-No puedo contestarle esa pregunta Haymitch, porque ni yo sé cuál es la respuesta. –Dijo Peeta tratando de darse tiempo para pensar qué demonios le iba a decir.– Cualquier cosa que le diga contendría una pizca de mentira y acordamos no mentirnos.

-¿Cómo que no puede? Inténtelo. –Espetó serio y firme.- Seré bueno y le tendré paciencia.

-Yo no fui quien contrató a Katniss. Lo hizo mi gerente de finanzas y legales, quien es personal de mi suma confianza porque es mi mejor amigo. –No sabía por qué estaba diciendo esto, pero sabía que debía decir algo y creyó que hablar con verdades a medias sería la mejor opción. No quería mentirle a ese hombre, algo le decía que no era buena idea.- La conocí cuando empezó a trabajar y viéndola en la empresa me deslumbró. –Cerró los ojos y la recordó en el ascensor.- Se mueve por allí como pez en el agua. Debiera verla, es una experta en todo lo que hace. –Esta vez la imaginó desnuda en la cama del hotel temblando bajo su cuerpo. Recordó la sensación de la roja boca de Katniss lamiendo cada centímetro de su hombría y se le secó la boca. Estaba hablando con sinceridad sin hablar con la verdad.- ¿Puedo? –Dijo señalando la botella de whisky. Cuando Haymitch asintió, siguió hablando mientras se servía otra copa.- Tiene un balance perfecto entre conocimiento y desconocimiento, pero es una chica muy curiosa que siempre tiene un as bajo la manga. –No pudo evitar la visión de Katniss tan suya en medio de su orgasmo.

-Peeta, hijo… -lo interrumpió Haymitch intentando tener la paciencia que sabía positivamente que no tenía.- Agradezco realmente que valores a mi hija, que puedas ver sus talentos laborales, pero yo te pregunté ¿Qué demonios pasaba entre ustedes? –Ya no pudo contener su ira.- Soy hombre antes que padre… ¿Crees que no entiendo lo que estás pasando? –Le preguntó fulminándolo con la mirada.

-Haymitch, la verdad es que no se de lo que me estás hablando. –Respondió intentando zafarse de la conversación que ya lo ponía francamente incómodo. No quería mentirle a este hombre, pero tampoco podía decirle la verdad y no tenía ganas de inventar ninguna tonta historia. A él no le gustaban las mentiras porque sabía que tarde o temprano complicaban todo y a él no le gustaban las complicaciones.

-Mira Peeta, viví esta misma historia hace 32 años –dijo sirviéndose otro vaso de whisky- cuando conocí a mi esposa Effie. Ella era la hija de un comerciante muy respetado del barrio italiano. Sus padres tenían la boutique más famosa de la zona. –Haymitch seguía hablando bajo la atenta mirada del rubio. Peeta no sabía donde dirigía la conversación pero al menos le interesaba muchísimo su desenlace.- Era la chica perfecta, y para mí sigue siéndolo, pero sus padres no pensarían lo mismo. De hecho fallecieron sin hablarle y regalando todo lo que habían logrado con tantos años de esfuerzo y trabajo. Te preguntarás que fue lo que pasó y la respuesta está delante de ti. Aunque ella esté convencida de lo contrario, la causa de que su familia renegara de ella y que sus amigas le dieran vuelta la cara por mucho tiempo, fui yo… Fue el amor incorrecto y abrazador que nos tenemos. Te preguntarás a que va todo esto –le dijo sentándose frente a él- de hecho yo tampoco lo sé, pero creo importante decirte para que entiendas que el amor no siempre está en nuestros planes y siempre se encuentra donde menos te lo esperas.

-Pero Haymitch…

-Nada de peros –dijo el padre de la castaña negando con la mano- sino míranos a su madre y a mí. Éramos de mundos distintos y aún seguimos siéndolo. Ella es un ave libre que vuela alto y yo soy un pez que nada rápido para seguirla. Mi querida Effie es tan generosa que suele acercarse al agua y volar cerca de mí. Me tiene mucha paciencia. Desde que perdí a mis padres y mi hermano, no creí volver a tener una familia, no creí volver a amar… pero ya me ves. Yo era un maldito borracho Peeta, un depresivo sin remedio, un ser repulsivo y autodestructivo… pero el amor me salvó. Ella me salvó. Podrás decirme lo que quieras, podrás incluso mentirle a Katniss, pero no te mientas a ti mismo; eso podría costarte muy caro, podría costarte todo lo que eres. Y lo peor es que el día que te des cuenta de ello, será muy tarde para remediarlo.

