Capítulo 6: Pansy Parkinson
"Aquellos que nacieron en la riqueza, y quienes tienen los medios para cumplir cualquier deseo, no saben cuál es la verdadera felicidad de la vida, así como aquellos que han sido arrojados en aguas turbulentas del océano en solo unas cuantas y frágiles tablas saben las bendiciones de un buen clima."
−Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo
Junio
Y resultó, que entre más cambiaban las cosas, más se quedaban exactamente igual. En lugar de usar su agenda para planear sexo, Hermione la usaba para planear besos. Lo que era diferente, definitivamente diferente. Y ciertamente no era un indicativo de una discrepancia en estructurar lo que podría unir los espacios en blanco entre su sinapsis, perdido en el tiempo. No, la agenda existía por necesidad y practicidad.
Porque una vez que besó a Draco, presionada contra la puerta de su departamento y perdida entre el peso del cuerpo de él contra el suyo, no había forma de que ella existiera en el departamento de ambos con la cabeza pensando correctamente. La atracción hacia Draco la consumía, una flama abierta en una habitación llena de gasolina. O mejor dicho, era como si todas las minas en su vida hubieran sido reemplazadas. Ya no explotaban con confusión y frustración, sino con afecto y deseo. Este nuevo tipo de minas hacían sumamente difícil el funcionar día a día.
Así que, los días entre semana eran para trabajar. Eran para revivir recuerdos en el desayuno, participar en la monotonía de la vida diaria, y disfrutar simples conversaciones en la tarde. Pero lo más importante, los días entre semana eran para investigar, una renovada e interminable investigación diseñada para borrar la palabra irreparable de la cabeza de Hermione.
Los domingos eran para familia y amigos: visitas a los Potter o a sus padres, claves principales para que Hermione se sintiera como si siguiera siendo ella misma.
Esto dejaba los sábados, los días donde se permitía participar en el capricho que salir tener citas con el esposo que apenas estaba empezando a conocer. Tres sábados pasaron de esta manera. Tres citas de constantes toques tentativos, irresistibles conversaciones y finalizadas con los besos más sensacionales de toda su vida.
Le preocupaba lo bien que Draco Malfoy podía besar. O tal vez, lo bien que sabía como besarla a ella. Él tenía alrededor de seis años más de práctica con ella que ella con él. Pero a Hermione no le importaba mucho esa desventaja.
De esta forma, mayo pasó a junio. Y en pequeños momentos, entre paréntesis por su realidad disfuncional, Hermione vislumbró una vida normal, una realidad diferente a su alcance. Puede que no fuera la vida normal que ella esperaba, pero aún podría pasar por normalidad en cualquier día de su apretada agenda.
−¿En el nombre de Merlín, qué estás hirviendo ahí? −preguntó Hermione, apretándose la nariz mientras entraba a la cocina. Como de costumbre, Draco se había despertado antes que ella y ya tenía el té listo para ambos. Y lo que sea que estuviera hirviendo, apestaba.
−Una pérdida de tiempo. −masculló, aventando una carta sobre la mesa. −Un ejemplo práctico de mis habilidades que ya no será necesario. −se dejó caer en la silla de la cocina, dejando salir un suspiro mientras desaparecía el contenido del caldero.
−¿Una práctica de qué? −preguntó Hermione, tomando la carta de la mesa. −Oh, es de Hogwarts… te rechazaron. −su voz cayó. −¿Cuándo terminaste la aplicación?
−Hace dos días.
−¿Y ya te rechazaron? −Hermione no pudo evitar la indignación en su voz.
−Sólo le tomó a Minerva un día para rechazarme el año pasado. −golpeó sus dedos contra la mesa, aumentando la velocidad rápidamente.
−¿Un día? Eso apenas es tiempo suficiente para revisar… −se detuvo, frunciendo el ceño. −¿Ni siquiera te están considerando, cierto?
−Sospecho que no. −confirmó.
−¿Es por tu pasado? Recibiste un perdón absoluto. Bajo la ley, los empleados potenciales no pueden ser discriminados contra…
Hermione dio un pequeño salto cuando Draco se levantó repentinamente, con una sonrisa en su rostro. Rodeó la mesa, acercándose a ella. Sus manos encontraron los lados del rostro de Hermione. Ella dejó salir un suspiro, una mina a punto de explotar debajo de ella.
−Sé que solo es jueves y que tienes otras cosas en qué enfocarte. −comenzó, su voz bajando en volumen mientras sus palabras golpeaban contra su rostro. Su mano derecha comenzó a deambular, arrastrando los dedos hacia su cuello, hacia la parte posterior, enredándose en sus rebeldes rizos mañaneros. −Pero la última vez que tuvimos esta conversación, tenías una opinión muy diferente y es… bueno, extrañaba tenerte de mi lado. −le ofreció una sonrisa de lado, pero en tan corta distancia, podía ver como la timidez se asomaba por sus bordes.
Hermione abrió la boca para responder pero la cerró de nuevo cuando la punta del dedos de Draco rozó su labio inferior, que se fue antes de que siquiera pudiera registrarlo, pero lo suficiente como para lanzar por la borda a su fuerza de voluntad.
Hermione pasó saliva.
−Un beso. −dijo ella, permitiéndose el derretirse bajo su toque y estaba tremendamente agradecida de que se lavó los dientes antes de entrar a la cocina.
−Tan generosa. −murmuró Draco, aún sonriendo, mientras acercaba sus labios a los de ella.
Era un nuevo tipo de beso. Había tenido el apresurado, el apasionado. Pero este era un beso lento, era un agradecimiento, era una conexión forjada en sus respiraciones, sellado por el tirón de sus dientes contra el labio inferior de Hermione. Igual que los anteriores, la dejó sin respiración: tambaleándose y mareada. Draco sostuvo su frente contra la de ella brevemente y luego se separó. Sonrió, sus ojos encontrando los de ella en la poca distancia que había entre ellos: un torbellino. Se acercó para un segundo beso, un beso rápido y superficial, antes de regresar a la mesa.
−Esa. −comenzó Draco. −Esa es la forma perfecta de cambiar una fea mañana. −se sentó de nuevo en su silla, observándola.
−Dije un beso. −lo regañó Hermione sin ninguna resolución en sus palabras. Sentía que le faltaba un poco la respiración, un poco desconcentrada por la proximidad, mientras se sentaba frente a él y se servía té y pan tostado.
La sonrisa de Draco creció.
−Sabes, lo tomo como el mejor halago del mundo que sientas que tienes que racionar tu tiempo conmigo para que no te desconcentres. −la atormentó con la última palabra, viéndose demasiado arrogante para su propio bien. −Disfruto bastante el ser una distracción. −le dio un trago a su té, una pobre simulación de inocencia en su rostro.
Hermione entrecerró los ojos en su dirección, intentando desesperadamente ignorar el sonrojo en sus mejillas.
−¿Acaso disfrutas el hacerme sonrojar? −preguntó.
−Dios sí, muchísimo.
Hermione entrecerró aún más los ojos.
