Se sentía confundido. Había pasado un día maravilloso con su jefa de legales, pero aún así no había podido disfrutarlo, no se sentía feliz completamente. Sabía que no era una buena idea ser el viejo Peeta con Katniss, pero aún sabiéndolo no podía evitar ser el que alguna vez lo habían obligado a dejar de ser. Cuando estaba con ella se volvía mas pasional, mas intuitivo y extremadamente cursi. No podía dejar de sonreír, era ocurrente, divertido, relajado... Tal cual era el Peeta anterior a Delly. Delly... Todavía si cerraba los ojos podía sentir la angustia, el abandono, la traición. Él la había amado como a nadie. Ella era la luz de sus ojos, el motor de sus días y había sido también el motivo de su destrucción. Aún, todos los días de su vida estaba presente en sus pensamientos para recordarle que todavía era la dueña de su destino. Cerró los ojos fuerte, mientras el agua le caía ardiendo sobre su piel.
.*Flashback*.
-¡Hola! ¿Hay alguien en casa? - Entro a su recién estrenado apartamento con un enorme ramo de rosas rojas en una de sus manos y el maletín en la otra. -Delly, cariño ¿Estas ahí? -Le preguntó al oír suavemente su voz.
-Si cariño ¡Al fin! -La oyó gritar desde su cuarto.- ¡Oh por Dios santo!
Sin pensarlo, lanzó las rosas y su maletín al piso. En una fracción de segundo pensó que algo malo le había pasado. -Dell, cariño ¿Que es lo que te ocurre?- Dijo con voz alta mientras entraba con el corazón desbocado a su habitación. Ni bien entrar, su corazón estalló en mil y un pedazos. Ahí estaba ella, desnuda en su cama, siendo poseída por otro hombre. No lo oyeron entrar y le dieron tiempo a que absorbiera todo lo que estaba viendo. Delly, su mujer, el amor de su vida, su mundo entero; estaba teniendo sexo con uno de sus mejores amigos, Cato Summers. Se quedó inmóvil, ahí parado en la puerta de su cuarto. Ni siquiera que Delly lo mirase con disfrute mientras llegaba al orgasmo, lo hizo reaccionar; solo volvió en si cuando oyó a Cato maldecir.
-¡Mierda Peeta! -Dijo el rubio dando un salto. Mientras Delly lo miraba sin siquiera una pizca de remordimiento.
Salió del apartamento hecho un zombi. Sin oír nada y a nadie. Vagó en su coche hasta que fue al bar de siempre para embriagarse. Tomó cinco whiskies al hilo y cuando su cerebro estaba ya algo atontado, le pidió lápiz y papel al barman. Su pulcra caligrafía quedó desdibujada por el alcohol y por las lagrimas que caían sobre el papel; pero escribió la carta de un tirón, dejando que fuese su corazón el que hablase. Cuando hubo terminado, metió la carta y el anillo de compromiso que había comprado para ella, en un improvisado sobre y salió rumbo a la casa de ella. Como no estaba, subió y la dejó junto a su cama diciéndole adiós para siempre antes de dejar las llaves en la mesa del recibidor.
Temiendo cruzársela, llamó a Finnick y se fue para su casa; y fue deprimido en el sillón de la casa de su mejor amigo que decidió cambiar su vida para siempre. Abandonar todo lo que había conocido y lanzarse a una vida nueva. Debía abandonar la ciudad porque cada rincón lo hacía recordarla. Oia era su única opción y su nuevo comienzo. Redactó un comunicado de prensa, informando su repentina ruptura con Delly a causa del traslado del asiento de sus negocios al otro lado del mundo. Fue la mejor excusa que se le ocurrió para que nadie metiese las narices donde no debía. Luego de ello, la rubia había dado una entrevista confirmando su comunicado sin explayarse mucho para no meterse en un berenjenal de cual no pudiese salir. Peeta organizó todo desde la sala del cobrizo y sin volver siquiera a su apartamento, una semana después se había ido a Grecia.
.*Fin del Flashback*.
Abrió los ojos y una lágrima rodo por su mejilla confundiéndose con el agua que caía de la ducha. Hacía mucho tiempo que no lloraba por ella y que lo hiciese justo ahora no era una buena señal. Su coraza se estaba rompiendo, amenazando con destruir todo a su paso bajo un vendaval de viejas emociones. Se encontraba en la encrucijada de intentar repararla y volver a esconder todos sus sentimientos en lo más profundo de su corazón; o lanzarse a los brazos de Katniss Abernathy Everdeen y mandar todo a la miércoles para al fin comenzar de nuevo. Ambas cosas le daban mucho miedo, por lo que decidió dejarse llevar y darle al destino las riendas de su vida. El señor que siempre calculaba todo, quería sorprenderse y por primera vez en la vida, iba a dejar en manos de lo imprevisto todo su mundo. Era consciente que a la larga o a la corta, debía arreglar las cosas con Delly antes de dar vuelta la página y lanzarse al amor de nuevo; pero sin darle crédito a su corazón, creyó que eso no sería necesario por el momento.
