Wait and Hope

Autor: mightbewriting

Summary:

—Harry. —comenzó Hermione, con la voz controlada, pero podía sentir como el pánico invadía sus cuerdas vocales. —¿Por qué Draco Malfoy estaba gritando furioso sobre su…? —y la palabra casi la ahoga al salir. —¿Esposa?

Los ojos verdes de Harry se abrieron sorprendidos.

La sanadora Lucas se pellizcó el puente de la nariz, dolorosamente disgustada con la reciente serie de eventos.

—Se refería a usted, cariño. —dijo. —Esa fue la otra pregunta que respondió mal. Su nombre es Hermione Jean Granger-Malfoy.

Hermione tuvo que ser sedada de nuevo.

Capítulo 1: Hermione Granger—Malfoy.

"Toda la sabiduría humana está contenida en estas dos palabras —Espera y Esperanza."

—Alexandre Dumas, El Conte de Montecristo.

Enero

Luces brillantes y verde lima.

Hermione luchó con esas breves observaciones mientras se esforzaba por recuperar la conciencia. Su cabeza se alternaba entre latidos insoportables y dolores tan intensos que podía ver luces detrás de sus párpados.

Difícilmente podría considerar sus circunstancias con el dolor tan punzante que hurgaba su materia gris. Un destello de verde lima y algo vil se deslizó en su garganta. Dulce alivio, el dolor disminuyó.

Una voz suave.

—Jenkins, baja de nuevo la intensidad de la luz, ya estamos cerca.

Las brillantes luces apenas disminuyeron.

—Hermione, si puede escucharme, está saliendo de un coma mágico inducido. Estuvo en un accidente pero está a salvo y en un ambiente controlado, intente mantenerse tranquila mientras sale.

Hermione decidió que le gustaba el sonido de la voz suave: terciopelo para sus oídos. Pero no le gustó tanto lo que dijo la voz.

¿Un coma mágico inducido? ¿Accidente? ¿Eso quería decir que estaba en San Mungo? Claro, las túnicas verde lima. La paleta de color tenía sentido.

Intentó forzar a sus ojos para abrirse de nuevo; parpadearon ante el ataque de las luces brillantes. Los cerró, tomó un respiro y los abrió de nuevo. Un mundo de color y luz la recibió.

Una figura estaba de pie cerca. No podía ver los detalles de la persona, excepto que estaba vestida con las túnicas verde lima. Casi estaba segura de que era San Mungo.

—Mi nombre es sanadora Lucas. —dijo la figura. Hermione se dio cuenta de lo raro que era no poder ver los labios de alguien cuando hablaban. Parpadeó rápidamente, intentando borrar el filtro borroso de sus ojos. —Estoy aquí con mi aprendiz, el sanador Jenkins. Somos los sanadores asignados a su caso.

Hermione intentó pasar saliva, pero el movimiento se quedó atrapado a la mitad de su garganta, su único alivio de la dolorosa sequedad fue la poción con la cual la habían dosificado.

La sanadora Lucas, observando el movimiento, le ofreció agua.

Hermione jamás había probado algo tan refrescante en su vida.

—Hermione, necesitamos realizarle unos diagnósticos iniciales ahora que ya está consciente. —Le dijo gentilmente la sanadora Lucas. —Si en algún punto necesita un descanso o se siente mal para continuar, hágamelo saber.

Hermione aún no confiaba en su propia voz, así que asintió. La sanadora Lucas apareció un pergamino de la nada.

—¿Sabe cuál es su nombre completo?

Oh, cielos. ¿Qué tan malo fue el accidente que necesitaban preguntarle su nombre completo?

—Hermione. —tosió y lo intentó de nuevo. —Hermione Jean Granger.

La sanadora Lucas tomó nota.

—¿Y qué año es?

Hermione podía sentir un extraño y caliente pánico invadirla. Normalmente tenía control sobre sus nervios, no se asustaba tan fácil. Era una Gryffindor hecha y derecha. Pero podía sentir algo terrible dentro de ella.

—Es el 2001.

La sanadora Lucas escribió de nuevo.

—¿Quién es el Ministro de Magia?

—Kingsley Shacklebolt.

Otro apunte. Hermione ya no lo soportaba.

—¿Qué me sucedió? —preguntó, su voz rompiéndose. —¿Qué tan malo fue? ¿Por qué necesita hacerme esas preguntas tan básicas? —La ansiedad la había invadido desde su estómago hasta su pecho. Su garganta se contrajo. Su interior se retorció.

Bastante paciente, la sanadora Lucas apartó el pergamino.

—Estas preguntas de diagnóstico son esenciales para establecer una base.

—¿Una base para qué? —preguntó Hermione, su voz quebrándose hasta ser casi un chillido. Su corazón golpeaba fuertemente entre sus costillas. —Un niño de primer año podría responder correctamente esas preguntas, saltemos a la información relevante y dígame que está sucediendo.

Su demanda probablemente sonaba petulante, pero Hermione sentía que su pecho se quebraría del pánico.

La sanadora Lucas tomó un respiro, inhaló por la nariz y exhaló por la boca.

—Necesita respirar. —dijo. Hermione lo intentó, en serio lo intentó. —Y aunque un niño de primer año podría responder esas preguntas correctamente, usted no lo hizo.

Hermione escupió su exhalación.

—¿Qué?

—No las respondió correctamente.

La ansiedad se desvaneció, dejando en su lugar algo frío y vacante. Terror.

—¿Cuál?

—Dos de tres, cariño. Pero estábamos preparados para eso…

—¿A qué se refiere con dos de tres? ¿Cuáles dos? —Hermione no reconocía su propia voz, tan fría, tan baja, tan diferente a la de ella. —Sé mi propio nombre. —insistió.

—Volvamos a eso. —dijo la sanadora Lucas. —Tuvo una lesión cerebral bastante grave y la pérdida de la memoria es un efecto colateral potencial para el cual nos hemos estado preparando.

—¿Pérdida de memoria? —las palabras se sentían vacías en la lengua de Hermione.

—Esperamos que sea algo temporal, la mente mágica es muy poderosa y adaptable, pero puede ser impredecible. Jenkins ya está trabajando en el plan de su tratamiento. —Jenkins le hizo una seña con la mano desde donde estaba parado en la puerta.