-Entre Katniss y yo no hay nada Haymitch, eso dalo por seguro. –Dijo Peeta intentando sonar seguro para zanjar el tema y queriendo salir de esta conversación peligrosa de una vez. No quería ponerse a pensar en que sentía por la castaña, no era el momento, ni el lugar, aunque sabía que a la larga o a la corta era un tema que tendría que resolver.

-Peeta, ya he estado ahí. Conozco a la perfección esa mirada y sé que aunque te resistas, mi hija será tu final tanto como Effie fue el mío. Solo espero que no seas tan tonto como para seguir negándolo. No importa cuán lastimado estés, cuantas heridas no hayan cerrado aún, tarde o temprano vas a salir al mundo. Lo único que quiero decirte, y esto sí es una advertencia, que si la haces sufrir, su hermano y yo te estaremos esperando… Y no será una charla amena como esta. Ahora ve –dijo mirando el reloj- que las chicas están por volver y no quiero que Katniss monte una escena poniendo nerviosa a su madre. –Le extendió la mano para saludarlo.

-Adios haymitch. –Dijo estrechando su mano. No quería esbozar ni una palabra más para no meter la pata.

-Le diré a mi hija que a las 8 pasarás por ella para ir a la fiesta. Es un placer que quieras asistir.

Aturdido como estaba le dijo –El placer es mío.- Y se escabulló por la puerta.

Recibió con alivio el rayo del sol que lo cegó por un momento. Se sentía oprimido como si hubiese estado años sin ver brillar el sol. Estaba anonadado. Una vez que hubo estado resguardado en la seguridad que le daba el asiento trasero del Rolls Royce, Peeta se permitió pensar. ¿Qué demonios había sido la charla que había tenido con Haymitch Abernathy Everdeen? El había ido a buscar a Katniss, a provocarla, a molestarla y en cambio se había encontrado con palabras que al que le daban mucho que pensar eran a él. Ese hombre le había hablado con franqueza y hasta con cariño podría decirse; quizá era por eso que sus dotes de gran orador se habían esfumado de un plumazo. No se esperaba nada de lo que había oído y por primera vez en muchos años se sentía angustiado. Ahogado. Era un sentimiento que conocía muy bien y que no quería volver a sentir. Tenía que sacar a Katniss de su vida de forma urgente, pero su cuerpo y su encendido deseo no lo dejaban pensar con claridad.

Llegó al penthouse y decidió llamar a su hermana para sacar a los Abernathy Everdeen de su cabeza, aunque más no sea por un rato.

-Hola cariño ¿Cómo has estado?

-¡Hola Peeta! ¡Que alegría me da escucharte! Dime que te vienes este fin de semana a verme. ¡Te extraño! –Dijo la rubia con voz de niña regañada.

-Lamento disgustarte Prim, pero no es por eso que te llamo. Solo quería oírte hermana, que tu cantarina voz y tu agradable platica me saquen de mis pensamientos. –Se había sincerado mucho con su hermana, pero no quería pelear con ella por ocultarle el verdadero motivo.

-Peeta ¿Qué pasa? Te oyes muy apagado hermano y eso no me gusta. ¿Quieres que viaje a hacerte compañía? Deja que acomode un par de cosas y antes de la cena estoy contigo…

-No hace falta cariño. De verdad estoy bien. Solo algo cansado. –La cortó antes que hiciese todos sus planes.

-Estás trabajando mucho y prometiste que no lo harías. –Le espetó la rubia regañándolo.

-Para que te quedes tranquila, te cuento que esta noche iré a una fiesta y mañana estaré durmiendo todo el día porque el lunes viajo a Amalfi por negocios.

-¿Vas a viajar solo? ¿Va Finn contigo? ¡Sino te acompaño yo!

-No te preocupes por mí. Voy a viajar acompañado y solo voy a trabajar un día. Luego descansaré una semana.

-¿Con quién viajas Peeta? Porque no creo que te tomes vacaciones en ese lugar tan romántico con Finn… A menos que mis sospechas sean ciertas y… ¡Él si sea tu novio! –Dijo con voz estridente en medio de risas.

