Bueno, traigo otra entrega rápida jejej la verdad es que ya tengo escritas muchas partes y esta siendo relativamente sencillo escribirlo, ya esta todo muy planificado jaja
Como comentario extra aclaro que Dark Horse es un termino anglosajón con el que se denomina a un contendiente del que nadie espera nada y al final termina sorprendiendo a todos. Busque el equivalente en español pero creo que no existe .
Muchas gracias por darle Follow y Favorite.
Juanita Perez muchas gracias por tus palabras! Espero que esta sección te guste por igual 😉
Grace: Espero que no te decepcione esta actualización jejeje Mil gracias!
Leo sus comentarios que son mi inspiración para seguirle a este complejo mundo divertido. Gracias por todo y espero lo disfruten.
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Los gritos y el descontrol no se dejaron esperar. Amontonados en la cabina del transportador, todos miraban con horror como se materializaban sus temores y ese despiadado saiyajin lograba con gran dificultad moverse. Por supuesto, ilusamente sellado en uno de los contenedores ovoides para asegurar que no pudiese escapar.
—¡RAYOS! —Krillin con gran valentía avanzó delante, mientras todos tomaban un trago amargo imaginando su inminente fin. No había otra manera, tendría que luchar de nuevo. De un solo puñetazo destruyó la cubierta que le impedía levantarse. Y con el plástico destruido estallaron también las exclamaciones inestables.
—¡Cálmense sabandijas! — ordenó irritado por toda la exaltación, resopló incomodo por el incesante dolor en su puño, dando un fuerte respingo y enderezándose de inmediato para conmocionar una vez más la histeria de los pasajeros — ¡No les haré daño!... Maldición…— aseguró en mueca feral que de ningún modo terminaba de convencer al resto de terrícolas.
—¡Les dije que lo mataran! — Lloriqueando Bulma intentaba concentrarse en la nave, con todos los presentes estorbando torpemente el manejo de los controles.
—¡Gokú levántate de una vez! —Exigía su aterrorizada pareja impidiendo que Gohan pudiera escapar de sus manos— ¡Acaba con ese desgraciado! —
Pese a lo hilarante de esa escena, él sabia que era mejor no continuar el temor, puesto que, conociendo el temperamento de esa banda de temerarios, tarde o temprano alguien (y seguramente una de esas mujeres) terminaría haciendo algo de lo que después se arrepentirían.
—Yo se donde se encuentra ese planeta— aseguró de forma arrogante, tomando su tiempo para hablar. Después de todo, aun lidiaba con los efectos colaterales de su enfrentamiento — …y tenemos el recurso de dos naves, mejores que cualquier basura que la corporación capsula haya inventado hasta ahora— se burló esperando la acida respuesta de la temperamental peliazul. Mas esa respuesta no llegó y en su lugar pudo reconocer algo que no recordaba haberle conocido. Miedo.
El intercambio de preguntas agresivas y vengativas que provocó, le pasó inadvertido, pues en la construcción de ideas sobre su plan, memorias se desvanecían de súbito. El laberinto de respuestas cerraba sus puertas al recuerdo de su aterrizaje en el planeta 79, la figura de Malaka y su discusión absurda, todo se desvanecía sin remedio. Lo que le consternaba, no era en si la perdida insignificante del recuerdo de la ultima vez que discutió con el imbécil de Kwi, sino la probabilidad de que por algún motivo el hecho de que poseyera esos vistazos, fuera un gran error. Quizá alguno de esos recuerdos era fundamental en el desarrollo de esa fuerza, no estaba claro nada de lo que sucedía, pero cerrar esas posibilidades quizá le costaría un precio mayor al beneficio que estaba obteniendo. Después de todo, lo mas prudente era guardar su identidad y encontrar la respuesta a sus preguntas antes de iniciar su búsqueda de poder. Sospechaba que un solo deseo bastaría para obtenerlo, pero ¿Por qué tenía esos recuerdos? ¿Por qué se sentía como dos personas a la vez? ¿Quizá le habrían regresado al pasado con uno de esos deseos? Pero ¿Quién? ¿Por qué motivo? No tenia acceso a todos esos recuerdos por completo y sospechaba que sería un proceso largo, solo otorgado por estímulos externos. Le fastidiaba pensar la cantidad de tiempo que eso tomaría.
—¡Es un completo loco! — Exclamó, la ahora hastiada piloto.
Retomando su atención al momento en el que estaba, todos le observaban esperando una respuesta, pero desgraciadamente no sabía si había una forma de continuar sin arruinar mas el futuro que le depararía.
—¡Oiga! — se dirigió al sorprendido maestro anciano — Necesito hablar con la bruja — declaró sin obtener ninguna respuesta.
—Tal vez tantos golpes en la cabeza de verdad lo enloquecieron — La lenta voz de Yayirobe, le hizo cuestionar la torpeza de sus actos.
—Todo planeta posee entidades que tienen conocimiento sobre cosas sobrenaturales —Comenzó su explicación cerrando los puños, sumamente ofuscado por la mirada de incomprensión y extrañeza que empezaba a recabar del resto — Supongo que eres el ente más anciano de esta patética tripulación y debes conocer a alguien con esos atributos— Continuó cruzándose de brazos recargado en las paredes del vehículo. Realmente necesitaba descansar.
—¡¿Por qué habríamos de ayudarte?! — Gohan se liberó del abrazo de su madre, aun furioso por la perdida de su querido maestro.
—Porque soy la única opción que tienen de revivir a sus inútiles amigos — Les dedicó una media sonrisa, ganándose un chasquido de desaprobación.
