Capítulo 3: Theodore Nott

"El aprendizaje no hace que uno aprenda: hay quienes tienen conocimiento y quienes tienen comprensión. La primera requiere memoria y la segunda filosofía."

—Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo.

Marzo

Hermione tenía una misión. Justo cuando sentía que por fin podría hablar con Malfoy sin tener una crisis mental que le recordara todas las cosas que no sabía sobre su propia vida, Malfoy decidió que tenía que ser aún más cauteloso alrededor de ella. Y siendo honestos, todo el espacio, la preocupación y la Oclumancia estaban comenzando a fastidiarla. Cada mirada cautelosa y pregunta cuidadosa le ponían los nervios de punta, irritándola sin fin.

Así que, un sábado por la mañana tres semanas después de la que Ginny había comenzado a referirse como "la cena del desastre", Hermione optó por ser más directa. Nunca había sido muy buena con la sutileza y el hecho fue más aparente cuando estaba intentando tranquilamente convencer a un Slytherin de que podía soportar más, que él podía ser menos cuidadoso y que la frialdad de sus ojos estaba comenzando a enviar desagradables escalofríos por su espalda.

Sería directa, iría al punto. Y simplemente lo pediría. Tal vez la capacidad de ceder a una petición era una habilidad que el hombre había adquirido en el tiempo que ella había perdido. Lo dudaba, pero tenía esperanza.

Su estrategia comenzaba con el té. Cada mañana desde el accidente, sin falta, Malfoy despertaba antes que ella y tenía el té listo y esperando para cuando ella saliera del dormitorio. Su lógica era que si comenzaba el día con un pequeño gesto, como hacerle el té a él, entonces él sería más receptivo a su petición.

Esa mañana de sábado, Hermione se despertó con la intención de realizar el pequeño gesto de hacer té para Malfoy al menos esta vez. Tuvo que quitar a Crookshanks de la puerta de la recámara donde estaba dormido mientras ella se vestía rápidamente. Su enorme guardarropa de prendas demasiado formales para su gusto aún la intimidaba la mayoría de los días, pero había descubierto que había un par de lindas blusas que podría usar con sus jeans y aún sentirse cómoda. Escogió una blusa borgoña ese día: cuello en v, mangas amplias y un corte que se veía muy bonito cuando la fajaba en las caderas.

Contenta con su elección, Hermione tomó a Crookshanks y abrió la puerta del dormitorio lo más suave que pudo. Las sombras las recibieron en el pasillo; se había despertado antes del amanecer. Caminó de puntas por el piso de madera, cuidadosa de las piezas que crujían. En verdad estaba emocionada de hacer algo lindo por el distante hombre con el que vivía. Frunció el ceño cuando vio que la tetera ya estaba en la estufa y que Malfoy estaba sentado en la monstruosidad verde que era su cama y el sofá de la sala al mismo tiempo, una suave luz iluminando la habitación. Tenía algunos pergaminos extendidos a lo largo de las dos mesas de centro que estaban apretadas en el reducido espacio y ella lo estudió atentamente.

—¿Honestamente, alguna vez duermes? —preguntó Hermione, sus hombros cayendo mientras dejaba a Crookshanks escapar de sus brazos. El gato inmediatamente se acercó a Malfoy, acostándose encima de sus papeles y demandando atención.

—No muy bien. —cedió Malfoy, tomando al gato y dejándolo en el piso. Se movió para ponerse de pie pero Hermione le indicó que no lo hiciera.

—Tú hiciste el té, yo me puedo preparar mi propia taza. —dijo, notando que él ya tenía una taza a su lado. Hermione podía ver a la distancia como la Oclumancia cambiaba su postura y la profundidad de sus ojos. Hermione suspiró, preparando su té y tomando un premio para Crookshanks antes de regresar a la estancia.

Caminando con cuidado de no pisar los montones de libros que Malfoy había puesto en el piso para usar las mesas, Hermione se dirigió a la silla de piel al otro lado de la habitación. Con premio en mano, convenció a Crookshanks de alejarse del trabajo de Malfoy.

A pesar de su distancia, le sorprendió lo normal que se sentía toda la escena, lo mucho que parecía un hogar. Miró a Malfoy, de nuevo reabsorbido en los pergaminos frente a él. La aprensión que usualmente sentía hacia él estaba notablemente ausente, creando espacio para algo más. Si tan solo él dejara de usar Oclumancia durante cada segundo que pasaba junto a ella, entonces a ella no le molestaría su compañía.

Sus ojos atraparon algo en uno de los papeles frente a él.

—¿Ese es el escudo de Hogwarts? —preguntó.

Malfoy se puso rígido y Hermione sintió como se le erizaba la piel, siempre tan controlado.

—Lo es.

—¿Y qué es todo esto, si puedo preguntar? —intentó usar un tono educado, demasiado formal para su gusto, pero algo que esperaba que evitara que él se alejara.

—Estoy trabajando en una aplicación. —dijo simplemente.

—¿Una aplicación?

Malfoy se sentó derecho, enderezándose de donde se había encorvado sobre su trabajo y adoptó una postura casi defensiva. Hermione se tensó en reflejo. Eso era lo que toda esa cautela y distancia le hacían a ella, amplificaba el campo minado que ella sentía en el que caminaba siempre. Un día tomaría una mina que le explotaría el cerebro y no se sorprendería al respecto.

—Para ser maestro de pociones.

Hermione no había esperado eso.

—¿Para dar clases? ¿A niños? ¿En Hogwarts? —Ah. Tan pronto cómo dijo esas palabras se dio cuenta de que esa era la reacción que él había esperado.

—Precisamente.

Hermione frunció el ceño.

—Pero tendrías que dar clases. Tendrías que darle clases a niños. —lo dijo como si el hecho no fuera obvio.

—Tengo una maestría en pociones, me gustaría ponerla en uso.

—¿Dándole clases a niños?

—Me gustan los niños.