−¿Qué historia me contarás esta mañana? −preguntó, suprimiendo simultáneamente un suspiro y una sonrisa. Draco estaba siendo intencionalmente incorregible y ella no tenía intención de premiarlo. No importaba cuanto le dolieran los músculos de sus mejillas de suprimir la sonrisa. Le untó mermelada a su pan tostado y evitó mirarlo. Porque si lo hacía, sabía que caería.
−Hemos llegado a la Navidad que pasamos con tus padres. Era el 2003, nuestra primera navidad juntos… bueno, oficialmente juntos.
Hermione se animó de inmediato.
−Le agradas a mis padres. −dijo ella.
Draco rio.
−A pesar del desafortunado mal entendido de nuestra primera Navidad, sí.
Hermione le dio una mordida a su pan. Alzó una ceja y lo miró.
Los roles se voltearon, Draco repentinamente se sonrojó. Tenía los labios apretados, claramente perdido en sus pensamientos mientras consideraba como empezar.
−Anda. Ahora tengo curiosidad. −le incitó Hermione, probablemente disfrutando su reticencia más de lo que debería.
−Honestamente, es vergonzoso. Tu padre me lo recuerda regularmente. Y estoy seguro de que tu madre pensó que era un asesino en serie. −cerró los ojos, frunció el ceño y dejó salir un jadeo. −Claro, aún no hemos podido decirle a ella que el término correcto es asesino en serie adyacente.
Hermione vio el breve momento en que sus dedos tocaron la Marca Tenebrosa a través del material de su camisa. Fue fugaz, pero era un recordatorio de su pasado.
−Draco. −dijo Hermione, atrapada entre morbosa curiosidad y tenue diversión. −¿Qué hiciste exactamente?
Draco se aclaró la garganta, el sonrojo en su cuello disminuyó levemente.
−Juzgué mal la extensión de la brecha cultural entre lo mágico y lo muggle.
Una pausa. Hermione esperó.
−Era nuevo para mí, obviamente. Y, bueno… tú has visto algunas de las cosas que los magos y brujas apasionados coleccionan en sus oficinas si se relaciona con el tema de su trabajo.
Otra pausa. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra la mesa de nuevo.
−Me dijiste que trabajaban con dientes, lo que pensé que era extraño pero asumí que solo era una rareza muggle que no entendía.
Se detuvo de nuevo y Hermione se rompió.
−Tendrás que llegar eventualmente al punto, Draco.
−Asumí que su trabajo era más académico que práctico. Obviamente no hay un equivalente a lo que hacen en el mundo mágico. Y debí de haberte preguntado pero me sentía bastante orgulloso de mi elección, para ser honesto contigo. Fue una adquisición bastante rara y única. −Se detuvo un momento y los ojos de Draco encontraron los suyos antes de encontrar otra cosa en que enfocarse. −Les regalé una exhibición bastante encantadora de una antigua mandíbula humana con un número excepcional de dientes aún intactos.
Hermione parpadeó, viendo como el sonrojo regresaba al cuello de Draco.
Y rompió en carcajadas, grandes risas que dejaron a su estómago adolorido y a sus ojos llenos de lágrimas.
−Oh por dios. −logró decir Hermione cuando la risa murió. Draco se sentó pacientemente, no se veía divertido y aún estaba sonrojado. −¿Les regalaste a mis padres una mandíbula humana para Navidad?
−No fue tan divertido en su momento. −dijo inexpresivo.
−No lo sé, es divertido según cualquier estándar.
−En serio, no lo fue. Tus padres aún estaban trabajando en superar su resentimiento hacia la magia después de la guerra y tú tenías que llevar a tu novio mago para la cena de Navidad donde yo… bueno, no ayudé exactamente a que se sintieran diferente.
Las risas de Hermione se transformaron en una afectuosa sonrisa.
−Es maravilloso que quisieras intentar y probar eso. Claramente tuviste un gran cambio en tu persona.
Lo decía como un cumplido, como un cálido y genuino reconocimiento del trabajo que él había hecho para cambiar para mejor. Pero mientras lo decía, se preparó para la posibilidad de que él no lo tomara bien o que se ofendiera de alguna manera.
En lugar de eso, Draco rio y con una sorprendente indiferencia dijo:
−Bueno, estaba perdidamente enamorado de una bruja hija de muggles y no quería nada más que obtener la aprobación de sus padres, así que claro que tuve un gran cambio en mi persona.
En un nivel intelectual, Hermione sabía que él debía amarla. ¿Por qué otra razón el hombre habría aguantado el último medio año de su vida? Pero nunca lo había expresado en voz alta. No de forma tan explícita. Y no hacia ella. Hermione asumía que evitaba decirlo para no abrumarla, como el resto de las cosas que él se guardaba.
Es solo que no había esperado escuchar a Draco decirlo tan casual sobre el pan tostado y el té en un martes por la mañana.
Draco debió notar el cambio de ella ante la explosión de esa mina en particular. Pero no la dejó sola en la destrucción. El corazón de Hermione dio un brinco cuando él la ayudó a recoger las piezas.
−¿Fue demasiado? −preguntó.
−Fue sorpresivo. −dijo Hermione. −Eso es todo.
−Yo esperaba que no fuera sorpresivo en lo absoluto. −dijo. Encontró y sostuvo su mirada, desarmadora en su intensidad y sinceridad, ninguna emoción fuera de su lugar.
−No te quiero hacer sentir incómoda y no quiero que te sientas como si no estuviéramos… −buscaba las palabras. −Cómo si no estuviéramos trabajando juntos y en la misma página. Así que cuando estés lista para escuchar… eso… más directamente, házmelo saber.
Hermione asintió, incapaz de apartar la mirada de él. Ese simple momento de contacto visual, si lo estiraran de extremo a extremo, habría sido infinitesimal, una gota de un océano. Pero en el contexto de todo el tiempo perdido dentro de la cabeza de Hermione, se convirtió en uno de los momentos más largos de su vida, estirado entre miradas, significando mucho más.
−Necesito ir al trabajo. −dijo Draco, terminando la pequeña eternidad en la que habían caído. −También llegaré tarde hoy.
−¿En serio?
Su comportamiento cambió, solo una milésima, pero lo suficiente como para que la tranquilidad que llevaba desapareciera.
−Tengo una reunión legal… y no es sobre otro asalto, no te preocupes.
−Espero que no. Una vez fue suficiente.
−Correcto. Una vez. −evadió. −Es sobre mis cuentas de Gringotts. Es… una larga historia que está en la lista. Y hoy de todos los días es… no es el día correcto para eso.
−Ok.
−¿Ok? −parecía sorprendido de que Hermione no lo presionara.
−Confío en que me contarás. −le dijo. Él parpadeó, un cierto nivel de sorpresa apareció en su rostro. Hermione tuvo que darle un trago a su té para disimular el ligero tambaleo de su compostura que semejante mirada causaba en ella.
−Oh. −dijo finalmente. −De acuerdo.
Hermione encogió los hombros.
−Siempre me imaginado que los aristócratas pasaban su tiempo malversando fideicomisos o cosas así, así que diviértete.
Draco rio y la miró por un momento. Tenía la mirada de un hombre que no podía creer lo que tenía frente a él. Sacudió la cabeza y un ligero "huh" salió de su boca antes de caminar a la chimenea.