— ¡Solo un tonto confiaría en ti! — Le enfrentó la mujer de su rival — ¡Eres solo un vil monstruo capaz de matar un indefenso niño! ¿Quién va a creerte? —
—¡Hasta hace unas horas nos querías a todos muertos! — Yayirobe se atrevió a expresar.
—¡Nadie en este lugar va a creer algo de lo que digas! ¡Asesino! — La científica vociferó desde su sitio.
—El tiene razón — Finalmente Krillin interrumpió la locura momentánea— Sin ánimo de ofender Bulma, no creo que la corporación tenga aún acceso a esa tecnología. sin esos recursos no tenemos posibilidades, es un riesgo que tendremos que correr si queremos ver de nuevo a Yamcha y los demás —Se dirigió a la chica, causando un temblor en su estampa, mas no era producto del temor que la idea de tener que cooperar con ese salvaje le causaba, sino el grado de desfachatez con el que ese sujeto pretendía formar una alianza con ellos. ¿Quién se creía que era? Nadie le había provocado un dolor tan grande en toda su historia, ningún villano había acabado con tantos de sus amigos, en solo un instante, de forma tan irremediable y ahora simplemente esperaba que todos se ofrecieran de sirvientes a lo que fuera que estuviese planeando. Era nauseabundo.
Él sabía el tamaño de la ira que ella sufría, podía sentirlo. Intentaba no obviar el cambio de humor que eso le producía, pero a la vez, era un tema que no se había atrevido a explorar a profundidad. No sabia las razones de su futura contraparte para haberse permitido formar un vínculo tan fuerte. Permitirse amar. Y a un ser tan insignificante, ni siquiera sospechaba como pudo atreverse a rebajarse hasta ese punto. Sin embargo, por más que luchaba por no dejarse influenciar, parecía que no había forma alguna de no involucrarse, era instintivo de algún modo y se encontraba en una combinación entre negación, enojo, asombro y ansiedad por ello.
— Se de alguien que puede cumplir con ese perfil— El maestro continuó— pero no la contactaré a menos que me digas la razón de tu cambio de opinión— con total serenidad, respondió a la posible amenaza — ¿Por qué querrías darnos la oportunidad de revivir a los nuestros?... ¿acaso cederías el deseo que pensabas pedir aquí?
— Hay muchas formas de lograr lo que deseo— Contestó con una chispa de ambición en el rostro— Si cooperan, nunca volveré a atacar la tierra— Aseguró totalmente serio— Pero antes necesito aclarar dudas sobre el otro mundo— Respondió sin ser totalmente falso. Decidió no prestar más reflexiones a lo acontecido y bajando la guardia, otra vez se dispuso a concentrarse en bloquear el dolor de sus heridas.
Roshi le observaba atento. Quizá fueran tontas suposiciones, pero algo en la estampa de ese individuo le hacía sentir un cierto grado de confianza. No detectaba una intención oscura, ¡No detectaba intención alguna! Como si milagrosamente hubiese sido transformado por fuerzas invisibles. Lo veía ahí recostado y en completa calma, cual si en vez de un grupo de enemigos jurados, estuviese rodeado de sus más viejos amigos. Era muy extraño.
El recorrido transcurrió en total silencio. Descendieron al hospital de la corporación, donde ingresaron para atender las múltiples heridas de gravedad de los defensores. El aroma de las noches de ese planeta era muy peculiar, de algún modo estaba inundándose de calma y era abrumador, nunca había experimentado esa sensación.
— Tu también deberías entrar si no quieres morir— Espetó esa joven de ojos azules, sin voltear a ver al solitario individuo que ahora contemplaba las opciones que tenía para sanar. Aunque no estaba en el estado de Gokú, ciertamente tenía heridas internas delicadas, maldijo por lo bajo el no haber partido al planeta 79 de inmediato, donde los recursos eran mucho mejores que en ese sitio primitivo. Si lo hacía en ese momento perdería la confianza de los terrícolas y provocaría más consecuencias negativas que positivas.
Cuando regresó la vista, estaba totalmente solo.
'¿Sabes lo que fue haber estado en una cama de hospital, sintiéndome completamente sola? Eres tan egoísta '
Recordó la voz de esa mujer y el dolor de esas palabras, pero no podía atribuirlas a un hecho particular, solo sentirse momentáneamente desdichado por ese desdén. Repasó mentalmente los recuerdos de sus fases de poder. Estaban todos los cambios que recordaba, quizá no habría arruinado las cosas en su totalidad y aún había forma de conseguirlo, mejor aún, quizá también había oportunidad de evitar el fatídico destino de caer presa de sus emociones por esa mujer, sensaciones que hasta ese momento había conseguido bloquear con muchísimo esfuerzo.
Después de todo, sus transformaciones parecían no estar estrechamente ligadas al hecho de que ella le odiara. O así lo prefería creer.
Si permanecía suficientemente alejado, habría la posibilidad de que ese lastre emocional se borrara, conservando lo verdaderamente importante. Pero por otro lado, sentía que esa era la traición más grande que pudiese hacerse a sí mismo. La sola idea le dolía por increíble que pareciera. Estaba furioso consigo, todo ese tiempo pensándose un dios y al final resultando ser como cualquier hombre mortal... vencido por una mujer.
Refunfuñó aceptando su miserable suerte por el momento, accedería un par de días a ese establecimiento de curanderos neófitos hasta poder ponerse en pie, después utilizaría la habitación del tiempo para terminar de sanar. Sería doloroso pero valdría la pena. Por fin tenia la oportunidad de cambiar todo el tablero del juego a su favor. Esperando, por supuesto, que los terrestres estuviesen en la mejor disposición de cooperar por su causa. No sería mucho problema, pues conocía las debilidades de cada uno y manipularlos sería un juego de niños.
