Capítulo 12: Scorpius y Cassiopeia Malfoy
"No hay felicidad o infelicidad en este mundo; solo está la comparación entre un estado y otro. Solo un hombre que ha sentido la desesperación definitiva es capaz de sentir la felicidad definitiva. Es necesario haber deseado la muerte para saber lo bueno que es estar vivo… la suma de toda la sabiduría humana está contenida en esas dos palabras: Espera y Esperanza."
−Alexandre Dumas, El Conde de Montecristo
Diciembre
2012
Hermione adoraba la Navidad. En particular, adoraba la Navidad en Hogsmeade, cubierta con fresca nieve tan perfecta que sospechaba de una interferencia meteorológica mágica. Y tampoco es como si le importara. Observó la nieve brillando bajo las luces antes del amanecer mientras se relajaba en su sala de estar finalmente desempacada y organizada después de casi seis meses de vivir en su nuevo hogar.
Incluso con magia, mudarse se volvía más complicado con niños. Especialmente cuando una extensiva colección de libros estaba involucrada. Lo que, entre sus libros y los de Draco, era una verdadera biblioteca... su colección se había vuelto extensiva, bordando en lo excesiva.
El sonido de los suaves pasos de Draco sacó la atención de Hermione de la ventana. Parecía que no había dormido nada, suave y arrugado y encantadoramente desaliñado en esa forma en que había crecido en su paternidad. Esa misma apariencia desaliñada que seguido hacia que Hermione reconsiderara sus límites de dos hijos que habían puesto para su familia después de ser testigos del caos en que se volvió la familia Potter después del nacimiento de Lily.
−No creo haber despertado antes que tú en años. −le dijo Hermione en un susurro mientras él se sentaba a su lado en el sofá. −De hecho, no recuerdo alguna vez haberme levantado antes que tú. −corrigió. Dejó su té a un lado y se inclinó para un beso, derritiéndose contra él en los benditos fragmentos de silencio y solitud que sus hijos dormidos les ofrecían en lo que sabía sería un breve y efímero momento.
−No quise despertarte cuando Cassie comenzó a llorar de nuevo. −susurró Draco contra su boca, claramente aún dormido.
−Hice té. −dijo Hermione. Corrió una mano por el desordenado cabello de Draco, peinándolo hacia atrás en un intento de su peinado usual. La atrapaba en momentos como este, cuando Draco se veía más humano, cuán guapo era, y cuanto podía amarlo.
Draco frunció el ceño.
−Me haré mi propia taza. −dijo, poniéndose de pie. La miró. Hermione tenía la cabeza inclinada en forma de pregunta. −Hay una razón por la cual yo siempre hago el té, amor. −dijo, girando e inclinándose para suavizar el golpe de sus palabras con un beso. −El tuyo es terrible.
−Mi té sabe bien. −insistió, insegura si el ardiente sentimiento en su pecho era de indignación o diversión. −Ni siquiera noto la diferencia con el que hiciste ayer.
Una sonrisa familiar apareció en sus facciones, una que Hermione ya no veía tan seguido. Era una sonrisa que le decía que ya habían tenido esa conversación antes.
−Sí, bueno, tu paladar claramente no está desarrollado. Sin embargo, el mío claramente si lo está. −robó su taza mientras la distraía con otro beso. −También haré el tuyo de nuevo. Uno de los dos debe tener estándares.
Draco solo llegó a la mitad del camino a la cocina antes de que una mancha rubia de cuatro años se precipitara en su cintura.
−¡Navidad! ¡Es Navidad! −anunció Scorpius, saltando con toda la energía y entusiasmo que sólo un niño en la mañana de Navidad podía tener. Sus pequeñas manos jalaron la camisa de Draco, rogando ser cargado.
Hermione miró el reloj; un día, en un futuro distante, podía visualizar una vida donde Scorpius dormía pasado el amanecer. Pero en las profundidades de un invierno escocés, reconocía una imposibilidad cuando la veía.
