Iba de salida cuando escuchó un chiflido proveniente de la cocina. Cuando se volteó, vio a su hermano con una taza de café con leche en una mano y una tostada con dulce de leche en la otra, que venía a su encuentro.

-¡Guau Catnip! Estás preciosa hermanita. –Dijo Gale mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

-Gale… -lo retó señuda.- Casi me matas de un infarto. Creí que eras papá. Me voy que ya llego tarde. –Se despidió mientras le daba un beso.

-Oye, así vestida no vas sola a ninguna parte ¿OK? –Sentenció apurando lo que le quedaba en su taza y dejándola vacía sobre la isla del desayuno.- No te habrá visto papá así vestida pero te vi yo que es lo mismo.

-Pero, no seas ridículo. Algunas personas trabajamos y debemos llegar a horario ¿Sabes?

-Ponte en marcha preciosa, que te llevo hasta el trabajo. –replico serio sin siquiera mirarla, usando ese mote que ella tanto odiaba. Su padre solía llamarla así cuando era pequeña y le pedía que no se metiese en "Cuestiones de adultos"; y a Katniss siempre le había parecido que la menospreciaban cuando se dirigían a ella de esa forma. Que la trataban de tonta solo por el hecho de ser mujer y joven.

Respiró profundo y en un intento de no arrancar la mañana discutiendo con una de las personas que más amaba en el mundo, le agradeció. -Gracias hermano. Parece que voy a tener que usar estos atuendos más seguidos para lograr que me lleves a la oficina y así evitar el calor del subte lleno. –Sonrió intentando aminorar su enojo. Gale era celoso, aún más que su padre y no le gustaba verla en atuendos sugerentes; por ello intentó no enojarse con él.

-Inténtalo y verás como seré tu peor pesadilla. –Le dijo Gale riendo porque no podía estar mal con ella. Además era su "pequeña" hermana y no quería que ningún idiota se aprovechase, aunque ella fuese algo provocativa vestida por la calle.

Gale condujo la mayor parte del trayecto en silencio observándola mientras podía. Su hermana vestía raro y estaba más taciturna que de costumbre mientras, sumida en sus pensamientos, miraba por la ventana sin siquiera ver a través de ella.

-Ya, lárgalo quieres ¿Qué es lo que te tiene así? –La abordó sin tapujos.

-¿Qué? –Respondió aturdida.- ¿A qué te refieres?

-A ti. Me encanta que hayas decidido vestir más acorde a tu edad y que quieras que el mundo vea lo bella que eres, pero estás rara Kat. Nunca te había importado tu aspecto por eso no usabas maquillaje, no solías salir más que con Jo, Madge y conmigo… ¡Pero ahora hasta sales de noche y vuelves al otro día!

Miró a su hermano y supo que no podía contarle nada de Peeta. Si se llegaba a enterar, Gale no solo montaría un escándalo en Mellark Industries y ella se quedaría sin trabajo, sino que molería a palos al rubio jefe de su jefe y ella no podía permitirlo. ¿No podía permitirlo? ¿Acaso Peeta no se merecía una lección? ¿Evitaba contarle a Gale para protegerlo o era que ella misma quería cobrarse el engaño? No quiso ni pensar y usó el silencio como su mejor aliado.

-¿No vas a decirme nada? –casi le rogó su hermano.

-Hemos llegado. No quiero llegar tarde. –Dijo dándole un beso antes de intentar bajarse del auto.

-Katniss Abernathy Everdeen… -Le dijo en tono de advertencia tomándola del brazo.

-Gale, te prometo que cuando sepa que es lo que demonios pasa serás el primero en enterarte; pero ahora mismo no sabría que decirte porque por ahora no pasa nada, son solo… -titubeó tratando de elegir la mejor palabra para definirlo- son solo… deseos de que pase determinada cosa. Tranquilízate que estoy bien ¿Si? –Dijo con una sonrisa que no llegaba a ser del todo sincera.

Gale la dejó salir del auto teniendo la certeza que su hermana estaba metida en algo grande y que ese algo era un hombre con el cual estaba teniendo un amorío o del cual se estaba enamorando. La conocía tan bien que cuanto menos hablase más sabía que le pasaba.

…****…

Llegó a la oficina más temprano que de costumbre. No quería ver a nadie, con excepción de Portia y Finnick. De ellos dos no iba a poder escapar. De repente la voz de Sinatra comenzó a oírse en su despacho sacándolo de sus pensamientos.

-Cariño buenos días. –respondió sonriendo.

