Avanzar hacia adelante

DRAGON BALL © AKIRA TORIYAMA

Sinopsis: El Torneo del Poder había terminado y Gohan volvía a su hogar con varios pensamientos rondando en su cabeza. Su esposa lo ayudará despejando su mente y recordando la importancia de mirar hacia el futuro.

Nota de autora: Finalmente, Dragon Ball Super llegó a su fin y fue de una manera buena. Me gusto que mostrarán a Gohan y Videl y, aunque sea de forma temporal, nos regresaran a la forma de antaño que eran. Para despedir la serie hago mi pequeño aporte.


Capítulo único: Avanzar hacia adelante


El amanecer en West City marcaba el retorno de los campeones del Torneo del Poder a su planeta. Después de batallas extraordinarias y nuevas fuerzas descubiertas, era momento de volver a la rutina.

Luego de atestiguar un reencuentro emotivo entre Vegeta y Bulma, todos fueron conscientes de que tenían sitios a los cuales regresar, aliviados de que ya no existía ningún ente todopoderoso capaz de destruirlos en un milisegundo.

—Debería volver antes de que pase más tiempo. Videl debe estar preocupada —expresó Gohan mirando hacia la ciudad. Mucho tiempo no le tomaría viajar hacia su hogar tras recuperar sus poderes. Había olvidado esa ventaja—. Papá, ¿quieres venir a casa y darte un baño?

—Descuida, Gohan. Será mejor que vaya por Goten e iremos directo a la montaña Paoz. Aunque Milk va a molestarse por haber roto otro traje —carcajeó el saiyajin con innegable aflicción—. Bulma dice que nos espera para la celebración por el nacimiento de Bura para la tarde, ¿qué dices?

Gohan observó al señor Piccolo que permanecía en silencio, apartado a un lado.

—Supongo que tendré que venir, ¿no es así?

—Piccolo, no te pongas verde de amargado.

—¡Idiota, yo soy verde por mi raza y no por mi estado de ánimo! —le recordó el namekiano al saiyajin que volvió a reírse ingenuamente.

El antiguo Gran Saiyaman abrió los ojos al que su padre, que discutía con Piccolo sobre la fisiología de su raza y lo contemplaba sin comprender. Era increíble como su padre, una vez más, había superado la barrera de los poderes que él mismo ya desconocía, sus escalas para seguir. En realidad, cada uno dentro del torneo había librado nuevos poderes, incluyéndose. Y aunque cada uno tenía un motivo diferente para estar combatiendo, todos protegieron el universo siete, tal y como el capitán del equipo había señalado.

Se sentía orgulloso de haber sido ese líder dentro del torneo.

—Supongo que todavía no he perdido mi habilidad —murmuró para sí reparando en su cuerpo. Gracias al voto de confianza de su maestro y su padre, había regresado a combatir por algo como su familia—. Y la verdad, creo que jamás lo debí hacer abandonado. Fui brindado de un poder extraordinario que me sirve para proteger a los que amo, ¡no puedo darme el lujo de perderlo y arriesgar a mi familia!

—Eso es excelente, Gohan. Significa que volverás a entrenar conmigo —Goku apareció de pronto y tomó de improviso a su hijo mayor.

El saiyajin más brillante del universo contempló a su progenitor con ternura. A pesar de su forma de ser egoísta y torpe en ciertas ocasiones, había demostrado que combatía por ellos y no para hacerse más fuerte sin medir consecuencias. Cosa que Gohan debería hacer también a su manera.

—En realidad, padre —Gohan sonrió abiertamente—. No es mala idea. Solo debería ver mi horario.

—¡Fantástico, entonces nos veremos en la montaña Paoz!

Dicho eso y despidiéndose de toda la pandilla una vez más, Gohan y Piccolo se alzaron en vuelo y marcharon directo hacia la mansión donde seguramente estarían todos ya de pie.

En el trayecto, el moreno fue inundado con pensamientos respectos al torneo con cierto remordimiento recordando al universo diez y como uno de esos combatientes también tenía una esposa e hija esperando en casa. Era un alivio que Diecisiete hubiera decidido revivir a todos.