Aún sosteniendo el té de Hermione en una mano, Draco logró agacharse y cargar a Scorpius en su cintura, moviendo al niño en sus brazos. Jadeó.
−Scorp… amigo, creo que estás volviendo muy grande para eso.
Hermione observó como Draco dejaba su té en la barra y usaba ambas manos para cargar a su hijo, quien ya se veía aburrido y listo para saltar en otra dirección, deslizándose de su precaria posición. Draco lo dejó ir. Aunque se quejara de que su hijo de cuatro años estaba muy grande para ser cargado, Hermione podía ver como Draco lamentaba inminentemente la pérdida. Scorpius corrió hacia ella en el sofá.
−Es hora de los regalos. −anunció, prácticamente lanzándose arriba de ella. Hermione movió algunos de sus rizos rubios de su rostro.
−Baja la voz, cariño, tu hermana sigue dormida. −le dijo, atrayendo al niño para un abrazo.
−¿Hay un gatito? −preguntó Scorpius, luchando por mirar alrededor. El niño había estado pidiendo por un gato desde el momento en que perdieron a Crookshanks el año pasado.
−Ya hemos hablado de esto, Scorpius, no tendremos un gato en este momento. −le dijo Hermione.
Scorpius se libró de sus brazos, haciendo un puchero con una expresión tan similar a la de su padre que Hermione tuvo que reprimir una risa.
−Pero yo quiero un gatito. −Scorpius se quejó mientras Draco se unía a ellos, con té recién hecho en mano, sentándose en el sofá. Hermione solo pudo mirar a su esposo, quien dejó salir un suspiro cansado.
−Tu tío Theo y tu tío Blaise estarán aquí pronto y abriremos los regalos con ellos. Traerán con ellos a su gato para que lo veas, ¿no es eso emocionante? −Hermione le dijo a su hijo.
Scorpius bufó, aun haciendo pucheros a través de la ola de emoción que claramente no quería que sus padres vieran.
Hermione le dio un sorbo a su té; sabía exactamente igual que la taza que se había hecho ella. Pero sonrió en gratitud a Draco, un silencioso gracias que él recibió rodando los ojos.
−Es mejor. −insistió.
−Es lo mismo. −dijo mientras regresaba su atención al inquieto niño entre ellos. −Después de que abramos los regalos iremos a ver a tus abuelos para almorzar y nadie recibirá antiguos huesos humanos de regalo. −dijo con una sonrisa burlona hacia Draco.
−Solo fue una vez, Granger. Y ni siquiera lo recuerdas.
Hermione rió, inclinándose sobre Scorpius para tomar la mano de Draco. Scorpius se movió entre su brazo, deslizándose hacia el piso. Se giró, viéndolos con una especie de autoridad puntiaguda que Hermione culpaba completamente a los Malfoy.
−Después de ver a tus abuelos iremos al castillo para la cena de Navidad con los amigos del nuevo trabajo de papá. Y tú te portarás bien, ¿verdad, Scorpius?
−Solo si me dan un gatito. −murmuró Scorpius, cruzando los brazos.
Draco bufó, inclinándose y desordenando los rizos que Hermione había apaciguado.
−Esto no es una negociación, campeón.
Scorpius frunció el ceño, ocupado en una batalla de miradas con su padre y luego se tiró al piso donde un número de juguetes inmediatamente le ofrecieron un nuevo enfoque.
−¿A qué hora nos esperan mis padres? −preguntó Hermione a Draco mientras Scorpius se distraía con una Snitch de juguete.
Draco se encogió de hombros, bostezando. Sacó su varita y conjuró el celular que usaba para comunicarse con los padres de Hermione. Lo usó brevemente antes de aventarlo a su lado en el sofá.
−A las once. −respondió, moviendo un brazo alrededor del hombro de Hermione y acercándola más.
−Sabes, encontré mi viejo celular cuando estaba desempacando la habitación. Probablemente podría tomar algunas de las logísticas con mis padres. −dijo, hundiéndose contra él mientras observaba como la bludger de juguete golpeaba la parte de atrás de la cabeza de Scorpius.
