No podía dormir más. Desde que había finalizado la universidad, que no dormía toda una noche en un sillón. Bah, lo que se dice dormir, no había podido; solo había descansado un par de horas. Quiso mantener la mente en blanco por lo que decidió salir a correr. El "Grand Hotel Vesuvio" se encontraba en el Golfo de Nápoles, ubicación que le ofreció a Peeta unas vistas maravillosas que engañaron su mente por más de una hora, tiempo que duró su recorrida por la costa. Cerca de las 8.30 de la mañana volvió a la habitación. Estaba con la energía renovada y de muy buen humor. No había pensado en nada y tampoco quería. Su mente se hallaba despejada por primera vez en mucho tiempo. Comenzó a desvestirse camino al baño, pero recordó que cierta castaña que lo traía loco se hallaba allí con él y decidió terminar de quitarse la ropa lejos de su vista. Ella estaba durmiendo, por lo que trató de hacer poco ruido para tener unos minutos más de calma en su agitado corazón. Antes de bajar a desayunar le escribió una nota pidiéndole que lo alcance en la terraza.

…****…

Oyó el ruido de la puerta al cerrar y antes que pudiese abrir los ojos, lo oyó acercarse a la cama. Sin que la viese, lo pispió mientras se desvestía. Lo hacía en el baño, pero pensando que ella estaba dormida había dejado la puerta abierta por lo que su imagen se reflejaba en el espejo que Katniss tenía en el lateral de la cama. Lo vio y lo disfrutó a sus anchas. Su cuerpo empapado de sudor brillaba y su pelo despeinado caía en ondas sobre su cara. La castaña maldijo lo hermoso que era hasta haciendo las acciones más mundanas que podían existir. Peeta Mellark captaba la atención aún sin quererlo y cuando no quería era aún más atractivo. Mientras el tomaba su ducha, ella se debatió en levantarse o no. Decidió mejor dejarlo irse porque todavía no sabía cómo reaccionar ante él después de lo ocurrido anoche. El rubio salió del baño con un pantalón de franela gris y una simple camisa blanca. Se puso el cinturón mirándose al espejo por el que la propia Katniss lo había estado espiando y se sentó en la cama a su lado para ponerse los zapatos negros. Tomó una americana gris y parecía irse, cuando de repente volvió para escribirle una nota y dejársela en la mesa de noche, haciendo que a ella en una fracción de segundo la mente se le llenara de ideas terribles. Le pareció que transcurría una eternidad hasta que oyó el sonido sordo de la puerta al cerrarse. Se incorporó de golpe tomando la nota velozmente en sus manos.

"Querida Katniss,

He bajado a desayunar a la terraza del hotel, espero que quieras acompañarme. Si no es por mi compañía, al menos baja para disfrutar de las maravillosas vistas que hay desde allí. No importa la hora que sea. Te estaré esperando.

Peeta Mellark."

Una nota corta, simple y sencilla; pero que ratificaba la decisión que hubiese tomado antes de dormirse. Mientras se vestía, agradeció a su madre por armar sus maletas. Ella había insistido en poner sus usuales atuendos informales y su madre había armado la maleta con hermosos conjuntos casuales pero delicados ¡Todo bien europeo! Pensó para sus adentros. Poco más de media hora después estaba parada en la puerta de la terraza, buscándolo con la mirada. Vio unos cabellos rubios ser sacudidos por la calurosa brisa de primavera y dando un suspiro, hacia allí se dirigió resonando con sus bailarinas la piedra del piso, no sin antes acomodarse su vestido para estar perfecta ante el dueño de los ojos azules que tanto le gustaban.

…****…

Todavía no había pedido el desayuno. Había optado por un jugo de naranja exprimido mientras leía el New York Times que le habían traído. Con las gafas de sol puestas, disfrutaba de su lectura bajo el cálido sol de primavera hasta que sintió su presencia aún sin verla, tal cual siempre le ocurría.

-¿Llego tarde? –Le dijo la voz que sonaba dubitativa a sus espaldas.

-Para mí siempre llegas tarde porque siempre quiero que llegues antes. –No era el comienzo que hubiese querido, tampoco la respuesta que hubiese querido darle. No reconocía su propia voz, que llena de añoranzas le daba más alas a las esperanzas de Katniss.

Mientras lo rodeaba y se situaba frente a él lo saludó. –Buenos días Peeta.- Dijo casi conteniendo el aliento. Se había vestido "casual" para lo que era habitual en él. La camisa blanca a la que le faltaban abrochar los últimos botones y sus rubios cabellos peinados con el viento, lo hacían más hermoso aún si se podía.

-Buenos días Katniss. –Le respondió mientras se levantaba de su silla para invitarla a sentarse en la que quedaba justo frente suyo.