Sin embargo, había sido causante, al menos por un momento, de haber acabado con las esperanzas de supervivencia de un universo.

—Estás mucho más callado de lo usual, ¿qué sucede? —cuestionó su maestro con tono serio.

—No es nada, señor Piccolo. Pensaba en el luchador del universo diez —confesó aminorando su velocidad—. Él tenía una fotografía de su esposa y una hija en un amuleto que cargaba —su tono de voz se volvió apagado, siendo un peso hablar de esa situación—. En ese momento, vi a mi propia esposa e hija. Supuse que vencerlo era el bienestar de mi familia, sin embargo, también había condenado a otra. Es un alivio que su universo se restaure.

—Siempre estás preocupado porque las cosas sean justas.

—Creo que me gustaría disculparme. Tal vez le pida al señor Bills que me lleve al universo diez en algún momento.

—Eso sería interesante, Gohan. Aunque tal vez te pida una revancha —le apuntó el luchador de piel verde como posibilidad—. ¿Consideras que puedas lidiar con él?

—¡Por supuesto, señor Piccolo! Esta vez he recuperado mis poderes y no pienso perderlos por descuidarme —aseguró con cierto tono que hacía mucho no mostraba. El tono de un saiyajin dispuesto—. Ahora entiendo qué clase de guerrero soy. Uno que lucha por los suyos y para hacerlo debo estar en forma. ¡No puedo perder mi condición!

Piccolo sonrió con cierto orgullo, el mocoso que entrenó en las llanuras estaba de regreso.

La mansión que resguardaba a la familia de Gohan pronto estuvo ante ellos y, sin vacilar, entraron dispuestos al tan esperado reencuentro. La visión de Videl alimentando a Pan desde su silla fue lo primero que hallaron.

Gohan no evitó correr hacia Videl y besarla. Pan no evitó volar hacía Piccolo y tirar de sus antenas.

—Mmm, pequeña Pan… —murmuró el hombre de piel verde.

—Pan, ¡deja al señor Piccolo! —increpó alter ego del Gran Saiyaman ante su revoltosa hija. Ella continuaba jalando las antenas sin proponerse abandonar la tarea—. Él está cansado por la batalla.

—¿Acaso ocurrió algo?

En ese mismo instante, el moreno sintió que todo caía sobre él como un bloque. Videl no tenía noción de que hasta hace unas horas el universo estuvo en juego y que, si no fuera por los mejores guerreros, nada ni nadie que estuvieran allí parados existiría.

—Es una larga historia —señaló Piccolo tomando a la bebé entre sus brazos. Esta rápidamente se tranquilizó y se distrajo jugueteando ahora con las ropas maltrechas—. Será mejor que se lo digas, Gohan.

Dicho eso, salió de la habitación dejando a la pareja. Gohan se sentó en el sofá sin importar su ropaje maltrecho o heridas, necesitaba decirle a su esposa toda la verdad. Antes, por demorar, un sujeto había querido destruir su familia. Ahora no dejaría que nadie interviniera.

—Videl, escucha —tomó su mano y respiró hondo. La antigua justiciera tenía un rostro salpicado de incertidumbre—. La razón por la que mi padre me llamó es porque hubo un torneo que definía el destino de todos los universos. Hubo más de cincuenta participantes peleando y hubo universos eliminados, yo acabé con algunos…

—¿Asesinaste a otros luchadores? —preguntó Videl, echando un vistazo la mirada carbón que desprendía cierta culpabilidad y escarmiento al recordar, seguramente, los hechos ocurridos.

—Nosotros solo los sacamos de la pista, pero el Rey de Todo se encargaba de eliminar el universo una vez que no había más luchadores en la plataforma —siguió Gohan. La imagen del amuleto volvió a su mente—. Incluso hubo un guerrero que también tenía una esposa y una hija. Yo fui quien lo sacó…

Gohan se quebró en ese momento, imponente de haber quebrado su ética. Aquella que consistía en no dañar a nadie por más perverso que fuera. Ese guerrero no le había hecho daño a nadie (suponía) y él había sido el responsable de sacarlo y condenar su universo.

¿Qué clase de guerrero era?

