Sentada en la cocina de la casa de sus padres, miraba el mail que le había llegado a su celular tan solo unos minutos antes y no acababa de creerlo. Su madre daba gritos de emoción mientras le telefoneaba a su padre para contarle la buena noticia. Ella, una simple chica de Queens que se había recibido hacía un año, pero que recién había recibido su titulo de Abogada un mes atrás, había logrado ingresar a trabajar a una de las empresas más grandes de todo el país y sin haber tenido que pedirle ningún favor a nadie. Su padre, Haymitch Abernathy Everdeen, era el dueño de una pequeña distribuidora de bebidas alcohólicas. Toda la vida había trabajado para darles un futuro a sus dos hijos y había delegado en su esposa Effie la responsabilidad de su crianza diaria. Ella amaba a su padre. Él le había enseñado a luchar por lo que se quiere y le había demostrado que siempre había que hacerse tiempo para disfrutar los momentos bellos de la vida. Siempre le había reprochado que no hubiesen pasado más tiempo juntos de pequeña, pero si de algo estaba segura era que él había estado junto a ella todo lo que sus obligaciones se lo habían permitido. En ese momento, pensó en su madre y agradeció que a pesar de ser muy estricta, una fanática de los horarios y de las reglas de etiqueta, siempre les había enseñado todo con mucho amor y paciencia. Por el sacrificio que habían hecho sus padres, ella había terminado su carrera; ya que antes de culminarla había estado a punto de dejarla y comenzar a trabajar de mesera en un bar del Caribe centroamericano, hecho que nunca iba a reconocer más que delante de su mejor amiga Johanna quien había viajado con ella a aquel paraíso. De repente el sonido de su celular la sacó de sus pensamientos.

-Catnip, me ha contado papá lo del nuevo trabajo. ¡Enhorabuena hermana! –decía su hermano mayor a los gritos.

-¡Gracias Gale! Sinceramente luego de ver al resto de las aspirantes al puesto el día de la entrevista, pensé que sería a la última que llamasen.

-Tienes que confiar más en ti pequeña. Esta noche festejamos así que le diré a papá que llevaremos a casa el champagne más caro que vendamos aquí.

-Me parece una excelente idea –dijo riéndose- trae a Madge, que hace tiempo que no la veo.

-Asi será pequeña. Hasta luego.

A pesar de que solo se llevaban dos años de diferencia, Gale siempre había cuidado de ella como si fuese al menos, cinco años mayor. Amaba a su hermano y sabía que él la amaba a ella. Era su cómplice, su confidente y su guardián. Solo a él y a Johanna les contaba todos sus secretos; pero Johanna era otro tema. La conocía desde que eran niñas y la castaña era su opuesto complementario, tanto que parecían hermanas. Katniss era una chica simple, cariñosa y muy divertida, pero también muy tímida; en cambio su amiga era por demás extrovertida y siempre terminaba por meterla en algún lío o circunstancia vergonzosa. Ella la adoraba, pero a veces la agobiaba con sus locas ideas.

Casi sin pensarlo, después de cortar con Gale, le envió un mensaje a Johanna: ¨Conseguí el trabajo. Esta noche hay cena en lo de mis padres para festejar. ¿Te vienes?¨. La respuesta de su amiga había sido ¨¡Felicitaciones Katniss! ¡Por supuesto descerebrada que voy a ir! A las 8 estoy en tu casa. Bsss.¨. Cerró su celular con una sonrisa y luego de pedirle a su madre que no desesperara por la cena familiar de esta noche, decidió subir a tomar un largo y relajante baño. Ni bien entró en la bañera comenzó a pensar todo lo que significaba este empleo; mudarse a vivir sola, tener independencia financiera y como si esto fuese poco, la experiencia laboral le resultaba muy estimulante y por demás interesante. Hizo una lista mental de todas las cosas que debía hacer antes del lunes, como por ejemplo comprar algo de ropa y hacer el trayecto a la oficina para ver cuánto tiempo le tomaba llegar hasta allí. De pronto pensó en su jefe, el Dr. Finnick Odair, y rezó en silencio porque ese hombre no fuese un ogro. Quería con todas sus fuerzas ese trabajo, pero no lo soportaría por mucho tiempo si su jefe era un mandón malhumorado.

La cena había sido un momento fantástico. Su madre había preparado su platillo favorito: costillas de cerdo con puré de batatas; y su padre había traído el mejor espumante que tenía en la distribuidora. Todos estaban alegres pero la sonrisa de Katniss era realmente radiante. Ella sentía que por fin viviría su vida y no seguiría siendo una mera espectadora de ella. Por primera vez en mucho tiempo se sentía esperanzada y se permitió soñar con una vida alegre y feliz. Ella no había tenido muchos amigos en la secundaria porque los chicos suelen ser crueles con los estudiosos y eso seguía doliéndole; para cuando hubo ingresado a la facultad, ya no recordaba como socializar con gente sin ser algo tosca y muy reservada. Sin Johanna y sin su hermano no hubiese salido con vida de su etapa de adolescente; en cambio Madge, la novia de su hermano, la había acompañado durante toda su etapa facultativa y la había ayudado a superarla sin haberse sentido un bicho raro otra vez.

