¿Y si fuese posible retomar la historia de tu vida?, el tabú que ha pasado por la mente de todos los mortales, una oportunidad sin el peso de todos los errores que cometiste, sin los problemas que acontecieron bajo el efecto del dolor, de la rabia, de las horas sin sueño reevaluando el valor propio en la oscuridad. ¿Si tuvieses esa oportunidad… la tomarías?.

Lo haría. Siempre fue el mejor. Siempre lo sería.

Un escenario completamente blanco inundaba su nublada vista, el polvoriento olor de la tierra y la granulosa sensación en las apretadas comisuras de ojos bien cerrados. En medio de esa inexplicable calma, estaba ese infinito dolor en cada fibra de su ser. Sumado a la creciente sensación de incertidumbre, el odioso olor férreo de su sangre caliente, pegado en la nariz, ¿Qué demonios estaba pasando? El ruido de pisadas lo extrajo del lapso automatizado. La voz del otro individuo sonaba extrañamente familiar ¿Cómo era eso posible?

— Miserable— suspiró la voz— realmente eras muy fuerte…lo único que podemos hacer por ti es enterrarte—

Abrió los ojos… o por lo menos lo intentó, pues por más que lo exigía uno de ellos negaba sus funciones de manera rotunda. ¿Dónde estaba? Pero la pregunta permanecía sofocada por los gritos de asombro del resto de los convidados a ese momento. Con todo el dolor de su maltrecha estampa, logró tomar asiento para observar que, perplejos y asustados, el grupo de contrincantes a los que enfrentó hace unos instantes lo miraban con asombro y terror… una mezcla que disfrutaba plenamente, pero en ese momento no le parecía así.

Sí. Ahora podía recordar lo que habría estado haciendo horas antes de caer en ese desgraciado lecho de muerte, cualquiera que hubiese sido esa energía que le robó la conciencia le había robado de algún modo parte de su cordura ¿Por qué rayos tenía de pronto toda esa información inútil?

Los balbuceos de los demás no tenían sentido, todo estaba mal y a la vez le era familiar, una sensación inminente de repetición ¿Ya había vivido esto? ¿Qué mala pasada le jugaba su mente en un momento tan crucial? La increíble demanda de energía que requería estar despierto, le cobraba cada uno de los golpes que había recibido. Nunca, en toda su vida como soldado, había recibido tal golpiza a manos de un grupo de débiles estorbos.

—¡Quizá ese maldito es inmortal! —

Escuchó la voz de ese sujeto una vez más, virando hasta donde estaba el resto de sus acompañantes, la furia en sus ojos y en particular, llamaba su atención la confusa visión de la criatura temblando en una combinación indigna para su raza, entre miedo y enfado. Por supuesto, el estado normal, en todas las batallas, de Gohan.

—Gohan — Externó sin darse cuenta, perdido en el propio asombro de su reconocimiento, de golpe llegó en conjunto una marea de memorias inmediatas, invocadas por ese nombre particular. Una explosión despiadada de imágenes invasivas. Todas sus batallas vividas, el rostro redondo adquiriendo esa tonalidad oscura producto de su enfado, el azote de poder cobrado ¡Cuando ese chiquillo enfrentó al mismísimo Freezer en persona! Todos los recuerdos llegaban como una ola feroz, que ahogaba su conciencia al punto de hacerle doler cada rincón de su cien, involuntariamente tomó su cabeza, intentando de algún modo arrancar la información que se disparaba sin tregua, una tras otra, esas posturas de batalla, el nombre de cada uno de sus ataques ¡El magnifico poder catastrófico con el que destruyó al demonio encarnado Cell!. Le habría salvado también la vida tantas veces, con esa misma expresión boba idéntica a su padre, el imbécil Kakarotto.

