-Signore Salvatore, non credo che questo che mi dice sia un problema per il Signore Mellark perche… -no pudo terminar la frase porque se quedó desorientada en cuanto vió a Peeta en la sala de reuniones.
-¡Signore Mellark me fa piacere vederlo! –Decía Dante Salvatore, el inversionista italiano mientras le estiraba la mano a Peeta para saludarlo.
Peeta estrechó con una sonrisa la mano del señor Salvatore intentando recuperar la compostura, pero cuando Katniss estaba cerca ninguna de sus dotes de orador brillante y su carisma asombroso salían a la luz. Él, el que en el mundo de los negocios eclipsaba a todo el que se pusiese ante su paso, se encontraba entre las cuerdas siempre que la castaña aparecía.
-Katniss... –advirtió nervioso Finnick que veía como su jefa de legales se iba poniendo blanca.
-Dra. Everdeen, permítame que me presente… -dijo Peeta acercándose lentamente y con cautela.- Soy Peeta Mellark, el jefe de su jefe. –Intentó bromear pero por sus nervios, su voz sonó imperativa.
-El placer es mío señor Mellark –dijo mirándolo a los ojos mientras le extendía la mano.- por fin nos conocemos.
El aire se cortaba con tijera. Finnick estaba a punto de sufrir un sincope, Peeta estaba dentro de su armadura de hombre de negocios y Katniss todavía estaba en shock. Pero fue el señor Salvatore quien rompió el hielo.
-Presentazioni finiti, Possiamo cominciare l´incontro? Dobbiamo parlare de molte cose e non ho molto tempo.
-Sí, es verdad... –Dijo Peeta saliendo de su burbuja personal.- Tomen asiento y comencemos.
Peeta se sentó en la punta de la mesa y Finnick a su derecha. El Señor Salvatore a su izquierda junto con su equipo de abogados y Katniss optó por ocupar la silla de la otra punta para estar bien alejada del grupo. Ella hizo a las veces de traductora, porque si bien el inversor hablaba inglés, prefería que le hablasen en italiano para que no hubiese ningún problema de comprensión. De hecho, Katniss había preparado los contratos en modo bilingüe. La reunión se desarrolló en una falsa calma y después de tres horas y media, habían logrado acordar las últimas cláusulas del contrato con Dante Salvatore y sus asistentes legales. Katniss había logrado abstraerse del huracán devastador que sentía por dentro y había llevado la negociación por buen camino. Peeta por otro lado, había estado algo sombrío y desconcentrado porque no podía sacarse a la castaña de la cabeza. Había intentado durante toda la reunión, quitar la vista de su boca pero no había podido aunque ella ni siquiera lo mirase.
Finnick suspiró aliviado cuando vio que Katniss había decidido dejar la resolución de su "malentendido" con Peeta para más tarde. Estaba orgulloso de ella, pero sabía que a pesar de su profesionalismo, no podría soportar la mentira del rubio. En cuanto terminó la reunión se ofreció a acompañar a Dante Salvatore dejando a su amigo y a la castaña para que pudiesen arreglar todo. Él no quería que Katniss se fuera y menos ahora que sabía de lo capaz que era llevando el mando.
-Espere Dr. Odair. –Dijo la abogada sabiendo lo que su jefe se proponía.- Deje que yo los acompañe a la salida, no hace falta que Ud. se moleste.
-Dra. Everdeen, me gustaría que se quedase para que podamos revisar unos asuntos que tengo pendientes. –Interrumpió Peeta antes de que su amigo supiese que decir.
-Si señor Marshall. –Contestó la castaña sin siquiera pensar.- Lo que usted prefiera.
-¿Marshall? –Preguntó extrañado Salvatore que los había observado con curiosidad durante toda la reunión.- ¡Dottoressa Everdeen, credo che lei ha bisogno delle vacanze! –Rio el italiano.- Magari, lei potrà restare alcuni pochi giorni in Amalfi quando segnemo il contrato. ¿È vero Signore Mellark?
Nadie contestó hasta que Finnick salvando la situación dijo –Por supuesto, no estaría nada mal que nos tomemos todos unos días de descanso. Los acompaño a la salida.
Katniss recogía los contratos con rapidez para huir de Peeta lo más rápido posible. No quería explicaciones ni excusas. No quería volver a saber nada de Peter Marshall o de cómo quiera que se llamase. Cuando estaba a punto de salirse con la suya y escabullirse sin cruzar ni una palabra, Peeta, que nuevamente estaba mirando a la ciudad desde la ventana, la llamó.
-Katniss… -vaciló.- no vas a decirme nada.
-No soy yo la que tiene que hablar Peter, –dijo tomando el picaporte de la puerta.- no tengo nada para decir.
-Peeta, Katniss… Peeta Mellark. Peter Marshall no existe. -imploró mientras daba unos pasos hacia ella.
