EL FAN NÚMERO UNO

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Esta historia ha sido escrita para los Desafíos 2.0 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. Me he apunto a la lista de La chistera explosiva y debo escribir un fic protagonizado por Roxanne Weasley, con clasificación M y género Horror.

¡Allá voy!


—¡Weasley atrapa la snitch! ¡Las Arpías ganan el campeonato!

Roxanne agita la mano, mostrando la pequeña pelota alada. Las gradas estallan en gritos emocionados y aplausos y, en un abrir y cerrar de ojos, sus compañeras de equipo la rodean, la abrazan y están a punto de tirarla al suelo.

—¡Hemos ganado, Roxie! ¡Hemos ganado!

Roxanne, que nunca ha sido muy amiga de los abrazos y la algarabía, se deja arrastrar a la fiesta. Saluda a sus seguidores con ambas manos y sonríe, feliz porque acaba de conseguir su primer gran éxito deportivo. Estrecha las manos de las autoridades, recibe su medalla y levanta la copa con entusiasmo. Siente el estómago revuelto y bebe champán de una botella gigante. En el vestuario, se saca fotografías, salta y canta el himno del equipo y se deja convencer para ir a bailar y pasárselo bien.

Llega a casa después de la media noche, achispada y agotada. Una docena de lechuzas la esperan en el jardín y Roxanne recoge las cartas de felicitación de sus familiares y amigos. No le extraña nada que Paula no haya atendido a las aves. Descubrió que odiaba las lechuzas en Hogwarts, cuando una de ellas se cagó en sus deberes de Transformaciones y se los echó a perder. Y hasta ahora.

Roxanne entra a la vivienda por la puerta de la cocina. Todo está en silencio y supone que Paula está durmiendo. No le sorprende, porque a ella tampoco le gusta el quidditch, pero se siente decepcionada. Paula debe saber lo importante que es para ella esa primera victoria, no debería limitarse a ignorarla. De pronto, unos brazos la rodean desde atrás y alguien le mordisquea la oreja. Al principio, se lleva un susto de muerte. Después, reconoce el olor de su novia y cierra los ojos. A Paula le gusta usar colonia infantil, sobre todo antes de irse a la cama.

—Mi campeona ya está en casa —le susurra, tan pegada a su cuello que le hace cosquillas—. Me han dicho que has jugado un partido excepcional.

—¡Uhm! —Roxanne se agarra a su brazo y sonríe—. No ha estado mal.

—Creo que te mereces un premio, ¿no?

—Eso suena genial.

Paula hace que se de media vuelta y Roxanne se encuentra con sus ojos negros. Paula es más alta que ella y tiene el cuello fino y largo. En Hogwarts, lo más crueles la comparaban con una garza. Roxanne está dispuesta para destripar al primero que se atreva a decírselo ahora. Paula le retira el cabello de la cara y la besa, prometiendo una noche de lo más estimulante.

—¿A qué estamos esperando?

Roxanne piensa que la llevará hasta el dormitorio, pero la cocina no resulta ser un mal lugar para recibir su premio. Un poco incómodo, tal vez, pero absolutamente adecuado. Después, se van a la cama y Roxanne se queda dormida de puro agotamiento. Cuando se despierta, la ventana está abierta y deja pasar una suave brisa que la hace suspirar de placer. Paula está sentada a su lado, leyendo un libro sobre medimagia, y una bandeja repleta de comida flota frente a sus ojos.

—Me has preparado el desayuno.

—Eres la mejor buscadora de Inglaterra, pero no te acostumbres.

Roxanne se sienta en la cama y la bandeja se acerca un poco a ella. Las tostadas tienen una pinta estupenda y el café huele muy bien. La joven coge un vaso con zumo de calabaza y encuentra que está delicioso.

—Así que sabes cocinar.

Paula asiente, sin apartar los ojos de su libro.

—Hasta ahora lo has disimulado muy bien.

—Ya me encargo de hacer la colada. No quiero convertirme en tu elfo doméstico.

—¡Bah! ¡Qué exagerada!

Paula la mira por encima del libro. Se parece bastante a la abuela Molly cuando exige orden y limpieza.

