Capítulo 2: Ronald Weasley

"Hay dos formas de ver: con el cuerpo y con el alma. La vista del cuerpo a veces olvida, pero la del alma recuerda por siempre."

—Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo

Febrero

—Tal vez si usamos un pensadero… —comenzó Hermione, empezando el tema por tercera vez esa semana en el desayuno.

La vida con Malfoy se había establecido en una extraña distensión donde Hermione reconoció que él ya no era el matón de la escuela y subsecuente mortífago que ella recordaba y que él continuaba moviéndose alrededor de ella como si esperara que saliera corriendo en cualquier momento. Draco iba a trabajar, ella se quedaba en el departamento y buscaba información. A veces veía a Harry y a Ginny para comer con ellos, pero casi siempre se quedaba a leer. Leyó cientos de copias de El Profeta. Leyó cada libro mágico y muggle que pudo encontrar relacionado a la pérdida de memoria. Y leyó, de mala gana, un dolorosamente embarazoso historial de mensajes de texto donde ella había enviado toda clase de confesiones de amor y adoración a un mago que claramente no tenía idea de cómo responder los mensajes. Eran lindos en un extraño sentido y sin embargo, leerlos hacía que su piel se erizara en mortificación.

—Absolutamente no. —dijo Malfoy con mucha menos hostilidad que la última vez que ella había tocado el tema de los pensaderos.

Intentó de nuevo, optando por un tono tranquilo y razonable.

—Los sanadores admitieron que mi caso no tiene precedentes…

—Y sin embargo ellos fueron firmes al decir que ver recuerdos de ti misma desde la perspectiva de otra persona podría fomentar que no regresaran a ti…

—Pero si no los voy a recuperar…

Su puño golpeó la mesa. El impulso de su frustrado golpe se convirtió en algo cuidadoso y controlado, aterrizando en la mesa ligeramente. Hermione observó sus ojos mientras se enfriaban, invocando su Oclumancia.

—No digas eso. —gruñó.

—¿Decir qué? ¿Qué tal vez no recupere mi memoria? En este punto, tal vez no lo haga, Malfoy.

Una mueca de dolor apareció en su rostro antes de que sus rasgos se volvieran neutrales de nuevo.

—Sólo ha pasado un mes. —dijo, tranquilo.

Hermione bufó, haciendo volar los rizos que habían caído en su frente.

—Un mes es un largo tiempo.

—Nada cercano a seis años.

Hermione frunció el ceño.

—Usualmente eres más terca que esto. —dijo Malfoy cuando ella no respondió.

—¿Perdón?

Él se recargó en la silla, con los brazos cruzados. Inclinó la cabeza y arqueó una ceja: una postura claramente Malfoy. Para la sorpresa de Hermione, algunas de sus defensas parecían haberse caído.

—Eres demasiado obstinada, y lo digo en el mejor sentido de la palabra, como para resignarte al fracaso después de solo un mes.

Hermione abrió la boca para responder pero la cerró de nuevo antes de que las palabras salieran. Indignación y frustración peleaban en la punta de su lengua. Pero estaba demasiado distraída por las arrugas en las esquinas de los ojos de Malfoy: la sonrisa lejos de sus labios. Eso le detuvo el cerebro y la boca.

—Mira. —comenzó Malfoy de nuevo, tomando su silencio como permiso para continuar. —Apenas comenzaste a trabajar de nuevo…

—Difícilmente le puedo llamar trabajo, solo me tienen revisando reportes.

—No importa, es trabajo. —Malfoy la interrumpió. —Hemos sido muy conservadores con la información que te damos, lo estamos tomando lento. Empezaremos a darte más.

—No soy buena con la paciencia, Malfoy.

—Insaciable por el conocimiento, lo sé.

Una llamarada verde detuvo el impulso de Hermione de golpear la mirada arrogante de Malfoy. La voz de Harry se escuchó desde la sala hasta la cocina.

—¿Malfoys? ¿Puedo pasar? Solo me tardaré un minuto.

Hermione se puso de pie, optando por ignorar que se refiriera a ella como Malfoy.

—Pasa. —dijo, caminando a la sala de estar. Al siguiente momento, Harry Potter estaba frente a ella. El alivio que sentía cada que veía sus ojos verdes desde el accidente la recorrió de nuevo. Se aferró a esa familiaridad mientras lo abrazaba.

Malfoy no se había molestado en moverse desde su asiento en la mesa, simplemente se giró para ver a su invitado.

—Tengo noticias. —se apresuró Harry a decir.

—¿Oh?

—Ascenso. Me ascendieron. Me dieron el departamento.

Hermione se lanzó a sus brazos de nuevo, murmurando efusivas felicitaciones contra su hombro.

Malfoy apareció detrás de ella y le ofreció una mano a Harry.

—Nada mal, Potter. ¿Entonces tú pagas los tragos?

Cada vez que Malfoy le decía algo a Harry que era remotamente amable, Hermione sentía como si estuviera en una realidad diferente. En esta ocasión no fue diferente. Sus palabras no tenían odio, ninguna implicación de nepotismo, nada que no fueran genuinas aunque algo cautelosas, felicitaciones.

—Claro que sí. —dijo Harry, con una sonrisa que le iluminaba el rostro completo. —Sé que es miércoles pero vamos a salir. ¿Vendrán, cierto?

Malfoy miró a Hermione por un momento, su conversación sobre permitirle más información invadiendo la cabeza de Hermione. No podía ser una persona tímida y obsesionada con la investigación para siempre, que solo se aventuraba a salir del departamento para ir al trabajo, visitar a sus padres o almorzar ocasionalmente con Harry y Ginny.