¡Kakarotto! Toda su memoria se revolcó en un tornado de emociones burdas, rabia, frustración, odio, ¡colera desenfrenada!, pero del mismo modo, abrumadoras cargas de sensaciones totalmente desconocidas, confianza, compañerismo ¡Admiración! Maldición, todo enmarcado en una sola persona, a la que su psique perseguía como moneda de cambio, la intensidad de ese volcán devorando las ingenuas pautas con las que hasta ese momento funcionaba. La vista de toda esa familiaridad y a la vez intriga, ese tonto siempre lograba ir delante, siempre el vencedor, su rival por excelencia, el héroe de todos emergiendo en cada batalla victoriosa, el brillo de su transformación le llenó de orgullo y rabia en la misma medida. La primera vez que logró esa transformación, recordando los ojos aqua y el glorioso brillo dorado hasta el mismo momento donde el reconocía por fin el alto valor de su ahora camarada, cubierto de gloria mientras exterminaba, con la colosal genkidama, los últimos rastros del temible Majin Boo.

—¿Que le está sucediendo? — La infantil voz preguntó…por fuera, anonadados, los dos oponentes aun en pie lo miraban incrédulos convulsionar de un modo frenético, dando intensos gruñidos intentando ponerse de pie sin coordinación.

—¿Estará enloqueciendo? — sugirió Krillin, renuente a abandonar su postura de defensa a un lado de su amigo caído. —¡Quizá sea momento de atacar! —

—¡Espera Krillin! — Intervino el maltrecho Gokú con decisión — Algo no está bien, no te acerques — Inquirió arqueando la ceja sin poder dejar de prestar atención a las oscilaciones irreales del aura de su rival. Cual, si estuviese siendo poseído por algún fenómeno sobrenatural, toda su energía cambiaba de dirección en opuesta conducta, ni oscura, ni limpia, como si de un segundo a otro se tratara de otro individuo y regresara al mismo estado inicial. ¿Sería un efecto colateral de la Genkidama? Era capaz de eliminar toda firma maligna, pero no tenía conocimiento de que existiese la posibilidad de dejar vivo al rival que no fuera enteramente corrupto. ¿Era posible que ese sujeto tuviese más atributos de los que eran visibles? ¿Sería eso posible?

Después de ese torbellino confuso no podía distinguir imagen alguna, pasando cual rayo de conciencia fugaz, todas las sensaciones de su misma fuerza y limites borrados. Se veía a sí mismo con todo ese poder y a la vez desnudo de él, fragmentos y frases de toda una vida, amontonados debajo de toneladas de emociones, sin voz y sin forma, como si hubiese sido retraído de su existencia de una forma totalmente injusta. Lo peor de todo era estar en medio de una batalla que tenía que terminar, no era momento para meditar en las razones, no se sentía él mismo, pero a la vez recordaba exactamente cuál era su papel en ese instante. Todo el trance le fue arrebatado al escuchar detrás de si, el detonante de su más primitivo sentido de supervivencia, ya sabía lo que estaba a punto de pasar y se reprendió por ser tan descuidado.

—¡No la mires! —

El feral rugido de la criatura que le daba respeto a su raza, le despertó de la pesadilla para evadir los escombros de rocas enormes que caían por doquier, la destrucción empezó con brutal rudeza, todo el entorno haciéndose pedazos y se preguntaba si podría escapar a tiempo… o si debía escapar en absoluto.

—¡Gohan! — su padre intentaba enfocar su atención, de seguir con el ataque terminaría acabando incluso con ellos mismos. Sintió a su mejor amigo levantarle para tomar refugio.

—Gohan acaba con él— gritó Krillin con esperanza a su salida, sin embargo, la atención del niño no tenía ningún objetivo en particular, destruía todo a su paso sin miramientos.

Sabiendo que nadie vendría en su ayuda y siendo el único capaz de detenerlo, Vegeta se lanzó a la acción, cortaría su cola de un solo movimiento, el flashazo de esa acción que parecía repetida le distrajo propinándole un doloroso revés del poderoso Oozaru que le impacto contra las rocas. Le vio arrojarse de nuevo sobre él, y dio saltos para esquivar las violentas ofensivas, logró librarse con un gancho al costado del enorme monstruo, pero las constantes visiones nublaban sus actos sin dar oportunidad de generar una defensa racional. Recibiendo otra brutal tunda.

