Capítulo 10: Abraxas Malfoy

"El corazón se rompe cuando se ha hinchado demasiado en la cálida respiración de esperanza, y después se encuentra encerrado en la fría realidad."

−Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo

Octubre

La vida con Draco tenía un cierto estira y afloja. Hermione había aprendido esto relativamente temprano en su nueva vida con él. Había un compromiso, había progreso y había unos cuantos retrocesos también. Pero al tiempo que septiembre se volvía octubre en la fría distención de su desacuerdo sobre su memoria, Hermione no pudo evitar sentirse jalada en todas las direcciones, estirada cada vez más con cada día que pasaba, esperando un jalón más que la tirara por el borde. Porque se había dado cuenta que en la ausencia de sus recuerdos, había algo más que quería. Y probablemente destrozaría las costuras que unían su cuidadosa cortesía, despedazada por una mina terrestre que aún no habían desarmado.

El día después de su cumpleaños, Draco sacó su investigación del departamento y ambos acordaron, silenciosamente, en no discutir sobre si él continuaba o no buscando respuestas. Esa cosa tácita entre ellos se volvió como una tercera persona en la habitación todo el tiempo: un constante extraño pidiendo atención pero que jamás era reconocido. Porque cuando podían ignorar a ese extraño, y lo relegaban a los rincones extraños que evitaban, podían pretender que vivían una vida encantadora donde Draco dormía en su propia cama de nuevo y Hermione usaba un anillo en su mano izquierda.

Podía dormir recargada contra el pecho de Draco, cálido y sólido y que evocaba un sentimiento que solo podía describir como hogareño.

Hermione podía comenzar sus días corriendo sus manos por el cabello usualmente impecable de él, absolutamente impreciso después de pasar una noche contra la almohada.

Y podía saludar a su sueño con suaves besos contra los labios y cuello de él, disculpas por las conversaciones que estaban ignorando y promesas de que lo resolverían.

Pero eso era lo más lejos a lo que llegaba su intimidad desde el cumpleaños de Hermione. Otra barrera se había levantado por el desacuerdo que ignoraron por el bien de alargar su pequeño momento de paz y felicidad tanto como pudieron.

Hermione solo podía sobrevivir en el medio durante tanto tiempo.

−Quiero usar un pensadero. −dijo, sentándose en el borde de la cama mientras Draco seleccionaba su ropa en el clóset.

Pensó que habría objeciones. No había anticipado que la temperatura de la habitación bajara en sincronía con la forma en que él se quedó quieto, cada músculo, cada nervio, congelado. Hermione contó sus respiraciones, recordando la última vez que habían tenido esa conversación, hace tanto tiempo.

Eventualmente, se movió de nuevo, girándose hacia ella desde dónde estaba de pie en la puerta del clóset. Se negó a retractarse. En verdad lo quería. Se había dado cuenta que esto era lo que necesitaba, recuerdos de otros eran las únicas partes de su tiempo perdido que podría saber. Y ella quería conocerlos.

Sabía que él no entendía, pero necesitaba que lo hiciera. Incluso si sus sanadores pensaban que usar un pensadero podría dañar su capacidad para recuperar sus recuerdos, Hermione ya había aceptado la pérdida de sus recuerdos como permanente, una irreparable parte de su existencia. Tanto que perder la oportunidad más infinita de que regresaran lo valía a cambio de la absoluta certeza de ver lo que ella se había perdido en los recuerdos de otros. Un pensadero era lo más cercano que tendría de saber su propia historia.

−Ya hemos hablado de esto. −dijo Draco en un respiro cauteloso.

−Hace meses. Las cosas han cambiado.

Vio como sus labios se tensaron, presionados juntos, buscando control.

−Creo, que en su momento, te recordé que eras demasiado testaruda como para darte por vencida. −sus palabras sonaban forzadas, como si peleara solo para poder hablar. Si el miedo tuviera una forma, se vería como Draco Malfoy en ese momento. Se giró y continuó vistiéndose, desapareciendo en el clóset mientras Hermione continuaba sentada y preguntándose cuán fuerte tendría que presionar, cuanto más podrían soportar.

−No me voy a rendir. −dijo Hermione, levantando su voz, insistente en que llevara lo suficiente para que se escuchara en el rincón del clóset donde sea que estuviera escondido. −Quiero intentar algo nuevo. No puedo continuar haciendo lo mismo sin ver un resultado.

Draco salió, vestido para el trabajo y mirando a cualquier lugar en la habitación que no fuera ella.

−¿Y si te lastima? ¿Y si arruina cualquier oportunidad de recuperar tus recuerdos?

−Algo es mejor que nada. −insistió. Su garganta se sentía apretada, no quería pelear. Solo quería que él entendiera, que estuviera de su lado.

Y entonces vio como un fragmento se desprendía, un fragmento de sentimiento del que él tenía que deshacerse, solidificándose en algo ausente detrás de sus ojos. Un minuto pasó en su Oclumancia, pero fue suficiente para que Hermione lo notara.

−Por favor… −comenzó.

−Un pensadero ni siquiera es algo remotamente cercano a tus recuerdos. −dijo. La capa de calma que cobijaba sus palabras solo la frustraba más. Continuó. −No saber cómo te sentías…

Hermione lo vio cristalizarse mientras sus palabras fallaban, congelándola.

−Tengo que ir al trabajo. −concluyó. La salida de un cobarde. Una retirada repentina.

Antes de que pudiera demandar que enfrentara esto, que la dejara explicarse, que tenían que hacerlo sin la Oclumancia por la que habían trabajado tanto en evitar, él se apareció con la más mínima insinuación de una mueca asomándose entre los fragmentos en los que se había convertido.

Furiosa y frustrada: Hermione finalmente se levantó del pie de la cama y caminó hacia la cocina donde, por primera vez desde que despertó en San Mungo hace diez meses, se hizo su propia taza de té.


−¿Entonces siguen peleando? −preguntó Harry desde la puerta de la miserable oficina de Hermione en el Ministerio. −Esas son unas marcas muy agresivas las que estás haciendo. Si no supiera mejor diría que es una de mis tareas de pociones.

Hermione miró a su amigo, al travieso brillo en sus ojos verdes que intentaba llevarle algo de ligereza, y le ofreció una débil sonrisa.

−No estamos peleando. −dijo.

−Ustedes no no están peleando. −Harry concluyó con ese infortunado sentido de sabiduría que venía de sacar las mentiras para vivir. Se sentó en una pequeña silla que estaba en una esquina de la oficina. −¿Quieres ir a almorzar conmigo? −preguntó. −Tengo algo que contarte.