Sintió como Draco se tensó a su lado.
−¿Tienes ese celular? ¿El que usabas antes del accidente?
Hermione asintió, mirándolo a la cara para buscar algo que causara semejante reacción.
−¿Lo has… usado desde entonces?
−No. −dijo. −No lo he cargado desde… tal vez un mes después de que salí de San Mungo. ¿Por qué?
Lentamente, un sonrojo apareció en el cuello de Draco.
−Bueno. −comenzó. −¿Por qué no cambio a Scorp y tú lo pones a cargar?
Hermione frunció el ceño, interrogante. Draco le dio un beso en la frente.
−Asumí que lo perdimos en el fuego. −se detuvo, tamborileando los dedos contra su pierna, trabajando en una repentina resistencia. −Me enseñé a mandar mensajes de texto. Solía hablarte por ahí… cuando las cosas se ponían difíciles. Al principio. Ayudó. Asumí que lo habías visto y no dijiste nada, o que nunca lo viste y que fue destruido. −el rosa de su cuello se volvió más intenso, un rosa rojizo debajo de su pálida piel.
Cuando Draco se llevó a Scorpius de vuelta a su habitación para cambiarlo, Hermione buscó el celular que había olvidado por años.
Y cuando sostuvo el viejo aparato en sus manos, recientemente cargado de una complicada fusión de magia y energía mugle requerida para hacer funcionar incluso la más mínima cantidad de electricidad en su hogar en Hogsmeade, casi lo dejó caer cuando cientos de mensajes la invadieron.
Te amo.
Te extraño.
Casi mato a Ron Weasley esta noche.
No tengo permitido enojarme contigo.
Pero lo estoy. Estoy tan molesto contigo.
No me soportas.
Merlín, te extraño.
Te veías tan bonita hoy.
Y yo solo quiero besarte.
Te extraño.
Hoy me diste un regalo.
Te amo.
No me voy a rendir.
Me llamaste guapo.
Creo que me odias.
No te dije que estábamos intentando tener hijos.
Me estás rompiendo el corazón.
Lo sé, estoy siendo dramático.
Estás en la habitación en este momento.
Te acabo de besar.
Casi me vengo en mis pantalones.
Hubiera valido la pena.
Dios, eres hermosa.
Vamos a salir de esto.
Voy a recuperar tus recuerdos para ti.
Lo haré.
Te amo.
Y así continuaban y continuaban.
Retorcía, enredaba y desgarraba las fibras de su corazón, sin saber si debería sentir pena, alegría, culpa o amor. Evidencia de algo por lo que él pasó como ella, solo que desde una perspectiva diferente, un contexto diferente. Podía sentir a sus temblorosas lágrimas caer y manos sacudiéndose cuando tuvo que dejar el teléfono. Brazos fuertes y familiares la rodearon por detrás.
−No quería hacerte llorar. −dijo contra su oreja.
−Ya es pasado. −dijo, recargándose contra él. −Te amo.
Si lo dijo en voz alta o simplemente lo pensó con fuerza suficiente, no lo sabía exactamente. No podía escuchar el sonido de su propia voz sobre el rugido de su cabeza.
Una llamarada verde en la chimenea en la otra habitación, seguido de un par de chillidos emocionados de Scorpius puso fin a la espiral emocional que los había capturado. Se giró, limpiándose los ojos.
−Te amo. −dijo de nuevo, o por primera vez, o por milésima vez. Se sentía igual.
−Ve a cambiarte, yo distraigo a Theo. −le dijo Hermione, golpeada repentinamente por una sensación de inevitabilidad en la cosa entre ello. En una vida planeada en sus extremos, encontró consuelo en la rendición a una inevitabilidad tan fácil.
Encontró a Theo afuera de la puerta de Cassie.
−¿Está ahí? −preguntó en forma de saludo, abriendo la puerta.
−Está dormida. −exclamó Hermione en su mejor susurro energético, lanzando un brazo a través del marco de la puerta, bloqueando su paso. −No te atrevas a despertar a mi bebé, Theo. ¿Estás loco?
