-Primrose Mellark –dijo mientras la penetraba con la mirada.

-¿Qué? –Preguntó confundida.

-Que la hermosa rubia que está conmigo en la foto es mi hermana pequeña –Explicó mientras se acercaba asechándola cual felino. Aunque su mente quisiese lo contrario, su cuerpo y su corazón solo querían una cosa: seducir a Katniss y hacerla suya para siempre.- Su nombre es Primrose. –Agregó con esa sonrisa de medio lado irresistible que lo hacía brillar.

-Es una foto muy bonita. Su hermana es preciosa Señor Mellark. –Dijo la castaña incorporándose intentando recuperar la compostura.

-No tanto como tú. –Dijo serio sin siquiera pensar y sin darse tiempo a arrepentirse.- ¿Qué quieres Katniss? Dímelo y acabemos de una vez con esto. -Propuso con la voz ronca de deseo mientras se le acercaba.

-Na… Nada. –No podía emitir palabra. Su mente estaba congelada y su cuerpo solo ardía de deseo. El azul zafiro de los ojos de Peeta la tenia hipnotizada.- No se a que se refiere Señor Mellark. –Pudo pronunciar mientras pensaba como iba a salir de esa oficina.

-Ay, Katniss, Katniss… -dijo el rubio acorralándola entre su cuerpo y el enorme sillón de director que estaba del otro lado del escritorio.- Tú no sabes mentir, ¡Pero si mientes fatal Dios! Dime qué planes locos tenía tu cabecita esta mañana cuando decidiste venir a la oficina así vestida. ¿Querías provocarme? ¿Querías que te hiciese mía ni bien te viese? ¿Querías saber cuánto te deseo? –Siseó en su oído mientras trataba de controlar con todas sus fuerzas, su impulso de tocarla.- ¿Querías que todos los hombres te comiesen con la mirada? ¿Qué todos los hombres quisiesen colarse en tu cama? –Sin darse cuenta escupió las últimas palabras con odio… Con una furia contenida que si se desataba, mandaría todo a la mierda.- Si quieres sexo solo tienes que pedirlo; no hace falta que te vistas así preciosa. No me gusta que otros hombres deseen lo que es mío.

Cuando la castaña escuchó el "Preciosa" salió del trance. Peeta también la estaba menospreciando y eso la envalentonaba aún más. – Ay, Peeta, Peeta… -Dijo ella tomando el control de la situación mientras imitaba su tono burlonamente.- Hay dos cosas que tienen que quedarte claro; Primero, si quisiese sexo contigo te hubiese mandado un mensaje… Seguramente la habitación 950 hubiese estado lista al instante. –Le decía retándolo mientras rozaba con su boca la oreja del rubio.- Pero no. Hoy no estás de suerte. –Sentenció sin mirarlo, separándose de golpe y rodeando el escritorio por el otro lado.- Hoy quiero que todo hombre que se cruce conmigo se toque pensando en mi, en mi cuerpo y en cómo pudo hacerlo vibrar. –Seguía rodeando lentamente el escritorio mientras él estaba como fijado al suelo con los puños apretados y echando lumbre por los ojos.- Pero lo que más quiero hoy es acabar en la habitación de un hotel barato en los brazos del primer extraño que se anime a tener buen sexo sin necesidad de mentiras, explicaciones y mucho menos compromisos… -Dudó en continuar porque sus profundos zafiros estaban a punto de consumirla.- Segundo, no soy tuya cariño. Que eso te quede bien claro. No soy una posesión de nadie… Amén que te falta mucho para llegar a conquistarme. –Terminó la frase sin mirarlo para no dudar.