Hermione parpadeó, la confusión la invadía. ¿A Draco Malfoy le gustaban los niños? Eso parecía tan… dulce. Otro pensamiento la invadió.

—¿Crees que el consejo escolar dejará que alguien con tu historial le dé clases a los niños?

Oh. Cómo se había equivocado. Esa era la reacción para la que él se había preparado. Se arrepintió de la pregunta tan pronto la dijo, silenciosamente maldiciendo a su boca por trabajar más rápido que su cerebro.

Los músculos de su rostro de Draco parecían aflojarse y un objeto filoso detrás de sus ojos desgarró las últimas capas de emociones hasta que su mirada no fue más que un témpano de hielo.

Su voz no tenía ritmo, no tenía vida.

—Considerando que Minerva ha rechazado mis aplicaciones los últimos dos años consecutivos, parece que el consejo escolar no se siente cómodo en dejar que un antiguo Mortífago molde las mentes de los niños, no.

—No lo decía así…

—Es una pregunta relevante. —dijo simplemente.

—¿Puedes detenerte, por favor? —pidió, abandonando la estrategia. —Detente con la Oclumancia. Pareciera que estoy hablando con un fantasma, pero un fantasma parece más vivo que esto.

—Lo necesito. —dijo, su voz tenía una tranquilidad inquebrantable.

—No es cierto. —insistió. —Yo solo… me gustaría hablar en verdad contigo y no con el armazón que parece esto.

—¿Incluso si soy cruel? —preguntó en la misma forma que alguien pregunta a otra persona si quiere una o dos cucharadas de azúcar en su té.

Hermione pasó saliva, con una mano corriendo por el pelaje de Crookshanks. No, no quería que fuera cruel. Pero tampoco quería que fuera ausente.

—¿Antes tenías que usar mucho la Oclumancia?... me refiero, ¿antes de que perdiera la memoria? —era una pregunta difícil de hacer, las palabras atorándose en su garganta.

Se había vuelto extremadamente difícil reconocer la ausencia de ese tiempo en su vida con cada nuevo día en esta versión de su vida después. Esa línea, entre el antes y el después se sentía tan inmutablemente definida pero de alguna manera también era tan borrosa en su cerebro que había intentado dejar de pensar en eso completamente.

—Sólo al principio. —dijo.

—Bueno, entonces. Parece que pude manejar tus reacciones usuales un par de años, estoy segura de que puedo hacerlo ahora.

—Yo no… —comenzó.

—Por favor, Malfoy. —casi rogó. —No creo que pueda seguirlo soportando.

Lo miró atentamente. Por el contrario, él parecía retractarse aún más hacia adentro, los fragmentos de sí mismo reduciéndose a casi nada detrás de sus ojos. Y entonces, comenzó a revertirse. La inquietante placidez de sus facciones se volvieron tensas y después se calmaron en olas, como si buscara el control de forma externa en lugar de interna, luchando por el equilibrio. La dura línea de su ceja se suavizó, después se frunció y luego se relajó. El hielo detrás de sus ojos se derritió en algo tibio.

—Gracias. —murmuró, reconociendo que eso debió ser un impresionante trabajo de auto control el usar esa magia y controlar sus emociones simultáneamente.

—No me agradezcas aún. —dijo, con un toque de molestia en su respuesta. De inmediato hizo una mueca. Hermione podía ver como una disculpa comenzaba a formarse.

—Por favor no te disculpes. Siento que tendré que construir un monumento a tu martirio si continuas.

Eso le valió un sonido estrangulado de Malfoy mientras la miraba, la confusión clara y fácilmente legible en su rostro. Parecía esperar a que ella se retractara.

—Hablo en serio, Malfoy. Todo este sufrimiento que haces en silencio es admirable, en cierto grado, pero equivocado.

Un destello de enojo cruzó su rostro. Hermione no le dio oportunidad de hablar o actuar.

—Pero tienes permitido estar en tu propio hogar. Por favor no más Oclumancia, solo habla conmigo como lo harías normalmente.

La miró por un minuto más, ilegible. Brevemente, Hermione se preguntó si tal vez estaba usando su Oclumancia de nuevo y ella no podía notarlo. Pero en su lugar, él dejó salir un silbido y una risa medio rota.

—Dios, te extraño.

Los hombros de Hermione se tensaron. Debió de haberlo notado porque lo vio comenzando a retractarse de nuevo.

—Está bien, por favor no…

—Ni siquiera quise decirlo…

—Tenemos que hablar de otra cosa que no sea té o Crookshanks eventualmente, Malfoy. —dijo. —Y puedo hacerlo… eso es lo que estoy diciendo. Lo haré. Estoy… estoy lista. Más que antes. —¿Cuándo la palabras se habían vuelto tan difíciles? Hubo un tiempo en que ella se pudo haber considerado articulada, incluso ante la presencia de Malfoy.

Malfoy descansaba una mano en su rodilla, los dedos apretándola como si estuviera digiriendo lo que ella dijo. Presionó su otra mano contra su muslo, metódicamente tronando las articulaciones de sus nudillos, uno por uno. Eran pequeños movimientos, actos de pensamiento. Eran esa clase de cosas que la gente hace cuando su mente no está constantemente a la defensiva. Hermione observó los pequeños movimientos con asombro. Se sentía como si Malfoy se hubiera levantado de entre los muertos, ya no era un fantasma.

—Tengo que irme. —finalmente dijo, un tensa renuncia en su voz.

—Por favor, no. —le pidió Hermione, rogando.

—No, en verdad tengo que irme… Potter me verá en San Mungo, él tiene que… ah… uh…

—¿Para qué necesitas ir al hospital? ¿Está todo bien? —una intensa ola de ansiedad, la misma que sintió cuando despertó en medio de brillantes luces y túnicas verde lima, apareció.

—No, estoy bien… o lo estaré. Tenemos que hablar con el departamento legal. —bajó la mirada, apretando la boca.

—El departamento legal. —repitió Hermione. —De San Mungo.

—Potter tiene que decirles en persona que no presentará cargos.