−Bueno, como su padrino yo debo ser su campeón en todas las cosas. Y dado que es su primera Navidad, no dejaré que se pierda ni un solo momento.
−Ella tiene diez meses, Theo. No va a recordar si la despertamos o no en el instante en que tu llegaste. La llevaremos por los regalos si ella…
Theo se agachó por debajo de su brazo y empujó la puerta completamente abierta ante el sonido del llanto de Cassie: un golpe para el estómago de Hermione que simultáneamente hizo que su corazón se retorciera con preocupación de madre mientras también consideraba la implicaciones éticas de usar un hechizo silenciador en su propia hija. Theo, por otro lado, no podía verse más satisfecho de escuchar el llanto de Cassie mientras significara que tendría permitido pasar tiempo con ella. Lo que era una cuestión ética por su propio derecho.
Pero no podía culparlo por su entusiasmo. Había pocas cosas que Hermione imaginaba que podían compararse ante la vista de uno de sus amigos más queridos amando a su hija tan ferozmente como Theo amaba a Cassie. La tenía en sus brazos, calmándola y moviéndose, antes de que Hermione siquiera entrara a la habitación.
Los gritos de Cassie continuaron a pesar de los mejores esfuerzos de Theo mientras se movían a la sala de estar donde Scorpius estaba sentado enamorado con el gato que actualmente lo evitaba.
−Le gusta más cuando lo dejas que se acerque a ti. −escuchó a Blaise decirle a Scorpius desde su silla designada junto al fuego. Ella y Draco habían comprado el otomano a juego especialmente para proteger su mesa de centro de la necesidad patológica de Blaise de recostarse en posiciones sentadas.
Theo se veía afligido mientras la bebé en sus brazos continuaba llorando, siempre desesperado por disfrutar cada momento que Cassie pasaba con él. Hermione rodó los ojos, más que nada de lo precioso que era, y conjuró una botella de la cocina. Se la dio a Theo.
−Probablemente tiene hambre de nuevo. Intenta con esto.
Draco apareció detrás de ellos, vestido impecablemente como si no hubiera estado encantadoramente desaliñado y sin dormir minutos antes.
−¿Está Cassie despierta? −preguntó con una sonrisa mientras se sentaba en el sofá de terciopelo.
−¿Cómo lo supiste? −preguntó Hermione mientras se sentaba a su lado.
−Mi ahijada es perfecta. No aprecio la implicación de que su temprana aptitud para la ópera sea impropia.
Hermione sonrió mientras Theo evitaba unirse a ellos en el sofá. En su lugar, se sentó en el otro sillón cerca del fuego.
Un fuerte crack causó que todos en la habitación saltaran, menos Blaise, quien meramente parpadeó. Scorpius se levantó de donde había estado sentado cerca de Blaise y se posicionó entre sus padres, mirando al elfo doméstico que ahora estaba en su mesa de centro.
−I dejará esto para la señora de la casa. −anunció el elfo, dejando un pesado sobre de pergamino en la mesa. El elfo se desapareció con otro fuerte crack.
Hermione inmediatamente se giró hacia Draco, quien parecía estar a punto de vomitar.
−Era ese… −comenzó Theo.
Draco asintió, tenso. Pasó saliva, su manzana de Adán arrastrando una larga línea en su garganta mientras miraba el sobre en la mesa.
Scorpius se levantó del sofá y tomó el sobre. Lo observó, juntando las letras que Hermione le había enseñado en su tiempo libre.
−Este es tu nombre. −dijo con una sonrisa orgullosa, dándole la carta a Hermione.
Draco se veía pálido, tal vez un poco verde, mientras observaba a la carta transferirse de las manos de Scorpius a las de Hermione. Ella no desperdició tiempo en abrirlo. Entre los sorprendidos adultos y los niños inquietos, no tenía el lujo de cuidadosa consideración.
El sobre contenía una carta y dos documentos, todos con el sello oficial de Gringotts.
