Eran las 5 de la mañana y Peeta seguía dando vueltas en su cama. No había podido pegar un ojo a pesar de estar muy cansado. Había intentado de todo para lograr descansar, pero seguía acostado boca arriba intentando dejar de pensarla. Eso lo ponía de pésimo humor. Ni siquiera intentó pintar para relajarse porque sabía que la pintaría a ella y ya tenía un cuadro que le recordaba la cara de su verdugo en su momento más íntimo. Hubiera querido trabajar, pero su mente volaba formulando hipótesis sobre la falta de noticias de Katniss. Hubiera querido que su carta fuese conciliadora, pero como no podía con su genio, por el final no pudo dejar de imprimirle su toque mandón, controlador y exasperante.

Antes de Delly, Peeta solía ser un tipo alegre, dulce y considerado; pero después de ella, él había cambiado para siempre. Se había vuelto huraño, casi siempre estaba malhumorado, era mandón e inflexible con sus decisiones. Antes solía escuchar más a las personas; solía estar atento a sus sentimientos y necesidades; pero ya casi nunca lo hacía, a pesar de ello, tenía un corazón tan grande que no podía evitar ayudar a todo el que lo necesitase… Era algo que le nacía naturalmente, aunque ya no quisiese fiarse de nadie; aunque Delly hubiese asesinado a su versión más amable. Su retiro a Oia había ayudado. Estar tanto tiempo solo, sin tener de quien preocuparse había sido lo que terminó de templar su nuevo yo.

Se levantó de golpe decidido a llamar a Miles para preguntarle que había dicho Katniss del sobre, pero antes de presionar el botón de llamada, se dio cuenta de la hora que era. No quería molestar a su chofer tan temprano, por lo que decidió preparase el desayuno para matar el tiempo. Entró en la cocina del apartamento, y de repente, muchos recuerdos lo asaltaron sin piedad. Cuando era pequeño, su padre y él preparaban el desayuno para su madre los domingos por la mañana. Fue justo en esa época cuando hubo aprendido a preparar delicias pasteleras de la mano de su padre y de su abuela Mags. Una sonrisa cruzó su rostro y se puso manos a la obra. Dos horas después tenía listos varios tipos de panes. Sonrió feliz. Por primera vez desde que había vuelto a New York se sintió en Paz. Con una tranquilidad embriagadora, separó unos cuantos de cada clase y metiéndolos en una canastilla, se los envió a su hermana; si todo salía bien, llegarían a la mesa de Prim justo a las 9 para desayunar. Puntual como siempre, Miles subió a ponerse a disposición de su jefe. Peeta estaba terminando de indicarle al mensajero dónde dejar la canasta con panes, justo cuando lo vio. Con una sola mirada, su chofer entendió que debía quedarse donde estaba. Ver a Miles hizo que se pusiera en tensión otra vez.

-Buenos días Miles. ¿Quieres un panecillo? Escoge el que más te guste. –Le dijo mientras se disponía a hacerse un café. -¿Quieres un café?

-Muy amable señor, pero solo tomaré un panecillo. Es que nadie los prepara como usted. –Dijo el hombre con una sonrisa mientras trataba de decidir que pan tomar.

-¡Adulador! Anda, acompáñame que no me gusta desayunar solo si es que puedo evitarlo. –Terció el rubio con una mueca de sonrisa.

-Solo con una condición señor... –Alcanzó a decir mientras mordía un pan de queso.- Si usted me dice que es lo que lo tiene tan preocupado.

-¿Preocupado? –Dijo Peeta tratando de esconder su cara de asombro. Miles lo conocía desde niño y sabía muy bien anticiparse a sus respuestas evasivas.- Solo algunas cosas de trabajo Miles, este viaje a Italia…

-Pues entonces lo espero dónde siempre señor. Quedo a su disposición. –Dijo el chofer levantándose del taburete de la cocina.

-¡Miles! No te vayas. –Su tono de voz denotaba lo frustrado que se sentía al no poder engañar a ese hombre que casi lo había visto nacer.

-Entonces… Si no quiere que me vaya, lo escucho. –Sentenció tomando asiento. Miles sabía que a pesar del carácter de Peeta, el tenía algunas licencias para con su jefe.

Peeta resopló pero termino hablándole del motivo de su desvelo. Miles era más que un chofer; era como su segundo padre. Cuando el suyo estaba ocupado con asuntos de la empresa, y no tenía tiempo, cosa que pasaba muy a menudo; era Miles quien lo acompañaba a sus prácticas de deporte, con quien solía salir de campamento y con quien solía hablar de chicas. Era como si el tiempo se hubiese retrotraído 17 años atrás y él estuviese hablándole de alguna chica del colegio.

-Pero Peeta –dijo Miles riendo- llámala tú. Eres un hombre muy inteligente. Ya se te va a ocurrir una buena excusa… Y sino eres si jefe. Haz valer esa ventaja.

