Eran cerca de las seis de la mañana, y el sol comenzaba a asomarse por el Golfo de Nápoles, cuando sintió que algo la anclaba al colchón. Abrió un ojo y después el otro, algo extrañada y con miedo de lo que pudiese encontrarse. Vio que era el brazo de Peeta el que la tomaba por la cintura fuertemente apegándola a su pecho. Intentó zafarse del abrazo, pero como su corto camisón negro estaba enroscado bajo las manos del rubio tuvo que moverse más de lo que hubiese debido. Peeta al sentir que se removía bajo sus brazos, aún dormido, la apretó más fuerte contra su cuerpo haciendo que sintiese toda su intimidad. Enseguida sintió sus mejillas arder y cada segundo que pasaba en esa posición, la hacían imaginar cosas que la sofocaban aún más. Recordaba los labios de Peeta besando su cuerpo, los gemidos que sólo él podía sacarle. Siguió removiéndose pero no podía salir de la cama. Peeta parecía tener los brazos de acero y el sueño imperturbable. Cuando la mente de Katniss estaba totalmente alterada, el rubio inhaló el aroma de su pelo y comenzó a sembrar un reguero de pequeños besos en el cuello. Frustrada, suspiró y él la apegó aún más a su cuerpo si se podía. Sintió su mano arrugar el camisón y colarse bajo él, jugando con el elástico de sus bragas. Calor, calor y más calor. Se incineró cuando Peeta acarició su punto sensible.
-Peeta… -Imploró casi sin aire.
-Dime preciosa. –Contestó mientras seguía acariciando su cuerpo lentamente.- ¿Qué es lo que quieres de mi?
-Baaaasta… No podemossssss… -Logró articular.- ¡Ay Diosssssss mío! Si, si podemos… -Gritó entre jadeos cuando él, rasgando su ropa interior, la penetró lentamente.
-Claro que si cariño, si podemos… -Dijo mientras se movía tratando de contener la pasión que lo volvía loco hacía varios días ya.
Katniss estaba terriblemente excitada. Que Peeta la tuviese amarrada y casi inmóvil contra su cuerpo la había encendido. Hasta que lo sintió dentro suyo, no reconoció lo mucho que lo había deseado. La poseyó con desesperación acabando el encuentro con un suspiro liberación y gemidos contenidos. Besó su espalda mientras salía de ella. La castaña esperó inmóvil que se levantara de la cama pero él no lo hizo. Al cabo de unos minutos se volteó extrañada queriendo saber que demonios estaba haciendo. Un Peeta que parecía calmo la miraba como tratando de memorizarla.
-Hey Mellark, ¿No sería mejor mirarme así? –Le dijo en un acto de valentía, mientras terminaba de sacarse el camisón quedándose totalmente desnuda. Planificaba levantarse de la cama y dirigirse al baño, pero su compañero no tenía los mismos planes.
-¿Sabes? Creo que tienes razón… Es mil veces mejor verte y disfrutarte así. –Le dijo antes de comenzar a besarla con devoción.
…****…
A las nueve de la mañana estaban listos para bajar a desayunar. Luego de un segundo encuentro amoroso, aún más pasional y exigente que el primero. Se habían alistado por separado. Katniss estaba terminando de anudar un pañuelo de seda con flores rojas a su cuello cuando vio al rubio asomarse por la puerta del baño.
-¿Estás lista preciosa? No quiero… -Sus palabras quedaron suspendidas en el aire cuando la vio. Tenía puesto un jean desgastado y ajustadísimo, con una blusa escote corazón blanca que parecía ser parte de su cuerpo. Los zapatos de tacón le hacían sus piernas más largas, casi infinitas.
-¿No quieres…? –Dijo la castaña levantando las cejas mientras terminaba de guardar en el bolso, el lipstick rojo que acababa de ponerse.- Yo lo que no quiero es irme sin desayunar señor Mellark, así que andando. –Pasó a su lado rozándolo y lo vio implorándole calma al cielo. Estaba guapísimo con ese look náutico; pero vamos, ¿Alguna vez Peeta se había visto mal? No, nunca y ese día no era la excepción.
-No quiero que se nos haga más tarde preciosa. –Esbozó mientras se recomponía y salía tras ella.
