Capítulo 5: Draco Malfoy

"… hay dos diferentes tipos de ideas, aquellas que proceden de la cabeza y aquellas que emanan del corazón."

−Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo

Mayo

Hermione se mordía las cutículas, un hábito que había desarrollado durante el estrés sin fin de la guerra y que se hizo peor cuando acampaban por todo el país para salvarse. En los seis años perdidos de su memoria, parecía que había logrado superar el hábito, solo para que volviera bajo las demasiado brillantes luces de la sala de examinación de San Mungo mientras esperaba sentada frente a la sanadora Lucas y su aprendiz, Jenkins.

Cada mes tenían estas citas.

Cada mes le decían lo mismo.

−No aparece haber algún cambio. −dijo Jenkins este mes.

El mes pasado la sanadora Lucas tuvo los honores. Independientemente de la entrega, estas revisiones mensuales habían comenzado a descomponerse, habían comenzado a ser repetitivos en su falta de progreso. Después de casi cinco meses bajo el sol, las palabras comenzaban a pudrirse.

Le había dicho a Draco que no se molestara en pedir permiso en el trabajo para sentarse en esta sala de espera para que le dijeran la misma cosa que el mes pasado. Hermione no necesitaba una visita especial al hospital para saber que nada había cambiado dentro de su cabeza.

Excluyendo cada sentimiento que sentía hacia Draco Malfoy, por supuesto.

En las últimas tres semanas desde su discusión en su pequeña cocina, la comprensión de Hermione sobre su dinámica había dado un vuelco en el espacio de un beso casi inexistente. Draco hizo algo completamente inesperado. Regresó de la casa de Theo al día siguiente con una lista de historias sobre su vida juntos y con la promesa de contarle cada una de ellas, sin importar cuanto tiempo le llevara.

Y más importante que eso, regresó con una disculpa.

−No puedo olvidar los últimos seis años. −le dijo, apretando la lista de recuerdos en su puño. −Pero tú tampoco los puedes recordar.

Hermione se había estado sentada en el sofá de terciopelo con Crookshanks y una taza de té cuando él regresó sin respiración y determinado a dejar salir su alma.

−Y lo siento. −continuó. −Perdón por no decirte. Yo creía… esperaba que tú solo recordaras… y que no tendría estas difíciles conversaciones, que no tendría que revivir viejas peleas. Me gustaría enmendar mis excusas de anoche para incluir que también soy un cobarde. Estaba siendo egoísta y cobarde.

Entonces se encogió y una mueca se extendió por su rostro.

−Pero también te he ocultado las cosas buenas, esperando que recordaras y eso no es justo. Sé que una disculpa no siempre es suficiente, así que me gustaría demostrártelo. −y levantó el arrugado pedazo de pergamino en su mano.

Y en los veintidós días desde esas revolucionaria disculpa y del acuerdo en que ambos quedaron después de eso, Hermione aprendió una nueva historia sobre su vida juntos cada mañana en el desayuno. Y luego él se iba al trabajo, a hacer pociones por horas. Ella se iba al trabajo también, revisando reporte tras reporte mientras el Ministerio decidía que hacer con una empleada que había perdido seis años de experiencia laboral. Y en las tardes tranquilas, cansadas y extrañamente llenas de esperanza, se sentaban y platicaban como una pareja normal. Era una decisión consciente el aprender de nuevo su vida y a confiar entre ellos.

Y estaba rompiendo lentamente cada barrera para aceptar que Draco tal vez era un ser humano decente y agradable.

−He estado pensando en una nueva teoría. −dijo Jenkins, rompiendo el patrón de noticias de cada mes. −El Ministerio nos envió el reporte terminado del artefacto con el cual tuvo contacto…

−Lo sé, yo lo revisé. −dijo Hermione.

−El reporte es muy claro en que el objeto en cuestión fue diseñado para crear daño físico, el equivalente a un enorme golpe en la cabeza, lo que es consistente con el estado de sus heridas. Físicas, no mágicas. Es… −Jenkins se aclaró la garganta. Intentó continuar, tropezando con las palabras que quería usar.

La sanadora Lucas lo interrumpió.

−Lo que Jenkins intenta explicar, salvo una explicación mágica, es que es posible que el trauma físico de su accidente haya dañado irreparablemente las partes de su cerebro responsables de almacenar los últimos seis años.

La comprensión de Hermione se quedó atrapada en irreparable, sintiendo como raspaba el interior de su cráneo, expulsando a los pedazos de esperanza a los que se aferraba. Su mundo giró, tambaleándose en la dolorosa finalidad de esas palabras.

Jenkins se aclaró de nuevo la garganta, reclamando la entrega de esta nueva interacción que se suponía debía ser otra aburrida y repetitiva actualización.

−Lo específico del tiempo perdido, sin embargo, es lo que nos intriga. −dijo. −Por nuestros exámenes y de sus propios recuerdos, el único tiempo perdido que tiene es una continua secuencia que se extiende desde el momento de la lesión.

La garganta de Hermione se sentía seca, como si hubiera una sequía en la base de su lengua, dunas de arena moviéndose en su garganta hacia el desierto de sus pulmones. Irreparable.

−¿Sra. Granger-Malfoy? −preguntó la sanador Lucas.

Irreparable.

−¿Sí?

−¿Se encuentra bien? −preguntó, realizando un rápido hechizo para monitorear sus signos vitales. −Su ritmo cardíaco está elevado. No estamos diciendo que no haya esperanza, Sra. Granger-Malfoy. Jenkins tiene una teoría alterna que le gustaría decirle.

−Claro. −dijo Hermione. Sus cutículas pagaban el precio de intentar no desmoronarse. Sabía que cualquier cosa que le dijeran no serían más que falsas promesas para aplacar las malas noticias.

Jenkins movió su silla para estar más cerca de la mesa de examinación donde estaba Hermione, situándose en una posición donde tenia que mirarla hacia arriba cuando hablara, lo que cambió el enfoque de Hermione hacia el piso laminado.

−En general, con un trauma no mágico como este esperaríamos algo de tiempo perdido, si es que lo hubiera, pero es bastante raro que sea tan generalizado como lo que usted ha experimentado. Su pérdida de memoria es muy… limpia, en cierto modo.