En ese entretenido panorama divagaba, cuando notó que, frente a él, una chica desconocida ofrecía una silla de ruedas, no sin el factor de terror que solía provocar en toda persona que le observaba detenidamente.
— Aleja ese estorbo de mi— le pasó de lado de forma totalmente engreída, tambaleándose por sí mismo hasta ingresar al hospital.
Los murmullos no se dejaron esperar, algunas personas debían haberle reconocido, pero estaban suficientemente aterradas para saber que hacer o asegurarlo. Quien más llamaba la atención siempre era el fenecido Napa, su tamaño lo hacía imperdible, pero los más observadores seguramente entendían lo que estaba pasando.
— No se asusten — en medio de la algarabía de la multitud, respondía el suspicaz Krillin — Sé lo que parece, pero no es así, ¡Les aseguro que no tienen por qué temer! No es quien piensan, ya nos ha pasado… — levantó las manos carcajeándose, sosegando al resto, sin perderle de vista continuaron sus actividades.
Un gruñido sutil resaltó en la garganta del saiyajin, no le gustaba la idea de ser tratado por humanos, pero no había otra forma de pasar desapercibido. Su concentración se perdió cuando en el vestíbulo escuchó los lamentosos gritos de su congénere.
—¡Sáquenme de aquí! — Luchaba ridículamente contra el grupo de enfermeros que pugnaban en docena intentando contenerle, el pánico perdido en sus ojos era totalmente absurdo, ciertamente no comprendía como una vergüenza de ese tipo podía haber logrado los poderes que poseería. Aunque ciertamente… eso estaba por cambiar.
—Cálmese señor, es solo una pequeña inyección— La enfermera intentó contenerle.
— ¡Gokú estas avergonzándonos! — Los dientes amenazantes de Milk brillaban sobre las risotadas de Gohan quien se burleteaba entretenido.
—¿Esta segura que esto solo fue un accidente automotriz? — Impresionado por la variedad de contusiones, fracturas, heridas y el hecho de que ese paciente siguiera consciente, el experimentado medico canoso interrogó a la única responsable de firmar las entradas.
—Así es —Asintió molesta por ser cuestionada, a veces la juventud que poseía le jugaba en contra de la credibilidad que representaba, incluso entre otros colegas ingenieros —Por favor ingréselos pronto — solicitó en autoritaria voz—
— Déjame ayudarte — Krillin extendió su mano al frente del abstraído rostro de Vegeta, sacándolo de su ensimismada estampa.
Realmente estaba exhausto y esos desplantes de amabilidad sin sentido lo irritaban más. Acababa de darles la pelea más sanguinaria de sus vidas y ahí estaba con las blandengues convicciones de cortesía flagrantes. Pero ciertamente entendía que no había ápice alguno de superioridad en los actos de ese sujeto. Una de las pocas cualidades que le agradaban de él.
Sin darle gran importancia accedió, usándolo como bastón hasta ingresar en una de las camas dispuestas para el grupo en el hospital. Para su fortuna una sección aislada y sospechaba que esa decisión había tenido que ver con la peliazul, quien era certero, no le quería en el mismo sitio que a sus adorados amigos. Siempre una rica mimada, acostumbrada a tener las cosas a su manera. Mientras se desplazaba le dedicó un vistazo altivo, ahí estaba mirándolo con total furia, en ninguna de las cosas que hasta ese momento podía recordar, la había visto con un semblante tan joven. La forma en la que su cabello estaba recogido en ese ridículo moño rojo, quizá infantilizaban mas sus facciones, con el tiempo, sin embargo, llegaría a ser mucho más atractiva. Gruñó de nuevo descubriéndose a sí mismo, pensando otra vez en la misma serie de estupideces que quería borrar.
—Nos has ocasionado un gran daño — El nuevo aliado que ayudaba a moverle, le sorprendió mirándola —No la culpes por ser tan hostil —Se encogió de hombros intentando adivinar lo que pasaba por la mente del enigmático sujeto —Quizá con el tiempo logre perdonarte, no es tan mala cuando llegas a conocerla.
Transformó su rostro en un lienzo blanco ilegible. No quería que de algún modo sospechara lo que pasaba por su cabeza, lo ultimo que necesitaba era otro problema más, exponiendo lo que hasta ahora era la única debilidad que se conocía de sí mismo.
—Sabes, no entiendo cómo es que supiste lo que mencionaste en el campo de batalla — Admitió el menor, continuando la innecesaria platica — Pero si de algún modo lograste estudiarnos hasta este punto, solo puedo pedirte que recapacites, si en verdad te beneficia mas ser nuestro enemigo que nuestro aliado — Le dejó en paz, saliendo de la habitación sin preocuparse mas por ello.
Tenia razón. Vegeta lo sabía, en otros tiempos esos sujetos le habían sacado de muchos problemas por igual. Por ahora no pensaría en ello.
Los humanos se aglomeraron a su alrededor con toda clase de instrumentos primitivos, un pinchazo, otro más y ….otro más. Después de las sorpresivas sobredosis en todo lo probado, finalmente pudo encontrar el descanso que necesitaba.
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Unos días habían pasado. Pero el misterio parecía prevalecer irresoluto.
—¡Tengan piedaaaaad! ¡NO! — los gritos insoportables de Gokú mantenían a todos en un estado de ansiedad.
—¡Cálmese! ¡Sólo estamos cambiando los vendajes! — la misma enfermera malhumorada lidiaba con la batalla campal del resto del equipo médico, que una vez mas intentaban mantener quieto al escandaloso paciente.