Peeta no se había dado cuenta que estaba clavado al piso con el cuerpo en tensión hasta que la vio acercarse hasta la puerta de su oficina. Antes que pudiese salir, apretó con su cuerpo el suyo y mientras con una mano le acariciaba la pierna y con la otra apoyada contra el vidrio, se separaba un poco de su boca, le dijo –no juegues con fuego preciosa porque te puedes quemar. No me conoces y no sabes de lo que soy capaz de hacer para conseguir lo que quiero… -Comenzó a besar su cuello mientras le advertía.- Será más fácil todo si te rindes y nos matamos en ese bendito cuarto de hotel como estás deseando.- Antes de seguir hablando le acarició los labios con los suyos mientras ponía una de sus manos sobre su trasero y la otra en su nuca.- Sino vas a perder tiempo y te sentirás frustrada… Para terminar viniendo a mis brazos pidiendo aunque sea limosna.- Dicho esto, la beso con verdadero hambre y determinación. Era un beso rudo y exigente, pero muy caliente. Sin dudas Peeta Mellark sabía perfectamente lo que hacía y ella estaba perdida derritiéndose entre sus brazos.

Le correspondió al beso porque se sentía increíblemente deliciosa su boca jugando una sensual batalla contra la de él, pero en cuanto su cerebro pudo pensar en algo que no fuese Peeta Mellark, se separó gritándole -¡Vete al demonio Peeta!– antes de darle una sonora cachetada que lo descolocó. -¡Púdrete en el infierno!– Le seguía profiriendo insultos mientras atravesaba a grandes zancadas la planta para tomarse el primer ascensor que la sacase de su alcance.

…****…

Cuando la castaña hubo subido al ascensor se arrojó sobre su cómodo sillón de director. ¿Qué miércoles había sido lo de recién? Ese no era él. Si bien él no se enamoraba desde aquella vez que le hubieran roto el corazón en mil pedazos, era un amante gentil; siempre preocupado por hacer sentir bien a sus amantes, por hacerlas sentir únicas en una noche de placer inolvidable. Era por eso que todas pedían más. Ninguna realmente lo veía como era, ninguna lo conocía; pero después de una noche de sexo grandioso y amoroso todas le juraban amor eterno. Hace ya mucho tiempo que el amoroso y romántico hombre había muerto, dándole paso a este que si bien no era un hombre tierno, tampoco era un cerdo cruel como lo era cuando estaba con ella. Ella. Con ella todo era diferente. Ella era diferente. Lo hacía sentir diferente. Estaba claro que no quería enamorarse y tampoco quería que ella lo hiciese, pero ¿Por qué tenía que ser tan brutal con ella? ¿Por qué todo era tan… tan brutalmente caliente? Con Katniss todo se vivía intensamente y el sexo era el mejor que había tenido en la vida. Ese era el problema, que no podía hacerse a la idea de dejarla ir porque no quería que otro la disfrutase como él lo hacía. Con varios vasos de whiskey encima se convenció que estaba en lo correcto; que lejos de enamorarse de la castaña, estaba obsesionado con ella por lo bien que la pasaban juntos. Llegó a la conclusión que la única forma de acabar con todo esto era precisamente hacer lo contrario y enrollarse con ella todo lo que le fuese posible. Y eso era justo lo que sabía que no podía y que no le convenía hacer.

-Hey Mellark, te estoy hablando. ¿En qué piensas? O mejor dicho ¿En quién piensas?

-Perdón Finn ¿Decías? –Le dijo mirándolo desconcertado mientras dejaba su vaso en el escritorio.

- Estaba intentando hablarte del viaje a Amalfi, pero tú estabas con tu cabecita cuatro pisos más abajo. –Bromeó el cobrizo.- Viste a Katniss hoy, ¿Verdad?

Lo dudó pero le respondió con un profundo y claro –Si.

-Debí imaginármelo en cuanto, a la hora de almorzar, la ví arrastrar a Annie fuera del edificio como alma que lleva el diablo. ¿Y ahora qué pasó? –Su mejor amigo lo miraba con expectación.

-Nada. –Se apuró por contestar.- Solo la traté como un imbécil y ella me contestó como era debido a mi propuesta. –Cerró tratando de simplificar lo ocurrido.

-Es verdad, nada fuera de lo común. Te portaste como un idiota y discutieron. Más de lo mismo.