−No puedo, tengo muchos reportes que revisar. Dímelo aquí. −no lo miró cuando lo dijo, pero podía sentir como la observaba, buscando la mentira que ambos sabían que ella había dicho. El único indicio que Harry le dio fue un silencioso e incrédulo sonido.

Hermione suspiró.

−Estamos… en de acuerdo en que no estamos de acuerdo. ¿Está bien?

En lugar de verse aliviado de que ella por fin había dicho algo, Harry se puso nervioso, una mano recorrió su desordenado cabello, una constante en el tiempo si es que había uno.

−Ginny me dijo que te preguntara sobre el… −su voz se detuvo, silencioso y cualquier cosa que había pensado decir al final de esa oración se perdió en el ambiente de blanco ruido de las protecciones y hechizos que protegían la propiedad del Ministerio.

El comportamiento de Harry solo hizo que Hermione se sintiera incómoda.

−¿Sobre qué, Harry? −le incitó, preparándose para el golpe de parte de Ginny, entregado por Harry.

−Sobre el sexo y sobre si… continuaba sucediendo. −Harry jadeó. −Me estoy ganando demasiados puntos extras con mi esposa por esto. Por favor siéntete libre de que no responder la pregunta.

−¿Tú crees que Ginny descansará sin obtener sus respuestas? −preguntó Hermione, indecisa entre dolorosa mortificación o diversión. Harry se veía más incómodo de lo que ella se sentía, lo que ayudaba.

−Preferiría que ella fuera contigo por la Red Floo y te preguntara en lugar de usarme a mí como lechuza.

Hermione sonrió, preguntándose la razón por la cual Ginny había forzado a Harry a preguntarle por su vida sexual en su ausencia.

−Dile a Ginny que no, que solo fue esa vez. Pero que continúa durmiendo en la cama.

Por muy incómodo que pareciera Harry, frunciendo el ceño, moviendo los nudillos y moviendo una pierna a un ritmo inquietantemente rápido, Hermione tuvo que darle crédito al hombre por intentarlo.

−¿Entonces eso es… bueno? −se aventuró.

−No es… malo. −respondió Hermione. Suspiró de nuevo y bajó su pluma. Había tomado los pergaminos de su escritorio y los había ordenado en sus archivos, aceptando su inminente participación en la interrogación informal de Harry.

−Le pedí que dejara de investigar sobre mis recuerdos. −dijo Hermione. No le había dicho a Ginny no pudo hacerlo en los días siguientes al que había sido uno de los mejores cumpleaños de la vida de Hermione. Pero ahora con Harry y casi un mes de pensar, pudo hacerlo. −Mis sanadores han dejado de investigar causas alternativas y curas. −tomó un respiro, determinada a mantener su voz en un tono estable. −No creo que vaya a recuperar mis recuerdos, Harry.

Levantó una mano para detener la respuesta que vio que él estaba preparando.

−Lo he aceptado. Estoy intentando dejar eso atrás. Pero Draco… él está teniendo problemas en aceptar mi decisión.

Lo que sea que Harry había planeado decir murió en sus labios. Apretó la boca. Hermione a veces olvidaba que Harry, de todas las personas que conocía, era un experto en recibir malas noticias, de procesarlas con rapidez y reaccionar de acuerdo a ellas. Era una habilidad que se había forjado en los fuegos de aprender que uno tenía que morir, aceptarlo y hacerlo de todas maneras. Algo de su ansiedad disminuyó mientras lo observaba procesar sus palabras.

−¿Entonces están peleando? −concluyó, mirándola para que le confirmara.

−No exactamente. Mejor dicho no estamos hablando de esto, es como un compromiso de silencio. −dijo. −Le pedí algunos recuerdos para usar un pensadero esta mañana y… bueno, no le agradó la idea.

−Pero tus sanadores dijeron… −comenzó Harry.

−Han mantenido el mismo tratamiento, lo que técnicamente significa no pensadores. ¿Pero eso ya quedó atrás, no crees? −preguntó. −De hecho quería pedirte… bueno a ti y a Ginny, si podrían darme algunos recuerdos.

Harry pareció desconcertado, los ojos se abrieron brevemente antes de neutralizar sus rasgos, una habilidad que el entrenamiento de Auror le había dado. Hace años, él habría estado con los ojos muy abiertos y mirándola con abierta incredulidad. Le había tomado la mayor parte de los últimos diez meses reconocer esta nueva habilidad en él, refinada en sus seis años perdidos.

−Yo no… Mione, no sé si esté cómodo con eso. −dijo después de algún tiempo.

−Harry, me gustaría ver algunos eventos importantes de mi vida si yo no los puedo recordar. −dijo, intentando no enojarse. Podía sentir una repetición de la misma conversación que había tenido con Draco esa mañana. La misma canción, diferente ritmo.

−Pero si tus sanadores creen que no es seguro… si Draco no…

−Draco no puede tomar decisiones sobre mi salud. −Hermione insistió, su tono variando entre indignante y molesto. Tardíamente, se preguntó si era la primera vez que había escuchado a Harry llamar a Draco de otra forma que no fuera Malfoy.

A pesar de su molestia, Harry rió.

−Él tomó todo tipo de decisiones sobre tu salud cuando estabas inconsciente en San Mungo. Eso es parte del trabajo cuando te casas con alguien, sabes. −dijo al final de su incrédula risa, un toque de diversión colándose, pero había una seriedad que sorprendió a Hermione. No podía considerar la validez o implicación de sus palabras. Porque ella sabía que él no estaba equivocado.

−Mis sanadores solo prohibieron el pensadero sobre preocupaciones de que pudiera inhibir mi habilidad de recuperar mis recuerdos… Harry, no volverán. Es… estoy lista para dejar eso atrás. No necesito tener los recuerdos, pero al menos me gustaría verlos de alguna forma. −Podía sentir como su control se desvanecía, como empezaba a tambalearse. Su garganta se sentía apretada, frustrada y desesperada de hacerlo entender, de hacer que Draco entendiera, de que ellos entendieran que estaba cansada. Tan, tan cansada de no saber.

La mirada de lástima que pasó por los ojos de Harry hizo que Hermione quisiera esconderse debajo de su escritorio. Apretó los puños, las uñas encajándose en sus palmas en un intento de controlar las frustradas lágrimas que con desesperación no quería dejar salir.

Harry se puso de pie y cruzó la pequeña oficina, tomándola en un abrazo contra su pecho.