Hermione sabía esto, hasta cierto grado. Había hecho su propia investigación. Meses y meses de investigación y todo lo que le dijeron fue lo extraño que era que ella hubiera experimentado su pérdida de memoria de esa manera. Hermione asumió que simplemente la suerte no estaba de su lado y no por la falta de imaginación de su lado. Pero simplemente a modo de experiencia. Si crecer junto a Harry Potter le había enseñado algo, era que el alcance de las probabilidades no significaba mucho cuando las cosas malas te pasaban de todas formas.

Levantó la mirada y vio a Jenkins. Tenía ojos color caramelo y cabello castaño claro, cabello que tal vez merecía un buen corte. Era la clase de look que lo hacía ver fácilmente confiable. Y él estaba rompiendo su esperanza en mil pedazos.

−¿Perdón, qué estaba diciendo? −le preguntó.

−Casi parece posible que hubo otro componente mágico desconocido en su lesión, lo que ocasionó el trauma de esta manera. O tal vez, es la fuente principal de su lesión y la contusión del impacto fue meramente mala suerte. Lo que estoy diciendo es que es posible que haya otra cosa que no sabemos.

Hermione ciertamente tenía experiencia con el impacto de cosas que no sabía.

−¿Y eso que cambia? −preguntó, intentando recordar que tenía que advocar por sí misma para no hundirse en una espiral de dolor en su cerebro. Se había equivocado en pedirle a Draco que no fuera, necesitaba un ancla.

−Por ahora, nada. −dijo la sanadora Lucas. −Jenkins va a investigar más teorías alternativas, continuaremos monitoreando su progreso y lo más importante, no nos vamos a rendir.

Hermione asintió, al borde de las lágrimas. El casi instante vacío que sintió en la falta de esperanza, irreparable sonaba entre los espacios vacíos de su cerebro, la había sorprendido con su intensidad.

Sintiéndose vacía, Hermione les agradeció como siempre lo hacía y salió al vestíbulo principal de San Mungo solo para encontrarse cara a cara con Theodore Nott. El alivio le trajo una sonrisa, un sentido de familiaridad. El sentido regresó a sus extremidades.

−¿Otro secuestro? −preguntó. Entonces consideró. −¿Cómo sabías que estaba aquí?

−Draco tal vez mencionó que le dijiste que no viniera, y está poniendo un bonito espectáculo de pretender que no está preocupado de que estés molesta con él…

−Solo se sienta en el pasillo mientras los sanadores me dicen lo mismo que cada mes. −dijo, odiando cuán equivocada había estado.

Theo movió la cabeza de una forma casi imperceptible hacia ella, observando.

−Pero hoy no fue lo mismo. −no lo dijo como una pregunta.

−Cómo podrías…

−Te ves algo pálida. −tomó el brazo de Hermione y lo cruzó con el suyo, aparentemente esa era su forma favorita de viajar. −Vamos a almorzar, yo invito.

−Honestamente, no creo que esté de humor para eso. −admitió Hermione, aun sintiendo un persistente sentimiento de miedo y pérdida.

Theo abrió las puertas del hospital y los guio a la calle.

−¿Quieres hablar de eso? −preguntó. Hermione lo miró. Se veía genuinamente preocupado debajo de toda esa confianza.

−No lo creo. −dijo, y después agregó. −No estoy segura, a decir verdad.

Suspiró. ¿Cómo podía explicarle a Theo este sentimiento de frío vacío?

Theo la soltó del brazo y la giró para poder encararla. Puso sus manos sobre los hombros de Hermione y le ofreció un amigable apretón antes de hablar.

−Tengo la solución perfecta. −anunció. −La Mansión Nott.

Hermione parpadeó mientras él la miraba como si su proclamación llevara obvias implicaciones. Esperó por un momento antes de acceder.

−¿Asumo que quieres decir que la Mansión Nott tiene comida para almorzar?

−Siempre la sabelotodo. −la regañó con una sonrisa mientras soltaba sus hombros y le ofrecía su brazo de nuevo.

−¿Nos aparecemos?

Hermione rodó los ojos, una expresión casi constante con la presencia de Nott. Pero no podía negarse, estaba feliz de no estar sola.

−De acuerdo, está bien.


−Theo. −comenzó Hermione, con los ojos como platos mientras giraba lentamente, mirando con atención la habitación en la que se habían materializado. −Sé que probablemente ya hemos tenido esta conversación antes y sé que encontrarás mi repetición adorable, lo que te haré saber en este momento que es condescendiente, pero… sé que dijiste que eras rico… −ni siquiera podía terminar la oración.

Theo dejó salir una carcajada, tan indigno como nunca lo había visto.

−Con eso, no hay forma de responder sin meterme en problemas.

−Esto es igual de ridículo que la Mansión Malfoy. Es decir, sé que la llamaste mansión, pero no esperaba esto.

−La Mansión Malfoy es más grande, tanto en la casa principal como en los jardines. Draco solía pasar mucho tiempo recordándome eso. −Theo sonrió. −Aunque los jardines Nott son mucho más lindos en mi opinión. La adición de esos pavos albinos en la propiedad Malfoy en verdad arruinan el ambiente.

−¿Te refieres a los pavo reales?

−Sí, esas aves, cómo sea que se llamen.

Hermione un ruido de aceptación y su mirada volvió a recorrer la hermosa tapicería que era casi del tamaño de su cocina.

−Me gustan los pavo reales. −dijo. −Son hermosas criaturas.

−Claramente nunca tuviste que correr para huir de uno cuando tenías siete años mientras un idiota rubio se reía de ti. −Theo se estremeció.

−¿Draco es el idiota rubio en esta historia?

−¿Acaso no lo es siempre? Vamos, por aquí, tenemos una pequeña estancia al lado de las cocinas en esta ala.

−Claro que la tienes. −dijo Hermione, sonriendo. Era lindo, incluso después del torbellino de emociones que sintió en el hospital, que Theo lograra sacarle una sonrisa.

Theo olfateó el aire mientras entraban a una pequeña habitación, que de hecho era del tamaño del departamento completo de Hermione.

−¿Qué es esto…? −Theo comenzó antes de dejar salir un suspiro fastidiado. −Blaise, sé que te he dicho antes que el humo se impregna en la tapicería. Si no te importan mis deseos al menos ten un poquito de preocupación por las antigüedades.