…****…
Peeta la había llevado a uno de los más exclusivos restaurantes de Nápoles. El "Palazzo Petrucci" era un lugar muy encantador y único. Cenaron a la luz de las velas en una mesa ubicada en una terraza sobre el golfo. Podía ver el Vesuvio mientras disfrutaba de una agradable conversación sobre el temperamento de los napolitanos. Si bien estaba pasando un lindo momento, sintió extraño a Peeta. No se había comportado en todo el día como solía ser, pero al menos se parecía mucho a su versión más amable, en cambio desde que había salido de tomar su ducha, se había topado con el Peeta orador, el que se ponía una máscara y hacía negocios. Eso la preocupaba y la desconcertaba a partes iguales. Mientras degustaban el postre en silencio, oyó el sonido de su celular. Cuando vio el mensaje que le había enviado Johanna al grupo, no pudo evitar sonreír. Solo le contestó con tres fotos de las tantas que habían sacado hoy. Ni un minuto después su móvil volvió a sonar y Peeta la miró frunciendo el seño. Ella estaba tomando un sorbo de agua cuando vio la respuesta de sus amigas, que la hicieron atragantarse por la claridad con la que veían algo que ella ni podía descifrar.
.*Chat.*
Madge.- ¡OMG Katniss! Esa mirada no es de lujuría. Esa es la mirada de un hombre enamorado amiga… Están jodidos. Tendrás que convencer a Gale que no lo mate cuando vuelvas de Italia con la decisión de mudarte con ese rubio adonis.
Johanna.- ¡Katniss debías volverlo loco de deseo y no de amor! Descerebrada, tu siempre complicándolo todo.
Madge.- ¿Por qué complicándolo todo? Es hermoso estar enamorado. Jo, ya consíguete un novio y deja a esos pendejos con los que sueles salir.
Johanna.- Mad, ya hablamos del tema y la respuesta es no. ¡Quiero divertirme joder! Volviendo a Katy Kat… Ese hombre es peligroso… No es un hombre que quiera compromisos, pero si es el tipo de hombre del que te enamoras rápido. Igualmente parece que nuestra chica lo logró.
Annie.- Aggggggggghhhhhhhh… Ya le muestro esto a Finn… ¡Ese es Peeta!
Madge.- ¿Eh?
.Johanna.- ¡Joder Annie! Pero si eso ya lo sabíamos. Ya sabíamos que Peeta es Peter… Además… ¡Deja a tu novio en paz! No lo metas en una charla de chicas.
Annie.- Finn piensa lo mismo que yo…
Annie.- Así miraba a Delly… ¡Por Dios Katnisss! Aghhhhhhhhhhh! Me hacen muy feliz. Espero que no dejen pasar esta oportunidad…
.*Fin del chat*.
Molesto, Peeta le arrebató el smartphone de las manos. Enseguida leyó los mensajes y revisó a que fotos se referían. Cuando vio la foto sacada muy de cerca, en la que la castaña miraba Pompeya a lo lejos mientras él, risueño la miraba a ella embobado; entendió a que se refería Annie y eso lo incomodó. Apagó el celular y lo metió en el bolsillo de la americana. Rápidamente llamó al camarero y pidió la cuenta.
-Peeta… -Lo llamó cautelosamente.- Peeta ¿Qué demonios pasa? –Dijo levantando la voz al ver que él no le contestaba.- ¿Fueron acaso los chats con las chicas los que te pusieron así? ¡Pero son bobadas de chicas! –Estaba desesperada, no quería arruinar lo que fuese que estaba pasando entre ella y el jefe de su jefe.
-Katniss… -La miró y le respondió con la mirada cansada después de pagarle al camarero.- Ahora no, por favor ahora no me preguntes nada ¿Si?
-Está bien. Ahora no. Vámonos. Llévame de vuelta a nuestro cuarto. –Le dijo y supo por el brillo en la mirada del rubio, que había usado las palabras correctas.
-Andando Srita. Abernathy Everdeen. –Le tendió su mano con duda. No sabía qué debía hacer.
-Andando. –Le respondió apretando su mano tan fuerte como le fue posible. Quería decirle que ahí estaba ella y que no lo dejaría solo pasase lo que pasase.