−Lo siento. −le dijo, sosteniéndola de la misma forma que lo había hecho en los peores momentos de la vida de Hermione. Momentos manchados por guerras, muerte, miedo y duelo. −¿Recuerdas todas las veces que me dijiste que fuera con Dumbledore sobre algo? ¿O que escuchara razón? ¿O que fuera cauteloso? Debí haberte escuchado. Me tomó mucho tiempo darme cuenta de eso, y reconozco que pude haber salvado más vidas si lo hubiera entendido antes. −su voz, en algún lugar arriba de su cabeza, se sentía pesada con las cosas que él no podía cambiar. −Debí haberte escuchado porque tienes un juicio sorprendente. Eres tan racional… tan lógica. Tomas buenas decisiones.

Harry suspiró y la liberó de su abrazo de apoyo.

−No creo que sea una buena decisión, Mione.

Hermione buscó sus ojos, agradecida de que a él le importara tanto, pero su mente ya estaba decidida.

−Pero es mi decisión. −le dijo, sintiéndose cansada por la frustración de que ya la había propulsado desde la mañana.

Harry aún tenía sus manos en sus hombros. Les dio un apretón de apoyo. La miró, estudiándola más de lo que ella hubiera esperado antes de hablar.

−Solo no hagas nada que yo no haría.

Le ofreció una pequeña sonrisa de lado, apretada y cautelosa mientras se giraba para irse. Se detuvo en la puerta de la oficina. Tocó un par de veces el marco, pensando en una acción como se debatiera consigo mismo. Hermione lo miró con curiosidad.

−Lo que quería decirte. −comenzó. −Bueno, lo que Ginny y yo queríamos decirte. Pero ella está en casa, no se siente muy bien… usualmente así es. En su primer trimestre. −la miró con un destello de orgullo en sus ojos. −Tendremos un tercero.


La partida de Harry dejó a Hermione sintiéndose inquieta, incómoda y desatada en una forma que no se había sentido desde los primeros meses sin sus recuerdos, cuando todo era demasiado nuevo, demasiado inusual, demasiado de todo. La revuelta de emociones que golpeaba a sus huesos volteó su estómago y sentía que un dolor de cabeza se aproximaba. No podía analizar la intensidad de las cosas que sentía de sus emociones verdaderas: algo como alegría o nostalgia o celos creciendo en su pecho.

Con un dolor de cabeza que crecía para igualar a su frustración, Hermione redobló sus esfuerzos en pedir recuerdos. Si Harry no la ayudaba, tal vez los Slytherin en su vida podrían ser convencidos. Les mandó una lechuza a Pansy y Theo, preguntándoles si podían ver a Hermione en su departamento.

Y entonces, por primera vez en su vida profesional, secuestro de Theo aparte, Hermione salió antes del trabajo con una débil excusa a su jefa sobre su dolor de cabeza. La única después de su jefa fue un breve asentimiento de cabeza y un gesto con la mano. Ambas sabían que el trabajo de Hermione solo le importaba a unas cuantas personas.

La próxima cosa en la lista de cosas por hacer para recuperar su vida sería recuperar su trabajo. O ya como último opción conseguir un trabajo diferente. Porque si tenía que pasar más tiempo en su excusa de oficina, que parecía más un clóset, revisando reportes de cada maldito Departamento del Ministerio iba a perder la mente. Y honestamente, no le quedaba mucho como para desperdiciar.

Hermione se apareció en su departamento una vez que salió del Ministerio y de inmediato comenzó a buscar en el departamento algo que calmara su dolor de cabeza. Un golpe vacilante en la puerta interrumpió su búsqueda.

Hermione se detuvo, inclinando la cabeza hacia un lado, los ojos en la puerta, insegura sobre si había escuchado algo. Se acercó. Era tan raro que alguien usara la puerta principal del departamento que su inusual uso la hacía sentirse nerviosa.

−No lo haré de nuevo, Theo. Me siento como una vil plebeya ya con haberlo hecho una vez… −la voz de Pansy se escuchó desde el otro lado de la puerta con un filoso e irritado tono.

Hermione escuchó un jadeó fastidiado de Theo, seguido por un más fuerte golpe que asustó a Hermione con su intensidad. Abrió la puerta para encontrar a los Slytherin del otro de la puerta. Theo aún tenía su mano levantada, claramente con intensión de golpear de nuevo la puerta.

−¿Qué están haciendo? −preguntó Hermione.

Pansy entró al departamento con empujón claramente intensional mientras pasaba al lado de Hermione.

Theo frunció el ceño, aún parado afuera.

−¿Nos quitaste el acceso, recuerdas? −dijo.

Hermione se sonrojó. No lo había recordado. De hecho, con todo lo que había pasado en su limitada energía mental discrecional en el último mes, el hecho de que había quitado los accesos se había escapado de su mente.

−¿Y a qué le debemos tan cortés requerimiento? −preguntó Pansy en un tono acerbo. Estaba sentada de piernas cruzadas en el sillón de piel en la sala. Tenía las manos sobre su regazo, sus pintadas uñas tamborileando impacientemente contra sus brazos. −Tengo cosas que hacer, espero que sepas eso. Y ni siquiera te has molestado en ir los viernes en la noche en casi un mes, así que no veo porque crees que puedes demandar mi presencia…

−Merlín, Pansy, dale oportunidad a que se explique antes de que le dictes la sentencia. −Theo dijo mientras se sentaba en el otro sillón, dejando el sofá verde para Hermione.

Hermione los miró con cautela, sintiéndose repentinamente menos confiada sobre cómo iría la conversación.

Crookshanks se subió al regazo de Theo, avariciosamente aceptando el afecto.

−Tienes buena sincronización, Granger, necesito tomar prestado a tu gato. −dijo mientras convocaba un premio de la cocina.

−Así no es como funcionan las mascotas, Theo.

−Estoy consciente. Pero Blaise mencionó que tal vez pronto tenga un gato así que quería llevarme a Crookshanks por un rato a la Mansión para saber si funcionaría.

Hermione inclinó la cabeza tanto como su confusión se lo permitió.

−¿A qué te refieres con que Blaise dijo que tal vez…?

Pansy la interrumpió rodando los ojos con un frustrado suspiro.

−Tiene un toque de vidente por el lado de su madre. Completamente inútil, solo dice algo interesante ocasionalmente. Pero Theo no deja ir esta idea del gato.

−¿Entonces sólo quieres, que? ¿Cuidar a mi gato por cuánto tiempo?