Blaise Zabini, a quien Hermione solo conocía de nombre y no podía recordar alguna vez haber intercambiado una palabra con él mientras estaban en Hogwarts, estaba sentado al lado de una ventana al otro lado de la habitación. Tenía los pies sobre lo que parecía ser una muy cara mesa de centro, la cabeza hacia atrás y miraba al techo con un cigarro casualmente en su mano. Tomó otra bocanada del cigarro y giró su cabeza lentamente hacia donde estaba Theo, escandalizado. La única reacción de Blaise al ver a Hermione fue arquear una ceja.

Dejó salir el humor, que salió frente a él y luego se disipó. Con casual desinterés, regresó su mirada al techo.

−Así que… −comenzó Blaise. −¿Ya te recuerda o tú tienes un deseo de morir?

−Prefiero verlo como una sana fascinación con lo macabro. −respondió Theo. −¿Por qué estás aquí exactamente?

−No me tardaré mucho, solo estoy trabajando.

Blaise giró su cabeza hacia la ventana a su lado. En la distancia, Hermione podía ver un grande invernadero y los bordes de lo que parecía ser un jardín de rosas.

−Esto será bueno. −dijo Blaise, mirando a Theo y a Hermione sin dar alguna indicación en su rostro de que siquiera creyera sus propias palabras.

Una puerta se abrió y rápidamente se cerró en la habitación de al lado. Pasos indicaron moviento hacia la estancia.

−Draco. −llamó Blaise. −Theo ya regresó.

−Oh, que bien. −la voz de Draco sonó desde la otra habitación, cada vez acercándose más. −He tomado algo de eléboro del invernadero. ¿Tienes alguna idea de en cuanto lo están vendiendo en el Callejón Diagon…?

Hermione sintió como la estancia se encogía a la mitad en el momento en que Draco apareció y se detuvo rápidamente. Para un hombre con una complexión tan pálida como la de un fantasma, de alguna manera pareció quedarse sin color en el rostro. Su mirada se movió de Theo a Hermione, brevemente hacia Blaise y de nuevo a Theo.

Un bajo sonido salió de la garganta de Draco, seguido de un suspiro estrangulado.

Theo abrió la boca para hablar solo para ser silenciado por la mano que Draco levantó, con una especie de autoridad tranquila, mezclada con furia, emanando de él. Apuntó a la silla frente a Blaise.

−Theo. Mierda. Sólo… siéntate. −ordenó Draco. Su voz baja, medida en cada enunciado. Hermione se preparó para lo que podría ser su tremenda ira. Empezó a contar, esperando que se desplegara. Casi brincó cuando el maletín que Draco tenía sobre su hombro cayó en un pequeño ruido sordo.

−Te lo iba a decir, lo prometo. −dijo Draco y Hermione entonces notó que le hablaba a ella. Su enojo contra Theo evidentemente dejado de lado.

−Yo… ¿qué?

−Está en la lista, ellos están en la lista. −dijo, dando un pequeño paso hacia adelante. −Hay mucho que decirte… después de todo, son seis años. He intentado ordenarlo para que tenga sentido. Es diferente con mis amigos, no los conocías antes. Yo solo…

−¿No estás enojado? −interrumpió Hermione.

−Estoy furioso. −dijo, asintiendo hacia donde estaba Theo. −Con él. −Draco se detuvo y la miró con cautela. −¿No estás enojada? −preguntó.

−Yo… −comenzó Hermione. −No, no lo creo. ¿Debería?

−¿Asumí que lo estarías? −dijo Draco. Le respondió como si estuviera haciendo una pregunta. Tomó otro pequeño paso hacia ella: un estira. −Es otra parte de tu vida que no te había dicho. −sonaba cansado consigo mismo mientras lo decía.

Hermione se encontró a sí misma dando su propio pequeño paso: un afloje.

−Estoy intentando ser más comprensiva. −admitió. −Tienes razón, seis años es mucha información que aprender.

−Y lo estoy intentando, te lo prometo que sí, estoy intentando encontrar la forma correcta de decírtelo todo.

La distancia entre ambos se redujo a la mitad. El suspiro que dejó salir Hermione se sintió como si un peso se hubiera levantado de su consciencia. Se aclaró la garganta.

−Supongo que deberías saber. −comenzó. −Que de hecho conocí a Theo… bueno, lo conocí de nuevo, en marzo.

Hermione ignoró el suave "Et tu Brute?*" susurrado por Theo en el fondo. Aunque ciertamente encontró impresionante la referencia muggle y se preguntó, en otra onda de pensamiento no relacionado, si ella se lo había enseñado.

−Marzo. −repitió Draco, evidentemente haciendo cálculos mentales.

Su mirada se dirigió a Theo por primera vez desde que le ordenó que se sentara.

Theo levantó las manos en defensa después de poner su varita en la mesa de forma deliberada.

−Sé lo que estás pensando, Draco. −se apresuró Theo. Los labios de Draco se apretaron y sus fosas nasales se abrieron para poder controlar su respiración. −Estás pensando "Wow, Theo, mi mejor amigo. Estoy tan sorprendido de que tengas menos respeto por mis deseos que Pansy." Lo que, para ser honestos, también es una sorpresa para mí… pero, Hermione también es mi amiga y estábamos pasando un momento horrible y yo solo quería ayudar y apreciaría si, cuando me lances un hechizo, que le apuntes a una parte de mi cuerpo que no vaya a extrañar tanto.

Draco tenía una mano en la frente, masajeando en lentos círculos, dejando un camino rosa y levemente irritado a su paso.

−¿Ya terminaste? −preguntó Draco.

−¿Si continúo hablando se incrementan mis posibilidades de sobrevivir?

−No te voy a lanzar nada, Theo.

−Que gracioso, Hermione dijo exactamente lo mismo hace poco.

Draco miró a Hermione y ella se encogió de hombros, casi divertida ante las tácticas de Theo, y su confianza incrementándose de que no habría daños corporales en el horizonte.

−¿Confío en que estás aquí por voluntad propia? −le preguntó Draco, cambiando su peso en lo que parecía apenas contenida irritación. De una extraña manera, hizo que Hermione sonriera; el hombre en verdad lo estaba intentando.

−Íbamos a almorzar. −dijo.

Draco asintió y le lanzó otra mirada molesta a Theo.

−Tengo que volver al trabajo. −dijo Draco lentamente, arrepentimiento sonando en cada palabra.

De reojo, Hermione vio la colilla de un cigarro volar en arco hasta caer en el piso. Blaise dejó salir un suspiro desinteresado.

−No en los malditos tapetes, Blaise. −masculló Theo. −Estos son del siglo XVI, bárbaro rico nuevo. −Theo se lanzó a tomar la colilla del cigarro y la lanzó contra Blaise antes de regresar a su silla.

