Nombre: Anomalie.
Obra: MAO (マオ).
Pareja: Mao x Nanoka.
Géneros: Romance.
Advertencias:Ooc, posible Headcanon.
Historia original de Rumiko Takahashi.
Yo te amaré en silencio… como algo inaccesible, como un sueño que nunca lograré realizar y el lejano perfume de mi amor imposible rozará tus cabellos… y jamás lo sabrás —José Ángel Buesa.
Tenía que ser honesto, al principio fue bastante rudo con ella pensando que se trataba de un monstruo. Estos seres no le desagradaban porque había algunos que eran muy benévolos y sería incorrecto tacharlos a todos de malvados sólo por tener rencor hacia uno, mas con ella fue distinto, la juzgó antes de conocerla a fondo; primero la vio como un monstruo por aquella reacción tan particular que el monstruo de la mantis tuvo con el contacto de su sangre, después la fémina le confirmaría que sus padres eran humanos y le permitió bajar la guardia con respecto a su persona al imaginar que no habría peligro en estar junto a ella, haciéndose de la vista gorda sobre el asunto de la mantis reaccionando a su sangre, puesto que Nanoka defendía hasta el cansancio que era una supuesta humana indefensa. Fue cuestión de tiempo para que esta opinión volviera a cambiar en su encuentro con aquella mujer araña, primero creyendo otra vez que era un monstruo y posteriormente llegando a la conclusión de que eran similares cuando blandió su propia espada para salvarle la vida.
No negaría que tuvo miedo de que corriera el trágico destino de las personas y demonios que tocaban y usaban su espada, aunque creyera que era un ser demoníaco habían entablado una que otra palabra por lo que de haber muerto se hubiese quedado con un mal sabor de boca después de que ella se mostrara sin temor o recelo por la condición en la que estaba viviendo, puesto que no iba a negar que Nanoka fue la única persona aparte de Tenko enterada de su condición que no lo vio como un individuo repulsivo, siguió tratándolo como a una persona común aún a sabiendas de la suerte que cargaba encima. Por eso el pavor le invadió ligeramente al percatarse de que había utilizado su espada, pero las sorpresas no se acababan, ese temor pronto se volvió una esperanza al verla ilesa. Fue como si el cielo nublado se volviera súbitamente un cielo despejado; pudo divisar un pequeño atisbo de esperanza que en ese largo recorrido no había encontrado de ningún modo. ¿Verdaderamente existía alguien como él en ese mundo ruin? Era tan bueno para ser algo real que alguien pudiera compartir su condición, claro está que la castaña no estuvo consciente de esto hasta que él lo mencionó y explicó.
Nanoka lo entendió mejor de lo esperado y lo tomó con una madurez increíble, lo que le hizo admirarla.
Pronto ambos empezaron a trabajar juntos y sin darse cuenta ella se unió al dúo que formaba anteriormente con Otoya, ayudándoles en algunos trabajos como cuando ocurrió lo de la psíquica que controlaba la esperanza de vida de las personas, un trabajo en el que se hizo pasar por una estudiante de la época. Bien, tenía que admitirlo, verla con vestimentas de esa época le hizo encontrarla sumamente hermosa como si se tratase de una camelia mostrando todo su encanto en un bello jardín, deleitando con sus colores y su belleza, haciendo morir a las demás flores de envidia por la exquisita belleza que desprendía de sus delicados pétalos. No era precisamente un hombre que se destacara por ser expresivo o tener suerte con las mujeres, de hecho hasta Tenko sabía que él prefería estar en solitario y no involucrarse en ningún romance con nadie, sin embargo con esa jovencita fue diferente, no le dijo directamente un cumplido pero si la encontró sumamente atractiva con esas prendas que debería estar acostumbrado de ver por ser ropas típicas de la época donde actualmente residía. Bueno, en realidad siempre la había encontrado atractiva, desde que la vio pensó que era peculiar y una joven bella a comparación de él que simplemente era un sujeto extraño que jamás podría tener una oportunidad con alguien como lo era Nanoka.
—Te ves muy pensativo —dijo sin más, observándolo fijamente.
Su melodiosa voz le devolvió los pies a la tierra. Ladeó la cabeza para dedicarle su total atención a la que ahora era su compañera y sonrió para sí al verla con aquellas ropas extravagantes que a las personas de ese tiempo les resultaban escandalosas. Él en lo personal pensaba que ella se veía preciosa con esas ropas, pero bueno, no era como si se lo fuera a decir, lamentablemente no podría decirle jamás a Nanoka lo que estaba sintiendo por ella, está bien, ya llevaba mucho tiempo conociéndola, había pasado aproximadamente un año desde que se habían conocido, empero él y ella no estaban como para perder el tiempo en romances cuando tenían que encontrar a ese demonio gato y librarse de los males que les había traído ese monstruo. Por eso Nanoka jamás conocería sus sentimientos hacia ella.
—No es nada, sólo estoy pensando en cosas triviales —mencionó.