—Roxie, en lo que respecta a las tareas de la casa, eres una calamidad.

Roxanne les da un mordisco a las tostadas y mastica a dos carrillos.

—Hasta ahora no te has quejado de mis labores en la cocina.

—¿Qué labores? Si casi todo lo traes de La Madriguera. Tu abuela debe odiarme.

—¡Qué va! Le he dicho que te encanta su comida y te adora.

Paula pone los ojos en blanco y vuelve a la lectura. Roxanne da buena cuenta del desayuno, pensando en todos los asuntos que tiene que atender. Al mediodía, habrá una comilona con el equipo y la gente del Ministerio y, después, una celebración multitudinaria en el campo de quidditch. Seguramente tendrá que atender a la prensa y contestar cartas de sus admiradores.

Y hablando de admiradores, Paula hace un gesto vago en dirección a la ventana.

—Hay un millón de lechuzas en el jardín. Espántalas pronto o me encargaré yo.

Roxanne se levanta y mira a través del cristal. Duda que haya tantas como un millón, pero, sí, ha recibido bastantes mensajes de enhorabuena. Con el tiempo, ha aprendido a lidiar con esa parte de la fama. Nunca ha sido una chica particularmente sociable, pero su entrenadora le dijo una vez que ella, como jugadora, se debía a su público. Por ese motivo, Roxanne intenta ser amable con sus fans, responder sus cartas y firmar autógrafos cuando es necesario.

—Tranquila. No tengo que irme hasta las doce. Para entonces, ya no estarán aquí.

Paula también se levanta. Pronto comenzará su turno en el hospital y quiere darse una ducha antes de marcharse. Se coloca junto a Roxanne y la abraza por la cintura.

—El mundo mágico es fascinante, pero te lo digo en serio, Roxie. Lo de las lechuzas es un atraso. A mí me parece explotación animal.

—¿Explotaqué?

Roxanne no da crédito a lo que acaba de oír. Está a punto de discutir sobre el tema con la otra bruja, pero Paula le da un beso y le hace una proposición indecente.

—¿Nos bañamos juntas, mi campeona?

—Pues claro que sí.

Y, durante un rato, no existen las lechuzas, el quidditch o San Mungo. Sólo están ellas dos, compartiendo sus vidas.


Roxanne recoge las cartas y los presentes, alimenta a las lechuzas y realiza un par de hechizos limpiadores cuando todas se han ido. Paula tiene razón. Es un asco tratar con sus excrementos.

Comienza a leer en el despacho. Es una habitación ubicada en la planta inferior, con un gran ventanal, estanterías llenas de libros, un escritorio enorme y dos sillones cómodos en los que sentarse a leer. Amueblar esa estancia fue cosa de Paula, quien necesitaba un sitio en el que estudiar tranquilamente.

Roxanne deja los regalos a un lado y comienza a leer las cartas. Son todas muy similares. La felicitan por la victoria, expresan su admiración por ella, le dan las gracias y le desean que la próxima temporada sea incluso mejor. Roxanne responde conforme va leyendo y, después, hace desaparecer las misivas. Fue Paula quien dijo que no podían conservarlas, puesto que ocupaban mucho espacio. Y, nuevamente, tuvo razón.

"Querida Roxanne.

Soy Laila, de Londres. Hoy has jugado un partido maravilloso. Eres la mejor jugadora de quidditch. Gracias por la victoria.

Un beso"

"¡A Weasley vamos a coronar!

Eres una jugadora cojonuda, tía. No hay otra como tú. ¡A por la siguiente victoria!"

"Estimada señorita Weasley.

Desde que la vi jugar por primera vez, supe que usted marcaría una nueva era dentro del quidditch nacional. Sus progresos son admirables y, año tras año, su destreza sobre la escoba aumenta. Gracias a su pericia y buen hacer, las Arpías han ganado un título que llevaban varias temporadas mereciendo. Espero que podamos contar con su presencia en el equipo durante mucho tiempo.