'Tu problema es que piensas demasiado, eso le resta tiempo al cuerpo para reaccionar'

La voz familiar de un recuerdo ¿Distante? ¡Maldición si no hubiese tanto ruido!

—Todo el daño que ha recibido y se encuentra como al principio— escuchó.

La interrupción del intrépido gordo culpable de haber cortado su cola, le redujo al instante donde se encontraba, las pisadas enormes apenas daban tiempo para pretender alejarse, por más que lo intentaba, no lograba acercarse al apéndice que debía cercenar, su cuerpo estaba demasiado lastimado, sin esperarlo, uno de los enormes montículos se vino abajo y la visión periférica le permitió ver la baja que ocasionaría, reaccionó sin pensar, disparando sobre el coloso de tierra, evaporando al instante los remanentes y dejando con la boca abierta a una de las posibles víctimas de ese altercado.

Con la distracción vino la ventaja, pudiendo de una vez por todas generar la energía justo antes de que el salto mortal de la enorme bestia, terminara de derrotarle. Por algún motivo sabía lo que sucedería, viró sin siquiera observar si el tiro ejecutado dio en su sitio, poniéndose a salvo por solo un minúsculo margen.

El niño retomaba su forma, cayendo estrepitosamente contra el rocoso suelo. Totalmente ausente.

—¡Gohan! — corrió Krillin en su auxilio, pensando que el peor peligro se encontraba hincado ahora a escasos pasos cerca del inconsciente pequeño.

Pero el mayor no se movió.

Definitivamente algo estaba muy mal, entendía a la perfección lo que provendría, como un viejo libro reconocido que se vuelve a leer, más a flor de piel estaban las desgraciadas sensaciones nuevas y de pronto toda necesidad de acabar con las vidas insignificantes de esos osados miserables…le pareció insulso.

Se dio la vuelta resoplando en su cansancio infinito, había requerido mas de lo que pensó, hacer esos simples movimientos. Probablemente en el fondo quedaría un poco más de energía a la cual recurrir, después de todo, si algo lo caracterizaba era la inagotable capacidad de resistencia en una batalla. Pero no lo intentaría, la extenuación mental era inaguantable.

—¡Maldito Vegeta! — se acercó el exmonje, con toda la intención asesina dibujada —¡No te atrevas a tocarlo! —

Jadeando le miró sin interés. Sonrió de modo irónico y decidió seguir su juego.

—Idiota, Si quisiera matarlo, ya estaría muerto—obvió recargándose en el suelo, abría y cerraba su único ojo sano, arqueando la espalda para de algún modo encontrar una posición menos dolorosa.

—Mientras uno de nosotros este en pie, no dej…—

—Basta enano— interrumpió la momentánea bravuconería. Se soltó finalmente rendido hasta el suelo con la extraña sensación de estar a salvo — debo … — miró el infinito vacío de ese desierto, sin saber bien que contestar.

—¿Qué te hace pensar que te dejaremos largarte?!—interpretó ese gesto, tomando una pose defensiva, dispuesto a acabar con la vulnerable amenaza.

— Lo harás— aseguró con una risa burlona — ya sea por mi pie o porque en unos momentos Kakarotto va a pedirte que me perdones la vida— gruñó pasando por alto la humillación de ese hecho —bien podría tomar el ultimo respiro y acabarte, pero necesito algo mas... Krillin—

Brincando atónito ante la irrupción de su nombre, el joven monje titubeó un momento.

—¡¿Que te hace pensar que te ayudaría?! — cerró los puños acortando la distancia —el hecho de que sepas mi nombre no te da ninguna ventaja piadosa — levantó el brazo a manera de daga, iba a terminar de una vez por todas con el culpable de todo el sufrimiento de ese día.