-Buenos días hermano preferido. –Contestó Prim haciéndolo sonreír aún más.- Solo quería darte la bienvenida a Nueva York y decirte que espero que por fin puedas encaminar el "negocio" que te trajo hasta los brazos de tu adorable hermana. Espero que hayas podido pensar que es lo mejor para ti. No siempre repetir las mismas acciones asegura obtener el mismo resultado.

-Me la he pasado muy bien contigo cariño. Pensaré en ti como siempre. Cuídate. –Le dijo algo confundido. ¿Desde cuándo Prim había crecido tanto y se había vuelto tan perspicaz? ¿Eran ideas suyas o la pequeña Mellark le había dado un consejo amoroso bien disfrazado? De todas formas no podía pensar siquiera en lo que Prim sugería.

-Te adoro Peeta. Cuídate tú y piensa un poquito más en ti. –Y colgó antes que pudiese responderle algo.

Llevaba poco más de una hora cerrando marcando planes de acción para sus clientes, cuando Finnick entró sonriente en su oficina.

-Buenos días Peeta. ¿Qué pasó, te caíste de la cama? –Se burló mientras se sentaba enfrente de él.

-Buenas noches Odair –dijo riéndose.- Es que una semana con mi hermana no me dio mucho tiempo para trabajar, asi que como no podía dormir, creí que venir a trabajar sería lo más productivo.

-Al menos estás de buen humor. ¿Vas a decirme que pasa o tengo que hacerme el tonto? No quiero evasivas Mellark. Ve al hueso como siempre.

Suspiró pasándose la mano por su cabello como siempre que estaba nervioso, pero sin embargo fue al grano como le había pedido su amigo. -Katniss. Tu adorada Dra. Abernathy Everdeen. Eso pasa. No puedo sacarla de mi mente y eso tiene que cambiar. Trabajamos juntos y no podemos mezclar el trabajo con el placer. Tú mismo lo has dicho.

-¿Y si no trabajase aquí? ¿Qué pasaría? ¿Querrías sacarla de tu mente? –Le preguntó serio el cobrizo.

-Eso no pasa Finnick. No trabajo sobre supuestos porque así es cuando se pierde el control y lo sabes. –Terció mientras se levantaba para observar la vista de una Nueva York que se estaba despertando.

-Sin evasivas Mellark…

-¿Qué demonios quieres que te diga Finn? –Gritó desesperado.- ¿Qué si no fuese la maldita jefa de legales de mi empresa no habría usado ese estúpido alias? ¿Qué si no trabajase aquí la hubiese perseguido hasta que lograse llevarla a Oia para cumplir todas mis fantasías? ¿Qué la hubiese tenido más de una noche en MI CAMA y no en la de un hotel? Dime que es lo que quieres oír y ya déjame en paz.

-Estás jodido amigo mío. –Sentenció Finnick.- Tú no quieres hacerla tu amante y dejarla cuando te aburras; tú quieres hacerla tu mujer porque sabes que no te aburrirás nunca. Esto no es solo deseo Peeta, no lo arruines. Piénsalo bien. Puede que tengas una sola oportunidad de hacer que funcione.

-No tengo nada que pensar. Solo tengo que encontrar la manera de sacarla de mi mente. Pensé que teniéndola en mis brazos una vez más eso sucedería, pero a esta altura no creo que pase…

-Eso te va a joder aún más. –Lo interrumpió el cobrizo.

-Finn, no puedo ir a Amalfi con ella. –Dijo tomándose el puente de la nariz.- Habla con Salvatore y dile que firmaré aquí y que su adorada Dottoressa Abernathy Everdeeen irá, junto contigo, a registrar su firma. Es más, dile que puede retenerlos allí de vacaciones el tiempo que quiera. Lleva a Annie. Los gastos corren por mi cuenta.

-Como tú digas amigo… Cómo tú digas. –Dijo Finnick sorprendido pero sabiendo lo que tenía que hacer.

…****…

Había estado ocupada casi toda la mañana en terminar el contrato del Signore Salvatore. Estaba orgullosa de sí misma porque lo había redactado íntegramente en el modo bilingüe y sin ninguna contradicción. Cuando lo hubo tenido listo, lo apartó de su escritorio y terminó de corregir otros documentos que el jefe de su jefe había marcado como urgentes. Pasado el mediodía, decidió dejar todo para irse a almorzar. Cuando estaba por salir, Portia la llamó para pedirle que le alcanzara a Finnick algunos documentos a la oficina de Peeta y a ella se le encendieron todas las alarmas. –Tranquila Katniss.- Se dijo mientras alisaba su vestido frente al espejo del ascensor. –Quizá él ni siquiera esté allí.