—Presentar cargos. —no era una pregunta, solo una confundida repetición de palabras.

—Cargos por asalto. De cuando le quebré la nariz para entrar a tu habitación, cuando despertaste, probablemente no recuerdas…

—Oh, sí recuerdo.

Malfoy alzó la mirada rápidamente, mirándola directamente. Hermione intentó sostener su boca lo más que pudo, intentando desesperadamente de no dejar salir la sonrisa que ser acercaba a sus mejillas. Malfoy la miraba horrorizado. Un leve rubor apareció en su cuello.

Se puso de pie y comenzó a recoger sus papeles de la mesa de centro, sin decir nada. A Hermione le parecía más y más difícil no sonreír. Una pequeña risa escapo de sus labios.

Malfoy se congeló ante el sonido, a media recolección de pergaminos. Murmuró algo y tomó la varita de su bolsillo. Con un rápido hechizo, los papeles volaron en una pila hacia la mesa de la cocina y los libros del suelo volvieron a las mesas.

—Bien, bueno dado que este hermoso detalle ya salió a la luz, en verdad tengo que irme a ver a Potter.

—¿Cuánto crees que tardes? —era la primera vez que ella le preguntaba algo así, la implicación de que tenía curiosidad de saber cuándo regresaría apareció entre ellos.

—Si tengo suerte, todo el día. Si no, tal vez te veré para tu cumpleaños.

—Pero mi cumpleaños es en…

—Sé cuándo es tu cumpleaños, Hermione. —su tono era nítido, no exactamente amable pero tampoco cruel. Tenía esas arrugas en las esquinas de sus ojos que sugerían que tal vez, que tal vez, se reía mucho con ella.

Y no sabía qué hacer con esa información.

—Claro. —dijo. —Claro que lo sabes. Bueno, buena suerte entonces.

Hermione intentó reorganizar todos los libros en su tarde de sábado sola. Estaban en todos lados: abarrotando la sala de estar, invadiendo las superficies de la cocina, apilados en los dos libreros y comenzando a crear su propias opciones alternativas de sillas en el dormitorio con la altura que algunas torres tenían.

El caos la había estado molestando desde el momento en que entró al departamento por primera vez, o mejor dicho, no exactamente desde la primera vez, sino desde enero. Ahora a mediados de marzo y sin sentir constantemente que el espacio era exclusivamente de Malfoy (solo tenías que ver más allá del verde y gris), estaba harta del caos y necesitaba ordenar los libros en algún tipo de sistema funcional. ¿Qué tal si ella necesitaba un título en específico, o un cierto grupo de libros o explorar un autor en particular? Sonaba prometedor.

Y sin embargo, después de una hora y de recolectar libros por todo el departamento, y con su cabello creciendo por la frustración, Hermione tuvo que admitir la derrota.

En una serie de eventos molestos e inesperados, resultó que los libros ya estaban organizados en la mejor forma que pudo encontrar a pesar de lo desordenado que se veía todo. Lo que significaba que su versión del pasado ya había intentado lo mismo y había llegado a la misma conclusión. Encontró eso ridículo y molesto también.

Se recogió el cabello y le indicó a Crookshanks que se uniera a ella en apoyo moral ante su derrota mientras colapsaba en la horrible pesadilla verde que llamaba sofá.

Un destello verde hizo brincar a Crookshanks.

La única cosa que impidió que Hermione hechizara al extraño que entró por la Red Floo fue el conocimiento de que el departamento tenía protecciones. Si alguien podía entrar, significaba que las protecciones estaban configuradas para dejarlos pasar. Significaba que ella y Malfoy lo habían permitido.

El extraño era un alto hombre y bastante delgado. Su cabello oscuro era muy corto y sus ojos eran tan verdes que le recordaban a lo de Harry. Se quedó ahí de pie, inclinando la cabeza mientras la estudiaba.

—Mierda. ¿Por favor dime que al menos sabes mi nombre? Después de todo, fuimos a la escuela juntos por siete años. Sé que no éramos amigos, pero vamos…

—Theodore Nott. —dijo. —¿Cierto?

—Oh, gracias a Merlín. Mi orgullo no hubiera sobrevivido si no recordaras quién soy.

Su postura se relajó mientras se agachaba a saludar a Crookshanks. Evidentemente el gato tenía un gusto culposo por los Slytherin.

—Uhm, Theodore. —comenzó.

—Theo, Merlín, no eres mi institutriz.

Hermione se aclaró la garganta.

—Bien, Theo. No quiero ser grosera, ¿pero qué haces en mi sala de estar?

Theo se puso de pie, gato en brazos y le regaló una sonrisa conspiratoria.

—Estoy arriesgando mi vida. —dijo simplemente.

—¿Arriesgando tu vida? —repitió Hermione. Esta ciertamente no era la forma en que se imaginaba pasar su tarde.

—Al menos mis extremidades y partes preciadas. Draco puede ser muy creativo y muy explícito con sus amenazas. —Theo comenzó a balancear a Crookshanks en sus brazos, casi como si estuviera bailando con el gato y la vista dividía a Hermione entre querer reír y querer correr al dormitorio y encerrarse ante el horror de verla.

—¿Malfoy no te quiere aquí?

Theo inclinó de nuevo la cabeza.

—No, Draco fue muy claro con que cree que no estás lista para lo gloriosa que es nuestra amistad. Yo digo que me vale mierda y voy a secuestrarte.

Intelectualmente, Hermione sabía que la declaración debía despertar algunas alarmas en su cerebro. Pero en su lugar, se encontró rodando los ojos y recargándose más en el sofá verde.

—No estoy segura de que le puedas llamar secuestro si me avisas antes de hacerlo.

Theo hizo un ruido en desacuerdo mientras caminaba a la cocina, con el gato aún en sus brazos. Hermione lo vio tomar los premios de Crookshanks. Era un momento algo surreal, tener a Theodore Nott, un relativo extraño para ella, dándole premios a Crookshanks y caminando por su departamento como si hubiera estado ahí cientos de veces.

