Capítulo 11: Harry Potter

"Recuerda que lo que alguna vez se hizo se puede hacer de nuevo."

−Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo

Noviembre

Luces brillantes y verde lima.

La cabeza de Hermione dolía: un toque de presión apretando sus neuronas, secando su mente. Cerró los ojos mientras un pequeño ruido de dolor escapaba su garganta.

−Eso es, Hermione, tómalo con calma, cariño. Jenkins, baja las luces.

Una voz familiar. Un nombre apareció en la materia de su cerebro, buscando un destino en reconocimiento. Estallidos y más estallidos de luz aumentaron y disminuyeron detrás de los párpados de Hermione, aún cerrados con fuerza. Su pulso latía detrás de sus senos nasales, disparándose a través de las cuencas de sus ojos.

−Cuando esté lista. −la voz dijo de nuevo, más suave. −Intente abrir los ojos.

Hermione le permitió a los músculos de su cara relajarse, un preludio para separar sus sellados parpados. Revolotearon, completamente abiertos y luego los cerró de nuevo en un parpadeo de agonía. Las luces eran tan brillantes. Demasiado verde lima. Un color tan asaltante en un lugar que se supone era para calmar y sanar.

San Mungo. Estaba en San Mungo. Ecos salieron de las profundidades de su memoria. Los respondió en confusión, sabiendo el sonido que hacían, la forma de su llamada, pero sin tener la habilidad para traducirlos a un pensamiento coherente.

Ya había estado aquí antes.

−Intenta bajar de nuevo las luces. −dijo la voz familiar.

La presión en la cabeza de Hermione comenzó a disminuir. Sintió una poción en sus labios.

−Beba esto. −dijo la voz. Dulce Merlín, más alivio de la presión.

Su mente comenzó a calmarse, finalmente siendo capaz de pensar sin sentir que algo desgarraba sus pensamientos. Lentamente, comenzó a pensar en las cosas que sabía, las cosas que sentía, y las cosas que tenía la capacidad mental de procesar en el momento.

−Hermione, está saliendo de un coma mágico inducido. Está en San Mungo y está completamente a salvo, por favor tiene que mantenerse calmada.

Pasado y presente, recuerdo y realidad: colisionando dentro de su cabeza. Ya había escuchado eso antes.

−¿Sanadora Lucas? −Hermione preguntó. Tosió, finalmente forzando a sus ojos abrirse. Parpadeó el impulso de querer cerrarlos de nuevo. Escuchó a la Sanadora Lucas dejar salir un suspiro.

−Jenkins también está aquí. −dijo, indicando hacia su aprendiz en un asiento cerca de la puerta. La familiaridad de la escena tambaleó a Hermione por un momento, repentinamente insegura sobre su propia realidad. −Nos gustaría realizar unos diagnósticos iniciales, si se siente lo suficientemente bien.

Hermione asintió, una extraña e inapropiada emoción corriendo dentro de ella. Podía responder bien estas preguntas.

La sanadora Lucas apareció un pedazo de pergamino y mirando a Hermione con ojos amables, comenzó.

−¿Sabe su nombre completo?

−Hermione Jean Granger−Malfoy.

El golpeteo detrás de la cabeza de Hermione cambió a su pecho, un trueno conocido detrás de sus costillas mientras la sanadora Lucas anotaba su respuesta en el pergamino.

−¿Y sabe qué año es?

−2007.

−¿Y el mes?

Eso atrapó a Hermione con la guardia baja.

−¿Octubre? −respondió en forma de pregunta, conectando que si sentía insegura, era porque no sabía.

La sanadora Lucas hizo otra serie de notas.

−¿Y quién es el Ministro de Magia?

−Kingsley Shacklebolt. −dijo Hermione, con confianza reforzada, pero su cabeza se sentía pesada de nuevo, el dolor había regresado. Sentía como fruncía el ceño. Entrecerró los ojos contra la leve luz.

−Y… −la sanadora Lucas vaciló, mirando a Hermione con una sensación de cariño inusual para alguien de su profesión. –¿Tiene algún recuerdo de los eventos en su vida desde mediados del 2001 hasta el final del 2006?

Hermione sintió repentinamente que iba a vomitar, un sentimiento de miedo y culpa y fracaso retorciéndose en sus entrañas mientras su mirada cambiaba de la sanadora Lucas hacia el sanador Jenkins con lágrimas acumulándose en sus ojos. En un extraño sentido de obligación, sintió que les había fallado de cierta forma.

Sacudió la cabeza. La más refutación más difícil de su vida. No.

La sanadora Lucas apartó los pergaminos.

−Tal vez eso es suficiente por ahora, cariño. Podemos continuar su evaluación después de que haya descansado un poco.

Hermione asintió. Un destello de dolor detrás de sus ojos le robó la habilidad de hablar mientras cerraba de nuevo los ojos.

−Tengo una pequeña dosis de poción somnífera para usted. −dijo la sanadora Lucas, sosteniendo otra poción contra los labios de Hermione. Afortunadamente, el dolor en su cerebro se calmó, aunque el duelo se quedó.

La próxima vez que Hermione despertó, Ginny estaba sentada a su lado. Por un momento, la cabeza de Hermione se tambaleó, atrapada una vez más entre su pasado y su presente, intentando encontrar sentido en la escena frente a ella. Afortunadamente, el leve movimiento de la mano de Ginny descansando contra su estómago le dijo a Hermione todo lo que necesitaba saber. Presente, no pasado. Realidad, no un recuerdo.

−¿Cómo te sientes? −preguntó Ginny, observándola cuidadosamente.

−Felicidades. −logró decir Hermione, ignorando la pregunta. −Harry me contó.

Ginny bajó la mirada hacia su aún plano estómago, su pulgar moviéndose en pequeños y posesivos círculos. Cuando miró de nuevo a Hermione, tenía lágrimas en los ojos. Se aventó hacia delante y capturó a Hermione en un abrazo.

−Nunca quiero tener que volverte a ver despertar en un hospital. ¿Me escuchaste? −susurró Ginny, más una orden que una petición.

Hermione se permitió sonreír, aceptando el sentimiento de calma y seguridad que su amiga le ofrecía.

−¿Acaso usaste tu voz de mamá conmigo?

−Si te mantiene fuera del peligro, absolutamente.

−¿Qué sucedió? −preguntó Hermione después de aclararse la garganta, aún parpadeando algo del suelo de sus ojos y mente. −¿Dónde está Draco?

Todo en la postura de Ginny cambió. Su alivio se transformó en tensión, su alegría en algo cauteloso. Se enderezó en la silla que había movido al lado de la cama de Hermione. Una ruptura comenzó a formarse en el alivio que Hermione sentía, las fundaciones ya debilitadas por los espacios vacíos que aún vivían dentro de su cabeza, y ahora conducían a una fisura bajo el brusco cambio que humor que la rodeaba.

−Malfoy está con Harry. Ellos están… con Theo. Han pasado muchas cosas. Debería llamar a tus sanadores para avisarles que estás despierta. −dijo Ginny, una mano de vuelta a su estómago en un acto de auto consolación. El pavor hizo notar su presencia en los oscuros rincones de la mente de Hermione.