Cordialmente, W.E. Collins"

Hay mensajes de toda clase y condición. Roxanne sonríe ante todos ellos y responde con amabilidad. Entonces, abre esa carta. El sobre es blanco y le hace gracia que tenga escrito "Tu fan número uno" en el remitente.

"Roxanne.

Eres única. Algún día podremos conocernos.

Tu fan número uno"

No hay ninguna dirección a la que poder enviar una respuesta, así que Roxanne desvanece la carta y sigue trabajando. No cree que vaya a terminar esa mañana, así que divide el trabajo en dos y se toma un descanso antes de volver junto al equipo. Será un día muy largo y, seguramente, el número de regalos y cartas se incremente durante el día. Sólo necesita tomárselo con calma y disfrutar del momento.


Ha pasado una semana desde que ganó el campeonato de liga y las cosas han vuelto a la normalidad. Roxanne está de vacaciones y no empezará a entrenar hasta el mes de agosto. Le hubiera encantado aprovechar ese tiempo para estar junto a Paula, pero en San Mungo andan hasta el cuello de trabajo y no ha podido pedirse unos días libres. Roxanne aprovecha las mañanas para ir a visitar a su numerosa prole y por las tardes, practica vuelo en el jardín y responde las cartas de sus admiradores.

El primer día del mes de julio amanece con tormenta, lo cual supone un gran fastidio. En verano debería hacer buen tiempo. Ya llueve lo suficiente el resto del año. Roxanne va a la Madriguera y regresa a casa con una enorme tarta de manzana, la favorita de Paula. Puesto que su abuela la ha obligado a comer prácticamente hasta reventar, se recuesta un rato en el sofá y cierra los ojos. Puede escuchar perfectamente el ruido de la lluvia y empieza a relajarse. Sólo necesita un empujoncito para quedarse dormida. Los truenos no le molestan, bosteza y acomoda mejor la cabeza. Está sumida en un gran sopor y, entonces, se escucha un golpe en la planta superior.

Roxanne abre los ojos y se incorpora de inmediato. No es una persona miedosa, pero a veces se asusta si se queda sola en casa. Echa mano de la varita y sube la escalera con cautela, esperando encontrarse con cualquier barbaridad. Pero no es nada. El viento ha abierto una ventana y se ha caído un cuadro de la pared. Roxanne sonríe, arregla el desaguisado y, como ya está más espabilada, se va al despacho para hacer algo de provecho. Lo primero que se encuentra es otra carta de "Tu fan número uno"

"Querida Roxie.

Echo de menos verte jugar al quidditch. Tienes mucha clase volando en escoba. Espero con ansias el próximo campeonato.

Tu fan número uno"

Roxanne siente algo extraño en el pecho tras leer aquello y, aunque alza la varita para desvanecer la carta igual que hace siempre (tampoco ese día hay una dirección a la que poder responder), decide que no lo hará. Quiere enseñársela a Paula por si ella averigua a qué se debe esa desazón que tiene.

Las otras cartas son tan normales como siempre y, cuando Paula llega, es prácticamente la hora de cenar. Su novia va a buscarla al despacho, con una pizza muggle entre manos y un paquete de cervezas. A Roxanne le encanta la cerveza muggles. Es infinitamente mejor que la cerveza de mantequilla.

—¿Todavía estás trabajando? Se supone que estás de vacaciones, deberías descansar.

—Si descanso, me aburro.

—¡Qué protestona eres! —Paula se acerca a ella y se dedican unos cuantos mimos—. ¿Quieres que cenemos en el jardín? He traído pizza de piña, tu favorita.

—Claro.

Roxanne se hace con una cerveza antes de llegar a su destino y se la bebe casi de un trago. Paula conjura los vasos y los platos y se acomodan en el cenador cortesía del abuelo Arthur. La pizza está deliciosa y, aunque ambas son de buen comer, es demasiado grande para terminársela.

—He tomado una decisión —anuncia Roxanne mientras se arregla el peinado. Tiene una espesa cabellera negra y rizada, cortesía de los genes de su madre, que es bastante difícil de doblegar—. Voy a cortarme el pelo. Me tiene hasta el moño.

—Nunca mejor dicho —Paula se ríe.

