Gracias a ese llamado de último momento, al llegar al hospital, pudieron encontrar rápidamente le habitación de Haymitch. Katniss lleva a Peeta de la mano casi arrastrándolo por los pasillos, pero en cuanto se acercaron y vieron que Effie se encontraba caminando impaciente en la entrada, ella le soltó la mano suavemente como si no quisiese que su madre los viese. Effie estaba ansiosa ya que los médicos estaban revisando al jefe del clan Abernathy Everdeen para saber si estaba recuperándose de la lesión en las costillas que lo tenía de mal humor y no lo dejaba dormir.
-Cariño, ¡Menos mal que llegaste! – Exclamaba Effie mientras abrazaba fuertemente a su única hija. –¡Tu padre ha tenido un accidente horrible! –Atropelladamente quería contarle todo lo que había ocurrido. –Pero lo importante es que ha despertado y los médicos…
-Ya lo sé madre. –Le dijo Katniss abrazándola, intentando tranquilizarla. –Peeta me ha puesto al corriente de todo. –Deslizó dándose vuelta para mirarlo con una sonrisa radiante disparada en sus ojos grises, para luego volver la atención a su madre que la miraba expectante.
-¿Cómo? –Dijo una Effie extrañada frunciendo el seño.
-Effie… -Dijo Peeta dando un paso adelante para que pudiese verlo mejor. –He hablado con el Dr. Odair para estar al corriente sobre la salud de Haymitch y él me ha mantenido al tanto de todo.
-Ah… Si. Debí imaginármelo. El es el prometido de Annie ¿Verdad? –Dijo mirándolo alternadamente a él y a su hija como tratando de unir todos los hilos.
-Si madre. Mi jefe es el prometido de Annie. –Dijo Katniss incómoda. De repente se le antojó que todo se estaba enredando muy rápidamente. Una de sus amigas era la futura esposa de su jefe, que a su vez era el mejor amigo del dueño de la empresa, que a su vez era su amante… Esa última palabra la dejó pensando. ¿Qué era Peeta en su vida? Definitivamente no era su novio, ni su pareja; pero tampoco era su amante sino solo alguien con quien se estaba acostando, con quien estaba viviendo una aventurilla interesante. Pensándolo bien, no era solo una aventurilla interesante, era más bien una aventura caliente, peligrosa y prohibida; algo que enredaba aún más las cosas. Aunque su madre ni sospechase de ello, no la hacía parecer más inocente ante sus propios ojos. Se prohibió pensar en que sería ella en la vida de Peeta. No era el momento de hacerlo y se sentía emocionalmente exhausta como para que su mente y su corazón tuviesen una discusión en éste momento. Menos mal que el rubio salió en su rescate rompiendo el profundo silencio que se había creado.
-Effie quisiera disculparme. Voy a marcharme pero no sin antes decirte que lamento mucho haberme llevado a Katniss tan lejos y no haberla podido traer antes para que esté con ustedes en éste momento. –Terció tomando su mano con cariño y verdadero pesar.
-Ve Peeta, te notas muy cansado… -Sentenció Effie soltándose de su hija para abrazarlo a él. –Gracias. Gracias por llevarla y por devolverla a salvo. –Lo despidió con un sonoro beso tomando a la castaña de la mano y arrastrándola hacia la habitación de su padre. Hasta ella que estaba abrumada por todo lo ocurrido, podía notar las ojeras que surcaban su rostro y el aspecto desalineado que portaba aunque llevase puesto un traje.
…****…
Entrada la tarde, entre Katniss, Gale y Haymitch la convencieron a Effie de irse a casa. Hacía días que no descansaba bien y necesitaba una noche de sueño reparador. Tener a toda la familia completa en una misma habitación logró hacerla sucumbir de pasar otra noche más durmiendo en una silla. Gale se ofreció a llevarla a casa y a quedarse con ella, para que todos estuviesen tranquilos que llegaba a salvo y que se acostaba a descansar pero antes decidió llevar a su hermana a comer algo. Había vuelto del viejo continente y sabía que no había comido nada en todo el día.
Luego de pedir en el mostrador de la cafetería del hospital, se sentó frente a su hermana que lucía cansada pero tranquila. Quiso preguntarle como le había ido en Italia; cuál era la relación con el jefe de su jefe, pero se decantó por un tema más sencillo. No era el lugar para interrogar a su hermana acerca de Peeta Mellark.