La miró por última vez, como si estuviera considerando decir algo más, pero no lo hizo. Tiró el polvo y se desvaneció en una llamarada verde.
Hermione apenas tuvo tiempo de darle otra mordida al pan tostado cuando la Red Floo se activó. Esperaba que fuera Draco. Se había ido de una forma tan rara que no se hubiera sorprendido si se le hubiera olvidado algo.
Pero en su lugar, Theodore Nott entró.
−Buenos días, luz de mi vida. −la saludó felizmente.
−Buenos días para ti también, Theo. −respondió Hermione con cautela.
−Oh, Hermione. Es bueno verte, pero le estaba diciendo hola a Crookshanks.
Consistente como siempre, Hermione rodó los ojos.
−Perdón que te apresure, Theo, pero tengo que ir al trabajo pronto. −comenzó Hermione. Tenía la sensación de que el hombre tramaba algo. Lo que, siendo honestos, sería consistente con lo que ella había observado en cada interacción que había tenido con él hasta el momento.
Theo tomó a Crookshanks entre sus brazos, enfocándose en el jarrón con premios de la cocina e ignorando completamente el hecho de que Hermione tuviera cosas que hacer.
−¿Le das premios cada que lo ves? −preguntó Hermione. −No me sorprende que te quiera tanto. Compraste su lealtad.
−No hay nada de malo con aprovecharse de lo que motiva a la gente. −dijo y miró al gato en sus brazos y se encogió de hombros. −O a los gatos.
Hermione miró al reloj.
−Tengo que irme en diez minutos, Theo. ¿Qué necesitas?
−Ah… sí, sobre eso. Ya hablé con tu jefa y le dije que la Mansión Nott tiene un reloj de mi abuelo cascarrabias está poseído por magia oscura y que necesita ser decomisado y que solo aceptaríamos a la legendaria Hermione Granger para hacer el trabajo.
Hermione se quedó boquiabierta, desconcertada.
Theo se encogió de hombros de nuevo.
−¿Yo… espera… tú qué? −Hermione buscaba las palabras correctas, la pregunta correcta. −¿Y mi jefa simplemente aceptó eso?
−Bueno, tu desmantelaste la Mansión la primera vez, así que sentí que sería razonable pedirte de nuevo. Y no es como si te tuvieran haciendo algo importante como para no dejarte. −dejó salir un suspiro cansado y le dio otro premio a Crookshanks. −Te lo juro, si tengo que escuchar a Draco quejarse una vez más acerca de cómo están desperdiciando tus talentos por otro minuto más me voy a…
−¿Yo desmantelé la Mansión Nott?
−Durante casi todo el año pasado, sí. −dijo Theo, tomando otro premio.
Hermione le dio un golpe en la mano.
−Ya le diste suficientes.
Theo intercambió una mirada exasperada con su gato.
−Sabes, hablando de desmantelar la Mansión Nott, un tema extraño que salió tan natural, ¿cierto? ¿De casualidad no sabrías donde guardaste algunos de mis… objetos especialmente ilegales, cierto?
Dejó libre a Crookshanks, aunque el gato continuó lealmente cerca de los pies de Theo mientras el hombre miraba con cautela en dirección a la sala.
−¿Y por qué exactamente, tendría yo esos objetos aquí cuando deberían estar en el Ministerio?
Theo tomó un exagerado paso hacia una alta pila de libros, rodeó de forma exagerada el sofá verde y pasó la enorme mesa de centro que llenaba el espacio. Hermione abandonó sus esperanzas de terminar su desayuno y lo siguió hasta la sala, dado que aparentemente ya no era necesario que fuera al Ministerio.
−Porque eres una maravillosa amiga quien graciosamente concedió en que no me iría bien en Azkabán.
−Merlín, Theo. ¿Qué tan ilegales eran esas cosas?
−Oh, nada demasiado ofensivo. −comenzó, continuando su no tan casual evaluación de la habitación. Se alejó de otra pila de libros y caminó hacia el pasillo. Hermione lo siguió, igualmente confundida y fascinada. −Solo algunos trasladores no registrados hacia lugares no seguros, un giratiempo con el que estaba experimentando, unos cuantos huevos de quimera…
−¿Huevos de quimera? −casi gritó Hermione. Theo se giró ante el sonido de su sorpresa tan cerca de él. −Los huevos de quimera son una Clase A de Objetos no Comerciables. ¿Estás bromeando, Theo?
Para su crédito, Theo se estremeció. Su mirada se movió hacia la cerrada y protegida habitación de huéspedes. Hermione atrapó el movimiento.
−Oh no. −comenzó. −Por favor dime que no tengo huevos de quimera en mi habitación de huéspedes. Con suerte estarán bajo un hechizo de estasis… dios, con razón tendremos que hacer indetectable la habitación.
−En mi defensa, encontraste cosas mucho peores en la Mansión, estas cosas solo pasaron que eran mías y no de mi padre. Hice un poco de apuestas después de la guerra, ya sabes, tiempos difíciles y todo eso… ¡oh, por favor! ¡Deja de mirarme así! ¡Ya estoy reformado!
−¿Apuestas? ¿Con trasladores y giratiempos y huevos de quimera? −Hermione dejó salir un jadeo, intentando controlar el horror. Ella había trabajado en el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, claro que estaba íntimamente consciente de las consecuencias de tener en posesión a una criatura clasificación XXXXX.
Y aparentemente ella había protegido a Theodore Nott de esas consecuencias.
Casi rio, un géiser de lo absurdo estallando de su indignación.
−Supongo que entonces sí somos muy buenos amigos. −murmuró mientras las ganas de pelear se desvanecían.
Theo parecía estar confundido por su cambio, inclinó la cabeza hacia un lado.
−Bueno, solo rompo la ley por mis amigos. −aclaró Hermione. −Históricamente hablando.
Honestamente, esperaba que Theo se viera más impresionado.
−Lo que digas, Granger. −dijo. −Hoy trabajas para mí, vamos.
−¿No quieres entrar para llevarte tus cosas? −preguntó, asintiendo hacia la habitación sellada.
Theo se encogió de hombros.
−Sólo era una fantasía pasajera. Mera curiosidad.
−Bueno, pues no te creo ni por un segundo. −dijo Hermione.
Theo le guiñó el ojo y sonrió.
−Bien, estás aprendiendo. Ahora, vámonos.
Para sorpresa de nadie, la Mansión Nott no tenía ningún reloj poseído que Hermione necesitara derrotar. En su lugar, había jardines, sofás, libros y un ilimitado suministro de té y galletas que ella deseara.
Hermione casi se sintió mal que le pagaran por relajarse en la Mansión Nott. Pero el sentir de Draco no estaba equivocado: Hermione estaba siendo desperdiciada mientras revisaba reportes. Si no estuviera tan intelectualmente indispuesta por su propia investigación respecto a sus problemas de memoria, hubiera peleado por obtener de nuevo sus antiguas responsabilidades. Pero por mientras, ella necesitaba una simple y sencilla cosa en su vida.
Además, no podía negar lo agradable que se sentía sentarse y relajarse bajo el sol, rodeada de elegantes flores, pesadamente floreadas, con Theo hablando a su lado. Era una manera sociable de pasar su mañana y tarde.