Volvió su vista al escritorio frente a su asiento en un intento por parecer que estaba inmerso en los documentos apilados ahí que esperaban por recibir su firma y sello, a pesar de que la verdad era que estaba mirándola por el rabillo de sus orbes achocolatados, apreciándola, lamentándose por no ser un hombre digno de su persona.
—Ya veo, estás muy ocupado. Puedo volver más tarde si ese es el caso —dijo haciendo ademán de irse.
En ese momento se sintió como un idiota, no quería que ella se fuera por su culpa, deseaba pasar todo el tiempo que pudiera con ella antes de que aconteciera la batalla final o algo más ocurriera. Jamás se sabía cuando el tiempo podría arrebatarte algo y él lo sabía de primera mano, lo mejor era aprovechar los espontáneos momentos de tranquilidad al máximo.
—No, no te preocupes. No es importante, puedo arreglar esto más tarde —respondió, volteándose totalmente en su dirección para verla a los ojos—. ¿Qué necesitabas, Nanoka?
—Sólo pasaba a verte a ti y a Otoya-kun, he preparado el almuerzo y quería compartirlo con ustedes.
¿Quería compartir el almuerzo con él y Otoya? Bien, no es como si fuera algo nuevo que ella llevara un refrigerio de su época para compartirlo, mas ella optaba por llevar alimentos preparados que eran comprados en tiendas por lo que mencionó, alegando que no era una aficionada a cocinar, algo que él podía entender a la perfección puesto que también era mejor preparando medicinas que comida y prefería la cómoda opción de comprar comida en restaurantes cuando podía permitírselo. Aun así, la sola idea de que Nanoka se hubiese tomado la molestia de cocinar para él y para Otoya le hacía feliz, era un buen detalle que no pasaba por alto para el ocultista.
—Pensaba que no te gustaba cocinar —comentó, incorporándose de su asiento para ir con ella a la mesa ratonera donde comerían.
—No me gusta, pero eso no significa que lo haga mal —puntualizó.
Ella enseguida sacó unas cajas de bento que por su composición parecían ser de lujo, dejando ver los alimentos, algunos que eran desconocidos para él y otros que le resultaban familiares a la vista. Todo se veía delicioso y estaba acomodado de una forma muy estética que daba un sentimiento agradable a quien lo viera. Se notaba que Nanoka era alguien bastante cuidadosa con esos aspectos, que podían ser insignificantes para la mayoría pero no para él que sin proponérselo se empeñó en darse cuenta de actitudes que seguro hasta la propia Nanoka desconocía de sí misma.
Empezaron a comer cuando ella terminó de acomodar todo y le entregó un par de palillos. Otoya no estaba porque lo había mandado hace horas a realizar algunos encargos, lo que los dejaba a ambos solos degustando la comida preparada por la mujer que lo acompañaba y sin saberlo había logrado hacerle sentir algo profundo que no estaba dispuesto a revelar nunca. Nanoka no merecía estar con un hombre como él, alguien que era mayor que ella por siglos, era poco caballeroso y estaba maldito, ella merecía a alguien normal como ese tal Shiraha del que en ocasiones le hablaba, alguien que fuera normal, que tuviera su edad y la tratara como la dama que era. Mao no tenía nada que ofrecerle, no podía ser egoísta y pedirle que abandonara todo para vivir con él, por mucho que quisiera debía prever lo que era mejor para la dueña de sus afectos ignorando totalmente sus propios deseos. Al fin y al cabo él estaba condenado a pasar el resto de sus días solo, ninguna otra mujer podría estar a su lado y tampoco es como que quisiera eso si la única a la que quería para ocupar ese lugar era a la jovencita que era su compañera.
—¿De verdad te sientes bien? Hoy estás más distante de lo normal.
—Oh ignórame, no es nada.
—¿Por qué hay algo que impide que te crea? —cuestionó mirándolo fijamente a los ojos—, somos compañeros Mao, puedes decirme lo que te preocupe.
—Agradezco tu intención pero no es necesario que estés tan angustiada por mí. Yo estoy bien —contestó, indispuesto a dar su brazo a torcer.
Ella hizo un puchero que le pareció tierno y por un momento pensó que se había resignado y la comida continuaría en total silencio, sin embargo nuevamente había hecho conjeturas equivocadas. Nanoka en lugar de resignarse atrajo su atención levantándole el rostro y obligándolo a observarla. Mao estaba demasiado abochornado y patidifuso por esa acción, pero afortunadamente y a juzgar porque no sentía cálidas las mejillas no compartió el rubor que la fémina a su lado tenía, un rubor que la hacía ver tan tierna e indefensa, tan diferente a cómo se mostraba habitualmente.
—¿Cómo puedes pedirme que no me preocupe por ti? Siempre aparentas estar bien y ser alguien fuerte, pero ambos sabemos qué hay ocasiones en las que no estás bien —habló Nanoka, después de mucho tiempo en silencio.