—Sí. —insistió Hermione, sintiendo como le faltaba la respiración ante la idea de hacer algo diferente, algo con sus amigos que necesitaba ver más, dado que aparentemente tener hijos consumía mucho tiempo.

—Iremos a ir a cenar a un buen lugar. —dijo Harry. —Aparezcan por la red Floo a las siete.

Y con algunas palabras más de felicitación y abrazos, inclinaciones de cabeza de Malfoy, y abrazos de Hermione, Harry desapareció en la chimenea.

Usar algo formal se sentía bien.

Hermione había pasado las últimas semanas desde su accidente rotando entre tres pares de jeans y unos cuantos suéteres que encontró en un rincón del clóset, detrás de la obscena colección de corbatas de Malfoy. Era casi empoderado ponerse un vestido y peinar su cabello como si su vida requiriera más que jeans y suéteres o la falda y blusa que usaba para ir a trabajar al Ministerio.

Se miró en el espejo del baño. Logró capturar toda su maraña de cabello en un moño abajo en la nunca, con algunos rizos sueltos que enmarcaban su rostro. Su vestido, azul marino y simple, se pegaba a las suaves curvas que aún no se acostumbraba a tener. En sus seis años perdidos, su delgada y postadolescente figura se había transformado en un cuerpo que parecía pertenecerle a la mujer que le regresaba mirada en el reflejo del espejo. Honestamente le gustaba como se veía en el vestido, lo que era algo difícil de reconciliar considerando que no se podía reconocer en el reflejo.

Un golpe sonó en la puerta del baño.

El baile que ella y Malfoy habían estado haciendo para poder darse el espacio personal adecuado para alistarse todos los días, pero especialmente en esta tarde, requería muchos golpes en las puertas y esperar a recibir permiso para entrar a las habitaciones.

—Sólo me estaba preguntando que color de vestido estás usando. —la voz de Malfoy sonó del otro lado de la puerta. Hermione miró su reflejo por última vez, con una sonrisa confiada, abrió la puerta y lo miró.

Malfoy estaba parado justo afuera de la puerta del baño, así que cuando abrió la puerta, se encontró cara a cara con él, a menos de 30 centímetros de distancia. Pero la distancia se sentía más cerca que eso. Porque, aunque completamente vestido, la camisa de Malfoy estaba abrochada a medias, como si la pregunta sobre el color de su vestido hubiera prevalecido sobre antes de continuar vistiéndose. Requirió más fuerza de voluntad de la que le gustaría admitir, mirar su rostro y no su pecho.

Que no es como si él hubiera notado si lo hiciera. Su mirada ciertamente no estaba en el rostro de Hermione. Casi podía sentir como sus ojos recorrían el vestido, su cuerpo dentro del vestido, hasta que su mirada se topó con la de ella. Se aclaró la garganta mientras Hermione intentó no encogerse ante la examinación de Draco Malfoy.

—Escogiste el azul marino… está bien. Me cambiaré. —se giró para regresar al dormitorio.

Hermione se sonrojó ante la extraña sensación de inseguridad. Justo hace unos momentos, se había sentido bien con su elección, por cómo se veía, pero una examinación y comentario críptico de Malfoy después y su confianza se derrumbó. Era como tener trece años otra vez, con el cabello como arbusto y dientes enormes.

—¿Debí usar otra cosa? —preguntó, llamándole y odiando la pequeña parte de ella que buscaba su aprobación.

—¿Perdón? —preguntó.

—¿No debí usar el azul marino? ¿Debí buscar otra cosa? —preguntó. Salió al pasillo y apuntó hacia el vestidor. —Pensé que se veía lindo…

Se detuvo cuando Malfoy caminó hacia ella. Él se detuvo, como si apenas se hubiera dado cuenta de que se había movido y se quedó dolorosamente quieto. Hermione esperaba ver que la frialdad invadiera sus facciones, apagando la incertidumbre y la inquietud pintadas en su rostro mientras la miraba. La frialdad no vino. En cambio, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Te ves… preciosa. El vestido… Es mi vestido favorito en ti. —las palabras salieron cortadas, como si fueran difíciles para él. Hermione no podía acostumbrarse a esta versión de Draco Malfoy que cuidaba sus palabras, que las consideraba antes de hablar. —Pero estoy usando negro. —continuó, las palabras mucho más suaves ahora que hablaba de sí mismo. —Me cambiaré a algo gris y luego ya nos podemos ir.

Y con una retirada algo apresurada al dormitorio, cerrando la puerta detrás de él, Hermione se quedó en el pasillo preguntándose sobre la historia de la prenda que estaba usando actualmente. Como casi todo en el departamento, tuviera una clase de significado, una historia para Malfoy que ella no sabía. Era como caminar por un campo minado en su propia casa, siempre esperando que cualquier cosa que tocara explotara, sin saber nunca más de lo que veía a simple vista.

—Ron va a venir. —dijo Ginny en forma de saludo mientras Hermione salía de la chimenea de Grimmauld Place. —Sólo quería que lo supieras porque estoy casi segura de que Harry olvidó… sí, por la mirada en tu rostro definitivamente no lo mencionó.

Malfoy apareció detrás de Hermione, mientras aparecía en la chimenea después de ella. Hermione no se había movido del lugar donde aterrizó desde que Ginny dijo "Ron". Hermione había logrado hacer un buen trabajo en alejar sus pensamientos de Ronald Weasley en el último mes. Especialmente después de que Ginny le había informado gentilmente de que él ahora estaba casado y esperaba un bebé con su esposa.

¿Pero el aviso tan repentino de verlo de nuevo? ¿Después de seis años en el mundo real pero prácticamente nada para su mente? Su pecho se contrajo.