-Si… Tal cual como tú dices. La vi con ese mini vestido y perdí la cabeza. La provoqué, intenté seducirla... Finalmente la arrinconé contra la puerta, la besé y me dio una cachetada. Fin de la historia. ¿Qué decía de Amalfi Dr. Odair? –le preguntó rápidamente para cambiar de tema.

Su amigo se rió sonoramente. -¿Amalfi? Creo que ya no importa lo que venía a contarte porque creo que tienen otros planes. ¿Qué quieres hacer?

Seguro de estar cometiendo el error más grande de su vida, llamó a Portia y le dijo –querida Portia, voy a necesitar que alisten el avión privado para el lunes a primera hora. Voy a viajar a Amalfi y tiene que estar disponible para mí por ocho días. Hazme el favor de asegurarte que esté todo listo en la casa de la costa. Prepara todos los papeles para mí y para la Dra. Everdeen. Cuando esté todo arreglado me avisas por favor. Gracias.

-¿Solo viaje de negocios? –Preguntó el cobrizo enarcando una ceja y escondiendo una pícara sonrisa sabiendo ya la respuesta.

-Intentaré cerrar el trato con Salvatore en medio día, lo más rápido posible. Después me dedicaré a volver mi vida a la normalidad.

-¿Con Katniss cerca?

-Sobre todo con ella cerca; lo más cerca que dos cuerpos puedan estar. –Dijo con satisfacción en la cara.

-Ojo Peeta –Le advirtió Finnick.- no vaya a ser cosa que después no quieras tu antigua normalidad.

-Estoy obsesionado con esa mujer… Si me lo hubiese permitido la hubiese hecho mía hoy en esta misma oficina. –Dijo mientras sopesaba su respuesta.- ¡Dios! Cuando estoy con ella no me reconozco. Saca mi lado pasional al extremo. Es todo tan intenso… -Dijo mientras peinaba sus rubios cabellos con sus manos en señal de franca desesperación.- Desbarata todo mi mundo… Además desearla como lo hago va en contra de todo en lo que creo y profeso. Tengo que saciarme de ella. No puedo seguir así.

- Si hace tan solo dos meses alguien me decía que iba a ver así al sex symbol de Peeta Mellark, no le creía. –Sentenció el cobrizo.- ¡Pero mírate nomás, si estás perdidamente enamorado de esa mujer! Annie tiene razón.

- ¡Odair, deja de decir estupideces! -Saltó de su silla enojado.- Solo… solo… -Daba vueltas en su oficina sin encontrar las palabras para rebatir lo que decía su amigo.

Finnick seguía riéndose. Se levantó de su silla y se encaminó hacia la puerta, pero no salió sin antes desearle buena suerte con su testarudez y con su jefa de legales, a pesar de no estar de acuerdo con lo que su amigo estaba a punto de hacer.

…****…

-Aggggggh… Me saca de las casillas… ¡Lo odio! –Gritaba Katniss exasperada mientras entraba con Annie en el restaurant para almorzar, dónde ya las esperaban Johanna y Madge.

-No me digas nada… Mellark, ¿Verdad? –Le espetaba Johanna mientras Annie y Madge reían. - ¿Se puede saber que te hizo ahora ese adonis rubio?

-Solo la besó en su oficina después de decirle que era preciosa. –Contestó apurada la prometida de su jefe.

-¡Annie! –La voz aguda de Katniss resonó en el restaurant.- ¡No lo defiendas! Me menospreció y lo que es peor, me trató como una puta.

-No, Katniss. Me vas a disculpar, pero no estoy de acuerdo. –Sentenciaba la pelirroja bajo la atenta mirada de las mujeres que estaban sentadas a la mesa.- Quizá no se portó como un caballero, de hecho se portó como un verdadero idiota al que no reconozco, pero al fín y al cabo demostró su interés por ti ¡Pero si se nota a lo lejos que está loco por ti!

Ante la insistencia de Johanna y Madge, Katniss les contó con pelos y señales lo ocurrido. La indignación y la satisfacción que le daba que Peeta la deseara, se notaban a partes iguales en su voz. Johanna muerta de risa por la indignación exagerada de su amiga se atragantó con su copa de vino tinto y Madge la miraba seria.