El hombre de cabello bicolor se quedó sin vocablo alguno que articular. ¿Qué podía hacer, negar que era verdad? Ella lo dijo todo, ambos sabían que no mentía y que sus palabras tenían un tinte de verdad absolutos. Habían veces en las que se sentía tan miserable aunque ya no tanto por la maldición, sino por el hecho de no poder expresarle lo que estaba escondiendo tan celosamente en su corazón, esos sentimientos que estaba encerrando en su interior por miedo a no ser como el tal Shiraha, por miedo a no ser suficiente para ella, por miedo a que lo rechazara.
Mao el hombre encuánime que sólo se interesaba por su maldición, encontrar al byōki y darle muerte estaba irremediablemente enamorado de su compañera, una mujer que pese a la maldición podía vivir con normalidad. Él no quería arrebatarle más esa normalidad que todavía existía en su vida, no quería ceder a sus deseos egoístas de tenerla por siempre a su lado y evitar la larga espera de diez días para volverla a ver. Sólo quería estar con ella y no dejarla ir nunca.
—Nanoka, soy un monstruo. No deberías ni siquiera tocarme —sentenció con un tono bastante deprimente.
La susodicha desde luego no le hizo caso, en su lugar lo observó con algo que parecía ser una mezcla entre dulzura y enfado, aparte de proporcionar caricias a su mejilla izquierda con ayuda del dorso de la mano que anteriormente sujetaba con firmeza su rostro, provocando en Mao una reconfortante calidez en el pecho y un tenue rubor en las mejillas.
—Nanoka, tú...
—No eres un monstruo, Mao. Y si estás tan convencido de que eres un monstruo entonces yo también lo soy —afirmó muy segura de sí—. Tanto tú como yo somos iguales, ya no estás solo en esto, tienes a Otoya, me tienes a mí y yo te tengo a ti también.
—Ese no es el problema, agradezco tus palabras pero no me siento solo, a este punto tampoco me importa la maldición. Sólo quiero que vivas tu vida con normalidad y seas feliz, no quiero arrebatarte ese derecho que todavía posees por mi egoísmo.
Barajó la posibilidad de que se hubiese quedado sin argumentos por la abrupta pausa de las caricias y el silencio que siguió a sus palabras, un silencio al que le tuvo miedo por la respuesta que fuera a darle Nanoka. Dentro de sí no deseaba que ella quisiera apartarse para continuar con su vida del otro lado del portal, no quería perderla, era tan reacio a aceptar la idea de tenerla lejos, era un monstruo que se regía por sus ambiciones egoístas, Nanoka no podía estar con alguien de su calaña que era incapaz de verla feliz y sana con otro hombre más amable y en otro lugar más normal y seguro que esa época donde moraba, lo más saludable que ella podría hacer sería continuar su vida normal y apartarse.
—No soy alguien normal, Mao, no sé de donde sacaste la idea de que lo era porque en lo absoluto soy normal. Tú y yo somos dos anormales independientemente de la época en la que habitemos, ¿pero sabes qué? Está bien, porque yo quiero ser alguien anómala contigo.
Esos vocablos provocaron una chispa que encendió su fuego interno, en consecuencia tomó más confianza y fue ahora él quien alzó su mano y la posó sobre la faz femenina que tanto adoraba, acariciando la tersa mejilla que daba cobijo a su mano con el pulgar. Ahora Nanoka era quien estaba abochornada y perpleja por las acciones de Mao, un hombre que era amante de la soledad y tenía poco tacto con las mujeres, un hombre que conoció por azares del destino y acabó sembrando confort y afabilidad en su corazón, a tal punto que se volvió un sentimiento tan fuerte e imposible de ser retenido por más tiempo.
—Entonces quédate conmigo por favor, no te pido que abandones lo que tienes del otro lado del portal, lo único que quiero es que me dejes ser parte de tu vida —dijo Mao, sin detener en ningún punto las caricias.
—Ya eres parte de mi vida, no podría alejarme de ti aunque así lo quisiera. Siempre estaré contigo, siempre vamos a estar juntos aun si la maldición se va. Lo prometo.
El varón frenó las caricias y dejó inmóvil su mano sobre la mejilla de la fémina mientras ambos se dedicaban recíprocas miradas cargadas de amor. Tanto él como ella estarían siempre juntos, se habían conocido para estar juntos y era un destino que estaban gustosos de aceptar por el amor silencioso y la maldición que los unía.
Salut, me presento ante ustedes, orgullosa por inaugurar la categoría de Fanfiction dedicada a Mao. Cuando en nuestro grupo de Facebook, Mao - Rumiko Takahashi Comunidad, me enteré sobre esta maravillosa noticia, decidí aprovechar, dejar todo lo que hacía y compartirles el primer fanfic de Mao que hice.
Este fanfic anteriormente lo había compartido en mi Tumblr, pero como recién la obra estaba dando sus primeros pasos, cometí algo de Ooc y obvié cosas que ahora son vitales en la relación que se está forjando entre estos dos personajes protagónicos. Espero que sea de su agrado a pesar de ello.
Con respecto a los otros fanfics de Mao en los que estoy trabajando, los subiré aquí también en la brevedad de lo posible, simultáneamente con Tumblr y Wattpad.
Muchas gracias por llegar hasta aquí, besos dulces para todos ustedes.