— ¿De verdad será tan doloroso? —- la mueca de Krillin en su bata azul empezaba a contagiar al mismísimo Gohan que también esperaba impaciente la oportunidad de huir.
— No prestes atención — su maestro le ordenó —deben concentrarse en sanar, no sabemos que tan pronto necesitaremos de su intervención de nuevo— observó con detenimiento la otra habitación donde no parecía emerger ruido alguno. Nadie quería adivinar si la momentánea lealtad del saiyajin podría cambiar de dirección en cualquier instante.
—¿Cree que se haya muerto? — preguntó torpemente el alumno, destacando el hecho de que por todos esos días, ni un solo sonido habría salido de ese lugar.
—No seas tonto— Continuó el viejo —puedes sentir su ki tanto como yo…—Realizó una pausa acompañada de un gesto de incomprensión. Con un trasfondo indescifrable al respecto.
— Yo tampoco lo entiendo— Atado en el molesto enredo de vendajes, contemplaba absorto las posibilidades — Es como si fuera una maldad intermitente y tuviera dos personalidades, una despiadada y otra…—
— Pues yo creo que es un hipócrita — Se apresuró la ofendida madre a externar su opinión — Solo está esperando que ustedes confíen, para matarlos en el momento en que estén mas vulnerables…¡y esta vez ni piensen en meter a mi Gohan en sus asuntos! —
—Por si lo olvidas, fue tu tonto esposo el que sugirió que lo trajéramos — Yayirobe se mofó
—Los siguientes — la enfurruñada enfermera se asomó por las puertas metálicas poniendo fin a la discusión, provocando la estampida y captura del resto de temerosos pacientes.
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Del otro lado, el escándalo matutino de la tropa de inmaduros, perturbaba el descanso del resentido príncipe, cuyo único escape de esa realidad era observar por la ventana esperando invocar un milagro que permitiese a su cuerpo tener una recuperación mucho mas veloz. Los últimos días habían sido una tortuosa inmersión entre platicas tontas, carcajadas y desagradables bullicios del grupo del cuarto vecino. Odiosas criaturas.
A través del leve fulgor en las persianas semicerradas, apreciaba que era un día soleado, el logo en las sabanas le producía una desagradable nostalgia, probablemente de los días posteriores donde seguramente disfrutó de esos momentos de paz. Ese planeta le traía sentimientos que nunca experimentó y no podía evitar enfrascarse en el coctel de repugnancia, autoflagelación y desprecio por sentirse momentáneamente incapaz de dejar de pensar en ello. Realmente admiraba la fuerza inimaginable que su contraparte del futuro poseía, transformaciones que debian definir el significado de poder. Las opciones eran infinitas para por fin poseer el protagonismo que siempre debió tener, pero era demasiado tolerar que el recurrir a la información en esa conciencia, se apoderara de sus pensamientos poco a poco. Si no hacía algo, acabaría convirtiéndose en su totalidad en ese sujeto y eso le quitaría del camino todas sus ambiciones actuales. Impensable.
—Mi hermano insistió…en que tenias un asunto pendiente conmigo— La vieja amedrentada estaba detrás de la ventana, flotando con precaución detrás de la cortina guardando la distancia del temible asesino que permanecía oculto en el claroscuro.
—No te haré daño mujer —contestó emulando una especie de saludo para hacerle ingresar. Realmente no era bueno con esos protocolos.
—¿Y que asunto tiene un monstruo como tú, con una delicada anciana como yo? — Escéptica guardando su distancia le interrogó.
—No soy lo que crees que soy — insistió incitando a la visita a ingresar. Después de una larga pausa la mujer se decidió a pasar. Flotando en su orbe y mirándolo con desaprobación, ahí estaba ese cúmulo de arrugas y cabello rosa que recordaba bien. Esa misma expresión amargada como el día en que le condujo de vuelta del mundo de los vivos, para acabar con Majin Boo.
— Y bien…¿Qué es lo que quieres? — preguntó impaciente levantando ambas cejas en escrutinio del sospechoso joven.
— Necesito saber si eres capaz de mostrarme que es lo que ha ocurrido conmigo — Soltó sin encontrar palabras adecuadas para expresar lo que tenía que decir.
—Por lo que se, Gokú te dio una paliza —
—¡Eso no! — Gruñó ofendido. Se cruzó de brazos indignado esperando encontrar como reformular su pregunta.
—No se si te lo han dicho, pero mi servicio tiene un alto costo — Aprovechó la pausa para hablar de negocios.
—Considera el pago, que te deje largarte con tu persona íntegra— Respondió de forma insolente.
—¡No eres mas que un ingrato! — Se disponía a refutar la invaluable oferta, pero lo vio tomar otra postura.
—¿Y que pensarías si yo pudiese decirte tu futuro? Que Uranai-Baba ni siquiera es tu nombre real—- Se incorporó haciendo un gesto presuntuoso.
—¿De qué hablas? —Intrigó a la vieja interrumpiendo su marcha sorpresiva.
—Se que Enmadaio-sama te pide favores con frecuencia, te encontraste con Kami-sama hace unos días y estas cansada de tu trabajo en el mundo de los muertos… pero lamento decirte que te esperan otras extrañezas en camino y tu planeta peligrará aún más de lo que fue conmigo— Terminó especulando el efecto de su revelación, había ganado la curiosidad de la anciana.
—¿Ya habías muerto? — Preguntó sorprendida. Casi ningún mortal podía saber con precisión su trabajo, mucho menos los nombres de los jefes del otro mundo y era imposible que alguien mas supiese con certeza lo que habría de ocurrir.
