Habían firmado ya el contrato con Salvatore y la excusa que los había traído juntos a ese paradisiaco paraje de Italia, se había acabado. Ambos con la incertidumbre a flor de piel estaban en silencio desde que habían salido de aquella corta reunión. Ninguno de los dos quería dar un paso en falso, ninguno de los dos quería arruinar lo que supuestamente habían conseguido, lo que quisiera que fuese.
Katniss estaba segura que quería al verdadero Peeta de vuelta. No quería ser una más y pasar una semana con el hombre que todas sus amantes conocían; el complaciente, el seductor, el ardiente, el avasallante Peeta Mellark. Ella era ambiciosa. Quería al relajado, al sonriente, al atormentado, al inseguro… al autentico Peeta Mellark. Si le iba a permitir que le rompiese el corazón, que al menos fuese el real, el hombre que nadie más conocía; al que solo conocían quienes habían logrado llegarle al corazón aunque más no sea por un ínfimo instante. El gemelo falso sí que le gustaba, es más, la volvía loca con su seguridad y su sex-appeal; pero el simple, el mundano, el real… lograba atraerla como ícaro al sol, de una forma tan violenta e irresistible que no podía controlar. Ella había apostado todo y no quería perder.
El rubio en cambio, decididamente no sabía lo que quería; o si lo sabia pero no tenía el valor de admitirlo. Quería disfrutar a Katniss siendo el viejo Peeta; viviendo sin restricciones cada uno de los minutos que pasaba con la castaña, pero sabía que eso tendría consecuencias y él no tenía el valor de aceptarlas. En realidad, no quería sobrellevar el después… El después del huracán Everdeen. Sabía que si abría su corazón, en menos de 24 horas su mundo se hallaría patas para arriba, con un torrente intenso de emociones abriéndose paso de todas las maneras posibles. Volviéndolo inseguro, vulnerable y dependiente; y él no quería ser vulnerable nunca más. Nunca más iba a dejar que alguien lo pusiese de rodillas, lo arrastrase al fango de la angustia sometiéndolo a actuar sin pensar y destruyendo su mundo otra vez.
Solo la música los envolvió desde que Salvatore, insinuara lo que ambos pensaban. La voz profunda de Placido Domingo cantando opera, los acompañó durante todo el viaje dejándolos elucubrar cada uno su plan de acción. Katniss miraba el paisaje como distraída mientras su cabeza andaba a mil; y Peeta no paraba de pensar en llamar a Finnick ni bien pusiese un pie en "Le Camelia", la villa que alguna vez había sido propiedad de sus padres y ahora era suya. Si hubiesen apagado la música y hubiesen prestado atención, hubiesen podido oír los engranajes del otro mientras trataban de entender cómo resolver esta semana sin salir heridos.
Cayendo la tarde, "Villa Le Camelia" apareció ante sus ojos. Esa clásica pero moderna construcción rosada que parecía estar protegida a un lado por los acantilados y bendecida por el mar por el otro. Era una propiedad magnifica. Tenía la justa combinación de lo moderno con lo barroco. Ambientes amplios y minimalistas, decorados en blanco y negro; y habitaciones con tapices barrocos, de colores fuertes y gruesas alfombras persas. Como si la gente que habitaba allí, tuviese el alma tan agitada que necesitase de las dos diferentes tipos de decoraciones dependiendo de su estado de animo; como si la intensidad de la vida y los sentimientos de sus habitantes tuviesen a veces la necesidad de inundarse de la tranquilidad del lugar, en medio de las blancas paredes y el travertino impoluto que reflejaba todo lo que se imponía ante él, y otra veces necesitasen la energía que los colores intensos y cálidos que se hallaban desperdigados por toda la casa. Katniss descendió del auto y quedó hechizada por el encanto de "Le Camelia".
-¡Oh por Dios santo Peeta! ¡Pero si este lugar es maravilloso! –Dijo mientras caminaba absorta por la terraza, hacia una de las entradas laterales de la casa.