El estómago de Hermione se cayó, otra mina explotando en sus manos. Aquí estaba un hombre que apenas conocía a pesar de estar siete años en la escuela con él, quien aparentemente la conocía lo suficiente como para invitarse a sí mismo a su casa y alimentar a su gato, y sin embargo no recordaba nada sobre él más que la última vez que lo vio durante los EXTASIS. Era una extraña forma de duelo, esperar por lo que alguna vez conocía pero ya no lo hacía. Las distinciones eran difíciles de hacer.

—Oh, hey, no, no. Granger triste no está invitada a este secuestro, aléjala de mí. —dijo Theo mientras regresaba de la cocina. Crookshanks ronroneó felizmente, el traidor de la casa.

Hermione se enderezó, sin darse cuenta de su crisis era evidente en su rostro.

—Lo siento. —dijo. —Es que es… extraño. —Se dio cuenta que él solo estaba ahí parado en su departamento con el gato en brazos. —¿Quieres…? —indicó al sofá. —¿Sentarte o algo? —se estremeció mientras lo dijo. Sus habilidades de anfitriona dejaban mucho que desear.

Él se veía horrorizado.

—Granger, incluso aunque no fuera un hombre extremadamente rico, no hay suficientes galeones en el mundo que puedan convencerme de sentarme en esa… cosa.

Hermione frunció el ceño. Escaneó el sofá, mirando a la ofensa, además de su color y forma horrible, por supuesto.

—¿Por qué no…?

—No es el momento, vamos Granger. Vamos a salir. —soltó a Crookshanks y le ofreció su brazo, parecido a cómo se lo había ofrecido Malfoy en la "cena del desastre".

—¿Prefieres aparecerte o usamos la Red Floo? —preguntó.

Hermione apretó las manos, los instintos de supervivencia comenzando a aparecer en su cerebro.

—¿Esperas que sólo así como así acepte que me lleves a otro lugar? ¿Te das cuenta, que al menos para mí, esta es la primera conversación que tenemos?

Theo dejó salir un suspiro dramático.

—¿Y ha sido fantástica hasta ahora, cierto? Siempre soy un placer de tener cerca, estoy consciente. Ahora deja de actuar como si no fueras lo suficientemente valiente para hacer esto antes de que rete sus sensibilidades de Gryffindor y no les deje otra opción.

—¿Y dices que somos amigos? —preguntó Hermione, tanto como pregunta como reto.

—Sí, porque soy una persona muy agradable, ya te dije eso. ¿Aparecemos o usamos la Red Floo? No tenemos todo el día.

Hermione lo intentó. En verdad lo intentó. Intentó escuchar a sus instintos y no a la nube constante de confusión en su cerebro. Y mientras su cerebro balbuceaba ante la idea de dejar el departamento con un relativo desconocido, sus instintos estaban tranquilos. Y eso era una sensación extraña pero no enteramente molesta. Era bueno, en cierto modo, simplemente aceptar algo y no pensar más en ello.

—Bien, nos aparecemos. —dijo, se puso de pie y tomó su brazo antes de que su cerebro la detuviera.

La sonrisa en el rostro de Theo mientras se aparecían no escapó su atención. Se preguntó si la había aprendido de Malfoy.

—¿El Callejón Diagon? —preguntó cuando regresaron a la existencia.

—¿A dónde creías que te iba a llevar? ¿A tu fin? —rio Theo, sin hacer ningún intento de soltar su brazo. —Es momento de pescar. —anunció.

—¿Pescar? —preguntó Hermione.

—Soy un pescador de hombres. —dijo sonriendo.

Hermione se congeló, su brazo moviéndose hacia adelante junto con Theo antes de que él se diera cuenta de que se había detenido.

—¿Acabas de decir una frase de la biblia? —murmuró en voz baja, completamente perdida sobre como un mago sangre pura hubiera citado una frase de religión muggle con un toque de doble sentido, si es que entendió correctamente.

La jaló para seguir caminando.

—Te estoy citando a ti, obviamente. A menos que… espera. ¿Es mi cita favorita de Granger plagiada?

La boca de Hermione se abrió y la única cosa que no hizo que cayera hasta el suelo fue la combinación del agarre de Theo y el caminar.

—Tal vez haya sacado eso de un libro religioso. —admitió, sintiéndose un poco blasfema a pesar de que era una bruja.

—¿Y le cambiaste el propósito para que quedara con mis esfuerzos de cacería de novio? —le dio a su brazo un apretón amigable y una enorme sonrisa invadió su rostro. —Por eso es por lo que somos tan buenos amigos. Ni siquiera me voy a quejar de cuánto tiempo pasarás en Flourish and Blotts hoy porque eso me ha puesto de muy buen humor.

Hermione se sentía sin ataduras. Esperaba pasar el día organizando los libros e investigando más. Había planeado sentarse con su gato en el regazo, son una taza de té a su lado y un libro en sus manos. Y de alguna forma ahora se encontraba caminando del brazo de Theodore Nott mientras se dirigían hacia Flourish and Blotts. Soltó su brazo en cuanto entraron a la tienda.

—Vuélvete loca, Granger. —bromeó. Aunque una parte de ella quería darle un golpe, no podía evitar que la emoción la invadiera al entrar a la librería. Dios, el olor de los libros hizo a su cabeza girar. Necesitaba hacer esto más seguido. Había extrañado el sentimiento de emoción mezclado con satisfacción.

Con el ceño fruncido, recordó la casi biblioteca que tenía por todos lados en su departamento.

—No creo que tengamos más espacio para libros en casa. —comenzó, arrepintiéndose de cada palabra. Ya había visto un interesante libro de Miranda Goshwak. Sus dedos hormigueaban por inspeccionarlo.

Theo soltó una carcajada detrás de ella.

—No arruines mi día, Granger. Obligarte a añadir más libros a tu demente colección es uno de mis pasatiempos favoritos. —se inclinó casualmente sobre el librero detrás de ella. —Y no solo porque hace enojar a Draco, aunque ciertamente eso es un beneficio.