Malfoy hizo un sonido confundido detrás de ella, saliendo y disculpándose por empujarla cuando apareció. Se enderezó, a su lado, mirando a Ginny.

—Comadreja. —dijo— ¿Y todas esas arrugas que veo en tu rostro?

Ginny bufó. Hermione estaba horrorizada.

—Hurón. —le respondió. —¿Se te está cayendo el cabello?

—No lo creo, la última vez que vi a mi padre aún tenía toda su cabellera.

—Lástima. —dijo Ginny. —Aún queda tiempo, no pierdo la esperanza.

Hermione miraba entre Ginny y Malfoy, intentando descifrar si alguno de los dos estaba ofendido. O molesto. O si es que fuera posible, que ambos estuvieran bromeando.

Pero antes de que Hermione pudiera abrir la boca y demandar una explicación para lo que fuera que había atestiguado, Harry entró, enderezando una corbata y viéndose menos como un hombre a cargo de todo un departamento en el Ministerio y más como un niño jugando a vestirse como adulto. Y Hermione lo amaba por eso.

—¿Ves, Ginny? Me tomó veintiséis años, pero ya pude ponerme la corbata yo solo.

Ginny rodó los ojos y besó a su esposo en la mejilla. Hermione sintió repentinamente como el espacio entre ella y Malfoy crecía al tamaño de un cañón, un contraste doloroso de la intimidad que pasaba frente a ellos.

Harry simplemente le sonrió a su esposa y pasó un brazo por su cintura.

—Vámonos entonces. —dijo. —Usaremos la red Floo para aparecer en el Callejón Diagon, Ron y Lavender nos verán ahí.

Y sin consideración por la bomba que le acababa de soltar a Hermione, Harry se metió a la chimenea con Ginny de su brazo. Ginny miró a Hermione antes de desaparecer en las llamas verdes, con la preocupación invadiendo su rostro.

Lavender. Lavender Brown. Hermione sabía una cosa o dos sobre razonamiento deductivo. Si Ron estaba casado y con una esposa embarazada y si Ron los vería en la cena con dicha esposa y si la persona con la que Ron iría a la cena era Lavender Brown, entonces lógicamente, Ron estaba casado con Lavender Brown. ¿Estaba debajo del agua? ¿A dónde se había ido todo el aire?

Hermione sintió como giraba la habitación, intentando darle sentido a la realidad en la que estaba atrapada. Malfoy no había movido ni un músculo desde donde estaba parado. Ella dio un paso atrás, encontrando una silla y sentándose, sumergida en un océano de esfuerzos para intentar encajar esta nueva pieza de información en el catálogo de su nueva vida.

Una apretada y tranquila voz la trajo de vuelta a la superficie.

—¿Estás bien?

La atención de Hermione se enfocó en el hombre frente a ella. Tenía las manos en los bolsillos, con una mirada de concentración entre sus cejas y un tenso músculo sobresaltado en un lado de su cuello, hasta la mandíbula. Pero sus ojos estaban tranquilos, como si cada gota de concentración estuviera enfocada en eso.

—Sí. —dijo Hermione. —Estoy bien… solo vamos.

—¿Segura qué quieres ir? —preguntó. —Podríamos cancelar, ellos entenderán.

—¿Preferirías cancelar? —respondió, intentando comprar más tiempo.

—Sí.

Hermione parpadeó.

—Eso fue… honesto.

— No puedo imaginar que vaya a disfrutar el ver a mi esposa analizar sus sentimientos no resueltos por su exnovio. —Malfoy se frotó la nuca, una rara indicación de incomodidad. —Pero si quieres ir… te pusiste ese vestido hermoso. Y son tus amigos, no se trata sobre mí.

Hermione se molestó. No apreciaba la implicación de que estaría mirando como una enamorada a Ron en una cena con sus amigos, en una cena donde estaría la esposa de Ron.

Hermione se detuvo en seco, persiguiendo la errante idea que apareció en su cerebro. ¿Eso quería decir que lo miraría de otra forma si Lavender no estuviera presente? Podía sentir como su rostro se enrojecía de vergüenza. No, fue una mala elección de palabras. Pero aún le dejaba un sabor a vergüenza.

Era perfectamente capaz de tener una cena con Ronald Weasley y su esposa sin parecer una idiota.

—Aun así me gustaría ir. —decidió, esperando que Malfoy no pudiera ver el sonrojo en sus mejillas.

El asintió brevemente y le pasó los polvos Floo, intentando no viajar juntos, contrario a cómo lo habían hecho Harry y Ginny.

—Solo considera algo. —le dijo mientras ella entraba a la chimenea. —Tú fuiste quien lo dejó.

Hermione aventó el polvo y desapareció, una llamarada de rubio y gris quemando detrás de sus ojos.

—Lo siento, Hermione. —dijo Harry en el momento en que apareció en el Callejón Diagon. —Ginny ya me dijo lo que olvidé. No era mi intención traer a Ron y a Lavender de esta forma para ti.

Esta vez, Hermione recordó moverse para que Malfoy tuviera espacio de salir.

—Ginny se adelantó y está con ellos en el restaurante. —continuó Harry. Una luz verde indicó la llegada de Malfoy. —¿Estás lista? —preguntó Harry.

Hermione solo asintió, rogando por que su valentía Gryffindor la ayudara.

—Por aquí, entonces. —dijo Harry, guiándolos.

Malfoy dejó salir un suspiro.

—¿Te puedo ofrecer mi brazo? —preguntó justo cuando ella había tomado el primer paso para seguir a Harry.