—Vamos a comenzar con lo que respondió correctamente. Kingsley Shacklebolt es el Ministro de Magia. —dijo la sanadora Lucas. —Sin embargo, el año no es 2001. Es 2007.

El estómago de Hermione se revolvió, el vacante frío del terror chocando con una nueva ola de caliente ansiedad, dos lados de la misma moneda manchada de miedo. ¿Seis años? Seis años. Eso era… completamente imposible. La cabeza de Hermione palpitaba mientras entraba en acción, intentando recordar cualquier cosa que hubiera leído sobre el cerebro, la psicología, comas mágicos, trauma craneal. Todo.

—Y mientras que está parcialmente correcta sobre su nombre siendo Hermione Jean Granger, hace un año lo combinó…

Un rugido detrás de la puerta interrumpió a la plácida sanadora Lucas, volteando al revés el mundo de Hermione.

—¡¿Dónde diablos está mi esposa?!

Un murmullo de voces, un golpe contra la puerta. Hermione y Jenkins saltaron al mismo tiempo.

—¡Aléjate de mí, Potter! ¡No voy a esperar…!

¿Harry? El miedo de Hermione disminuyó ante la promesa de tener a Harry con ella. Todo estaría bien.

—¡Treinta y siete horas, Potter…!

Más murmullos, un grito a lo lejos. Otro golpe contra la puerta.

—¡Es mi esposa!

La puerta se abrió de golpe, Jenkins saltó de su asiento.

Harry Potter estaba en la puerta, con la nariz sangrando y con los brazos alrededor de un Draco Malfoy que forcejeaba, y que tenía sangre en su inmaculada camisa blanca, con varita en mano, evidentemente a punto de volar la puerta.

Más túnicas verde lima corrieron a la puerta, tomando al rubio que claramente había perdido la cabeza.

—¡Es mi maldita esposa! —gruñó Malfoy al tiempo que otros sanadores lo jalaban hacia el pasillo, aún gritando hasta que un rayo rojo trajo silencio. Desmaius.

Harry la miró tímidamente, con la sangre corriendo por su rostro. No molestó en limpiarla.

—Uh. Hola, Hermione. —miró a los sanadores en la habitación, como si buscara permiso para hablar con ella.

—Harry. —comenzó Hermione, con la voz controlada, pero podía sentir como el pánico invadía sus cuerdas vocales. —¿Por qué Draco Malfoy estaba gritando furioso sobre su…? —y la palabra casi la ahoga al salir. —¿Esposa?

Los ojos verdes de Harry se abrieron sorprendidos.

La sanadora Lucas se pellizcó el puente de la nariz, dolorosamente disgustada con la reciente serie de eventos.

—Se refería a usted, cariño. —dijo. —Esa fue la otra pregunta que respondió mal. Su nombre es Hermione Jean Granger-Malfoy.

Hermione tuvo que ser sedada de nuevo.

La siguiente vez que Hermione despertó, les rogó a los sanadores que le dieran una mejor explicación, su cerebro lleno de preguntas. No tenían respuestas reales que ofrecerle. Se sentaron con ella, irritablemente calmados, le explicaron su diagnosis, los cuidados que tendría, sus límites y lo que podría esperar en los próximos meses. Templaron su esperanza con muchos tal vez, posibilidades y potenciales. No hablaron en absolutos y le ofrecieron muy poca confianza, dejando a Hermione con una sensación de que cuando recuperara sus recuerdos, si es que los recuperaba, sería un largo y difícil camino de navegar.

—El cerebro y su magia son muy frágiles. —dijo la sanadora Lucas, en otro intento de ofrecerle una explicación satisfactoria.

—Estoy consciente de eso, sanadora Lucas. Y como le he dicho, tengo mucha experiencia con el Obliviate y su revocación, no entiendo porque esto…

—Señora Granger-Malfoy…

—No me llame así. —dijo molesta Hermione, llena de furia.

—Hermione. —corrigió la sanadora Lucas, usando su tono de voz más calmado y controlado. —Como ya le dije, su lesión fue el resultado de un contacto con un artefacto oscuro y desconocido de su trabajo en el Ministerio, lo que hace que su tratamiento no tenga precedentes. El tiempo y la paciencia son nuestros mejores aliados.

Hermione bufó, su frustración creciendo.

—Si pudiera ver mis escáneres, tal vez podría sacar algunos libros…

La sanadora Lucas levantó una mano para detenerla, ya habían tenido la misma conversación dos veces en las últimas dos horas.

—Hermione, usted es la paciente, no la sanadora. Aprecio su intelecto y su tenacidad, en verdad, pero debo pedirle que deje las opiniones profesionales para aquellos que estamos intentando ayudarle.

Hermione apretó los labios, guardando su respuesta. Sabía cuándo era una pelea perdida.

—Descanse por ahora. —le ofreció la sanadora Lucas, poniéndose de pie rápidamente. —Veremos si los recuerdos empiezan a salir por su cuenta y luego planearemos su dada de alta.

Disgustada, Hermione durmió, atrapada en el descenso de una ola de adrenalina que hizo que su cerebro se detuviera.

Cuando despertó de nuevo, Ginny estaba sentada a su lado.

—Hey. —susurró la pelirroja. —¿Cómo estás?

Mareada. Cansada. Muy, muy confundida. El rostro de Hermione debió decir lo suficiente. Ginny acercó más su silla al borde de la cama. Cuidadosamente y lo suficientemente lento como para que Hermione se alejara si quisiera, Ginny se acercó y tomo la mano de Hermione entre las suyas.

—Hablé con tu sanadora hace un rato, te darán de alta esta tarde. —dijo Ginny en voz baja. —Aparte del tiempo perdido, dice que estás bien físicamente. Tengo un montón de información para ti en mi bolso. —Sacó una carpeta de información, aparentemente su tratamiento, junto con muchos periódicos de El Profeta para que Hermione los leyera.

Hermione cerró los ojos, recopilando toda la nueva información que le habían dado en las últimas veinticuatro horas que llevaba consciente. Abriendo los ojos de nuevo, examinó a su amiga.

Ginny no se veía tan diferente de como Hermione la recordaba, pero se movía diferente. Había un poco más de autoridad en sus hombros, en su postura y algo rígido y cansado en los bordes. Su rostro se veía casi igual que la última vez que Hermione la vio en el 2001, dejando de lado las ojeras bajo sus ojos.