−Vamos, Draco. Esto es extremadamente decepcionante. −dijo Blaise, levantándose y caminando hacia Draco con un lánguido tipo de movimiento que a Hermione le recordó un especie de baile. −Es algo bueno que Pansy esté en Francia por otras tres semanas porque tan pronto como se entere de que estabas dando amenazas vacías… −Blaise la lanzó una mirada a Hermione. Dejó el resto de la oración, y todas sus implicaciones implícitas, colgando.

Draco sacudió la cabeza y regresó a tomar su maletín del piso, dejando salir pequeños suspiros de frustración como si no pudiera encontrar la mejor manera de expresar cuan molesto estaba por toda la situación en esa estancia.

Hermione cruzó el espacio entre ellos por instinto, repentinamente superado por la simplicidad de su conversación, por el entendimiento en ella. En cuestión de minutos, con Theodore Nott y Blaise Zabini de todas las personas, Hermione sintió como algo cósmico cambió, un esfuerzo de ambos por entender. Para evitar el dolor que estaban sintiendo. Y el dolor que se estaban causando. Y tan sencillo que podría haber gritos, tan sencillo que pudo haber dolor. Pero no lo había.

Y no pudo evitar acercarse a él, a pesar de la expresión de sorpresa de Draco mientras se detenía, apenas treinta centímetros de distancia entre ellos, y le regaló una pequeña sonrisa. Apenas visible detrás del hombro de Draco, vio a Blaise inclinar la cabeza.

−Gracias. −susurró Hermione, las palabras eran solo para Draco.

Él parpadeó, la confusión manifestada en su ceño fruncido.

−De nada. −dijo, su tono sonando como una pregunta e igualmente en un susurro.

−Te veré esta noche. −dijo Hermione.

Algo cambió en su rostro. Una familiar sonrisa torcida apareció en su cara, acercándose más a una sonrisa genuina, pero aún pintada con una pincelada de confianza.

−Nos vemos en la noche. −le respondió, ligero y se apareció, Blaise lo siguió poco después.

Un momento después, Theo habló desde la silla que Draco le había asignado.

−Bueno, yo, por mi parte, siento que eso fue sorprendentemente excitante.

Hermione casi se ahoga de la risa, completamente divertida ante el giro que había dado su día.


−Creo que deberíamos tener una cita. −anunció Hermione cuando se apareció en la sala de su departamento.

Lo había estado pensando toda la tarde, flotando en su mente mientras comía con Theo, mientras caminaban por el Callejón Diagon y durante los treinta minutos adicionales que pasó caminando en la calle afuera del edificio de su departamento antes de finalmente decidirse y solo aparecerse.

La palabra irreparable había vuelto a su consciencia. Se había infiltrado de regreso, estableciéndose dentro de las vacantes en su corazón y mente donde había guardado la esperanza, en lugar de sus recuerdos, esperando.

Ya no quería esperar. Ya ni siquiera sabía cual era el punto de esperar.

Draco se enderezó en el sofá verde ante su proclamación, sus lentes se resbalaron en su rostro.

−Oh. −dijo Hermione, distraída. −¿Estás leyendo El Conde de Montecristo?

Draco rotó entre un ciclo de diferentes posturas mientras Hermione se acercaba al sofá y se sentaba a su lado.

−Lo estoy, pero tal vez deberíamos comenzar con lo primero que tú…

−¿Esa es mi copia? La vi en tu buró…

−Lo es, pero de nuevo, me gustaría regresar…

−Es mi favorito, aunque probablemente tú ya sabías eso…

−Lo sé, ahora, sobre tu sugerencia de…

−¿Cuáles son tus partes favoritas? Me sorprende que también te guste, es muy…

Draco cerró el libro con un pequeño sonido de las gruesas páginas y la portada de piel uniéndose, deteniendo todas sus preguntas. Sostuvo el libro entre ambos en lo que parecía sospechosamente una defensa en su persona.

−De hecho no… no me gusta este libro. −dijo. La boca de Hermione se abrió en sorpresa.

¿Qué?

−Lo intento varias veces al año. Pensé que podría intentarlo de nuevo hoy. Pero es tan aburrido. Creo que es mejor que saque esto de mi sistema. −no se veía para nada arrepentido.

−Pero es mi libro favorito. −protestó Hermione. −¿Y ni siquiera te gusta?

−Y hasta me atrevería a decir que lo odio. −respondió, con una casi sonrisa arrogante asomándose en los bordes de su boca.

Hermione le arrebató el libro de donde él lo sostenía entre ambos, apretándolo contra su pecho, donde era apreciado y apropiadamente respetado. Un destello de dientes blancos y hoyuelos la distrajeron de su indignación. Draco estaba riendo, casi en silencio, pero su boca estaba completamente abierta, una sonrisa genuina lanzando un toque de familiaridad de algo que se sentía como un hogar, directo hacia su pecho.

−Lo intentaré de nuevo, siempre lo hago. −dijo, pequeñas carcajadas aun saliendo de él. Y aunque todavía se estaba riendo de ella, pero de cierta manera, no tenía el mismo factor de humillación que su risa tenía cuando eran jóvenes. Se reía de ella con amabilidad, si es que eso existía. No sabía que él fuera capaz de eso.

Se aclaró la garganta, serio de nuevo.

−¿Y sobre esta cita que sugeriste? −preguntó.

−Bueno, pues ahora no puedo salir contigo en una cita, no con semejante error en tu personalidad.

Se acercó y tomó el libro de sus manos, poniéndolo en la mesa a su lado.

−De todas mis imperfecciones, nuestras diferentes opiniones en literatura no son las barreras por romper aquí. −se detuvo, una desolada mirada apreció en su rostro. Se recuperó y sus facciones cambiaron a algo esperanzador. −¿Hablabas en serio? ¿Te gustaría que tuviéramos una cita?

Hermione ordenó de nuevo sus pensamientos, de vuelta a eliminar la palabra irreparable de su mente al intentar algo diferente.

−Me gustaría. −dijo, sabiendo que semejante admisión podría cambiar todo. Al momento siguiente, Draco se veía incapaz de poder contener una sonrisa. −Pero… −continuó. El rostro de Draco cayó una fracción. −Me gustaría ir a un lugar nuevo, a un lugar donde no hayamos ido juntos antes. Es solo que… −intentó encontrar la forma correcta de expresar su aprensión, de explicar las diferentes opciones que consideró antes de tener el coraje de preguntar. −No me gusta estar en desventaja. Siento que siempre estoy un paso atrás, un recuerdo atrás y siento que sería agradable ir a un lugar neutral.