—No, pero quizá lo haré en un breve tiempo…y de nuevo sucederá en unos años, al igual que tu y todos los demás— Aceptó con amargura —pero en realidad puede que eso nunca suceda si resuelves mi dilema—
—¿Quién eres? — se acercó deshaciéndose de todo temor, era un misterio fascinante.
—Esperaba que tu me dijeras eso — Afirmó frunciendo el entrecejo con determinación. Era la única carta que tenia sobre la mesa y esperaba con toda su esperanza tener las respuestas que buscaba.
La bruja accedió comprendiendo que se trataba de un asunto delicado. Tal vez mas de lo que ambos pensaban.
—Posa tu mano en el orbe — Le ordenó y acto seguido, lo hizo sin titubear — Concéntrate en lo que quieres saber —
No habiendo terminado de decirlo, en la esfera saltaban a su vista todas las imágenes revueltas. Todas envueltas en una bruma de inconsistencia, cual frágiles copos endebles. Indagó del mismo modo concentrándose en la premonición. Era imposible, pero de algún modo, ese simple mortal había transgredido las líneas del tiempo, mas no era una habilidad natural de su persona, su conciencia viajaba en realidades alternas y discernió que, ese engreído malnacido, se trataba de un personaje vital para la supervivencia de su mundo. Tenía un potencial increíble peleando al nivel de monstruos destructores de galaxias, un aliado vital para Gokú en futuras contiendas, pero del mismo modo una ficha peligrosa e inestable que les podía poner en peligro por un simple capricho. Terrible combinación.
— ¿Entonces? — preguntó tratando de no sonar impasible. Desesperado del silencio y contemplar vistazos de los movimientos en las cejas extrañas de esa mujer sin respuesta alguna.
—Eso que ves en recuerdos — inició con paciencia — era tu futuro—
—¡¿Era?! — protestó enfurecido. Se negaba a creer que ese poder pudiese perderse, si aun continuaba presente en su memoria, no podía ser así.
— Puede que no haya cambiado, porque no has hecho algo significativamente grande para que las cosas sean diferentes, pero si continuas en este mundo puede que las cosas, como todos las conocemos, no regresen a la normalidad — Contestó en modo casi automático, prestando toda su atención a las lecturas que no dejaban de surgir — Es una magia muy poderosa que no logro comprender, pero no es ninguna fortuna que te encuentres en este predicamento —
—No tengo ningún predicamento, anciana Aaseguró —- He de alcanzar ese poder y no tendré rivales en menos tiempo del que imaginas, no habrá otro ser mas poderoso que yo, ni el mismo Bills podrá hacerme frente — Se regodeó en el jugoso alcance de sus ambiciones.
—Ese no es tu predicamento y lo sabes — Sin dejarse impresionar, la vieja adivina continuó — Estas atrapado entre dos personas y tu cuerpo no tiene el aprendizaje para dejarse dominar por tu verdadero yo, por una sola personalidad, por eso vives en la inconsistencia continua — Suspiró alejándose al haber visto suficiente —Esto es una magia que no puedo comprender y necesitas de un ser mucho mas poderoso en estas artes —Admitió con pesar —Pero si continuas cambiando las cosas a tu antojo, puede que al final seas tu quien mas se arrepienta de ello — Le advirtió adivinando las oscuras rencillas de su corazón.
El aludido guardó silencio. No tenia caso fanfarronear como su joven parte adoraba. Podía aprender una o dos cosas útiles de su personalidad experimentada. Escuchar de vez en cuando, no le haría ningún mal.
—Necesito ese poder para garantizar que nada de esas catástrofes ocurrirá —-Admitió permitiendo a su parte caballerosa permear en la afirmación — Todo puede marchar de mejor forma para todos —
—Ese poder no se puede obtener ni cambiar así de fácil— Ella contestó — Tu yo joven, no está preparado para manejarlo, no esta entrenado ni en carne ni espíritu, ni siquiera tu misma mente ha acabado de comprender todos los alcances que necesitas… —Le regañó sin reparos— …y te rehúsas a dejarte invadir por todos los procesos que te hicieron ser todo lo que ese cuerpo fue. — Negó con decepción— La gloria viene envuelta de fracasos, muchacho — Terminó la visita saltando de regreso a su bola de cristal para retirarse, sin siquiera molestarse en ver la cara de enojo que estaba provocando en su oyente — Mi consejo sería, que arregles este malentendido y regreses a tu época donde eres necesario… Olvida esas pretensiones peligrosas y si es que en realidad hay un modo de regresar, es TU deber averiguarlo — Decretó con gran seriedad la última sentencia, volteando para mirarle con detenimiento — …o puede que todos alrededor tengamos un destino peor del que hasta ahora ha sido escrito —
Se fue.
— ¡Esa bruja ilusa no dijo nada! — Bufó. ahora totalmente solo. Se negaba a aceptar que de algún modo esa fortuna se transformara en desgracia, el saber exactamente todo lo que ocurriría, jamás podía, de ningún modo, ser algo malo. Ella estaba equivocada, se lo probaría. Aunque en el fondo ese temor estaba ya instalado. Su plan de desear obtener ese poder era ahora un vacío hueco, pues sabia que eran verdades absolutas las que había escuchado. No hay camino rápido al éxito.
Después de todo tal vez era prudente encontrar una solución por si todo saliese mal, encontrar la forma de regresar su conciencia a su tiempo, o encontrar la razón por la que estaba en ese lugar. Para su suerte aun contaba con uno de esos seres poderosos, ese anciano de Namek debía tener alguna respuesta para darle.