Sus manos temblaban mientras intentaba mantener los dedos de Scorpius fuera de los pergaminos mientras leía a una velocidad récord. Draco eventualmente encontró de nuevo sus funciones motores, tomando a su hijo.
−Es… −la voz de Hermione se quedó atrapada. Sentía un poco de desmayo. −Es la disolución completa de tu herencia. −dijo, mirando a Draco. −Y la creación de dos nuevas. Para Scorpius y Cassiopeia.
−¿Qué es para mí? −preguntó Scorpius.
−Danos un minuto, Scorp. −dijo Draco a través de una voz estrangulada.
Blaise de puso de pie repentinamente.
−Scorpius, ¿qué te parece si vamos a buscar a ese gato de nuevo?
Entre el cariño de Theo, la profunda afinidad de Draco y la tremenda apreciación de Hermione, parecía imposible determinar quien estaba más agradecido por Blaise Zabini en ese momento.
Con Scorpius ocupado, Draco habló.
−No podemos tomar su dinero. ¿Qué es lo que quieren? −sus palabras viajaron lentas y serias en el espacio entre ellos, llevando un miedo adyacente.
−No… no hay ninguna condición. Ellos… −Hermione tuvo que pasar saliva, pelando contra la dolorosa rigidez de su garganta. Le pasó la carta a Draco. Rápidamente la escaneó.
−¿Te hicieron a ti la albacea de las cuentas? −preguntó Draco, completamente estupefacto mientras miraba a Hermione.
−¿Hicieron qué? −preguntó Theo desde el otro lado de la habitación.
−No pueden tocar el dinero. −dijo Hermione.
−No hay condiciones. −añadió Draco, revisando de nuevo la carta. Era tanto una pregunta como una declaración.
Hermione se permitió una pequeña e incrédula sonrisa.
−Para nuestros hijos. −suspiró, encontrando los ojos de Draco.
Otro fuerte crack causó que saltara de nuevo. Cassie dejó salir un sollozo mientras Theo intentaba calmarla.
El elfo dejó una caja de dulces en la mesa.
−Estos son para el amo de la casa. −dijo antes de desaparecer de nuevo.
Como si sintiera la presencia de los dulces, Scorpius corrió de regreso a la sala. Draco estaba congelado mirando a los caramelos de manzana que normalmente, y solamente, llegaban en el cumpleaños de Hermione.
Ajeno al hecho de que los dulces no eran alimentos para el desayuno, Scorpius se lanzó a sus tácticas para adquirir uno.
Hermione se puso de rodillas en piso a su lado, acercándose a los caramelos.
−Creo que porque es Navidad, a tu papá no le importará compartir uno contigo hoy. −le dijo. Su pecho se sentía cóncavo, colapsando sobre sí mismo en simpatía por su esposo quien parecía no ser capaz de hablar. −Estos son dulces especiales, Scorpius. −dijo mientras sacaba uno de la caja y giraba el empaque, ofreciéndoselo. −Estos son la clase de dulces que una madre le da a su hijo para decirle que lo ama mucho. −se detuvo. −Incluso aunque no estén de acuerdo.
Scorpius metió el caramelo a su boca y le sonrió.
−Como cuando me dices que no podemos tener un nuevo gato.
Hermione lo abrazó, ignorando los pegajosos sonidos de masticación contra su oído. Miró a Draco.
−Entre otras cosas, cariño.
−Creo. −comenzó Hermione, agotada de un largo día de festividades de Navidad y la lucha conocida como hora de dormir en su casa. −Que en verdad le agradas un poco a Minerva McGonagall. −se sentó en el sofá junto a Draco. Apenas habían tenido un momento a solas desde temprano en la mañana. −Se veía bastante contenta con tu trabajo. Incluso me contó que no se arrepiente de haber dejado que Harry convenciera al consejo escolar de contratarte.
−¿Lo hizo? −preguntó. Tenía su atención enfocada en las cartas de Gringotts sobre la chimenea, su voz sonando distante mientras la complacía en su conversación. En otro momento, la habría fastidiado por más información, buscando más halagos, bañándose en elogios y confianza.