−¿Puedo pedirte un favor? ¿Uno serio? −preguntó Theo repentinamente mientras Hermione estaba a punto de quedarse dormida.
De pronto se encontró despierta.
−No voy a guardar más objetos ilegales por ti. −respondió.
−No, nada de eso. Es más un pequeño favor, tal vez algo de amor duro.
−¿Más amor duro? −preguntó Hermione. −Asumí que me felicitarías. Dado que estoy segura de que Draco te contó.
−Oh, claro que me lo ha contado. −confirmó Theo.
Hermione abrió un ojo, entrecerrándolo por el sol. Se giró ligeramente para poder ver a Theo. Él tenía una ceja levantada, un brazo reclinado en la silla y viéndose demasiado casualmente rico para un martes en la tarde.
−¿Alguna vez pasamos tiempo juntos sin que tengas un motivo? −preguntó Hermione, sentándose.
−Siempre hay un motivo con todo lo que hago. −dijo Theo. −¿Entonces cual sería el punto? Pero independientemente de eso, tienes razón, debo felicitarte. Escuché que hasta se sostuvieron de las manos. Y se besaron. Y tal vez hasta hubo un poco de manoseo.
Hermione escupió el agua que acababa de tomar y tosió.
−Tú y Draco son demasiado cercanos. −concluyo. Tendría que hablar con Draco sobre eso.
Pero Theo solo rio, aplaudiendo.
−Sabía que si hubo manoseo. Draco solo admitió que te besó. Decepcionantemente silencioso. Tú, por otro lado…
Hermione debería estar molesta con él. Debería arrojarle el resto del agua. O al menos lanzarle un hechizo. Pero había algo frustrantemente agradable sobre el rostro de Theo especialmente cuando estaba lleno de alegría, como en este momento. Hermione no tenía la energía para enojarse con él.
Aunque se veía orgulloso de sí mismo, Theo rápidamente se puso serio.
−Solo… por favor no lo lastimes. Ese es, ese es el favor. −dijo Theo. −Finalmente ya se ve como sí mismo de nuevo. Y tú también, de cierta forma.
−No estoy intentando lastimarlo. −dijo Hermione, sintiendo como fruncía el ceño. De todo lo que Theo pudo haber dicho ese día, discusión de objetos ilegales incluida, la implicación de que ella tal vez lastimara a Draco le preocupaba mucho más.
−Estoy seguro de que no. −dijo Theo. −Pero tu comenzaste esto por él de nuevo, sabes. Dejarlo llevarte a una cita, dejarlo besarte como si fueras de nuevo su esposa. Ahora el pobre hombre tiene esperanza.
La palabra irreparable se coló debajo de su piel, una dolorosa ausencia de esperanza. No le había contado a Draco sobre este inquietante descubrimiento, no podía hacerlo. Pero sus médicos tampoco lo habían mencionado de nuevo. Su cita de junio se enfocó en desarrollar nueva teorías y motivarla para que no perdiera la esperanza. Todavía, la palabra flotó entre las luces de la sala de revisiones, vil, enfermiza y rogando ser reconocida.
Se aferró a lo pedante, perdida por el resto.
−He sido su esposa todo el tiempo.
Theo rodó los ojos, recargándose dramáticamente en su silla.
−Créeme, los he visto a ustedes como esposo y esposa. −movió la mano en dirección de Hermione en un gesto que decía las palabras están justo aquí, tómalas, pero eventualmente dijo otra cosa. −Es diferente.
Y de alguna manera, el espacio entre ellos, relajado y casual en una tarde sin complicaciones, Hermione encontró las palabras a las que él se refería, colgando entre ellos. Las palabras estaban justo ahí y ella las tomó.
Pero no se las dio a Theo. Eran de ella. Y de Draco. Porque se dio cuenta, bajo la implicación de que podía lastimarlo, que ella no quería hacer eso. Porque a ella le importaba Draco. No es que simplemente se estuviera encariñando con su presencia. No es que simplemente disfrutara el sentir su boca contra la suya. No es que simplemente se opusiera a lastimarlo por mero altruismo. A ella le importaba Draco Malfoy. Y la idea, en tan rígidos y concretos términos, la sorprendió. Eran palabras unidas a una emoción, lentamente saliendo del agujero negro del tiempo perdido de su mente. Se sentía casi como un recuerdo, una impresión de algo en su alma que ni siquiera el eliminado de los eventos podría tomar.
−También hay un aviso. Pansy volvió de Francia.
Hermione casi había olvidado donde estaba, lo que estaba haciendo, tan perdida en el dolor que emanaba de sus costillas y de sus pulmones.
−¿Parkinson? −logró decir.
Theo se enderezó, mirándola con preguntas detrás de sus ojos.
−Sí, Parkinson. −pero sus ojos le preguntaron si estaba bien.
−¿Asumiré que conozco a Pansy? −preguntó Hermione, diciéndole silenciosamente que lo estaba pero que a la vez no.
−Sí. Y ella está a punto de estallar de forma nuclear. −añadió Theo. Alzó una ceja, preguntando si estaba segura.
−¿También te enseñé esa frase muggle? −preguntó. Estaba segura, tan segura como podría estar.
Theo le regaló una pequeña sonrisa, dejando ir sus silenciosas preguntas. Su rostro cambio, abiertamente alegre, dominando el estado de ánimo entre ellos y obligándola a seguirlo. Él rio.
−Granger, he perdido la cuenta de cuantos discursos de historia muggle he tenido que escuchar cuando tienes unas cuantas copas de más. La Segunda Guerra Grande sale mucho en tus pláticas, algo sobre los paralelos y la historia repitiéndose y el poder del conocimiento. Te pones muy intensa.
−Segunda Guerra Mundial. Theo, el mundo entero estuvo involucrado, no puedes pretender que no sabes eso.
−Claro Granger, y tú montaste un dragón para salir de Gringotts también.
No sabía si estaba bromeando con ella. No estaba segura de si quería saber o no. Sacudió la cabeza, asustada de cualquiera que resultara ser verdadera.
−¿Y qué, por favor, quiere decir una Pansy Parkinson nuclear? −preguntó.
−Esta todo este asunto de que nos pidieron que te diéramos espacio por… bueno, casi seis meses ahora. Y luego ella se enteró de que ignoré a Draco y te contacté. −se detuvo, considerando. No era muy bueno disimulando la preocupación que apareció en sus facciones. −Aunque honestamente, ella está más que nada molesta de que Draco no me matara. Porque si ella hubiera sabido… bueno. Ahora lo sabe. Así que no tarda en aparecer.
−Theo. −comenzó Hermione, las palabras lentas. −¿Por qué tengo la impresión de que me estás pidiendo perdón y no permiso? ¿Qué has hecho?
Theo se puso de pie en un brinco, inclinándose y tomando el baso de agua tibia de las manos de Hermione. Miró al cielo, de vuelta a la Mansión y una vez más a ella antes de bajar el vaso de agua. Con una serie de vagos gestos, logró que Hermione se pusiera de pie.