Hermione se inclinó, sosteniendo la mano libre de su amiga.

−Draco primero. −dijo Hermione.

Ginny vaciló solo durante el tiempo que a Hermione le tomó darle su mano un apretón, apenas suficiente presión para decir por favor, necesito esto, antes de que sacara su varita y lanzara un Patronus enviándolo, galopando para encontrar a Draco con un simple mensaje: está despierta.

−Me imagino que el hurón estará aquí pronto. −dijo Ginny con una sonrisa torcida. −Apenas ha dejado la habitación a menos que los sanadores lo obliguen. −una pausa. −O cuando está con Theo.

Ginny se acercó, una forzada sonrisa cubriendo su preocupación.

−Él estaba a punto de romper la puerta de nuevo cuando despertaste la primera vez. Harry apenas logró convencerlo de que otro potencial cargo por asalto no era una buena idea.

Hermione se encontró hundiéndose más en su almohada, sintiendo algo extrañamente tranquilizador sobre la familiaridad de ese comportamiento, por desaconsejable que fuera.

−¿Es algo predecible, no es así?

−Creo que quisiste decir nauseabundo. Atolondrado si me siento generosa, lo que no es así. no has tenido que lidiar con él todo este tiempo. Él ha sido…

Hermione asintió cuando las palabras de Ginny le fallaron. Podía imaginarlo, y solo el puro pensamiento le causó dolor en el estómago. El hecho de que los sanadores hayan hecho los mismos diagnósticos que usaron en enero le sugirieron su preocupación sobre su memoria. Y la idea de que Draco tuvo que soportar la idea potencial de volver a pasar por todo eso causó que la garganta de Hermione se sintiera apretada.

−¿Cuánto recuerdas? −comenzó Ginny al mismo tiempo que Hermione preguntó −¿Cuánto tiempo he estado aquí?

Ambas preguntas se quedaron sin respuesta cuando el sonido de alguien corriendo en el pasillo robó la atención de ambas. Ginny se veía casi divertida.

−Seguro es él. −dijo, dándole un pequeño golpe a la mano de Hermione. −Les daré algo de privacidad.

Ginny se puso de pie y un momento después, la puerta de la habitación de Hermione se abrió con fuerza.

Lo que Hermione notó, de todas las cosas que pudieron haber atrapado su atención, fue que su cabello caía sobre su cara, despeinado por lo que claramente había sido un maratón a través del hospital, jadeando por aire mientras se detenía en la puerta: una distinta repetición de una escena que ya habían vivido antes. Pero ninguna persona de seguridad salió para llevárselo esta vez, y como si él también se hubiera dado de cuenta apenas de eso, Draco se lanzó a través de la habitación en meros tres pasos.

Hermione apenas registró el destello de cabello rojo que salió por la puerta y después la cerró mientras Draco se detenía al borde de la cama. Él la miró con extremo nerviosismo, con frenético alivio, que Hermione casi podía sentir a su propia piel vibrar por su energía. Draco vaciló a mitad del movimiento de tomar sus manos.

−Tus sanadores dicen que sabes el año, que los recuerdas. −dijo. El miedo en su voz era inconfundible. Debajo y entre las palabras lo que realmente preguntó fue: ¿Me recuerdas? La visión de Hermione se llenó de lágrimas.

−Draco. −dijo y su nombre fue toda la prueba que él necesitaba para creer lo que los sanadores ya le habían asegurado. En el siguiente segundo, ya tenía las manos de ella entre las suyas, con la cabeza inclinada sobre ellas y dejando pequeños y reverentes besos contra sus nudillos. Hermione no quería otra cosa mas que correr sus dedos entre su salvaje cabello, ofrecerle su propio consuelo, pero no quería apartar sus manos de él.

Hermione intentó pasar saliva, pero un doloroso nudo en la garganta, con sabor a fracaso, lo hizo casi imposible.

−Aún no recuerdo el resto. −susurró, aplastada por los seis años que por un breve segundo pensó que recuperaría.

−Lo sé, también me dijeron eso. −dijo, levantando su cabeza y mirándola. Aún sostenía fuertemente sus manos y ella no podía culparlo. Había una parte de ella que sentía que dejaría de existir en la ausencia de esa conexión. −Tenemos una teoría. −se detuvo, frunciendo el ceño. −Bueno, Jenkins tiene una teoría pero eso le da mucho crédito y a mi no me importa mucho…

Hermione dejó salir una risa incrédula, las lágrimas que apenas había logrado contener se liberaron al mismo tiempo.

−Te amo. −se atragantó, una parte sollozo una parte risa. Draco ni siquiera lo dudo un segundo, simplemente se acercó más y la abrazó contra su pecho, hundiéndose en el hueco del cuello de Hermione. Enredó una mano en su cabello y otra sobre la cintura de ella, acercándola más. Hermione alternó entre risa inapropiada sobre el comentario sobre Jenkins y dolorosos sollozos sobre, bueno, sobre todo lo demás.

El pecho de Draco se sacudió debajo de ella mientras murmuraba contra su cuello, más que nada palabras ilegibles que Hermione tendría que aceptar por toque más que por sonido. Su voz se escuchaba cruda y casi tan rota como ella se sentía cuando finalmente lo escuchó.

−… no sabía si te había perdido de nuevo.

Hermione lo abrazó con más fuerza. Se volvió deslumbrantemente aparente, de vuelta a este lugar donde todo había comenzado en enero, que nunca podría dejarlo ir. Recuerdos o no.

−Lo siento. −dijo contra su pecho.

Draco soltó su agarre y se alejó, solo lo suficiente para que él pudiera verla a través de las apenas contenidas lágrimas de sus propios ojos.

−Por favor no te disculpes. −dijo, roto. −Estás viva. Y recuerdas el último año que hemos pasado juntos. −tomó un pequeño respiro y le ofreció una sonrisa. −Lo que significa que no tengo convencerte de nuevo que me ames. Aunque para ser honestos, lo habría hecho. Tantas veces como fuera necesario. Pero si por favor podrías dejar de tener lesiones en la cabeza, estaré agradecido.

Hermione rio de nuevo, aún llorando un poco, pero hundiéndose en el confort y seguridad de sus brazos, contra su pecho.

−¿Jenkins tiene una teoría? −preguntó Hermione una vez que el latido de su corazón se tranquilizó lo suficiente para que pudiera escuchar sus propios pensamientos de nuevo. No se le escapó como asignarle el crédito a Jenkins hizo que Draco se tensara, solo una fracción, pero lo suficiente como para que reacción juvenil le sacara una sonrisa a Hermione.

−Basado en lo que sacaron del escombro, sí. −la palabra escombro resonó dentro de ella. ¿Qué se había destruido y que tan malo había sido? −Es una buena teoría, explica todo y nos da algo de… −se detuvo sobre la siguiente palabra, de una forma que Hermione había hecho cada vez que tenía que usarla. −Esperanza. Esperanza real para ti y tu tiempo perdido.

−¿Cómo? −Hermione murmuró la pregunta, su pecho repentinamente se sentía apretado.