-Kat, ¿Has perdido tu móvil? –Le dijo Gale casi de pasada haciéndose el distraído.
-No, ¿Por qué? –Le contestó extrañada hasta que recordó que llevaba días sin batería. Sonrrió y revolvió su bolso buscándolo –No, nada. -Dijo sacudiéndolo delante de las narices de su hermano. -Sólo es que lleva días apagado porque desde que salí de la ciudad olvidé ponerlo a cargar. –Mencionó despreocupada mientras se tomaba su lágrima con un delicioso muffin de chocolate. Quería comer algo más pero el cansancio le había sacado las ganas. Sabía que debía descansar pero ésta noche sería ella quien velaría por su padre. Necesitaba saberlo seguro y cuidado de primera mano, no porque alguien se lo contase. Necesitaba recuperar las horas que había pasado lejos.
-¡Y ponlo a cargar! –Le dijo casi riéndose. -Mamá va a morir si ésta noche no puede comunicarse contigo. Vas a tenerla aquí en menos de dos horas.
-Es que el cargador quedó en la maleta. –Dijo Katniss elevando los hombros sin importarle quedarse sin comunicación.
-¡Hay hermanita! Hagamos una cosa. –Le respondió pragmático. –Te dejo el mío y me llevo el tuyo para ponerlo a cargar así mañana por la mañana cuando traigo a mamá, hacemos el intercambio otra vez. ¿Te parece?
-¿No tienes miedo que lea tus mensajes y encuentre alguno subido de tono? –Le preguntó riéndose tratando de molestarlo.
-No te pases de lista. –Terció serio. –Y no preciosa, mi fuerte no son las palabras sino los actos. –Sentenció haciéndose el sexy exageradamente para hacerla reir.
-Eres fatal… ¡No quiero saber nada de tu vida amorosa! –Le gritó haciéndose la espantada mientras le tiraba el último pedacito de muffin que le quedaba.
-Pues entonces no te atrevas a buscar hermanita… -Gale se levantó riendo de su silla mientras marcaba el teléfono de Madge para avisarle que estaría incomunicado.
…****…
Cuando se hubieren quedado solos, Haymitch no tuvo empacho en preguntarle a su hija cómo había estado el viaje y tampoco había dudado en pedirle todos los detalles posibles. Katniss había pasado poco más de una hora contándole acerca de la Villa, de su paseo por Nápoles, del éxito en la firma del contrato; pero había mencionado a Peeta la menor cantidad de veces posibles, sabiendo que a ese punto apuntaban las preguntas de su padre. Pensó que quizá se salvaría de hablar de su relación con el magnate; relación que no sabía porque, pero a su padre le interesaba demasiado y avalaba como nunca antes había avalado a otro de sus pretendientes. Se dio cuenta que no sólo para ella Peeta era especial, sino que para su padre también lo era; lo que no entendía era porqué.
-Preciosa… -Cuando la abordó con ese tono tan condescendiente se dio cuenta que no podría escapar de la santa inquisición de Haymitch Abernathy Everdeen, que podía ser el más testarudo de entre todos los hombres. – Se que eres fantástica en tu puesto, que eres única, pero ¿Vas a decirme que solo hubo trabajo en cuatro días que estuviste fuera?
-Papá, no dije eso. -Intentando defenderse y sabiendo dónde derivaría la conversación, trató de curvar su rumbo. -Te he contado que me la he pasado paseando. -Esto último lo dijo con un deje de frustración en su voz.
-Y el guía de turismo, ¿Cómo se ha comportado? -Preguntó tratando de que su hija le contara acerca de Peeta. Pero más que su respuesta, su cara fue la que le contestó.
-Excelentemente. -Quería ser escueta en su respuesta, pero sabía que, si no le daba algo de lo que quería, su padre no la dejaría en paz. -¿Sabías que habla un muy buen italiano? ¿Y que sabe mucha historia italiana? Ha sido realmente maravilloso dejarme guiar por Peeta en esas ciudades mágicas. Es un gran compañero de aventuras. Ojalá hubiésemos podido viajar un poco más. -Se sentía orgullosa. Creía haberle dado una respuesta impecable. Había hablado de sus sentimientos sin decirlo dándole la información que él quería saber. Pero Haymitch Abernathy Everdeen quería ir al hueso. Quería que su hija le dijera que sentía por el jefe de su jefe, asi que insistió.