Hermione se giró para encontrar a Draco Malfoy aun parado cerca de la chimenea, con un brazo extendido hacia ella. Fuera de contexto, se veía ridículo: vestido en pantalones formales, camisa y abrigo a la medida, con un brazo levantado y doblado por el codo, con una mirada cautelosa en su rostro. Él vio su respuesta antes de que ella lo supiera.

La respiración de Hermione se atoró en su garganta. Un desagradable calor se esparció por su pecho. Entendió, por fin, el sentimiento de Harry sobre no saber si reír o llorar cuando la llevó a casa de San Mungo.

Malfoy bajó su brazo.

—Perdón. —dijo en un tono seco. —No debí…

—No, yo lo siento. Es solo que… yo no… aún no. —terminó, con un elegante ejemplo de vocabulario.

En el transcurso de esos segundos mortificantes, Harry los había dejado atrás. Desde donde estaba, varias tiendas más adelante, se giró para verlos.

—¿Vienen? —medio gritó a lo lejos.

—Sí, Potter, ya vamos. —Malfoy respondió.

Ginny, Ron y Lavender estaban sentados en la mesa para cuando Hermione llegó con Harry y Malfoy. Ron se puso de pie cuando la vio, con un tipo de caballerosidad incómoda. Dio un paso hacia adelante, la miró y le ofreció un corto pero firme abrazo con un simple "Hey" de saludo.

Y todo era como Hermione lo recordaba. Y al mismo tiempo no lo era. Además, fue demasiado breve como para poder recopilar información y hacer una comparación completa. Se sintió un poco mareada, casi deseando haber aceptado la oferta de Malfoy de regresar al departamento. Porque al mirar el rostro de Ronald Weasley, con sus ojos azules y sus pecas, como si él no hubiera envejecido ni un día, casi se sentía en casa. Y al mismo tiempo no.

Lavender se puso de pie después, su vientre presionando contra las costillas de Hermione mientras se abrazaban en lo que se sentía más como una obligación que un saludo de verdad.

—Hermione, hola, soy Lavender. Fuimos a la escuela juntas. —dijo Lavender, su mirada taladrando el cráneo de Hermione como si intentara comunicarle algo con pura fuerza de voluntad.

—Sí, Lavender, sé quién eres…

—¿Hay vino? —intervino Malfoy, buscando en la mesa. Ginny ya tenía una copa servida para él, pasándosela desde su asiento.

—Bendita comadreja. —dijo. —Tal vez considere rescindir de mis despectivos comentarios que tengo preparados para ti hoy, dependiendo de la cosecha que hayas escogido.

Hermione se alejó de Lavender, incómoda bajo la brillante mirada de la bruja. Mientras sacaba una silla, Malfoy la corrigió, sacando una frente a él, indicándole que se sentara.

—¿No puedo escoger mi propio asiento? —preguntó Hermione, sintiendo la molestia en su tono.

Aunque no rodó los ojos, Hermione podía sentir su intensión de hacerlo en su tono de voz.

—Soy zurdo. —dijo Malfoy. —No querrás sentarte a mi izquierda.

Ginny rio con su vino.

—Igual que su rostro, los codos de Malfoy con puntiagudos.

—Esto es genial. —dijo Harry, mirando la canasta de pan en la mesa. —Esto será genial. —Hermione no podía saber a quién intentaba convencer.

Con la distribución de los asientos arreglada, Hermione se encontró frente a Ginny, con Harry al final de la mesa a su derecha. Malfoy estaba sentado a su izquierda, al frente de Ron y a un lado de Lavender. Se veía bastante incómodo. Su copa de vino estaba casi vacía.

Un silencio pareció invadir la mesa. Su intento de normalidad claramente se había desvanecido y muerto frente a sus ojos.

—Cuéntanos sobre tu ascenso, Potter. —Malfoy habló en la silenciosa mesa, rellenando su copa de vino y ofreciéndole la canasta de pan a Lavender.

Hermione se sorprendió, el hombre tenía buenas habilidades sociales.

Harry se lanzó emocionado a contarles la historia sobre casi toda su carrera de Auror, usando cada caso que alguna vez tuvo como justificación de porque merecía estar a cargo del Departamento de Aurores. Aproximadamente cuando Harry llegó a "su gran caso del 2004", Hermione tenía la sensación de que Harry estaba parcialmente reviviendo su proceso de entrevista, en parte embelleciendo la historia para el beneficio de Hermione y en parte participando en un concurso de longitud de varitas con Malfoy.

Malfoy, por su parte, lo escuchaba pacientemente, tomaba más vino y continuaba haciendo minuciosas preguntas como "¿Cómo llegaste a esa conclusión?" y "¿qué te hizo sospechar del duende?" y peor aún "¿no crees que fue una decisión apresurada?" Hermione sentía como se desasociaba, perdida entre dos hombres en medio de una platica sin fin sobre algo que ninguno de los dos quería discutir, pero que aún así continuaban haciendo. Las entradas llegaron y los platillos fueron comidos y sin embargo la platica de Harry y Malfoy continuaba.

Hermione cambió su atención al otro lado de la mesa donde Ron y Lavender estaban en su propia conversación. Hermione los miró interactuar, estudiando sus reacciones, esperando una ola de celos o dolor la invadiera. Pero en su lugar, se encontró meramente perpleja. Ron se veía casi igual que cuando tenía diecisiete: alto y pecoso y pelirrojo y bueno. Esas eran las cosas que alguna vez hicieron que su pulso se acelerara. Y ella recordaba esas cosas haciendo eso recientemente.