−Usé la poción. −dijo repentinamente, su cuerpo completo girando hacia ella. −Después de que puse a Cassie a dormir su siesta hace rato. Antes de la cena.
−¿Tú… qué? −preguntó Hermione. Draco se enroscó, sus músculos tensos, todo sobre él al borde de salir corriendo o esconderé o tal vez a punto de por fin librarse de algo que lo retenía.
−La poción. −repitió. −Mi poción.
Cuidadosamente, desabrochó las mancuernillas de la manga izquierda de su camisa. Hermione no podía apartar su vista de la precisión de sus dedos, de la forma en que abría el metal a través del algodón con hábil y practicado control. Incluso con la realización de lo que estaba por venir, encontró que no podía respirar.
Rodó la manga: una, dos, tres veces. Finalmente revelando un pedazo de piel pálida, perfecta e intacta. Hermione no lo pudo evitar, la tocó, trazando el lugar donde la Marca solía marcarlo.
−La tuviste la mitad de tu vida. −dijo en un resumen de lo obvio que de alguna manera se sentía más importante que el resto.
−No ahora que ya no está. −dijo. −Cada día será menos de la mitad. No quería… no quería preocuparme sobre mis alumnos viéndola. Era… tiempo de olvidar. −no sonaba exactamente aliviado, pero algo así como atascado.
Hermione miró la chimenea, hacia los documentos que estaban encima de ella.
−Y hoy obtuvimos ese regalo de tus padres. −añadió.
Draco asintió.
−No lo dejaste ganar, sabes. −dijo, sus manos aun deslizándose por el antebrazo de Draco. −Pensé que te referías a Voldemort, la primera vez que me dijiste porque no habías removido la Marca. ¿Pero te referías a él, no es así? ¿A tu padre?
Otro asentimiento, seguido de un suspiro que se estremeció cuando lo soltó en algún lugar profundo de su pecho.
−Creo que nunca se trató sobre ganar o perder con él. −dijo Draco, tomando uno de los rizos de Hermione entre sus dedos, observándola con la misma reverencia que le robaba la respiración cada que la veía. Incluso ahora, habiéndola visto tantas veces antes. −Sino de superarlo.
Hermione abandonó su memorización de piel nueva y en blanco a favor de mirar a los ojos con su imposible e improbable regalo de marido. Allí encontró un remolino familiar, rotación en una órbita degradante, un caleidoscopio de metal líquido, derretido solo para ella.
−Nos hemos vuelto bastante buenos en eso. −dijo. −Salir adelante. Juntos.
Por segunda mañana consecutiva, Hermione se despertó antes que su esposo, quien había insistido en encargarse de Cassie en la noche. No se había molestado con el té, optando por mejor dejarlo tener su idiosincrasia si hacía alguna diferencia para él. En su lugar, pasó algo de su tiempo en la mesa de la cocina y haciendo algo que encontraba pacífico y agradable: hacer una lista.
−¿Qué es esto? −preguntó Draco mientras le daba un beso en la cabeza, sus dedos deslizándose casualmente detrás de su cuello mientras comenzaba a ocuparse con el té. Aparentemente, té apropiado.
−Solo me siento un poco nostálgica. −dijo. −Agradecida más que nada… por lo que tenemos. −se detuvo, observando como él se movía por la cocina, preparando té en una fácil rutina que rara vez podía presenciar de primera mano.
−¿Por qué el próximo mes son los seis años? −preguntó, una pausa en sus movimientos mientras la miraba.
Hermione hizo un sonido en afirmación.
−Estaba haciendo una lista, de las personas en nuestras vidas a quienes le debemos gracias… por ese primer año.
Draco se movió para pararse detrás de ella, su barbilla descansando en su rizos mientras miraba a los nombres en la agenda.
−¿Ronald Weasley está en tu lista? −preguntó, incredulidad evidente en la forma en que dejó salir una suave risa y apretaba sus hombros con una clase de posesividad que Hermione dudaba que siquiera supiera que estaba usando.
