compararte con Kureno? Que vergüenza... ¿Por qué no te suicidas de una vez y acabas con tu tormento?"
¿¡Qué!? ¡Eso es imposible! Estoy segura de que jamás le dije que me daba asco o que se suicidara, ni nada de eso. Recuerdo que mandarlo al exilio, fuera de mi vista, fue todo un trauma para mí... Le extrañaba a morir y no había día en el que no pensara en él. Si ni siquiera podía soportar tenerlo tan lejos, ¿¡cómo iba entonces a soportar la idea de que se quitara la vida!?
Solo puede haber dos explicaciones posibles a todo esto: O él está mintiendo o algo muy extraño está sucediendo.
- "¿Por qué? Si tanto disgusto te provoco, ¿por qué estás actuando así? ¿A qué clase de juego estás jugando ahora? "- cuestionó él, ignorando por completo mi atónita expresión. - "¿Por qué estás tratando de seducirme? ¿Por qué no vas a seducir al bastardo de Kureno, si tanto te gusta?"
- "¿Q-qué? ¿Y-Yo? ¡Seducirte!"
- "Si, tú... ¿Quién si no? Siempre haces lo mismo. Pisoteas mi corazón con rabia hasta que solo queda un amasijo de carne en el suelo. Luego te bastan dos lagrimitas para volver a tenerme comiendo de tu mano como un perro." - Y mientras decía estas desgarradoras palabras, un aterrador Shigure se fue acercando a mí, como un lobo feroz aproximándose a una presa desvalida. - "Me provocas, me usas para tu entretenimiento, me humillas y luego me dejas a un lado de la peor forma posible. Sabes que me muero por ti, que no puedo vivir sin ti... y te da igual. Te aprovechas, porque sabes que ya no puedo ocultar lo que siento ni puedo olvidarte, por mucho que lo intente. Sabes que no puedo rechazarte, ni como dios ni como mujer... SIEMPRE IGUAL."
Me fui alejando de él muy lentamente, arrastrándome por el suelo marcha atrás con la ayuda de mis piernas temblorosas. Mientras tanto, él seguía avanzando hacia delante al mismo ritmo que yo, muy despacio.
Llegó un momento en el que mi espalda chocó contra la pared y no pude retroceder ni un solo centímetro más. Su rostro estaba ahora a escasa distancia del mio. Su mirada, clavada en la mía, parecía mirar directamente a mi alma. Desde esa distancia tan cercana daba la impresión de que esos penetrantes ojos brillaban en la tenue oscuridad del atardecer; en ellos vi cómo relampagueaba una ira sobrecogedora.
Fue justo en ese momento cuando me di cuenta de que había sido acorralada por un lobo salvaje...
Presa de la desesperación, alcé mi mano para abofetearlo, pero él tomó mi frágil muñeca con su mano derecha e impidió que le golpease. Entonces, traté de liberarme, pero era imposible, pues él era demasiado fuerte y yo demasiado débil. No había escapatoria de su férreo agarre. No podía huir ni esconderme. Estaba a su merced.
Al verme acorralada, mi cuerpo empezó a temblar. Lagrimas empezaron a acumularse en mis ojos. Tenía miedo.
Shigure es un buen hombre, pero siempre ha tenido un lado oscuro, teñido de un ligero toque posesivo. Pero... esto es completamente diferente. Él nunca me había dado miedo antes. Nunca vi en sus ojos tanta ira, tanto odio dirigido hacia mi persona. Parece querer devorarme y destrozarme al mismo tiempo.
Así que, al final estaba en lo cierto: mi mayor temor se ha hecho realidad... En esta linea temporal, el hombre al que amo me odia. Me detesta. ¿Qué voy a hacer ahora? O más bien dicho... ¿qué es lo que él va a hacer ahora?
- "Shigure. Por favor. M-me estás asustando." - balbuceé, agachando la cabeza para evitar tener que contemplar todo ese rencor que me transmitía con su mirada. - "¿Qué pretendes hacer?"
- "¿No es obvio? Mi paciencia se ha agotado, Akito. Esta vez seré yo quien te use a ti. De momento me conformaré con besarte, aunque ni quieras, a ver si con un poco de suerte te mueres del asco de una vez por todas." - Y mientras decía todo esto, agarró mi rostro con la mano izquierda, empleando quizás demasiada fuerza. Luego elevó mi barbilla, obligándome así a mirarle a la cara de nuevo. - "Adelante. Muérdeme todo cuanto quieras hasta hacerme sangrar, esta vez no vas a detenerme."
