Cerró la puerta con una sonrisa y aún tocándose los labios hinchados que le había dejado ese beso con Peeta. Mellark… ese extraño ser que podía con un gesto suyo cambiar todo su día. Esta noche se había mostrado maravilloso. No la había molestado con sus arrogantes palabras y había sido encantador con su familia y amigos. Sin hablar del gran momento que le hizo pasar mientras entre sus brazos la arrastraba por la pista. Había perdido la noción del tiempo y del espacio. Solo habían sido ellos dos bailando. Prefería mil veces al Peeta arrogante que al amable… Sabía que del amable se podía enamorar fácilmente, pero del arrogante en cambio… del arrogante en cambio ya estaba enamorándose aunque quisiese evitarlo con todas sus fuerzas. Se desvistió y haciendo uso de su buen humor decidió comenzar a hacer las maletas. Eso era algo que siempre le molestaba hacer, pero con tantos atuendos que le había confeccionado Cinna, tenía que ser pan comido. Encendió su IPod y de repente la profunda y sensual voz de Marvin Gaye inundó sus oídos. "Let`s get it on" comenzó a sonar mientras abría su closet y eso mejoro su ánimo si se podía. Descalza y envuelta en una bata de seda negra que cubría la ropa interior que había usado con el vestido se sintió sensual y comenzó a bailar frente al espejo que se ocultaba tras una de las puertas del armario. Cuando comenzó a escoger las prendas, se dio cuenta que no tenía la menor idea que ropa debía llevar. En teoría tendrían una sola reunión con Salvatore, pero ¿Y si tenían que pactar otras? ¿Y si con una bastaba? ¿Qué tendría pensado Peeta? Volvió a morderse el labio… Peeta. Su maleta era una excusa para saber de él… para sentirlo un poco más. No se imaginó que la noche terminaría así, con un beso ardiente y con ella haciendo las maletas enfundada en una lencería asquerosamente lujuriosa. Sin detenerse a pensarlo ya había mandado el mensaje… "Estoy haciendo los deberes Sr. Mellark, pero ocurre que no tengo el programa de la semana y no puedo saber que atuendos debo llevar. ¿Podrá ayudarme?" La respuesta no tardó en llegar… En menos de un minuto su celular vibro en sus manos.
-¿En que quedó esa propuesta de no empacar nada para que no perdiese tiempo en quitarte la ropa? –Le preguntó el rubio provocándola.
-Te propuse no empacar ropa interior… -Respondió sin pensar. Quería ser atrevida una vez aunque sabía que se iba a arrepentir. Quería que él se quedara con ganas de ella como ella se había quedado pensando en él.- Aunque si vieses las prendas que puedo llevar… creo que querrías que las lleve tan solo por vérmelas puestas un minuto… Por el placer de arrancármelas. Son jodidamente sensuales como estas que llevo puestas. –¿Qué demonios? Estaba contándole lo caliente que se sentía con esa lencería. ¿Le estaba proponiendo una semana de sexo sin límites? Esto era una locura absoluta.
Peeta suspiró y caminó hacia la ventana… -Explícate.
-Ya verás. –Y súbitamente le cortó el teléfono.
Pensó en sacarle una foto al cajón de su ropa interior, pero ya que estaba atrevida y había perdido la cabeza, decidió pararse frente al espejo y desabrochándose un poco la bata se fotografió. Antes de tener la oportunidad de dudar apretó el botón de enviar. Al instante sonó de nuevo su celular.
-Un atuendo formal para la reunión con Salvatore. Dos cambios cómodos para viajar, algo para andar por ahí y todo el cajón de tu lencería Katniss. No hace falta más. –Lo oyó serio. Notó que no era un consejo. Sabía que era un pedido… Una orden.
-Peeta… -Quiso decirle algo inteligente o seguirle el juego, pero ni siquiera pudo decirle alguna palabra. De repente tenía la boca seca.
-Si preciosa… Dime. ¿Qué es lo que quieres? –La provocó sabiendo que estaba cruzando todos los límites.
Lo oyó y tembló de anticipación. Lo quería a él en ese momento. Quería su boca en cada centímetro de su cuerpo. Sabía que el también era consciente de ello y se avergonzó de su pasión. Internamente rogaba porque él le pidiese verla. –Gracias por tu ayuda.- Contestó rápidamente e hizo silencio. –Ahora podré acabar las maletas. Hasta mañana.- Su voz era un susurro.
-Buenas noches Katniss… -Cerró el rubio la conversación con un deje de decepción en su voz. Sabía que se estaba metiendo en terreno pantanoso pero en el fondo le encantaba.
Apretó su celular contra su pecho intentando ralentizar los latidos de su corazón. Se dio una ducha caliente y se puso su pijama de franela. Asi, con las hormonas normalizadas, pero con el corazón alborotado terminó la maleta sin hacerle tanto caso a Peeta. Había ido muy lejos y no se arrepentía, pero si tenía mucho miedo. Jugar con Peeta era peligroso. Su corazón estaba en juego y ella sabía que sería la perdedora porque la suerte no estaba de su lado otra vez.