—Ginny, te ves… —comenzó Hermione, sin saber cómo continuar.

—Cansada. Me veo cansada. —dijo Ginny riendo. —Tengo dos niños de menos de tres años y mi mejor amiga está en el hospital. Creo que no he dormido en años. —le dio un apretón a la mano de Hermione. —Estaba muy preocupada por ti.

Hermione la miró, su mundo giraba de repente, intentando comprender las palabras de Ginny.

—¿Niños? —preguntó.

Ginny la miró sorprendida y apretó con más fuerza la mano de Hermione.

—Oh, cierto. Lo siento. No te preocupes por eso ahora, se supone que debemos reintroducir la información lentamente. Para intentar no abrumarte. —Ginny le ofreció una sonrisa, amable pero cautelosa.

—Tienes hijos. —repitió Hermione. —Y no lo recuerdo. Espera… —la mente de Hermione se agitó. —¿De quién son? ¿Son… son de Harry… cierto?

Ginny rio de nuevo, de forma genuina.

—Sí, sí son de Harry. Nos casamos en enero del 2003, nuestro aniversario fue la semana pasada. Fuiste mi dama de honor.

Ginny se vio repentinamente borrosa ante Hermione, con el corazón roto de un recuerdo que no tenía.

—Casada. Con hijos. —Hermione sentía que se ahogaba, que le faltaba la respiración. —Es mucha información para mi cabeza.

—Lo sé. —dijo Ginny y sonrió tristemente. —Bueno, de hecho no. No puedo comprender como debes estar sintiéndote. Pero estoy aquí para ti. Vine porque los chicos y yo pensamos que sería mejor que yo fuera quien te diera la información básica antes de tu alta. Hay una información básica sobre tu vida que debes de saber antes de…

—¿Antes de que vaya a vivirla?

Ginny apretó los labios, considerando sus palabras.

—En un sentido, sí.

—Por favor dime que el Granger-Malfoy es una broma de mal gusto. —dijo Hermione, la voz apretada.

—La sanadora Lucas me dijo que has estado preguntando por Ron. —redireccionó Ginny.

El estómago de Hermione se cayó. Lo había hecho. Innecesario, asumió, dadas las pistas del contexto.

—No creíamos que fuera una buena idea que él te visitara y él estuvo de acuerdo. Te manda sus mejores deseos, estaba igual de preocupado que nosotros.

—Pero no soy su… ¿Ya no… estamos juntos? —las palabras sabían amargas en su boca.

El rostro de Ginny se cayó.

—La sanadora Lucas también dijo que tus últimos recuerdos son de abril del 2001? —preguntó Ginny cuidadosamente.

—No estás respondiendo mis preguntas, Ginny. —Hermione no sabía si estaba más molesta o ansiosa.

—Tú y Ron. —comenzó Ginny. —Terminaron al final del 2001, y fue la decisión correcta, Hermione. Ambos lo saben ahora.

—Perdóname por no tener las mismas referencias que tú. —chasqueó Hermione, ganando la molestia.

—Fue para mejor, ambos son más felices ahora. —insistió. Hermione intentó controlar la ola de lágrimas que estaban por salir. —Y no, el Granger-Malfoy no es una broma. —continuó Ginny. —Tú y el hurón son desagradablemente felices juntos y no te atrevas a decirle que dije eso.

—Referirte a mi supuesto esposo como un mustélido no da mucha confianza, Gin. Además, no tengo interés en decirle nada a Malfoy.

—Sobre eso… —comenzó Ginny, tomando una postura defensiva. —Harry y yo estamos perfectamente dispuestos a dejar que te quedes en Grimmauld Place con nosotros y los niños, pero hay mucho estímulo entre nosotros tres y aparte un infante y un bebé recién nacido y, bueno, el punto es que tu esposo y los sanadores piensan que es mejor que estés en lugares familiares y gente que…

—¿Estás sugiriendo que vaya a vivir con Malfoy? —casi gritó Hermione.

—Ya vives con él.

—Yo… bueno, mierda. No puedes hablar en serio, Ginny. Estamos hablando de Malfoy aquí. Podría lanzarme una maldición o tallarme más insultos... —dijo Hermione, sosteniendo su brazo izquierdo de referencia, pero el notable "sangre sucia" estaba ausente.

El rostro de Ginny se suavizó, una parte de su tensión se había ido.

—Confía en mí, Hermione. De todas las personas que conoces, probablemente Harry y yo incluidos, Draco Malfoy es la persona que menos te lastimaría de alguna forma.

Hermione miró de nuevo a su brazo sin cicatriz. Había pasado dos años intentando borrar las palabras llenas de odio que Bellatrix Lestrange dejó ahí para al final aceptar que eran imposibles de sanar o remover. Ginny apretó su mano.

—Él inventó una poción para removerlas. —dijo Ginny, asintiendo hacia el brazo vacío de Hermione. —Te la dio una Navidad antes de que comenzaran a salir.

Increíble. Era verdaderamente increíble. Todo.

Pero cuando Harry llegó al tiempo que estaban dando de alta a Hermione y le reiteró la recomendación de Ginny de quedarse en su propio departamento, el que por cierto compartía con Draco Malfoy, Hermione accedió a regañadientes. Porque Hermione sabía escuchar a la lógica, sabía que tenía que aceptar las recomendaciones de sus amigos más cercanos y de los profesionales a cargo de su cuidado médico, aunque le disgustara. Confiaba en Harry. Confiaba en Ginny. Y eso tendría que ser suficiente, incluso si no confiaba en Malfoy.

Hermione estaba aturdida para el momento en que Harry abrió la puerta del que él insistía, era su departamento con Malfoy. Malfoy. Quién también estaba ahí, caminando cuidadosamente unos pasos detrás de ellos, como si fuera un fantasma. Algo muy alejado de la versión que ella vio en San Mungo, pero desconcertante de igual forma.

Hermione se distrajo mirando como las protecciones del departamento la recibían sin problema: una reluciente sensación de magia familiar contra su piel. Una parte de ella esperaba que la rechazaran, que le impidieran entrar porque eso significaría que no estaban ligadas a ella, que no tenía razón para estar ahí.

Harry ya había entrado antes que ella. Malfoy entró un poco después.

—¿Puedes entrar a través de las protecciones? —le preguntó a Harry, intentando aferrarse a las prácticas, razonables, lógicas cosas que su mente pudiera aceptar.