Llegó a la recepción del último piso y encontró que Portia se estaba tomando el otro ascensor. –Dra. Everdeen, deje los documentos sobre el escritorio del Señor Mellark. Los estaba esperando.- Dijo antes que sus puertas se cerrasen.

Respiró profundo y se encaminó a la oficina. Golpeó la puerta y nadie respondió; así que se asomó abriendo la puerta lentamente y observando con los ojos bien abiertos todo a su alrededor. Nunca había estado en su oficina. Era sencillamente deliciosa. Nada ostentosa, más bien minimalista. Sencilla pero determinada y muy fina en su decoración. Imponente por la maravillosa vista que tenía de la ciudad… Imponente e inalcanzable como su dueño. De repente el perfume de él, la invadió por completo. Era una fragancia deliciosamente masculina, arrogante y pecaminosa. Pecaminosa como sus labios, arrogante como su boca y masculina como sus manos. Todo en Peeta Mellark coordinaba a las mil maravillas. Todo lo que lo rodeaba parecía haber sido creado exclusivamente para él; aunque ella sabía que él no era tan vanidoso como para pedir eso. Era arrogante y mandón, pero ¿Qué hombre que crea un imperio como el suyo no lo es? Era un hombre joven que se había dedicado al trabajo, quizá era por eso que la había tratado con tan poco tacto. No quería justificarlo, pero su perfume la estaba confundiendo y haciéndola pensar en que quizá debía darle la posibilidad de explicarse antes de condenarlo. Antes de arrepentirse de cualquier cosa, decidió dejar las carpetas sobre el escritorio. Volteó el enorme escritorio y dejó la pila sobre él. Cuando se estaba yendo divisó un portaretrato de plata en el que él posaba feliz en los brazos de una muñeca rubia un poco más joven que él. Una punzada de celos la recorrió pero antes que pudiese procesar nada, levantó la vista y lo vio apoyado delante de la puerta con los brazos cruzados y con sus penetrantes ojos azules clavados en ella. En ese instante se quedó sin respiración.

…****…

Había decidido irse a almorzar. Necesitaba respirar un poco de aire fresco. Por suerte no se había topado ni siquiera con un mail de Katniss y ello la había mantenido a raya de sus pensamientos. Justo cuando acababa de salir a la acera, se dio cuenta que no llevaba consigo su celular y tuvo que volver a su despacho. Por lo visto Portia se había ido a almorzar y la planta debía estar vacía. Vaya sorpresa se encontró en su oficina cuando abrió la puerta y se encontró con Katniss abrazando unas carpetas mientras miraba la ciudad a través de los ventanales. La vio y enseguida su cuerpo la reclamó a gritos. Estaba tan bella con ese vestido negro y esos tacos de infarto que no pudo más que mirarla con anhelo. Ella ni reparó en su presencia. Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no lo vio ahí parado en la puerta observándola. Cuando se agachó sobre su escritorio para dejar las carpetas e inspeccionar la foto que él tenía con Prim, supo que ese vestido estaba precisamente diseñado para hacerlo perder el control. Si bien no mostraba nada, no dejaba lugar a dudas de que lo portaba una mujer con un cuerpo creado para pecar. Esa visión lo turbó; de repente se la imaginó tumbada desnuda sobre su escritorio, solo con los Louboutin puestos, temblando de placer bajo su cuerpo. Su cuerpo emanaba lujuria y sexo, por eso cuando ella levantó la vista y lo miró quedándose sin respiración, entendió que si no hacía algo ahora, tal vez en unos días ya fuese tarde. Si la dejaba entrar en su vida terminaría por voltearla patas arriba, pudiendo lastimar, aún más, lo poco que quedaba de su corazón. No podía permitirse enamorarse de esa mujer sino su vida sería un infierno otra vez, cosa que se había jurado que nunca más le pasaría. Peeta Mellark y el amor no se llevaban bien, así que mejor era ahogar todos los sentimientos que bullían en su interior, aunque eso significara tener que abandonar la empresa de su padre y volver a recluirse en su tan amada Oia como un cobarde, decepcionándolos a todos otra vez.

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¡Buenas noches queridos lectores!

Ayyyyyyyyy ya llega el encuentro de éstos dos ¿Se darán una oportunidad o serán tan necios de seguir con esos planes tan bobos?

Gracias por los hermosos reviews de la semana pasada, me levantaron el ánimo. Se los agradezco.

Amo a Peeta Mellark, por eso cuando lo escribo a él, me fluyen las palabras.

¡Buenas noches a todos!

Si les gusta nos leemos el próximo lunes.

Cariños,

Igora.