−Si, hipotéticamente hablando, yo hubiera hecho algo. −comenzó, tomando un pequeño pero calculado paso lejos de Hermione. −Si lo yo lo hubiera hecho, hipotéticamente hablando, lo habría hecho bajo amenaza de hechizos y disolución de amistad por una muy enojada Pansy Parkinson.
Tomó otro paso hacia atrás.
−Así que, hipotéticamente, la cosa que hice, la hice como un acto de amistad, realmente, y con las más nobles intensiones, especialmente para una Gryffindor de gran corazón como el tuyo.
Hermione dio un paso hacia él y él dio otro hacia atrás.
−¿En términos menos hipotéticos, que hiciste exactamente? −preguntó con su mirada más amenazadora.
Theo se enderezó, aceptando las consecuencias.
Se aclaró la garganta y luego, en lo que fue casi una sola palabra de una bocanada de aire, escupió la verdad.
−Modifiqué las protecciones de tu departamento para que dejara entrar a Pansy. Esto ha sido encantador, pero tengo que irme. Nos vemos, Granger.
Y al siguiente momento, se apareció. Se apareció de su propia casa. Probablemente porque sabía que Hermione lo mataría. Cautelosos y cobardes, los Slytherin. Era frustrante lo mucho que le agradaba. Aunque, en este momento, estaba considerando seriamente buscarlo y lanzarle un hechizo.
Pansy Parkinson estaba sentada en la mesa de la cocina. Frente a la Slytherin, estaba Crookshanks, mirándola de forma muy seria. La teoría de Hermione de que el gato tenía debilidad por los Slytherin se derrumbó.
Ningún par de ojos miró a Hermione mientras ella se aparecía en su departamento, esperando algo mucho más dramático con la palabra nuclear dicha tan casualmente.
Con un suspiro, Pansy le hizo una mueca de desprecio al gato y finalmente miró a Hermione. Alzó una perfecta y delineada ceja, entrecerrando los ojos y apretó los labios. Entre su ropa, su postura y el aire de autoridad que ella cargaba, Pansy Parkinson podría ser la persona más atractiva que Hermione había visto. La imagen de ella peleaba contra la desagradable idea de una adolescente con cara de pug.
Hermione no sabía que decir. O como reaccionar. No tenía ningún contexto sobre como había sido su relación con Pansy. Ni Ginny ni Harry habían mencionado a los amigos de Draco. Y el recuento de Draco sobre su vida apenas iba llegando al 2004. Todavía no aparecían ninguno de sus amigos. Y además de todo eso, Hermione no podía recordar alguna interacción con Pansy que no fuera desagradable.
Hermione frunció el ceño ante el recuerdo, sintiendo su bolsillo para confirmar que tenía su varita.
Pansy rodó los ojos y se puso de pie. Cruzó los brazos y se acercó a Hermione, una especie de silencio y observación la consumía. Caminó lentamente en un círculo alrededor de Hermione. Solo con la gracia del coraje Gryffindor fue que Hermione evitó encogerse de incomodidad cuando sintió que Pansy desaparecía detrás de ella y aparecía del otro lado.
−¿Así que no me recuerdas? −preguntó finalmente Pansy, parándose frente a Hermione una vez más, con los brazos aún cruzados. Una uña perfectamente pintada tocó impacientemente su brazo.
−Te recuerdo. −dijo Hermione. −Sólo que no después del 2001.
Pansy apretó los labios en una fina línea, el brillante rojo de su labial desapareciendo completamente por un momento. Los brazos de Pansy cayeron. Hermione nunca había imaginado que el acto de descruzar los brazos podría verse amenazante, pero la forma en que Pansy lo hizo tenía un toque un poco menos que sano.
−De acuerdo, Granger, esto es lo que vamos a hacer. −dijo Pansy, su tono tenso. Hermione se dio cuenta de que no había movido del punto en donde se apareció dentro del departamento. −Te voy a decir lo que necesitas saber y luego tú me vas a decir que mierda estás usando.
Pansy no clarificó más.
−¿Y bien? −incitó Hermione. Pansy parpadeó.
−Oh, estaba esperando que protestaras. Claramente tienes una lesión cerebral.
Hermione no dijo nada.
Pansy dejó salir un suspiro.
−Esto será desagradable. −anunció pero no dijo más. La anticipación que había comenzado a sentirse incómoda en el estómago de Hermione. O a Pansy le gustaba lo dramático como Theo o a ella no le gustaría lo que pasaría después.
−Tú eres mi mejor amiga. −anunció Pansy.
Hermione tal vez abrió su boca para hablar si hubiera tenido el control de sus funciones motores en ese momento. En su lugar, su monólogo interno estalló en risas, completamente consciente de la ridiculez de semejante afirmación.
−Y sí, estoy consciente de que yo no soy tu mejor amiga, pero estoy trabajando en eso. Los días de la comadreja están contados. Aunque perder años de trabajo es excepcionalmente molesto.
Esta vez, Hermione en verdad intentó hablar, para protestar sobre la locura que había descendido en su cocina. Pero Pansy alzó una mano y las palabras de Hermione se detuvieron en el enorme anillo de compromiso frente a ella. La vista le recordó a Hermione sobre el anillo que ella no usaba, que ni siquiera conocía, y que no sabía a quién preguntar sobre eso.
−¿Podrías por favor no pelear conmigo sobre esto? −le pidió Pansy. −Tenemos cosas que hacer hoy y no tenemos tanto tiempo porque Theo es un bastardo egoísta.
−Pansy. −comenzó Hermione, finalmente arrastrando sus pies de donde había aparecido. Necesitaba una taza de té. −¿Si yo soy tu mejor amiga, por qué Theo tuvo que modificar las protecciones de mi casa para dejarte entrar? Pareciera que las personas más importantes de mi vida ya tenían acceso.
Pansy dejó salir una carcajada.
−Aparentemente tengo problemas en respetar los límites. −la mueca en su rostro sugirió que ella no estaba de acuerdo con esa acusación en particular.
Hermione, sin embargo, observando la situación, pensaba que estaba de acuerdo.
−¿Entonces qué es lo que supone que haremos hoy? −preguntó Hermione, resignándose a cualquiera que sean los planes que la otra Slytherin tenía para ella. Casi se había convertido en un preocupante tendencia en su vida. Y lo cierto era, que era mucho más entretenido que su trabajo en el Ministerio. −Asumo que Theo no me sacó de mi día de trabajo solo para que pudiéramos relajarnos en sus jardines.
−Bueno, ciertamente yo lo creo capaz. Él es extremadamente flojo. −Pansy cruzó de nuevo los brazos, evaluando a Hermione con la mirada. −En serio, ¿qué mierda estás usando? Hemos trabajado demasiado en tu guardarropa como para que regreses a tus viejos hábitos.
−Es lo que recuerdo, Pansy. −dijo Hermione molesta.
Pansy no reconoció la ofensa. Sólo hizo un pequeño sonido y continuó mirando a Hermione, quien había comenzado a ocuparse con el acto de hacer té. Hermione necesitaba algo que la distrajera de la anomalidad en su cocina.
Pansy se aclaró la garganta, una especie de incertidumbre tomando su lenguaje corporal.
−¿Podría solo…? Solo una vez, lo prometo. −dijo Pansy con una mueca. Y antes de que Hermione pudiera entender a qué se refería, Pansy la jaló en corto pero fuerte abrazo. −En verdad me alegro de que estés bien.
