Tenía muchas cosas por hacer. Contratos por leer, negocios por cerrar y riesgos que analizar; pero nada era lo suficientemente estimulante para que él dejara de pensarla. Cada vez que se sentaba con una carpeta; su aroma, el color de sus ojos o el recuerdo de sus labios pronunciando su nombre en medio del orgasmo lo asaltaban sin piedad haciendo que perdiese la concentración. Hacía tres días que no pisaba su oficina de Mellark Industries. Le había escrito a Finnick pidiéndole que solo lo llamase por algún motivo urgente y por primera vez había delegado casi toda la responsabilidad en alguien más. Solo se había traído de su despacho los legajos más importantes que si o si requerían de su análisis; aunque en vano porque no le interesaban en lo más mínimo. Había pensado irse a Oia y escapar de todo. De la empresa, de los recuerdos y de ella. Quería volver a ser quien era cuando regresase a Nueva York por la muerte de sus padres. Un hombre seguro de sí mismo, firme e impasible en sus decisiones… Un hombre al que no lo desvelaba ninguna mujer.
Abrió la puerta y se sintió extraño. El cuarto era más pequeño y menos luminoso que el que tenía en Oia pero debía de servir. Extrañó por un momento la vista que lo inspiraba pero enseguida resopló, cerrando la puerta a sus espaldas. Le encantaba pintar. Lo hacía cada vez que las emociones extremas lo embargaban y este era un momento de esos. Tomando un lienzo en blanco y un pincel, entró en trance. Pinto por varias horas hasta que el cuadro hubo estado terminado. Si la idea había sido aclarar un poco su mente, lo que podía decirse es que lo que plasmó en ese cuadro solo lo contrarió aún más. Era una imagen a blanco y negro, pero retratada con todo detalle. Una imagen sensual que parecía una fotografía. Así de talentoso era Peeta Mellark. No solo era bello e inteligente; sino que también pintaba como los dioses y cocinaba de muerte. Tenía unas dotes un poco extrañas para mezclarse en una sola persona, pero él hacía que todo se sintiera natural. Solía ser cálido y afable, pero eso solo lo había llevado a sufrir y ser engañado. Debía sacarse a la castaña de la cabeza antes de que fuese tarde; pero ahora no solo su mente le jugaba una mala pasada, sino que sus manos la habían pintando radiante… Con el pelo alborotado sobre la almohada, los ojos cerrados y una sonrisa pícara en los labios. Él la había inmortalizado así como la quería. Sonrojada y satisfecha después de un orgasmo… Tan suya como fuese posible. Admiró su trabajo y se odió; pero más la odió a ella por hacerlo sentir cosas que no quería. Fastidiado, salió del atelier dando un portazo.
…****…
Sentada todavía en su escritorio no podía dejar de pensarlo. Eran ya poco más de las 8.30 y ella seguía con el mismo contrato de entre unos que le había pedido Finnick a la mañana. No había podido concentrarse. Hacía tres días que nadie lo veía por la empresa y hasta su secretaria estaba preocupada.
-Portia, buenos días. ¿Podrías decirle al señor Mellark que tengo los contratos de la cuenta del Señor Salvatore? –Dijo nerviosa. Había aplazado ese encuentro todo lo que había podido.
-Dra. Everdeen, buenos días. El señor Mellark no vino esta mañana; de hecho me pidió que le pasase todos los asuntos al Dr. Odair porque no va a venir en toda la semana. No sé que le estará pasando, pero estoy segura que nada bueno. ¿Sabe? Ese muchachito no puede estar alejado del trabajo, por eso que no quiera saber nada de él es signo de alarma. –Terminó Portia preocupada.
-Portia, no te preocupes. Quizá solo necesita unos días para descansar. -Le dijo más para tranquilizarse ella misma que para alentar a la secretaria.
De repente su jefe apareció a su lado como por arte de magia -Katniss… Portia ¡Buenos días! –rezaba Finnick muy alegre mientras se dirigía a la oficina del rubio. Una vez que hubo estado dentro la llamó a los gritos.
-Katniss, no sé si te lo habrá dicho Portia, pero Peeta no va a venir en toda la semana. Me pidió que nos ocupásemos de éstas cuentas –Dijo mientras le tendía un listado.- Así que confío en ti para que me ayudes. No quiero aguantarlo de peor humor.
-Por supuesto jefe. –terció Katniss señuda.- Pero…
-Kat… -La interrumpió el cobrizo.- No se qué demonios está pasando, pero Peeta es mi mejor amigo y sé que no me equivoco cuando te digo que nunca antes se había ausentado de alguna de sus oficinas. Es por eso que no podemos defraudarlo.
