Durante el almuerzo, en Nueva York, Johanna estallaba de furia ante la preocupada mirada de Annie y Madge. Cada una preocupada por algo distinto, pero las tres mujeres acababan de ganarse una noche sin dormir.

-¡Voy a cortarle las pelotas a Peeta Mellark si llega a lastimar a Kat! ¡Es un imbécil de los grandes! –Espetó Johanna.

- Johanna, ¿Quieres calmarte? –Le exigió Annie mientras Madge oía sin dar crédito de lo que pasaba.

-Voy a calmarme cuando le cante las 40 a ese imbécil. –Le dijo a la pelirroja echando fuego por los ojos, para luego girarse y dirigirse a su amiga que estaba todavía en siliencio. -Mad, deberías decirle a Gale para que sus puños le expliquen cómo se trata a una mujer. -La morena estaba enajenada. Sabía que Peeta era uno de esos hombres de los que ninguna mujer debía enamorarse y se lo había dejado claro a su amiga; pero también sabía que Katniss nunca había tenido chance. Sabía que se había enamorado ni bien lo había visto en el ascensor. La electricidad entre ellos podía palparse y nadie que los había visto juntos había podido evitar ver esa chispa que salía cuando estaban juntos.

-Creo que deberíamos estar ahí para ella cuando vuelva. No llenarle la cabeza con cosas que evidentemente todos ya sabemos. Finnick está tratando de evitar todo esto. Incluso a riesgo de pelearse con Peet. –Annie estaba enojada e incómoda pero trataba de poner su cabeza en frío para tratar de minimizar todo el sufrimiento de su nueva amiga.

-Annie tiene razón, Jo. –Madge intentaba razonar con su amiga que estaba encolerizada poniendo paños fríos pero lo único que lograba era echarle más nafta al fuego.

-No voy a dejar que la lastime. Ya mismo voy a hablar con Kat. Se merece que ese idiota le explique las reglas del juego en la cara. –Sentenció Johanna tomando su celular mientras se levantaba enojada tirando su taza de café casi sin tocar.

-Esto va a ser un desastre. –Dijo la cobriza, que se arrepentía de haber hablado esto con las amigas de Katniss.

-Esto va a ser peor Ann. Solo nos queda rezar. –Madge miró a Annie negando con la cabeza, mientras salía por la puerta siguiendo a Johanna que había salido del café como alma que lleva el diablo.

…****…

Venían caminando de la mano riendo de un mal chiste de Peeta, cuando llegaron a los pies del Duomo de Amalfi y antes de poner un pié en el primer peldaño de las escaleras, él la soltó repentinamente como si su mano le quemara.

-¿Qué sucede Peeta? –Dijo la castaña extrañada. No le había gustado nada esa pequeña actitud de Peeta y no se la iba a dejar pasar porque olía un trasfondo mayor detrás de ese simple gesto.

-Nada. Vamos que hay muchos peldaños que subir. –Dijo dándose la vuelta para seguir mientras ella seguía estática a los pies de la escalera. –Katniss, ¿Quieres que te suba a cuestas? –Su sonrisa indicaba que le parecía una idea muy divertida y que realmente estaba dispuesto a hacerlo.

-¡Me soltaste la mano como si tuviese lepra! –Se quejó como una niña pequeña y caprichosa haciendo berrinche.

Peeta estalló en risas y bajó los escalones que había subido. –Tienes razón, pero no me culpes… ¡Culpa al Duomo!

-¿Qué culpe al Duomo? ¿Es enserio? –La castaña no entendía nada. -¿No tienes una excusa mejor?

-Veras… -Dijo el rubio quitándose las lentes de sol para mirarla a los ojos. -Según una vieja leyenda, si dos enamorados suben las escaleras del Duomo de Amalfi de la mano, no se casarán nunca.

¿Qué? ¿Qué había dicho Peeta? Ella debía haber oído mal… Peeta Mellark hablando de enamorarse, de matrimonio y con ella. ¡Esto no podía ser! -¿Y eso que tiene que ver con nosotros Peeta? Que yo sepa tu y yo solo estamos pasándola bien –Dijo tratando que no se notara que se le estrujaba el corazón de felicidad de solo pensarlo. Sabía que no tenía chance, por eso no quería dejar que Peeta la ilusionara para luego romperle en cien mil pedazos el corazón.