-Dra. Everdeen, señor Mellark. –dijo dándose vuelta con furia.- No nos conocemos así que le pido guarde las distancias.
-Pero…
-Pero nada, yo conocí a Peter Marshall, que de casualidad es idéntico a usted. Me acosté con él dos veces y se fue sin siquiera despedirse tratándome como una puta. A usted no lo conozco, y tampoco me interesa. Es solamente el jefe de mi jefe como usted dijo. –Hablaba con una voz que no era la suya, siempre cantarina y bella. Solo quería dejar la oficina e irse a casa a llorar.
-Volveremos a empezar. –Sentenció Peeta.
-Lo lamento, pero uno solo tiene una única oportunidad para comenzar con el pié derecho… Si me disculpa tengo cosas que hacer. –Dijo intentando volver a alcanzar el picaporte.
-No, no la disculpo Dra. Everdeen. Y tampoco la dispenso para salir de esta sala. No hemos terminado de hablar. –Espetó furioso. Quería zanjar este asunto con Katniss de una vez.
-Si el Sr. Mellark quiere hablarme de trabajo –mencionó con desprecio cada letra de su apellido.- lo escucho. Si en cambio es su par Peter Marshall… No creo que éste sea ni el momento, ni el lugar para oír su sarta de mentiras.
-Es verdad… -Interrumpió Peeta.- Estoy seguro que Peter desea explicarse. Esta noche en donde siempre sería un buen lugar para que hablasen…
-No. –Lo cortó ella.- No quiero que se explique. Quiero que desaparezca de mi vida. No creo que sea justo, pero la noche en la que decidió mentirme, puedo perdonársela; pero ya la segunda no. Debió decirme quien era en realidad y no tratarme como una puta barata… Dejándome como una estúpida frente a mi jefe, los inversores y Annie Cresta. No quiero verlo más.
-Eso no es posible preciosa, porque él y yo somos la misma persona. –Dijo esbozando una de sus sonrisas más seductoras pero más amarga que la hiel.- Lamentablemente para ti, trabajamos juntos y no podrás evitarme todo el tiempo.
-Entonces… –Empezó a decir Katniss antes de quedarse sin aliento al ver al hombre con la sonrisa más bella que había visto.- si usted insiste, tendré que abandonar Mellark Industries, asi Ud. y su otro yo me dejan en paz.
Peeta la vio irse sin siquiera animarse a decir nada por miedo a empeorar las cosas. Tenía que pensar porque su mente era una zona de desastre.
…****…
-Katniss… -La llamó Finnick antes de empezar a hablar.- Quería que sepas que me enteré de la pavada que había hecho Peeta, momentos antes que tu supieses quien era él. Annie me llamó ni bien dejaste el restaurant para preguntarme quien era Peter…
-Finnick. –Terció la castaña con la confianza que tenía con su jefe.- Discúlpame, pero no quiero hablar del tema. Es muy penoso esto para mí y solo quiero dejarlo como está. Dile a Annie que no estoy enojada con ustedes. Si a alguien debo reclamarle algo es a Peter… Bah al Sr. Mellark y no me interesan más sus mentiras. -y no pudo seguir hablando porque las lagrimas se le habían atravesado en la garganta.
El cobrizo, rodeando el escritorio la abrazó y terminó por derribar la presa que contenía todas las lágrimas que se había aguantado. –Vete a casa Katniss. Tomate los días que necesites. Cuentas con Ann y conmigo para lo que sea. No hay pero que valga, ni los del jefe de tu jefe.
Media hora más tarde estaba en el apartamento de Johanna, que la había pasado a buscar en cuanto ella la llamase desesperada. No tenía ganas de hablar con nadie de lo sucedido, pero no podía volver a su casa llorando; así que hablar con su amiga fue su mejor opción. Johanna era dura con ella, pero cuando más la necesitaba, siempre había estado para oírla llorar, secar sus lágrimas y darle ánimos para volver a empezar: y esa no iba a ser la excepción.
…****…
Ya hacía más de una hora que Katniss lo había dejado sin palabras en la sala de reuniones. No recordaba cómo había llegado a su despacho y tampoco sabía desde cuando su mejor amigo lo miraba serio sentado enfrente de él. No quiso ser el primero en romper el silencio, por lo que esperó a que Finnick hablase.
-Dime que está pasando Mellark.
-No lo sé Finn. –Dijo derrotado.
-¿Tú no lo sabes? Peeta no me mientas, pero lo más importante… No te mientas a ti. No puedes decirme que no sabes que está pasando. A ti te bastan 5 minutos con alguien para saber como es y qué piensa. Lees muy bien a las personas. Justo tú no puedes decirme que no sabes que te pasa.