Pero algo sobre verlo tan contento con Lavender, aunque fuera tan insípida como Hermione creía, parecía restregar de sus venas la afinidad que sentía por él, dejando solo un cariño clínico basado en la historia en común que tenían. Era un extraño sentimiento, repentino y muy lejos de que lo hubiera esperado. Había estado tan desesperada por verlo cuando despertó ese primer día en el hospital, convencida de que si veía a Ron todo tendría sentido de nuevo y cualquier tiempo que hubieran perdido, se disiparía al instante.

Ella quería amarlo. En algún lugar, peleando con la parte lógica de su cerebro, una parte de Hermione quería amarlo porque él fue el primero y porque alguna vez pensó que sería el último. Sonrió, finalmente sintiendo un cariño como había estado esperando, pero era un cariño como el que sentía hacia Harry, separado de los sentimientos de deseo. Ron se giró a verla, ojos azules encontrando cafés, y Hermione se dio cuenta de que la mesa se había quedado en silencio.

Ella había estado mirándolo fijamente.

Por dios, ¿por cuánto tiempo estuvo mirando? Su estómago se cayó, podía sentir la incomodidad esparcirse como una mancha sobre el mantel de la mesa, desbordándose por los asientos y mojándolos hasta los huesos. Hermione bajó la mirada, deseando que alguien le lanzara un desmaius mientras consideraba por cuanto tiempo sus amigos la vieron mirar a su exnovio mientras él platicaba con su esposa embarazada.

A su lado, Hermione podía sentir el puño apretado de Malfoy en su pierna, con los nudillos blancos de la fuerza que estaba usando. No podía mirarlo a la cara. Hermione aceptó esa cobardía de ella y en su lugar miró a Ginny, quien tenía una ceja alzada, copa de vino en mano, y una tensión de desaprobación en sus ojos. Hermione cambió a Harry, quien no podía verla directamente a los ojos pero parecía estar a punto de salir corriendo de ahí.

Finalmente, Hermione giró su atención hacia Malfoy. Él la miró como si se estuviera enfocando en algo en medio de la distancia detrás de Ginny, apenas moviéndose. La única indicación de que estaba respirando provenía del leve movimiento de sus fosas nasales mientras inhalaba.

La mesa se movió al tiempo que él se puso de pie rápidamente, los cubiertos y los platos hicieron un ruido. Bajó la cabeza para mirar a Hermione antes de alejarse rápidamente como si lamentara su decisión al instante.

—Si me disculpan. —dijo, apareciéndose en ese mismo momento y lugar. Su servilleta color marfil revoloteó hacia el piso cuando una mesera se acercó para advertirles que la aparición no estaba permitida dentro del restaurante.

—Bueno, eso fue repentino. —susurró Lavender, lo suficientemente alto para que escuchara toda la mesa.

—Buscaré al mesero para pagar la cuenta. —Ron anunció y se puso de pie. Lavender lo vio irse, completamente indiferente al humor de la mesa.

Harry dejó salir un quejido justo antes de que Ginny lo golpeara en el brazo.

—Harry James Potter, ¿tenías que entrar a un concurso de varitas con el hurón en la cena? Algunos de nosotros intentábamos comer.

Harry alzó sus manos en defensa.

—¿Qué? No hubo concurso de varitas, yo solo estaba hablando y él me estaba interrogando…

—Oh, no lo estaba haciendo. —dijo Ginny molesta. —Él estaba claramente intentando mantener la conversación a flote para que Hermione no se sintiera incómoda.

Ginny redireccionó su ira hacia Hermione.

—Y tú. —comenzó. —¿Vas a seguirlo o no?

—Estoy segura de que Ron puede encontrar al mesero solo…

—Oh, por el amor de Merlín, Ron no. Malfoy.

Oh. Claro.

—Dudo que quiera verme en este momento. —dijo Hermione, sintiendo como la invadía la vergüenza.

—Probablemente no. —acordó Ginny. —Pero tú eres la única persona que él permitirá que lo vea. Y probablemente deberías disculparte por comerte a mi hermano con la mirada de esa forma en la cena. Mierda, deberías de disculparte con Lavender también.

—Gin, estás siendo un poco dura. —dijo Harry.

—¿Quién se estaba comiendo a Ron con la mirada? —preguntó Lavender, con una mano descansando en su vientre. —¿No te refieres a Hermione, o sí? Esa era su mirada de pensamiento profundo. Muy diferente a su expresión de deseo. He visto ambas miradas antes.

De todas las personas que pudieron salir en defensa de Hermione, la esposa de Ron era la última que Hermione hubiera pensado.

—Pues eso parecía para mí. —dijo Ginny, tomando lo último de su vino.

—No, su boca estaba cerrada. —dijo Lavender simplemente, dejando salir una risa. —Boca cerrada, pensando. Boca abierta, deseo. Usaba ambas miradas frecuentemente con Krum. ¿Recuerdas a Viktor Krum, Hermione? —preguntó Lavender, sacando su atención de Ginny. —Tengo que admitir, estaba bastante celosa…

—Debería ir a buscar a Malfoy. —interrumpió Hermione.

—Lo siento, Mione. —ofreció Harry, rompiendo un pedazo de pan en su plato. —Sólo quería pasar un buen rato entre todos, como solía ser antes.

Hermione le ofreció una tensa sonrisa, aguantándose el cruel comentario que quería decir en ese momento, sabiendo que la lastimaría tanto a ella como a él.

Las cosas jamás serían como antes.

Ignorando la indicación de la mesera, Hermione se apareció de vuelta en el departamento.

Malfoy estaba en la cocina con un vaso en su mano. Tomó el resto del contenido del vaso cuando Hermione apareció a su lado con un leve crack.