Pidieron el desayuno y se quedaron en silencio. Peeta retomó su lectura, o al menos lo intentó porque solo pudo leer dos palabras de corrido. Su mirada se despegaba del papel para posarse en su compañera. En cambio Katniss estaba absorta en la magnífica vista del Golfo de Nápoles que tenían desde la terraza. Cada vez se le hacía más difícil mantener el personaje que había creado años atrás. La castaña sacaba a la luz toda su pasión, su intensidad y rompiendo su cascarón protector, lo transformaba en aquel joven al que le habían roto el corazón. Por una vez decidió no darle pelea a su destino y aún sin estar convencido se entregó a lo que parecía inevitable… A lo que le pedía su corazón a gritos.

-¿Es precioso verdad? –Le preguntó para romper el silencio.

-Si, mucho. Muchas veces me imaginé aquí pero esto supera a mi imaginación. –Le respondió sin mirarlo siquiera. Miraba serenamente el paisaje como si quisiera grabarlo en su mente.

-Prima vedere Nápoles e dopo morire. –Terció el rubio con un perfecto acento italiano.- O al menos eso dicen.

Se dio vuelta para verlo con el seño fruncido y él enseguida entendió su extrañeza. –Si Katniss… Posso parlare l`italiano, no come te però lo posso fare perfettamente.- Le dijo con una sonrisa.

-Lo vedo Signore Mellark, lo vedo. –Respondió apurando su jugo de naranja.

Estaba hermosa. El sol de la costa amalfitana, definitivamente le sentaba de maravilla. Mirándola es que decidió ser su guía por Nápoles. No había de que preocuparse, la reunión con Salvatore era mañana por la tarde y ellos podían pasar tranquilamente una noche más en el hotel. Se incorporó de golpe y tomándola de la mano la incitó a andar. –Andando Señorita Abernathy Everdeen hay mucho para ver y descubrir.

…****…

Despidió a Enzo en el hotel, no sin antes llamar a Francesco para pedirle que le trajese la pequeña Ferrari gris de los años cincuenta que era de su padre. Se quedaría con el auto y mañana manejaría hasta Amalfi. Una linda recorrida por la costa no le vendría nada mal. Necesitaba despejarse y conducir por aquellos parajes de ensueño era el remedio perfecto. Sin contar que la castaña que lo acompañaba, lo relajaba tanto como lo atormentaba. Ahí estaba ella. Parada en el balcón de su habitación admirando el paisaje. Llevaba puesto un vestido rojo a lunares negros que se ceñía a su cintura con un cinturón negro. Era ceñido a su figura pero no era ajustado. Unas bailarinas negras, las grandes gafas de sol, un pequeño bolso negro y un enorme sombrero del mismo color coronaba el look en el que había pensado su madre al armar la maleta. Nadie podría darse cuenta que Katniss Abernathy Everdeen era americana. Con su perfecto italiano y conociendo las costumbres de sus antepasados, se camuflaba entre ellos sin llamar la atención más que por su deliciosa belleza.

-Presta, signorina Katniss? –Le dijo mientras la miraba fijamente apoyado en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos.

Ella se volteó y agradeció tener puestas las grandes gafas de sol estilo Audrey Hepburn. Esa camisa blanca desabrochada le quedaba pintada. Antes de contestarle se preguntó si le cosían toda la ropa a medida porque todo le quedaba perfecto. –Si signore Mellark, andiamo.- Amaba el italiano y en la boca de Peeta sonaba aún mejor.

Cuando llegaron a la puerta y le entregaron al jefe de su jefe las llaves de una hermosa Ferrari, quedó anonadada. -¡Este no es el auto dónde viajamos ayer! ¿Y Enzo? ¿Las maletas?

Con una sonrisa en los labios, Peeta se acercó para abrirle la puerta. Mientras se acomodaba en el asiento del conductor le dijo –No, Katniss. No es el mismo auto con el que Enzo nos trajo ayer. El se fue a Amalfi con Francesco, quien trajo este hermoso auto descapotable para que recorramos un poco la ciudad antes de dejarla. Si te apetece, pasearemos por la ciudad y pasaremos la noche aquí. Recién mañana partiremos a Amalfi después de desayunar.

-¿Y Salvatore? –Preguntó mientras el auto comenzaba a andar.

-Lo veremos recién mañana por la tarde. Si nos levantamos temprano, estaremos más que a tiempo. En poco más de una hora estaremos allí si es que no paramos para sacar fotos en cada curva del camino. –Terminó riendo.

-¿Peeta Mellark tomando fotografías? ¿Disfrutando del camino? Eso quiero verlo.

-Mañana preciosa… Mañana lo verás. Aunque quizá lo de las fotos lo veas ahora, por ejemplo. –Le dijo mientras frenaba en un semáforo y le arrebataba su smartphone para hacerle una foto.- ¡Pero qué cara de susto Dottoressa Abernathy Everdeen! Igual Ud. siempre está bella, ponga la cara que ponga.