Draco alisó lo que ella solo podía imaginar que era un rizo enmarañado y desastroso por el tiempo que había estado confinada en su cama, secándose las lágrimas persistentes mientras lo hacía. Se puso de pie y se trasladó a la silla que había usado Ginny, acercándola aún más a su cama mientras lo hacía. Entrelazó sus dedos con los de ella, apoyando los codos en la cama mientras se inclinaba hacia adelante, llevándose la mano a los labios.

−Antes de potencialmente elevar las esperanzas de ambos, por qué no me cuentas lo que pasó en esa habitación… para confirmar algunas de las suposiciones en las hemos estado trabajando. −dejó otro beso en sus dedo y ella entiendo el acto por lo que era: un intento de tranquilizarla. Porque debajo del gesto de afecto había algo más, malestar manifestándose a través de su frente, flexionando los tendones a lo largo de su cuello, y deslizando pequeñas y cautelosas expresiones a través de su mirada.

−La habitación era un desastre. −comenzó. Un pulso de presión contra sus nudillos incitó a Hermione a continuar. −Creo que minimizaste el nivel de destrucción que logramos, honestamente.

Draco le dio una tensa sonrisa, esperando a que continuara. Si nueva reticencia la hizo dolorosamente consciente del sentimiento de su propio pulso en su cabeza, agitando el aburrido palpitar detrás de sus ojos.

−Pasé algunas horas, si tuviera que adivinar, ordenando todo ahí. Estaba buscando el giratiempo que había confiscado de Theo… −la gentil presión en su mano aumentó. Draco asintió, dejando salir un suspiro.

−Eso pensé. −dijo. No elaboró más.

−La arena estaba por todos lados. −dijo. −Intenté recogerla y contenerla. Dios, sentí que pasé días intentando colocar toda la arena dentro del cristal una vez que encontré el giratiempo.

Draco asintió con sus palabras, cautivado.

−Era obvio que no tenía las herramientas que necesitaba… o mejor dicho nada, para ser honesta. Así que una vez que lo tuve relativamente estable intenté salir de ahí. Quería encontrarte. −Era su turno de intercambiar presión a través de sus unidas manos. Se sentía importante, irrevocablemente importante, que él supiera que quería incluirlo, que había buscado su aportación.

Draco le dio otro beso en los nudillos, su expresión atrapada entre risa e incredulidad.

−La habitación no me dejaba ir. −dijo suavemente. −No giró precisamente cuando intenté abrir de nuevo la puerta, pero… se sacudió, supongo. Asumo que la agitación mezcló materiales y pociones que no deberían ser combinados porque algo comenzó a burbujear… apenas me di cuenta de que estaba sucediendo cuando empezó a salir un humo.

Hermione luchaba por recordar, un eco de esos humos tan nocivos y viles en su mente, nublaban todo. Su visión se inundó con otra pulsación de dolor.

−Había ruidos… −intentó explicar, intentando recordar. −Pops y cracks… creo que supe que estaba en verdadero peligro. Y me di cuenta de que iba a desmayarme de los gases, así que tomé la caja con los trasladores ilegales de Theo y escogí uno.

−Eres brillante. −dijo Draco.

−¿A dónde me llevó? −preguntó Hermione. Había alcanzado el borde de su memoria, todo lo demás regresaba a las luces brillantes y al verde lima.

−La habitación de Theo. −dijo.

−¿Estaba Theo ahí?

Draco dejó salir una risa.

−Hay algunas buenas noticias. −comenzó. −Parece que Theo finalmente se dio cuenta de que Blaise estaba coqueteando con él. Desafortunadamente, tu desmayándote y con una herida en la cabeza en el piso de granito tal vez interrumpió un par de cosas.

−Oh dios. −gimió Hermione, levantando su mano libre para cubrir su boca de la sorpresa, vergüenza y genuino arrepentimiento.

−Eso fue hace casi tres semanas. Usar crece huesos en la cabeza es algo muy lento y peligroso. −continuó Draco. −Theo te trajo aquí, Blaise fue a buscarme al departamento. Harry ya estaba ahí, buscando entre el escombro.

El estómago de Hermione se cayó.

−¿De qué escombro hablas? ¿Qué sucedió?

−Casi todo el departamento está destruido. Hubo una explosión dentro de la habitación de huéspedes, solo los bordes de la habitación sobrevivieron. Nuestras protecciones lo pudieron contener a solo nuestro departamento, aunque Harry dijo que tuvo que hacer algunos Obliviate de emergencia.

−¿Y Harry estaba ahí? ¿Justo después de que pasó?

Draco hizo una mueca y un gemido fastidiado.

−Intentó buscarte después de que salió del trabajo, estaba preocupado por ti. Cuando no te encontró, puso un rastreo en nuestras protecciones porque tenía un presentimiento. −La burla en el tono de Draco podría haber sido divertida en otra conversación. −Sospechas de Auror y todo eso. −Draco continuó, rompiendo el contacto con su mano para hacer un gesto como si eso explicara los motivos de Harry. −Así que él supo tan pronto como tú te apareciste ahí. Pareciera que pasaste horas ahí pero Harry llegó justo después de que tu lo hiciste. Y para cuando llegó, el departamento ya estaba en llamas.

Hermione pudo sentir de nuevo a las lágrimas de culpabilidad.

−Merlín, lo que debió de haber pensado…

−Blaise apareció poco después que él así que no tuvo que pensar que estabas ahí por mucho tiempo. Yo llegué unos minutos después. Había estado terminando mis pociones para poder seguirte. −Se detuvo, forzando el contacto visual de una forma que le dijo que siempre la seguiría.

−Me aparecí en nuestra sala de estar. En llamas. −terminó. −Potter salvó mi jodida vida, literalmente. Ahora ya son dos veces que me salva de quemarme vivo.

−Y estoy segura de que estás extremadamente complacido con eso. −dijo Hermione jugando, pero se inclinó para tocar su rostro, trazando afortunadamente piel sin quemar, agradecida de una forma que no podía describir con Harry Potter. Sentía que iba a llorar de nuevo pero no estaba segura de tener la energía para hacerlo. Quería sentirse feliz, sentirse aliviada, para desvanecer la creciente culpabilidad hacia algo remoto e inalcanzable: tal vez a los espacios vacíos dentro de su cabeza. Al mismo lugar donde había escondido el pavor que continuaba empujando y pinchando a su consciencia. Incluso ahora, podía sentirlo. Aún le tenían que decir algo que ella no sabía.

−¿Entonces cuál es la teoría? −preguntó Hermione, dejando caer su mano para sostener de nuevo la de Draco, intercambiando confort por fuerza, viajando entre ellos de la misma forma que antes. −Estaba pensando en la idea de que cuando giramos la habitación activamos el giratiempo de Theo para seis años y que eso interactuó con lesión en la cabeza poco después ese mes, lo que causó que perdiera un lapso específico de tiempo.

Draco se sentó en su silla, arrugas en las esquinas de sus ojos, sonriendo con lo que parecía tremendo orgullo.