—Malfoy se cansa de responder la puerta mientras tú estás trabajando y yo los visito mucho, así que…

—Que confiado de él. —murmuró Hermione. Intentando imaginar un mundo donde Draco Malfoy de buena gana le daba a Harry Potter acceso libre a su hogar.

A menos que no fuera el departamento de Draco Malfoy y esto era una clase de broma elaborada. Hermione intentó desechar esa idea. No era lógico, sin importar cuán fácil fuera. Ella había visto sus expedientes médicos, leyó las copias de El Profeta que Ginny le dio, demasiadas cosas deberían estar coordinadas para hacer algo así de complejo. A menos…

No.

Cualquier duda de que ese departamento no fuera de Draco Malfoy se eliminó en cuanto se abrió la puerta.

Era un lugar pequeño, realmente apretado y ciertamente más pequeño que cualquier lugar que Hermione se imaginó a un Malfoy inhabitando. Pero cuando estancia que recibió a Hermione estaba decorada como la maldita sala común de Slytherin, esa fue la gota que derramó el vaso.

—¿Un sofá verde de terciopelo? —preguntó, entre un chillido y exasperación. De todas las cosas. —¿Es en serio?

Se giró para ver a Malfoy por primera vez desde que fue dada de alta de San Mungo.

Él la miró sorprendido al principio y la preocupación tallada en rostro se transformó en confusión y luego estalló en risas.

Hermione se giró. Harry estaba casi doblado de la risa también. Y Hermione se encontró en medio de su mejor amigo y su peor enemigo, quienes evidentemente compartían un gran chiste entre ellos. Se giró unas cuantas veces más, indecisa sobre que idiota insufrible de los dos merecía más su ira.

Se enfocó en Malfoy, a quien, notó, jamás había visto reír así, no de esa forma tan despreocupada. Las esquinas de sus ojos se arrugaron, sus blancos y perfectos dientes se asomaban. Tenía un hoyuelo en su lado izquierdo de su boca.

Puso las manos sobre las caderas, este no era el momento apropiado para que ningún mago, mejor amigo, supuesto esposo o cualquier cosa, se riera de ella.

—¿Y bien? —preguntó, esperando una explicación.

Malfoy se detuvo, se enderezó, con rastros de risa aún en sus facciones. Algo en su rostro se había suavizado mientras la miraba por lo que parecía la primera vez en toda la vida de Hermione. Por un momento, sintió como si hubiera entrado a un torbellino.

—Ni siquiera puedo empezar a explicar la pesadilla que han sido los últimos tres días, Hermione. —comenzó. Retrocedió ante el sonido de su primer nombre siendo dicho en su voz. Ella era Granger. Él era Malfoy. —Pero eso, Merlín, eso que hiciste me da esperanza. Pero la historia del sofá es definitivamente para otro día.

—¿Puedo estar ahí cuando suceda? —preguntó Harry, limpiando las lágrimas de las esquinas de sus ojos, sin molestarse en ocultar su risa. —Por favor, ¿puedo estar ahí cuando pase? ¿También Ginny? Podríamos enviar invitaciones, estoy seguro de que Neville querrá verlo. Demonios, invita también a tus amigos de los viernes en la noche, podríamos hacer toda una reunión de esto.

—Vete a la mierda, Potter. —dijo Malfoy. De alguna forma fue el insulto más agradable que lo escuchó decir.

Hermione continuó ahí de pie, con las manos en las caderas, esperando a medias que alguien finalmente le explicara. Cuando ninguno lo hizo, bufó al pasar junto a Harry y por completo a la estancia de un hogar que se suponía era suyo.

Pero a donde sea que mirara, solo veía Malfoy. Apretada en la pequeña estancia estaba un enorme sofá de terciopelo verde, y no una, sino dos mesas de centro juntas, y otras mesas pequeñas adicionales. Un acogedor sillón de piel, otro muchos menos acogedor a la vista al final de la habitación y todo estaba en una versión de negro, verde o plateado. Honestamente era algo horrible.

Lo único suyo que pudo encontrar en el apretado espacio eran cientos de libros acomodados en cada superficie horizontal a la vista, además de los libreros llenos que ocupaban la pared completa.

—Nos estamos… —se estremeció ante el uso del plural. —¿Nos estamos mudando o redecorando algo?

Harry casi se ahoga y Malfoy lo miró de forma asesina.

—Lo siento. —dijo Harry. —Realmente no sé si reír o llorar. Creo que lo estoy asimilando con la risa.

Hermione ya no podía estar molesta de que su pregunta no fuera respondida, estaba más preocupada por la mirada protectora que se encontraba en el rostro de Malfoy.

Malfoy rompió su mirada molesta hacia Harry y la miró, su rostro suavizándose al instante. Se encogió de hombros.

—Tenemos muchos libros y no hay suficiente espacio para ellos.

—¿Y todos estos muebles? —preguntó.

—También tenemos muchos muebles. —dijo sin elaborar más.

Los tres se quedaron en un silencio incómodo. Hermione continuó examinando el espacio a su alrededor, asomándose a la cocina adyacente. Malfoy se quedó muy quieto, mirándola como si ella fuera una criatura asustadiza que pudiera escapar en cualquier momento. Y Harry había comenzado a pasar nerviosamente su mano por su desordenado cabello.

Harry rompió la tensión primero.

—Debería irme. —dijo. —Ginny me espera pronto.

Hermione se giró hacia él, mirándolo sorprendida. ¿Iba a dejarla sola con Malfoy? Claro que lo haría, sabía que lo haría. Pero parecía muy pronto.

Ignorando lo que podría ser una expresión de horror en su rostro, Harry dio un paso al frente y la abrazó.

—Estarás bien, Mione. —susurró antes de soltarla.

—Usa la Red Floo si necesitas algo. —dijo Harry, girándose hacia Malfoy. Los chicos-hombres asintieron el uno al otro antes de que Harry tomara un puñado de polvos Floo de la repisa y desapareciera en un destello verde.

El silencio envolvió la habitación de nuevo y Malfoy dejó salir un largo suspiro.

—¿Puedo darte un recorrido? —preguntó.

El recorrido fue tan incómodo como desconcertante. Hermione no sabía como interactuar con Malfoy de alguna forma que no involucrara, al menos, algo de pequeña hostilidad.

