Habían pasado las 11 horas de vuelo casi en silencio pero rozándose. Peeta trabajaba para varios de sus clientes de Oia y Katniss lo miraba atenta. Mientras se hacía la que leía una de sus viejas novelas del Commissario Montalbano, aprovechó para estudiarlo atentamente. Había notado que funcia el seño cada vez que leía algo que le parecía absurdo; que sostenía su cara con los pulgares, mientas sus dedos yacían cruzados frente sus sensuales labios cuando estaba analizando algo; que peinaba (más bien despeinaba) su cabello cuando se sentía frustrado o impaciente; que caminaba a zancadas mientras hablaba por teléfono; pero por sobre todas las cosas, le había llamado la atención que nunca gritaba a pesar de lo que pasase. Era un gran orador, pero era un analista económico único. Había oído de sus dotes de empresario, pero verlo en acción la sorprendió. Era un hombre increíble. Condenadamente atractivo, estimulantemente inteligente e intensamente peligroso. La tenía embobada. No podía parar de mirarlo y disfrutarlo. Pensó en las advertencias de Johanna y se dijo "Si va a doler, haz que valga la pena". Sabía que había sido un error viajar con Peeta, pero así y todo estaba segura que no podía perderse esta aventura. Se arrepentiría más de no haberla vivido, que lo que sufriría cuando el jefe de su jefe la descartara porque ya no era su novedad. Absorta en sus pensamientos, no se dio cuenta que Peeta había cortado el teléfono y estaba apagando la portátil mientras le decía…

-Un dólar por tus pensamientos.

-¿Perdón? –Dijo ella sin haber oído lo que le había dicho.

-Un dólar por sus pensamientos Srita. Abernathy Everdeen. –Dijo con un tono cansino pero juguetón.

-Estaba pensando en cuánto nos falta para llegar. –Mintió descaradamente.

-¿Ansiosa? –Dijo bajito mientras se acercaba lentamente.- Sabes que no tienes porque esperar… Solo dime lo que quieres Katniss.

Cada vez que pronunciaba su nombre así, se derretía como chocolate al sol. Es que lo hacía sonar tan sensual, tan prometedor, tan caliente. Se removió en su asiento y ahogó un jadeo. Justo cuando cerró los ojos pensando que Peeta la besaría, oyó la voz de Stephan.

-Sr. Mellark, disculpe la intromisión pero es que estamos prontos a aterrizar…

-Si Stephan –lo cortó Peeta inmediatamente incorporándose.- Toma, ya sabes que debes hacer con ellos. –Dijo entregándole la portátil y su celular.

-Si señor. –Asintió el comisario de abordo mientras tomaba los artefactos y los metía en un maletín de viaje de cuero negro con las iníciales del rubio grabadas.

Cuando Peeta se volteó, se encontró a Katniss viéndolo sorprendida. -¿Vas a desconectarte del mundo esta semana Mellark? –Dijo levantando las cejas.

-Otra novedad Srita. Abernathy Everdeen… Otra primera vez en su haber. –Terció abrochándose su cinturón de seguridad.

Apenas eran pasadas las 11 de la noche cuando su avión aterrizó en el "Aeroporto Internazionale Napoles-Capodichino". Allí estaba esperándolos el chofer para llevarlos a la casona de los Mellark. Los separaban de Amalfi 70 y pico de kilómetros, pero la carretera estatal 163 era peligrosa. Llena de curvas y contracurvas cerradas, y con poca iluminación, desalentaba a cualquiera a embarcarse en ella a esas horas. Acertadamente Peeta le había pedido a Portia que reservara dos habitaciones en un hotel en el centro de Nápoles. La reunión con Salvatore era el miércoles por la tarde y tenían tiempo de sobra como para no arriesgarse a viajar de noche.

-Llegamos señor Mellark. –Dijo el chofer con un español cargado de acento italiano mientras abría la puerta del auto.

-Gracias Enzo. –Esbozó con una media sonrisa cansina.

-¿Dónde estamos? ¡No me digas que eres dueño de un hotel! –Dijo exaltada mientras Peeta la ayudaba a bajarse del auto.- No, espera… Entiendo. No hace falta que me acompañes. La habitación está a mi nombre ¿Verdad? –Sus embarullados pensamientos hicieron reír al jefe de su jefe.- No hace falta que sea tan grosero conmigo señor Mellark… -Le decía mientras él la arrastraba hacia el hall del hotel.