−Claro que tú ya lo descifraste casi todo. −dijo al final de una leve risa, mirándola con abierto asombro y adoración. −Le tomó a Jenkins casi una semana y eso fue después de leer el reporte inicial de los Inefables y de que yo le recordara mi última conversación contigo tenía que significar algo si te habías ido con tanta prisa.

−¿Y dices que hay esperanza? ¿Para recuperar mi tiempo? −respirar se volvió algo extremadamente difícil mientras esperaba.

−El Departamento de Misterios ha estado estudiando el giratiempo de Theo. Estaba… sorprendentemente intacto después de la explosión. Las modificaciones de Theo habían cambiado el alcance de la cantidad de tiempo que podía afectar, lo que era la razón por la trabajaba en años, no horas. Yo… tengo un reporte completo para que lo leas cuando estés lista, pero estamos bastante seguros de que solo necesitas ponerte al día.

La mano de Hermione comenzó a temblar en la suya, un inminente sentido de descubrimiento sacudiendo sus nervios. Apenas podía contener la anticipación corriendo por su cuerpo.

−¿Eso que significa, Draco?

−Esencialmente tu cerebro viajó seis años en reversa, ciertamente casi separando recuerdos de los últimos seis años para construir nuevos. Pero los Inefables y Jenkins también… están bastante seguros de que una vez que vivas los seis años hacia adelante, cuando tu cerebro te alcance, por así decirlo, la separación y supresión ya no será necesaria y…

−Recordaré. −el aire que llevó las palabras apenas escapó la violenta contracción de su garganta.

−Eso creen. −se detuvo. −Yo también, he leído el reporte. Es… buena lógica dejando de lado los componentes mágicos.

Ya no pudo suprimir las lágrimas.

−Me gusta la lógica.

Draco rió, con ella, por ella.

−Lo sé, amor.

−Entonces… −comenzó, forzando las palabras a través de una garganta determinada a estrangularla. −¿Todo lo que tengo que hacer es esperar? ¿Hasta enero del 2013?

Draco asintió. Seis años, de cerca, se sentían como toda una vida. Pero a distancia, no eran nada.

−Puedo hacer eso. −dijo, superada por el resurgimiento de la esperanza dentro de su pecho, floreciendo en un campo que ella había esperado destruir y quemar en la ausencia de otras opciones. En su lugar, encontró vida ahí, posibilidades, esperanza.

Draco se inclinó, finalmente besándola después de lo que ella imaginó había sido un ejercicio olímpico de paciencia y autocontrol, dándole tiempo para procesar, dándole las respuestas que necesitaba más de lo que ella lo necesitaba en ese momento.

−¿Dónde carajos está mi mejor amiga? −una voz demandó.

Draco se alejó, frunciendo el ceño, mientras inclinaba la cabeza hacia la puerta. Hermione observó también, casi preguntándose si había imaginado el disturbio debido al misterioso silencio que siguió.

−No me vas a detener, comadreja, te voy a lanzar un hechizo. −la voz chilló de nuevo. Hermione tuvo que agarrar el brazo de Draco para no temblar de la repentina carcajada que salió de ella.

La puerta de la habitación se abrió con fuerza, revelando a una lívida Pansy Parkinson, de alguna manera aún con su inmaculada apariencia a pesar de la ferocidad de su entrada.

−Dejen los arrumacos, este es mi momento Draco. −comenzó Pansy, inmediatamente invitándose sola a la habitación, posicionándose al pie de la cama.

Draco, quien había estado sobre Hermione, aún en rango para un nuevo bombardeo de besos, realmente siguió las órdenes y se alejó, sentándose en la silla a su lado con una divertida sonrisa en su cara. −Claro que sí, Parkinson, ten tu momento con mi esposa.

Pansy bufó.

−Dijeron que no habías olvidado lo demás. −dijo. −Pero solo para estar segura y por si las dudas, porque no pienso esperar otros seis malditos meses, tú eres mi mejor amiga y yo soy tu segunda mejor amiga si no incluimos a Draco o a Potter, lo que obviamente no hago. Así que, no tienes permitido desaparecer de nuevo, ¿de acuerdo? −Pansy terminó y bufó de nuevo, cruzando los brazos frente a ella.

Draco no hizo un buen trabajo de suprimir su risa. E incluso Hermione se encontró a los músculos en los bordes de sus labios retorciéndose contra el instinto de reír. Pero además de la obviamente absurdo de todo lo que tenía que ver con Pansy Parkinson, había algo desamadoramente sincero sobre su diatriba que Hermione, ya agotada de sus emocionales subidas y bajadas del día, casi quería llorar de nuevo.

−Pansy. −dijo. −Sé que soy tu mejor amiga. Y si no estamos incluyendo a Draco o a Harry, o probablemente a Theo también… −Pansy la interrumpió con un "los penes no cuentan" que casi rompió las pocas neuronas que le quedaban a Hermione. −Entonces es justo decir que estás empatada como una de mis dos mejores amigas.

Pansy la miró confundida por un segundo antes de dejar salir un pequeño jadeo. Entonces vino la enorme y satisfactoria sonrisa.

−Oh, excelente. −exclamó antes de detenerse. −Bueno, entonces ya me siento mejor, Granger. −dijo, girándose para irse. −¡Comadreja! −gritó en el pasillo mientras abría la puerta para irse. −¿Sabes que es lo que Granger acaba de decirme?

Draco aún tenía la boca presionada, intentando sofocar la diversión mientras la puerta se cerraba detrás de la producción conocida como Pansy Parkinson. Tenía las cejas arqueadas, mirándola con abierta diversión.

−Tal vez quieras echarle la culpa a tu lesión en la cabeza en el futuro. −le advirtió.

Hermione suspiró.

−Me sentía generosa. −cerró los ojos, pagando sus deudas emocionales con dolor físico. Ni siquiera la interrupción de Pansy podía evitar el dolor que invadía la mente de Hermione.

Recuerdos.

−¿Crees que los recupere? −preguntó con los ojos aun cerrados.

−Sí. −dijo Draco y la confianza en su tono la confortó, mejor que la raída versión prevista por el hospital. Este era un confort que no sabía que necesitaba. Era agradable dejarlo cargar algo de su esperanza por ella, y que le diera dosis cuando fuera necesario.

−¿Cuándo podré irme de aquí? −preguntó, perdida en la bendita oscuridad de los ojos cerrados y la suave presión de la mano de Draco en la suya.

−Puedo ir a investigar mientras duermes. −dijo. −Nos quedaremos en la Mansión Nott mientras los Aurores terminan la investigación y restauran lo que quedó de nuestro departamento.

Ni siquiera la preocupación de lo mucho que su hogar había sido destruido fue capaz de sacar a Hermione del tiro que le hacía el sueño a su consciencia, ofreciéndole alivio de las luces brillantes y los dolores de cabeza.

Apretó la mano de Draco, sintiendo como los huecos vacíos se llenaban con nueva esperanza.

−Tendré que disculparme con Theo por arruinarle el momento. −murmuró entre una cansada risa.

La tensa presión contra la mano de Hermione regresó. Abrió los ojos, sintiendo el cambio de inmediato.