−¿Muggle o mágico, o no te importa?

Hermione había esperado algo de resistencia, tal vez un lugar favorito a donde tal vez quisiera llevarla, un recuerdo que quisiera revivir. Que él se saltara completamente esa parte en la que ella esperaba que no estuviera de acuerdo fue una sorpresa que no había anticipado.

−Oh… yo no… supongo… −se detuvo. −No había pensado en eso.

Draco pareció considerarla por un momento, con su mano debajo de su barbilla mientras la miraba pensativo.

−Está bien. −dijo finalmente. −Yo me encargo de todo. ¿Mañana en la noche?

−Mañana es martes.

−¿En verdad esperas que tenga la fuerza de voluntad para esperar hasta el fin de semana?

Era el tipo de autodesprecio mezclado con un cumplido más extraño que Hermione había escuchado. Sintió como se sonrojaba. Irse encariñando de Draco Malfoy se había convertido en una complicada combinación de emociones, la más común de todas era una gran vergüenza en los momentos donde él casi le quitaba la respiración con su cruda sinceridad.

−Algo simple también. −dijo sus términos. −Nada demasiado complicado. Me gustaría poder platicar contigo en algún lugar que no sea este departamento, tal vez salir a cenar. Algo simple.

−Puedo hacer algo simple. −le aseguró Draco, pero tenía una mirada que le recordaba a asombrosamente a Harry cuando estaba maquinando algo.

−No estoy segura de que te crea. −le dijo.

Draco la miró y una gran ola de esfuerzo se asomaba en sus ojos grises.

−Haré que esto sea perfecto, Hermione. Confía en mí. −y le sonrió de nuevo.

Hermione lo estaba intentando.


Hermione dio un brinco cuando escuchó el sonido en la puerta del baño. Se había encerrado ahí desde el momento en que llegó a casa del turno más largo y aburrido que había tenido que soportar de leer y revisar reportes en el Ministerio. Porque mientras que una pequeña parte de su cerebro la reprendía por su emoción de sus planes con Draco en la noche, simplemente no podía negarlo. Hermione Granger estaba emocionada de salir en una cita con Draco Malfoy. Era un pensamiento extraño en su cabeza, tanto así que consideró decirlo en voz alta para probar lo absurdo que sonaba semejante enunciado en el mundo real.

Tenía múltiples opciones de ropa con ella en el baño, intencionalmente ignorando las escandalosas opciones de lencería que tenía porque no había forma alguna que aún estuviera lista para eso. Pero no podía controlar a los traicioneros hubieras que le recordaban del cajón lleno de sedas y encajes existía en primer lugar.

Era difícil para Hermione recordar que la última vez que sintió esta emoción de anticipación por algo tan simple como una cita. Se preguntaba si acaso esta era la última compuerta: permitirse a sí misma sentir, aceptar lo que obviamente la hizo caer la primera vez por él, por más extraño que le hubiera parecido en un principio.

−¿Estás… estás lista? −dijo la voz de Draco desde el otro lado de la puerta.

Hermione dejó salir un respiro. Estaba irracionalmente nerviosa. Y además, aún no estaba completamente vestida. Sus rizos estaban controlados, su maquillaje era mínimo, pero aún no decidía que usar de ropa. Esto se sentía importante. Tal vez para él no era su primera cita, pero ciertamente lo era para ella y había algo permanente "irreparable" sobre las primeras veces. La presión, aunque fuera autoimpuesta, estaba comenzando a volverla loca.

Se acercó a la puerta, imaginándolo del otro lado, nada más que una delgada barrera separándolos.

−¿Qué debería usar? −preguntó a través de la puerta. −¿Qué tanto debo arreglarme? Tengo algunas opciones aquí.

Casi pudo escuchar su diversión desde el otro lado de la puerta.

−Casual. −dijo, su voz sonaba algo apagada por el obstáculo entre ambos. −Lo estoy manteniendo simple, como me pediste. −esta vez Hermione dejó salir una pequeña risa. Sonrió mientras sentía como su tensión disminuía. Casual estaba bien, aplacaba algunos de los nervios que soportaban el peso de sus expectativas.

Al final decidió en un par de jeans y una blusa de seda. Lo suficientemente arreglada que se sintiera especial e intencionalmente roja porque representar a Gryffindor se sentía correcto.

Abrió la puerta para encontrar a Draco recargado en la pared opuesta, con los brazos cruzados, viéndose como mercurio congelado y esculpido a la perfección. Era una larga línea de pies a cabeza: delgado, ágil y exquisito. Hermione se preguntó a que temperatura, que calor extraído de un toque o sabor, podría hacer que se derritiera en algo líquido y un poco mortal. Ya había sucedido detrás de sus ojos, un torbellino plateado y familiar la había atraído.

Cualquier control que supuso que tenía se rompió en pedazos y las estrellas detrás de sus costillas se evaporaron.

Una sonrisa se derritió en las duras líneas de la mandíbula de Draco.

−Te ves hermosa. −le dijo.

Aún bailando entre la idea de toques casuales, o cualquier toque en general, no desde su apenas beso, le dio bastante espacio para que saliera del baño.

−Gracias. −dijo, deseando poder tener algo de control sobre el sonrojo de su piel. Era casi desagradable, incómodo de cierta forma, ser mirada de la forma en que lo hacía Draco. Tuvo que apartar la mirada, aunque logró regresar el cumplido.

−Tú también te ves muy guapo. −dijo, orgullosa de que la necesidad de aparecerse por vergüenza no ocurriera.

Draco debió tomar su evitación de contacto visual como una seña para moverse, porque pasó junto a ella y se dirigió hacia la puerta del departamento. La miró, aún sonriendo, prácticamente flotando en su buen humor y casi contagioso efecto.

−Por aquí. −le dijo, indicando la puerta. −Iremos caminando.

Verdaderamente casual.


−No podía pensar en una sola cosa que no estuviera relacionada de alguna forma con un recuerdo. −confesó mientras salían del departamento. −Dicho esto, no tengo idea de a dónde vamos.