—Es que no sabes lo que es tener que lavarlo y arreglarlo a diario. Es una lata.

—¿Qué te vas a hacer?

—Pues he pensado en cortar por lo sano. Me voy a rapar.

Paula parece espantada.

—¿Seguro? Será un cambio muy radical.

—Al menos no me dará calor en verano —Roxanne se muerde el labio inferior, un poco dudosa. A lo mejor se ha precipitado con lo de raparse—. Aunque también puedo dejarlo en plan… ¿Te acuerdas de Ayana Joyce? Iba a Slytherin.

—¡Como olvidarla! Con lo antipática que era.

—Tienes razón, era bastante borde. Pero tenía un corte de pelo precioso. Creo que me sentará bien.

Paula la observa con los ojos entornados, coge uno de sus rizos y tira suavemente de él.

—Estarás guapa con lo que te hagas.

—¡Venga ya! —Roxanne se ríe—. No seas pelota. Si has estado a punto de desmayarte cuando he dicho lo de raparme.

—Es que no hace falta exagerar tanto las cosas.

—¿Me querrías menos con el pelo al cero?

Paula se da unos golpecitos en el labio inferior, pensativa.

—Probablemente. No me gustan las chicas pelonas.

Roxanne le da un golpe en el brazo, fingiendo indignación.

—¡Oye, tú! No seas superficial.

—¿Qué quieres que te diga? Me siento atraída por tu belleza natural. No me interesa nada más de ti.

—¿Nada de nada?

—Nada de nada.

Roxanne la castiga dándole un beso. Se olvidan de la pizza y de las cervezas cuando entran a casa, preparadas para otra noche inolvidable.


"Querida Roxie.

Me gusta tu nuevo corte de pelo. Dan ganas de besarte en el cuello.

Tu fan número uno"

Esa carta le produce un escalofrío. Roxanne se pone en pie de un salto y tiene que echar un vistazo por la ventana, sintiéndose observada. Ni siquiera se le pasa por la cabeza la idea de destruirla. Si bien se le olvidó por completo mostrarle a Paula la misiva anterior, ésta es bastante perturbadora.

—Mira esto, Paula.

Es su saludo. Su novia acaba de aparecerse en el recibidor de casa y Roxanne le planta ese trozo de pergamino delante de los ojos. Paula no la entiende al principio, pero cuando lee su contenido se queda muy seria.

—¿Qué es esto?

—No lo sé, pero no me gusta.

Paula se muerde el labio inferior. Siempre ha tenido una mente bastante analítica, así que plantea la opción más lógica.

—Quizá te ha visto por la calle. No es como si te hubieras estado escondiendo. Recuerdo que estuvimos en Londres después de tu nuevo corte, comiendo en ese restaurante.

—Ya —Roxanne planta un dedo en mitad del pergamino—. ¿Y lo del beso?

—Da bastante asco, pero hay mucha gente así de repugnante.

—Y me llama Roxie. Sólo los más cercanos me llaman así.

Ese era el detalle que le molestó en la primera carta. Roxanne lo comprende sobre la marcha y la incomodidad va en aumento. Paula le acaricia la espalda e intenta tranquilizarla.

—Ha debido oírlo en algún sitio.

—Esto no me gusta, Paula.

—Sólo es un fan pesado. Se olvidará de ti —Paula da una palmada y sonríe para quitarle hierro al asunto—. Venga, ¿qué quieres cenar? Compraremos lo que quieras, para que se te quite el disgusto.

Roxanne comprende que es mejor dejarse llevar. Sólo es un fan pesado. La cazadora de las Arpías sufrió a uno de esos el año pasado. El tipo se coló en los entrenamientos e intentó darle un abrazo. Los de seguridad del campo le dieron un par de puñetazos y en el Ministerio se encargaron de que no se acercara a ella nunca más. La situación fue desagradable unas semanas, pero ahora todo es normal y Roxanne espera que, en su caso, también pase eso. Así pues, asiente y cruza los brazos.

—¿Pizza de anchoas?

—Y cerveza. Yo me encargo.