Sin soltarla de la mano, se acercó a la recepción y en su básico italiano pidió la llave de los dos cuartos que había reservados a su nombre. Cuando se las hubieron entregado, llamó a Enzo y le entregó una deseándole las buenas noches. –Andando Doctora Abernathy Everdeen.

-Entrégueme la llave señor Mellark, créame cuando le digo que podré encontrar la habitación sin su ayuda. –Estaba molesta. Odiaba que Peeta la hubiese hecho ilusionar en que aprovecharía cualquier excusa para estar juntos. Odiaba haber creído que quizá podía pasar algo más entre ellos. Odiaba al Peeta frío y distante, pero amaba al que la hacía derretirse entre sus brazos.

El volvió a reír y la arrastró hacia el ascensor. Su actitud tranquila y relajada hacía enojar más a Katniss. Estaba cansado y solo quería tomar una ducha y meterse en la cama. Si esas dos cosas podía hacerlas en compañía de la castaña, todo sería perfecto; pero no se sentía con ganas de enfrascarse en una discusión frustrante por lo que no iba a presionarla. Salir de New York cambiaba su ánimo radicalmente; lo relajaba y lo posicionaba cercano a su eje. Se reencontraba con algo de su paz. Sin soltar su mano, la llevó hasta la habitación 315 y abrió la puerta.

-Ya puedes irte Peeta. –Lo increpó la castaña sosteniendo abierta la puerta de la habitación. Su voz era crispada y él no tenía ganas de explicarle que estaba equivocada, así que hizo lo que tenía ganas de hacer desde que partieron de New York. Con un solo movimiento cerró la puerta y la acorraló contra ella. La miró con sus ojos azules profundos y sin dudarlo un segundo la besó apasionadamente. Enseguida la castaña se había acoplado a su beso prometedor rindiéndose ante él. Era un beso necesitado y lleno de sentimiento. Peeta no sabía bien que quería trasmitirle, pero si notó que la necesitaba desesperadamente. En un instante la soltó dejándola abombada y sin aire. Quitándose el saco y empezando a desabotonarse la camisa mientras caminaba hacia el cuarto de baño, la provocó.

-Preciosa, si quieres estás invitada… Sinó… -Se dio vuelta para verla desde la puerta del baño.- Ponte cómoda cómo más te plazca. –Dijo mientras desaparecía tras la puerta.

Katniss quedó apoyada contra la puerta del cuarto un segundo más, intentando entender qué demonios había pasado. Los besos del rubio siempre la dejaban sin poder pensar, pero esta vez no solo sus labios la habían confundido. Cuando reaccionó, se dirigió al baño. –Peeta ¿Puedes explicarme de qué demonios se trata esto?- No pudo decir más porque lo vio sin camisa mientras se desabrochaba los ajustados pantalones del traje. Era tan condenadamente sexy que no pudo evitar mirarlo embobada mientras él se seguía desvistiendo.

-Katniss… –La llamó cuando solo se hubo quedado con la ropa interior puesta.

-Perdón… -Empezó a hablar mientras se daba la vuelta toda sonrojada.- Pero es que necesito que me expliques que es lo que está pasando aquí. Quisiera que me cuentes cuales son los planes.

-Por el momento planeo tomar un delicioso baño. Si quieres puedes acompañarme. –La tentó hablándole al oído.- ¿Sabes? La tina es lo suficientemente grande para los dos. –Terminó su frase mientras con sus hábiles manos le quitaba el saco y lo arrojaba al piso con sus propias ropas.- Si no quieres, podrías al menos enjabonarme la espalda. –Dijo casi pegando su boca contra el cuello de la castaña.

Katniss no podía hablar. Solo estaba concentrada en el jefe de su jefe… En sus manos y en su pecaminosa boca que siempre la hacía abandonar sus convicciones. –Mejor te espero afuera…- Terció cerrando fuertemente los ojos para no ceder ante sus encantos mientras salía del cuarto de baño.

Peeta se tomó su tiempo en la tina. Casi 40 minutos después salió con una toalla enroscada en su cintura. Mechones rubios mojados enmarcaban sus bellos ojos azules. Antes que Katniss pudiese abordarlo, le ordenó que se diese un baño relajante prometiéndole explicaciones después de la cena. Se puso el pijama de seda negro. Nunca usaba pijama para dormir. A lo sumo se ponía el pantalón para deambular por la casa, por lo que solo se lo había puesto para no alborotar más a su jefa de legales durante la comida y menos mientras le explicaba el itinerario de la semana. Katniss salió del baño renovada. Envuelta en una mullida bata blanca se sentó en uno de los sillones que había cercanos a la entrada de la habitación. Sobre la mesa baja estaba la cena. Peeta se había encargado de pedir unos panini de jamón crudo y queso con un costoso vino tinto, por la hora que era no había podido conseguir nada más. Mientras ella se deleitaba con el sabor del jamón crudo y el vino le exacerbaba los sentidos, oyó como el rubio le explicaba porque habían de pasar la noche allí y le contaba que no había apuro porque la reunión con Salvatore era recién el miércoles por la tarde.