−Blaise no dijo, así que probablemente solo por un par de días. Solo para saber qué se siente vivir con un gato.

Hermione miró a Crookshanks, claramente enamorado con su Slytherin amigo.

−Tienes que darle de comer, no solo premios. −le advirtió Hermione.

Evidentemente, ese fue todo el permiso que Theo necesitaba; se veía emocionado con su victoria.

−Ahora de vuelta al punto. −continuó Theo. −Debe haber algo importante en tu mente si nos estás llamando voluntariamente.

No lo dijo exactamente en un tono que sugiriera que estaba molesto. Aunque Hermione no tenía idea de como sonaba Theo cuando estaba molesto. Pero algo en la forma en que lo dijo forzó la aguda realización que Hermione no se había, nunca, acercado a alguno de ellos para buscar su compañía por su propia voluntad. Siempre que habían pasado tiempo juntos había sido porque alguno de los dos Slytherin lo había iniciado, o por las reuniones de los viernes en la noche.

Con un sentimiento extraño en su estómago, Hermione se dio cuenta de lo que egoísta que eso la hacía.

−Oh. −escapó de sus labios mientras se hundía más en el sofá.

Pansy dejó salir una pequeña risa desde su lugar al otro lado de la habitación.

−Honestamente, estoy impresionada de que pudieras leer el subtexto. −dijo Pansy, poniéndose de pie antes de cruzar la habitación y sentarse junto a Hermione en el sofá. Hermione vio a Theo hacer una mueca en el fondo, su disgusto por el mueble verde evidente como siempre.

Como si el asunto de la ofensa de Hermione fuera completamente arreglado, Pansy habló.

−¿Cómo podemos serte de ayuda, Granger?

−¿Tal vez tiene algo que ver con la pelea que Draco insiste en que definitivamente no están teniendo? −dijo Theo.

Pansy hizo un sonido pensativo al lado de Hermione.

−Podría ser. −dijo. −Sabes, Theo, incluso he escuchado que Draco duerme de nuevo en su propia cama.

−¿En su propia cama, dices? ¿Pero Pansy, que podría significar eso? −dijo Theo, fingiendo sorpresa.

Hermione se encontró cautiva mientras la producción entre ambos Slytherin se desarrollaba frente a ella.

−Es difícil de decir, Theo. Verás, mi gusto en lencería aun no ha sido solicitado. −y con eso, Pansy arqueó una ceja en dirección de Hermione.

Y a pesar de sentirse como una patética excusa de amiga, Hermione no pudo evitar sonreír ante el espectáculo que Pansy y Theo estaban haciendo. Ya fuera por su propia diversión o si era su retorcida manera de dar perdón, no podía saberlo. Pero había aprendido lo suficiente de ambos para saber cómo jugar.

−Eso fue porque no usé ninguna lencería. −Hermione terminó por Pansy con una sonrisa de complicidad.

Fue como si Hermione le hubiera dado a Pansy el mejor regalo del mundo. Su rostro se iluminó y se lanzó hacia Hermione en un breve pero poderoso abrazo.

−Oh, estoy tan orgullosa de ti. Ahora, necesito escuchar todo sobre el sexo. −Pansy frotó sus manos juntas en un movimiento exagerado, claramente desesperada por los detalles. Hermione se sonrojó, incómodo calor y enrojecimiento apareciendo en su cuello y rostro.

Theo hizo un ruido ahogado desde el otro lado de la habitación.

−Por favor no, no quiero saber nada de tu vida sexual. −y por un momento, Theo le recordó a Hermione fuertemente a Harry y fue casi cómico. Cabello oscuro, peinado diferente, pero ambos con ojos verdes, una irreverencia por las reglas cuando eran inconvenientes para ellos y un hábito por encontrar a Draco y Hermione en situaciones comprometedoras. No era sorpresa que le cayera tan bien, él y Harry tenían más en común de lo que probablemente les gustaría admitir.

−No fue por eso por lo que les pedí venir. −Hermione se abrió paso a través de su mortificación. Pansy y Theo tuvieron reacciones simultaneas muy diferentes.

−Lástima. −de parte de Pansy.

−Gracias al cielo. −de parte de Theo.

−De hecho estaba esperando que pudieran darme algunos recuerdos para usar en un pensadero. Recuerdos míos y de Draco claro, reuniones de los viernes en la noche, de nuestra boda… si estuvieron ahí, ¿si estuvieron ahí, cierto? −El hilo de pensamiento de Hermione se detuvo en seco debido a la mortificación adicional y una nueva oleada de frustración. Ni siquiera sabía si las dos personas frente a ella, unas de las personas más cercanas en su nueva vida, habían estado en su boca. Incluso después de haber escuchado la historia de Draco, mientras tenía sus labios en sus hombros, sosteniéndola en el manchado brillo de su cumpleaños; no había pensado en preguntar por la lista de invitados.

Y esa era solo uno de los miles de detalles que hacían el escuchar sobre su pasado simplemente no fuera suficiente. Aunque era lindo escucharlo, quería verlo. Draco solo podía decirle ciertas cosas, recordar ciertas cosas.

Theo y Pansy se miraron simultáneamente de nuevo.

−Sí, estuvimos en tu boda. −de parte de Theo, con una expresión mezclada en su rostro: una parte lástima, una parte cariño.

−Ni de chiste, no te daré mis recuerdos. −de parte de Pansy, con honestamente más enojo de lo que la situación ameritaba.

Hermione le ofreció a Theo un leve asentimiento de reconocimiento y apreciación por la respuesta a su pregunta antes de girarse hacia Pansy.

−¿Me supongo que Draco también les advirtió también sobre no darme sus recuerdos? −preguntó, incapaz de mantener el tono molesto de su boca. Ya había sido rechazada por Harry, lo que significa que Ginny también por extensión. ¿Ahora Pansy Parkinson, de todas las personas, quería jugar bajo las reglas de Draco?

Theo interrumpió con una respuesta justo cuando Pansy había abierto para boca para escupir lo que parecía ser más veneno en dirección de Hermione. Una vez serpiente, siempre serpiente, se podría suponer.

−Eso no es justo para Draco, Granger. A todos nos fueron explicados los planes de tu tratamiento como personas relevantes en tu vida. −El cariño en su rostro se había desvanecido, pero la lástima seguía ahí. Theo tomó a Crookshanks quien había intentado escapar de su regazo. Temporalmente apaciguado, cargó al gato mientras Pansy la veía con una mueca de burla.