-Ay Kat, si ese adonis rubio no te interesa ya salgo a conquistarlo, claramente es mi tipo de hombre. -Terció segura Johanna.

-Jo, no digas pavadas… A ti no te gustan tan… tan… -no sabía que excusa ponerle a su amiga para que no pusiese los ojos en el jefe de su jefe.- estoy segura que Peeta Mellark no es de los de tu estilo.- Dijo seria.

-¡Basta cuñada! –Dijo Madge enojada. Ella nunca la llamaba asi, salvo que estuviese realmente enojada con la castaña.- ¡Te encanta Peeta Mellark! Deja de negarlo por favor. –Terminó largando una carcajada sonora.- Creo que él tiene razón. Deja de negarlo y disfruta a ese modelo de pasarela por dios. –La mesa estalló en risas junto a ella.

Al final del almuerzo, sus amigas estaban completamente seguras que Katniss estaba hasta la médula con Peeta Mellark, la única que no quería verlo era la propia Katniss quien seguía empeñada en asegurar lo contrario.

…****…

Antes de irse de la oficina, mucho tiempo después que el horario laboral hubiese terminado, Portia le avisó a Peeta que estaba todo listo para el viaje del lunes por la mañana. No queriendo retrasar aún más a su fiel secretaria, decidió encargarse el mismo de preparar un sobre con la nota que debían entregarle a su jefa de legales hoy por la noche sin falta. No podía dejar que algo fallase porque ya ansiaba tener a Katniss para él solo en ese paraíso que habían construido sus padres. Dio muchas vueltas antes de cerrar el sobre; incluso había llamado a Prim para contarle de su viaje, aunque sin revelarle sus planes; y se había mensajeado con Finnick esperando que él fuese su Pepe Grillo y lo volviese al camino de la cordura. Antes de bajarse del auto en su apartamento, Peeta le dio a Miles el sobre y la dirección de Katniss para que se lo entregase inmediatamente. Internamente pensó que la jugada estaba hecha y ya contaba los minutos para tener una llamada indignada de su castaña preferida.

…****…

Estaban por tomar el café cuando el timbre sonó. Por desgracia su hermano fue quien abrió la puerta y recibió el sobre sin siquiera preguntar quién lo enviaba.

-¡Kat! –La llamó Gale a los gritos desde la sala.- Te ha llegado un sobre. Quien me lo entregó me dijo que era urgente su contenido.

Katniss se acercó al living y se sentó al lado de Madge, que estaba bastante aburrida oyendo la conversación sobre el negocio familiar que estaban teniendo su novio con su suegro. Repasó la pulcra caligrafía del sobre y supo quien lo enviaba. Al verla dudosa de abrirlo, su amiga la impulsó a saber de que se trataba.

-Vamos, ábrelo. Dijo quien lo trajo que era una cuestión urgente. –Madge estaba muy ansiosa por saber que le había preparado Mellark a su amiga.

-Debe ser una de sus pavadas. Es que no creo… -Se interrumpió cuando vio los tickets y unos formularios de migración.- ¿Qué demonios es esto? –No lo dijo demasiado fuerte pero llamó la atención de su madre que venía con el café.

Con las manos temblorosas y el seño fruncido, Katniss desdobló la nota que le había escrito Peeta.

"Katniss,

Antes que nada quería disculparme por mis actos de hoy por la mañana. Pagué contigo mis frustraciones y eso no era justo. Espero puedas disculparme. No soy así, pero es que tú… tú nada, el irracional soy yo; así que prometo comportarme.

Te preguntarás que son esos tickets y esos formularios de aduana; pues bien, como sabrás el martes Salvatore nos espera para cerrar el contrato y vamos a viajar juntos el lunes por la mañana. Pasará Miles a buscarte a las 9 Hs. espero estés lista así no retrasamos la salida del avión. No me gusta que me frustren mis planes, es por ello que te molesto un viernes por la noche.

Avísale a tu familia que estaremos fuera una semana. Yo me encargaré de todo, así que no debes preocuparte más que por tu maleta de ropa.