El viernes por la mañana decidió viajar hasta la puerta de Mellark Industries para luego salir de compras. No le permitió a su madre, ni a Johanna o a Madge, que la acompañasen porque quería formar ella sola su nueva imagen profesional. Visitó muchas tiendas pero su día de compras no había sido muy fructífero hasta que se topo con aquel pequeño local que fue su salvación. ¨Cinna`s design¨ rezaba el cartel, pero a pesar que en la vidriera no vio nada que pareciera servirle, su intuición pareció ser su gran aliada. Una vez dentro conoció a Cinna, el diseñador más desestructurado y creativo que hubiese conocido.

-No creo que esa blusa sea de tu estilo. ¿Por qué no te pruebas esta y me dices? –se acercó el diseñador con una percha.

-Gracias –dijo ella agradecida- es que el lunes comienzo en un nuevo trabajo y necesito un guardarropa nuevo. Me acabo de recibir de abogada y he conseguido una jefatura en una de las empresas más importantes del país; por ello quiero que mi imagen sea acorde a mi puesto.

-Habérmelo dicho antes. Mientras te pruebas esa, te voy a traer varias cosas más.

Ella no llegó a decir nada, que Cinna le había traído un perchero completo. Trajes, vestidos, blusas, bolsos, zapatos… Todas prendas exquisitas y perfectamente combinadas, que se probó sin dudar. Sin saber lo que la impulsaba a hablar, desde que comenzó a probarse esa maravillosa ropa, le hizo a Cinna un resumen de su vida y para cuando hubo terminado el día, aún se encontraba en aquella boutique tomando el té con su propietario. Antes que Johanna la pasase a buscar y que cargase todas las bolsas en su auto, katniss agendó en su celular el teléfono de Cinna y le prometió pasar en unas semanas para probarse unos diseños que el mismo había bocetado durante esa tarde con ella. Nunca le había gustado salir de compras pero él había hecho todo muy sencillo y ella se encontraba realmente satisfecha. Cuando llegó a su casa, su madre no podía creer que se había efectuado el milagro: ¡Katniss había salido de compras y había vuelto con bolsas! Su hermano le jugó varias bromas cuando la ayudó a dejar todo en su cuarto.

-¡Hey Catnip! Has comprado media ciudad –decía mientras reía.

-¡Gale Abernathy Everdeen! –trinó su madre- Deja en paz a tu hermana ahora que por fin decidió usar ropa acorde a su edad y su figura.

-¡Ok, me rindo! –decía mientras salía del cuarto riendo.

-Hija, me alegro tanto por ti. –Decía Effie mientras sacaba toda la ropa vieja formal de su hija del closet- Ahora va a haber que convencerte de que esa ropa deportiva también debe irse.

-Mamá… -Siseó en tono de advertencia la castaña- Debo llevarte para que conozcas a Cinna ¡Te encantará! Tiene ropa realmente hermosa y es un hombre muy agradable.

-Por supuesto que debes llevarme; pero antes debo hacer un poco de lugar en mi closet para que tu padre no me regañe.

Katniss rió sabiendo que su madre haría hasta lo imposible para que su padre no la incordiara luego de la visita a la boutique de su nuevo amigo y sabía que lo lograría.

Esa mañana se había levantado temprano porque estaba realmente ansiosa. A último momento, la secretaria de su jefe la había telefoneado para que llegase después del mediodía. Desayunó con toda la familia, que le desearon toda la suerte del mundo, pero por más aliento que le diesen se sentía inquieta. Eligió uno de los trajes de chaqueta y falda que le había elegido Cinna, y, después de maquillarse un poco sus ojos grises y de peinarse con un moño su larga cabellera castaña, decidió que estaba lista para comenzar su nueva vida y se sumergió en la actividad de la ciudad que nunca duerme. Tomó el metro y para cuando hubo querido darse cuenta, estaba parada frente al edificio de Mellark Industries. Llegaba una media hora antes de las dos, por lo que se permitió cerrar los ojos y calmar su ansiedad comprando un batido de fresas en la tienda de enfrente. Cinco minutos antes de que el reloj diese la hora pactada, ella cruzaba el vestíbulo de aquel imponente edificio para finalmente anunciarse ante la secretaria del Dr. Odair. Finnick Odair había llegado a su oficina acompañado de una bella pelirroja de ojos verde esmeralda a quien le había presentado como su prometida.