-Tienes razón. Pero uno nunca sabe. –Dijo él encogiendo los hombros y tratando de sonar despreocupado mientras subía varios peldaños rápidamente para que ella no notase que su pregunta lo había puesto incómodo. –Adelante preciosa. –Espetó sin siquiera darse vuelta a mirarla. Sabía que debía hablar con Katniss y sincerarse. Decirle que ella hacía tambalear su vida y le quitaba toda la seguridad que había creado a su alrededor, pero ¿Y si ella estaba cómoda con esto del sexo sin compromiso? ¿Y si él estaba equivocado y ella no lo veía con ganas de más? Por ahora no se arriesgaría a perderlo todo por querer tener algo más que lo que tenía. Quizá, una vez de vuelta en New York podían hablar más tranquilos y sin sentir que había un compromiso de por medio.

Habían paseado toda la mañana, así que Peeta realmente estaba disfrutando del descanso y de la bella vista al mar que le ofrecía la mesa del pequeño restaurant donde habían parado a almorzar.

-Per gli amalfitani il giorno in cui andranno in Paradiso sarà un giorno come tutti gli altri: perchè il paradiso ce l'hanno già qui, a casa loro. –Le dijo a Katniss sin mirarla mientras ella disfrutaba de la brisa absorviendo la vista con los ojos. Ella se dio vuelta a verlo y él sintiendo su atención, prosiguió con la vista fija en la costa. -Según la leyenda, la fundación de Amalfi fue un tributo de amor que Hércules, hijo de Zeus, dedicó a su amada. Amalfi era el nombre y tenía los ojos azules como el mar. Por ello cuando Amalfi murió, Hércules la enterró en el lugar más hermoso de la tierra, un lugar especial dónde las aguas pudieran acariciar el cuerpo de su amada y sus ojos se confundiesen con el mar. Desde entonces Amalfi ha tenido la fuerza de Hércules, que la protege por amor. –Se detuvo por un momento a pensar en su madre y sintió una fuerte punzada de dolor. Su madre sabía que él había nacido para entregarse por amor por eso le había contado todo este tipo de historias románticas para inspirarlo. La extrañaba a mares. Si ella estuviese aquí él no estaría en este dilema. Ella no se lo hubiese permitido y él tampoco habría conocido a esa mujer que lo acompañaba y le quitaba el aliento cada vez que sentía su presencia.

A Katniss siempre le habían parecido interesantes los hombres que eran grandes oradores, pero más le gustaban los grandes oradores que tenían cosas interesantes para contar. Peeta no solo era hermoso, sino que era un hombre más que interesante, era fascinante. No solo la atraía físicamente, sino que oírlo hablar era un deleite para sus sentidos. Su voz, lo que tenía para decir… Todo en él era magnético y eso le daba un terror inmenso.

…****…

Había intentado comunicarse con su amiga durante todo el día, pero Katniss no había tomado el teléfono ni una vez, no le había contestado ni uno de sus mensajes pidiéndole que la llamase. De hecho su móvil le había dado apagado durante toda la jornada. Johanna estaba tan cabreada con Peeta Mellark que no había tenido en cuenta que sentiría la castaña cuando se enterase de los planes del jefe del jefe de su amiga. ¿Quién era ella para arruinar su semana en Italia?¿Y si ella ya lo sabía y solo la estaba pasando bien? ¿Y si le contaba los planes de Mellark y la dejaba sin la chance de intentar algo más?... Muchos interrogantes se le vinieron a la cabeza y decidió que quizá la suerte había estado de su parte. Que el que Katniss no cogiera el teléfono era una señal de que no debía interceder ahora; de que quizá Annie había tenido razón y solo debía estar ahí para apoyar a la castaña cuando su mundo se viera negro. Todavía estaba agradeciendo su suerte cuando su móvil sonó quitándola de sus pensamientos. Estiró la mano para cogerlo desde el otro lado del sillón y ni bien contestó la voz angustiada de Madge salió del otro lado de la línea.