−Theo no está aquí. −dijo Draco, su voz tensa. Hermione podía verlo sosteniendo sus palabras, una clase de incertidumbre en sus ojos mientras decidía sobre si debería o no verbalizar lo que venía después. Frunció el ceño y corrió una mano por su cabello, alejándolo de su frente.

Finalmente, habló.

−Ha sido arrestado.

La cabeza de Hermione giró, el dolor moviéndose dentro de su cabeza con fuerza mientras ella se enderezaba demasiado rápido.

−¿Ha sido qué? −preguntó entre una mueca y un jadeo. Necesitaba otra poción para el dolor. ¿Quién sabría que pisos de granito, giratiempos experimentales y luces brillantes de hospital podían causar tanta destrucción dentro de la cabeza de una persona?

−También me arrestaron un par de días, por posesión de un dispositivo de tiempo ilegal. Y parecía que también te arrestarían a ti. Estaban lanzando todo tipo de cargos… creo que el hecho de que eres, bueno, tú fue la única razón la cual lo debatieron.

−Theo se entregó, dijo que lo había escondido en nuestro departamento después de que le pusimos las protecciones a la habitación. Nos cubrió a ambos.

Los dedos de Hermione se retorcieron en la manta de su cama, deslizándose a través del delicado patrón de puntas, enredándose en algo tangible para ocupar sus manos.

−¿Está en Azkabán? −preguntó.

Draco sacudió la cabeza.

−Aún está en Departamento de Seguridad Mágica. Potter está trabajando en eso. Le di carta blanca para que usara la carta de "Soy Harry Potter" tantas veces como lo necesitara y que nunca lo mencionaría de nuevo. −debajo de su falta de seriedad había preocupación real. Hermione giró la manta en su puño.

−Él no se merece esto. −susurró Hermione, necesitando lágrimas esta vez y sin encontrarlas. Se había secado, un doloroso desierto de culpa y preocupación.

−No, no lo merece. −concordó Draco.


Ocho días.

La sanadora Lucas dio de alta a Hermione de San Mungo hace ocho días con un estado de salud bueno pero frágil y un nuevo plan que más menos se resumía en "se paciente por un poco más de cinco años". Y durante esos ocho días, Theo continuaba en el Departamento de Seguridad Mágica esperando que se presentaran los cargos formales. Harry era el único que le daba algo de esperanza en la situación con su habilidad de mantener a Theo atrapado en la máquina administrativa del Ministerio que luchaba por ponerse de acuerdo en los cargos hacia el acusado. Ser Jefe del Departamento de Aurores definitivamente tenía sus privilegios.

Lo que significaba que Theo estaba atorado, tres pisos arriba de la miserable oficina de Hermione donde apenas podía concentrarse en un solo reporte de las montañas que debía revisar. Solo con otra lesión que amenazó su vida y que la mantuvo una semana en el hospital que su trabajo finalmente fue apreciado. Su jefa, evidentemente, no había disfrutado tener que revisar reportes en la ausencia de Hermione.

Hermione revisaba, se preocupaba, corregía errores, se preocupaba más y enviaba cada reporte volando de su pequeña oficina con una velocidad agresiva tan pronto como terminaba con ellos. Y entonces se congeló, con el corazón en la garganta, mientras el siguiente reporte de entre las masas.

El registro de arresto temporal de Theo, pendiente de cargos oficiales y procesamiento. En el escritorio de Hermione estaba toda la base legal que mantenía a Theo detenido: encontrando su camino para una final y servil revisión. Por un momento, todo lo que Hermione podía escuchar era la sangre corriendo por sus orejas y el palpitar de su corazón contra sus costillas. El rostro de Theo le sonreía desde la foto de su arresto, viéndose casual y desinteresado y fastidiosamente atrapado entre irreverencia y benevolencia. Quería golpearlo por su completa falta de sentido de supervivencia.

En un momento hizo una nota para Harry y tan rápido como pudo lanzó el hechizo que enviaría la nota de papel volando. Hubiera llamado también a Draco si tan solo hubiera una manera rápida y discreta de contactarlo en su tienda. Pero considerando la dirección en que sus pensamientos se habían movido, quería atraer la menos atención posible hacia ella.

Hermione observó el archivo mientras esperaba a que Harry bajara los tres pisos entre sus oficinas. Apenas y podía respirar mientras leía, mitad convencida que la expansión de sus pulmones finalmente rompería sus costillas: posesión de un dispositivo de tiempo ilegal, manipulación de un dispositivo de tiempo ilegal, distribución de un dispositivo de tiempo ilegal y todo bajo el título anunciando sus relaciones familiares con Mortífagos como si ese hecho ya no fuera lo suficientemente malo.

Hermione se preguntó si así era como se veían las aplicaciones de Draco para Hogwarts, una lista de irrelevante información opacada por su pasado. Saltó ante el sonido de Harry tocando la puerta.

−La nota sonaba urgente. −dijo, entrando y cerrando la puerta detrás de él.

Si Hermione pensó que los últimos ocho días habían sido difíciles para ella, entonces para Harry debieron ser una pesadilla. Se veía que no había dormido en esos días, con grandes y oscuros círculos bajo sus ojos a pesar de que sus anteojos los oscurecían parcialmente de la vista. Su desordenado cabello había crecido aun más, saltando en ángulos tan absurdos que Hermione se preguntó si tan siquiera se molestaba en peinarlo en las mañanas. Se había entregado de todo corazón y de cabeza para ayudar a su amiga, ayudando al amigo de Draco, a pesar de sus reservas personales. Porque eso era lo que veía con la carta de Soy Harry Potter: inquebrantable lealtad y acción incuestionable. Hermione no podía amarlo más aunque lo intentara.

Le entregó el reporte para que lo viera.

Casi no tuvo respuesta. Solo tomó el pergamino, sus ojos leyendo el reporte.

−Sí, este es el reporte del arresto. ¿Qué pasa con él, Mione? −Harry se sentó en la silla del rincón. −Ya estoy usando cada tecnicismo que puedo encontrar para demorar sus cargos y transferencia a Azkabán, incluso si él es la razón por la que casi mueres en esa habitación. Dos veces.

−Honestamente no puedes culparlo, Harry. −dijo Hermione, poniéndose de pie y tomando el reporte de sus manos. −Draco y yo arruinamos esa habitación con magia experimental, la interacción con el giratiempo fue un mero accidente.

−El giratiempo no debió estar ahí en primer lugar. −le respondió, con voz baja. −¿Tienes alguna idea de en cuantos problemas que pudiste haber metido por esconder eso?

−Probablemente menos que cuando robé un banco contigo, Harry Potter. −respondió Hermione con su mejor expresión de ahora no es el momento de hacerme enojar. Harry se hundió más en su silla, tal vez apreciando un pequeño momento de poder alejarse de su oficina y tener la oportunidad de liberar algo de la tensión que llevaba en sus hombros.

−¿Qué clase de error tiene que haber en este reporte para invalidar los cargos? −preguntó Hermione, sentándose en su escritorio y mirándolo con una expresión blanca e intachable. Podría fácilmente haber preguntado por el clima con el tono que había usado.

Harry parpadeó. Se quitó los anteojos de su cara y corrió una mano por ella.