-Preciosa ¿No crees que debes hablar de eso que te tiene el corazón revolucionado? -Atacó tiernamente queriéndole sacar un peso de encima echando luz sobre la maraña de emociones que sabía que la estaban atravesando desde que lo cruzó a él en su camino.
-Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.
Haymitch no la presionó más. Sabía que lo que sentía por Peeta Mellark era tan intenso que estaba abrumada. Sabía que ese hombre le había arrebatado el corazón, pero que todavía ninguno de los dos se había atrevido a darle rienda suelta a ese huracán que los arrasaba por dentro. Sabía que iba a ser difícil para el rubio, dejarse incendiar por el fuego que significaba tener el amor de una mujer como su hija y que si no se rendía pronto iban a sufrir en el camino.
…****…
Cuando Effie y Gale, llegaron por la mañana temprano, se encontraron con una escena muy singular. Katniss estaba agarrada de una escoba cantando y Haymitch, con una sonrisa exagerada, marcaba el ritmo con las palmas mientras estaba sentado tomando su desayuno.
- "No puede ser, esa mujer es buena. No puede ser, una mujer malvada. En su mirar, como una luz singular, he visto que esa mujer no es una desventurada… No puede ser una vulgar sirena que envenenó las horas de mi vida. No puede ser porque la vi rezar, porque la vi querer, porque la vi llorar…" -Cantaba la castaña totalmente posesionada en el papel de Leandro en la zarzuela "La tabernera del puerto."
-"Los ojos que lloran no saben mentir. Las malas mujeres no miran así. Temblando en sus ojos dos lágrimas vi, y a mí me ilusiona que tiemblen por mí." -Siguió cantando Gale siguiéndoles el juego.
-"Viva luz de mi ilusión, sé piadosa con mi amor." -Respondió Katniss sonriendo. -"Porque no sé fingir, porque no sé callar, porque no sé vivir." -Terminaron de cantar casi peleándose por el palo de escoba devenido en micrófono.
Cuando hubieron terminado con su canción Effie y Haymitch los estaban aplaudiendo de pie.
-A eso le llamo yo una buena manera de arrancar con energía el día. -El patriarca estaba de muy buen ánimo y ver a sus hijos relajados cantando lo hacía más feliz. Su pequeño mundo estaba en orden y eso lo dejaba tranquilo.
-Gracias, Gracias. -Gale agradecía los aplausos con reverencias exageradas. -Pero estos dos grandes artistas deben de retirarse.
-Si, cariño tu debes ir a descansar. -Sentenció Effie mirando a su hija.
-Y tú a tus labores señor artista. -Acusó Haymitch a Gale intentando parecer que lo estaba regañando.
-Bueno, si así lo quiere el señor… vamos Kat. Vamos con nuestra música a otra parte. -Esa mañana ver a su padre tan animado, lo había dejado más tranquilo.
Katniss recogió su bolso, abrazó fuerte a su padre y lo besó todo lo que éste la dejase; y luego de despedirse de su madre emprendió la salida con Gale que ni bien salieron de la habitación de su padre, sacó del bolsillo del pantalón su móvil apagado.
-Lo prometido es deuda. Lo cargué apagado para no tentarme a revisarlo y ver quien es el bastardo que te atormenta. -Terció Gale serio.
-Gracias. -Le contestó la castaña sinceramente agradecida. -Madge pidió que la llames ni bien puedas. -Le avisó mientras le extendía el smartphone.
-La llamaré cuando llegue a la oficina. -Dijo guardándolo en el mismo bolsillo del que había sacado el de Katniss. -¿Te llevo a casa? -Preguntó mientras la abrazaba.
-Gracias hermanito. -Le sonrió mientras encendía su celular. -Pero creo que va a ser mejor tomarme el bus mientras veo todas éstas notificaciones que tengo aquí.
-No creo que te alcance el tiempo… -Rió mientras miraba la cantidad de notificaciones que no paraban de llegarle.
-Yo tampoco. -Dijo falsamente preocupada mientras se despedían.
Y así sin saber lo que le esperaba, Katniss abrió la caja de pandora desatando los demonios.