Pansy se alejó tan rápido como se había acercado, dando un paso atrás y girándose.
Oh. Bueno, eso fue inesperado.
Pansy se giró de nuevo hacia ella, inefable en su postura nuevamente.
−Necesitamos encontrarte otra cosa para que te cambies. Dios, apuesto a que estás usando de nuevo esos horribles sostenes. Y luego debemos planear como será tu velada con Draco porque aparentemente soy la única persona debidamente capaz de prepararte para esto.
−Perdón pero ¿prepararme para qué exactamente? −preguntó Hermione, sin poder seguir la lógica que las palabras de Pansy habían tomado.
Pansy suspiró, pero la mirada que le dio a Hermione no era completamente acusatoria. Había algo suave detrás de ellas, algo extrañamente parecido a la lástima.
−¿Sabes que día es hoy? −le preguntó a Hermione.
−¿Martes? −se aventuró.
−No cederé ante el tecnicismo. ¿Acaso sabes la significancia de la fecha?
−¿Es el… cinco? ¿Y creo que no lo sé, debería?
−Es el cumpleaños de Draco. Y él ha estado bastante raro sobre eso en los últimos años, así que prepárate.
Hermione casi se tambalea, confusión y negación invadiendo sus pensamientos.
−Yo… no, eso no puede ser correcto, Pansy. Hablé con él esta mañana, no dijo nada de…
−Claro que no lo hizo. Su intensión probablemente es pretender que no pasa nada porque es un idiota.
Hermione se molestó por el insulto.
−Oh, eso fue adorable. −Pansy sonrió de lado, tomando el brazo de Hermione y arrastrándola hacia la habitación. −Necesitamos cambiarte de ropa.
−Pansy, pensé que hoy trabajaría en el Ministerio, no intentaba impresionar a nadie. −se defendió Hermione, sin ver el problema con su falda y blusa básica.
Pansy hizo un sonido de asco y empujó la puerta del clóset para abrirlo.
−Ese es tu problema. −dijo. −Siempre hay alguien a quién impresionar. Y dado que Draco se pondrá difícil y no querrá salir o reconocer que hoy es su cumpleaños, es mejor que te veas bien aunque se queden aquí toda la noche.
Pansy se giró abruptamente hacia ella.
−¿Estás durmiendo con él?
−De acuerdo Pansy, creo que tenemos que revisar esos límites, no te conozco lo suficiente para…
−¿Entonces no, huh? Supongo que la Operación Progenie está en pausa. −se encogió de hombros. −Eso está bien conmigo, creo que serás mucho menos divertida una vez que seas mamá.
Hermione la miró boquiabierta, un alboroto estallando en su cabeza.
−Lo siento. −comenzó. −Acaso tú…
Pansy se giró de donde había estado hurgando en el lado de la ropa de Hermione, una curiosa ceja levantada mientras miraba a Hermione.
−Tú sabías que estábamos intentando… −Hermione comenzó de nuevo, casi terminando la pregunta en un chillido.
−¿Procrear? ¿Torturar al mundo con un engendro suyo? Claro que lo sabía. −dijo Pansy, después se detuvo. −¿Era un secreto?
−Lo era para mí hasta hace un par de meses.
Pansy se encogió de hombros.
−Bueno, estoy segura de que no era fácil para Draco sacar el tema. −y regresó su atención hacia el clóset, su mundo un sencillo blanco y negro contra el color del clóset.
Hermione no muy seguido se quedaba sin palabras, o peor, como si su comprensión fuera retrasada, pero los últimos minutos que había pasado con Pansy Parkinson revoloteaban en su cabeza, dejándola aferrada a la poca comprensión que tenía.
−Además. −continuó Pansy casualmente como si tema no hubiera casi roto a Hermione. −¿Cuándo regresaran tú y Draco a los viernes de bebidas? Theo, Blaise y yo no somos la combinación más fiestera, sin importar lo divertida que yo sea.
Otra cosa que golpeó a Hermione en la cabeza.
−¿Viernes de bebidas?
Pansy dejó salir un suspiro cansado, dándole a Hermione un vestido.
−Estúpido Draco. −murmuró. −Cada viernes, nos reunimos en la Mansión Nott. Bebemos, pasamos un buen rato, a veces apostamos. Y aunque duela admitirlo, esperamos a nuestra Gryffindor residente. Estar en la misma habitación que Blaise y Theo por un tiempo prolongado, especialmente con alcohol involucrado, es extremadamente cansado para mi paciencia.
−Hago investigación los viernes.
−Bueno, cámbialo de fecha.
−Preferiría no hacerlo, no estoy segura de estar lista para…
−¿Dónde está tu agenda? Lo acomodaré para ti.
Pansy pasó a su lado, escaneando la habitación con una eficiencia depredadora. Aún apretando el vestido entre sus manos, Hermione la siguió.
−Pansy, detente.
Pansy no se detuvo.
−Pansy. −intentó Hermione de nuevo, siguiéndola. −Esto es demasiado, podrías por favor… deja de buscar entre mis cajones, Merlín.
Pansy se detuvo. Cerró el cajón de le mesa, y comenzó a tamborilear sus pie. Cruzó los brazos mientras Hermione la miraba.
−De acuerdo. −dijo Pansy. −No era mi intensión cruzar los límites. −la sinceridad no parecía ser una habilidad que Pansy Parkinson tuviera.
−Blaise tiene trabajo que hacer en Italia durante las siguientes semanas y honestamente, disfruté mi descanso de ellos mientras estuve en Francia. Así que probablemente suspenderemos lo de los viernes hasta el próximo mes. ¿Crees que es tiempo suficiente para que te hagas a la idea? −lo dijo en forma de pregunta pero simultáneamente era un reto.
Hermione se enderezó.
−Debería ser tiempo suficiente.
−Bien.
−Bien.
−Ponte el vestido, Granger.
Hermione bufó ante la orden pero igual lo hizo, se metió al clóset para desvestirse e ignoró el comentario de Pansy sobre su modestia. Era un simple vestido negro, manga larga, llegaba un poco antes de la rodilla, ajustado pero no tanto. De nuevo, Hermione no sabía lo que se escondía en ese clóset. Fastidiosamente, el vestido se le veía muy bien y lo peor, no le molestaba usarlo.
Cuando Hermione salió del clóset, el alivio de Pansy fue casi tangible en la habitación.
−Mucho mejor. −dijo Pansy. −Y tampoco te traumaticé. Siempre te ves como si te fuera a poner algo horrible y siempre te termina gustando.
Dado que Hermione se sentía como un rehén en su propia casa, no tenía deseos de reconocer la verdad en las palabras de Pansy.
−¿Por qué Draco no quiere celebrar su cumpleaños? −preguntó Hermione, mirándose de reojo en el espejo del vestidor.
−Bueno, no ha sido exactamente sencillo desde esa épica Navidad en la Mansión Malfoy.
−¿Y cuándo fue eso? −preguntó Hermione, su mente girando con imágenes de la Mansión cubierta de nieve, de pinos de navidad, muérdago y Lucius y Narcisa participando en cualquier cosa remotamente festiva. Eran imágenes difíciles de conjurar, incluso para una bruja.