La única luz en la habitación venía de la luna a través de la ventana que estaba detrás de Malfoy, iluminando su cabello casi blanco y oscureciendo los rasgos de su rostro en la oscuridad. Se encontró a sí misma intentado ver su expresión en la oscuridad, desesperada por saber cuánto daño había causado.

—Con cuidado. —dijo él en una voz casi inaudible. Sacó su varita y murmuró un hechizo. Brillantes pedazos de cristal se levantaron del piso, la suave luz de la luna reflejándose en sus bordes mientras giraban en el aire, uniéndose de nuevo, completos.

—Malfoy yo…

—No. —chasqueó, su voz sonaba tan similar a lo que ella había estado esperando todo este tiempo.

Era el mismo tiempo de brusquedad, el mismo tipo de articulación con veneno que había escuchado entre las salones de clases, pasillos y el gran comedor durante años. Le sorprendió cuanto esta reaparición la tomó por sorpresa. Aparentemente se había acostumbrado a un Malfoy que era civil con ella sin darse cuenta.

Su voz se había suavizado un poco para cuando habló de nuevo.

—He tomado demasiado… no puedo usar Oclumancia. No puedo hablar contigo ahora.

Hermione se mordió los labios, sintiendo el sabor del cobre entre sus dientes. No era lo que él pensaba. Ella no lo había mirado de esa forma. Esta era una conversación que necesitaban tener. No había querido lastimarlo, y el pensamiento la sorprendió, repentino y con sabor a la sangre en su boca, que le importaba más de lo que creía.

—En realidad preferiría que no usaras Oclumancia. —dijo. —Siento que no estoy hablando con una persona real.

Él dejó salir una carcajada cruel.

—Algunas jodidas cosas no cambian, ¿verdad, Granger? —dejó su vaso en la barra. Inclinó la cabeza y, a pesar de estar entre las sombras, Hermione estaba segura de que la estaba mirando. —Ya tuvimos esa pelea. Y no quiero tener esta también, por favor. —su sinceridad estaba manchada con acidez, como si no pudiera evitarlo. —No quiero molestarte.

—Esto no es una pelea. —insistió Hermione. —Solo es una disculpa. Sé como parecía lo que estaba haciendo en la cena, pero no era así.

Hermione escuchó el sonido de Malfoy inhalando profundamente antes de dejar salir cada respiración que ocupaba el espacio de la cocina. Ningún otro sonido existía en el mundo en ese momento, solo el sonido del aire entrando y saliendo por sus apretados dientes.

—Te lo dije. —dijo, cualquier tipo de control sobre su tono había comenzado a desvanecerse y mezclarse con los bordes de su enojo. —Te dije exactamente lo que no quería presenciar y tuve que soportarlo de todas formas.

No puedo imaginar que vaya a disfrutar el ver a mi esposa analizar sus sentimientos no resueltos por su exnovio.

—Lo intenté, en verdad lo hice. Pero eso fue jodidamente humillante. Así que mientras aprecio tu disculpa, no la acepto en este momento.

Hermione tartamudeó, confundida.

—¿Qué… cuándo?

—Una disculpa no siempre es suficiente. —dijo, su enojo balanceándose precariamente al borde de su control. Tomó la botella de licor y sirvió una generosa cantidad en su vaso. —Aprendí eso de la inmaculada Hermione Granger.

—¡Pues yo no soy ella! —explotó Hermione, finalmente harta de la oscuridad.

Sacó su varita y prendió cada rincón de luz en la cocina. Malfoy saltó, vaso en una mano y con la otra cubriendo sus ojos en defensa. Hermione tomó un útil paso hacia adelante y tomó el recientemente reparado vaso que estaba frente a Malfoy. Se inclinó a través de la barra y tomó la botella de lo que creía era whisky de fuego y se sirvió en el vaso, tomándolo antes de pensarlo dos veces.

—Además. —continuó Hermione como si nada la hubiera interrumpido. —No puedo ser ella, esa versión de mí que tu conocías, no soy ella. No sin los recuerdos. —se estremeció ante el ardor del whisky de fuego en su garganta y por sus palabras.

Malfoy tomó otro respiro por la nariz. Sostuvo flojamente el vaso, sus largos dedos apenas tocando el vaso, balanceándolo entre su mano. Dejó que el fondo del vaso tocara la barra, una, dos, tres veces antes de que hablar, evitando su mirada.

—No eres dos tipos de personas diferentes. —le dijo. —Sigues siendo tú, pero con menos contexto.

Hermione se sintió arraigada en su lugar, extrañamente tocada por la calidad de su observación, incluso aunque no estuviera de acuerdo. Malfoy dejó su vaso en la barra antes de dar un paso hacia atrás, recargándose contra el fregadero. Frotó sus cejas con su pulgar antes de correr una mano por su cabello, lleno de lenguaje corporal frustrado. Hermione se dio cuenta de que tenía la boca abierta, perdida en su mente mientras lo miraba.

—No era lo mismo. —dijo Hermione. —Con Ron… no era lo que estás pensando. Era confuso que no fuera lo mismo.

Malfoy dejó salir otra bocanada de aire. Hermione se preguntó si, faltando su Oclumancia, el control sobre su respiración era lo único que lo prevenía de no quebrarse.

—Tengo que irme. —dijo.

—¿Qué?

—Necesito… no estar aquí. —su voz se escuchaba rota. —No quiero desquitarme más de lo que ya he hecho.

Tomó la botella de whisky de fuego y finalmente la miró.

—Te veré en la mañana. —dijo. Y al siguiente momento, ya no estaba.