Desayunaron en silencio. Katniss no sabía cómo tratarlo después de lo de esta mañana. ¡Peeta Mellark era tan raro! Un rato era un amante tierno y cariñoso, pero al rato era un tempano de hielo. Nunca podía adivinar, siquiera imaginarse, que era lo que cruzaba su cabeza. No quería preguntarle qué era lo que estaba pasando para no "arruinar" el momento, aunque sabía que tarde o temprano, esa charla debía llegar. Peeta en cambio suponía que con lo que había ocurrido horas antes, lo había "arruinado" todo. Se regañaba por lo estúpido que había sido al ceder a sus impulsos, a su necesidad de hacerla suya. Necesitaba estar dentro de ella como necesitaba respirar y se odiaba por ello. Definitivamente cuando llegase a Amalfi llamaría a Finnick. Necesitaba que alguien lo pusiese en perspectiva.
…****…
Poco antes de las diez de la mañana tenían todo el equipaje cargado en la pequeña Ferrari gris de los años cincuenta que los llevaría hasta Amalfi. Con la capota baja iniciaron el viaje. Katniss iba admirando el paisaje y tomando muchas fotografías. Se la notaba serena, aunque los nervios la hicieran querer comerse las uñas. Peeta se sentía muy cómodo teniéndola a su lado y quería hacerla feliz. Ni bien entrar a Sorrento aminoró la marcha para que ella sacase algunas fotos más. Habían salido tarde y no había tiempo para frenar, pero se prometió que le mostraría el lugar en los días que aún les quedaban por delante. Mientras ella canturreaba en dialecto napolitano se permitió sentir.
-"Qui dove il mare luccica e tira forte il vento, su una vecchia terrazza davanti al golfo di Surriento... un uomo abbraccia una ragazza dopo che aveva pianto, poi si schiarisce la voce e ricomincia il canto... –Mirándolo fijamente continuó cantando con pasión.- Te voglio bene assaie; ma tanto tanto bene sai è una catena ormai che scioglie il sangue dint'e vene sai..."
El rubio sintió su dulce voz y le llegó al alma. No sabía decir si era la letra o su voz, pero estaba deseando que todo fuese un poco más fácil. Y después de muchos años se encontró cantando… "...Ma due occhi che ti guardano così vicini e veri… ti fanno scordare le parole, confondono i pensieri." cantando una triste canción de amor napolitana que no tenía un final feliz... tenía un final triste, tal cual él sabía que sería el suyo con Katniss y por ello no pudo más que angustiarse aún más. –Tienes una voz hermosa Katniss. –Sentenció cuando ella hubo terminado de cantar
-Gracias Peeta. –Se sonrojó esbozando una tímida sonrisa genuina- Tu tampoco lo haces mal.
-Gracias por intentar hacerme un cumplido, pero tú sabes que no es verdad preciosa. –Dijo riendo.
-Será que amo tu voz… hasta cuando gruñes y es por eso que me encantó oírte cantar en mi idioma favorito. –En la segunda ráfaga de valentía del día, se sinceró.
Peeta pensó, pensó y pensó sus palabras, para decidir callarse y solo besar su mano. Mano que sostuvo con la suya hasta que llegaron a Positano. Allí bajaron a almorzar en un pequeño restaurant costero. Pidieron Pizza porque no podían demorarse con algo más elaborado. Como Katniss se enamoró del lugar, él ahora si le prometió a ella, llevarla antes de volver a Nueva York. A partir de allí, el ambiente entre los dos se sentía más relajado; y esta vez fue la castaña quien buscó el contacto con él, recostándose sobre su hombro.
Entrando a Amalfi, el móvil de Katniss comenzó a sonar. Ella enseguida lo miró extrañada porque era un número italiano el que aparecía en la pantalla. Puso instintivamente el altavoz y respondió.
-Pronto. –Dijo frunciendo el entrecejo.
-Pronto, Dottoressa Abernathy Everdeen; Sono il Signore Salvatore... sono Dante Salvatore. ¿Mi ascolta Lei?
-Buongiorno Signore Salvatore, mi dica.
-Dottoressa, mi scusa Lei, ma c'è stato un affare di famiglia e ho bisogno di partire per Milano presto. Sarete in grado di venire subito a segnare il contratto?
Katniss miró a Peeta y éste asintió con la cabeza. No quería seguir dilatando aún más la firma de éste contrato, así que decidió dejar de lado el hecho que vestía "de civil", todo en pos de resolver el asunto lo antes posible. La jefa de legales de Mellark Industries, le explicó que estaban llegando a Amalfi y que su vestimenta no era la apropiada para la reunión, pero que la documentación si estaba lista. Salvatore le dijo que ese no era el problema y le confirmó la dirección.
- Bene Signore Salvatore, saremmo nella sua casa in quindici minuti. ArrivederLe.