—¿Estás seguro de que somos amigos? —preguntó, cayendo en la tentación de revisar el libro. Podía permitirse darle un vistazo rápido.

—Claro que lo somos. —dijo sin parpadear, frunciendo el ceño —Pero tengo una confesión. —continuó.

Miranda Goshwak insistía en que el libro en las manos de Hermione sería el nuevo libro definitivo de pociones de alto rango, finalmente reemplazando el favorito de las clases "Pociones Avanzadas" de Libatus Borage.

—¿Confesión? —preguntó distraída, leyendo el índice.

—No te secuestré sin razón. —dijo Theo, tomando el libro de sus manos. —Ahorita compramos esto para Draco.

—Lo quería para mí. —dijo con intento a medias de tomar el libro de nuevo.

—Mentirosa. Pero esto es sobre mí, recuerda, tengo una confesión.

Hermione golpeó el pie y puso las manos en las caderas, esperando pacientemente poder recuperar el libro. Ignorando, ilógicamente, las otras docenas de copias a su alrededor.

—Necesito darte algo de amor duro. —dijo, hojeando el libro que robó de sus manos. —Huh. —reflexionó. —Me recuerda a la clase de Slughorn. No, gracias. —Se enderezó del librero y le hizo un gesto a la cajera que estaba del otro lado de la tienda. Alzó el libro y apuntó hacia él y luego a sí mismo, antes de caminar a la salida de la tienda.

—¿A dónde vamos? —preguntó Hermione. —Todavía necesito pagar…

—Les dije que lo cargaran a mi cuenta. —dijo Theo, abriendo la puerta para ella.

—No necesitas…

—¿Traes dinero contigo? —preguntó, con una sonrisa fastidiosa en su rostro.

—Yo… no. —No había estado pensando, claramente, cuando lo dejó llevarla en esta ridícula excursión e intento de secuestro disfrazada de cacería de novio. Todo lo que había traído era su varita y su inteligencia, y la última parecía no estar del todo presente.

—Vamos por un trago al Caldero Chorreante. —dijo Theo, aun esperando que ella saliera por la puerta. —El amor duro no es una conversación para tener en la calle. Los plebeyos podrían escuchar.

Hermione finalmente se movió, pasándolo con un bufido.

—¿Plebeyos, en serio?

—Sé que piensas que es divertido, Granger. —dijo, caminando detrás de ella. Su risa fue inconfundible. —Te has reído de esto antes.

Hermione caminó más rápido.

Hermione miró a su excompañero de clases mientras le daba una bebida y se sentaba frente a ella.

—Son las dos de la tarde. —dijo Hermione.

—Es fin de semana. —respondió Theo, chocando su bebida con la de ella, a pesar de que todavía estaba intacta sobre la mesa. Aun no sabía si estaba molesta con él o no, pero rodó los ojos y tomó un trago de su bebida.

—Tal vez no te des cuenta, Granger, pero definitivamente me extrañas.

Otra vez rodó los ojos. Disgustada, Hermione tenía que admitir que había algo fácil sobre la compañía de Theo, aunque fuera tan peculiar.

—¿Entonces cuál es el amor duro por el cual me has secuestrado? —preguntó, directo al grano. Ser directa ya le había funcionado una vez hoy.

Theo bajó su bebida, algo inseguro por primera vez desde que llegó fanfarroneando a su departamento sin avisar.

Se aclaró la garganta.

—Bueno, primero. Me gustaría decir que Draco se vaya a la mierda. —una pausa, presuntamente para darle más efecto. —Y honestamente, a la mierda el cara rajada y la comadreja también por tratarte como si fueras un pequeño pájaro herido al que tienen que darle de comer en la boca en forma de información censurada sobre su propia vida.

Hermione comenzó a escucharlo ofendida y terminó confundida y, curiosamente, tranquilizada al final. Se sonrojó.

—Por el amor de Merlín, han pasado tres meses. —continuó Theo. —Creo firmemente en el hecho de que Hermione Granger puede soportar absolutamente todo. Y siéntete libre de decirles mis halagos cuando Draco me asesine por secuestrarte.

—Yo… Wow. —Hermione en verdad se sentía sorprendida. —¿Gracias? Pero en realidad no había estado lista… —no sabía que decir o cómo decirlo. Las palabras de Theo y su inesperada confianza la invadieron como una especie de cualidad irreal.

—No te cubras, debieron de haberte empujado más. Y de nada. Aunque siento que deberías meditar mis halagos con un recordatorio de que también eres bastante fastidiosa. Y una verdadera amenaza cuando te lo propones. Pero en general, ahora nadie te da el crédito que te mereces. —dio otro trago a su bebida antes de continuar.

—La mierda sobre Draco y los Potter fue solo la presentación sobre lo que en realidad quiero hablar contigo, algo que quiero que recuerdes cuando consideres lanzarme una maldición. De hecho, ¿existe la posibilidad de que me quede con tu varita en lo que hacemos esto?

Hermione entrecerró los ojos.

—No.

Dejó salir un suspiro.

—Valía la pena intentarlo.

El silencio se espació entre ambos, Theo encontró algo extremadamente fascinante en su cerveza, golpeando los dedos contra el cristal mientras la miraba. Finalmente, su mirada se movió hacia Hermione y habló.

—Lo estás matando.

Hermione se sorprendió ante la repentina acusación.

—¿Malfoy?

—No. No, Malfoy. Draco, el hombre que entrelazó su vida, su alma y su magia a tu trasero hasta el fin de los tiempos. Y cómo su mejor amigo, literalmente ya no puedo soportarlo. Él está perdiendo la cabeza y bebiendo todo mi buen whisky.

—Yo…

—No es tu turno para hablar, Granger.

Se recargó de nuevo en la silla, honestamente sorprendida por la fuerza con la que detuvo su interrupción.