Paula le guiña un ojo antes de desaparecerse. Roxanne se queda inmóvil en el recibidor, preguntándose si esa sensación de estar siendo observada sólo es cosa de su imaginación.


"Querida Roxie.

Prefiero la pizza con piña.

Tu fan número uno"

Esa vez, Roxanne le muestra los anónimos a su tío Harry. Lo hace durante la reunión familiar de los domingos en La Madriguera, mientras Paula se ríe de alguna estupidez que ha dicho Fred. Aunque ha intentado calmarla, a Roxanne no le gusta ni un pelo lo que ha pasado. ¿Cómo ha podido saber lo de la pizza, lo del pelo y lo del nombre?

El tío Harry lee las tres cartas y examina el pergamino en busca de alguna pista extra. Les lanza un par de hechizos e incluso las olisquea, pero no encuentra nada. Se queda pensativo durante unos instantes y, al final, mira a Roxanne con cara inexpresiva.

—¿Esto es todol o que tienes?

Ella siente, lamentando no poder ofrecerle nada más.

—Siento decirte que no puedo hacer gran cosa, Roxanne.

—Pero, tío. Es raro que sepa tanto.

—Creo que ha podido espiaros. ¿Qué clase de hechizos tenéis en casa?

—Vivimos entre brujos. No pensamos que hiciera falta ninguno.

El tío Harry asiente y le aprieta un hombro para consolarla.

—Si te parece, pondré un par de hechizos de seguridad en el jardín. Si alguien se acerca a la casa, lo sabremos y podremos buscarle.

Roxanne cree que es una idea genial.

—Paula tendrá que estar de acuerdo.

—Lo estará. Ella también está preocupada.

Aunque lo disimule muy bien.

El tío Harry se queda callado, con la vistaperdida. De pronto, suspira y le dedica una mirada cómplice.

—A veces, ser famoso es un asco, ¿verdad?

Roxanne se ríe y apoya la cabeza en su hombro. El tío Harry siempre la ha hecho sentir protegida y a gusto.

—Y que lo digas.


"¿Qué te pasa, Roxanne?

¿Por qué quieres mantenerme alejado de ti?

Siempre he sido muy amable contigo y con esa estúpida garza. Eres una desagradecida.

Tu fan número uno"

Roxanne está temblando. Se muerde las uñas y mira a su alrededor con los ojos enrojecidos. Aunque lo ha negado, Paula sabe que ha estado llorando. Roxanne apenas puede tomarse la infusión que le ha preparado su novia. Está aterrada. Cada anónimo que recibe es peor que el anterior. La sensación de estar siendo observada aumenta cada día. Y oye ruidos continuamente, aunque Paula diga que son producto de su imaginación porque está estresada y tiene miedo.

—A mí tampoco me gusta esta situación, Roxanne —le dice con suavidad. Tienen las frentes pegadas y Paula le acaricia la nuca—. Pero estamos a salvo. Los hechizos de tu tío no dejarán que nadie entre en casa. Sé que ese tipo da miedo y está loco, pero no puede hacerte nada. Estás a salvo.

—Pero sabe demasiado, Paula —Roxanne la mira a los ojos, desesperada—. ¡Incluso lo de Hogwarts!

Paula la abraza y le frota la espalda con cariño. Le besa las sienes y le susurra palabras de consuelo en la oreja. Permanecen así hasta que Roxanne se tranquiliza un poco y deja de temblar. Aun así, expresa sus deseos en cuanto la suelta.

—Quiero llamar a mi tío Harry ahora mismo. Me quedaré más tranquila si echa un vistazo a la casa.

Paula abre la boca para responder, pero su rostro se queda congelado en el tiempo. Se queda inmóvil y, de pronto, cae de bruces contra el suelo. Roxanne no sabe lo que ha pasado y le cuesta reaccionar, sobre todo cuando escucha la voz.

—Lo siento, Roxie, pero no puedo permitir que hagas eso.

Es un hombre. Está vestido con una camiseta de manga corta y un pantalón viejo y deshilachado. Tiene el pelo enredado y está pálido y delgado. A Roxie le resulta vagamente familiar, pero no consigue recordarlo. No sabe quién es, pero sí sabe que no debería estar allí y, aunque intenta echar mano de la varita, descubre que no la tiene encima. Se la dejó en el despacho, maldita sea.

—¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?

Lo pregunta porque necesita ganar tiempo y no sucumbir ante el pánico. El hombre se acerca a ella y sonríe. No es un tipo feo, pero sí desagradable. Alza el mentón cuando habla.

—Es evidente. Soy tu fan número uno.

Roxane retrocede un paso. ¿Qué posibilidades tiene de llegar al despacho sin que él la hechice? Mira a Paula. Está quieta, pero sus ojos expresan mil y una emociones. Al menos está viva y ha sido víctima de un Petrifucus Totalus.

—¿Qué haces en mi casa? —repite la pregunta pese a que su instinto le dice que es mejor permanecer callada.

—He venido a vivir contigo, por supuesto. Somos almas gemelas, ¿no te has dado cuenta?

Roxanne retrocede un paso más. No tiene ninguna opción de coger la varita, pero a lo mejor puede apañarse con un cuchillo. Necesita encontrar algo que le permita defenderse para no perder la esperanza ni sucumbir ante el miedo que empieza a atenazar sus huesos.

—Yo no te he invitado.

—No hace falta. Sé que te gusto.

Roxanne mira a Paula. El intruso se da cuenta del gesto y se acerca a ella. Su expresión, anteriormente amigable, se vuelve furiosa y le da una patada en el estómago a su novia. Roxanne ahoga un grito y se apoya en la encimera.

—Si es por esta puta, puedo encargarme de ella.

—No, no le hagas nada.

—No es más que una molestia. Debí haberme deshecho de ella hace mucho tiempo. Sólo así podremos estar juntos.

—No —Roxanne avanza hacia delante esa vez, ansiosa por proteger a Paula—. Ella no es nada para mí. Sólo compartimos esta casa. La pagamos juntas. No se interpone entre nosotros.

El intruso sonríe de forma muy fea y se agacha junto a Paula. La agarra del cuello y, sin mediar palabra, agita la varita. La sangre mana a borbotones del cuello de Paula y Roxanne se lleva las manos a la garganta.

—¡No! ¿Qué has hecho? ¡Paula!

El miedo no importa mientras se abalanza sobre ella e intenta taponar esa herida horrible. La sangre, roja y caliente, empapa sus manos, y la vida desaparece de los ojos de Paula. Roxanne comprende que no hay nada que hacer y solloza patéticamente.

—¡NO! ¡PAULA! Aguanta, Paula. Por favor. Aguanta. Por favor, por favor, por favor.

Da igual que suplique. Al cabo de un minuto, Paula ya no sangra. Roxanne apoya la frente en su pecho y llora. No puede creerse lo que ha pasado. No puede estar muerta. No ella, la única persona a la que ha querido en toda su vida. La única que es capaz de entenderla, de cuidarla, de leerle el pensamiento. No puede ser. No, por favor.

Piensa quedarse así el resto de su miserable existencia, pero entonces el intruso la agarra del brazo y tira de ella hacia arriba. Su rostro está pálido y a Roxanne le parece desfigurado. Perverso. Monstruoso.

—Te crees enamorada, Roxie, pero lo vuestro no era real. Yo soy el único hombre de tu vida. Me querrás y te olvidarás de esta puta.

Roxanne ya se ha olvidado del miedo por completo. Está furiosa y empuja a ese individuo con todas sus fuerzas. Da igual que se haya colado en su casa y que tenga una varita. Es el asesino de Paula y va a arrancarle los ojos con sus propias manos.

—Asesino —gruñe, acercándose a él—. Miserable. Maldito seas.

Roxanne chilla y no se lo piensa dos veces. Su movimiento es tan repentino, que el intruso no tiene tiempo de reaccionar. Roxanne le clava las uñas en los ojos y le muerde la cara. Le agarra del pelo y golpea su cabeza contra el suelo una y otra vez. No se da cuenta de que el desconocido ya no tiene la varita en la mano. No se da cuenta de que deja de moverse.