−No hay nada clerical que pueda hacer que se vayan los cargos. Ya lo investigué. −dijo Harry y cerró los ojos mientras masajeaba su mandíbula.

Los pensamientos de Hermione corrían por su cabeza a una velocidad imposible, conjurando, ordenando y descartando ideas al tiempo que llegaban a ella.

−¿Y si se no se presenta ningún reporte? ¿Eso podría violar la validez de su arresto extendido, no es así?

−Yo mismo hice el reporte, Mione… oh. −atrapó el significado de lo que quería decir mientras ella sacaba su varita.

Hermione se detuvo, dándole la oportunidad de discrepar. Harry movió la mano en resignación.

−Hazlo. No tengo mejores ideas. Tengo un récord impecable y soy jefe del departamento. Un arresto fallido no será el fin de mi carrera. −Se veía casi agradecido de tener una opción.

Hermione le prendió fuego al reporte sin decir otra palabra, mirando como se quemaba, marchitaba y se convertía en cenizas en el escritorio frente a ella.

Harry se puso de pie.

−Es bueno que el Ministerio no haya descubierto como archivar electrónicamente. La redundancia muggle hubiera hecho eso mucho más difícil.

−Gracias, Harry. −dijo Hermione, levantándose para darle un abrazo. −Eres un amigo asombroso.

−Él estaba dispuesto a ir a Azkabán por ti. −dijo Harry en respuesta, una clase de incredulidad coloreando sus palabras.

−Lo estaba.

−Y tú rompiste la ley por él.

−Tu ayudaste. −añadió.

Harry sacudió la cabeza pero tenía una pequeña sonrisa en las esquinas de sus labios.

−Bueno, iré a tirarme frente al autobús. −dijo. −Tal vez sea suficiente para que lo liberen hoy.

Hermione se acercó.

−Yo… Harry. En serio, gracias. Sé que tú no tenías que hacer nada de lo que hiciste por Theo. Así que… gracias. Por hacerlo por mí y por Draco.

Harry asintió, humilde de la única forma en que Harry podía serlo.

−Sólo asegúrate de que Nott sepa que si vuelve a tocar un giratiempo de nuevo yo personalmente lo llevaré a Azkabán.


Hermione colapsó en lo que probablemente era un antiguamente obsceno sofá en la Mansión Nott, envuelta en los brazos de Draco, tan pronto dio salió de la Red Floo.

−¿Has sabido algo de Harry? −preguntó, su voz apenas un suspiro mientras Draco la envolvía contra su pecho, acariciando sus rizos, respirando su cuello.

−Nada aún. −dijo Draco. Levantó una mano para alejar su cabello de un lado de su cuello, exponiendo la piel que podía explorar.

Hermione se permitió cerrar los ojos, rodeada de algo que no era su nueva, siempre presente ansiedad por Theo. Y por la forma en que las manos de Draco se abrían camino por su piel con un tipo urgente de presión, probablemente él también buscaba confort en la misma cosa. Hermione se arqueó contra él mientras una de las manos de Draco le robaba la respiración por el simple hecho de deslizarse debajo del dobladillo de su falda. Estos ocho días desde que la habían dado de alta de San Mungo no habían sido más que una neblina en dos partes: miedo por Theo y amor por Draco.

Las compuertas, las barreras y las cavernas en su cabeza; todas se sentían tan insignificantes cuando finalmente dejó de intentar entenderlas y simplemente aceptó que algunas cosas de su vida podrían ser instintos. Y cada instinto en su cuerpo vibraba bajo la alabanza y toque de Draco.

Sentía que no pesaba nada sin el agotamiento de todo su esfuerzo: esfuerzo por analizar cada sentimiento que tuviera por Draco, esfuerzo por revelar cada misterio de sus recuerdos, esfuerzo por tomar y salvar cualquier cosa que encontrara de su pasado. En la ausencia de todo ese esfuerzo, solo le quedaba aceptarlo. ¿Solo cinco años y el potencial de recordar? No se sentía como tanto tiempo con las manos de Draco ancladas en sus caderas, o sus labios presionando un beso en la sensible línea de su cuello entre la garganta y la clavícula, o con la promesa de su compañía para crear etiquetas en todos sus vacíos hasta que ella pudiera tener los recuerdos para llenarlos de nuevo.

Y si enero del 2013 llegaba y se iba sin las relevaciones que ella esperaba, no estaría sola para averiguar que hacer después. Así que por ahora, el tiempo que tenía con él sería suficiente.

−Y en mi maldita casa. −vino la voz de Theo: sorprendida, horrorizada y distintivamente en la misma habitación que ellos.

Hermione saltó del sofá donde las manos de Draco habían arrugado su ropa y la dejaron viéndose desaliñada. Se lanzó hacia Theo, envolviendo sus brazos alrededor de él con toda la fuerza que le fue posible. Theo se veía sorprendido, inseguro de qué hacer con sus manos. Su cuerpo entero se tensó, pero ella no desistió.

Draco apareció detrás de ellos momentos después, dejando caer una mano en el hombro de Theo mientras Hermione se negaba a dejarlo ir, una represa de lágrimas llena y casi a punto de estallar en sus ojos.

−¿Puedo tener un minuto con Granger? −preguntó Theo.

Hermione finalmente rompió el abrazo, a tiempo para ver a Draco asentir y desaparecer en los laberintos que eran los pasillos de la Mansión Nott.

Theo inmediatamente se alejó y comenzó a pasear. Hermione ni siquiera lo había observado detenidamente. Pero ahora, viéndolo pasear de un lado a otro con ropa arrugada y viéndose un poco más pálido y un poco más delgado en comparación con su usual apariencia, su corazón se encogió por él. El sentimiento familiar de que sus costillas se iban a quebrar, amenazando con expandir el daño.

Theo se detuvo, se giró hacia ella y luego todo su porte se desmoronó. Se giró de nuevo, comenzó a pasear otra vez y se detuvo detrás de un sillón. Golpeó un puño contra el respaldo, evadiendo el contacto visual.

Hermione intentó dar un paso hacia él pero Theo dio un salto y comenzó a pasear de nuevo. Corrió una mano por su corto cabello e hizo un sonido estrangulado, algo así como una tos que había intentado embotellar en sus pulmones.

Toda su energía nerviosa explotó cuando finalmente se giró hacia ella por tercera vez.

−Lo siento tanto, Granger. −dijo, su voz atorándose en las vocales de su nombre. Se inclinó hacia delante, encontrando estabilidad en el respaldo del sillón. −Pudiste haber muerto. −logró decir. −Te pude haber matado. −no había nada de su genialidad y colecta confianza que había visto en la foto de su arresto.

−No te culpo, Theo. −le dijo, intentando hablar suavemente pero con tanta convicción como pudiera cocer en la tela de su significado.

−Deberías. Joder, claro que deberías. −ya no la estaba mirando.

Hermione se puso en su línea de visión, forzando el contacto visual.

−Esto no está a discusión, Theo. Ni Draco ni yo te culpamos por esto. Lo que estabas dispuesto a hacer por nosotros… −era el turno de que las palabras de Hermione la alcanzaran.