-Es que mi nota era provocativa Miles… Y ella ni siquiera me envió un mensaje. –Gruñó mientras se despeinaba el cabello con las manos.- Es como si no hubiese abierto el sobre… Como si ya mis palabras no le hiciesen efecto.

-Señor. Usted bien sabe que esa última no es una opción. Nadie puede resistírsele a Peeta Mellark y menos una mujer como la señorita Katniss.

-¿A qué te refieres? ¿Qué quieres decirme con eso de una mujer como Katniss?

-Ella es una mujer muy inteligente y le gustan los desafíos… Y sinceramente usted es un gran desafío, alguien con quien nunca se aburriría y tendría la cuota de aventura que tanto le gusta.

Peeta se quedó mirándolo serio. No podía entender como su chofer había sacado esas conclusiones con solo haberla visto contadas veces y sin haberle hablado siquiera.

-Se ve en sus ojos señor y en su postura. Ahora si me lo permite, lo espero en la cochera para ir a lo de la señorita Everdeen. –Le espetó anticipándose a su pregunta.

Nunca le daban órdenes y Miles, de una forma muy educada, se las estaba dando. Muy dentro suyo se dio cuenta de ello, pero como sabía que era una buena decisión, no la objetó en ningún momento.

…****…

-¡Ya mamá! Son las 10 de la mañana; es por ello que no puedo ubicar al señor Mellark aún –Gritaba Katniss exasperada mientras su madre estaba en el probador asegurándose que su vestido para esta noche fuese perfecto.

-No lo has llamado siquiera ¿Verdad? –Le preguntó su cuñada en voz baja.

-¡Katniss! Dime que no estás pensando en pasar de ese bombón esta noche. –Le espetó Johanna indignada.

-¡Shhhhhhhhh! Mi madre puede oírlas. Y si Madge; no lo he llamado y no pienso hacerlo. No quiero que me arruine la noche. Ya veré que hago con el viaje y papá mañana. Jo, sabes lo mucho que suele fastidiarme y no quiero que por un enojo mío mis padres no disfruten de la noche. Es un evento muy importante para mamá. No me lo perdonaría si llegase a arruinarlo.

-Kat, bien sabes que tu madre está encantada con la idea de tenerlo en la fiesta…

-¡Ay por dios! No seas hipócrita. –Johanna interrumpió a la rubia.- No lo llamas porque no quieres que te guste aún más. Sabes que esta noche se comportará y tú tienes miedo que no solo tú quedes prendada de él, sino toda la familia. ¡Ya Katniss! Basta de éste histeriqueo estúpido. Vive lo que la vida te ofrece… Y mira que es generosa contigo la vida ¡Eh!

-¿Qué es lo que pasa aquí? –Dijo Effie muy seria.- Vamos niñas, a probarse los vestidos que ya vamos tarde y hoy es un día, muy pero muy importante.

Sin chistar y con la risa de Cinna de fondo, las tres entraron a los vestidores para probarse el atuendo para esta noche. Por ahora, la castaña había zafado de contestar preguntas que ni ella quería responder de verdad. Pero sabía que mañana debía vérselas con ambos progenitores muy enfadados.

…****…

Iba sentado en el asiento trasero con el seño fruncido. La risa de Miles, quien lo miraba desde el espejo retrovisor, lo sacó de sus pensamientos. –Ya llegamos señor.- Le dijo mientras terminaba de estacionar.

-Gracias Miles. –respiró profundo y se bajó del auto a paso lento. Para cuando hubo llegado a la puerta de Katniss ya tenía puesta la máscara de siempre. Tocó el timbre varias veces, pero cuando estaba a punto de irse una voz le avisó que ya venían a abrirle la puerta.

-Buenos días, ¿Qué se le ofrece señor?

-Buenos días, estaba buscando a la Dra. Abernathy Everdeen.

-Y… ¿Se puede saber quien la busca? –Dijo el hombre receloso.

-Mi nombre es Peeta Mellark y soy el jefe de Katniss…

-Hombre, ¡Haberlo dicho antes! Pase, pase… Un gusto –dijo el hombre tendiéndole la mano una vez que hubo entrado a la casa.- soy Haymitch, el padre de Katniss.

Peeta se quedó helado por un momento, no esperaba encontrarse con el padre de Katniss; pero enseguida recuperó la compostura y tomó el control de la situación. –El gusto es mío Sr. Abernathy Everdeen, un placer.

-Pase Mellark, que usted y yo debemos hablar seriamente. Hizo bien en no ir a la fiesta directamente y en venir a hablar conmigo antes. Aquí podremos hablar tranquilos –le dijo mientras le daba paso a la oficina que tenía en su casa- sobre todo porque las mujeres no están.

-Disculpe Sr. Abernathy Everdeen, pero no lo entiendo. –Dijo intentando no meterse en camino pantanoso, aunque el tono regañón de aquel hombre lo ponía incómodo y lo obligaba a ser impertinente.- No sabía que teníamos algún tema pendiente.