-Jo, ¿Has podido contactar a Kat?

-No, Mad. Gracias a Dios no. Ustedes tenían razón cuando… -No pudo seguir hablando porque Madge la cortó abruptamente.

-Si hablas con ella dile que lo llame a Gale ¡Urgente! –le gritó su amiga de repente.

-¿Qué demonios pasa Mad? Me estas asustando. –Dijo levantándose para deambular por su apartamento mientras esperaba la historia de la rubia.

-Oh, Jo… Perdona. Quizá debí haber empezado por el principio. –Johanna notó que la voz de su amiga se tornaba llorosa. –Es que Haymitch ha sufrido un accidente y tiene un pronóstico reservado. Desde hoy estamos intentado llamarla a su móvil pero no coge ninguna de las llamadas. Effie está desesperada, quiere que vuelva porque la necesita aquí y creo que ella también necesita estar aquí.

-¡Mierda! ¿Cómo que un accidente? –Dijo nerviosa.

-Si, un accidente con el coche. Se dirigía a casa desde la distribuidora cuando un borracho al volante embistió su camioneta justo del lado del conductor… -Madge no pudo seguir hablando porque las lagrimas le ahogaron la voz.

-Tranquila, dime donde lo han trasladado que voy para allá. En el camino voy a llamar a Annie para que hable con Finnick a ver si pueden ubicarlos en Italia.

-Gracias Jo, realmente no había pensado en eso.

Ni bien cortó la llamada con la novia de Gale, le estaba marcando a Annie. Finnick debía de saber cómo ubicar a Peeta y a Katniss y hacerlos volver cuanto antes.

…****…

Hacía solamente una hora que habían recibido la llamada de Johanna, contándoles sobre el accidente de Haymitch y Finnick ya tenía todo listo para que Peeta y Katniss regresasen cuanto antes a New York. Incluso había hablado con Prim y le había contado las novedades para que la rubia no viajase a Italia dejando el jet disponible.

El no creía en las señales del destino pero sabía que ésta, definitivamente era una. Una señal horrenda, pero una señal al fin de que Peeta debía conservar a Katniss en su vida y no intentar sacarla de ella. Sabía que si el rubio no acababa la semana con su tormentosa conquista, no podría dar la historia por terminada y se vería obligado a ir por más. Eso le daba tiempo para darse cuenta que Katniss era para él, más de lo que él deseaba admitir.

Tomo el teléfono para llamar a Italia. No había querido adelantarle nada a Antonia porque no quería que Katniss recibiese la noticia de su boca, sino de la de Peeta quien estaba ahí para contenerla. También sabía que eso había sido un arma de doble filo porque su amigo, sin saber de la gravedad del asunto no le devolvería el llamado. Así que ahí estaba marcándole a Antonia otra vez. El ama de llaves en un inglés plagado de acento italiano le dijo que lo esperase que oía ruidos en la entrada. Los minutos se hicieron eternos hasta que oyó la voz de Peeta mofándose de él.

-¿Pero qué te pasa odair que ni siquiera me dejas tomar la llamada en mi cuarto? Me ha dicho Antonia que has llamado varias veces, ¿Qué es tan urgente como para tener que soltar a Katniss justo cuando teníamos planes más interesantes? –Le dijo con una voz risueña.

-Peeta, menos mal que te encuentro. Está el jet preparado en Nápoles y todo arreglado para que vuelen urgentemente a New York –De repente Peeta perdió la sonrisa y sintió que entraba en tensión. –Lamento arruinar tus planes pero el padre de Katniss tuvo un accidente y está en estado reservado.

Finnick le contó de tirón todo lo que sabía. Él no había emitido un solo sonido. De repente desde que había atendido esa llamada, se le había caído el mundo a sus pies. Lo de cortar sus vacaciones era lo de menos, pero las novedades sobre salud de Haymitch lo habían puesto nervioso y ansioso de volver. –En dos horas estaremos en Nápoles para volar. Que tengan todo listo. –Le ordenó a Finnick cortando la comunicación sin esperar una respuesta. Él ya estaba pensando como contarle la noticia a su castaña favorita sin hacerla sufrir y sabía que eso era imposible.