—Oh, se mucho más que eso — sin miedo, clavó la mirada seguro en sus palabras —eres un insufrible optimista y vives en esa maldita casa miniatura en la playa, con el bastardo degenerado, el viejo maestro Roshi—

—¿Que? —

—Krillin —Llamó su viejo amigo telepáticamente — no lo hagas… déjalo ir…—

Ante la reacción del calvo sujeto que continuaba escuchando el sermón, Vegeta se reincorporó en un brazo, levantando una ceja airoso de ver su profecía cumplida. Detrás de su memoria se encontraba el recuerdo, de cómo ese insoportablemente alegre sujeto, le confesaba en un bar, que le debía toda su existencia a haber tomado el consejo de su rival, sin embargo era una imagen ahora más inestable.

—¡¿Como rayos lo…—

Pero sus palabras fueron cortadas de golpe al observar ambos, que una nave se aproximaba.

—¡No, esperen! — Krillin Manoteó al aire frenético, intentando hacerlos desistir, ¡¿Pero que estaban haciendo ahí?! temía que, habiendo tenido la ventaja, ese despiadado asesino decidiera cobrar aún más vidas para saciar la venganza que esperaba recibir, no podía confiar en el, pese a lo que dijera o lo que había hecho.

Sus advertencias fueron en vano, en ese momento descendía como rayo la figura vengadora de Milk, saltando sobre todos sus obstáculos, incluyendo a su esposo, para llegar hasta el cuerpo de su pequeño hijo desnudo.

Ni siquiera le importo que el terrible monstruo responsable de esa masacre siguiera justo ahí observándola.

—NO MILK— Gokú intentó detenerle, fue más veloz la embestida que lanzó contra el terrible sujeto, al momento de tenerlo al alcance.

—¡Yo te haré pagar desgraciado rufián! — sin temor alguno se abalanzó sobre el casi abatido saiyajin, quien con torpeza podía librar con éxito la lluvia de puños y patadas.

—¡Cuidado Milk! — Krillin se atrevió a cargarla pese a su voluntad. Habiendo rescatado a Gohan del mismo modo, se alejó hasta haber puesto una considerable distancia — ¡Gohan está bien! ¡No te acerques más! — insistió, la mujer arrebató su preciado tesoro desmayado —¡Eres un salvaje! —gritó embravecida contra el enemigo bajo la cautelosa mirada del resto boquiabierto.

—¡Rápido, debemos irnos de aquí! — El maestro Roshi anunció al resto de incautos que comenzaban a descender ajenos a las circunstancias que estaban transcurriendo.

El embravecido saiyajin levantó la vista desconcertado, todos ellos se veían tan extraños y familiares a la vez, incluso esa mujer desagradable quien minutos antes se atrevía a enfrentarlo.

—¡No puede ser!, ¡¿Ese sujeto sigue con vida?! — frenando de golpe, a medio camino de su marcha, la otra joven exclamó horrorizada.

Era esa voz.

Él se giró de inmediato, hasta tener visión completa de la persona de la que provenía. Minúsculo ser delicado de un extraño cabello y grandes ojos azules. La conocía, estaba seguro, no comprendía la razón de esa sensación absurda que de un chasquido le quitaba la noción de sus actos racionales. No supo el momento en que se enderezó, todos se quedaron estáticos advirtiendo cuál sería su próximo movimiento con la tensión entre los dientes.

—¡Bulma regresen a la nave! — Gokú insistió desde el suelo, en un aire desesperado, debía encontrar la manera de levantarse y luchar, sus peores miedos estaban al alcance de ser cumplidos.

Pero para sorpresa de todos, el sujeto cayó al suelo una vez más, convulsionando de modo aún más violento. Sus gritos eran audibles a gran distancia y la figura de su cuerpo se estremecía, intentando luchar para hacerse del control necesario, todo en vano, pues de alguna forma su fuerza se drenaba a niveles alarmantes. A la vista de todos estaba ese hilo de rojo intenso, sangre salía fresca de su nariz una vez más y no podían explicarse la razón por la que parecía estar en tanta agonía.