-Esa niña no le ha dicho nada ¿Verdad? –Ante el silencio de Peeta, Haymitch continuó.- Debí imaginármelo. Hace rato que no le hace caso a su padre.

-No, sinceramente no he sabido nada de Katniss desde que salí ayer de la oficina. Como no me ha llamado, decidí venir a ver si había algún problema con el viaje. –Se sentó serio en uno de los sillones de la oficina. Tenso hasta la médula pero con su máscara de relajo puesta.

-Si ha habido un problema con ello. –Contestó de pronto Haymitch.- ¿Whisky?

-Se lo agradecería. – De pronto tenía la boca seca.- No se imaginaba que era lo que podía haber pasado.

-El problema aquí… –arrancó Haymitch.- Es que no sé quién es usted. ¿No pretenderá que deje que mi hija viaje sola una semana con alguien desconocido? Sé que mi preciosa ya está grande, pero no deja de ser mi hija…

-Lo entiendo perfectamente Sr. Abernathy Everdeen. –Lo cortó abruptamente Peeta entendiendo de repente para dónde derivaría la conversación. Quiso reírse pero hizo todo lo contrario.- Sinceramente me hubiese gustado que las cosas fuesen de otra manera, pero es que mi gerente de legales y finanzas ha enfermado y le es imposible acompañarme. –Mentía asquerosamente sobre la salud de Finnick sin que le temblara siquiera el pulso.- Además, nuestro inversor confía en su hija más que en nadie de la empresa y solo cerrará el trato si ella lo aprueba. Dice que al hablar su idioma no tiene que firmar un contrato con traducciones que pueden no ser fieles a lo acordado.

-Ya lo veo. –Contestó Haymicth sin mucha convicción.

-Es una gran abogada. Conoce perfectamente su trabajo y le imprime la pasión justa a todo lo que hace. –Se apuró a decir Peeta para no dejar pensar al padre de Katniss.- En poco tiempo ha logrado el respeto de sus subordinados y de sus superiores. Este trato se cierra gracias a su excelente desempeño…

-¿Tiene usted familia… compromisos, Mellark? –Interrumpió Haymitch rellenando su vaso.- Novia, prometida, esposa, hijos…

-No. –La dureza de su respuesta denotó su negativa a hablar de ese tema. Pensó en decirle que no tenía tiempo para dedicarse a ello, que formar una familia no estaba en sus cálculos, pero se dio cuenta que esa respuesta interferiría en sus planes y entonces prefirió no ahondar en el tema.- No aún. –Dijo reforzando su respuesta.

Luego de un silencio que pareció eterno, Haymitch habló. –Peeta, ¿Puedo llamarlo así verdad?- Continuó cuando el rubio le hubo dado la aprobación con la cabeza. –No soy alguien a quien se le dé muy bien hablar, soy muy tosco, por eso me dedico a observar. He visto lo feliz que está Katniss con su trabajo. Trabajar en su empresa le ha cambiado la vida. ¡Pero si hasta ha cambiado su guardarropa!– Se acercó a la ventana, bajo la atenta mirada de Peeta, antes de continuar. –Pero también he notado como se ha puesto ni bien ha recibido el sobre que le mandó ayer. Se ha enfadado… y solo se enfada cuando algo le importa… cuando alguien le importa. ¿Qué es lo que pasa entre ustedes?

Haymitch había ido directo al hueso. Por primera vez en mucho tiempo, alguien lo había dejado sin habla. Frunció el seño y por un momento sopesó hacerse el desentendido, pero finalmente respondió –¿Qué es lo que quiere saber?

-La verdad Mellark. No vale la pena agotar nuestro tiempo con mentiras. –Dijo dándose vuelta para mirarlo.- Prefiero que no me responda nada, antes que me responda con una mentira.

Fue un duelo de miradas. Ambos hombres tenían fija la vista en los ojos del otro. Peeta entendió que no valía la pena mentirle, pero también sabía que no podía decirle la verdad. No solo estaba en juego la decencia de Katniss, sino también su profesión. Si le contaba que se habían acostado juntos su padre creería que la había contratado solo para hacerla su querida; y a pesar de todo lo que habían vivido juntos, nada estaba más lejos de eso. Suspiró y decidió ser lo más sincero posible con el padre de la mujer que lo volvía loco. Empezó a hablar sin saber dónde iba a terminar esta conversación, pero sabiendo que no iba a ser fácil.

...****...

¡Buenas noches queridos lectores!

Si, se que debería ser más ordenada, pero es que no tengo mucho tiempo para escribir. La historia definitivamente va a continuar pero no tengo un día específico para subir nuevo capitulo. Espero que no pasen más de 15 días entre uno y otro.

Volviendo a lo que nos importa... ¿Que me dicen de Haymitch? ¿Que saldrá de esa conversación?

Los he extrañado porque no tengo noticias de ustedes. ¡Yo también quiero leerlos!

Cariños y nos leemos en el próximo capítulo.