La vio acercarse y la comió con la mirada. Ella parecía hipnotizada siguiendo sus ojos azules sin romper el contacto que él había establecido. Con su habilidad habitual, Peeta con solo mirarla supo que ella tenía miedo y se sentía avergonzada por su pasión porque no solía comportarse así con los hombres; pero también supo que no le diría que no a nada de lo que él le propusiese.
Apuró su vaso de whiskey y lo dejó sobre la barra cuando la castaña se sentó en un taburete no muy alejado de él. Se inclinó de costado para verla, cuando oyó que le pedía al barman un shot de tequila. Sin poder evitarlo, no pudo parar de mirar a esa mujer de diminuto vestido verde mientras mordía con su boca sensual, un pobre trozo de limón. Su visión lo excitó por completo. En tan solo segundos, pasaron por su mente todas las cosas que le haría de tenerla a su merced. Decidió que esa noche la tendría en su cama costase lo que costase. Justo cuando se había decidido a abordarla, Finnick apareció en su campo de visión.
-¡Peeta! ¡Pero si estabas aquí! Menos mal que no dejé un mensaje desagradable en tu contestador hace unos minutos cuando te llamé para ver por donde andabas. –Dijo haciéndole señas al barman.
-No podía faltar Finn. No me diste otra opción que no fuese venir y es por eso que aquí estoy. –Sentenció con un esbozo de sonrisa en sus labios.
-¡No lo puedo creer! Creo que casi he hecho sonreír al gran señor de las nieves… esto hay que festejarlo amigo. Braman, dos whiskies para celebrar, por favor.
-No te pases de listo Odair. –Masculló mientras tomaba su bebida.- Y date por enterado que no me vas a tener largo rato aquí –Sentenció mientras se tomaba de un trago todo el liquido ambarino.
-Pero… -Comenzó a quejarse Finnick.
-Nada de peros, preséntame con quien tú quieras y llévame a ver a Annie para darle un gran beso, pero rápido porque tengo unos asuntos que no puedo hacer esperar.-Dijo buscando a la castaña por entre la gente.
-Yo sabía que solo te hacía falta salir. ¿Ya lo sabe la afortunada? ¿O todavía no la has encantado con tu cara de niño bueno y tus palabras de encantador de serpientes? –Le preguntó Finnick riéndose.
-Ella lo sabe Finn, aunque no hayamos hablado. -Mientras lo decía pensaba en su encuentro en el ascensor, pero no quiso comentárselo a su mejor amigo, porque eso sería caer en la cuenta que ella trabajaba para su empresa y Finnick hubiese puesto el grito en el cielo.- Sus ojos y su cuerpo me lo dijeron cuando nos vimos por primera vez. –Terció sabiendo que las chispas habían saltado en el ascensor de su empresa.
-Está bien Mellark. Solo dame media hora y te libero. ¡Todo sea por nuestro bien! No le digas nada a Annie porque va a matarte por desaparecer así.
-Será nuestro secreto, tranquilo. –Dijo Peeta riéndose abiertamente por primera vez en mucho tiempo, mientras caminaban hacia las mesas reservadas.
Después de saludar cariñosamente a Annie, quien lo abrazó con el mismo cariño con el que solía abrazarlo Prim; estuvo charlando y riendo con los amigos de Finnick. Muchos eran de la facultad, unos pocos del secundario y por suerte ninguno de la empresa. Mientras estaba enfrascado en una discusión sobre la inflación actual, Peeta pudo ver a Katniss bailando divertidamente con Annie; hecho que le hizo replantearse la idea de llevársela a la cama. Pero inmediatamente la imaginó desnuda gritando su nombre luego de un orgasmo devastador y no pudo más que rendirse a sus deseos sin importarle nada más. Sin medir cuales eran los riesgos y cuales serían las consecuencias; a pesar que eso era lo que mejor se le daba, lo que lo había vuelto millonario, Peeta decidió darle rienda suelta a sus deseos.