−Necesitaba verlo para saber. −dijo simplemente. −Esa cena fue algo horrible pero tenía que verlo de nuevo para darme cuenta de que ya lo había dejado ir. −se inclinó contra el pecho de Draco detrás de su cabeza.
−No te recomiendo decirle a Theo que lo tienes en esa lista. −dijo Draco.
−Lo sé, ¿pero cómo no podría hacerlo? Él fue quien se negó a tratarme como muñeca de porcelana mientras el resto de ustedes sí.
−Al menos la inclusión de la comadreja tiene sentido. −Draco reflexionó mientras una de sus manos bajaba de su hombro, dejando pequeñas líneas de afecto por su brazo.
−Ginny fue indispensable. −concordó Hermione. −¿Pero sabes que vino primero a mi mente? Ella mencionó algo sobre planear hijos y fue cuando yo me di cuenta de que nosotros estábamos haciendo lo mismo. Y luego tú y yo tuvimos esa pelea.
Draco se tensó contra ella, sus lentos patrones deteniéndose en su brazo.
−Necesitábamos tener esa pelea. −continuo. −Lo cambió todo, creo.
Pudo escuchar la mueca en su mascullada aceptación de Draco de su lógica.
−¿Y supongo que Pansy merece su lugar porque se le salió el tema del desheredamiento?
−Exacto. Y tu madre está aquí por esos caramelos. −el agarre en su hombro se endureció. −Casi no tenía esperanza la primera vez que me contaste sobre ellos. Me ayudaron.
−Tal vez quieras añadir a un tercer Weasley a esa lista para incluir a George por infectarme con esa jodido confeti.
Hermione rió, aceptando su diversión hacia algo más ligero. Se inclinó para sostener la mano que se había detenido en su antebrazo.
−Creo que tal vez estás exagerando con ese. −dijo.
−No me digas que nuestra pequeña platica sobre todos los juguetes de Theo en nuestra habitación de huéspedes no puso a trabajar a tu pequeño cerebro mucho antes de que unieras todas las piezas.
Hermione consideró. Era un poco exagerado, pero añadió el nombre de George a la lista. Rápidamente añadió el siguiente nombre que vino a ella.
−Blaise, por supuesto. −dijo, meneando los dedos en su mano izquierda. Su anillo atrapó la suave luz del fuego en la habitación adyacente; un hermoso y cálido brillo para igualar la piedra roja y la banda de oro. −Quién sabe cuando habría preguntado por el anillo sino fuera por él.
Draco se apartó de ella el tiempo suficiente para recoger el té que había preparado y lo dejó sobre la mesa mientras se sentaba en la silla junto a ella. Sin ningún sentido de sutileza, arrastró su silla tan cerca de ella como pudo. Caminó con los dedos por la parte superior de la mesa, deteniéndose en su agenda, que luego arrastró más cerca de él, colocándola entre ellos.
Luego, como si fuera una forma completamente normal de sentarse con alguien, se inclinó para enganchar sus piernas debajo de sus rodillas, girándola para que sus piernas cubrieran las suyas y ella se sentara de lado, formando un puente entre sus dos sillas.
Ella le dio un manotazo en las manos que inmediatamente comenzaron a subir de la rodilla al muslo a lo largo de la parte inferior de su pijama de franela.
−Eres ridículo. −rió. −Todavía no termino con mi lista.
Draco dejó salir un suspiro dramático, un compromiso implícito, quitó una pierna de su pierna y dejó la otra firmemente en su lugar, masajeando calor a través de la tela, directo a la piel.
−Abraxas Malfoy. −declaró Draco.
−¿Abraxas Malfoy? −repitió Hermione. −¿Tu abuelo?
−Así es. Si vamos a dar gratitud basado en lo que sea que nos guste entonces creo que mi abuelo merece tener un lugar en esa lista por adquirir nuestro mueble favorito.
Sabía que lo decía en broma, una falacia lógica y absurda que él sabía que a ella le costaría ignorar. En cambio, Hermione sonrió.