-No lo haremos, te lo prometo.
Sacudió la cabeza como para sacarse ese recuerdo de la cabeza. Decidió cerrar todo e irse a casa. No había logrado en todo el día cerrar el maldito contrato y no lo haría ahora. Decidió tomarse el subte un par de estaciones más allá, para poder disfrutar del aire cálido mientras pensaba en él. ¿Podía ser cierto que Peeta quería comenzar de nuevo? ¿Quería ella algo más? ¿Sería ella la causa de su ausencia? No tenía otra opción que esperar a verlo para responderse esas preguntas, porque si él había decidido alejarse, no sería ella quien lo sacase de su aislamiento. O al menos eso era lo que Johanna le había aconsejado "Has que te busque pero no lo llames tú".
…****…
Cuando se levantó el miércoles por la mañana, decidió poner más distancia entre ellos si se quería. Como no podía irse a Grecia, llamó a su hermana menor y tomando su BMW, se fue a visitarla. A Primrose Mellark le extrañó tanto la visita de su hermano que decidió suspender todos sus compromisos para pasar el día con él. Sabía que a su hermano no le gustaba volver a la casa grande. Washington le recordaba a Delly y él quería estar lo más lejos posible de ella y sus recuerdos. Si Peeta venía a visitarla entre semana algo grave debía estar pasando. Cuando él llegó enseguida confirmó sus sospechas.
-¡Peeta! –Gritó la rubia emocionada ni bien lo vio bajarse del auto, mientras se tiraba a sus brazos.
-¡Hola cariño! –Dijo él tiernamente.- Se nota que me extrañaste.
-Siempre lo hago. –Terció mientras entraban en la casa.- Pero dime ¿Qué te trae por aquí un día de semana? ¿Negocios? –Preguntó queriendo saber más sobre sus motivos.
-Podría decirse así Prim. –Pronunció las palabras sin mirarla porque si bien sabía que no le estaba mintiendo, tampoco la estaba diciendo la verdad. Su confusión con Katniss Everdeen era un tema personal, que se había vuelto laboral cuando ella había amenazado con dejar la empresa.
-Como digas hermanito… -Se rió la pequeña de los Mellark sin creerle una palabra.- Cuando quieras, sabes que puedes contar conmigo.
Peeta dudó en contarle a Prim lo que le estaba pasando. Pero su idea había sido olvidar a la castaña con el parloteo de su hermana y si hablaba con ella sobre Katniss, justo habría logrado lo contrario. Además el había tomado una determinación: Olvidar a Katniss Everdeen a como diera lugar.
Pasó cuatro días en su antigua casa. Ocupó el despacho de su padre y logró concentrarse, aunque sea un poco, para resolver algunas cuestiones que estaban al rojo vivo. Asistió a varios de sus clientes y logró cerrar varios tratos favorables Para Mellark Industries. No se había animado a llamar a Finnick porque no quería preguntas. Le había enviado todas las directivas por mail y este le había reenviado todos los contratos para que los revisara. A pesar de que hacía poco tiempo que ella trabajaba allí, Peeta podía reconocer a Katniss en todo lo que hacía. Le encantaba la simpleza y la claridad con la que plasmaba todo en el papel. Muchas veces se encontró preguntándose si era tan clara y decidida en todos los aspectos de su vida; y lamentablemente se encontró respondiéndose que sí. Había comenzado de muy mala manera y eso no podía cambiarlo nunca; pero ¿Le importaba realmente lo que opinaba ella? ¿Quería realmente perder a una de sus mejores empleadas por buen sexo? ¿Quería que fuese solo sexo o Peeta Mellark se estaba mintiendo a si mismo? El sonido de su celular lo sacó de sus cavilaciones y sin mirar siquiera la pantalla atendió.
-Mellark. –Dijo con una voz seca y dura.- ¿Quien habla?
-¡Al fin me atiendes el teléfono! Peeta, entiendo que no quieras venir a la empresa… Bah, no lo entiendo pero ahora eso no va al caso… -Se dijo el cobrizo sin importancia.- Pero al menos arreglemos los últimos detalles del contrato de Salvatore por teléfono asi se los paso a la Dra. Everdeen para que termine de pulirlos y se los reenvíe. No olvides que en 15 días hay que viajar a Amalfi para firmarlos.
