Después de tanto batallar, Effie Abernathy Everdeen se había salido con la suya. Había convencido a su esposo de darle la mejor fiesta de aniversario que se le ocurriese y ahora que podían darse ciertos gustos decidió festejar por lo alto. Su madre tenía buen gusto y eso se veía a la legua. Por el favor de los dioses, había conseguido el salón del último piso del Ritz Carlton y estaba encantada. Desde allí se tenía una vista privilegiada de la ciudad, al igual que desde el despacho de Peeta. Peeta, ese nombre que ocupaba su pensamiento durante todo el día; ese hombre que la miraba atento como si estuviese estudiándola con una sonrisa de medio lado que lo hacía irresistible. El ambiente no la ayudaba. Su madre había encargado que decorasen el lugar en tonos beige, nude, blanco y dorado. Las luces bajas de los candeleros le daban ese toque romántico y sofisticado; pero las rosas blancas que parecían aterciopeladas endulzaban el ambiente con su perfume. Katniss se había soltado del agarre de Peeta, y se había quedado parada en la entrada del salón mirando todo con los ojos bien abiertos y una sonrisa en la cara. Estaba absorta en sus pensamientos oyendo la suave música que tocaba la banda, cuando Peeta le susurró al oído.

-Tierra llamando a Katniss, tierra llamando a Katniss ¿Estás ahí?

-¡Oh! Discúlpeme señor Mellark, pero es que me he perdido en lo bello del lugar. –Dijo volteándose para quedar sin quererlo a un centímetro de su boca.

-Peeta, Katniss… Llamame Peeta. –Le dijo mirándola fijamente a los ojos y acercándola más a su cuerpo.- Recuerda nuestro pacto.

-Peeta… -Dijo ella mordiéndose el labio. Sentía unas ganas locas de besarlo ahí mismo pero sabía que era un error inmenso.- Peeta, mejor entremos y vayamos a ver a mis padres. Deben estar inquietos esperándonos. –Sabía que debía moverse pero sus ojos azules la habían hipnotizado, la respiración del rubio marcaba el ritmo de la suya. Se hallaban peligrosamente cerca.

-¡Ahí estás cariño! –Desde lejos, la voz de Effie la sacó del trance.- Y Ud. debe ser el señor Mellark ¿Verdad? –Preguntó su madre cuando hubo estado más cerca.

-Buenas noches Sra. Abernathy Everdeen… -Dijo Peeta mientras volvía a soltar a Katniss.- Es un placer conocerla. –Besó la mano de Effie mientras esbozaba una de esas sonrisas radiantes que tenía en su repertorio.- Pero por favor llámeme Peeta, señor Mellark le decían a mi padre y a mi aún me queda grande el título.

Katniss miraba la escena que se desarrollaba ante sus narices y no podía creerlo. Con solo presentarse ya tenía a su madre en el bolsillo. Sus amigas estaban del lado de él, su padre suponía que también y ahora Effie, solo le quedaba Gale para llenar el cartón completo y bingo; pero confiaba en que su celoso hermano la protegería de sus impulsivas emociones.

-Peeta, buenas noches y bienvenido. –Dijo Haymitch acercándose sonriente.

-Haymitch, buenas noches. Gracias por la invitación. Esta noche aparenta prometedora. –Dijo volteándose para mirar a Katniss quien no podía emitir palabra alguna.

-Katniss, cariño… -La llamó su madre.- Ve a ver a tu hermano que estaba algo preocupado por ti. –Decía mientras la empujaba a los brazos de su padre.- Y tú ven Peeta, que si Gale te ve cerca de Katniss ni bien llegue, le agarrará un infarto. ¡Es que es muy celoso de su hermana ese hijo mío! –Sentenciaba mientras Haymitch se reía y la castaña palidecía.

Effie se encargó de presentarle a toda la familia y los amigos. No le dio al rubio ni un minuto para estar con su castaña. Desplegaba sus dotes de orador y desparramaba sonrisas arrolladoras por doquier. Estaba acostumbrado a las reuniones sociales y a lo que ellas significaban, pero en cuanto podía buscaba a Katniss con la mirada vigilándola desde lejos. A la hora de la comida se sentaron separados pero se lanzaban miradas que bien podrían haber incendiado el lugar. Effie había preparado la mesa principal para los cuatro, pero en la segunda mesa más importante se había asegurado de sentar a los Undersee junto a Madge, a Johanna y a Peeta, que se reían complicemente. Gale, se acercó a su hermana en el momento del baile y sacándola a bailar, le habló al oído.

-Catnip ¿Quién demonios es ese tipo que se está riendo con mi novia y mis suegros? Y ¿Qué hace aquí contigo? –Tenía un mal humor que se le notaba en la cara.- ¿De dónde salió?