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—NO y DEFINITIVAMENTE NO —
—Alguien tiene que hacerlo — Empequeñeció los ojos a modo de súplica, puesto que era la única sección de su cuerpo sin un vendaje — Vamos, Bulma no es algo tan terrible —
— ¿No es TAN TERRIBLE? ¿¡Es que acaso olvidaste todo!? —Espetó furiosa —¿Por qué no lo hace Krillin? y sirve de algo para variar— Le miró por encima del hombro de manera inicua — No puedo creer que hayas tenido ese control en tus manos y lo hayas perdido—
—Cierto, tu has sido de gran ayuda los últimos días —Afirmó el mencionado, en tono sarcástico.
—He estado ocupada intentando averiguar como quitarle al gobierno esas malditas naves— Se cruzó de brazos inconforme por la critica implícita— No he podido siquiera acercarme y he estado envuelta en muchos papeleos—
— Te podías haber ahorrado todo eso— Insistió rodando los ojos, el casi momificado Gokú.
— ¡Yo no tengo nada que tratar con ese desalmado asesino! — Persistió en su defensa mostrando los dientes —Ustedes pueden ayudarle todo lo que quieran ¡Pero yo no pienso hablar con él nunca más! —
— Bulma, pero tú eres la única que puede hacer algo — El pequeño Gohan, bajando su lectura, decidió intervenir por el bien del faltante sentido común del grupo.
—Silencio Gohan — su madre le interrumpió — Tienes mucho con que ponerte al corriente —
— No veo la necesidad, pequeño — afirmó la científica sentándose al lado del chico — En cuanto se recupere tu papá y nuestros amigos podrán acompañar a ese lunático al planeta de Piccolo— alegremente afirmó con despreocupada sonrisa.
—¿Has visto el tamaño de esas naves? — Con la carita enfadada, el niño se cruzó de brazos — ¡Solo cabe una persona! Si solo uno de nosotros lo acompaña, no habrá garantías de que cumpla lo que dijo que haría— Insistió obviando lo que todos pensaron.
—¡De ninguna manera tu formarás parte de esos planes terribles! — La antigua princesa decretó de forma injustamente absolutista.
—¡Mamá ellos asesinaron al señor Piccolo! — Se apartó reiterando su deber a la causa que perseguirían.
—Tienes razón Gohan — meditó Krillin en voz alta — Si solo uno de nosotros lo acompaña, podría ser asesinado por igual, necesitaremos por lo menos una nave más —
—O dos…— Observando lo que ocurría en el televisor Yayirobe acabó en un instante con el animo grupal, mientras sus esperanzas se hacían pedazos junto con los fragmentos de la nave que torpemente, esos ingenieros habían tratado de reiniciar.
'¡No podemos explicar lo que ha sucedido!'
La voz del reportero, rodeado de las llamas de la explosión, llenaba de pánico los corazones de los presentes, sobre todo cuando solo quedaba ese último recurso y necesitaban de inmediato ponerle a salvo.
—¡¿Esa es suficiente señal para que hagas algo ya, Bulma!? — Krillin le gritó desde su cama, pero al buscarla no la encontró en la habitación.
El momentáneo silencio en su habitación era reconfortante. Algo debía estar pasando en el mundo terrestre que había permitido que ningún ser humano se le acercara el resto de la tarde, alguna noticia, suponía. Pues durante toda la mañana habían estado hablando de "El grandioso descubrimiento". Habían pasado un par de horas ya, finalmente un merecido descanso.
—¡TU, GRANDISIMO CRETINO! —
Tempestiva, llena de ira y con el cabello alborotado, atravesaba el umbral de su puerta ese conocido rostro que le plagaba el subconsciente.
No pudo hablar, puesto que en ningún momento esperó recibir de forma tan audaz, tal visita. Nervioso, solo alcanzando a cubrirse parcialmente, puesto que se había rehusado a usar la estúpida bata rosa proporcionada para su cambio. No importando abochornar al personal que le atendía.
— ¡¿Cuándo piensas traer la maldita nave de la que hablaste?! — Se le acercó sin temor alguno totalmente fúrica —¡Debes llamarla de inmediato o destruirán la última que queda! —
—¿¡De qué demonios hablas!? — Contestó en el mismo tono violento, enseñándole los colmillos.
— ¡El gobierno tiene tus naves! — Pronunció histérica, casi inentendible — ¡Si no haces algo destruirán ambas! —
La alarma subió por su temple, había olvidado por completo su transporte. Recordaba el relato de que llegaron en una nave, pero no recordaba si habrían usado como base la nave de Napa. De inmediato se levantó pese a sus aun existentes heridas… y desnudez.
—¡Maldición! ¡¿Podrías ponerte ropa?! — Le gritoneó indignada
— ¡No pierdas el tiempo y dame las cosas a tu izquierda! — Le ordenó rabioso, sonrojándose con bochorno. Estaba actuando como un total idiota.
Volteó encontrándose con las pertenencias del saiyajin y le arrojó el aditamento más pequeño, dándose cuenta de que él apenas podía ponerse en pie y caminar. Al momento de tenerlo en mano tecleó de inmediato el código, ella encendió rápidamente el televisor de su habitación. Los ingenieros rodeaban la otra nave, intentando alejarla del desastre hecho, pero obedeciendo las ordenes de su dueño, inició el proceso de impulso, de inmediato se levantó generando gritos de asombro y miedo.
