Mientras el auto avanzaba lentamente por las ajetreadas calles de New York, Haymitch Abernathy Everdeen estaba perdido en sus pensamientos, sin registrar nada de lo que pasaba a su alrededor. Ver a Peeta Mellark tan perdidamente enamorado de su hija le recordó a si mismo hace más de treinta años atrás. Si, porque él estaba seguro que el rubio jefe de su hija estaba perdidamente enamorado de ella. Había reconocido en su mirada el tormento que solo tiene quien se debate entre darle rienda suelta a sus deseos y ahogar sus sentimientos para no sufrir más. El mismo había estado en ese lugar. Sabía de que se trataba. Cada poro de su cuerpo se estremecía ante el recuerdo tan vivido de ese día. Podía repetirlo en su mente una y otra vez y siempre lo sentía tan real. Ese día, el día que había sellado su destino para siempre.
-Haymitch… ¡Haymitch! ¿Me estás oyendo? –Le decía una Effie muy enfadada.
-Disculpe Srita. Trinket. Es que estaba pensando en todo lo que debo resolver antes de partir. –Le dijo mintiendo descaradamente. Solo se había perdido en el brillo de sus ojos. La miraba absorto, pero no sabía que le estaba diciendo. Solo quería absorberla con la mirada, recordar cada detalle suyo para no sufirla tanto; aunque sabía que eso era inevitable.
-Haymitch, ya déjate de bobadas… nadie nos escucha… -la angustia se colaba por su voz.- No puedes irte… ¡No puedes dejarme!
-Preciosa… -dijo mientras tomaba su rostro con ambas manos. Le hablaba bajito y con la voz rota.- no puedo, pero debo hacerlo. No puedo condenarte al abandono y la humillación. Tu padre no está jugando y lo sabes.
-¡No me importa mi padre! Solo quiero estar contigo… -Decía la castaña lastimeramente.- No quiero pertenecer a una familia a la que no le importa mi felicidad… Sabes de sobra que no me importa el dinero. Lo que haya que pasar lo pasaremos juntos.
-¡Por un demonio Effie! –Estalló de ira.- ¡No sabes lo que dices! Las calles no son fáciles y menos para una chica como tú.
-¿Una chica como yo? ¿Qué quieres decir Haymitch? ¿Acaso crees que no te amo lo suficiente como para soportar lo que venga? –Effie se había enojado.- ¿O es que acaso ya te has aburrido de mí y quieres huir a los brazos de otra mujer? ¡Dímelo!
-¡No es eso! ¡No digas bobadas! Solo… Solo es que no puedo, no quiero verte privada de esa ropa costosa que tanto te gusta, alejada de tus amistades más cercanas y abandonada a su suerte por tus padres. Te amo demasiado como para ser egoísta. No me lo hagas más difícil princesa… Por favor.
-Si me amas como dices… No me dejes. Confía en mí. –Su mirada determinada lo convenció.
La voy de una Effie preocupada lo sacó de su ensoñación y poco a poco sintió el calor de la mano de ella apretando la suya como si de ello dependiere mantenerlo a su lado.
-¿En que estabas pensado cariño? –Le preguntó su esposa preocupada.
-En ti… En mi… -Respondió mientras se le formaba una sonrisa que la tranquilizaría. –En Katniss…
-Hablando de Katniss, ¿Cómo sabías que su jefe iba a pasar a recogerla? ¿Y cómo la dejaste con él luego del mensaje que le mandó?
-Preciosa, ¿Confías en mí? –Prosiguió cuando su esposa asintió con la cabeza.- Si confías en mi, debes confiar en él. No le hará daño, al contrario…
-¿Cómo sabes eso? ¿Qué está pasando aquí Haymitch Abernathy Everdeen? –lo increpó con su vocecilla mandona y característica.- No te habrás mandado una de las tuyas ¿Verdad? ¿Cómo obtuviste su número? ¿Cómo lograste que te atienda si ni a tu hija atendió?
-¡Ay mujer! ¡Cuántas preguntas! –rió abiertamente.- Esa hija tuya salió tan hábil como tú para no hacer lo que se le pide, y tan hábil como yo para esquivar las preguntas que no quiere responder, pero se olvida que su padre le lleva años de ventaja. Relájate. –Effie lo miró extrañada.- Solo debes saber que deje a tu hija en muy buenas manos y que desde ya apruebo ese viaje de trabajo. Esta noche se lo haré saber.
Effie negó con la cabeza, sabiendo que su testarudo esposo no le daría ninguna explicación más.