Pero él fue perfectamente cordial, casi asustado de ella, dándole amplio espacio mientras la llevaba a la cocina, mostrándole donde estaban las cosas antes de que siquiera preguntara por ellas. Le indicó el gabinete con su marca de té, en donde estaban sus dulces escondidos y donde estaban los dulces favoritos de él que le fueron informados que no tenía permitido comer.

Casi sonaba como una broma, las esquinas de sus ojos arrugándose con la felicidad de un recuerdo que ella no tenía.

—Y este es tarro de los premios de Crooks. —dijo, indicándole el tarro en la barra.

—¿Crookshanks? —preguntó, las primeras palabras que le decía desde que Harry se fue. Por un momento sintió que no respiraba. Su gato seguía vivo. Sería viejo, ciertamente, pero Hermione había asumido que como nadie lo había mencionado que tal vez habría muerto en los seis años de memoria que ella perdió. Eso y había tenido otras cosas que exigían su atención inmediata.

Malfoy le sonrió y Hermione tuvo que alejar la mirada. Era demasiado cálida, demasiado amable, demasiado alejado del Malfoy que conocía.

—Lo encerré en la habitación antes de ir a recogerte. No quería abrumarte. —dijo suavemente.

—¿Dónde? —preguntó.

—Por aquí. —ofreció Malfoy, caminando por el largo pasillo entre la sala y la cocina. Le indicó una puerta a la izquierda.

—Ese es el baño. —apuntó a otra habitación a la derecha. —Esa solía ser nuestra habitación de huéspedes pero hicimos demasiados experimentos ahí. Entre tus objetos confiscados y mis pociones, bueno. Ya no funciona como debería.

—¿Qué no funciona como debería? —preguntó Hermione, encontrándose atraída hacia la habitación. Una mano bloqueó su camino, pero aún dándole amplio espacio personal.

—Toda la habitación no funciona, incluso el tiempo es algo extraño ahí. —Malfoy pasó una mano por su cabello, más largo de lo que ella recordaba haberlo visto alguna vez. Su rostro se retorció por un momento, como si la explicación le causara dolor. —Potter rompió la puerta una vez porque llevábamos ahí dos días y ni siquiera lo sabíamos. Habíamos estado pensando en hacer la habitación indetectable.

—¿En serio? —preguntó, llena de curiosidad, pero inmediatamente se arrepintió cuando vio que Malfoy comenzaba a desabrochar los botones de su camisa.

Se giró de inmediato, desinteresada en ver a Malfoy sin camisa.

—Lo siento. —su voz sonó detrás de ella, con un toque de exasperación. —Solo te quería mostrar mi cuello.

Tentativamente, Hermione se volteó para ver que había estirado su camisa hacia su lado izquierdo, revelando una cicatriz que le recorría la clavícula, todavía rosa. Se veía recientemente sanada.

—La habitación se giró, nos volteó de cabeza y luego giro otra vez, cuando el niño maravilla entró. Un caldero cayó en mi pecho, me quebró la clavícula en tres partes. Tuvieron que usar Crecehuesos en mi esternón completo. Lo que sea que hicimos, descompuso la habitación. —dijo al última parte con una sonrisa afectuosa. Hermione no pudo evitar preguntarse si estaba un poco orgulloso de lo que lograron. —Pero ya no querías que la usáramos de nuevo, y especialmente contigo no recordando lo que teníamos ahí, tengo que estar de acuerdo.

—¿Cuándo pasó eso? —preguntó, aún llena de curiosidad.

—Al principio de este mes.

—Oh. —fue todo lo que Hermione dijo en respuesta. No podía evitar mirar la manija de la puerta, los dedos le hormigueaban por acercarse y explorar lo que había ahí. Se resistió.

En su lugar, llevó su atención a la puerta al final del pasillo.

—¿Crookshanks?

Malfoy asintió, manos expertas abotonando su camisa mientras la guiaba a la última habitación.

Hermione tomó a su compañero naranja apenas se abrió la puerta de la habitación.

—Oh, Crooks, te has vuelto tan gris. —susurró a su mitad kneazle, enterrando su rostro en su pelaje.

—Está bastante bien para ser algo viejo. —dijo Malfoy detrás de ella. No había entrado a la habitación.

En su lugar, se recargó contra el marco de la puerta y la miró con preocupación grabada en su frente. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, con las mangas de su camisa dobladas hasta los codos, mirándose tan casual como cualquiera pudiera en la costosa marca de camisa que estaba usando. Con un golpe de culpabilidad, Hermione admitió para sí misma que era bastante guapo, a pesar de sus cuestionables decisiones de vida. También había sido muy paciente. Hermione aclaró la garganta, tragando su orgullo.

—Gracias por ser tan amable, Malfoy.

Lo dijo con la intención de que fuera algo agradable, pero él frunció el ceño, su rostro retorciéndose por un segundo. Después sus facciones se neutralizaron, la luz de sus ojos se volvió algo distante.

—Claro. —dijo. —Dormiré en el sofá. Ya se está haciendo algo tarde y… uh. El lado derecho de la cama es tuyo.

No esperó a una respuesta, solo cerró la puerta con un suave clic. Pasó un minuto completo antes de que ella escuchara sus pasos alejarse. Hermione lo sabía porque había estado conteniendo la respiración sin saber por qué.

La habitación se sentía igual de apretada y extraña para Hermione como el resto del departamento. Estaba llena de muebles igual que el resto del departamento. Una enorme cama, demasiado grande para el espacio, estaba cubierta con sábanas color borgoña, sin tender. Había dos libreros repletos y a punto de desbordarse, un armario, un vestidor separado, dos burós, un canapé (¿en serio? ¿un canapé?) y una puerta que Hermione asumió era el closet.

Crookshanks se volvió inquieto entre sus brazos, así que Hermione lo soltó. Caminó hacia el vestidor y se atrevió a mirar al espejo que estaba unido a él.

Seis años.

Seis años, a distancia, no parecían nada. Pero de cerca…

Tenía un par de finas líneas comenzando a salir en las esquinas de sus ojos por la risa.

Tenía más variación en la textura y color de su piel, sus mejillas estaban más llenas.

Tenía cabello más largo, haciendo que sus rizos pesaran y que se mantuvieran un poco mejor en control.

Tenía una pequeña cicatriz arriba de su ceja derecha, casi invisible, pero ciertamente una nueva adición a su rostro.