—Harry está acostando a los niños. —dijo Ginny mientras Hermione entraba a Grimmauld Place por segunda vez en cuestión de horas, esta vez, sola. —Voy a adivinar basado en el hecho de que estás aquí y no allá, que las cosas no salieron bien.

Hermione no estaba completamente segura de cómo había resultado, si era honesta consigo misma. Se movió y colapsó en el largo sillón de piel en el centro de la habitación. Ginny se acorrucó junto a ella, metiendo los pies debajo de Hermione y apoyando su brazo en el respaldo del mueble.

—¿Al menos lo encontraste, cierto? —preguntó.

—Sí y estaba molesto. Pero Gin, te prometo que no estaba mirando a Ron de esa forma. Simplemente era extraño porque esperaba sentirme como siempre me he sentido cuando lo veía pero… no lo hice. Y estaba intentando entender eso.

Harry entró a la sala, se detuvo a medio paso cuando vio a Hermione y después continuó para sentarse frente al sillón, ofreciéndole una débil sonrisa de solidaridad.

—¿Eso le dijiste al puntiagudo? —preguntó Ginny.

Hermione asintió.

—Necesitaba espacio. Y estoy cansada.

—¿Te corrió? —preguntó Harry, inclinándose hacia adelante con enojo en sus ojos.

—No, no. Él se fue, pero me dijo que regresaría en la mañana.

Harry pareció considerar sus palabras por un momento, buscando una mentira, antes de recargarse en su silla de nuevo y subir los pies a la mesa de centro.

Una pregunta apareció en la mente de Hermione.

—¿Harry, tienes un pensadero aquí? —preguntó. Él abrió la boca para responder, pero Ginny le ganó.

—Oh no, ni te atrevas. —la regañó. —Tengo una copia del plan de tu tratamiento, ¿recuerdas?

—Además Malfoy me dijo la semana pasada que no tenía y cito "bajo ninguna circunstancia permitido dejar a Hermione acercarse a un jodido pensadero, ¿está claro, Potter?" Y sí, estuvo claro para nosotros. —Harry se veía demasiado orgulloso de su imitación de Malfoy.

—Te estás resbalando, cariño. Sus vocales suenan mucho más nítidas que eso, no suenas lo suficientemente arrogante. —Ginny rio en voz baja junto a Hermione.

Hermione cruzó los brazos, sintiéndose a la defensiva.

—No es como si pudiera hacer mucho con un pensadero si nadie me da ningún recuerdo para mirarlo.

—Y no lo haremos. —dijo Ginny. —No arriesgaremos a tu brillante cerebro.

—Aunque podríamos contarte. —ofreció Harry.

—¿Contarme qué? —preguntó Hermione, soltando los brazos y jugando con sus manos.

—Sólo un poco sobre ustedes dos, si quieres. —dijo Harry. —¿Cuánto te ha dicho Malfoy?

—No me ha dicho… nosotros no… no hemos hablado mucho.

La mirada que Ginny le dio era algo entre confusión y simpatía.

—Simplemente todavía no sé como hablar con él. —dijo Hermione. —Cada vez que estamos en medio de una conversación normal recuerdo que estoy casada con él y entonces mi cerebro se apaga. No lo veo mucho tampoco, en realidad solo nos vemos en el desayuno. Y luego él se va a trabajar y yo investigo o voy a mi trabajo y él vuelve muy tarde la mayoría de los días, así que no hablamos mucho.

—Bueno, por lo que entiendo. —comenzó Ginny. —Disfrutas hablar con él.

—Yo no. —dijo Hermione. —Ella. La Hermione que tenía todos esos recuerdos.

—Eres la misma persona, Mione. —dijo Harry con una de esas sonrisas tranquilizadoras suyas que podían convencerla de hacer cualquier cosa por él. Y repitió el mismo sentimiento que Malfoy. Pero Hermione tenía que admitir que significaba más viniendo de Harry, de alguien cuyos motivos confiaba implícitamente.

Ginny se puso de pie repentinamente.

—Iba a terminar por esta noche, pero creo que necesitamos más vino.

—¿Y por qué? —preguntó Hermione, quien ya sentía los efectos del vino que tomó durante la cena y del shot que tomó de impulso en la cocina con Malfoy.

—Porque estoy segura de que intentaré convencerte de que tú y el hurón no son tan malos juntos, lo que es algo muy extraño incluso en el infierno, así que el vino es necesario. ¿Harry?

—Merlín, sí, ¿qué nos pasó? —preguntó Harry.

Ginny le indicó a Hermione mientras comenzaba a servir el vino de la botella que había conjurado.

—Ella decidió introducir un roedor en nuestro círculo de amigos y ahora resulta que nos hemos encariñado con él.

—Los hurones son mustélidos, no roedores. —repitió Hermione automáticamente.

—Son lo mismo. —dijo Harry.

—No exactamente, de hecho son de la misma familia que la comadrejas, irónicamente.

Ginny se detuvo, la copa de vino a medio camino hacia su esposo.

—¿Esa fue una ingeniosa manera de decir que todas las familias sangre pura están relacionadas, o que estoy emparentada con él?

Hermione no pudo evitar reír.

—No intencionalmente, pero es una buena comparación. Especialmente porque si están emparentados, ¿pero de forma lejana, cierto?

Ginny le dio su copa a Harry y regresó a su lugar junto a Hermione, ofreciéndole una copa también.

—Voy a escoger ignorar eso dado que estás claramente muy perturbada y no estás pensando correctamente.

Hermione se recargó en el sofá, cruzando las piernas debajo de ella.

—Bueno. —dijo con un suspiro resignado. —Vamos a escucharlo. Intenten convencerme.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó Ginny, mirando a Harry.

—¿Por el principio, supongo? —él se encogió de hombros.