-No te pases de lista… -Dijo en tono de advertencia.- Por hacerte la graciosa deberás esperar a que otra vez tenga ganas de contarte con quien voy. –Espetó sabiendo que su hermana llamaría a medio mundo y más para enterarse quien era su compañero de viaje.

-Aunque tú no quieras ya me enteraré Peeta, siempre lo hago. –Dijo triunfal.

-Lo se cariño, lo sé… Y es por eso entonces que no te enojarás si dejo que lo averigües tu solita; y esta vez Finnick no será de tu partida. –Le dijo pensando en que debía inventar una historia para que su mejor amigo le contase a su hermana antes de que ésta lo llamase. Si el cobrizo llegaba a contarle sobre Katniss, Prim ya estaría armando la cena familiar y el compromiso.

-Ya lo veremos…

-Hasta la semana entrante cariño. –La saludó risueño.

-No me extrañes mucho hermanito. Te quiero. –Lo saludo con voz tierna.

-Y yo a ti.

Prim le había levantado el ánimo, pero sabía que Katniss Everdeen era un tema pendiente. Encargó a Miles la compra de una antigüedad para los padres de la castaña y se puso a trabajar para ahuyentar a los fantasmas y por unas horas lo logró.

…****…

-Haymitch, cariño… ¡Ya estamos aquí! –Gritó Effie mientras entraba a la casa seguida de su hija, Madge y Johanna.

-Era hora ya mujer. Gale y yo las estábamos esperando para almorzar. Pedimos algo rápido para que no tuviesen que cocinar. –Dijo esperando la reprimenda de su mujer que no tardó en llegar.

- ¡Por Dios Haymitch! Menos mal que han encargado la comida porque hoy es mi día y no voy a hacer nada más que disfrutar. –Dijo mientras lo besaba.

La familia entera disfrutó de un alegre almuerzo. Estaban todos sumidos en una de las divertidas anécdotas de Effie hasta que de repente sonó el celular de Katniss. Cuando vio el remitente se puso incómoda, pero fue realmente cuando leyó el mensaje que estalló de ira.

"Preciosa, debo admitir que tu silencio me intriga. Esperaba una llamada o quizá un mensaje con una catarata de insultos por el viaje a Amalfi, pero otra vez me has sorprendido. Empaca tu ropa interior más fina que no quiero verte de entrecasa mientras suplicas por mis atenciones. P.M." –Rezaba el mensaje de Peeta.

-Aaaaagggggggggggggggghhhhhh ¡Lo odio! ¿Cómo se atreve? –Grito Katniss para la sorpresa de todos.

-¿Qué pasa Kat? –Le preguntó Madge.

-Seguro que es de tu jefe diciendo que no puede venir ¿Verdad? –Se apresuró a decir Johanna dándole una razón para ocultar el porqué de su verdadero enojo.

-No solo eso… Se atrevió a declinar la invitación y a decirme que no debería trasnochar porque debería estar preparando nuestro viaje de trabajo. –Dijo siseando enfadada y con ganas de abandonar la mesa.- ¡No va a manejar mi vida!

-¡Oh, cariño! Perdóname. No sabía que era alguien tan exigente. Sino no te hubiese sugerido que lo invitases a la fiesta. ¿Cómo podremos disculparnos? –Effie estaba realmente apenada y preocupada.

-Ya madre… Igualmente todo va a explotar por el aire cuando le diga que mi padre no me deja viajar sola con el. –Intentó hacerla sentir mejor a su madre a expensas de su padre.

-Ya hablaremos tranquilos mañana Katniss –dijo su padre.- Ahora arriba esos ánimos y vayamos a descansar un poco que debemos estar relajados porque hoy es un día muy, pero muy importante… -Repitió Haymitch imitando la voz de Effie mientras todos estallaban en risas.

Todos se retiraron a sus habitaciones y para cuando la castaña quiso tomar su celular, ya su mejor amiga lo tenía en las manos y reía. Aunque le arrebató el aparato de las manos, el desastre ya estaba hecho. Johanna había desafiado a Peeta con tan solo una línea que decía "Quizá no debiera empacar ninguna, así no tendrías que perder tiempo sacándomela." Enojada, Katniss echó casi a las patadas a su mejor amiga de su casa y le advirtió que la mataría si Peeta le contestaba.