También tenía ojeras debajo de los ojos, pero el tiempo no tenía nada que ver con esas.

Hermione corrió una mano por su cabello. Se sentía igual. Ella se sentía igual. Pero no podía negar que algo en su reflejo decía finales de los veinte y no principios. Suspiró, la resignación invadió su cuerpo. Estaba cansada.

Abrió uno de los cajones del vestidor y de inmediato lo cerró de nuevo. No necesitaba saber si Malfoy era la clase de persona que usaba bóxers o calzoncillos (aunque, evidentemente era bóxers cortos). Tomó el coraje para abrir el otro cajón, más ropa de hombre. Cuando finalmente encontró la ropa de mujer, palideció.

La ropa que Ginny le había llevado al hospital era completamente normal, incluyendo un sostén y bragas de algodón. La ropa interior en el cajón frente a ella eran mucho más elaboradas de lo que acostumbraba: satín, encajes y pequeños pedazos de tela que jamás se atrevería a usar.

Cerró el cajón y optó por el clóset, rogando por encontrar una pijama de franela.

Sus plegarias no fueron respondidas. Fue bombardeada por una ola de negro, blanco y gris en el lado izquierdo del clóset: pantalones de hombre, camisas, suéteres y túnicas. A pesar de sí misma, Hermione bufó ante los pequeños toques de verde entre la monocromía. Evidentemente la lealtad hacia Slytherin seguía muy presente.

En el lado derecho del clóset, el color la asaltó: vestidos, faldas, blusas, pantalones e incluso un par de vestidos de gala llenaban el pequeño espacio. Y ni una pijama de franela a la vista. Hermione no usaba este tipo de ropa, ni la ropa interior provocadora o la extraña ropa de rango casual a formal que estaba frente a ella. Ella usaba ropa práctica, disfrutaba de los jeans básicos, una playera de algodón y un suéter acogedor.

Hermione apretó los dientes y dejó el clóset con un suspiro frustrado. Tenía dos opciones, preguntarle a Malfoy donde estaban sus pijamas o dormir con lo que traía puesto. Y en serio, esa ni siquiera era una opción.

Miró a la cama y a los montones de libros invadiendo cada buró. Malfoy dijo que el lado derecho de la cama era suyo, pero la curiosidad la llevó al izquierdo, esperando saber que libros tenía él ahí. En el buró estaba un periódico de pociones, dos libros de texto de pociones de nivel maestría, un libro sobre varitas que se veía genuinamente fascinante y El Conde de Montecristo.

Frunció el ceño ante la literatura muggle, aguantando la respiración mientras lo tomaba. Hermione no pudo controlar el pequeño espasmo en su mano al abrir el libro en la primera página. Su corazón dio un brinco. Escrito en la cuidadosa letra de una orgullosa niña de once años, estaba su nombre. Sus padres le habían regalado el libro de navidad cuando tenía once años y desde entonces era uno de sus favoritos. A los once años lo amaba porque era un libro grande, era la clase de libro que los adultos estaban impresionados que pudiera leer. Lo amó mientras crecía por las complejidades de la historia y por los cálidos recuerdos que tenía de esa última navidad con sus padres antes de que la magia se volviera el centro de su vida. Era un recuerdo de un momento más simple, no necesariamente mejor, pero más simple.

Puso el libro de nuevo en su lugar y se dirigió hacia el otro lado de la cama. Su buró tenía un libro reciente de avances en la transfiguración, algo sobre artefactos oscuros que parecía salido de la sección prohibida, unas cuantas novelas y una agenda con sus iniciales grabadas. O mejor dicho con las iniciales de HJGM. Consideró ofensiva la combinación de letras doradas mientras se quitaba sus jeans, se desabrochaba el sostén debajo de la playera y se metía a la cama. Crookshanks de inmediato se unió a ella.

Tomó la agenda, sintiéndose extraña consigo misma. Encontró la página anterior al accidente. La hoja del día estaba llena de notas en la que era innegablemente su letra. Había hecho una lista de todo: leer el nuevo artículo de Neville, comprar la cena de regreso a casa, prepararse para la reunión de las once, revisar como estaba sanando la cicatriz de Draco y cosas similares en la hoja entera, un día que vivió hace menos de una semana y que no recordaba.

Presionó la agenda abierta contra su pecho, apretándolo fuertemente entre sus manos. Estaba adolorida, un dolor escondido dentro de su pecho, como un pasajero no deseado en su vida. Ella no sabía quien era esta persona o cómo ser la versión de Hermione que todos conocían ahora. Y lo que era peor, sentía que no tenía otra opción. No por la forma en que Ginny y Harry la habían mirado. Y ciertamente no por la forma en que Malfoy la miraba.

Se permitió a sí misma soltar un doloroso sollozo y que cayeran unas cuantas lágrimas antes de recuperarse. Miró de nuevo a la agenda, apreciando un poco que la estructura le trajera sanidad sin importar el año. Avanzó en las páginas vacías por los días que pasó en San Mungo. Avanzó más y se detuvo, casi brincando de la impresión. En tinta roja, en la parte de arriba de tres días esa semana, había una sola palabra, de nuevo, escrita por su propia mano y subrayada de forma agresiva: sexo.

Esto no podía ser peor.

A la mañana siguiente Hermione salió de la habitación sintiendo que no había dormido nada. Se debatía entre la esperanza y la ansiedad de que fuera a soñar un recuerdo que la ayudara a llenar los huecos en su mente del 2001 con su mente del 2007. Despertó más de una vez con un nudo en la garganta y con el corazón acelerado. Crookshanks que quedó cerca con versión gatuna de preocupación, lo que era prácticamente nada.

Encontró a Malfoy en la cocina con una taza de té lista para ella.

—¿Cómo estás? Oh… —la miró mientras ponía la taza frente a ella, parándose tan lejos de su espacio personal como fuera posible y sacó una silla para sentarse. —Debí haberte mostrado donde estaba tu ropa. —su rostro decayó, claramente molesto consigo mismo.

—Encontré ropa formal, pero ninguno de sus vestidos parecía que fuera para dormir. —dijo, intentando usar un tono amigable.

Él soltó una pequeña risa y se sentó en el lado opuesto de la mesa con su propia taza frente a él.

—Tu guardarropa ha… evolucionado recientemente. Tienes ropa cómoda al fondo del clóset.