-En éste momento no tengo nada en claro. Finnick… -Dijo frustrado.- Me conoces mejor que nadie y sabes cómo ha sido mi vida estos últimos años. Hacía más de 7 años que no tenía sexo con la misma mujer más de una vez. Eso es un alerta para mí y tu jefa de legales es una mujer de la que debo cuidarme.
-¿Qué? Creo que la que debe cuidarse aquí es Katniss. –La risa del cobrizo iluminaba su mirada y enfadaba más al rubio.
-¡Por un demonio Odair! No sé de qué te ríes. Me había olvidado de lo horrible que se siente desear a alguien de una manera tan irrefrenable y descontrolada. ¡Esto es un caos! No puedo contenerme… La pienso a cada hora. Estoy sentado en silencio pensándola a gritos. –Gritaba mientras pasaba una y otra vez las manos sobre su cabellera despeinándose.
Finnick lo miró y reprimió una risa. Estaba feliz de verlo así. Hacía 7 años quería que olvidara a la perra de Delly y volviese a ser el Peeta que era. Parecía que una castaña de ojos grises estaba logrando traerlo de vuelta del infierno en el que estaba sumergido. Sabía a ciencia cierta que su amigo no estaba cómodo con su vida, Peeta Mellark fue siempre hombre de una sola mujer aunque ahora no quisiese reconocerlo. –Ya, relájate. Déjala en paz como te lo pidió. Cuando el tiempo pase podrás pedirle las disculpas correspondientes y ya. –Lo tentó sabiendo que el rubio no podía dejar nada sin concluir.
-Ojalá pudiese Finn… Ojalá pudiese…
…****…
-¿Qué te acostaste con quien? –Dijo la morocha exaltada gritando desde la cocina.
-Con el jefe de mi jefe Jo… Con el mismísimo Peeta Mellark. –Dijo Katniss todavía hipando.
-¡Por el amor del cielo! No me habías dicho que tu filo estaba tan bueno. –Dijo Johanna dándole un sorbo a su té.
-No solo está buenísimo Jo… Sino que es maravilloso en la cama… ¡Ufffffffff! Tiene un cuerpo de infarto y su boca es un delito. ¡Es por eso que no puedo seguir con esto! Debo renunciar, sino no voy a poder pasar la página… -dijo atacando a su magdalena.
-¿Y quien dijo que debías pasar de semejante bombonazo? Y no me vengas con eso de que es el jefe de tu jefe y esas bobadas… Solo es sexo Katniss. Mientras ambos estén de acuerdo con las reglas y las tengan claras, no tiene porque salir nada mal. –Expresó despreocupada.- Aunque si decides renunciar… Ya no tendrías esos absurdos reparos para acostarte con él. De todas formas, el rubiecito sale ganando y tu solo lograrías perder el trabajo con el que tanto has soñado.
-¡Jo! Si algo sale mal, es mi trabajo y mi reputación las que están en juego. Además hay algo peligroso en su mirada… Ejerce un magnetismo tan grande sobre mí que no me fio de mi razón cuando lo tengo cerca. Si sigo en la empresa no puedo continuar con esto y si decido continuar con esto debo renunciar… Aunque solo renunciaría para que me deje en paz… Porque sé que enrollarme con Peeta Mellark es un error. -Dijo Katniss desesperada.
-¡Si serás descerebrada! Tú no vas a renunciar y tampoco vas a bajarte de esta aventura antes de comenzar… ¡Disfruta de la vida Kat! Vive una historia salvaje para sentirte viva. Pero ojo, no te enamores… Eso si está prohibido con hombres como ese.
-Ese es el riesgo que no se si estoy segura de correr… -Dijo la castaña pensando en voz alta.- Si algo sale mal voy a salir muy destruida y por como comenzó todo, estoy segura que eso es lo que va a pasar.
-No si eres tú la que lo vuelve loco y lo trae por las narices. Ven descerebrada que te tengo que enseñar un par de cosas antes que te lances al vacío. –Dijo riendo.
Katniss no estaba segura de si estar con Peeta era lo correcto; pero si sabía que su cuerpo se lo pedía a gritos. Necesitaba seguir experimentando el cielo entre sus brazos y estaba segura que si no quería salir dañada, tenía que hacerle caso a su alocada amiga; así que la siguió a Johanna con un solo objetivo: Enloquecer de deseo a Peeta Mellark.
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¡Buenas noches queridos lectores!
¿Estaban ansiosos por éste capítulo? ¡Yo si! No veía la hora que fuese lunes para compartirlo con ustedes. Es un poco raro en su redacción porque como soy el narrador omnisciente y se todo de todos, quería compartirlo con ustedes. ;) Espero les guste.
Parece que Peeta tendrá de su propia medicina... Veremos que hará Kat con ayuda de Jo.
Si les gusta, nos leemos el lunes que viene.
Cariños,
Igora