— ¡No se te ocurra traerla aquí! — Le increpó de inmediato, tratándole como un tonto—Sospecharán que tenemos relación con tu estúpido ataque —
—¿¡Y entonces que demonios quieres que haga con ella!? — Gruñó totalmente impaciente. No podía evitar que esa mujer alterara todos sus nervios de una u otra forma. De inmediato recordó la posición de su casa, tecleando el código, la desapareció. Lo mejor sería utilizar suficiente velocidad para evitar seguimientos y aterrizarla en el hangar de proyectos de su suegro. Suegro…una mueca inconforme se instaló en su cara otra vez.
— Debes dejarla en mi casa — Ella se apresuró a acercarse lo suficiente para explicarle con su dispositivo de geoposicionamiento — es la corporación capsula, si aterrizaste en la capital del este debes enviarla a 40 kilom… —
—Bulma, tu papá esta al teléfono preguntando si tu fuiste quien envió la nave del saiyajin…. — Se detuvo el corpulento Yayirobe al observar la extraña escena — …. ¿Interrumpí algo? —
— ¡Pero que tonterías dices! — Rabió ella cambiando a un rojo intenso, color igualado en su totalidad por el saiyajin que se apresuró a tomar asiento cubriéndose de nuevo. Nunca le molestó estar desnudo, pero a su contraparte moderna le abochornaba sobremanera que le descubriesen en alguna demostración intima con esa mujer. Los viejos hábitos son difíciles de erradicar, supuso.
—¿Cómo supiste… — Ella preguntó una vez que la distracción hizo su retirada.
— Ya había estudiado tu planeta antes de llegar — Mintió, sintiéndose culpable de no tener mejor excusa. Ella le dedicó un vistazo jactancioso y se dispuso a retirarse.
— Pues… ¡Deberías usar ropa! — Le agredió una vez mas —¿Eres un animal salvaje para andar por ahí desnudo? — Se dio la vuelta dispuesta a salir.
Y por mas que luchaba, no podía detener esa necesidad de contestar la ultima palabra y salir airoso del embate.
— Me rehúso a usar esas estupideces terrícolas, ¡Es indigno para un príncipe! —
— ¡Oh por Kami! ¿Realmente crees que eres un ser todo poderoso y ahora de la realeza también? — Se volteó enfrentándolo de nuevo —¿Un príncipe dices? ¡Un príncipe de los estúpidos! —estaba tan enojada que ni siquiera podía formular una injuria apropiada.
— ¡Silencio terrícola insignificante! — se levantó una vez mas — ¡Estas frente al príncipe de los saiyajin! Soy la elite de la mejor raza, superior a la tuya, ¡débiles mentecatos! ¡No representan siquiera un reto para mi! — contraatacó feral en su tono. Arrastrando las ultimas palabras, todavía intentando verse aun mas amenazador.
—Entonces debió ser aun mas humillante que fuera uno de tus "súbditos" el que te dejara en ese estado — Se burló, cruzándose de brazos, posando su cabello delicadamente detrás de su oreja disfrutando del tamaño de la rabieta que ese odioso sujeto estaba escalando.
Y en realidad, él no podía impedirlo. Maldición había sido una respuesta tan humillante, cargado de ira tomó todas sus fuerzas para pararse y darle su merecido. Estaba totalmente nublado por una sensación de lava sofocante. Verla ahí parada, solo jugando con su cabello y esa insolente mirada pomposa, no se dio cuenta cuando ya estaba a un centímetro y ¡Rayos iba a matarla!. Oh no…¡no!. No quería eso, todo su cuerpo estaba respondiendo de un modo completamente diferente, estaba absorto en el efecto, estaba … estaba. No podía ser eso, no podía admitirlo ¡No podía ni decirlo!
—¡Así es engreído pretensioso! — Tomó espacio resoplando por el repentino calor del que se llenó la habitación — Y mas vale que recuerdes eso, porque es también una terrícola a la que deberás el favor de poner de nuevo tu trasero en orbita — Igualando la postura, que él muchas veces realizó al dejar a un enemigo sin palabras, salió tan rápido como ingresó.
Justo a tiempo para que el tomara un respiro. Derrotado, tomó su cabeza entre las manos. Era aún más difícil de lo que pensó que sería, paso por su psique un matojo de algunas de las peleas más intensas que tuvieron, él de verdad amaba eso. Encendía su sangre de un modo en que ninguna otra persona en el universo podía. Definitivamente, si convivía más tiempo con ella, terminaría repitiendo exactamente la misma historia. Se negaba a aceptar lo que habría pasado si ella se hubiese quedado.
'¡Es totalmente inaudito!' se escuchaba en la televisión.
— Y que lo digas…— Susurró con el ceño bien fruncido, lanzando el control de la nave contra el televisor para apagarle. Y ahora recordaba… habían llegado en la nave de ese maldito Nameku.
_..._
—Odio esto—
—¿Que has dicho? —
No había algo mas indigno en lo que pudiese pensar. Quizá si blasfemara sobre su propia estampa admitiendo que prefería su camarote en la armada de Freezer. Helo ahí, recostado con total incomodidad, sintiendo en una sección de la pierna humedad, proveniente de alguna asquerosidad que solo Kami sabría de qué se trataba. Era grotesco. Por supuesto sin mencionar el hecho de que era la segunda noche que pasaba en esa habitación, después de haber jurado por todos sus ancestros, que nunca más incurriría en tal agravio a su digna persona. Palabras más, palabras menos, helo ahí de nuevo, ávido a seguir saboteándose por quien sabe cuanto tiempo más. Indignante.
— Cariño, tu odias todo — devolvió el reproche en cínico bostezo. Se estiró lentamente desperezándose en lo fresco de la noche que aún invadía la habitación. En el proceso, tirando un par de objetos mal puestos. Migajas de toda la colección de cosas desordenadas en ese cuarto, que debía ser la puerta del infierno para cualquier persona con un trastorno obsesivo compulsivo.