-Gale, ya te lo he dicho ¡Es mi jefe! Y no sé que hace aquí. Papá me dijo que Jo pasaría por mí, pero me encontré a Peeta esperándome en el salón. Estoy tan confundida como tú. –Y era cierto aunque no hablasen de lo mismo. Katniss había pensado que Peeta estaría tras ella toda la noche, pero sin embargo se había entretenido con su madre y sus amigas.

-Kat… Tenemos que hablar. –Le dijo su hermano mientras ella recargaba la cabeza en su pecho.- Necesito saber qué es lo que te está pasando… Y creo que Mellark tiene mucho que ver con ello.

-Gale… -Estaba a punto de decirle que estaba bien cuando se dio cuenta que no podía mentirle.- Si lo supiera te lo contaría. Te lo juro.

El castaño besó a su hermana en la coronilla, para después dedicarle una sonrisa cálida. Cuando Katniss se incorporó oyó la voz de Madge que le decía –Kat, ¿Te molestaría prestarme un rato a Gale? Es que ya lo extraño.

-Para nada amiga, todo tuyo. –Dijo con una gran sonrisa en el rostro viendo como su hermano se moría por estrechar entre sus brazos a su novia.

Cuando estaba por abandonar la pista de baile sintió que su mano la detenía y ahí estaba otra vez esa corriente que la recorría cuando su piel hacía contacto con la de ella. –No tan rápido preciosa, ven aquí.- Dijo tomándola entre sus brazos para bailar. -Esta noche eres mía.

Sonaba de fondo Witchcraft de Sinatra y Katniss no lo pudo resistir. Amaba esa canción y Peeta le demostraba que era un increíble bailarín. La llevaba como flotando por la pista y se encontró disfrutando increíblemente del baile pero más de la compañía. Era como si la tensión sexual se hubiese esfumado y fuesen solo dos personas que se estaban divirtiendo siendo completamente ellos mismos. Al primero le siguieron varios temas de Sinatra, que eran los preferidos de su madre y de ella también, pero recién cuando se encontraron cantando a duo "Fly me to the moon", fue cuando notaron que todos los miraban sonrientes. Se estaban divirtiendo de lo lindo mientras bailaban y cantaban, olvidándose de todo lo demás. Peeta le guiñó el ojo con una franca sonrisa y la soltó cuando terminó la canción, no sin antes darle un giro espectacular para estrecharla un poco más entre sus brazos. Como era de esperarse se ganaron los aplausos de todos, incluido Gale al que no le gustaba el rubio en lo más mínimo. La castaña le hizo a Peeta una reverencia que él le devolvió caballerosamente y se lanzó a los brazos de su padre para bailar un poco más. Ni lento, ni perezoso, Haymitch la abordó.

-Preciosa.

-¿Qué papá?

-Que eres preciosa, pero que esta noche con esa inmensa sonrisa estás más preciosa que nunca.

Katniss lo miró asombrada. Su padre no era de dirigir palabras de cariño. No podía. El demostraba su amor con otros gestos y esta noche también lo haría.

-Espero que tengas tiempo de conocer algo de Italia. –Dijo como quien no quiere la cosa.

-¿Qué? –Negó con la cabeza y frunció el seño sin dejar de bailar.- ¿Vas a dejarme ir así nomás sin conocerlo?

-Baila bien. –Dijo su padre pensando en que no solo bailaba bien, sino que le hacía bien a su hija y eso le encantaba.

-¿Solo porque baila bien?

-Sí, solo porque baila bien. –Haymitch no quería hablar mucho más. Con lo que había visto esta noche, había notado que eran almas gemelas pero eso tenían que descubrirlo ellos solos.

-¡Ay papá! –Le dijo eso y rio. Pensó que era una señal del cielo que su padre se lo hubiese puesto tan fácil y quien era ella para desoír las señales.

…****…

La miró, la miró todo el tiempo como si necesitase aprendérsela de memoria. La vio bailando y riendo con su padre. Cantando con su hermano y su madre. Cuchicheando con sus amigas. Sentado en la barra tomando whisky la observó y le encantó. Ella era como un ángel. Delicada, fina, tierna, decidida, fuerte y extremadamente hermosa. Recordó cómo se sentía su piel y como se oía su risa. Se acabó el vaso de golpe, cerró los ojos y respiró profundo.

-Es preciosa ¿Verdad? –Le preguntó Haymitch.- Otro whisky por favor. –Le dijo al camarero mientras se sentaba a su lado.

-Supongo que es así para todos los padres… -Le respondió evadiendo contestar lo que en realidad pensaba.

-Si, supones bien. –Pareció pensar un segundo pero no continuó. No quiso seguir presionándolo.

-Haymitch… Acerca del viaje…

-Espero que lo aproveches Mellark. Estas oportunidades se dan una sola vez en la vida. –Lo palmeó en el hombro y lo dejo solo con sus pensamientos.