-¿Quién es usted y que ha hecho con el jefe de mi jefe, Dios? –Se colaba una nota risueña en su voz.

-No lo sé Katniss, ni yo sé quién soy. –La pequeña castaña que tenía sentada a su lado estaba poniendo patas arriba su mundo y aunque lo quisiese, no podía hacer nada para evitarlo.

…****…

Sonó su celular y se extrañó al ver quien lo llamaba, pero enseguida se imaginó el porqué de aquella comunicación.

-¡Buenos días enana! –Saludó el cobrizo.

-¡Ya Finnick! ¡Deja de llamarme asi por dios! Ya paso los 20 y en este tiempo he crecido unos centímetros también. –Su voz chillona y feliz enseguida inundaron la oficina.

-Está bien. Prometo tratar de no llamarte así nunca más. –Ni él creía la promesa que acababa de hacer.

-No te creo nada, pero buen intento Odair.

-Me encanta hablar con la más simpática de los Mellark… Pero debo preguntarte a que se debe tu llamada. No creo que solo quieras saber como estoy y mucho menos como van los negocios.

-Tú sabes bien el motivo de mi llamado… Peeta. Antes que me cuelgues diciéndome que tienes prohibido decirme nada, quiero preguntarte si sabes algo de él, si llegó bien a Amalfi.

-Tranquila, me mandó un mail cuando aterrizó en Nápoles. Pero no sé nada más porque le entregó su laptop y su Smartphone a Stephan. Está desconectado del mundo.

-Llamaré a María para ver si llegó y te aviso… Pero ¿Que o quien obró el milagro de desconectar del trabajo a mi querido hermano? –Ahí estaba la pregunta que ella había querido hacerle desde que la atendió.- ¡Hay que hacerle un monumento!

-El peor error de su vida Prim. Una castaña preciosa que lo volvió loco y que da la casualidad que es la jefa de legales de Mellark Industries. –Dijo preocupado tomándose el puente de la nariz con la mano que tenía libre.

-¡Mierda! Debe ser algo fuerte para que Peeta se salte todas sus absurdas reglas auto impuestas. ¿Por qué dices que es el peor error de su vida? Quizá sea la chica que lo vuelva a traer a la vida Finn… Seamos positivos.

-De eso estoy seguro enana. Ella es la indicada y él lo sabe aunque lo niegue… Pero… -Dudó en seguir pero necesitaba un aliado y solo Prim podía hacer pensar a su terco amigo.- Va a arruinarlo todo. Verás…

Finnick le contó a la pequeña Mellark la estúpida idea de Peeta y decidieron boicotearla a como diera lugar. Si Peeta Mellark no sabía cómo reencauzar su vida ellos lo ayudarían dándole un pequeño empujón. Para eso estaba la familia.

…****…

El día se había pasado volando. Peeta había sido un guía maravilloso que le había dado un largo recorrido por el centro de Nápoles, por Pompeya y hasta la había llevado a ver el Vesubio. Se había hecho tarde y estaba esperando al rubio para bajar a cenar. Mientras esperaba que se terminara de bañar, tomó su celular para ver las fotos que habían sacado. Peeta le había robado su smartphone y la había fotografiado muchas veces. En todas las fotos se veía bella y feliz. No entendía como había logrado capturarla así, pero se lo agradecía. Se volvería con el corazón roto pero con hermosas fotos del viaje en que le habían roto el corazón. También había unas cuantas de él. Ella se las había robado mientras él no lo notaba. Es que era tan bello que lo fotografiaba para no olvidarlo nunca, aunque sabía que no lo haría. Entre todas las fotos se encontró con un par de ellos dos juntos. En todas posaban o reían, pero había una que la había dejado impactada. Estaba sacada muy de cerca mientras ella miraba Pompeya a lo lejos y mientras un risueño Peeta la miraba a ella con… ¿Felicidad? ¿Satisfacción? ¿Amor? Por más que miraba fijamente la fotografía no podía descifrar que era lo que decían sus ojos. Mellark no había sido el hombre que ella conocía. Hoy solo había aparecido su gemelo bueno y la había hecho pasar un día para recordar. Pero no quería ilusionarse porque sabía que podía ser muy corto el amor y eternamente largo el olvido…

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¡Buenas noches queridos lectores!

Si es que queda alguno por allí.

¿Que me dicen de Peeta? Ya va descongelando su corazón. Tendremos que ver hasta que punto decide arriesgarse.

¿Que piensan del rumbo de la historia? ¡Espero les guste! Aunque me gustaría leerlos.

Cariños a todos.

Hasta la semana que viene.

Igora.