Hermione sintió repentinos nervios invadirla. De pronto estaba muy agradecida por la copa de vino en sus manos.

—Después de que tú y Ron terminaron. —comenzó Ginny. —Las cosas eran…

—Raras, eran raras. —terminó Harry.

—Trabajabas mucho. —continuó Ginny. —A principios del 2002, comenzaste un nuevo proyecto con el Ministerio. Dijiste que necesitabas un descanso de la Departamento de Criaturas Mágicas y te uniste a un proyecto especial que consistía en desmantelar y revocar artefactos de magia oscura.

Hermione tomó un sorbo de su vino, intentando unir las piezas en su cabeza. Pero no había nada, todo era cavernoso y solo: era como aprender historia del profesor Binns, meramente escuchando hechos que podía memorizar y almacenar.

Harry rio repentinamente.

—Dios, debiste ver tu cara cuando apareciste por la Red Floo diciendo que te habían asignado a la Mansión Malfoy.

—Qué bueno que lo encuentres gracioso, Harry. —dijo Hermione molesta. —¿Por qué el Ministerio me asignó a un lugar donde evidentemente… tengo una mala historia? —apretó la copa, negándose a caer en el impulso de tocar el insulto que ya no estaba en su brazo izquierdo.

—Porque eres la mejor. —dijo Ginny simplemente. —Y la propiedad de los Malfoy era el problema más grande en ese momento. Entre la Mansión y sus bóvedas en Gringotts, te mantuviste ocupada por tres años.

Hermione la miró sorprendida.

—¿Me tomó tres años revisarlo todo?

—No, ahora alguien más lo hace. Te quitaron el proyecto cuando ustedes se comprometieron. Conflictos de interés y todo eso. —dijo Harry con un gesto de su mano que decía que ya había tenido que lidiar con demasiadas políticas del Ministerio para su gusto.

—Si estoy entendiendo correctamente. —dijo Hermione. —¿De alguna manera Malfoy me terminó gustando como resultado de revisar todos los artefactos de magia oscura y horribles antigüedades que tenían en su casa?

—Esencialmente. —dijo Ginny.

—Eso no explica nada.

—Explica la proximidad. —insistió Ginny. —Que fue lo mínimo necesario para que toda esa química que ustedes tienen tomara el control.

Harry hizo un ruido ligeramente asqueado desde el otro lado de la sala.

Las protestas de Hermione de que ciertamente no tenía ninguna química con Malfoy se cortaron por el llanto que se escuchó en algún lugar de la casa.

Ginny y Harry rodaron los ojos.

—Justo a tiempo. —masculló Ginny.

Hermione la miró, confundida.

—James es de sueño ligero, usualmente logramos tomar algunas copas antes de que se despierte. Gracias a Merlín, Albus duerme como los muertos. —dijo Ginny, poniéndose de pie.

Todo sobre Malfoy repentinamente se esfumó de su mente. Hermione se puso de pie también, sintiéndose abrumada ante la idea de niños en esta casa a quienes aún no conocía.

—¿Puedo? —comenzó, sintiéndose tonta e incómoda al mismo tiempo. —¿Puedo verlo?

Harry prácticamente salió corriendo de la habitación, con una sonrisa enorme en su rostro.

—¡Yo voy por él!

Ginny rio suavemente.

—Estaba muriendo porque preguntaras por James. —tomó un mechón pelirrojo y lo puso detrás de su oreja mientras la veía pensativa. —Sé que no te hemos dicho mucho, pero ¿Malfoy te ha mencionado algo sobre James?

—¿Qué hay sobre él? —preguntó Hermione. Sintió una pulsada de ansiedad recorrerla, preocupada por un niño el cual no conocía.

Ginny sonrió, tomando el brazo de Hermione.

—Eres su madrina. —dijo.

—Soy su… —no pudo terminar porque Harry entró a la habitación, con una versión pequeña de él mismo abrazada de su cuello. La visión de Hermione se llenó de lágrimas, su cuerpo reaccionando antes de que su cerebro procesara que estaba viendo. Harry susurró algo en el cuello del niño y James giró su pequeña cabeza hacia Hermione.

El rostro de James se iluminó cuando la vio y Hermione sintió como el piso debajo de ella se desvanecía, aplastado por la hermosa sonrisa del niño.

Harry se acercó. James lo soltó del cuello y en su lugar estiró sus brazos hacia Hermione, repitiendo algo que sonaba sospechosamente como "My—Nee" una y otra vez.

—¿Estás bien para cargarlo? —preguntó Ginny en un susurro.

—Sí. —Hermione respondió sin pensarlo un segundo.

Hermione olvidó como respirar mientras el aun adormilado niño envolvía sus brazos sobre su cuello. En instinto comenzó a arrullarlo, rebotando ligeramente de pie a otro, girando las caderas, ofreciendo movimiento y murmullos para calmar al niño y que durmiera de nuevo.

Harry y Ginny compartieron miradas idénticas de asombro en sus rostros.

Y Hermione también lo podía sentir, el asombro, en el fondo de sus huesos. La familiaridad con la cual sostenía a este niño, a quién nunca había conocido, al menos no en su mente del presente, y sin embargo lo sentía tan cerca de su corazón, consumiéndola. Lo conocía a pesar de que no lo hacía. Entonces lo entendió, mientras sostenía a James en sus brazos; ella no era dos diferentes Hermiones. Simplemente le faltaba el contexto.

Hola!

En realidad esperaba publicar este capítulo el fin de semana, pero me ocuparé y mejor decidí no hacerlas esperar. Muchas gracias por los comentarios y follows a la historia.

Nos vemos la próxima semana!