«Uno que pelea por defender su propia familia» dijo su voz interna.

—Sí, pero a costa de la vida de otros —se respondió así mismo.

No pudo evitar sentirse tan miserable como cuando no derrotó a Cell a tiempo para evitar el sacrificio de su padre. Incluso cuando combatió contra Majin Buu jugó con él y no lo venció a tiempo para impedir que su padre (otra vez) salvara al universo.

Tenía el consuelo de que durante el transcurso del torneo había sido capaz de sacar al tercero más fuerte del universo once. Sin embargo, sentía que podría haber contribuido más. El señor Piccolo había mencionado un poder oculto que no se había liberado durante la batalla.

¿Acaso estaría a poco y nada de desbloquearlo tal como su padre hizo con el Ultra Instinto?

Deseaba averiguarlo.

—Sabes que Videl —dijo retomando la charla que quedó pendiente—. Sé que saqué a ese luchador, pero lo hice por Pan y por ti. Lo hice para tener un futuro para ambas y al final del torneo, todos fueron revividos con las Super Esferas del Dragón.

—Gohan…

—Sé que no es lo más honrado que he hecho —comentó tomando ambas manos de Videl entre las suyas—. ¡Pero lo hice por ti y por Pan! No tendría sentido haberme quedado aquí, dejando que mi padre y los otros fueran a combatir, siendo que alguna vez defendí la Tierra. Lo hice y terminamos ganando. ¡Salvamos la Tierra y al universo! Salve a Pan y a ti.

Videl sonrió con ternura a su esposo.

—No importa cuánto tiempo pasé, continúas siendo el mismo muchacho adorable y tierno que conocí disfrazado —confesó acariciando con ternura su mejilla—. Gohan, sé que te parecerá duro haber eliminado a ese luchador, pero me alegra saber que no olvidaste que es bueno luchar por lo que amas. Estoy feliz de verte como el Gohan que conocí, defensor del amor y la justicia.

Dicho eso, ambos compartieron un beso dulce y tierno, lleno del poder más poderoso que Gohan conocía: el amor. Una vez que se separaron, Videl no pudo evitar advertir el detalle del mechón que caracterizaba a su esposo cuando eran jóvenes. Estaba allí de regreso.

—Tu mechón está allí de nuevo —señaló tomándolo entre sus manos con cierta sorpresa.

Gohan sintió que los colores se subían a la cara. Había olvidado ese rasgo que se realzaba más cuando tenía sus poderes al máximo y solía quedar como una secuela permanente.

—Es que para el torneo tuve que recuperar el poder que el Supremo Kaiosama de quince generaciones liberó durante la batalla contra Buu. Este amigo de aquí viene con ese regreso de poderes —le explicó intentando acomodar ese mechón dentro de su ordenado cabello de profesor universitario. Sus reiterados intentos fueron inútiles—. Tal vez debería cortarlo.

—¡No, déjalo!

—¿Eh?

Videl se dio cuenta de que, más que sugerir, había gritado que no se deshiciera del mechón.

—Es decir, me gustas con ese mechón largo. Me recuerda a cuando éramos jóvenes —confesó con cierta pena que no sentía desde su adolescencia.

Videl se acomodó un propio mechón de cabello oscuro tras su oreja. Gohan soltó una risilla.

—Es gracioso. A ti te gusta el cabello largo, pero en ti lo prefieres corto.

—¡Oh, no recuerdes eso! Pensaba que el estilo de niña que gustaba tenía ese peinado. ¡Y por eso lo corté!

—Intentabas coquetearme y no lo sabía. ¿Cómo esperabas que reaccionara si de un día al otro apareces con otro cambio de estilo?

Y así, recordando todo lo que los llevó hasta ese punto de estar felizmente casados y con una hija, Gohan y Videl miraron el pasado. Habían pasado por mucho y no solo por cosas extraordinarias como a lo que ya estaban acostumbrados, sino también a desafíos tan comunes como enfrentarse a una crisis matrimonial surgida por terceros, no obstante, supieron pasarlos.

¿Por qué? Porque ambos tenían un claro objetivo.

Avanzar hacia adelante.