-¿No había más cuartos disponibles? –Lo interrumpió.

-No lo sé. –Dijo Peeta tratando de sonar despreocupado.

-¿Tu los reservaste? –Le contestó dirigiendo su mirada hacia las luces que se veían por la ventana.

-No. Fue Portia. –Su voz y su respuesta eran cautelosas.

-Entonces sabe que soy tu querida…-Dijo seria mirándolo de repente.- O al menos lo piensa, porque entre tú y yo…

-Otra vez te equivocas. –La cortó en seco.- Sendos cuartos estaban reservados a mi nombre. Portia no contaba con que Enzo pasaría a recogernos y nos traería aquí, por lo que supone que ese otro cuarto es para ti.

-¿Tenías todo planeado? Gracias por cuidar mi reputación al menos.

-Katniss…

-Katniss nada señor Mellark. Estoy muy cansada y quisiera dormir. ¿Podrá comportarse o deberé dormir en el sillón? –Dijo mientras se incorporaba.

-Ve a dormir y no te preocupes por mí. Se comportarme como un caballero, nunca lo olvides.

-Buenas noches entonces.

-Buenas noches preciosa.

Nada había sucedido como ella pensaba. Mientras él le contaba sus planes para la semana, si a una sola reunión de trabajo en 10 días podía llamársele planes, se dio cuenta que nunca podría manejar la situación. Que por más que él la hiciese creer que ella llevaba las riendas, nunca lo haría. Él solo la quería como su querida del momento y nada más. Si bien sabía que esa era la propuesta desde que la dejo dos veces sola en la habitación de aquél hotel de New York, no creyó que iba a dolerle tanto. De pronto volvió a recordar la advertencia de Johanna. Le había dicho que no debía enamorarse, pero ella no había podido seguir su recomendación porque no podía controlar lo que Peeta Mellark le hacía sentir. Solo él podía sacar a la luz a la mujer apasionada y arrebatadora que se hallaba dentro de suyo. Viéndolo allí sentado frente a ella con ese fino pijama de seda negro, se dio cuenta que si ella lo dejaba, Peeta le daría la mejor semana de su vida para luego desterrarla de su universo para siempre. Angustiada ante esa revelación, se durmió abrazándose a sí misma y esperando no lamentarse por su decisión.

Peeta había esperado un intercambio de palabras estimulantes con su jefa de legales, pero había sucedido todo lo contrario. Una analítica y desesperanzada Katniss lo había dejado pensando otra vez. La realidad lo golpeó en la cara con rudeza. Él había visto el brillo melancólico de sus ojos antes, lo había visto en sus propios ojos cuando tomó la decisión de huir a Oia. Si, huir, porque eso era lo que había hecho. Había huido del desamor y el desengaño; y Katniss debía de hacer lo mismo. Sabía que la castaña no era inmune a sus encantos, pero él había cometido un gran error… la había dejado ver al Peeta que nunca volvería a ser… le había mandado señales confusas volviéndola loca. Había complicado las cosas hasta un punto de no retorno. Su regla de no poner sentimientos en juego, se había ido al demonio, en el momento en que la había hecha suya por segunda vez… cuando la había perseguido hasta hacerla ceder a sus propios deseos, hasta hacerla desearlo a cualquier precio; incluso si ese precio fuere tan alto como para vivir con el corazón roto anhelando lo que no podía ser. Katniss Abernathy Everdeeen era una creatura preciosa y él estaba a punto de romperla en mil pedazos sin poder evitarlo porque su pasión era más fuerte que su razón. Con esa culpa se acostó en el sillón sin poder verla siquiera un minuto como para recoger una manta para cubrirse.

¡Hola a todos mis queridos lectores!

¡Estoy de vuelta!

Espero no me maten por lo áspero del capítulo, es que debo volver a ponerme a tiro con la redacción.

Disfrútenlo. Si lo hacen nos leemos la próxima.

Los quiero,

Cariños.