…****…
No pudo quitarse en toda la noche esa sensación de extrañeza y de estar siendo observada. Divisó al culpable sentado charlando con unos amigos de su jefe y no pudo más que sentirse frustrada. Ese extraño la hacía sentir caliente con solo mirarla pero no se atrevía a más. Era la primera vez que ella se sentía así. Nunca había sido una mujer llamativa a los ojos de los hombres. No se vestía para provocar, no era vanidosa y mucho menos era esclava de su aspecto. Pero esta vez era distinto; quería que este extraño la mirase, que la mirase tanto que no pudiese olvidarla… quería que la besase y recorriese cada parte de su cuerpo con sus prometedores labios. Debía admitir que ella también lo había estado observando. Había reparado en sus bellos ojos azules y su formado cuerpo que se dejaba ver a través de la ropa. Cada vez que lo descubría viéndola, suplicaba porque tuviese la intensión de besarla en ese mismo momento.
Cuando Finnick le arrebató a su compañera de baile, a eso de las 4 y monedas de la mañana, decidió que era hora de irse. Unas pocas horas después debía acompañar a su madre a elegir su vestido para la cena aniversario. En tres semanas, sus padres cumplían 30 años de casados y Effie había decidido festejar por lo grande. A Haymitch no le gustaban mucho las fiestas, pero con tal de ver a su mujer feliz, había aceptado festejar sus bodas de perla en un hermoso salón con vistas al Río Hudson. Era por eso que hacía una semana, su alocada pero cariñosa madre, le había agendado una cita con Cinna para ese sábado por la mañana. Estaba despidiéndose de su jefe y de Annie, cuando de repente comenzaron a sonar los acordes de "Cake by the ocean". Sin darle tiempo a huir de ella, Annie la arrastró de nuevo a la pista bailando como una descontrolada.
-Solo este tema Katniss –Suplicó la cobriza mientras bailaba contorneando su cuerpo en dirección a su jefe.
-Solo éste y me iré sin siquiera darte un beso… -Le dijo risueña antes de perderse en la maraña de cuerpos que inundaban la pista.
De repente sintió las manos de él en su cintura y pensó que iba a consumirse por combustión espontánea en ese mismo instante. Él la apegaba cada vez más a su cuerpo, mientras ella se movía en forma sexy al compás de la música. De reojo vio a Annie sonriéndole y a su jefe mirarla extrañado con un deje de desaprobación por cómo estaba casi haciendo el amor con este extraño en esa pista de baile. No quiso pensar y cerrando los ojos se dedicó a disfrutar de lo que había estado rogando toda la noche. No le hacía falta voltearse a verlo, porque sabía que el dueño de esas manos firmes era quien la había estado mirando desde que llegó y quien la había dejado confundida con tan solo un viaje en ascensor.
…****…
La vio saludar a Annie y a Finnick, y se dio cuenta que su tiempo había terminado. Por suerte la prometida de su amigo la había vuelto a arrastrar hacia la pista de baile, asi que sin perder más tiempo respiró profundo y se mezcló con esa maraña de gente. Cuando la encontró, amarró sus manos a la cintura de ella apegándola más a su cuerpo con cada movimiento de la castaña. Notó que Finnick lo miraba con desaprobación antes de girarla y comerle la boca con un beso caliente. Beso al que ella se acopló sin ofrecer ningún tipo de resistencia. Sentía su pasión y su entrega… El deseo que corría por sus venas lo estaba volviendo loco.
-No podía dejar que te fueras otra vez –le dijo Peeta con una voz profunda llena de deseo.
-Tardaste mucho en venir a presentarte… Estaba a punto de irme –terció Katniss aún con los ojos cerrados recargándose en su pecho, mientras intentaba bajarse de ese huracán de emociones que él le provocaba con su tacto.
-Si te hubieses ido siempre me quedaría la esperanza de cruzarte en un ascensor. –retrucó él.
-No abuses de tu suerte, la vida no suele dar segundas oportunidades. –Dijo ella casi en un suspiro mirándolo embobada.