—¡Debemos irnos! — la chica llamó al resto de sus aliados, quienes habían pasado de un estado alerta a uno de completo asombro. ¿Qué invisible aliado estaba logrando resumir a escombros al temible saiyajin? Cayó en un golpe sordo, incapaz de hacer mas esfuerzos por recobrarse. La única acción posible para su cuerpo, eran sus funciones vitales. Completamente absorto de la realidad debido a un fortuito milagro para el resto.

—¿Esta muerto? — Yayirobe interrogó uniéndose al resto del grupo.

—No —admitió con pesar el ultimo guerrero de esa batalla en pie — pero no podemos dejarle ahí —se cruzó de brazos inconforme —si se recupera estoy seguro de que intentará atacarnos de nuevo.

—Entonces será mejor que muera — Con rabia amarga, sugirió la chica. Le dedicaba la mirada más despectiva que jamás hubiera realizado. Ese asesino, ese vil ser responsable de haberle arrebatado lo que más valoraba. No podía merecer otra cosa que el mismo trato despiadado, rayos si tuviese un arma, ella misma lo habría hecho— mas vale que se apresuren —ordenó al resto de observadores.

—¡No! —Protestó una vez mas su viejo amigo saiyajin — Krillin, debemos llevarlo con nosotros — suplicó intentando hacerle recordar ese capricho que hace un momento había decidido concederle.

—Es demasiado peligroso — se encogió de hombros intentando hacerle entrar en razón — si se recupera no seremos capaces de detenerle—

—No será así — sonrió con el mayor esfuerzo intentando ganarle tiempo a su anunciada renuncia del plano consciente — Por favor, se los pido—

—¿¡Estas completamente loco Gokú!? — enfurecida Milk regresó al exterior —No voy a permitirlo, de ningún modo ese bastardo permanecerá con vida ¡después de lo que le ha hecho a mi pobre Gohan! —

—Se ha desmayado — anunció el maestro Karin, solicitando a señas que le ayudasen a levantar a su antiguo alumno.

—De acuerdo— Suspiró el menor saliendo en dirección hacia el cuerpo de su enemigo.

—¡De ninguna manera vamos a llevar a ese maldito monstruo con nosotros! — totalmente rabiosa, la brillante ingeniera se interpuso —si lo quieres llevar, tendrás que hacerlo bajo tus propios medios—amenazó con una seriedad que antes no habían presenciado en sus infantiles desplantes.

—Bulma —el viejo maestro le reprendió — se lo debemos a Goku, gracias a el estamos a salvo una vez mas, quizá no comprendemos sus métodos, pero debe tener algún motivo por el que desea hacer las cosas de esta forma—

—De todos modos no hay forma de que esto pueda empeorar— admitió Krillin con gran tristeza— Solo nosotros cuatro sobrevivimos. Piccolo está muerto y con el…las esferas del dragón han desaparecido—

—Lo sabemos— anunció con calma su triste amiga.

El silencio sobrevino a todos los presentes. Todos lo sabían ya, sin embargo, era un doloroso recordatorio de las circunstancias desabridas de su suerte. En la memoria de todos estaba instalada la desesperanza y la única forma de contrarrestar ese hecho era aferrarse al hecho de que por lo menos Gokú seguía con vida. Ahora su prioridad debía ser sanar para buscar una solución.