…****…
Sentados en la parte trasera del Rolls Royce, Katniss rompió el silencio que se había formado entre ellos desde que salieron de casa de sus padres. No podía creer que estaba rumbo a la fiesta de aniversario de sus padres con el mismísimo Peeta Mellark. Eso era algo que no estaba en sus planes; y aún así, debía averiguar cómo había llegado a estar subida a su auto si ella nunca le había hecho la invitación. Se inclinó en el asiento, y mirando directamente a Peeta que estaba entretenido con su Smartphone, le preguntó lo que tanta duda le generaba.
-¿Cómo es que usted está aquí conmigo? –Dijo más seca de lo que hubiese querido.
-Literalmente, eres tú la que está aquí conmigo. Este es mi auto y lo conduce Miles, que es mi chofer; y creo que ya sabes cómo llegaste aquí. –Le respondió el rubio sin siquiera levantar la vista de su celular y pasando por alto que lo tratase de usted.
-Señor Mellark, no haga que pierda la paciencia. Usted sabe a qué me refiero. ¿Cómo se enteró de la fiesta si yo misma me encargue que la invitación nunca le llegase? –Ella comenzaba a enfadarse con la arrogancia de él.
-Con que ya estamos con esas otra vez ¿Eh?-Dijo levantando una ceja pero sin desviar la vista de un mail que estaba enviando.- Creo que debo recordarte que cuando estaba dentro de ti solías darme del tú. –Terminó sin movérsele ni un musculo.
Katniss respiró profundo y decidió dejar pasar esa provocación, no sin antes recordar lo bien que se veía su cuerpo desnudo. Intentando serenarse y ordenar sus pensamientos le dijo -No soy un ser muy paciente y menos en este momento. No sé en qué demonios estaba pensando cuando decidí subirme a este auto con usted. Esto es una mala idea. Miles, ¿puede estacionar en esta esquina por favor? –Le pidió al chofer en un acto desesperado por alejarse de ese hombre que tanto la perturbaba.
Miles miró a Peeta por el espejo retrovisor, quien sin dejar de ver su Smartphone asintió con la cabeza. Aún pensando que su jefe era un idiota, Miles frenó cruzando la esquina. No abrió los pestillos con la esperanza que Peeta no la dejara bajarse. Cuando se detuvo la marcha, el rubio guardó su celular en el bolsillo del esmoquin y le dirigió una sonrisa arrogante a la castaña.
-Katniss… -la llamó serio.- ¿Puedes comportarte como una mujer de tu edad? ¿O voy a tener que seguir soportando tus arranques de niñita consentida?
La castaña iba a responderle, pero antes que pudiese decirle nada, su jefe continuó hablando.- Muy bien, así se hace. No me gusta la gente que no respeta los acuerdos; y te recuerdo que accediste a comportarte como una adulta, y eso implicaba sonreír, bailar y estar de mi brazo toda la noche sin cuestionamientos; cosa que no estaría sucediendo.
-Primero, no soy una niñita consentida y segundo… -No sabía cómo continuar.
-Ay Katniss, Katniss… No soy un hombre al que le gusten los rodeos. Si lo que quieres saber es cómo me enteré de la fiesta… -hablaba muy seguro hasta que se dio cuenta que contarle sobre la entrevista con su padre, sería admitirle que había ido como desesperado a buscarla ante su falta de respuesta; y eso era mostrar debilidad, cosa que Peeta no quería hacer.- tu padre mismo me invitó y me pidió que pasase a recogerte. No se mostró extrañado cuando le dije que tú no me habías hecho llegar la invitación, al contrario, solo se rió.
-¿Mi padre?
-Si, fue tu padre. -Le dijo tomándola de la mano y arrastrándola hasta él.- Pero no se hable más. Miles, ¿Podrías por favor retomar la marcha que ya vamos tarde?
Miles con una sonrisa en los labios asintió pensando en lo complicado que iba a ser todo hasta que su jefe reconociese que esa chica que lo acompañaba, era la mujer de su vida.
…****…
-¿Cómo que viene con su jefe? –le decía Gale exaltado a Madge.
- ¡Ya por favor Gale! ¡No seas exagerado! –Le contestaba la rubia riendo.- Katniss se estaba tardando mucho en vestirse y tu padre le pidió a su jefe que se quedara para traerla.
-¿Se quedara para traerla? ¿Pero no era que no podía venir? No entiendo Madge.
-Ay, pero mira si eres tonto Abernathy Everdeen. –Rezaba Johanna que se incorporaba a la conversación.- Tu padre arregló todo con Mellark. No hay otra respuesta. Muy tranquilo me acaba de decir que tu hermanita estaba viniendo con su jefe. Espero que venga y no se desvíe en el camino. –Madge y Johanna rieron fuerte y Gale se puso rojo de la ira.
-¿A qué te refieres? Si ese millonario llega a ponerle las garras encima a Catnip…
-Será porque ella lo está deseando. –Terminó de decir Madge mientras chocaba los cinco con Johanna.- Y ya basta Gale. Tu hermana es lo suficientemente grande para salir con quien ella quiera. –Esta vez su novia le hablaba bien seria.
-¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Por qué esa cara larga cariño? –Le preguntó Effie al grupo mientras tomaba por los cachetes a su hijo mayor quien intentaba zafarse de su madre.
-Nada madre. –Contestó seco el castaño zafándose finalmente de su agarre.- Debo ir a hablar con mi padre.
-No, no, nononoooo… Gale Abernathy Everdeen. Ni se te ocurra. Esta vez no vas a tener aliados para fastidiar al acompañante de tu hermana porque fue tu propio padre quien lo invitó y quien le pidió que la trajese.
Madge y Johanna rompieron en risas, mientras Effie abrazaba a Gale al rezo de "Pobrecito mi chiquillo que tiene celos de su hermanita". Gale se prometió que debía hablar con su padre, pero principalmente con su hermana; porque su padre no habría accedido a semejante cosa si no hubiese visto algo en Katniss, y él no podía entender como ella no le había dicho nada. Debían tener una salida de hermanos urgente y una charla más urgente aún.
…****…
En el auto solo se oía el silencio. Cada uno iba absorto en su propia nube personal y reinaba una falsa calma. Peeta miraba distraído los edificios que iba dejando atrás mientras el auto iba avanzando, reconfortado por el calor de Katniss apoyada contra su cuerpo. Ahora mismo no quería pensar en nada. Pensar acerca de esto que tenían juntos, solo lo haría poner de mal humor y arruinaría la velada que tenían por delante. Hoy debía ser una noche de ensueño si quería que la castaña no pusiera peros a su viaje a Amalfi y mucho menos cuestionase sus planes para una vez cerrado el negocio con Salvatore. Necesitaba tenerla así justo como ahora. Rendida a sus encantos, sin cuestionar sus decisiones… Totalmente a su merced; solo así podría someterla y saciarse de ella para poder volver a la normalidad, o al menos eso creía.
Katniss en cambio se sentía agobiada. No quería disfrutar de la cercanía de Peeta porque sabía que eso era un grave error. Sabía que el rubio adonis que la acogía en su pecho era un hombre peligroso, que nada bueno saldría si se rendía a sus deseos, pero su cuerpo la traicionaba. Su cuerpo lo había elegido a él entre miles de hombres, traicionándola a ella… exponiéndola a ser la nueva víctima de Peeta Mellark.
-Llegamos señor. –Anunció Miles rompiendo la burbuja en la que se hallaban.
-Gracias Miles. –Dijo Peeta sin ánimos de moverse de su sitio.
Luego de un momento que a ella le pareció un siglo, Katniss se incorporó mirándolo a los ojos, y removiéndose incómoda en el asiento intentó soltarse de la mano de él.
-No tan rápido preciosa. –Dijo mientras se le acercaba peligrosamente.- Recuerda que esta noche eres mía. –le susurró al oído haciéndola estremecer.
-Tuya o no, es la fiesta de mis padres y no quisiera llegar tarde. Mi madre se pondrá furiosa. –Le dijo intentando mantener la compostura.- No le gustan los retrasos… -Siguió hablando para llenar el intenso momento que generaba Peeta con sus ojos clavados en ella.
-Es verdad Katniss. –Pronunció su nombre como si fuese una caricia.- Vamos, no quiero que te regañen por mi culpa.
Soltándola de la mano Peeta se bajó del auto y dio la vuelta para abrir su puerta. Katniss lo miró expectante con sus ojos grises bien abiertos, con la mirada de quien sabe que esta irrevocablemente perdido. El sonrió para sus adentros y le extendió su mano. Había llegado la hora de mantener su libido a raya y comportarse como un caballero. De esta noche dependían la semana en Amalfi y su salud mental, por lo que todo debía ser perfecto; y ser el perfecto caballero era lo que mejor se le daba. Pero si cada vez que la tocase, sentiría una electricidad en todo el cuerpo, iba a ser un trabajo difícil; y eso es lo que precisamente sucedió cuando la castaña tomo su mano y bajó del auto. No lo pudo evitar y pasó su mano por la cintura de Katniss, acariciando parte de su espalda desnuda. Pensando en lo larga que sería esa noche, suspiró y la dirigió hacia el salón.
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¡Buenas noches queridos lectores!
No me maten si este capítulo no es lo que esperaban. Es que de repente me inspiré y si no lo escribía y lo publicaba, a la miercoles con la actualización y vaya a saber cuanto iban a tener que esperar.
¿Cómo seguirá esta historia? ¿Y Haymitch y Effie? ¡Qué me dicen? De repente fueron ellos quienes me inspiraron.
Cariños a todos,
Igora