La preparación para la fiesta había sido un caos como ella se lo imaginaba. Maquilladores, peinadores y Cinna revoloteaban alrededor de su madre, Madge y de ella que habían copado la planta principal de la casa. Pero al menos se vivía un ambiente alegre y sin mensaje de Peeta a la vista, por eso ella estaba tranquila; tanto que había logrado sacarlo por un instante de su cabeza. Su padre y su hermano habían estado mirando la tele hasta último momento y, así y todo, habían sido los primeros en estar listos. Para cuando su cuñada y su madre hubieron estado listas, a ella todavía le faltaba vestirse. Estaba maquillada y peinada pero le faltaba vestirse, todo por quedarse admirando a su madre. Siempre le había parecido bella, pero esa noche estaba radiante enfundada en su vestido blanco con destellos plata. Toda combinada parecía una princesa. Su cuñada no se quedaba atrás. El rosa pálido de su traje la hacía verse realmente angelical. Para cuando vio la hora todos estaban listos en la puerta. Parecían apurados pero ella atribuyó ese apuro a los nervios de su madre. Antes de salir, su padre le gritó desde la puerta que ellos se adelantarían, y su madre le aclaró que ya le habían pedido a Johanna que pasase por ella. Pensó que todo era realmente extraño, pero lejos de inquietarse terminó de vestirse lentamente. Su vestido era verde esmeralda con la parte delantera de encaje y una hermosa falda plisada que arrancaba en un cinturón de pedrería que resaltaba su estrecha cintura. La espalda era un poema, porque el vestido era tan escotado, que dejaba toda su espalda al descubierto. Cuando hubo terminado de vestirse, tomó su bolso a tono y bajó por las escaleras. Encontró solo la luz de la entrada encendida dejando la casa casi en penumbras. Se acercó a la ventana para ver si llegaba Johanna y se perdió en la gente que animadamente deambulaba por la vereda. Se sentía en paz; pero su paz duró poco. Pronto empezó a sentir esa energía que había sentido en el ascensor y respiró profundo.

Lentamente Peeta se acercó por detrás admirándola embelesado y cuando hubo estado casi pegado a ella le dijo -¿Lo sientes verdad? ¿Sabías que estaba aquí sin haberme visto?

-Te sentí pero no quise creerlo. –Dijo sin darse vuelta disfrutando de la respiración del rubio en su cuello.

-¿Qué voy a hacer contigo Katniss? –Se preguntó contrariado en voz alta.

-Dejándome salir de tu vida antes que sea tarde… -Le contestó dándose vuelta para mirarlo.

-Eso deja que lo decida yo preciosa. –Respondió el rubio recuperando un poco la compostura.- Ahora vámonos que ya se va a hacer tarde. –Dijo mientras le extendía la mano.

-Pero… -Katniss se quedó sin habla al verlo con ese esmoquin que le quedaba de muerte. Parecía que se lo habían cocido puesto.

-Nada de peros esta noche. Vas a comportarte como una adulta, y eso implica sonreír, bailar y estar de mi brazo toda la noche sin cuestionamientos para que todos seamos felices. Esta noche eres mía.–terció con voz mandona.

-Esta noche y nada más Mellark… Después de esta noche desapareceré de tu vida y me dejarás hacerlo o hasta me iré de la empresa, de la ciudad... –Sus palabras sonaron con determinación.

-Como tú quieras… Todo como tú quieras preciosa…

Peeta Mellark no solía rendirse tan pronto y mucho menos antes de jugar sus cartas, pero sabía que si quería arrastrar a Katniss a Amalfi, iba a tener que luchar con ella y éste no era el momento. Sabía que si le daba una noche de ensueño como él sabía crear, por la mañana ya no se negaría a acompañarlo y sino, su familia lo ayudaría a convencerla. La suerte de Katniss ya estaba echada.

...****...

¡Buenas noches queridos lectores!

¿Me extrañaron? Si es asi no se notó mucho. Igualmente no importa porque yo si los extrañé a ustedes.

¿Recordaban algo de esta historia? Esta conversación estaba a la mitad así que quizá deban releer el capitulo anterior para recordar de que iba la conversación entre Peeta y Haymitch. ¡Es que esta autora hacía mucho que no escribía!

Perdón por el atraso, es que mi casa esta en refacciones y recién despues de un mes puedo encender la PC. Tendre que acostumbrarme a escribir en el celu así no los tengo tanto tiempo abandonados.

¿Que me dicen de estos dos? ¿Y de Haymitch?

Cariños para todos,

¡Y espero sus reviews!