Peeta, también creía que la Villa era realmente extraordinaria, pero con Katniss cerca, no creía que "Le Camelia", fuese tan bella como aquella mujer. –Si, realmente es un lugar encantador.- Masculló mientras entraba dejaba su maletín en uno de los blancos sillones del recibidor. –Prometo enseñarte toda la casa mañana. Hoy deberás conformarte con que solo te enseñe tu dormitorio.- Terminó diciendo mientras se quitaba la americana y se desabrochaba las mangas de la camisa.
-Esta bien. Creo que podré soportarlo. –respondió la castaña mordiéndose el labio mientras veía a Peeta arremangarse la camisa. Se reprendió mentalmente de haberlo estado viendo; pero es que todo en ese hombre era magnético, sensual y la hacía querer más.
El rubio notó su deseo y deseó poseerla ahí mismo, pero no podía. Debía darle a Katniss la oportunidad de pensar y debía acallar sus propios deseos antes que lo consumieran por completo. Creyó que si apaciguaba un poco el ansia irracional por su cuerpo, le sería más fácil salirse del juego después. Le extendió la mano y con un gesto de inconformidad la invitó a seguirlo. –Andiamo Dottoressa Everdeen. Li mostreró la sua camera da letto.
Katniss amaba el italiano. Siempre había creído que era una lengua maravillosa, desestructurada y sensual; es por eso que el perfecto acento italiano de Peeta la encendió aún más. Decidió que quizá, acomodarse en su habitación y darse una ducha fría, le vendría bastante mejor que tirarse en sus brazos para aclarar su mente. –Andiamo, Signore Mellark. Andiamo. –Dijo en un suspiro resignado.
Subieron las escaleras y de repente, el jefe de su jefe, se detuvo frente a una hermosa puerta blanca. La abrió y se hizo a un lado para dejarla pasar. La habitación era enorme. Blanca e impoluta. Coronada con una enorme cama de hierro con dosel y salpicada armoniosamente con tonos cálidos. A pesar de ser tan grande, parecía un lugar muy íntimo y acogedor gracias a un gran confidente rojo que se situaba frente al ventanal con vista al mar. Se giró y pudo ver el gran cuarto de baño que se asomaba por la puerta entreabierta y no pudo evitar preguntarse donde estarían sus cosas. Antes que pudiese preguntárselo, Peeta se acercó por la espalda y susurrándole al oído le dijo –Enzo trajo tus maletas y Antonia las acomodó en el vestidor que se conecta con la sala de baño.- Cuando hubo terminado de hablar, ella estaba temblando de la anticipación. Peeta enseguida lo notó y no se alejó. Tentándose para provocarla aún más, agregó. –Mi habitación se encuentra al otro lado del recibidor. Si necesitas algo allí estaré. Ponte cómoda. Le pediré a Antonia que sirva la cena en una hora.- Rozando los labios sobre el lóbulo de su oreja, Peeta se despidió dejándola con un río de Lava a sus pies.
Él se había instalado en su habitación de siempre. Era una habitación bastante pequeña en comparación con las otras dos habitaciones principales. La habitación de sus padres y la de Prim eran vibrantes en cambio la suya parecía una habitación de hotel decorada genéricamente en blanco con cortinas y acolchados grises que le daban un toque conservador y moderno a su dormitorio. Con el mobiliario también en blanco, lo único que se destacaba eran los pequeños cuadros que tenía colgados en la cabecera de su cama. Los había pintado él en tonos azules y relajantes como el mar que podía verse desde la ventana. Esas pinturas hacían la habitación tan personal y la convertían en su refugio. Había pensado en alojarse en la habitación que fuera de sus padres, dejándole a Katniss la suya propia, para que pudiese sentirlo durante toda la estadía; pero finalmente decidió cederle la habitación principal a la castaña para darle espacio, para darle ese lugar tan mágico para poder pensar y reorganizar sus ideas. Mientras tomaba una ducha para relajarse, se dio cuenta que era la primera vez que llevaba una mujer allí. Siempre que había venido a Amalfi se había hospedado en un hotel. Creía que "Le Camelia" era un lugar tan especial que no era para compartir con cualquiera, incluso con Delly. Ahí estaba Delly otra vez inundando sus pensamientos. Ahí estaba otra vez ese dolor que creyó enterrar hace 7 años atrás cuando huyó a Oia para olvidarse de todo. Hacía mucho tiempo que creía que lo había superado, pero en el fondo sabía que no había sido así. Se preguntaba una y otra vez porqué Delly lo había engañado, porqué no lo había querido como él la había querido a ella. Eran preguntas que no tenían respuesta porque nunca las había hecho; preguntas que, estaba seguro que nunca podrían responderse porque ni la propia Delly tendría una buena explicación. Allí, con el agua corriendo sobre su tenso cuerpo, notó por primera vez que estaba harto de los ecos de un pasado que aparecía una y otra vez; que los miedos lo arañaban por dentro y que no necesitaba encontrar el porqué, porque sabía perfectamente cuál era la raíz de todos sus males.