—Que harán con ese hombre— Yayirobe intervino una vez más, inseguro de que alguno de ellos tuviera la capacidad de disponer adecuadamente del peligroso sujeto

—Lo mantendremos encerrado en el templo — Karin anunció — de esta forma no habrá modo de que escape —

El resto asintió exceptuando a las dos furiosas féminas. Ingresaron a todos y sin gran animo observaron como arrastraban al odioso personaje al interior. En un instante todos estaban retomando el vuelo a casa. Sin embargo, entre las lágrimas de todos, destacaban las del rostro de la joven inventora, una mezcla anormal en su persona, de dolor y odio. Se le veía incapaz de mantener una estabilidad mínima, cuando en el mismo sitio de su nave transportaba tanto el cuerpo de su querido amigo como al responsable del asesinato de casi todo su clan. Le miraba en silencio sombrío, el muy fantoche ahora dormido y al borde del colapso. Se preguntaba si sería capaz de soportar el vuelo sin tomar venganza por su suerte. Tener ese miserable cerca…era simplemente algo intolerable. Ahora dirigiéndose al lugar donde se encontraban los cuerpos de sus seres queridos, ¿cómo podía esa escena ser posible?

Los sollozos conmocionaban al resto de tripulantes. Pese a ser una adulta en todo sentido, aun lloraba como una pequeña niña.

—Ya Bulma, no llores por favor — de modo tímido Krillin inició — no quiero que te ilusiones, pero quizá existe la posibilidad… de revivir a todos nuestros amigos—

Todos los presentes dieron un vuelco al instante, prestando su completa atención a las palabras reveladoras que estaban a punto de surgir.

El murmullo de las expresiones realizaba parcialmente su tarea de traerlo de vuelta. Había demasiado ruido, Sintió un descenso, el escándalo de los metales con capsulas ingresando terminó por regresarle el pensamiento. Meditó sin moverse, era un hecho que esos vistazos eran memorias reales, había vislumbrado todo el poder, experimentado la gloria del alcance de su potencial, sería prácticamente invencible, tenía los detonantes y el conocimiento. Solo necesitaba los medios.

Medios que siempre fueron proporcionados por… otra carga indescriptible de memorias lo asaltó. Mas no memorias de fantásticas batallas, memorias que aceleraban su pulso en diferente dirección, había golpeado su centro como un inminente rayo, había traído esa cruda ola como bocanada de mar en los pulmones. Igualmente insoportable, igualmente doloroso. Recordó la razón por la que había sido aún más intenso ese descubrimiento.

—¿Podrías contarme de ese rumor? —la tímida voz de la mujer sollozando.

Ahí estaba.

Despertó. Era ella y ahora lo entendía, ¿que si la conocía? ¡Vaya que lo hacía!. Al haber escuchado su nombre todo resurgió, el recuerdo involuntario de todas esas emociones, lo que fue, lo que era su persona y su significado. La misma mujer por la que había renunciado a todo. Por la que había enfrentado morir y ¡Retar al mismísimo dios de la destrucción! Recordaba todo y a la vez nada. Pero esa sensación latente estaba ahí y a pesar de todo, de todos. Podía sentir la tristeza que la invadía. Era casi imposible creerlo, pero era tan real como el dolor que sentía en ese momento. Ella habría sido durante mucho su razón de pelear, la gran debilidad de sus decisiones, su único amor.

— Se toman todo a la ligera — volvió a exclamar sumamente molesta — ¿Alguno de ustedes sabe dónde se encuentra ese planeta Nameku-sei? —

Reinó el silencio.

Pero una temible voz, se levantó del sueño.

— Yo puedo ayudarte—

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Bueno heme aquí, con una nueva historia, ya que tengo la desgracia de enfrentar una imposibilidad en la otra. Una de mis sobrinas salto sin piedad sobre mi computadora antigua y destruyó casi todo, esta tomando una eternidad recuperar los archivos que quedaron en el disco duro dañado y de haber sabido que eso pasaría me habría apurado en la última sección que me faltaba para publicar T_T ha sido un periodo muy frustrante.

Esta va a ser una historia corta d cap aprox. Surgió a partir de una idea de mi desgracia con la compu jajajajaja como no es tan enredada en diferentes personajes como la otra, pues supongo que será más fácil redactarla. Espero sea de su agrado y cualquier comentario o critica será bienvenida. Espero su rw sobre lo que les gusta y lo que no 😊 mil gracias por leerme y darle oportunidad, ¡es un hobby que disfruto mucho!