…****…
Desde que leyó esos mensajes su mente comenzó a andar a mil por hora. Delly, siempre Delly. Todo en su vida tenía que ver con ella. ¿Por qué demonios Annie la había nombrado? Le alcanzaba y le sobraba, con haberla pensado en la ducha; que Annie la comparase con Katniss fue más de lo que él podía soportar. Sabía que su jefa de legales estaba rompiendo la coraza que el mismo se había creado, pero estaba seguro que no se estaba enamorando de ella, o al menos eso creía hasta que los mensajes de las tres amigas de la castaña lo hicieron dudar. No quería dudar, no quería siquiera pensar en esa posibilidad. Debía seguir con su plan trazado para minimizar el daño que esa tormenta llamada Katniss Abernathy Everdeen estaba causando en su mundo.
Llegaron al hotel sumidos en un silencio atroz. Si era incómodo, ninguno de los dos se dio cuenta porque estaban cada uno con la cabeza en dos galaxias distintas. Katniss enseguida se metió al baño a ponerse su pijama, excusándose que estaba cansada; dejando a un agobiado Peeta dando vueltas por la habitación como un gato enjaulado. Era en momentos como ese que se lamentaba de haberle dejado su Smartphone a Stephan. No solía tener ganas de llamar a Finnick para contarle sus penurias amorosas, pero en este preciso instante necesitaba una copa con el cobrizo. Cuando estaba a punto de salir de la habitación, con rumbo al bar del hotel, Katniss enfundada en una exquisita bata de seda negra apareció en su campo de visión. Por enésima cuarta vez, pasó una de sus manos sobre su cabello. Estaba preciosa y esa mirada tímida despertaba aún más la libido que había estado manteniendo a raya desde que la vio subirse al avión. Con un suspiro de frustración enfiló nuevamente hacia la puerta.
-¿Peeta? –Dijo con cautela.
-Katniss, necesito un trago ¿Si? –Terció apoyando su frente sobre la puerta blanca de madera.- Duérmete, no me esperes. Yo prometo estar aquí en un rato.
-No voy a preguntarte nada… Quédate. –No quería dejarlo salir así. Lo sentía alterado, angustiado… Lo veía como nunca antes: inseguro.
-¡No! No puedo… Necesito aire. –Terció abriendo la puerta, dejándola desorientada y sola en medio de la habitación.
…****…
Peeta se sentó en un bar semi desierto. Enseguida le pidió al camarero un whisky y se lo tomó de un trago. Le pidió otro y varios más, hasta que pudo poner la mente en blanco. Lo que no logró era acallar su corazón. Le daba vueltas a las palabras de Annie y se angustiaba cada vez más. No podía ser. El no podía estar enamorándose de Katniss porque él ya no podía amar a nadie más como la había amado a ella. Se negaba a entregar su corazón una vez más y eso era lo que lo contrariaba. Sabía que lo mejor era alejarse de la castaña, pero no podía… Su fuerza de voluntad siempre flaqueaba al intentar hacerlo. Mientras el séptimo whisky caía por su garganta como si fuese fuego, notó que ya había pasado la medianoche. Con un huracán en su interior salió rumbo a su cuarto, rogando que Katniss ya estuviese dormida.
…****…
Katniss no podía dormirse… Había caminado por la habitación, había intentado ver la TV y hasta había pensado en chatear con las chicas, hasta que notó que Peeta tenía todavía su celular en el bolsillo de la americana. Estaba inquieta, preocupada y no pudo parar de pensar cosas horrendas, sino hasta que el rubio cruzase la puerta de su cuarto. Dudó un segundo pero decidió hacerse la dormida para no obligarlo a darle una estúpida explicación mentirosa. Sintió sus pasos pesados contra la alfombra y oyó el sonido de la cortina cubrir la ventana que ella había dejado abierta para que se colase la luz de la luna en la habitación a oscuras. Supo cuando entró al baño para sacarse la ropa y su aroma varonil mezclado con whisky, inundaron su espacio cuando él se le acercó.
-¿Qué me estás haciendo Katniss Abernathy Everdeen? –Susurró antes de besar cálidamente su frente.
Espero estarte enamorando Peeta Mellark, porque sino ese viaje me va a salir muy caro… Pensó mientras él se dormía del otro lado de la cama.
...****...
¡Buenas noches querid s lectores!
Perdón por haberme tardado en actualizar, pero es que la idea del capítulo era otra y de repente ¡Puffff! Apareció la inspiración a lo que están leyendo ahora.
Espero les guste y me dejen su pequeño comentario. Gracias a marizpe y a lizzyvb que me han dejando un mensajillo; y a los lectores anónimos que le dan vida a esta historia.
Nos leemos en la semana (Si, en la semana).
Cariños a todos.
Igora