—Ha estado durmiendo en el sofá… en ese sofá… por casi tres meses. ¿Te has dado cuenta de eso? Pregunta retórica, por cierto, y ahora que he comenzado no puedo detenerme. Su espalda está destrozada, tiene un nudo en el cuello del que no deja de quejarse y el hombre está hambriento por afecto. Lo que es algo raro de mí saber sobre él, pero así son la cosas ahora. Tú te reencontraste conmigo, ¿hace qué, una hora? Y ya nos hemos aparecido y caminamos por la calle del brazo, pero al hombre ni siquiera lo has tocado desde…

—Eso es diferente…

—Aún no termino. —chasqueó, su comportamiento por primera vez le recordó a su casa, de la mueca de Slytherin y de utilizar las palabras como armas. —Y luego está todo eso de la situación Malfoy. Ya no somos niños, podrías intentar usar su primer nombre, por Merlín. Estoy comenzando a pensar que Draco lleva la cuenta de cada vez que evitas utilizarlo y se toma shots de mi buen alcohol por cada ofensa.

Hermione brincó cuando él se inclinó sobre la mesa y le dio un toque a su cuarto dedo de su mano izquierda.

—¿Y ni siquiera has preguntado sobre esto, cierto? Estoy bastante seguro de que él asumió que cuando menos preguntarías al respecto, por mera curiosidad, pero no has dicho una maldita palabra. Es un anillo hermoso, sabes. Incluso yo no lo odio y eso que los dos tienen pésimo gusto.

La dureza del rostro de Theo se desvaneció al tiempo que él dejaba salir un suspiro.

—De acuerdo, eso era todo. Ese fue el amor duro.

Hermione abrió la boca para decir algo pero la cerró de nuevo. Tomó un trago de su bebida. Abrió de nuevo la boca y luego tuvo que parpadear las lágrimas que la sorprendieron.

Theo jadeó y recargó la cabeza contra la silla, mirando al techo.

—Te hice llorar. —dijo. —Draco en verdad va a matarme.

—Son lágrimas de lo abrumada que me siento. —dijo, controlándolas. —Eso fue… mucho.

Theo mantuvo su cabeza inclinada hacia el cielo, como si buscara absolución.

—Si quieres lanzarme una maldición, ahora es tu momento. —murmuró.

—No te lanzaré ninguna maldición.

Bajó la mirada, estudiándola.

—¿Así que por donde quieres comenzar? —preguntó.

—¿Comenzar? ¿Con todo eso? —dejó salir una risa nerviosa, ahogándose en el llamado amor duro.

—Recuerdo que intentaste interrumpirme más de una vez.

—¿Él… te ha dicho todo eso? —preguntó Hermione, con un incómodo sentido de exposición asentándose en su estómago.

—Algunas cosas, otras las supongo. Soy bastante bueno para leer entre las líneas.

—Bueno, él no me ha dicho nada, ni siquiera entre líneas, porque ha estado muy ocupado usando Oclumancia durante cada día del último mes. —explotó Hermione, la frustración saliendo a flote. —Apenas logré que dejara de usarla un poco esta mañana.

Theo levantó sus manos en un intento de defensa.

—Mira, estoy absolutamente en contra de que Draco use Oclumancia tanto como tú. Esa cena que ustedes tuvieron lo jodió un poco. Pero si quieres que se detenga, tal vez ahora es un buen momento para… no sé, hacer algo.

Hermione se mordió el labio inferior, rotando su casi vacía bebida entre sus manos, cualquier cosa para mantenerse ocupada. Ella sabía que la cena había sido mala, incluso con su disculpa y su insistencia de que no era lo que parecía. Pero parecía que el hecho de tener que soportarlo rompió la confianza que Draco tenía en su compostura.

—¿Entonces cuál es la diferencia? —preguntó Theo tranquilamente.

—¿Sobre qué?

—Dijiste que es diferente cuando yo te toco a comparación de él.

—No estoy casada contigo.

—Lo que debería hacerlo más sencillo, pensaría yo. —dijo Theo.

Hermione dejó salir un suspiro.

—No, dios, lo hace mucho más difícil. Hay demasiada… expectativa con eso, por lo del matrimonio. Tocarlo sería… significaría, hay demasiada… —Hermione tomó su cabello desde la raíz, frustrada por su inhabilidad de usar las palabras como una adulta funcional. Su cerebro continuaba liberando más sentimientos que los que podría lidiar. Dejó salir un extraño sonido y presionó su frente contra la mesa de madera como signo de resignación, ignorando la mancha húmeda en la que cayó.

—¿Hermione? —preguntó Theo. Ella masculló que lo escuchó desde su posición cara a cara con la mesa del bar. —Bueno, no voy a mentir y decir que eso tuvo sentido. —dijo Theo. —¿Podrías intentarlo de nuevo?

Hermione alzó la cabeza, limpiando la mancha de su ojo derecho. Theo ni siquiera tuvo la decencia no verse divertido.

Tomó un respiro y comenzó de nuevo.

—Hay historia. Y no conozco la historia y eso me está volviendo loca. Estoy intentando descifrar como hablar con él, ¿pero tocarlo? ¿Qué significa? ¿Qué es un toque casual, qué es algo más? ¿Nos tocamos mucho? ¿O somos más reservados? ¿Nos abrazamos? Es una puerta que todavía no estoy lista para abrir.

Theo consideró sus palabras con el ceño fruncido, con los dedos en su rostro en lo que parecía una admirable imitación de Severus Snape.

—De acuerdo, eso fue mejor. —dijo finalmente. —Te daré un "Aceptable".

—¿Un "Aceptable"? En mi vida he tenido un "Aceptable" en algo…

Theo se estaba riendo de ella. Verdaderamente riéndose de ella meros momentos después de su colapso mental. Y por alguna razón, Hermione no pudo evitar reír también, con una puerta diferente abriéndose. Al tiempo que su risa disminuía, el rostro de Theo se tornó serio de nuevo.