−No, no. Tú no puedes estar preocupada. Yo soy el que debería estar preocupado. −lamentó Theo, algo de su pánico mezclándose bajo el confort de un tono más juguetón.

−¿Cómo puedo convencerte de que te perdonamos?

Theo pareció considerar su pregunta por un tiempo antes de dejar salir una risa nerviosa.

−Supongo que podrías llamar a tu primer hijo como yo.

Theo se acercó al frente de la silla que había estado agarrando en busca de apoyo, y se dejó caer en ella con el mismo volante practicado que Hermione había llegado a amar en el último año. Hermione caminó hasta el sofá adyacente y se sentó, metiendo las piernas debajo de ella. Theo todavía parecía que una brisa fuerte podría hacer que cayera, pero podía ver el esfuerzo por recomponerse.

−¿Es Theodore el nombre de alguna constelación que no conozco? −preguntó Hermione, intentando acercarlo más al parecido humor de Theo.

−¿Pensando en nombres de bebé, huh?

Hermione se encogió de hombros, dándose cuenta de la implicación que acababa o no de admitir.

−Bueno, si estamos planeando en desmantelar la mayoría de las tradiciones centenarias de la familia de Draco, supongo que mantener un tonto esquema de nombres no es la peor de continuar. Es bastante benigno, considerando todo.

−Draco es un nombre tonto y lo sabes. −dijo Theo.

Hermione le lanzó un cojín, pero no pudo evitar sonreír, sintiendo que había encontrado a Theo de nuevo.

Theo se veía perdido de nuevo en sus pensamientos. Hizo otra oferta.

−Estaré dispuesto a aceptar el puesto de padrino del bebé.

−Tendrás que esperar para el segundo. Harry se sacrificó para salvarnos a todos esta vez. −Hermione entonó su mejor sonrisa torcida inspirada en Draco.

−Haces una apuesta bastante dura para ser una Gryffindor. −dijo Theo.

−Y tú eres increíblemente valiente, inteligente y leal para un Slytherin. −respondió Hermione, dejando de lado su broma y optando por algo más sincero.

Theo pareció considerar el repentino cumplido, su barbilla descansando en el brazo que había recargado en la silla.

−¿Quieres saber un secreto, Granger?

Hermione sonrió.

−Por supuesto.

−La única razón por la cual yo terminé en Slytherin fue porque rogué ser puesto ahí, prácticamente le grité al sombrero en mi cabeza. −se detuvo, atrapado en un recuerdo. −Mi padre nunca me hubiera perdonado si me hubiera puesto en otra casa.

−¿Dónde quería ponerte? −preguntó, pensando sobre su propia experiencia y donde casi terminó en Ravenclaw.

−Información privilegiada como esa es una arma para apostar, Granger. No te daré eso gratis. Tampoco soy completamente mal adaptado para mi casa, sabes.

Hermione se inclinó repentinamente, sosteniendo su mano libre en la suya.

−Estoy feliz de conocerte, Theo. −dijo, sintiéndose un poco emocional.

Theo apretó su mano.

−Y yo también estoy feliz de conocerte, Granger. Y hasta estoy dispuesto a dejar que tú y Draco vivan permanentemente aquí porque me agradan mucho.

Hermione rió.

−Nuestro departamento está casi terminado, deberías considerarte afortunado de que ya nos encontrarás en posiciones así otra vez. Además, tú solo quieres quedarte con Crookshanks.

−Culpable. −admitió Theo. −Pero por favor no me entregues por secuestro de gatos. Una encarcelación fue más que suficiente.

Hermione rompió en risas, seguida por un río de sorpresivas y estresadas lágrimas.

−¿Demasiado pronto? −preguntó Theo.


−¿Potter en serio no te dijo por qué quería estar aquí? −preguntó Draco mientras Hermione se aparecía de su brazo en la banqueta afuera de su departamento.

−No le pude sacar ni una palabra. −admitió Hermione mientras Draco sostenía la puerta del edificio para ella. Estaba siendo aprensiva de una forma en que no lo había sido hasta que llegaron a la calle del edificio. No había visto el daño hecho al departamento, pero escuchó lo suficiente. Los servicios de restauración debieron haber reparado cualquier daño estructural y debieron de haber hecho de nuevo habitable el lugar. Pero sus pertenencias, los recuerdos que había pasado meses construyendo en ese departamento, se habrían ido, salvo por los bordes de su habitación donde la explosión no alcanzó a llegar.

En su piso, Hermione vio a Harry y Ginny esperando en la puerta de su departamento. Hermione saludó a sus amigos con un abrazo. Draco le ofreció a Harry un firme saludo de mano y, para la gran sorpresa de Hermione, un amistoso beso en la mejilla para Ginny.

−¿Qué, no insultos? −preguntó Hermione, mirándolos sorprendida, esperando insultos sobre facciones puntiagudas o cabello ofensivamente rojo.

Harry rió.

−No lo hacen cuando Ginny está embarazada. Aparentemente Draco se niega a insultar a una mujer embarazada.

La mirada de Hermione se movió de Draco a Ginny y luego de nuevo a Draco. Él simplemente se encogió de hombros.

−Me da nueve meses para trabajar en nuevo material. −dijo con sus manos casualmente en sus bolsillos y un no tan discreto giño hacia Ginny, quien solo rodó los ojos.

Harry evidentemente no tenía paciencia para lo que sea que fueran los rituales extraños de sus esposos y en su lugar sacó una llave de su bolsillo.

−Tenemos un regalo para ustedes, un regalo de bienvenida. −dijo, una sonrisa creciendo junto con un brillo travieso en sus ojos.

−¿Cómo demonios tuviste tiempo para eso, Harry? −preguntó Hermione mientras él metía la llave en la cerradura. Harry giró la manija, deteniéndose mientras abría la puerta solo lo suficiente como para darle un toque de emoción al pasillo.

−Me encargo de todo un departamento en el Ministerio y en unos meses Gin y yo seremos superados en número por nuestros hijos. Nunca volveré a dormir, esto es solo práctica.

Y con eso, abrió completamente la puerta.

Draco entró primero, boquiabierto.

Hermione lo siguió, una mano cubriendo su boca.

−Es ese… −comenzó.

Ginny rió desde el pasillo detrás de ellos. Harry de hecho se carcajeó.

−Ese es el sofá. −dijo Harry entre risas y pausas. −La antigua reliquia Malfoy de Hermione.

Todo el departamento estaba vacío por lo que Hermione podía ver, aparte del sofá, de alguna manera en el mismo lugar donde siempre había estado, despidiendo solo ligeramente un olor a quemado.

Ginny hizo una especie de jadeo en el fondo.

−Creo que todavía puedo sentir las resacas con las que desperté en esa cosa.

Hermione guardó esa oración para otra ocasión; definitivamente necesitaba más clarificación sobre esa historia.

La boca de Draco seguía abierta.

−Nos dijeron que la mayoría de nuestra propiedad explotó o se quemó. −dijo Hermione en forma de pregunta. Para realizar un hechizo de restauración se necesitaba una porción substancial del material original.