−No voy a recuperar mis recuerdos. −dijo Hermione. Se preguntó cuántas veces tendría que decirlo antes de que las personas a su alrededor lo creyeran.

−¿Ginny te dará recuerdos? −preguntó Pansy a su lado.

Hermione vaciló. Al principio, estaba confundida por la pregunta. Pero cuando los motivos de Pansy encajaron, Hermione había dejado pasar mucho tiempo para formular una respuesta que le diera lo que buscaba.

−Entonces no lo hará. −concluyó Pansy de su silencio. −Maldición, Granger. ¿Eso me daría una ventaja si lo hago, cierto? Te agradaría más. ¿Por qué esto es importante para ti?

Pansy silenció la advertencia de Theo, quien levantó a Crookshanks como si tratara de posicionar al gato en un intento de arma específica para Pansy.

−No lo haré, Theo. ¿Pero me molesta, sabes? Y tú… −giró su atención de vuelta a Hermione, apuntando una uña casi negra hacia ella. −Estoy extremadamente molesta contigo. Odio tener que hacer lo correcto, especialmente cuando podría beneficiarme. Pero… Granger, hasta que los sanadores digan que es seguro, no lo haré.

Seguramente Hermione había cruzado a otra realidad donde Pansy Parkinson tenía límites, carácter y una clase de código de ética que, de todo el tiempo que pudo aparecer, lo hizo cuando Hermione no lo necesitaba.

Theo se puso de pie repentinamente, Crookshanks aun en sus brazos.

−Mira, Granger. −comenzó, evidentemente preparando su retirara con su gato. Hermione no tenia la energía mental para disuadirlo en el tema, sin importar lo absurdo. −Has escondido objetos ilegales por mí. −sus ojos miraron la puerta de la habitación de huéspedes. −Te debo una. Y tal vez no lo parezca ahorita, pero esta es mi forma de pagarte esa deuda.

Hermione dejó caer sus manos con un jadeo frustrado, una vez más al borde de las furiosas lágrimas, cansada de estar constantemente en desacuerdo con todos en su vida.

Pansy se puso de pie, y un por breve momento, dejó descansar su mano en el hombro de Hermione. Hubo un breve apretón seguido de unas palabras.

−Esa falda es horrible, carajo. −y después se fue, seguida por Theo.


Hermione se apareció con un suave crack afuera de la tienda de pociones de Draco al borde del Callejón Knockturn. El día de trabajo estaba por terminar y se sentía inquieta sin su investigación, sin su gato y sin las personas en su vida que insistentemente sentían que le estaban haciendo un favor negándole su pedido. Así que en lugar de sentarse en la mesa de la cocina, mirando el tarro de caramelos de manzana en la barra esperando que le llegara el entendimiento que nadie parecía poder darle, optó por tomar acción.

Entró a la tienda, sus tensos nervios brincando ante el suave campaneo arriba de la puerta que anunció su llegada. Nunca había visitado el lugar y la pequeña y encantadora tienda la tomó por sorpresa: pociones listas para comprar en las repisas cerca de la puerta y hacia el fondo había anuncios sobre órdenes personalizadas y pedidos en grandes cantidades. Ciertamente no tenía la grandeza de algo que hubiera esperado de un Malfoy, pero tenía los sellos de la fastidiosa organización de Draco y la predilección por una estética sobria pero elegante. No pudo evitar el orgullo que sentía, mirando alrededor de la tienda, a esta hora de la tarde, estaba afortunadamente libre de clientes. Los testigos no eran necesarios para su segundo intento de la misma conversación.

El corazón de Hermione se aceleró cuando Draco salió de una habitación al fondo de la tienda, claramente esperando un cliente y encontrándola a ella en su lugar. Su expresión se alegró con una sonrisa, cálida y bienvenida. Y entonces, como si el recuerdo de su pelea en la mañana hubiera entrado a la habitación detrás de él, con un paso más lento, una frialdad reemplazó su expresión.

−¿Estás ocupado? −preguntó Hermione, sin saber cómo saludarlo.

−Ha sido un día tranquilo. −dijo. Asintió hacia ella para que lo siguiera hacia la parte de atrás de la tienda. Pasando por la puerta entre los dos espacios, Hermione encontró una situación diferente de la vista pública.

Múltiples calderos estaban hirviendo al mismo tiempo, todos en diferentes etapas de finalización, algunos burbujeando, algunos hirviendo a fuego lento, otros parecían completamente fríos. La fuerte competencia de varios aromas tomó a Hermione un momento para procesar mientras los vapores de los diferentes proyectos se mezclaban y giraban en el aire. Sus ojos se agrandaron al ver los ingredientes, frascos sobre frascos alineados en las paredes de los estantes en una colección impresionante que sólo rivalizaba en la memoria de Hermione con el almacén del profesor Snape en Hogwarts.

Y luego había libros, por todos lados y de una forma muy diferente a la colección de su departamento. Esto era al azar, casi presa del pánico, una verdadera biblio−explosión que incluyó, por razones que paralizaron el pensamiento de Hermione, a Blaise Zabini con los pies apoyados en una mesa, leyendo un libro muggle sobre trauma cerebral por conmoción cerebral.

Blaise levantó la mirada de su libro mientras ella lo miraba a él: se veía nada sorprendido o nada divertido, pero esas eran expresiones similares en su rostro.

−¿Trabajas aquí? −le preguntó a Blaise, a faltar de la capacidad de habla para preguntar por lo demás frente a ella.

Draco parecía decidido a ocuparse con un caldero que burbujeaba furiosamente.

−En cierto sentido. −respondió Blaise, sin levantar la mirada de su libro.

Hermione se giró hacia Draco, buscando una explicación más detallada.

−Él es el dueño. −dijo Draco con un pequeño suspiro, cambiando de una mezcla en dirección de las manecillas del reloj a en contra. −O al menos la mayoría, él es mi principal inversionista.

Blaise, evidentemente, no tenía comentario en el tema.

−Sabes, Blaise, Theo secuestró a Crookshanks hoy. ¿Tienes más información de eso?

Por una fracción de segundo, Draco dejó de mezclar. Rápidamente recordó y continuó con su tarea, pero fue suficiente para que Hermione registrara su sorpresa.

−¿Theo tiene a nuestro gato? −preguntó Draco, frunciendo el ceño.

Blaise cerró el libro en sus manos, bajando los pies de la mesa y poniéndose de pie en una serie de elegantes movimientos. Se encogió de hombros.