Más nueva información. Hermione intentó encontrar el lugar correcto en su cerebro para almacenarla, memorizarla y convertirse en eso.

—Me tomé el día libre del trabajo, bueno, en realidad toda la semana, pero como es viernes… —comenzó Malfoy.

—¿Trabajas? —Hermione no pudo evitarlo, la incredulidad era obvio en su tono de voz.

No había pensado en Malfoy desde su juicio. Ella testificó a su favor y después no volvió a pensar en él, enfocándose en volver a la escuela para sus EXTASIS, recuperar la memoria de sus padres y comenzar una fructífera carrera en un mundo sin magia oscura invadiéndolo.

Pero si ella hubiera pensado en lo que Malfoy haría en su apenas ganada libertad, asumiría que sería algo vago y nebuloso, algo entre las líneas de "administrar la propiedad" o "malversación de fondos" y otras cosas que los ricos y aristocráticos hacían. ¿Pero trabajar? ¿Un trabajo que requería que él le informara a alguien que necesitaba unos días libres? Eso jamás le hubiera cruzado por la mente.

Malfoy bajó su té, con una paciente y serena expresión en su rostro mientras le respondía.

—Sí, trabajo.

Esperaba una broma, un gruñido o algo así. Ella lo había insultado, al menos implícitamente.

En lugar de eso, su mirada se volvió vacía.

—Tenías la misma mirada anoche. —observó, estudiándolo.

Una pequeña calidez lo invadió momentáneamente antes de que la desvaneciera de nuevo. Era como mirar a un caleidoscopio detrás de los ojos de alguien. Pero en lugar de colores, había emociones, y en lugar de multiplicarse en cada dirección posible, se desvanecían una a una. Nunca había visto algo así.

Malfoy se aclaró la garganta, sacudiendo ligeramente la cabeza.

—Lo siento. Usé Oclumancia demasiado rápido.

Se encogió de hombros, tan cerca de verse avergonzado como fuera posible para Draco Malfoy.

—Me ayuda a sobre llevar todo esto. —terminó.

Hermione se encontró poniendo ambas manos en la mesa, mirándolo con obvia curiosidad.

—¿Eres un Oclumante? —su pregunta estaba más cerca de ser una acusación.

Observó como otro fragmento de emoción se desvanecía de sus ojos antes de que respondiera.

—Sí, es bastante útil cuando uno tiene un asesino de invitado en la casa. No he tenido que usarlo regularmente desde hace algunos años, estoy algo oxidado.

—¿Y necesitas usarlo por mí?

—Sí. Pero no todo el tiempo, al menos no completamente. Sólo cuando es necesario.

—Si no quisieras molestarte en absoluto, no me importaría…

—Eso no va a suceder. —dijo Malfoy, y si no hubiera estado usando Oclumancia, Hermione estaba segura de que su tono hubiera sido bastante feo.

—¿Por qué no? —lo retó.

Malfoy le ofreció una sonrisa torcida, era algo tan Malfoy que ni siquiera se sentía real; se sentía planeado, falso.

—Porque no quisiera que me odiaras.

—No te odio, Malfoy.

—¿Incluso en el 2001?

Hermione se preguntó brevemente si pasaría si él escondiera cada emoción hasta que no quedara más que su control. ¿También rompería eso? ¿Lo rompería en pequeñas y más manejables piezas? ¿Su voluntad se volvería de hierro o se quebraría? Quería preguntarle, Merlín, era interesante. Pero tampoco era el momento adecuado.

—Incluso en el 2001. —respondió. —No te conocía en el 2001. Y lo que sabía de ti fue por tu juicio, la guerra y la escuela. Ninguno de los cuales eran recuerdos placenteros. ¿Confiaba en ti? No. ¿Pero te odiaba? No. Intentaba perdonar y seguir adelante.

Malfoy se quedó un momento en silencio, observándola.

—Bueno, eso ciertamente colorea nuestra primera interacción después de mi juicio de forma diferente. —dijo con el fantasma de una sonrisa real en su rostro.

—¿A qué te refieres?

—Para otra ocasión, tal vez. Nos estamos desviando del tema. —dijo. —Mi punto es que no fui a trabajar hoy porque planeaba acompañarte a visitar a tus padres. Han estado muy preocupados, la pérdida de la memoria es un tema muy personal para ellos.

—¿Cuándo hablaste con mis padres? ¿Siguen molestos conmigo? Lo último que recuerdo fue que sólo habían accedido a salir a cenar conmigo…

—Tu relación con tus padres es mucho mejor ahora. —le aseguró Malfoy. —No es perfecta, pero rápidamente cambiaron de opinión. Los he mantenido actualizados todos los días con esa pequeña caja de tortura con la que me envías corazones. —de su bolsillo, Malfoy sacó un teléfono celular y se lo pasó.

Hermione quería que la tierra la tragara ante la idea de que ella le enviaba a Malfoy cualquier cosa relacionada con corazones vía telecomunicaciones.

—¿Sabes cómo usarlo? —preguntó.

—No exactamente. Sé cuales son los tres botones que tengo que presionar para escuchar tu voz y los otros tres botones para escuchar las voces de tus padres.

Hermione resopló, el concepto completo bastante tonto. Pero incluso mientras se permitía ese pequeño y feliz pensamiento, se sintió tensarse, ensombrecerse.

—Malfoy. —comenzó. —Lo aprecio. En verdad lo hago. Eso es… bueno, más de lo que esperaba. Pero creo que prefiero visitar a mis padres por mi cuenta.

Se arriesgó a mirarlo.

Él se había puesto rígido contra el respaldo de la silla, fragmentos y fragmentos de emoción alejándose de sus ojos hasta que todo lo que Hermione pudo ver era la helada quietud de una mirada concentrada.

Asintió brevemente.

—Claro.

Se puso de pie rápidamente y Hermione notó por primera vez que durante todo este tiempo él llevaba puesta la misma ropa de ayer. Las normalmente inmaculadas líneas de su pantalón oscuro y de su camisa blanca habían descendido a un caos de arrugas y dobleces, como evidencia de una pobre noche de sueño. Parecía querer decir algo más pero lo pensó mejor.

En su lugar, desapareció en la habitación y reapareció minutos después completamente repuesto y con ropa limpia.

—Tengo cosas que hacer. —le dijo, con la voz tranquila y fría. —Tus padres te esperan alrededor del mediodía, están conectados a la Red Floo.