−Pasé mucho tiempo supervisando la investigación original después del accidente. Encontré un pedazo decente de marco, supuse que encontraría lo suficiente para restaurarlo. −Hermione se giró para ver a Harry, sorprendida. No sabía si él se había dado cuenta de lo gigantesca que debió ser esa tarea, seguramente sí, después de todo lo había hecho. Pero de igual manera, lo decía como si no fuera nada.

−Pero… −comenzó Draco a través de su conmoción. −¿Por qué es rojo?

Harry se dobló de la risa. Ginny le dio un apretón en el hombro, buscando apoyo mientras se reía también. Incluso Hermione luchó por morirse de la risa.

−Eso. −dijo Harry. −Es algo de más fino terciopelo que el dinero puede comprar, Blaise Zabini de todas las personas me ayudó a importarlo de Italia. Estaba bastante entusiasmado de ayudar, de hecho. Desafortunadamente, la tela original se arruinó y no tuve otra opción más que reemplazarla.

Draco ya había sacado su varita, pero Hermione se movió, la risa aun haciéndole cosquillas como pequeños pinchazos de luz. Se puso entre su esposo y el sofá, deslizando sus manos por el brazo izquierdo de Draco: desde bíceps hasta su antebrazo hasta su muñeca hasta sus dedos, alejando su varita y regresándola a su bolsillo.

−Es de mi entendimiento que este mueble es de mi propiedad. −dijo, con una enorme sonrisa. −Y yo no lo llamaría rojo. Es más como un inofensivo borgoña. −Se giró hacia Harry y Ginny, quienes intentaban contener la risas y se intercambiaban miradas conspiratorias. −Lo amo, gracias. −les dijo.

−Y Malfoy parece que me lanzará un hechizo, así que ya nos vamos. −Harry respondió con una fácil sonrisa, envolviendo su brazo alrededor de Ginny. Hermione aún tenía sus dedos entre los de Draco, deteniendo cualquier hechizo de cambio de color que el estuvo a punto de lanzar a su nuevo y encantador sofá Gryffindor.

Los ojos de Draco se movieron del sofá al resto del vacío departamento, hacia donde Harry y Ginny estaban de pie. Sus dedos pulsaron contra los de Hermione por un segundo antes de que hablara.

−Gracias, Potter. −dijo. −Por esto. Y Theo. Y por sacarme de aquí mientras estaba en llamas. Eres irritablemente bueno en eso de salvar el día.

Harry asintió.

−Estoy feliz de ayudar, Malfoy. −le ofreció otra mirada llena de conspiración a Hermione antes de lanzar la llave en su dirección, la que Draco atrapó con facilidad, incluso con su mano derecha. Cuando Hermione miró de nuevo, Harry y Ginny ya habían cerrado la puerta detrás de ellos, y un suave crack anunció que se habían aparecido.

Hermione se giró hacia Draco, envolviendo sus brazos en su cintura.

−Todos mis libros. −susurró contra su camisa, tomando un silencioso momento para lamentarse por el vacío de su departamento. Draco rio contra su cabeza.

−Lo sé. −dijo, sonando casi tan decepcionado como divertido. −Los míos también. Aunque tu copia de El Conde de Montecristo sobrevivió, estaba en mi buró junto a la cama.

Era una cosa pequeña que se sentía enorme. O tal vez era algo enorme que se sentía minúsculo. De cualquier forma, Hermione lo abrazó con más fuerza, agradecida de aún tener algunas cosas preciosas como estas en su vida.

−Y piensa en todo el espacio que tenemos ahora. −continuó Draco, sus manos moviéndose de arriba abajo en la espalda de Hermione mientras la sostenía. −Todo este espacio vacío que podemos llenar con lo que queramos.

−Como recuerdos. −suspiró Hermione. −Y niños.

−Solo cuando estés lista. −dijo Draco, dándole un beso en la cabeza, silenciado por su cabello.

−¿También sobrevivió mi buró? −preguntó, mirándolo.

Draco parpadeó, claramente confundido por su pregunta.

−Sí.

−Entonces ahí está mi agenda. −dijo, sintiendo como algo de su coraje vacilaba. Bajó su cabeza y la recargó contra su pecho.

Las manos de Draco se dejaron de mover en su espalda.

−Sí la dejaste ahí, entonces sí, supongo que sí. −Su oración sonaba como una pregunta que estaba intentando descifrar en su cabeza.

−Tenía algunas cosas planeadas para esta semana. −dijo.

−¿Oh? −preguntó, una capa de cautela alrededor de esa sola palabra.

Hermione conjuró la pequeña libreta de piel. Se alejó un poco de Draco para encontrar las páginas de esa semana, páginas que había visitado solo unos días antes de que lograra hacer explotar todo el departamento. Porque incluso entonces, hundida en las profundas trincheras de su desacuerdo sobre sus recuerdos y comenzando a prepararse para entrar a tierra de nadie, Hermione ya había comenzado a planear las posibilidades.

Sostuvo el libro abierto, y se lo dio a Draco.

En tinta roja, escrito por su propia mano y subrayado para darle énfasis estaba una sola palabra: sexo.

−¿Planeaste sexo? −preguntó Draco, con la misma cautela cubriendo cada una de sus palabras, cuidadoso y contenido y tan obviamente sofocando su esperanza que casi hizo que Hermione quisiera reír.

No respondió. Solo lo miró, arqueando las cejas tan imperiosamente como pudo.

−¿Estás segura? −preguntó, algo de su cautela vacilando.

−Lo estoy. −dijo, moviendo sus manos de su cintura a su cuello, demandando un beso.

Y el obedeció, brevemente, antes de levantarla del piso sin esfuerzo alguno mientras la llevaba hacia su nuevo y restaurado sofá de terciopelo rojo. Hermione no pudo evitar la risa que escapó de ella mientras la dejaba en el sofá, ya hundiéndose encima de ella, besando su mandíbula.

−¿Qué? ¿Aquí? −preguntó, indecisa entre reír más o quitarle la ropa de una vez.

−¿Ves otro mueble? −preguntó con una sonrisa familiar. Hermione rio de nuevo, amando la tranquilidad de ese momento, olvidando las cosas que había olvidado y pensando solo en el futuro.

Una vez, en un viñedo italiano con sus manos sobre su piel, encendida por lo que se sentía como una estrella encendiendo su corazón y bombeando deseo por sus venas, pensó en como juntos podrían hacer una constelación.

Ese día, en ese lugar, lo hicieron.


Hello!

Bueno, pues aquí les presento el último capítulo de esta preciosa historia. Antes de que entren en pánico, aún falta el epílogo.

Cuál fue su parte favorita? La mía fue el final, "Una vez, en un viñedo italiano con sus manos sobre su piel, encendida por lo que se sentía como una estrella encendiendo su corazón y bombeando deseo por sus venas, pensó en como juntos podrían hacer una constelación. Ese día, en ese lugar, lo hicieron." Pero que chulada. No dejo de agradecerle a la autora por escribir semejante fanfic.

En serio muchas muchas gracias por todos sus bonitos comentarios y favoritos.

Nos leemos la próxima semana!