Se que a esta altura de la nota estarás furiosa y lanzando improperios contra mí y mi familia entera, pero de nada va servir resistirte… Sabes que siempre consigo lo que quiero. Y si Katniss, nos vamos una semana y eso tampoco se discute.

Peeta."

La castaña estalló en ira cuando hubo terminado de leer la carta, mientras Madge se descostillaba de la risa a su lado.

-¡Ya deja de reírte! ¡Eres mi amiga! –Le espetaba a la rubia mientras la golpeaba con un almohadón.- ¡Ya va a escucharme! ¿Qué demonios se cree? –Decía a los gritos captando la atención de toda su familia mientras iba a buscar su celular.

Antes que ella pudiese llamar a Peeta para mandarlo al demonio por segunda vez en el día, escuchó a Effie que gritaba -¿Cómo que te vas a Italia el lunes con tu jefe y no nos habías dicho nada? –Su madre había tomado la carta, pero antes que la leyera, Madge se la había quitado de las manos diciéndole que era una nota de su jefe indicándole un repentino viaje de trabajo.

-¿De que está hablando tu madre Katniss? –Dijo Haymitch incorporándose seguido de cerca por Gale.

-Ay, Haymitch… Tu hija debe viajar el lunes a Italia con el mismísimo dueño de Mellark Industries para resolver cuestiones laborales… -le explicaba Effie a su esposo.- Debes entender que…

-No tengo que entender nada. Tú, preciosa, no vas a irte a ningún lado con un desconocido. –espetó su padre molesto.

Katniss miraba a sus padres como congelada y con su mano depositada sobre el teléfono de Peeta, pero sin animarse a marcar. No sabía que decir hasta que las cosas en lugar de arreglarse, se complicaron aún más.

-¡Haymitch Aberbathy Everdeen! No es un desconocido… ¡Es su jefe! –Espetó Effie reprendiéndolo.

-Pues para mí es un desconocido. Se que no necesita mi autorización para salir del país porque ya no es una niña pequeña, pero… ¡No puedo dejar que mi hija viaje una semana sola con un hombre que no se quien es! –Gritó Haymitch exasperado.

-¡Ya está! Tengo la solución. –Dijo Effie contenta.- Katniss puede invitar a su jefe a la fiesta de aniversario de mañana, asi tú, hombre de las cavernas, puedes conocer a Peeta Mellark y tu hija no se siente tan avergonzada. ¿Verdad que puedes llamarlo cariño? –Le preguntó su madre con esperanza en los ojos.

Para darse tiempo para pensar en cómo salir de ésta, Katniss le dijo que si a su madre; y su padre gruñendo aceptó la solución de su esposa. –Tranquilos todos, mañana en la mañana hablaré con el Sr. Mellark y lo invitaré a la fiesta.- Dijo a regañadientes.

-Estoy segura que no rechazará la invitación. –Agregó Madge por lo bajo ahogando una sonrisa.

-Eso espero por el bien de mi hermana. –Sentenció Gale besándole la coronilla a su novia.

-¡Estupendo! Ahora todos a la cama que mañana es un día muy, muy importante y debemos estar descansados. –Decía una Effie muy emocionada.

Mientras se preparaba para acostarse Katniss no paraba de pensar. Sabía que Peeta estaría esperando su llamado enojada y no le daría el gusto. Prepararía algo mejor. Mañana temprano le mandaría un mensaje declinando el viaje, lamentandose ante la negativa de su sobreprotector padre y así mataría dos pájaros de un tiro: se zafaría de pasar una semana sola en Italia con el rubio y evitaría que él conociese a sus padres; pero lo que ella no sabía es que la suerte no siempre estaba de su parte ¿O tal vez si lo estaría?

...****...

¡Buenas noches queridos lectores!

Luego de mi larga ausencia (De la que no vale la pena contarles los aburridos motivos), estoy de vuelta. Se por la falta de Review que no me han extrañado nada, pero yo si los he extrañado a ustedes.

Ya saben, si les gusta como va esta historia, nos leemos la semana entrante.

¡Cariños a todos!

Igora