…****…
Llegó a su apartamento frustrado. Se encaminó hacia su dormitorio y comenzó a desvestirse. Se quitó el saco y se sentó en la cama para quitarse los zapatos. A medida que se quitaba la ropa, ésta iba quedando desperdigada por la habitación. Él no era desordenado pero en ese momento no podía y no quería pensar en otra cosa que no fuese Katniss Abernathy Everdeen. Lo estaba volviendo loco. Intentó desabrocharse la camisa pero imaginó que eran las manos de ella las que lo hacían. Cerró fuertemente los ojos y lanzó una maldición mientras se encaminaba a su despacho. Desde la pantalla de su celular encendió una música suave y relajante. Mientras oía "Let`s stay together" se sirvió un vaso de whisky y sentado en su sillón Chester de cuero marrón intentó acallar sus pensamientos; pero como siempre que él quería cambiar su destino, la realidad se encargó de encausarlo en lo inevitable. Oyó vibrar su Smartphone contra el escritorio. Le había llegado un mensaje que él no tenía ni la más mínima intensión de responder, pero así y todo no pudo evitar ver de qué se trataba. Cuando vio el nombre de la castaña brillando en la oscuridad enseguida lo leyó y lo que vio lo hizo sonreír de satisfacción. "Estoy haciendo los deberes Sr. Mellark, pero ocurre que no tengo el programa de la semana y no puedo saber que atuendos debo llevar. ¿Podrá ayudarme?" Katniss. Katniss… Siempre Katniss. No podía dejar de pensarla aunque quisiese. Y ese mensaje… ¡Demonios! ¿Qué tipo de mensaje era ese? Enseguida la llamó.
-¿En que quedó esa propuesta de no empacar nada para que no perdiese tiempo en quitarte la ropa? –Le preguntó mientras apuraba su whisky iluminado solo por la luz de la luna.
-Te propuse no empacar ropa interior… -Oyó que le decía con picardía y eso lo encendió.- Aunque si vieses las prendas que puedo llevar… creo que querrías que las lleve tan solo por vérmelas puestas un minuto… Por el placer de arrancármelas. Son jodidamente sensuales como estas que llevo puestas.
Katniss quería jugar y el estaba más que dispuesto. No sabía si una sesión de sexo telefónico le alcanzaría, por lo que sopesó la idea de pasar a buscarla. Antes de arruinar el ánimo juguetón de su Jefa de Legales, decidió dejarla hablar. Suspiró intentando calmarse y caminó hacia la ventana… -Explicate. –Le dijo cortante para no equivocarse.
-Ya verás. –De repente le había colgado el teléfono y él se ilusionó con su llegada. Dejó el vaso y se encaminó hacia la puerta ilusionado con oír el sonido del timbre. Pero rápidamente se dio cuenta que Katniss no sabía donde vivía y quiso golpearse por ser tan estúpido. El sonido de su celular lo sacó de sus cavilaciones. La castaña le había enviado una foto. ¡Y qué foto! Posaba tímidamente frente al espejo para él. Todavía tenía el recogido y el maquillaje que había usado esta noche dándole un toque angelical. Una bata de fino satén negro cubría gran parte de su cuerpo exceptuando uno de sus hombros y la parte central de su pecho, dejando al descubierto un fino sostén de encaje. El liguero que salía por debajo del ruedo de la bata, terminó de enloquecerlo. Era una fotografía muy sensual y atrevida por lo que significaba. Era tan hermosa que le dolía. No podía creer como semejante mujer, bella, inteligente, divertida y atractivamente tierna no había hallado un hombre que la amase como a él le hubiese gustado hacer en ese momento. No pudo más que volver a llamarla aún con sus sentidos atontados.
-Un atuendo formal para la reunión con Salvatore. Dos cambios cómodos para viajar, algo para andar por ahí y todo el cajón de tu lencería Katniss. No hace falta más. –Le había dado una orden. No podía hablar. Se le había secado la boca y su voz salió ronca de un deseo que le nublaba la vista.
-Peeta… -Ella tampoco pudo decirle alguna palabra siquiera; pero su nombre se oía lleno de suplicas que él estaba dispuesto a acallar.
-Si preciosa… Dime. ¿Qué es lo que quieres? –La provocó sabiendo que estaba cruzando todos sus límites. Pidiéndole que le dijese que era lo que quería. Sabía que ella también se moría de ganas de darle rienda suelta a sus deseos. Rogó mentalmente que ella le pidiese verlo. Ya tenía las llaves del coche en la mano.
–Gracias por tu ayuda.- Contestó rompiendo la burbuja rápidamente. –Ahora podré acabar las maletas. Hasta mañana.- Su voz era un susurro.
-Buenas noches Katniss… -Cerró el rubio la conversación con un deje de decepción en su voz. Había sido un error dejarla esta noche, pero más grave error habría sido quedarse con ella y darle falsas expectativas. Katniss estaría de pasada en su vida. Tenía que estarlo.