-Annie, cariño… Fue un almuerzo maravilloso. –Dijo él antes de percatarse que Katniss estaba allí. Como no quiso parecer un descocado poco serio que andaba con mujeres y olvidaba sus compromisos laborales, decidió presentar a su acompañante.- Pero antes de despedirnos quisiera presentarte a alguien –le decía Finnick alegremente- ella es la Dra. Abernathy Everdeen, la nueva jefe de legales. ¿O prefiere que la llame solo Dra. Abernathy o solo Dra. Everdeen? –le preguntó serio mirándola.

-Everdeen está bien Dr. Odair. No uso mis dos apellidos desde la secundaria -dijo ella con una sonrisa mientras le tendía su mano.

-Es un placer Dra. Everdeen –oyó que le decía la acompañante de su jefe- ya que Finnick no me presenta lo haré yo misma, Annie Cresta, la prometida del Dr. Odair –sentenciaba con una sonrisa amable en su rostro.

-El gusto es mío Srita. Cresta –dijo con una sonrisa.

-Hechas ya las presentaciones, Annie ya debo dejarte amor mío. Esta noche si Peeta no me retiene aquí hasta tarde paso a verte a tu casa para continuar con los preparativos de la boda. –Dijo el cobrizo antes de despedirla con un beso.

Después de las presentaciones, Finnick le mostró la jefatura de legales, su oficina, le contó cómo se organizaba el trabajo y le dijo que esperaba de ella. Acordaron llamarse por sus nombres de pila y se hicieron chistes mientras analizaban un contrato que Peeta había rechazado y Finnick no sabía el porqué. Poco pasadas las 8, su jefe se fue a casa, pero Katniss decidió quedarse un rato mas para terminar de revisar el contrato que tanto dolor de cabeza le traía al Dr. Odair.

Cuando ya no quedaba nadie en la oficina, se dio cuenta que debía irse a casa. Mientras entraba al ascensor buscando el celular en su bolso, pensaba en lo rápido que había transcurrido su día y en lo agradable que eran todos en la oficina, principalmente su jefe. Con la mente sumida en sus pensamientos, casi alcanzó a ver al rubio que se apoyaba contra la pared trasera del ascensor. Solo pensaba en llegar a casa a darse un baño, cuando de pronto, el ascensor se frenó abruptamente y sus luces se apagaron dejándola a ella con ese hombre desconocido a oscuras. Inmediatamente empezó a hiperventilar. Siempre le había tenido pánico a los lugares cerrados y a la oscuridad, y ahí estaban sus dos peores pesadillas.

-¡Demonios! No puede estar pasándome esto a mí. Por el amor del cielo. No en mi primer día. ¡En mi primer día no! –espetaba con desesperación.

-Tranquila señorita –dijo una voz que intentaba transmitirle de calma, pero que denotaba fastidio. Estos ascensores se encuentran monitoreados por la gente de seguridad, que de seguro ya están intentando hacerlo arrancar –le decía mientras se acercaba a ella que respiraba cada vez en forma más agitada.

-Es… Es cierto –decía mientras intentaba ralentizar su respiración- pero es que esta es mi peor pesadilla. No me gustan los espacios cerrados y la oscuridad me da pánico, terminó de decir mientras sintió la mano de él en su cintura.

Cuando Katniss sintió la mano de Peeta sobre su cintura, una electricidad le recorrió todo el cuerpo. Lejos de alejarse, dejó que ese completo extraño la apretase contra su cuerpo y se permitió olvidarse de todo. Sintió que su ser le pedía que se aproximara más a él y cuando iba a recostarse sobre el cuerpo del rubio, el ascensor se movió y las luces se encendieron. Sintiéndose abrumada por la intensidad del momento y sus emociones, la castaña se soltó de su agarre aún en contra de lo que su cuerpo le pedía. Antes que pudiese hacer algo completamente estúpido las puertas se abrieron y ella salió velozmente del ascensor pero no sin antes ver al hombre que hacía minutos la tenía entre sus brazos. Era rubio y bien formado, pero sus profundos ojos azules fueron los que la hicieron huir.

-Gracias por su ayuda señor. – Dijo sin voltear a verlo mientras corría por el vestíbulo.

No pudo oír si le contestaba algo porque su mente le indicaba que debía salir corriendo de allí y por suerte su cuerpo había obedeció a esas órdenes. Cuando subió al metro, se dio cuenta que había corrido hasta allí. Ese encuentro la había dejado confundida y alborotada. Antes de llegar a casa de sus padres decidió que debía averiguar quién era ese extraño que con solo tocarla había hecho de ella un huracán de emociones; aunque cada fibra de su cuerpo le advertía el peligro.

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¡Hola queridos lectores!

Con el lunes llegó la actualización. Espero que les guste... Se que es algo tedioso, pero es que hay que presentarlos un poco y ponerlos a ustedes en el cuadro de situación. Ya la próxima semana comienza la acción.

Aguardo sus comentarios... Si les gusta nos leemos en una semana.

Cariños gente linda!

Igora