−Está pensando en tener su propio gato. −dijo Blaise. Puso el libro sobre la mesa junto a los demás, claramente el lugar a donde la investigación de Draco se había movido. −No tengo interés en cualquiera que sea la conversación que ustedes dos van a tener, así que me iré. −anunció.

Draco no reconoció a su amigo además del pequeño jadeo que rompió su concentración mientras añadía un nuevo ingrediente al caldero.

Blaise se detuvo mientras pasaba al lado de Hermione, solo lo suficiente para una sola oración, bajo su respiración y probablemente inaudible para Draco, quien estaba al otro lado de la habitación.

−Si pudiera hacer una observación: él también está asustado, Granger.

Blaise continuó su salida, pasando por la puerta y hacia la tienda antes de que las suaves campanillas anunciaran su completa partida.

Draco dejó salir un suspiro ante la salida de Blaise y lanzó un hechizo de estasis a los calderos.

−Debería disculparme por lo de esta mañana. −ofreció mientras Hermione tomaba un paso hacia la mesa completamente llena de libros sobre la memoria. Tomó uno al azar mientras se recargaba contra el marco, de cara hacia Draco.

−No sabía que tenías tanta investigación. −dijo. Reconoció algunos de los libros que él había llevado al departamento y que subsecuentemente removió después de su desacuerdo. Pero había otros que eran nuevos para ella, y si tuviera que adivinar, eran parte de su extensa biblioteca personal en el tema.

−Tal vez estoy más desesperado de lo que piensas. −tenía una mano contra el borde de la mesa donde él trabajaba, una clase de ancla personal en aguas turbulentas.

La duda invadió la mente de Hermione, colándose entre su piel y empapando sus huesos. Se había sentido certera, hace no mucho, de que sus recuerdos no importaban para él, que ella sería suficiente con o sin ellos. Pero ante todo este pequeño arsenal de investigación y semejante admisión de desesperación no pudo evitar cuestionarse.

Ella se tragó su miedo cuando casi la partió por la mitad. Se obligó a afrontarlo de frente.

−Había esperado que no importara que no pudiera recordar. −dijo, la duda lamiendo los bordes de su crudo miedo. −¿Pero no lo puedes dejar ir, cierto? Quién yo era antes. −Sus brazos se cruzaron instintivamente alrededor de su estómago, incluso aunque lo reconocía como una postura defensiva, no pudo evitar el acto de auto confort. En una suave voz, odiando decirlo, teniendo que decirlo: −¿Alguna vez podrás hacerlo?

Al principio, una mirada oscura pasó por el rostro de Draco, algo furioso, congelante, mientras sus palabras viajaban en el espacio entre ellos. Hermione podía ver el dolor y el enojo pero entonces como si fuera físicamente expulsado de su rostro, se movió.

Draco levantó su ancla, cruzando el océano entre ellos y casi aplastándola con un abrazo. Una mano temblorosa detrás de su cabeza, sosteniéndola contra él. Hermione podía sentir la precaria subida y bajada de su pecho contra su mejilla, su respiración irregular contra sus rizos. Era un abrazo tan similar y al mismo tiempo tan diferente del que Harry le había dado temprano ese mismo día.

−Así es como te he… dios, mierda, nunca quise… −su cerebro y sus palabras parecían estar en desacuerdo.

Le tomó un momento a Hermione reaccionar, sorprendida por su repentino desmoronamiento, pero envolvió sus brazos alrededor de él, buscando sanar.

−Lo siento, Hermione. −susurró Draco contra el lado de su cara. Una de las diferencias entre este Draco y el que había conocido antes de que todo esto sucediera, era su habilidad para disculparse, para aceptar las consecuencias de sus acciones y palabras, para robar su respiración como ninguna otra persona.

−Ese no es el por qué, para nada. −continuó, alejándose.

Hermione lo miró, deseando que lo entendiera.

−No necesito que me salves. −le dijo. −Estoy aceptando esto.

Las manos de Draco dejaron su brazo. Hermione frunció el ceño mientras él empujaba la manga de su blusa hasta el codo, sus dedos trazando delicadamente la piel, libre de las palabras que alguna vez estuvieron ahí.

−Sé que tú no… sé que no necesitas que nadie te salve. −No la estaba mirando a ella, solo trazaba su brazo con sus dedos, prendiendo llamas contra la voluntad de ella. Él tomó un pequeño respiro y el corazón de Hermione se detuvo, una anticipación terrible. −Estamos juntos en esto. Sé que no necesitas tus recuerdos pero yo… solo quería poder darte una opción. −le dio un pequeño y casi inexistente encogimiento de hombros. −No puedo evitarlo.

Otro eco, tan interesado y cercano. Por un momento, Hermione podía sentir las letras talladas de nuevo contra su piel, suavizadas por su toque, borradas por su improbable devoción.

No era el razonamiento que ella esperaba, pero lo podía entender. Se acercó para detenerlo de trazar las letras que ya no estaban ahí.

−Esta es mi decisión. −dijo. −Quiero tomar lo poco que pueda de mi pasado. Si al menos pudiera ver una parte…

Las manos de Draco encontraron su rostro, tomando su mandíbula mientras se acercaba aun más, presionándola contra la mesa. El rostro de Draco se quebró, agonía en cada línea.

−Pero si te lastima… −se detuvo. Una de sus manos acarició su frente, miedo y reverencia fundidos en ángulos extraños, una lucha por encontrar balance.

−Por favor. −rogó Hermione, finalmente perdiendo algo de su propio control, dolorosamente consciente de cuánto ese momento sin él le recordaba lo que le pedía a Draco de manera regular. −Yo también estoy desesperada. −dijo. Otro eco, ahora de las palabras de él. −¿Qué estábamos haciendo en estas fechas el año pasado? Tú sabes porque lo recuerdas, y yo solo lo sé porque me lo han contado o porque tengo sexo agendado en mi libreta. Eso es… no es suficiente. Si no puedo recordarlo, ¿puedo al menos verlo? −no había querido dejar salir tanto, decir tantas de las cosas que rondaban en los vacíos dentro de su mente. Pero una vez que comenzó, no podía detenerse. −Quiero ver cuando decidimos empezar una familiar. Quiero vernos bailar en la boda de Harry y Ginny y no solo por el bucle de una fotografía.

Su pecho se sentía pesado, su visión se nubló, estaba a nada de llorar.

Cálidas manos tomaron su cara. La mirada de Draco, cuando la vio, no tenía hielo, ni tormentas ni mercurio, solo un sentido de hogar.