-Tienes razón. Vente conmigo y no tentemos a la suerte. –Dijo tomándola fuertemente del brazo para sacarla de la pista de baile.
Cuando pensó en abordarla no imaginó que las cosas se darían así; pero ella sacaba su parte salvaje. No había querido venderle ilusiones románticas, pero tampoco quería eliminar la conquista de la lista; cosa que hizo sin siquiera pensarlo. Solo la dejó retirar su abrigo y su cartera de canutillos del vestidor. La sacó casi corriendo del Ice, con una sola idea en la cabeza… Sexo. Cuando llegaron a su auto, él se detuvo para besarla con avidez antes de abrirle la puerta del acompañante y sin haberle preguntado ni su nombre la llevó al Trump International Hotel & Tower, el hotel más cercano al Ice. Por un momento había enfilado para su casa, pero antes de cometer semejante estupidez cambió su rumbo. Al llegar al hotel Katniss lo miró extrañada y él entendió que estaba por echar todo a perder. Se desabrochó el cinturón de seguridad e inmediatamente se lanzó a besarla desatando nuevamente su pasión.
-No sé lo que me pasa… Ni siquiera sé qué diablos estoy haciendo aquí contigo… No creo que pueda, no soy de esas chicas… -le dijo cortando su apasionado beso.
-Perdóname tú a mí. Es que cuando estás cerca no puedo pensar más que en ti. –dijo Peeta con toda la chulería posible.- No puedo pensar más que en besarte y tenerte entre mis brazos.
-No digas esas cosas. Recién nos conocemos y no sabes ni mi nombre. –sentenció indignada más para ella que para él.
-Mi nombre es Peter Marshall y trabajo en Mellark Industries, como ya sabes. –Le contó mientras la besaba poniendo las manos en su cuerpo. Peeta sabía que no podía decirle quien era porque era muy probable que ella le dijese que no; pero no pensó que mentirle iba a traer sus consecuencias.
-Me llamo Katniss Everdeen y… -dijo jadeando la castaña.- trabajo en la misma empresa que tú.
-Ahora que nos hemos presentado, llegó la hora de conocernos mejor.
…****…
Sin pensar demasiado se subió a su coche y cuando él estacionó el auto en el aparcamiento de uno de los hoteles más caros de la ciudad, supo lo que iba a suceder. No entendía lo que le estaba haciendo este hombre, pero fuese lo que fuese era adictivo y no quería que parase. Luego de una escueta presentación, él reservó una lujosa habitación de hotel y mientras subían en el ascensor, le dio una muestra gratis de todo lo que tenía para ofrecerle.
Peter abrió la puerta de la habitación sin siquiera quitar los labios de su boca demostrando una gran habilidad para hacer cosas mientras su cuerpo se volvía gelatina entre sus manos. La soltó por un momento y abrió el champagne que los estaba esperando en la habitación 950. Sirvió dos copas casi en un intento de hacer tiempo, de dilatar lo inevitable y ella se estaba volviendo loca.
-Ten, brindemos por esta noche Katniss. –Le decía mientras le tendía el burbujeante champagne.- Por nosotros. Por que esta noche sea inolvidable.
Katniss lo miró embobada y supo que esa noche ya era inolvidable. -Salud Peter.- Dijo antes de vaciarse la copa de un trago.
…****…
Con el brindis Peeta intentó calmar su necesidad e intentó comenzar a ser el gran amante que en realidad era; pero cuando la castaña se lo comió con la mirada luego de tomarse su copa, supo que ella no necesitaba más que su entrega. Le quitó la copa de las manos y comenzó a besarla posesivamente. No pasó mucho tiempo hasta que con sus labios comenzó a recorrer su cuerpo y la ropa ya no hacía más que estorbar. Peeta le abrió el cierre del vestido repartiendo besos por toda su espalda y Katniss se sintió estremecer. Ella comenzó a desabrocharle la camisa sin prisa, pero cuando llegó a la hebilla de su cinturón y rozó su virilidad, él no aguantó más. La subió a la cama y se quitó su ropa en forma torpe pero rápida casi como si fuese un adolescente que fuese a tener su primera vez. Ella mientras tanto lo miraba extasiada recostada en el enorme King size y cuando él hubo acabado de deshacerse de su ropa, ahogó un gemido. Lentamente comenzó a acariciar el cuerpo de la pequeña castaña. Acariciaba, besaba, mordía e incendiaba cada centímetro de su piel desnuda. Peeta estaba abrumado por su belleza. A pesar de que ese diminuto vestido verde no dejaba nada a la imaginación, cuando le hubo sacado el diminuto y sexy conjunto de ropa interior, se sintió en el paraíso.