−Abraxas tiene su lugar. −accedió, añadiendo el nombre. −Mientras Harry obtenga el suyo.
Draco jadeó con la afable obligación de una vida de rivalidad olvidada.
−¿Debemos? −se quejó, jugando su parte. Hermione se inclinó en su extraña posición para besarlo.
−Claro que sí. −dijo mientras se alejaba, aun saboreando la dulce calidez de su boca. El calor debajo de la mano de Draco creció, irradiando hacia afuera. −Él te salvó la vida.
−Apenas.
−Claro que sí. Y protegió a Theo.
−Técnicamente.
Hermione ya no pudo soportar el calor de su mano en su pierna. Balanceó las piernas frente a ella, ignorando el patético ruido de decepción que Draco hizo cuando ella se movió de nuevo, abandonando por completo su propia silla en favor de la de él, sentándose a horcajadas sobre su regazo. Los ruidos de decepción cesaron de inmediato. Draco envolvió sus manos alrededor de su cintura y le dio un ligero beso en la clavícula. Soltó uno de sus brazos, agarró la agenda y la sostuvo entre ellos.
−¿Sabes quién falta en esta lista? −preguntó. −Tú y yo. Creo que merecemos un poco de crédito.
Hermione ya se había olvidado de la lista de nombres, en su lugar favoreciendo sus atenciones a la mandíbula de Draco, sus labios viajando por la aguda línea que lo hacía verse tan notable.
−Yo no hice nada. −murmuró Hermione contra su piel.
Draco se alejó de ella.
−Seguramente estás bromeando. Sobreviviste. Me diste una oportunidad, me dejaste probarme para ti. −El brazo que todavía tenía alrededor de su cintura se tensó. −Y luego está el asunto de los dos hermosos y dormidos niños que me diste.
−Entonces creo que tu mereces crédito por habérmelos dado también. −susurró, sosteniendo su rostro con sus manos, observando su indignación por ella, saboreando la fiereza con la que la defendió, incluso desde su propia subestimación. Ella lo besó, notando el sonido de su agenda golpeando el piso mientras su otra mano se enredaba en su cabello.
−¿Estás nerviosa por el próximo mes? −preguntó en el aire que intercambiaban, capturando su labio inferior entre sus dientes antes de que pudiera responder.
−Sí. −susurró contra él. −No. No lo sé. ¿Y tú?
Draco presionó su boca contra la de ella de nuevo, un toque de su boca y dientes y tenaz esperanza.
−Lo mismo. −admitió mientras Hermione jadeaba, encontrando alarmantemente escaso el oxígeno entre ellos.
−Si los recuerdos regresan, debo decir que me agrada la idea de saber lo que es enamorarme de ti dos veces. −admitió entre un jadeo, rodando sus caderas contra él, saboreando la forma de su gemido.
Hermione tenía fuego en sus venas, llamas lamiendo sus nervios, y un infierno quemando cada errante pensamiento que pudiera distraerla del sabor de los labios de Draco y de la sensación de sus dedos arrastrándose por su piel.
−Y si los recuerdos no regresan. −dijo, dejando un camino de besos hacia su oído. Continuó en una voz baja, caliente contra su cuello. −Finalmente te compraré ese pensadero.
Hermione rió, amándolo a él y a las cosas que superaron juntos.
Esperando por sus recuerdos, pero sin necesitar nada.
Hello!
Pues listo, hemos llegado al final. Gracias por leer junto conmigo esta maravillosa historia que imightbewriting nos dejó! Gracias por su paciencia, todos sus favoritos y sus lindos reviews.
Quisiera poder decir que ya tengo una fecha para la continuación, pero la verdad es que tengo muy poco avanzado. Tal vez entrando el próximo año. Así que les pido algo de paciencia con eso.
Cuentenme, que les pareció? En serio no fue lo más lindo? El pequeño Scorpius y Cassie... no puedo de la ternura. Se los juro que el Draco de este fanfic es de mis favorito!
Pero bueno, muchísimas gracias de nuevo y nos leemos después!