¿Que moriría de asco al besarle?
¿Que le mordería hasta hacerle sangrar con tal de que no me toque?
¿Que siempre le uso a mi conveniencia y le humillo?
Acaso... ¿Shigure ha tenía que pasar por esto y por muchas otras cosas más? ¿Es por eso por lo que su voz sonó tan rota hace un momento?
Entiendo...
Fue en ese momento cuando me di cuenta; en medio de todo ese odio había algo más, algo que brillaba en esos ojos azul grisáceo. En ellos había deseo, locura de amor, anhelo, pero ante todo, una tristeza tan grande que podría partir el alma en dos. Esa clase de pena que nace de un profundo pesar: el de un corazón afligido que ha sido quebrado tantas veces que es imposible armarlo por completo, porque le faltan piezas. Conozco ese dolor. En cierto grado lo he vivido...
Al ser consciente de esto, hice lo único que se me pasó por la cabeza para aliviar su pena: puse ambas manos en sus mejillas y atraje su rostro hacia el mio, quedando ambos muy cerca el uno del otro. Su expresión denotaba desconcierto y sorpresa, a la vez que algo de desconfianza ante esta acción tan repentina, pero aun así él no hizo ademán alguno de querer alejarse.
- "No me da asco besarte. Así que ya estás tardando en callarte, perro estúpido." - murmuré a escasos milímetros de sus labios, antes de unirlos con los míos en un cálido contacto.
Y le besé... de la forma en la que el anterior Akito nunca le había besado; dulce, gentilmente. Mis labios entreabiertos se frotaron contra los suyos en una suave caricia antes de unirse en un cálido beso; cada roce se sintió tan suave como el toque de una pluma. Succioné sus labios con delicadeza. Luego, mi lengua no tardó en unirse al juego, brindándole caricias húmedas, más ardientes que el fuego que empezó a avivarse en mi interior.
Tal y como él me pidió anteriormente, le mordí el labio inferior a modo de provocación, pero con mucho cuidado, pasando después mi lengua caliente sobre la zona sensible que había mordido. Sentí que él se estremecía.
Mientras el beso proseguía, mi mano derecha se fue deslizando desde su mejilla hacía atrás, hasta hundir mis dedos en esa maraña de sedosos cabellos. Mi mano izquierda, por el contrario, se deslizó por su cuello hasta llegar a su torso, donde pude notar el retumbar de los alocados latidos de su corazón bajo la palma de mi mano.
Al principio, él se quedó inmóvil como una estatua ante el beso inesperado; no se movió ni un solo milímetro. Pero poco a poco empezó a despertar de su trance e intentó corresponderme de forma dulce y delicada, tal y cómo yo lo hacía. Sin embargo, no tardó mucho tiempo en despojar al beso de toda su inocencia para transformarlo en uno posesivo, fogoso y pasional.
Escalofríos recorrieron mi columna vertebral al sentir su lengua introduciendose en mi boca para robarme el control y ejercer su dominio.
Oh dios. Se siente demasiado bien. Sus exquisitos labios sobre los míos, sus manos sobre mis caderas recorriendo mis curvas, su acalorado cuerpo aprisionando el mio hasta que no quedó espacio entre nosotros, su dominio sobre mí provocando mi sumisión...
Me estremecí en sus brazos. Cada parte de mí palpitaba en deseo por este hombre.
Pero... No puedo permitirlo. Esto es demasiado. Vamos demasiado rápido. Si seguimos así acabaremos teniendo sexo en el suelo, en medio del salón donde normalmente se reune todo el mundo. Y algo me dice que esta abusiva relación de amor/odio tan complicada que tenemos no se va a resolver mágicamente por tan solo tener sexo, por muy bueno que este sea.
Cuando pensé que esto estaba yendo demasiado lejos a un ritmo alarmante, giré la cabeza a un lado para romper el beso antes de que fuera a más.
- "E-Espera."- le dije de forma entrecortada, respirando con dificultad. - "Debemos detenernos."
Mis palabras fueron completamente ignoradas. Sus manos continuaron explorando con devoción cada centímetro de mi frágil cuerpo. Sus dedos se deslizaban de arriba a abajo por encima de la ropa, tratando de intuir cada curva y cada linea que se escondía bajo mi camisa. Palpó la redondez de mis senos a través de la tela y la yema de sus dedos ejerció presión contra el pezón, obligándome a retener un gemido de placer.
- "¡Shigure!" - insistí, con voz suplicante. - "Por favor, tenemos que parar."