Pansy comenzó a buscar entre su modesta colección de joyería y se sentó arriba del vestidor.
−¿Hace dos navidades, creo? −dijo Pansy. −Creo que fue el 2004.
Pansy movió a Hermione hacia el espejo, probando en ella un collar de plateado contra el vestido. Evaluó el reflejo antes de descartarlo, optando por una opción dorada en su lugar. Con el ceño fruncido, Pansy tocó la pequeña cicatriz en la ceja derecha de Hermione, la misma cicatriz no identificada que ella notó en la primera noche que regresó de San Mungo.
−¿Hay una razón por la cual no usas la poción elegante de Draco en esto?
Hermione sentía una cálida e incómoda tipo de anticipación como si estuviera al borde de algo, y Pansy a punto de empujarla. No sabía cómo responder.
−No puedo imaginar que a Draco le guste ver el recordatorio de esa noche regresándole la mirada cada que te ve. −Pansy continuó, decidiéndose por el collar dorado. Los ojos de Pansy se movieron hacia la mano izquierda de Hermione y los alejó en otro instante.
Hermione tocó con un dedo su casi invisible cicatriz.
−La mayoría de los días ni la noto, en serio.
−Bueno, tal vez él sí. −la presionó Pansy. Más cerca del borde. −Y si lo hace, probablemente no es algo muy agradable de recordar.
Aún tocando la pequeña cicatriz, Hermione miró a Pansy a través del reflejo del espejo. Ella tenía una cicatriz. ¿Una cicatriz de una cena de Navidad con los Malfoy?
−¿No pudo haber sido tan malo, cierto? −preguntó Hermione, esperando poder controlar el aire de fatalidad que Pansy había traído.
Pansy bufó.
−Bueno, no pudo haber sido peor. Ser desheredado ciertamente fue un duro golpe al sentido de identidad de Draco.
Empujada hacia el borde, Hermione cayó.
Hermione había peleado en la guerra.
Logró burlar y vencer las pruebas que cuidaban la Piedra Filosofal cuando tenía doce años.
Liberó a Sirius Black de una torre custodiada cuando tenía catorce años.
Peleó en una batalla dentro del Departamento de Misterios cuando tenía dieciséis años.
Entró a hurtadillas al Ministerio de Magia cuando tenía dieciocho años. Y luego a la bóveda de Bellatrix Lestrange en Gringotts a la misma edad. Soportó tortura. Se escabulló hacia Hogwarts mientras estaba siendo controlada por los mortífagos.
Peleó en una maldita guerra.
Lo que todo esto quería decir, era que Hermione sabía algo sobre estrategia. Sabía un poco sobre saber escoger sus batallas, sobre compartimentación y sobre priorización, sobre suprimir sus más grandes instintos para revolver un problema con la fuerza bruta porque era el camino más rápido del punto A al punto B, a pesar del daño colateral. Especialmente ahora que había visto como se veía ese daño entre ella y Draco.
Así que, después de correr sin la más mínima cortesía a Pansy del departamento, solo después de prometer que en serio consideraría volver a los viernes de bebidas cuando pudieran organizarlos de nuevo, Hermione se sentó en el sofá verde de la sala de estar y escogió su batalla.
Y mientras miraba a su pequeño, apretado y sobre llenado departamento con ojos frescos, cargados con nuevo contexto, tuvo que suprimir una risa incómoda. La primera vez que vio el espacio, preguntó si se acababan de mudar o estaban redecorando, confundida por el tamaño del departamento y por la densidad de objetos y muebles dentro.
No, parecía que habían tenido que escoger algo más pequeño. Significativamente más pequeño.
Draco dijo que haría cualquier cosa por ella y había sido completamente honesto respecto a eso. Lo dijo más de una vez, de diferentes maneras. Y ella le creía, hasta cierto punto. Pero nunca se había imaginado el ser desheredado como alguna de las opciones. Porque, después de todo, ¿quién era Draco Malfoy sin su fortuna y el nombre de su familia detrás de él?
Y justo esa mañana. Dios. Justo esa mañana.
Una cita legal sobre sus cuentas de Gringotts. Y ella bromeó de que tal vez él estuviera malversando fondos. Draco dijo que la historia estaba en la lista. Que le contaría. Y ella le creyó, en serio lo hizo. Ella escogió, conscientemente, en creerle.
Una carcajada escapó de sus labios, rompiendo los pensamientos de Hermione.
Porque aunque fuera tan absurdo y abrumador el saber que Draco había sido desheredado, la única batalla en la que Hermione quería pelear era en la de su cumpleaños.
Estaba rodeada de metrallas y no le importaba.
Porque ella se preocupaba por él y el recuerdo de ese sentimiento vivía en la superficie de su alma, no en la materia gris de su cerebro. Y como tal, no quería que él odiara su cumpleaños. Ella quería, desesperadamente, darle un pequeño pedazo de felicidad. Quería que él tuviera esperanza donde ella no.
Se recargó en el sofá, un dolor de cabeza pulsando detrás de sus ojos. Su cerebro se sentía exhausto de una tarde con puros Slytherin y de una tarde de planear.
Se despertó con la tormenta sobre ella.
Draco tenía una mano en su cabello, moviendo un rizo de su frente. Estaba arrodillado frente al sofá, inclinado hacia ella. Tenía una suave sonrisa en su rostro, cálida y brillante bajo la luz de la única lámpara que él había prendido. Un mechón de cabello rubio caía sobre su frente.
En algún punto, el sol se había puesto. Su cumpleaños casi se terminaba.
−Hola. −dijo Hermione, mirándolo mientras su cerebro trataba de despertar.
−Hola. −respondió, su sonrisa brillaba. −¿Cansada?
Hermione se sentó, capturando la mano de Draco entre la suya mientras caía de donde estaba en su cabello. Le dio un pequeño jalón, una invitación a sentarse con ella. Tal vez ella era quien estuvo dormida, pero él se veía destruido por el cansancio.
−¿Estuviste en Gringotts toda la tarde? Te ves cansado.
Se sentaron uno junto al otro, el brazo izquierdo de Hermione tocando el derecho de Draco. Él entrelazó sus dedos y pareció derretirse al contacto. Ella también se derritió, persuadida por el confort que le brindaba.
−Sí. Lo estuve. No… no me fue tan bien. Tampoco es que hubiera esperado otra cosa. −la miró, sus ojos cansados buscando los suyos. −¿Podría explicarlo otro día? Es algo complicado y quiero explicarlo correctamente.
Hermione le dio un apretón a su mano. Él le contaría. Y ella confiaría en que lo haría.
−Claro. −le dijo. −Pero sabes, estoy algo molesta contigo, Draco Malfoy.
Su mirada se quebró y Hermione se arrepintió de inmediato de su intento de broma. El temor en su rostro casi la aplastó. Hermione le dio otro apretón a su mano, un toque de tranquilidad.
−Una buena fuente me dijo que hoy es tu cumpleaños. −dijo.
Su quejido fue instantáneo. Su cabeza se recargó contra el sofá.
−¿Quién fue? −preguntó.
−Pansy. Por culpa de Theo.