Salió de su despacho y se dio un largo baño. Había tomado una decisión. Sabía que sería una noche larga y decidió acortarla pintando… Pintando su Oia querida. Cerró los ojos y trató de ver la vista que tenía desde su dormitorio tratando de tener algo de paz.
…****…
Cuando se levantó, después de la hora de la merienda llamó a Finnick para asegurarse que estuviese todo en orden para su ausencia de una semana y para darle nuevas directivas. Como era de esperarse su amigo no tenía la más mínima intensión de hablar de ello.
-Te digo que si Mellark. Está todo previsto para tu ausencia de una semana. Sobreviviremos sin ti en la empresa. –Le dijo su amigo risueño.
-¿Entendiste todo lo que te escribí por mail? Es importante Finnick. Hay cosas muy urgentes por cerrar y yo no solo no estaré en la oficina sinó…
-Sino que no estarás disponible en ninguno de los sentidos. –Lo interrumpió el cobrizo.- ¿En serio vas a apagar tu celular por una semana y vas a dejar tu portátil en casa? ¡No puedo creerlo! Mira lo que hace el amor… -Finnick no podía creer que el obseso del control dejase todos sus negocios por pasar una semana con una mujer. Eso sí que era novedad. Ni con Delly lo había hecho. Definitivamente Katniss era cosa seria.
-Odair no te llamé para hablar estupideces. Solo quiero que no olvides nada y además quiero darte una directiva de último momento. –Contestó molesto porque sabía donde derivaría la conversación.
-Tranquilo Peeta. No te quedarás sin negocio en una semana. Haz dejado todo listo como para desaparecer una semana en el paraíso. ¿Pero de que te has olvidado?
-¿El paraíso? Creo que eso va a ser el infierno Finn… Pero en fin así es la vida.
-¿Estás aceptando que te enamoraste perdidamente de Katniss y que va a ser el infierno porque eres idiota y planeas arruinarlo todo?
-¡No!-Dijo rotundamente.- Estoy diciendo que va a ser el infierno tenerla pensando que después de ello no habrá más nada. Sabiendo que todo habrá sido solo un acto de locura.
-Pero… Pee… -El rubio enseguida lo cortó en seco.
-Por favor Finn, ten preparada la liquidación de Katniss para su vuelta. –Dijo dejando helado a su amigo.- Miles la recogerá del aeropuerto y cuando llegue al otro día a la oficina resuelves su contrato. Te mandaré un mail con las instrucciones. Yo trabajaré más de una semana con el escritorio remoto desde Oia. Lo voy a necesitar. –Suspiró con dolor a cuenta de lo que pasaría; pero había tomado una decisión y el nunca se echaba atrás. – No me lo hagas más difícil tú también por favor.
-¿Qué? ¿Qué demonios está pasando Peeta? ¿Qué locura es ésta? –De repente Finnick se hallaba a los gritos.- ¿Te has vuelto loco Mellark? ¡Es la mejor jefa de legales que hemos tenido! Además… ¿Es en serio? Vas a llevarla a un viaje de ensueño, vas a mostrarle todo lo que podrías ofrecerle si no fueses un idiota y luego vas a sacarla de tu vida como si fuese nada… No te reconozco Peeta. –El cobrizo no podía creer lo que oía.
Peeta no contestó. No sabía que decir. Sabía que iba a ser un golpe duro para Katniss, pero era egoísta y quería tenerla para él antes de dejarla libre para siempre, tal y como ella le había pedido. El no podía amar, ya no sabía cómo hacerlo; y no cortar esto que estaba pasándole de raíz, traería a la larga más dolor… O al menos eso pensaba.
-Solo déjame decirte que es un error. –Odair iba a luchar hasta el final en contra de la estupidez de su amigo.
-¡Todo es un error Finnick! Todo esto desde el principio es un error y no puedo hacer otra cosa para remediarlo. ¡Ya basta! –Con un grito le cerró la comunicación. No le hacían falta más dudas y más culpa. Ya bastante tenía con la angustia de saber que la perdería para siempre. Lo que había comenzado como un viaje para saciarse de ella, había terminado en un viaje de despedida. Todo había cambiado en unas horas. El se estaba encargando de ahogar cualquier cosa que comenzase a sentir por Katniss, porque sabía que una semana con ella lo pondría de rodillas a sus pies. Pensó que sabiéndola lejos antes de hacerla todo lo tan suya que pudiese, lo ayudaría. Convencido de ello le escribió el mail a Finnick con las directivas que le había prometido.
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¡Buenas noches estimados lectores!
Para este capítulo si necesito que me dejen reviews porque necesito saber que les pareció. La inspiración llovió del golpe y en tres horas estaba escrito y corregido. Salido de mis planes originales (Mitad del capitulo escrito), le da un nuevo rumbo a la historia. Espero no perderme.
No lo insulten mucho a Peeta... Recuerden que a pesar de todo es un amor.
¡Los leo!
Cariños,
Igora Mellark