Bueno, este no era el comienzo que había esperado para la cita perfecta que él prometió. Había esperado que Draco tuviera cada momento de su noche planificado, meticuloso de la misma forma en que haría una poción, o cuando contaba una historia del pasado de ambos. En su lugar, le ofreció algo vago, nebuloso y errante con un lado de inusual.

−Nos quedaremos en Londres muggle, más que nada para no ser reconocidos. −continuó. −Pero más allá de eso, escogeremos juntos. Así que, ¿por cuántos minutos estás dispuesta a caminar para encontrar un lugar donde cenar?

Hermione frunció el ceño, intentando darle sentido a su pregunta.

−No es un truco. −dijo Draco. −¿Cuántos minutos?

−Yo… ¿trece? Supongo

Draco hizo un ruido pensativo.

−Ominosa, de acuerdo. Yo digo que empecemos por la izquierda.

−¿Y después de los trece minutos? −preguntó Hermione.

−Escoges otra dirección y encontramos algún lugar donde tener una cena tranquila.

Hermione inclinó la cabeza hacia un lado, aún intentando descifrar lo que parecía ser un relajado Draco Malfoy.

−¿Demasiado simple? −preguntó, con un toque de preocupación. −Tenía una segunda opción mucho más elaborada, si tú…

−No. −y lo decía en serio. −Esto es perfecto. No estoy lista para grandes gestos románticos o cosas por el estilo todavía.

Draco dejó salir un suspiro y una risa baja.

−Y cuando lo estés, los tendré listos.

Se hubiera reído si Draco no se hubiera visto tan devastadoramente serio.

Después de trece minutos de caminar, lado a lado pero sin tocarse, Hermione los guio a la derecha y encontraron un pequeño lugar que ofrecía comida clásica de pub y un extenso menú de cervezas. Para su crédito, Draco solo se veía moderadamente preocupado mientras se sentaban uno frente al otro en la mesa.

−Puedo decir con toda seguridad que yo nunca hubiera escogido este lugar intencionalmente. −dijo con un intento de buen humor, pero su cautela aún era visible.

Hermione no pudo evitar dejar salir una pequeña risa.

−No lo sé, es algo encantador aquí.

Aún se veía dudoso pero se calmó una vez que tuvo un whisky en la mesa para distraer sus manos. La conversación se calmó.

−¿Estás nervioso? −preguntó Hermione.

La inquietud de Draco había alcanzado su punto máximo con todas las inclinaciones y giros con los que seguía torturando a su whisky. La dosis de confianza que había tenido cuando salieron del departamento se había desvanecido, retorciéndose en silencios inquietos y dedos que no dejaban de trazar el borde de su vaso. Ni siquiera había probado su bebida.

−No. −dijo casi molesto, entonces se encogió. −Yo… sí, lo siento no lo quería decir así. En mi cabeza era mucho mejor en esto. −admitió.

Hermione casi se había convencido a sí misma de que se movió porque estaba preocupada por el vaso de whisky que él estaba sosteniendo mal, pero esa era una excusa algo débil, y ella lo sabía. Se inclinó sobre la mesa y alejó las manos de Draco del vaso. Sus dedos envolvieron los de ella en una elegante y experta manera, sus pulgares comenzaron a dibujar patrones contra su piel. Se relajó visiblemente, algo de la tensión de sus hombros se disipó.

−Yo también estoy nerviosa. −dijo Hermione, más distraída de lo que esperaba por el asalto de pequeñas chispas y zumbidos que corrían por sus manos mientras descansaban en las de Draco. Él los separó solo cuando el calor en su piel comenzó a llegar a un punto crítico.

Draco sacó algo de su bolsillo y se lo ofreció.

−No sé si has notado la ausencia de fotografías en el departamento. −comenzó. −Me las llevé a casa de Theo antes de que salieras del hospital, no quería que… no quería que te sintieras incómoda. Y eran difíciles de mirar para mí también.

Hermione tomó el pequeño cuadro de sus manos y lo giró. Contenida en un marco negro, estaba la imagen en bucle de ella y Draco bailando juntos, atrapados en medio de un giro mientras él levantaba su brazo y la dejaba girar debajo de él. En la fotografía, ella le sonreía ampliamente cada vez que regresaban juntos después de girar. Draco estaba de espaldas de la cámara, su expresión escondida. Pero Hermione podía ver como sus dedos se entrelazaban con los de ella, mientras bajaba su frente para presionarla brevemente contra la de ella por un breve momento de intimidad antes de que el bucle comenzara de nuevo.

Un ligero pinchazo le alertó a Hermione que las lágrimas amenazaban con salir.

−Esa fotografía es de la boda de Potter. −dijo, mirándola con cautela. −Fue nuestra primer foto juntos. −se detuvo, claramente viéndola debatirse.

−¿Hermione? −preguntó y no era realmente su nombre. Era una pregunta, ¿cómo estaba?

Asintió, sus ojos mirando de nuevo su baile mientras se repetía una y otra vez frente a ella. La agonía de la disociación casi la ahogaba, la caverna entre el saber y el recordar creció a un tamaño imposible.

De todas las cosas que podía decir, como gracias o esto es difícil o me duele más de lo que pensaba, se decidió por la opción más sencilla.

−Nos vemos felices. −dijo.

Él sonrió.

−Ya te lo había dicho; fue una noche perfecta.

Hermione se sintió dolor por él, repentino y agudo, mientras la cita del día anterior invadía sus pensamientos. Irreparable. ¿Y si nunca lograba recuperar sus recuerdos? ¿Recuerdos como este en sus manos? ¿Y si él tampoco podía tenerlos? Siempre fuera de sintonia con la mujer con la que los había compartido. Con el contexto correcto, ella podría saber de los recuerdos, pero aún no podía recordar nada.

No sabía si podía romper su esperanza de la misma forma en que se había roto la de ella.

Hermione lo miró, preocupada de que él hubiera podido ver sus erráticos pensamientos reflejados en su rostro. En su lugar, se veía perdido en su propia mente.

−¿En qué estás pensando? −preguntó Hermione en una esfuerzo por evadir a su propia mente.

Draco sacudió la cabeza una vez.

−Nada.

Sus manos tomaron de nuevo el vaso.

−¿Estás seguro? −preguntó ella.

−Fue un pensamiento injusto, poco amable. No vale la pena compartirlo.

−Oh. −parpadeó. −¿Sobre mí?

−Hermione, no tengo intenciones de arruinar esta noche.

Hermione enderezó los hombros, algo dentro de ella incapaz de dejarlo ir.