−No quiero pelar. −dijo Hermione, forzando estabilidad en su tono. Draco sacudió levemente la cabeza antes de caer aún más cerca de ella, atrapando sus manos contra su pecho.

−Yo tampoco. −dijo. Donde Hermione había recuperado algo de control en su tono, él lo había perdido. Sus palabras salieron rígidas y apretadas, como si las hubiera forzado.

−¿Tengo alguna oportunidad sin ellos? −preguntó suavemente.

−¿Una oportunidad de qué?

−De convencerte que me ames de nuevo. Incluso si no recuerdas la primera vez.

Hermione estaba agradecida de su cercanía, por la robustez de su cuerpo presionado contra el de ella, atrapando sus caderas contra la mesa detrás de ellos. Porque sin ese soporte, tal vez se hubiera caído por la repentina tristeza que la invadió. Ella tenía sus dudas, y aparentemente él también.

−Oh, Draco. −susurró, desesperada con el instinto de besarlo. Cerró el minúsculo espacio y presionó sus labios contra los de él, sosteniendo cerca sus caras. −Esto es lo que lo hace tan difícil. −continuó entre pequeños besos de promesas tranquilizadoras. La calidez la envolvió mientras una de las manos de él encontraba la base de su cuello, enredándose en su cabello de la forma que ella amaba. Amaba. −Tú ya me convenciste de amarte y eso me ha hecho avariciosa y egoísta porque en lo único en que puedo pensar es sobre lo mucho quiero saber cada momento que hemos tenido…

La boca de Draco consumió cualquier otra confesión que pudiera haber tenido, una aguda divergencia de los suaves y tranquilizadores besos que ella le había ofrecido. El suyo era desesperado, aliviado y enviaba olas de calor debajo de su piel. La temperatura entre ambos había sido tan fría, tan estancada en su evitamiento del problema: este nuevo calor sacó su hambruna de su letargo.

Hermione jaló su túnica de trabajo, la falta de espacio entre ellos sentía demasiado. Si había espacio para el aire, o la duda, o para pensar entonces había mucha distancia. No pudo evitar el gemido que salió de su boca mientras él desenredada sus manos de su cabello y cuello y la tomaba de la cintura para sentarla en la mesa.

Draco, llamado así por el dragón en las estrellas, respiraba fuego directamente a sus pulmones mientras Hermione envolvía sus piernas alrededor de su cadera, bajando las manos hacia su cinturón. Había probado tan poco de él una vez y se había estado muriendo de hambre desde entonces, arrastrándose sobre brazas sin propósito ni dirección. Draco gimió, tomando su horrible falda y levantándola alrededor de su cadera.

Hermione tal vez no haya buscado el EXTASIS en Astronomía, pero había recibido una E en sus TIMOS y sabía lo suficiente de la constelación en que Draco había sido nombrado para recordar que contenía un número inusual de estrellas binarias, constantemente en órbita unas con otras.

El pensamiento, de cuán apropiado era el hecho de que ella se sentía atrapada en una órbita con él y completamente desinteresada en escapar, se disparó a través de su consciencia cuando él le quitó la ropa interior y, con una entrada que le robó el aire a sus pulmones, los unió por primera vez en un mes, la segunda vez en su memoria. La boca de Draco se enganchó en su cuello, dedos frenéticos luchando por desabrochar su blusa. La mesa debajo de ellos se movió, enviando montones de libros sobre memoria hacia el piso.

Hermione se sostuvo fuertemente de los hombros de él, un trueno en su pecho siguiendo predeciblemente el relámpago de su toque.

−Me detendré. −respiró contra su oreja, dejando besos en cada parte de su piel que pudiera encontrar. −Tú eres suficiente, en cualquier forma. Tienes que saber eso. −sus palabras se volvieron pesadas, jadeantes mientras se movía dentro de ella. Hermione pasó saliva, intentando encontrar las palabras en una garganta seca, harapienta por la respiración rápida. Encontró sus ojos al tiempo que otra serie de libros caían hacia el piso, investigación abandonada. Como alguna vez ella pudo dudar de él, tan breve como fue, cuando él la miraba así, la tocaba así.

−Lo sé. −dijo Hermione, jalando para encontrar su boca, desesperada por probarlo, perdida en los truenos debajo de sus costillas. Una de las manos de Draco cayó para agarrar la mesa al lado de ella, buscando estabilidad mientras su otra mano tomaba su espalda baja, acercándolos tanto como el espacio y la física lo permitiera. Dios, estar atrapados en una órbita degradante con él, la gravedad haciendo trizas sus miedos, con la promesa del olvido en su destrucción.

Hermione dejó salir un suspiro, retorciéndose en una jaula de su propia carne, mientras se venía bajo las instancias de su toque conocedor, de manos que sabían y la amaban y la reverenciaban. Mientras él se caía después de ella, un aliento entrecortado contra sus labios mientras él sostenía su rostro contra el de ella, Hermione no pudo evitar pensar en las pequeñas cosas que eran sus desacuerdos en comparación con lo cósmico. Y como un hombre llamado por una constelación no podía esperarse que operara en otra escala.

Y entonces la realización la golpeó con la misma fuerza que si un rayo la electrocutara; él le daría todo o no le daría nada, no había puntos medios. Y eso significaba que él tenía que darle cada opción, incluso aunque ella ya hubiera escogido una. No reflejaba respeto por sus deseos, sino más bien un reflejo de la única forma en que él sabía cómo preocuparse.

Hermione lo sostuvo, recobrando el control sobre su respiración y encontrando el eco de entendimiento en algún rincón del fondo de su mente.

−Esta no era la forma en que esperaba que pasara esta conversación. −admitió, sintiendo como la invadía un sentimiento de confort.

Draco la miró desde donde estaba acomodándose el cinturón. Tal vez desprevenido por la expresión en su rostro, se acercó de nuevo con renovada urgencia, capturando sus labios en otro breve pero fuerte beso.

−Te amo. −dijo contra su boca. Entonces, aún cerca. −Me aterra perderte. −Su mano, contra la parte de atrás del cuello de Hermione, la dio un apretón posesivo, como si ese toque la hiciera entender de la misma forma que lo harían las palabras.