…****…

-¡Por dios! Dime que no se mueve así en la cama porque ahí sí que me muero aquí.

-Jo, por favor… habla más bajo que alguien puede oírte. –Le decía Katniss mirando a todos los rincones para ver si alguien las había oído.

-¡Responde! –La increpó su amiga.

-Se veían muy lindos bailando… era como si se conociesen a la perfección y sus caras lo decían todo. –Madge había visto la complicidad que se había creado entre ellos por esos minutos.

-Es un hombre imposible. –Terció Katniss decidida.

-¿Qué te hizo ahora? –Preguntó alarmada su cuñada.

-¡Existir! ¡Ser perfecto en todo lo que hace! Sin olvidar que es malditamente bello. –Dijo Johanna mientras se tomaba una copa de champagne y las tres estallaron en risas.– ¡Que mal te veo Catnip!

-Brindemos por esta aventura que es Peeta Mellark…

-¡Que sea eterno mientras dure! Y que dure mucho tiempo para no decir para siempre. –Le deseo Madge.

-¡Ay por dios Madge! No seas tonta… -Espetó la morocha.- Que sea intenso y divertido. Una experiencia que valga la pena recordar.

-Que sea un hombre por el que valga la pena sufrir… –Sabiendo que no iba a salir ilesa de ese hombre y convencida que era lo único que quería hacer, hizo el brindis.- Por nosotras, Salud.

Después de acabarse de un golpe el champagne, se abrazaron esperando que el dolor no llegase nunca o tardase lo más que pudiese.

…****…

Eran pasadas las tres de la mañana cuando Peeta se le acercó a Katniss que estaba riendo con sus amigas y su madre.

-Perdónenme, estimadas damas, no quiero interrumpirlas… -Dijo tomándola por la cintura.- pero es tarde ya y con el viaje a Italia tan pronto…

-Peeta, querido… -lo interrumpió Effie.- No hace falta que nos digas más. –Y dirigiéndose a su hija dijo- Cariño, debes preparar maletas y demás cosas de trabajo. Será mejor que Peeta te lleve a casa.

-Si, es verdad mamá. –Katniss miró al rubio.- Voy a saludar a papá, recojo mi abrigo y nos vamos. –El asintió con la cabeza.

-Fue un placer Effie. –Y le besó la mano.- Señoritas… -Dijo haciendo una reverencia con la cabeza antes de irse.

…****…

Ya sentados en el coche, Katniss que miraba la ciudad pasar, fue la que rompió el hielo.

-Gracias.

Peeta que parecía distraído con las luces de New York, enarcando las cejas extrañado respondió –De nada.

Katniss riendo le explicó que era lo que le agradecía y él estalló en una carcajada sonora.

-¿De verdad pensabas que iba a ser tu pesadilla esta noche? ¿Tan ruin me crees?

-No… No lo sé. No sé qué pensar Peeta. ¿Quién eres? Este agradable que me acompaña ahora o el que me sedujo y me mintió para meterme en su cama.

-El que tú conoces Katniss. –Contestó serio porque él sabía que el agradable ya no existía. Esta noche había sido una excepción.- Uno no puede ser dos personas.

-¿De verdad te gusta más el otro que éste? –Katniss no entendía porque prefería ser el arrogante y prepotente.

-No es cuestión de gustos. Uno es como es y ya. –Ya se había puesto a la defensiva. No quería que ella se encariñara con un hombre que no quería volver a ser. No quería que se hiciera esperanzas con permanecer en su vida.

Katniss iba a contestarle a riesgo de iniciar una discusión cuando Miles anunció que ya habían llegado a su casa. Peeta bajó del auto y le abrió la puerta para acompañarla hasta la entrada.

-Gracias. Gracias de nuevo. –Dijo contrariada. Peeta era un cofre de sorpresas. Un rato cálido y otro rato el hombre que ella conocía. Frio pero apasionado y demandante.

-No me lo agradezcas. ¿Te lo debía no?

-¿Qué quieres decir?

-Que debía demostrarte que puedo ser alguien civilizado. Si vamos a trabajar juntos… -Estaba hablando cuando vio que ella se mordió el labio y perdió el control de sus palabras. Apretó el cuerpo de ella contra la puerta y la besó con urgencia pero suavemente. La hizo suspirar y se quedó con ganas de más; pero era peligroso… Ella era peligrosa y huyendo de ella, de lo que lo hacía sentir y de él mismo, la dejó sola en la puerta de su casa sin decir ni adiós.

...****...

¡Hola queridos lectores!

La verdad es que no se que ha sido este capítulo... Solo fluyó y asi se los dejo por aquí.

Estoy algo desanimada porque no se que es lo que piensan de esta historia... ¿Debo apurarle el final o sigo escribiendo?

¡Los leo!

Cariños a todos,

IM