−No hay nada en esta situación que sea justo, Draco. No podría culparte por eso. Tal vez te sentirías mejor si lo compartieras.

−Lo dudo.

−Me gustaría conocerte. −dijo. −Tú sabes… más allá de nuestro pasado. Me gustaría saber más si pudiera.

Draco apretó los labios y arqueó una ceja, tal vez esperando que ella se rindiera. Hermione no lo hizo.

Él accedió, inclinó su cabeza hacia la foto en las manos de Hermione, que repetía una y otra vez la feliz escena.

−Esa mirada en tu rostro, como si confiaras en mí, la extraño. Eso es todo. Tú eres la única persona en este mundo que ha confiado en mí de esa manera. Y cada vez que me miras como si estuvieras sorprendida de que soy capaz de algo decente… −su boca hizo una mueca, peleando por las palabras correctas. −Es jodidamente horrible, para ser honesto. Pero sé que no es tu culpa.

−Estoy segura de que Theo confía en ti. −intentó ofrecer Hermione mientras la carcomía la culpa. ¿Cuántas veces había considerado la novedad de su decencia durante los últimos meses? Probablemente más de las que podía contar. Y él lo había notado.

−No completamente, no de la forma en que tú lo hacías. Theo es lo suficientemente listo como para saber que si me dieran a escoger entre él o tú, que no puede confiar en que no lo sacrifique por ti. Y no estaría equivocado.

Era una especie de autoconsciencia brutal y despiadada. Debería inquietarla, debería asustarse por su intensidad.

−Es solo desalentadora… la tarea de tener que volver a ganar tu confianza. Ni siquiera estoy seguro de cómo lo logré la primera vez. −concluyó.

Viendo el conflicto en su rostro, Hermione le hubiera dicho la respuesta, le hubiera dicho como hacerlo, si tan solo ella lo supiera.

En un muy necesitado descanso de la gravedad de su conversación, sus platillos llegaron y eso los movió a otra dirección. Y Hermione se encontró a sí misma disfrutando el placer distintivo que era ver a Draco fruncir el ceño ante la comida del pub, como si encontrara algo ofensivo en sus papas fritas.

−¿Y cuál es la historia del sofá que nadie me cuenta? −Hermione intentó tocar un nuevo tema, algo más ligero. Sonrió mientras comía una de sus propias papas con cero quejas.

−Oh no, no. ¿Estamos intentando tener un buen rato, recuerdas? Ya tuvimos suficiente.

Hermione lo miró molesta.

−En serio, entre Theo y tú prácticamente me han convencido en que hay algo mítico en ese sofá. Creo que tal vez están exagerando.

−Ya se está haciendo tarde. Y cómo mencionaste, es martes y mañana tenemos trabajo. La historia del sofá es demasiado larga como para empezarla ahora.

−Esperaba una mejor excusa de un Slytherin. −le dijo.

Draco dejó salir una breve risa pero no admitió nada sobre sus pobres defensas.

−Theo ni siquiera se sienta en él. −dijo Hermione.

Eso hizo que Draco riera genuinamente.

−No, no esperaba que lo hiciera.

Hermione lo miró molesta de nuevo, cruzando los brazos. Podía ser testaruda también. Draco rodó los ojos mientras depositaba el resto de sus papas en el plato de Hermione con una mirada de alivio.

−Está bien, solo una cosa. −concedió. −Theo… nos ha visto haciendo cosas en ese sofá.

Los ojos de Hermione brillaron, sorprendidos al entender el significado.

−Dos veces. −concluyó Draco con una sonrisa arrogante en su rostro.

Hermione se disolvió en un ataque de risa.


El resto de su cena fue perfecto, casi volviendo a la normalidad. Tuvieron una ligera e inofensiva conversación, y Hermione pudo practicar el hacer sonreír a Draco, algo que tenía el potencial de convertirse en un peligroso pasatiempo si no tenía cuidado. Porque él tenía una sonrisa tan linda debajo de esa mueca de arrogancia. Hermione tuvo una repentina urgencia de escribirle a Theo y decirle sobre como se tomaron las manos hace rato, porque la hacía sentirse libre e inestable y eso le encantaba.

Y cuando regresaron al departamento, Hermione se recargó contra la puerta, mirando a Draco, aún sin estar completamente lista de entrar a ese espacio y regresar a sus rutinas.

−Gracias. −le dijo, ofreciéndole una sonrisa agradecida. −¿Esto se sintió como progreso, verdad?

La palabra irreparable intentó volver a su mente. Hermione la ignoró, mirando hacia el frente, necesitando saborear la encantadora y pequeña semilla que ellos plantaron y cuidaron y vieron crecer en estas últimas horas.

−Lo estoy intentando. Tú lo estás intentando. Fue muy… agradable. Así que gracias. Especialmente por ser tan paciente conmigo.

Hermione dejó que una mano se acercara, las huellas de sus dedos tocando el brazo de Draco, un reconocimiento en la forma de un toque tentativo. No pudo resistirlo, quería ese pequeño toque para ella misma.

Draco un paso hacia ella. El mercurio estaba derretido.

La respiración de Hermione se detuvo, momentáneamente paralizada por la severidad detrás de sus ojos.

Draco dio otro paso, efectivamente atrapándola contra la puerta. El silencio entre ambos era pesado, interrumpido solo por el sonido de su pulso rugiendo en sus orejas.

−He sido paciente. −respiró, estando de acuerdo con ella y Hermione apenas podía escuchar las palabras. Las sentía más que escucharlas. −He sido tan paciente. −repitió.

Y estaba cerca, apenas unos centímetros de distancia. Seis años colgando entre pestañas, parpados y labios.

Los ojos de Hermione se cerraron y dejó salir un respiro elaborado, repentinamente inundada en deseo. No podía mirarlo a los ojos, no cuando había tanto de su mismo deseo reflejado en ellos.

−Por favor, Hermione. −su voz sonaba rasposa.

Los ojos de Hermione se abrieron de golpe. Su mano derecha había encontrado su camino contra la puerta al lado de la cabeza de ella y cada respiración que tomaba parecía sacudirlo mientras la miraba, rogando de verdad.

−¿Podría, por favor? −preguntó de nuevo, algo persistente y letal debajo de la superficie: permiso y una promesa.

Hermione pasó saliva, luchando por encontrar las palabras. Asintió.

Esperaba que la besara.