−Lo sé. −dijo Hermione. −Yo también, pero no solo son las partes de mi vida las que quiero ver. Quiero ver mi reacción cuando Pansy Parkinson entró a mi vida. Todos los intentos idiotas de Blaise por coquetear. Y las cosas ridículas que he hecho para proteger a Theo y a su colección de objetos ilegales. Huevos de quimera y gira tiempos incluidos…

Draco cerró los ojos, claramente en guerra consigo mismo. La presión de su mano contra su cuello continuó constante, un toque reconfortante mientras una idea se encendía dentro de su mente con la rapidez de una estrella que se convierte en existencia: una fusión de diferentes elementos en algo complemente nuevo.

−La habitación de huéspedes…−comenzó.

Draco dejó salir una pequeña risa.

−Esa tal vez no fue la peor cosa de olvidar, no disfrutaste precisamente las partes de mi clavícula saliendo de mi piel.

−Volteamos la habitación. −continuó, ignorando su comentario. −Rompimos todo, eso dijiste.

−Un verdadero desastre. −concordó, alejándose para mirarla a distancia más allá de sus labios. −Pociones, arena, vidrio, astillas. Todo en esa habitación se rompió complemente. ¿Por qué?

−¿Y sólo fue una vez? ¿Vaya voltear la habitación, solo lo hicimos una vez?

Draco suspiró.

−Dios, no, fue horrible. Una vez pudo haber estado bien, pero la volteamos cinco o tal vez seis veces.

Cinco. Tal vez seis.

Tal vez seis veces por seis años perdidos.

Por primera vez desde enero, las oscuras y vacías cavernas dentro de su mente se iluminaron: la luz brillante de una nueva idea.

−Tengo que irme. −dijo, sintiéndose drogada ante la emoción de un nuevo descubrimiento. Lo besó a través de la confundida mirada que Draco le dio y se alejó lo suficiente para decir "Te amo" antes de aparecerse de vuelta al departamento.


De vuelta al vacío departamento, Hermione miró la puerta de la habitación que casi había olvidado que existía. Caminaba a su lado todos los días, empujándola fuera de su mente como un extraño detalle porque existía fuera de su realidad. Era un lugar que no necesitaba ver, un lugar que habían considerado hacer indetectable por el peligro que poseía, por el peligro que ya había causado.

Pero Jenkins, Jenkins de todas las personas, había mencionado la existencia de algo más, algo en adición al trauma físico que ella había experimentado que podía explicar las limpias líneas y el rígido borde de su pérdida de memoria. Algo que podría elegir como blanco un tiempo especifico de su mente. Algo como arena, esparcida de un gira tiempo ilegal y combinado con otros tipos de magia experimental, girada seis veces.

Hermione desmanteló las protecciones de la habitación de huéspedes con poco esfuerzo. Nunca habían sido puestas para mantenerla alejada, nunca presentaron un reto, aunque Draco lo supiera o no. Ella siempre tuvo el poder para entrar. El único pensamiento que la detuvo fue el asunto de la opción. No sabía que encontraría pero sabía, que dada la opción, prefería tener algo a nada. Y algo la esperaba al otro lado de esa puerta, eso lo sabía.

Abrió la puerta y entró, cerrándola detrás de ella.

Un momento después, una explosión estalló dentro de la habitación, disparándola hacia afuera, mucho peor que cualquier mina.

La explosión se precipitó hacia la cocina y la sala de estar, donde, en un espectáculo digno de una supernova, arrasó todo a su paso: armarios y mostradores, mesas y sillas, y sofás de terciopelo verde incluidos.

Un parche de terciopelo, verde esmeralda y quemándose en el calor de las inesperadas llamas: el lugar exacto donde los dedos de Abraxas Malfoy acariciaban el mueble en momento pasajero de evaluación mientras el adornado mueble era entregado a la Mansión Malfoy.

Un botón de mechones, arrojado por la fuerza de la explosión: dos veces arrancado del sofá por un aburrido Lucius Malfoy, dos veces reparado por elfos domésticos obedientes, dos veces la fuente de una paliza, una lección con respecto a la propiedad de un padre a un hijo.

Un pedazo de tela, arrancado del panel del cojín por fragmentos voladores de yeso: hogar de una mancha desaparecida en tiempos de guerra, sangre mezclada con bilis, evidencia de un tiempo donde el sofá y su residencia albergaron todo tipo de cosas desagradables.

Un parche diferente de terciopelo, de un pedazo que ahora chocaba con la puerta principal del departamento: el lugar donde las lágrimas alguna vez cayeron y eventualmente se secaron, donde Draco Malfoy sostenía a Hermione Granger en sus brazos por primera vez.

Una fracturada pata de madera, brillando en rojo por el calor del infierno a su alrededor: la misma que soportó el peso de la primera vez que Draco robó un beso de la mujer que algún día sería su esposa.

Un pedazo de cojín, desintegrándose en un llamarada imposible: el fondo de la primera vez que él la probó, su cabeza enterrada entre sus piernas, montando cautelosamente la estrecha división entre lujuria y amor.

Un brazo girado, rompiéndose en muchas pequeñas partes bajo la fuera de la detonación: donde Theodore Nott encontró a sus amigos, medio desnudos, ocupados en actividades que pudo haber pasado toda su vida sin ver.

Un pedazo de relleno de algodón, en llamas y flotando en la humeante neblina de la erupción en que se asentaba: el relleno exacto donde Hermione se hundió después de ganar una ridícula apuesta transfiriendo la propiedad del mueble hacia ella.

Una fila de costuras, sin sostener nada después del desmontaje por la fuerza de la ignición: las mismas costuras que Hermione jaló durante la pelea que los separó, enviando al sofá a su actual y final lugar en su nuevo hogar, separado de él.

Un roto marco de madera, quemándose en el piso: donde se unieron de nuevo, acordando en que por siempre era la única medida de tiempo que sería suficiente.

Pedazos de vida.

Ecos y recuerdos.

Destrozados.


Hello!

Espero estén bien! De nuevo, lamento haberlas dejado sin actualizar tanto tiempo. Mi excusa oficial es que había temporada de baseball (yo soy muy fanática y me encuentro bastante feliz de que los Dodgers hayan ganado la Serie Mundial). Y también mi mala organización.

Capítulo 10, nos quedan dos más. Les seré honestas, no he avanzado mucho de las otras historias, así que les aviso que tal vez si me tardaré un poco en publicarlas porque me gusta avanzar mucho los trabajos antes de empezar a publicarlos para tener, por así decirlo, un colchón de capítulos por si me llego a atrasar.

Muchas gracias por su paciencia, favoritos y comentarios.

Nos leemos la próxima semana!

PD: Este capitulo ya lo había subido pero por alguna razón no aparecía. Lo estoy volviendo a subir en un intento de que esta vez si salga.