-Grazie e arrivederLa Dottoressa.
De pronto a Katniss no le pareció tan buena idea su atuendo como le había parecido esa misma mañana. Una cosa era verse sexy para el jefe de su jefe, y otra cosa era ir vestida como una oportunista a la casa de uno de los clientes más importantes de la empresa. Al perfecto y siempre intachable Peeta, parecía no importarle su look informal, así que intentó relajarse. Al llegar hasta la verja de entrada de la casa de Salvatore, él le dijo –Ahí vamos Dottoressa. Saquémonos este asunto de encima de una vez.- Ella se lo quedó mirando, porque muy risueño le estaba diciendo que el contrato con Salvatore era una burda excusa para llevarla a Italia, ya que su firma no peligraba en lo absoluto.
La reunión con Dante Salvatore estaba siendo corta pero muy amena. Ni bien llegaron, el italiano se excusó por su apuro contándoles que su pequeña estaba a punto de dar a luz y que él quería estar allí para ella. Ese hecho hizo enternecer a Katniss y Peeta la miró serio. Ese gesto debía reafirmarle aún más su decisión de alejarse de la castaña, pero no podía. Verla tan relajada riendo mientras trabajaba tan eficientemente, aún sin la protección que le daba su atuendo profesional, lo hacía admirarla más y considerar su valía como un tesoro. Ella fue la encargada de llevar la reunión porque a veces el rubio siquiera escuchaba lo que estaban hablando. Entre el Lemoncello helado que estaba disfrutando y su jefa de legales, no quería pensar en nada más. La miraba a ella, la miraba y la disfrutaba. La calidez de su risa, su variedad de gestos al hablar, la expresividad de sus ojos, la firmeza con la que defendía sus convicciones y el efecto que causaba en los demás. El efecto que causaba en los demás… Especialmente en él. La tenía cerca y era ese adolescente de 18 años que era inexperto, que miraba al mundo con los ojos abiertos porque necesitaba conocerlo todo; era el hombre apasionado, temperamental y libre que solía ser, y, que había tratado de ahogar con la fría máscara de la planificación, del análisis y de la despersonalización. Pero con ella no podía. Intentaba ser el Peeta Mellark que él mismo había decidido ser pero su verdadero yo ganaba ante la presencia de ella.
-¿No es cierto señor Mellark? –Le preguntó Katniss mientras levantaba las cejas como pidiéndole que avalase lo que estaba diciendo. Claramente él no sabía qué era lo que estaban diciendo, por eso, con su mejor sonrisa arrolladora terció. –Por supuesto Doctora Abernathy Everdeen.
-¡Esta bien! Me rindo. Firmemos esto de una vez. –Rió Salvatore mientras firmaba las tres copias del contrato. Una vez que le hubo pasado los papeles a Peeta para que los firmase, celebró.- ¡Maravilloso Mellark! –Dijo estrechando su mano.- Ahora a disfrutar de la vida que es corta. Yo por lo pronto voy a estar con mi niña cuando mi nieto nazca; y ustedes disfruten su estadía en Amalfi… Quizá quien sabe, se lleven más que la firma de un contrato exitoso.
Katniss agacho la cabeza e hizo una sonrisa nerviosa; mientras que él supo que se llevaría algo más que un contrato firmado. Este viaje dejaría un corazón roto, pero no sabía si sería el suyo o el de la hermosa mujer que tenía frente a él. Las cartas ya estaban echadas, ahora había que jugar lo mejor posible con ellas y tratar de no ser el perdedor. Estos días iban a ser una profunda lucha cuerpo a cuerpo con la castaña y a él lo de cuerpo a cuerpo era lo que más lo entusiasmaba; pero lo que no tenía en cuenta era que su corazón había decidido salir a librar su propia batalla y daría todo por no perder.
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¡Buenas noches queridos lectores!
¡Por dios cuanto se ha hecho esperar mi inspiración para terminare este capítulo! Cuando les prometí que nos leíamos la semana pasada era porque estaba a la mitad, pero luego, ya mi cabecita se negó a escribir palabra alguna hasta hoy que decidió cambiarlo todo.
Espero que les guste. A mi quizá no me termina de convencer.
Millones de gracias a Marizpe, Ady Mellark87 y lizzyvb, que no solo aguantan esta historia, sino que me alientan con sus comentarios a seguir escribiendo. Me hacen saber que no estoy sola.
Esta semana ya no prometo nuevo capítulo, pero una nunca sabe.
Cariños a montones,
Igora