En su lugar, su mano izquierda se movió al cuello de ella, sus dedos encontrando un lugar en sus rizos en la base de su cabeza, pequeños puntos de presión arrastrándose en su cabeza mientras el pulgar de Draco recorría su mandíbula.

Hermione sentía que casi se quemaba debajo de su toque y sin embargo, el único pensamiento corriendo por su mente era: es zurdo.

Draco movió su mano, sus ojos recorriendo su camino. La cabeza de Hermione se recargó contra la puerta, incapaz de un pensamiento coherente mientras era testigo de absoluta adoración en su rostro.

Los dedos de Draco se movieron al frente de su cuello, sumergiéndose debajo de la tela abierta de la parte de arriba de su blusa y moviéndose hacia abajo hasta que la punta de sus dedos descasaron en el hueco en la base de su garganta. Su palma estaba presionada contra su pecho, directamente sobre su corazón.

Hermione sabía que él debía sentir como latía con rapidez, casi dolorosamente en un intento de escapar de sus costillas y fugarse con la deliciosa sensación de su piel contra la suya. Hermione extendió la mano, su propia palma encontrando su camino contra el frío algodón de su camisa. Debajo, su corazón latía tan rápido como el de ella. Sus dedos se cerraron, tomando la tela de su camisa.

Pensó en sus palabras del mes pasado: Me tienes con la soga al cuello, aquí en la horca.

−Estoy dispuesta a ofrecer una suspensión de la ejecución. −susurró Hermione, sus dedos apretando más la camisa. No había necesidad de que terminara la oración.

Él estiró.

Ella aflojó.

Y finalmente, finalmente, su boca encontró la suya. La mano de Draco serpenteó su camino de regreso a la base de su cuello, la otra repentinamente tomando su cintura con una exquisita e indelicada fuerza. Hermione sujetó su camisa con más fuerza, su otra mano uniéndose a la lucha mientras los labios de Draco, cálidos y deliciosos y nada que ver al mercurio frío, la devoraban.

Hermione soltó un pequeño gemido contra su boca cuando él se presionó contra ella, eliminado hasta el último átomo de distancia entre ambos. Dejó que sus manos vagaran, perdidas entre los suaves mechones de su cabello, sus uñas raspándole el cuero cabelludo y el cuello.

El gemido que Draco dejó salir casi le dobla las rodillas. El deseo la dominó, como un Expreso de Hogwarts que se estrellaba a toda velocidad contra sus nervios y huesos y contra cada fibra de su ser, encendiéndola en llamas.

Y en todo lo que podía pensar, debajo del devastador movimiento de sus labios contra los suyos, del sabor de su lengua en su boca y de la falta de respiración que la dejaba mareada, era una repetición de regaños.

¿Por qué había esperado tanto tiempo?

¿Por qué había peleado contra esto?

¿Cómo pudo no haber sabido?

Química, Ginny lo había llamado. La química ni siquiera podía comenzar a describirlo.

Su beso era hambriento, haciendo que la habilidad de Hermione de pensar y sobre analizar a detenerse bruscamente. Su atención completa se había centrado en la idea de más. Más de sus dientes mordiendo su labio inferior. Más de sus manos colándose debajo de su blusa. Más de esos casi silenciosos ruidos que hacía entre respiraciones mientras la consumía.

Hermione tomó un gran respiro, su cabeza girando, mientras la boca de Draco exploraba, adorando su mandíbula, su cuello, y un pequeño pedazo de piel cerca de su clavícula que hacía que sus dedos se retorcieran. No sabía que ese pedazo existía, mucho menos que podía hacer que semejante deseo corriera por sus venas.

Hermione arqueó su espalda contra él, completamente perdida. Y cuando lo hizo, sus caderas rozaron contra las suyas, un regalo de fricción. Una maldición salió de los labios de Draco contra su cuello. Hermione casi había olvidado como respirar, su piel hormigueando, sonrojada y queriendo más. Hermione podía sentirlo, duro contra su estómago mientras rodaba de nuevo contra ella, y el cerebro de Hermione volvió a la vida.

No estaba lista para eso.

Sexo en un horario.

Aún no estaba lista para esa clase de intimidad.

Por eso es por lo que había esperado.

Quería más, pero necesitaba tiempo.

Hermione sacó las manos del cabello de Draco, pequeños gemidos aún escapando de su garganta mientras los labios de él seguían en los suyos y sus labios bajaron a su cuello, dejando un rastro de piel de gallina a su paso. Hermione presionó las palmas de sus manos contra su pecho y lo empujó con la poca fuerza de voluntad que le quedaba. Cuando Draco intentó continuar besándola, intentó de nuevo, con más fuerza como pudo y él se alejó. Se veía tan mareado como ella.

−Probablemente deberíamos parar. −dijo, odiando la forma de esas palabras en su boca. Sus pulmones parecían que habían corrido un maratón.

Draco le sonrió: ojos vidriosos, labios rojizos y cabello despeinado.

−Probablemente. −dijo, lentamente. Pero el deseo en sus ojos traicionó a la mentira.

Hermione tuvo que apartar la mirada, girándose. El ver a un Draco Malfoy sonrojado y exhaustivamente besado era algo que no podría olvidar. Abrió la puerta del departamento y entró, sus pasos vacilantes.

−Debería irme a la cama. −dijo. −Sola. −añadió, más para sí misma que para él.

Cuando se giró, vio que él había entrado al departamento detrás de ella y estaba recargado contra el otro lado de la puerta, en el otro lado de lo que parecía haber explotado entre ambos.

Casi se veía como el Draco Malfoy arrogante que alguna vez conoció. Él le guiñó el ojo y le regaló una sonrisa satisfactoria.

−Estaré en el sofá por si cambias de idea.

Hermione sacudió la cabeza, tomándolo como una broma. Pero de igual forma sintió como la recorrió un escalofrío.

Estaba, y no lo decía a la ligera, completamente jodida.


*"Et tu, Brute?" Significa "¿Y tú, Bruto?" lo que supuestamente dijo Julio César al momento de ser asesinado. Es una frase usada para expresar la traición de una persona inesperada, como un amigo.

Hola!

Amo este capítulo, porque por fin Hermione se da cuenta de todo lo que se ha estado perdiendo por no querer aceptar a Draco. Hace tiempo una de ustedes le atinó a la razón por la que Theo no se sentaba en ese sillón jajaja no quise decir nada por no darles spoilers! Muchas gracias por sus comentarios y favoritos, nos vemos la próxima semana!