- "¿Dónde has aprendido a actuar de esta forma?" - susurró muy bajito, cerca de mi oreja, como si estuviese pidiéndome que le confesara un secreto. Sus exquisitos labios rozaban el lóbulo de mi oído cada vez que él pronunciaba una sílaba. Su ronca voz, cargada de deseo, retumbaba en mi tímpano provocando escalofríos a lo largo de todo mi cuerpo.
- "¡N-No sé que quieres decir!"
- "¿No lo sabes?" - soltó una pequeña risa burlona, cargada de sacarmo. - "Me refiero a esta actitud."
Y tras una pausa añadió:
- "Esta ropa, que no esconde lo que eres..." - Y al mismo tiempo que decía esto, su mano, tan grande y cálida, se coló por debajo de mi camisa para sentir el calor abrasador que desprendía mi piel.
- "Esos gestos tan femeninos." - Su otra mano acarició mis finos cabellos, jugando con mis mechones, tal y como yo hice anteriormente cuando estaba nerviosa. Luego, tomó un puñado y tiró de ellos hacia atrás para forzarme a exponer mi cuello. Acercó su nariz a esa zona para respirar mi aroma. Su respiración entrecortada me hacía cosquillas en la parte más sensible del cuello, logrando así estremecer todo mi cuerpo. No podía evitar retorcerse en busca de fricción ante la placentera sensación que me producía. Gemí...
- "Esa forma de hablar. Esa voz..."
De pronto, en mi cuello sentí sus dientes mordiendo la piel sensible; en mi espalda sentí sus uñas arañando mi piel. Su rodilla ejerció presión contra mi entrepierna y sollocé vergonzosamente ante tales atenciones. Gemí y volví a gemir en voz alta ante la necesidad de su toque.
- "... ¿Ves? Esa voz, tan suave y natural, que emites sin forzar la garganta ni fingir nada. Esa voz..."
- "S-Shigure. Por favor, para." - a la vez que empezaba a forcejear contra él. Esto tenía que parar.
- "La voz de la mujer que hay en ti."
- "¡SHIGURE!" - grité, golpeando su pecho con mi puño.
Él se apartó lo suficiente para poder mirarme directamente a los ojos. En sus dilatadas pupilas me vi reflejada, con el rostro encendido, los labios rojos y los ojos llorosos, tan suplicantes. Por su parte, él también mostraba claros signos de excitación, el rojo en sus mejillas era notorio y respiraba de forma agitada. Su pelo era un desastre.
Permanecimos un buen rato así, sin movernos, respirando agitados y mirándonos a los ojos sin atrevernos a decir ni una palabra.
Al final fue él quien decidió romper el silencio:
- "¿Por qué?" - Shigure preguntó confundido, a la vez que colocaba la palma de su mano sobre mi mejilla sonrojada y la acariciaba gentilmente con el dedo gordo. - ¿Por qué tú... me miras así?
- "¿C-Cómo te miro?" - pregunté confundida.
Shigure embozó la más triste y desgarradora sonrisa que he visto en mi vida, antes de reformular la pregunta:
- "¿Por qué tú... me miras... como si me amaras?" - Su voz sonó rota, ronca, cansada, tan quebrada como su corazón. Este Shigure estaba tan roto que no tenía fuerzas para seguir pretendiendo. Tan herido, tan perdido...
- "Shigure... ¿Por qué me miras como... si me odiaras?" - le interrogué yo a modo de respuesta, sintiéndome terriblemente dolida por sus palabras.
Ante mi pregunta, su sonrisa se volvió aun más melancólica, si es que eso es posible.
- "Y ahora finges que no lo sabes." - susurró, antes de preguntarme, en un tono de voz triste y dulce a la vez: - "Akito. Mi flor. ¿Dónde has aprendido a jugar tan sucio?"
No respondí. Lo único que pude hacer fue permanecer callada, pues el nudo en mi garganta no me dejaba hablar. Gruesas lagrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas sin ningún control. Sentí mi corazón encogerse adolorido al tratar de imaginar que clase de tortura había vivido este hombre con el Akito de esta época.
- "Felicidades. Ya has conseguido que pierda el control y te muestre mi lado más miserable. ¿Estás contenta? Pues ahora vete." - dijo Shigure, poniendose de pie de repente y dándome la espalda. Su rostro se mantuvo oculto a mi vista. - "Vete de aquí antes de que me arrepienta y haga algo que lamentaré más tarde."
Tras un breve momento de indecisión, me puse en pie a toda prisa y salí corriendo.