Acarició sus pechos haciéndola gemir, pero cuando beso su centro de placer la dejó sin respiración.
-Peter, por favor no aguanto más…
-Pequeña, pero si recién hemos comenzado. –Dijo él mientras la castigaba con dos de sus dedos presionando el punto G.- Dime que no vas a apurarme ahora.
-Ya… Peter… –su voz se oia como un suspiro.- hazme tuya.
-Tus deseos son órdenes… Pero antes quiero oírte gritar mi nombre mientras te corres para mi.
Peeta, presionó su punto sensible mientras la besaba y absorbió su placer cuando ella se corrió con violencia. Sin poder soportarlo más, rasgó el envoltorio de un condón y colocándoselo sin mirar la penetró con ansias. Todo en esa cama eran manos, bocas y gemidos entremezclados. El cuerpo de la castaña sabía como el demonio y era su perdición.
-Vas a matarme pequeña… -Le dijo mientras una gota de sudor surcaba su frente.- No puedo aguantar mucho más… Vente conmigo.
-Si lo quieres tómalo todo de mi… - le susurró su compañera al oído haciéndolo explotar de placer al mismo tiempo que lo hacía ella.
Se despegó de su cuerpo cuando el reloj marcaba las 7.30 de la mañana. A regañadientes se salió de la cama y comenzó a vestirse. Llamó al servicio a la habitación y pidió que le subieran el desayuno a Katniss una hora después. Tomó un papel de la sala y le escribió una breve nota. Antes de irse se quedó mirando a la preciosa castaña que le había regalado una de las mejores noches de su vida.
…****…
Cuando tocaron la puerta se despertó sobresaltada y recordó lo sucedido la noche anterior. Poniéndose el albornoz que él le había dejado sobre la cama recibió el desayuno sin entender lo que había pasado. En medio de una bandeja repleta de manjares para desayunar encontró la nota de Peter.
"Katniss,
Perdona por salir a hurtadillas en la madrugada, pero es que no podía soportar la idea de tener que dejarte ir en cuanto el sol saliese. Gracias por entregarte a mí dándome todo de ti.
Tuyo siempre,
P. M."
Se preguntó si sería la caligrafía de Peter, ya que la hallaba muy bonita. Era un gesto muy agradable que le enviase una nota y que le hubiese encargado el desayuno; pero no pudo más que sentirse vacía. A pesar de todos sus esfuerzos, Peter la había hecho sentirse una puta barata y eso no lo olvidaría nunca.
…****…
Cerró la puerta de la habitación 950 con pesar. Nunca en los últimos 7 años había sentido algo así cuando huía de sus amantes luego de una noche de pasión. Quiso volver a su lado pero rápidamente sacó esa idea de su cabeza y se juró nunca más volver a pensar en la pequeña castaña. Sin recordar que Katniss era empleada de su empresa salió del hotel queriendo torcer su destino… pero otra vez el destino no iba a escuchar sus deseos y lo iba a obligar a rearmar su vida con una castaña que la pondría patas para arriba.
...****...
Buenas noches queridos lectores,
He dudado mucho en subir este capítulo, porque siento que me ha quedado lavadito... ¡Acepto sus sugerencias!
A partir de ahora las cosas se pondrán intensas. ¿Por qué Peeta le habrá mentido con su nombre? ¿Cuando descubrirá Katniss la mentira?
Si les gusta la historia nos leemos la semana que viene.
Cariños,
Igora