Después de eso Peeta no pudo pensar en otra cosa que no fuese la dueña de esos ojos grises. Ni había oído lo que su mejor amigo le decía y había tratado de darle respuestas de lo más neutras posibles para que él no se diera cuenta que le importaba un bledo todo lo que estaba diciéndole. De repente se dio cuenta que había faltado una semana a la oficina para no verla y se había olvidado del pequeño detalle que en tan solo dos semanas pasaría con ella toda una semana en un lugar paradisíaco. Decidió dejarse de pavadas y volver a Nueva York. Tal y como le había dicho a ella, trabajaban juntos y no podrían evitarse toda la vida. Así que cuanto antes volviese a verla, antes podría empezar a dejarla atrás. Había decidió decepcionarla, mostrarle lo canalla que podía llegar a ser con las mujeres para que ella lo odiase; solo así, quizá él también podría dejar de desearla con todo su ser.
…****…
Se levantó más temprano de lo habitual para poner más empeño en su aspecto. Comenzaba una nueva semana y con ello, Peeta Mellark, volvía a su lugar de dueño del cielo, como ella solía llamarlo por la vista de la ciudad que él tenía desde su despacho. Recordando un fragmento de su conversación con Johanna escogió su atuendo.
-Descerebrada, es bonito todo el guardarropa de ejecutiva de negocios que te armó Cinna, pero para tener comiendo de tu mano al jefe de tu jefe, vas a necesitar más que eso. ¿Ves esto? –Le dijo sacando uno de sus trajes del armario.- Usado con una de tus blusas de señora, te echas 100 años encima… En cambio si usas solo la chaqueta con un brasier debajo o a lo sumo con una camisa trasparente, estás formal pero sexy.
-Johanna ¿Estás pidiéndome que vaya en ropa interior debajo del traje? ¿Estás loca o qué? –Le gritó nerviosa.
-¡Hay por dios santo Katniss! Todavía no entiendo cómo pudiste seducirlo con esa actitud tan pacata amiga. Si lo quieres comiendo de tu mano debes hacerme caso. Ahora mismo nos vamos a llevarle a Cinna todas estas faldas para que las corte y todos estos pantalones para que los ajuste a tu figura.
-No lo se Jo… -Dijo desanimada.- Yo no tengo tu actitud y no sé si podré llevármelo a la cama así sin más.
-Si podrás amiga. Verás que cuando él te vea con lujuria enseguida te vas a olvidar de tus dudas y vas a pasarla bien. –La incitaba Johanna para no permitir que dudase. En el fondo la morocha sabía que a su amiga le pasaban cosas más profundas con el rubio, pero quería que ella se animase y que no dejase pasar esta oportunidad de jugarse por algo que de verdad quisiese. No sabía si todo resultaría bien y Peeta Mellark se terminaría enamorando de ella, pero si no lo intentaba, sabía que Katniss sería infeliz por el resto de su vida.
Una vez que la hubo dejado en su casa después de pasar a ver a Cinna, le dijo seria "Anímate, cambia esa cara, que la idea es divertirse… Vivir. Sabes que todo está permitido, menos enamorarse. A este tipo de hombres no se les puede entregar el corazón si una tiene instinto de supervivencia. " La advirtió erróneamente sabiendo que si le hablaba de posibilidades de amor, la castaña huiría por la tangente.
Una vez que hubo terminado de vestirse se quedó admirándose al espejo. Estaba despampanante. Se había maquillado sutilmente con tonos rosados y se había amarrado su largo cabello con un recogido en un moño de medio lado; pero su vestido era el que la hacía verse de muerte. Era negro y simple. De escote redondo con corte princesa y no muy ajustado al cuerpo, parecería el vestido de una niña por los bolsillos que tenía en el frente, si no hubiese estado acompañado por unos Louboutin rasados que le estilizaban las piernas con su taco tan alto. Se perfumó y dándose una última repasada frente al espejo de la entrada, se sonrió a sí misma pensando que quizá con ese aspecto no solo lograse conquistar a Mellark, sino que quizá también pudiese enamorar al hombre de su vida que debía estar esperándola en cualquier rincón de la ciudad. Pasase lo que pasase su vida cambiaría porque por fin se estaba animando a salir a vivir la vida, sin importar que fuese lo que le deparase el destino.
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¡Buenas noches queridos lectores!
Antes que nada perdón por la tardanza, es que reescribí miles de veces este capítulo porque no me convencía (Y aún sigue sin hacerlo). Me di cuenta que no soy tan buena escribiendo y es por eso que me cuesta taaaaaaanto escribir algo que realmente me guste. Quizá deba volver a ser solo lectora; aunque les prometo que si esa es la decisión, le daré un final a esta historia, ya que ODIO las historias sin terminar y más cuando me enganché con ellas.
Si les gusta nos leemos el lunes que viene (Si, el lunes... No va a haber más cambios en el día de actualización, lo prometo).
Cariños a todos,
Igora