No se da cuenta de que se muere, con los ojos fuera de las órbitas y el cráneo destrozado.


Roxanne está en el hospital. No ha dicho ni una sola palabra desde que George, preocupado por la prolongada ausencia de su hija, fue a buscarla a su casa. Durante tres días, no visitó a ningún familiar ni respondió a ninguna de las lechuzas que le enviaron. George la encontró sentada en las escaleras, cubierta de sangre y con la mirada perdida. A sus pies, los cadáveres de Paula y de un completo desconocido. Los aurores han investigado a fondo el caso y tienen una idea bastante aproximada de lo que ha ocurrido.

Harry se acerca a George, que permanece en el exterior. Ya no le quedan uñas y no tiene ganas de hacer bromas. La última vez que pareció tan consternado, su hermano gemelo acababa de morir.

—¡Ey, George! —Harry le palmea la espalda—. ¿Se sabe algo de Roxanne?

—Sigue igual. Está catatónica y no responde a ningún estímulo. Los sanadores dicen que es muy pronto para saber si va a reaccionar.

—Seguro que sí.

Harry intenta animarle, aunque se siente torpe. Prefiere centrarse en lo que se le da realmente bien: la investigación del caso.

—Hemos averiguado la identidad del acosador —dice, maldiciendo internamente a aquel tipejo—. Se trata de Lucas Ford. Fue compañero de curso de James y Fred y perteneció a Ravenclaw.

George intenta hacer memoria, pero no logra recordar al chico.

—Fred me ha dicho que, ya en Hogwarts, Ford estaba obsesionado con Roxanne. Iba a verla a todos los entrenamientos y, una vez, intentó amañar un partido para que Gryffindor ganara la Copa de la Casa. No parecía muy centrado, pero, como sacaba buenas notas, nadie dio importancia a sus acciones.

—Ya.

—No sabemos cuándo empezó a escribirle a Roxanne. Ella se deshacía de las cartas de sus admiradores después de leerlas, pero empezó a conservar las de Ford en cuanto le resultaron sospechosas.

—Y tenía sus razones.

Harry mueve la cabeza afirmativamente y se siente un poco responsable.

—Cuando me habló de su problema, pensé que alguien estaba rondando la casa y actué en consecuencia. Lo que no podía imaginar es que Ford vivía dentro, con las chicas.

George da un respingo. Harry también se sintió estupefacto al descubrir aquello.

—Se instaló en la buhardilla. Tenía una cama, comida y ropa. Llevaba bastante tiempo instalado ahí.

—¿Cuánto?

—No lo sé con seguridad, pero hay periódicos de hace varios meses.

George se estremece de nuevo, incapaz de creer esa locura.

—Supongo que se movía por la casa usando hechizos para camuflar su presencia y, en algún momento, dejó que las chicas le vieran. Creemos que él mató a Paula y que Roxanne…

George cierra los ojos y contiene la respiración. Harry habla apresuradamente.

—No vamos a presentar cargos contra ella, por supuesto. Actuó en defensa propia y no utilizó ninguna clase de magia para…

Harry carraspea y George se apoya en un árbol, incapaz de sostener su propio peso.

—Vete al hospital, George. Yo me encargo de todo aquí.

George Weasley asiente y se desaparece. Mientras Harry regresa al interior de la vivienda, piensa en que la familia Weasley ha vuelto a ser golpeada por la desgracia. Y ya son demasiadas veces.


Roxanne vende la casa y deja el quidditch. Busca en el mapa un lugar en el mundo donde nadie sepa quién es y se muda allí, dispuesta para pasar el resto de su vida como una ermitaña. No ama, no vive. Sólo deja que el tiempo pase, temerosa de que llegue la hora de dormir. Porque, en sus sueños, no está Paula. Sólo encuentra a su fan número uno, dispuesto para llevársela al más allá en cualquier descuido.

FIN


Al principio, esta historia iba a tratar sobre un tema muy distinto. Sin embargo, concebí a Roxanne de otra forma y cambié el argumento. Me he inspirado en todos esos fans chiflados y en un capítulo de CSI y ha salido esto.

Besetes y hasta la próxima.