…****…
Terminó de tomar una larga ducha y se sentía realmente relajada. El baño de su habitación era más grande que el apartamento de Johanna. Era de unos hermosos colores cálidos y en esa bañera realmente grande, logró finalmente dejar a su mente vagar en medio de una espuma con aroma a jazmín. Se cambió sin pensar en nada más que su propia comodidad. Estaba admirando el fin del atardecer sentada en el confidente rojo cuando de repente oyó una voz muy familiar que encajaba perfectamente con el momento. Abrió la puerta de su cuarto y guiada por la música, llegó hasta un rincón del living. Era realmente precioso el ambiente todo en blanco y negro presidido por un piano blanco de cola majestuoso. Ahí estaba él, escuchando a Sinatra. Inmerso en sus propios pensamientos, cantando apasionadamente y con una copa de vino en la mano que hacía a las veces de micrófono. Con los ojos cerrados, disfrutando del momento, cantaba con una voz profunda y hechizante. Ataviado en una camisa blanca arremangada hasta los codos y un pantalón negro estaba irresistible. No solo su pelo mojado peinado hacia atrás, o su ropa que siempre parecía hecha exclusivamente para él lo hacían parecer un dios griego; era su actitud. Se lo veía libre de tensiones, como si se hubiese quitado varios kilos de encima de un plumazo. Katniss lo miró y lo miró. Se empapó de su voz, de su cuerpo e intentó grabar en su cabeza cada segundo. Para cuando él lo hubo notado, la castaña hacia varios temas atrás que lo estaba admirando.
-¡Oh, Katniss! Perdón, no te había oído llegar. –Dijo sorprendido.
-Oí a Frank y su mágica voz me guió hasta aquí. –Trató de sonar distraída pero no pudo evitar morderse el labio denotando su incomodidad por la mentira.
El se acercó como un predador a su presa. Despacio y sin quitarle los ojos de encima. –Eres muy mala mentirosa ¿Te lo han dicho antes? –Le dijo mientras con su pulgar le quitaba el labio de entre los dientes. Se dio cuenta que lo había oído cantar, así que provocativamente preguntó -¿De verdad fue el viejo Frankie? Que decepcionado estoy. Pensé que mi voz, la que elogiaste hoy por la mañana, podía hacerte querer más. –Terminó su frase pasándole el pulgar por el cuello, dejándole la piel en llamas a su paso.
-Peeta… -No pudo seguir hablando. La anticipación la estaba consumiendo.
-Ya lo sé preciosa. Le diré a Antonia que la cena va a esperar. –La besó tan apasionadamente que ella creyó derretirse como mantequilla en pan caliente.
Entre besos y manos que la acariciaban pecaminosamente, Peeta la arrastró a su dormitorio. Se dedicó tan lentamente a hacerla suya que el corazón de la castaña parecía salírsele del pecho. La entrega y la veneración del rubio a la hora del sexo le hacían a Katniss sentir esperanza. Pensó que si ella le entregaba su corazón en bandeja y lo llenaba de amor, quizá podría demostrarle que valía la pena enamorarse otra vez. Tenía que apostar y ella ya lo había hecho. Apostó por él y lo amó dulcemente hasta caer rendida en sus brazos.
¡Holis!
Si, se obró el milagro y he vuelto por aquí.
Les dejo este capitulo.
Espero que lo disfruten, a ver si anda alguien por aquí aún.
Cariños,
IM