La miró lo suficiente para que Hermione asintiera de que lo había escuchado antes de desaparecer con un crack.

Hermione se encontró envuelta en un fuerte abrazo apenas apreció en la chimenea de sus padres. Lo que hizo que soltara algunos sollozos.

—Oh cariño, está bien. —su madre susurró contra su cabello mientras Hermione se derrumbaba por primera vez desde que despertó en San Mungo.

Había soltado unas cuantas lágrimas cuando no había podido evitarlo, pero nunca sollozos tan fuertes de agonía y alivio como estos. Había tenido tanto éxito en contenerlos, desde el duelo de perder años de vida hasta la emoción impredecible de encontrarse a sí misma casada con un extraño; lo había embotellado todo. Pero tener a sus padres de vuelta. Esto era demasiado.

—Estaban tan molestos conmigo. —logró decir contra el suéter de su madre. —Mamá, pensé que nunca me perdonarías.

—Tranquila, cariño. Eso ya está en el pasado. —su madre susurró mientras se arrodillaban juntas, en la estancia. —Vamos, la comida ya está lista.

Hermione permitió que su madre la pusiera de pie, en donde se lanzó a los brazos de su padre, tan desesperada por saber que en verdad los tenía de vuelta. Para cuando se desenredó de los brazos de sus padres, ya estaba en el comedor, donde cuatro lugares estaban puestos en la mesa.

Hermione se limpió el rostro sin dignidad alguna, demasiado cansada como para que le importara.

—¿Draco viene en camino, hija? —preguntó su padre mientras llevaba a Hermione hacia una silla y dándole a su brazo pequeños apretones de apoyo.

—Oh. —comenzó Hermione, viendo el cuarto lugar en la mesa. —Le dije que prefería visitarlos sola.

Su madre le sonrió y tomó su mano.

—Está bien, cariño. —dijo. —Solo pensamos que vendría contigo.

El padre de Hermione se sentó frente a ella.

—Por favor agrádesele por nosotros. —dijo. —Nos mantuvo bien informados y nos llevó a visitarte mientras aún estabas inconsciente.

—¿Malfoy los llevó a San Mungo? —preguntó Hermione, intentando imaginar a Draco Malfoy escoltando a dos muggles a través de un hospital mágico.

—Claro que lo hizo. —respondió su madre sin dudar. —Es muy considerado.

Hermione no podía reconciliar esas palabras con la imagen de Malfoy que ella tenía, así que no dijo nada. Se sirvió algo de comida, empujándola más por el plato que comiéndola en sí, mientras intentaba pensar en una sola cosa que decirle a sus padres sin que se le hiciera un nudo en la garganta.

Finalmente, después de unos agonizantes minutos en silencio, se decidió.

—¿Saben cuánto tiempo perdí?

Su padre le ofreció una sonrisa.

—Draco nos contó. Estarás bien, cariño, nosotros mejor que nadie lo sabemos. Sólo tomará algo de tiempo.

El corazón de Hermione se encogió. Su tono era amable pero sus palabras de igual forma cortaron a través de ella, un asalto directo a su piel y huesos, directo a su corazón. La culpa la invadió.

—No saben eso. —dijo Hermione en una pequeña voz. —Los sanadores esperan que recupere mis recuerdos, pero no están seguros. —se rompió, dejando salir otro sollozo. Apretó las manos en puños, presionándolas contra la mesa, intentando sostenerse a algo sólido. —No puedo evitar pensar que lo merezco. —la admisión salió de ella.

Su madre estuvo de inmediato junto a ella, con una suave mano frotando círculos en su espalda, susurrando palabras de aliento.

—Esto no es una clase de remuneración por lo que nos hiciste. —su padre dijo desde el otro lado de la mesa.

—Es lógico… —comenzó Hermione, pero su padre la interrumpió.

—No lo es. El universo no opera con un sistema de deudas. No hay una versión en este mundo donde merezcas lo que has perdido.

Hermione no podía hacer más que llorar, la comida olvidada, en los brazos de su madre quien, de alguna forma, la había perdonado.

El día había vuelto noche para cuando Hermione volvió de la casa de sus padres. Había llorado más de una vez mientras estuvo ahí, ocasionalmente cayendo en un pozo de dolor que solo se atrevía a visitar en su hogar de la infancia, consolada por su familia. Pero también rieron, tocando ligeramente esos seis años para no abrumarla, así que mejor tocaron temas más agradables y anécdotas de una niñez feliz, prácticas dentales y conversaciones sobre el clima una vez que se agotó la plática.

Después de todo un día de reconectarse con sus padres junto con el peso de las lágrimas derramadas, Hermione sentía agotada para el momento en que salió de la chimenea en el departamento que se supone compartía con Malfoy.

Se detuvo, congelada ante lo que estaba viendo.

Draco Malfoy extendido, inconsciente, a través del horrible sofá verde. Dormido, se parecía más al chico que ella había conocido en su juventud, las líneas de preocupación de su rostro se habían desvanecido, la dureza en sus ojos y quijada, liberada. Su cabello caía desordenadamente sobre su frente, sin el producto o hechizo que usaba para mantenerlo en su lugar durante el día. Dormía con la boca parcialmente abierta. Lo que era casi adorable.

Pero lo que hizo que Hermione se detuviera, lo que la detuvo en seco y tiró de su corazón con una sensación familiar de anhelo que nunca había sentido ante el hombre frente a ella, fue ver a Crookshanks, hecho una bola y dormido profundamente sobre su pecho.

Hola!

Bueno, ciertamente no esperaba volver a traducir algo, si soy completamente honesta. Pero digamos que fue una combinación de cuarentena y más tiempo libre. Encontré este hermoso fanfic hace unas semanas en Archive of Our Own, y en serio, creo que no dormí hasta que lo terminé. Si a alguien le interesa leer el fanfic original lo pueden encontrar bajo el mismo nombre en Archive of Our Own y el nombre de usuario de la autora es mightbewriting.

El plan es publicar un capítulo por semana, ya tengo por ahí algo de trabajo adelantado.

Gracias por leer y nos vemos la próxima semana.

PD: Hice un dibujo de la sala del departamento de Draco y Hermione. Está en mi cuenta de tumblr y dejé el link en mi bio del perfil, por si alguien gusta verlo.