Draco dejó salir una risa estrangulada.
−¿Pansy? Mierda. ¿En qué mundo es Blaise Zabini mi único amigo leal?
Hermione se recargó contra su brazo.
−Ella me dijo que soy su mejor amiga, sabes.
Él rio, mirándola de nuevo. Su fastidio se había desvanecido.
−Ustedes dos tienen opiniones diferentes en la definición de ese término.
−Ciertamente pude notarlo. −dijo Hermione. Su cabeza aún se sentía brumosa, cansada por el día. Se recargó más contra él, hundiéndose. Draco separó sus manos para levantar su brazo y abrazarla por los hombros, acercándola más a él. Por un momento, Hermione se permitió cerrar los ojos, relajada por el confort de su cabeza contra la suya.
−Estaba aliviado de que no supieras que era mi cumpleaños. −dijo suavemente en su cabello. Hermione sintió la presión de lo que probablemente era un beso contra sus rizos.
−¿Por qué? −preguntó, igual de suave. −Entiendo si no quieres celebrar pero al menos me gustaría… no sé, ¿reconocerlo? −sin su mano para sostener, la palma de Hermione se presionó contra la pierna de Draco, las llamas de sus dedos entregando pequeñas pulsaciones de presión mientras hablaba.
−Prefiero ignorarlo. −dijo Draco, aún hablando desde arriba de su cabeza, voz baja. −Tengo… relaciones tensas en mi vida que lo hacen… −se detuvo. La presión contra el cabello de Hermione aumentó. −No es lo que solía ser. −concluyó, su voz casi perdida en sus rizos.
Draco no sabía que decirle. Ella podía sentirlo. Los músculos en su pierna se tensaron, su mano izquierda contra su otra pierna se abría y cerraba, peleando por un equilibrio.
Hermione se sentó contra él, aún envuelta en su abrazo pero estirándose para ver su rostro.
−Bueno. −dijo −En honor de tu cumpleaños que no estamos celebrando y porque no tuve oportunidad de comprarte un regalo apropiado, quiero decirte algo.
−¿En serio? −preguntó, una cansada sonrisa con vigila en su rostro. Hermione sentía a sus rizos girar mientras él jugaba con ellos.
−Aunque no tengo mis recuerdos… aún. −luchó por arreglar su oración con un poco de esperanza. −Me di cuenta de que tengo este sentimiento, no es exactamente un recuerdo. Pero tú me importas y mucho. No me estaba dando suficiente crédito a mí misma para confiar en que si te escogí, es porque debía haber una muy buena razón. −se detuvo, la mano en su cabello continuaba jugando con sus rizos, enviando pequeños choques de placer en su cabeza. Continuó.
−Tú dijiste que evitaste algunos de los temas más complicados porque si tan solo yo recordara sería mucho más sencillo. Y creo que en retrospectiva, yo estaba haciendo lo mismo. Creo que simplemente esperaba que si recordaba no tendría que entender… porque eso era más difícil.
Y ahora que la palabra irreparable había invadido tanto su léxico personal, Hermione casi se ahogaba en el miedo de que la opción más difícil fuera la única que la quedara.
Pero era difícil quedarse sumergida cuando Draco la miraba como si ella fuera el mismo centro de su mundo.
−Así que… ¿feliz cumpleaños? −añadió débilmente.
Draco se inclinó hacia ella, la mano en su cabello encontró el otro lado de su rostro, era como fuego contra su piel.
−A la mierda el calendario. −suspiró. Hermione no pudo estar más de acuerdo.
Hermione lo besó, acercándose más a él. Abandonando la vacilación, se giró, se levantó y se sentó sobre su regazo. El sencillo vestido que Pansy había escogido, que una vez tuvo un largo respetable hasta la rodilla, se subió, seguido de la mano de Draco, quien masajeaba su piel.
Hermione corrió las manos por el cabello de Draco, dejando salir un suspiro contra su boca mientras las manos de él rondaban sobre sus caderas y cintura, luchando contra algo carnal. Perdida en sus labios, Hermione se movió contra él, desesperada por encontrar el innegable placer de su cuerpo contra el suyo. Los dedos de Draco se movieron hacia arriba, tocaron sus costillas, se grabaron en sus huesos. Ella jadeó, una ola de calor sonrojándola.
Bajó la velocidad, a pesar del salvaje ritmo de su corazón y de los pulsos de deseo que bajaban y bajaban con cada detectable jadeo que ella lograba sacar de la garganta de Draco. Rápidamente se estaban acercando a los límites que habían puesto, a los horarios que Hermione había impuesto. Y aunque el sexo no tenía una fecha específica en su calendario, esta no era la noche. No después de revelaciones no habladas y dolor de una fecha que debía suponer celebración.
Se alejó, solo lo suficiente para tomar un respiro y romper el contacto del hechizo. Se quedó cerca, aún en su regazo. Con sus dedos recorrió el rostro de Draco, el afilado ángulo de su mandíbula, sus labios enrojecidos. El corazón de Hermione dio un brinco mientras él se inclinaba hacia el contacto. Era algo extraordinario, lo que aceptar a Draco en su vida le había hecho al ritmo de su corazón y a su respiración. Especialmente en momentos como este donde ambos tartamudeaban con asombro.
−¿Quieres dormir en tu propia cama esta noche? −preguntó Hermione, las palabras saliendo de su boca antes de que pudiera atraparlas.
Draco cerró los ojos.
−No.
Hermione se alejó, solo lo suficiente para ver su rostro completo frente a ella.
−¿Qué… no?
−Créeme. −dijo. −No es que quiera dormir en este sofá indefinidamente. Y te lo juro, no te estoy presionando, no ahora. Pero, la próxima vez que duerma en esa cama contigo… −se inclinó, capturando sus labios en otro beso, cuidadoso y controlado mientras sus manos tomaban el rostro de Hermione antes de alejarse de nuevo. −Planeo hacer mucho más que dormir. No quiero ninguna barrera.
Un rápido sonrojo la consumió y se quedó atrapada entre el deseo y la desesperación. Draco la besó de nuevo, brevemente, como para terminar el rastro serpenteante de sus pensamientos.
−He tenido peores cumpleaños. −le dijo. −Gracias.
Hermione se movió de su regazo y dejó que su cabeza se recargara contra su hombro. Y se quedó dormida así, acurrucada contra él en el gran misterio del sofá verde, atormentada por las barreras de la memoria dentro de su propia cabeza. Sin saber como llorar por ellos o como compartir su dolor.
Hello!
Bueno, oficialmente vamos a la mitad del camino. Nos quedan 6 capítulos más.
Que Draco fuera desheredado ciertamente es algo grande y creo que hasta este punto Hermione no se había puesto a pensar en como su relación afectó a Draco con su familia y amigos. Y ciertamente a partir de ahora, veremos a una Hermione más consciente de todo eso, se los prometo. ¿Les había comentado que amo a Theo? Porque amo a Theo! Y Pansy ciertamente no tiene límites jajaja. Pero es lindo ver a Draco y a Hermione en esos momentos de normalidad hogareña.
Muchísimas gracias por sus lindos reviews y por los favoritos.
Hasta la próxima semana!