—En un esfuerzo por proteger mi buen alcohol, ¿tal vez, llámalo por su nombre? Te lo prometo, significaría mucho para él. —hizo una mueca. —Merlín, la sinceridad sabe horrible.

Hermione asintió. Podía hacer eso. O al menos podría intentarlo. Y lo quería hacer. Necesitaba recuperar algo del control de su vida.

—Gracias, Theo. —le dijo, diciéndolo de verdad. —No mencionaré el secuestro. Si eso es lo que quieres, claro.

El rostro de Theo se iluminó mientras sonreía, una orgullosa especie de cariño lo invadió.

—Por eso que es funcionamos tan bien, Granger. Tú me entiendes. —bajó la voz, inclinándose sobre la mesa. —¿Ahora sí podemos intentar conseguirme un novio? Estamos perdiendo luz del día.

—¿Utilizas lentes para leer? —Hermione no pudo evitar preguntar ante la vista de Malfoy en el sofá de terciopelo, libro en mano y un par de lentes con un simple armazón negro en su rostro.

Se los quitó tan pronto ella habló, aclarándose la garganta mientras la miraba. Su aparición había sido casi silenciosa, claramente lo había agarrado con la guardia baja.

—Ah… sí, a veces.

Hermione sonrió. De alguna forma le quedaban bien.

—No estás usando Oclumancia. —observó.

—Contra mi mejor juicio, no, no la estoy usando.

—Bueno, yo lo aprecio.

—Debería avisar que estoy de pésimo humor. Estuve en el hospital por horas.

Cuidadosamente, Hermione dio un paso hacia el sofá.

—¿Harry y tú arreglaron las cosas? —preguntó.

—Eventualmente. Aunque nos hicieron esperar innecesariamente. Potter al final tuvo que usar la carta de "Soy Harry Potter", lo que siempre es horrible de ver.

Hermione rio y él se veía sorprendido ante su reacción, como si no hubiera esperado que ella encontrara algo gracioso en ello.

—¿Y tú no intentaste usar la carta de "Soy Draco Malfoy"? —era una broma, pero también era una prueba de su nombre, de su forma en su boca, de sentirlo contra su lengua, del prolongado efecto en su garganta.

Su postura cambió y sacudió la cabeza.

—Esa no ha funcionado desde hace algún tiempo.

—Oh. —dijo y la conversación se extinguió. Se detuvo a unos cuentos pasos del sofá. Unos cuantos pasos de una decisión de hacer algo diferente, de intentar. Sus pies habían caminado a destinos mucho más peligrosos que a un mueble ocupado por Draco Malfoy, y sin embargo, se quedó inmóvil.

Malfoy alzó una ceja, sus ojos mirando el paquete con forma de libro en sus manos.

—¿Otro libro? —preguntó, con una sonrisa en su rostro. —Me estaba preocupando de que no tuvieras suficientes.

Eso fue suficiente para impulsarla a moverse. Caminó los pasos restantes hacia el sofá y se sentó junto a él, de lado para poder ver su perfil, con las piernas cruzadas debajo de ella. Con un respiro o un simple movimiento, sus rodillas tocarían la tela de sus pantalones. Casi quería que así fuera.

Hermione sostuvo el libro, ofreciéndoselo.

—Es para ti, de hecho.

Él no reaccionó inmediatamente, ajustándose a su proximidad. Se había quedado quieto, casi vacío por un segundo antes de tomar un respiro. Movió su torso para poder verla mejor, con preguntas y sospechas en su rostro.

Acercó más el libro hacia él.

—Tómalo. —le urgió.

Aún indeciso, tomó el libro de sus manos y retiró el papel de envoltura de la tienda. Sus ojos se sorprendieron al leer el título. Silenciosamente, giró el libro para inspeccionar la parte de atrás. Lo giró de nuevo, lo abrió con dedicación, la página del título, el índice de contenido y más páginas. Hermione lo miró, hipnotizada.

Aún en silencio, cerró el libro y la miró.

—Estaba pensando en comprarlo en estos días. —dijo. —Gracias.

Si alguien le hubiera dicho a la Hermione del 2001 que darle un regalo a Draco Malfoy y verlo amarlo haría que su estómago revoloteara, le habría lanzado un hechizo después de reírse incontrolablemente ante la idea.

Pero Hermione no podía negar el orgullo que creció en su pecho, al ver como lo Malfoy lo apreciaba. Había regresado a recorrer las páginas, completamente inconsciente del efecto que su respuesta había tenido en ella. Hermione tomó otro paso.

—Hey, Malfoy… Draco. —dijo, regañándose por su error.

Él levantó la cabeza rápidamente, buscándola.

—Me estaba preguntando... —comenzó, la aprensión casi deteniéndola. La empujó. —¿Podrías decirme más sobre… nosotros? Creo que estoy lista para escucharlo.

Él rompió el contacto visual, bajando la mirada hacia el libro en sus manos. Cuidadosamente, casi reverentemente, lo puso sobre la mesa de centro y se giró más hacia ella. Se sentía nuevamente protegido, como si Hermione hubiera perdido algo del terreno que había ganado, todos los pasos que había dado.

—¿Qué te gustaría saber? —preguntó.

—¿No estás usando Oclumancia, cierto?

—Sólo fue un momento, pero ya me detuve. —admitió con un toque de arrepentimiento. —No esperaba eso.

—Si me vas a contar sobre… —hizo un gesto con las menos entre los dos. —Nosotros, preferiría que dejaras tus emociones intactas.

—¿Te das cuenta de que estás siendo despiadada, cierto? —preguntó, dejando salir un suspiro.

—Algo me dice que probablemente ya has mencionado eso antes.

¿Era demasiado pronto? ¿Podrían hacer bromas al respecto? Dejó de respirar mientras esperaba que sus palabras lo golpearan.

Él golpeó una mano contra su muslo, pensativo.

—No estás equivocada.

Hermione sintió como se formaba una sonrisa.

—Así que, Draco. —se sentía extraño decirlo, justo como esperaba, pero tenía que intentarlo. —¿Cómo pasamos de clasificar objetos oscuros en tu casa a…?

Si le sorprendió que ella supiera sobre su proyecto con el Ministerio, no lo demostró. En su lugar, frunció el ceño.

—No puedo hablar por ti. —comenzó. —Hemos hablado de eso, por supuesto, pero no podría explicarlo por ti.

Hermione se encogió, bajando la vista. Tomó un rizo que colgaba sobre hombro, buscando algo que hacer con sus manos ante la decepción.

—Pero supongo que puedo decirte cuando fue que lo supe.

Ella lo miró, la tensión apareciendo entre sus ojos.

—Te encontré un día. —dijo. —En la estancia de la Mansión. La que había estado cerrada y con protecciones, por cierto. Pero tu lograste entrar.

Dejó salir una risa y Hermione tuvo que alejar la mirada. Lo sintió tensarse.

—Lo siento. —dijo. —Se me olvida que es menos tiempo para ti desde que eso sucedió.

Ella sacudió la cabeza.

—Está bien, continúa.

Hermione pasó saliva, arriesgándose a mirarlo de nuevo. Pero él ya no la estaba mirando. Su mirada estaba fija detrás de ella, distante de una forma diferente a cuando usaba Oclumancia. Él podía ver lo que ella no, un recuerdo compartido que sólo vivía en una de sus mentes.

—No entré. —dijo. —No podía. Pero miré, desde la puerta, como tu estabas parada exactamente donde sucedió, mirando los tapetes. Estabas murmurando algo para ti misma y yo estaba genuinamente preocupado por ti.

La miró de nuevo.

—Era primavera, tenías las mangas de tu suéter hasta los codos porque hizo calor durante el día. —su mirada se movió hacia el brazo izquierdo de Hermione. —Te negabas a ocultarla, así que las letras estaban ahí en tu brazo mientras estabas de pie en el lugar donde fueron talladas. Yo ni siquiera podía entrar a la habitación sin sentir que iba a vomitar o desmayarme y ahí estabas tú, parada como si no fuera nada.

Tal vez Hermione se arrepentía de esto. De pedir escuchar. Pero no podía pedirle que se detuviera. No ahora que finalmente le estaba ofreciendo una pequeña parte de él.

—Te quedaste bastante quieta, cerraste los ojos y solo… solo exististe en ese lugar. Creo que contuve la respiración todo el tiempo. Unos minutos después simplemente te giraste a la izquierda, ni siquiera estabas sorprendida de encontrarme observando. Te pregunté que estabas haciendo. Era lo más bizarro que había visto. ¿Y sabes que dijiste?

Lo sabía.

No porque lo recordara. Lo sabía porque tenía sentido, es lo que habría hecho, lo que habría dicho en una vida diferente. Y de alguna forma, el recuerdo de eso y el instinto se unieron.

—No la estaba dejando ganar.

Malfoy se congeló, buscando en su rostro con una innegable esperanza que hizo que le doliera el pecho. Era un drástico contraste contra su distancia de su Oclumancia.

—No lo recuerdo. —le dijo. —Simplemente lo sé.

Un músculo en su quijada se tensó, pero asintió.

—No es como si la infame valentía Gryffindor fuera un secreto. —continuó. —Pero nunca había visto algo así. Esa misma noche, comencé a experimentar con pociones para remover la cicatriz para ti. Yo vi como lo venciste, como la venciste. No tenías que removerla, pero no quería nada más que poder darte una opción.

—Y la usé. —dijo. —Obviamente.

Se movió ligeramente, sus rodillas casi tocándolo: una distancia de casi nada y de alguna forma, de todo.

—¿Tú también la usaste? —preguntó, mirando a su brazo izquierdo. No podía recordar verle la Marca Tenebrosa, pero las oportunidades no habían sido precisamente abundantes.

Él entendió lo que quería decir, porque su mano derecha tocó su brazo izquierdo sobre su camisa. Hermione notó el brillo de su anillo de bodas en su mano izquierda. La ausencia de joyería en su propia mano se sintió pesada en sus huesos.

—No. —dijo. —No lo hice.

Sus ojos se entrecerraron mientras lo veía apretar su brazo.

—¿Por qué no?

—Porque él ganó.

Hermione no sabía que decir ante eso, como entenderlo. Ignorando el obvio hecho de que Voldemort no ganó, pero no sabía cómo interpretar el significado de sus palabras.

Así que lo miró de la misma forma que él la miraba a ella: un estudio en una silenciosa conversación. Fue asombroso, por ese momento, hubo una tregua en su cerebro donde Draco Malfoy no era Draco Malfoy, sino solo el hombre frente a ella. El hombre quien, como dijo Theo, unió su vida, su alma y su magia a ella. Y a pesar de toda la lógica, sintió que estaba comenzando a entender.

Crookshanks brincó a su regazo, rompiendo su concentración y trayendo una sonrisa a su rostro.

—Creo que me iré a la cama. —dijo, rascándole al gato detrás de las orejas.

Draco asintió a su lado y se giró ligeramente, creando espacio. Hermione se puso de pie, Crookshanks en sus brazos. Se detuvo antes de irse hacia la recámara.

—¿Draco? —preguntó. Era una pregunta innecesaria, sus ojos no habían dejado de seguirla, ella ya tenía su atención. —¿Por qué no transformar el sofá a una cama al menos? ¿Para hacerlo más cómodo?

Draco corrió una mano entre el terciopelo verde del sofá, con una sonrisa apareciendo en sus labios.

—Algunas cosas son demasiado preciosas.

Por ahora, eso era respuesta suficiente.

Hello there!

Este es uno de mis capítulos favoritos porque Hermione ve un poco más allá; no solo ella está sufriendo por las secuelas de ese accidente... sino también Draco. Me gusta como ella por fin decide intentar mejorar su relación con él y bendito Theo!

Muchísimas gracias por todos sus comentarios y favoritos!

Nos leemos la próxima semana!