Decidió que había sido suficiente, era suficiente de ese maldito dilema y del desliz, del abandono de deberes y la indulgencia con la que se consolaba al minuto posterior, disfrutando cada gruñido animal con el que se descargaba en su nuevo objeto de atracción. Era lo bastante deshonroso hasta ahora, para entender que no podía seguir haciendo lo mismo. ¿Quién le respetaría? Si no podía siquiera respetarse a sí mismo violando sus propios limites y mucho menos esa fémina, tan tentadora como insolente, que ni siquiera tenia la decencia de ordenar un poco para arrastrarlo hasta esa traicionera recámara hipnótica.
Allí sentado en la orilla, como una pequeña victima de sus deseos primitivos, decidió recoger los fragmentos regados de su dignidad y se levantó sin voltear. Era suficiente.
—Cierra la puerta cuando te vayas— ordenó la joven de manera serena y simple, acomodándose muy a gusto entre sus calientitas sábanas.
¡La osadía! ¡¿Cómo se atrevía a despacharlo como vil sexoservidor?! ¡El insoportable descaro! Esta vez ¿Ni un poco atinado ¿Por qué te marchas? merecía?. Ingrata mujer vulgar, regresó de inmediato dispuesto a reclamar tal acto de pedantería aventurada ¡Ella era la que debía estar agradecida por la sola oportunidad de estar en su presencia! Arrancó las sabanas de su cuerpo, brillando las ansias de extirpar de un tajo esa linda cabeza. Pero esa visión se borró, con la misma velocidad con la que llegó, las ansias homicidas reemplazándolas por un revoloteo absurdo.
—¿Y entonces? — Le recibió ella con una risilla pícara, adornando el hermoso relieve blanco de su piel —¿Quieres que repasemos las mejoras al compresor de gravedad? — Se enderezó pasando la breve nariz delicada sobre sus firmes pómulos, un movimiento tan simple e íntimo, pero tan seductor como esa forma desganada de enredar la tela suelta sobre su escultural cuerpo —Si eres bueno, quizá te regale un par de mejoras para los droides también— Colocó ambos brazos relajados en sus hombros, susurrando en su oído suavemente. La apartó brusco, sonriendo del mismo modo retador — Si tu lo haces, puede que incluso considere perdonarte la vida por tu insolencia— Y la arrojó de vuelta al mullido colchón, donde de un movimiento le demostraba quien estaba al mando, aunque sabia a la perfección que posiblemente esa fuera la única batalla que jamás ganaría.
¡Pesadillas!
Se levantó sudando profusamente. Había sido muy real. Desde ese día que ella se atrevió a invadir su espacio, fragmentos de sueños desordenados le recordaban de manera involuntaria su vida en la tierra y sobre todo con ella.
Pero no podía darse el lujo de explorar cada uno de esos tópicos insufribles, debía aprovechar la renuencia de su ser actual, para deshacerse de las ataduras que, en caso de ser exploradas, tenia la sospecha de que permearían de forma indisoluble sobre él.
Ya había obtenido, sin embargo, la suficiente información sobre ese sueño en particular: La cámara de gravedad.
Un elemento sumamente necesario para lograr su objetivo y conseguir preparar su cuerpo para el ascenso al nivel de super saiyajin, que por el momento bastaría para acabar con Freezer. Más si deseaba obtener su sueño, no le quedaba mas remedio que poner los planes en marcha y tener que encarar una vez más a Bulma. ¡Rayos! Ya empezaba a denominarla.
Observó su progreso y sentía que por lo menos ya era capaz de moverse fuera de peligro. Quizá volar un corto trayecto. De cualquier manera no podía correr riesgos y sospechaba que solo pararse ante el templo y exigir que se le permitiese ingresar a la habitación del tiempo, no seria una opción. La única forma de conseguir ingresar sin que le dejaran atrapado para siempre, era con una moneda de cambio, un aliado que pudiera ser leal y discreto a la vez. No tenia muchas opciones y aunque sabía que su rival tenía esas fastidiosas cualidades que todos adoraban, no estaba en mejores condiciones de moverse que un bebé neonato.
¡Gohan! Por supuesto, ese bebé super crecido. Quizá el único peleador que verdaderamente respetó por un tiempo. ¿Pero que estaba pensando? ¡Aun era un niño inútil! Y aunque pudiera de algún modo llevarlo consigo, la harpía de Kakarotto lo perseguiría hasta el fin de la galaxia y probablemente conseguiría poner a toda la tribu en su contra.
Bufó impasible. Solo le quedaba un elemento, bastante indigno, pero que por lo menos conocía lo suficiente para controlar. A juzgar por el escandalo en el otro recinto, suponía que para entonces estaba ya en mejores condiciones que él. Desgraciado suertudo. En otra línea temporal no había tenido tanta fortuna y de un golpe le habría roto el brazo. Por lo menos tenia la cualidad de ser confiable y si le exponía de frente lo que mas le interesaba, era seguro que se uniera a sus filas.
Se armó de valor para levantarse, decidiéndose a no usar un enlace mental, ese tonto seguramente estropearía todo anunciándole al resto lo que intentaba hacer. Cojeando aun adolorido se asomó hasta el dintel de la puerta contigua, solo para observar a la pandilla de ingenuos haciendo lo que siempre hacían, reír por todo como idiotas.
El silencio se instaló profundo, todos con los ojos bien abiertos apenas creyendo lo que veían, realmente reprimiendo las ganas de reír ante la cómica instancia del príncipe saiyajin parado con vendajes en cabeza y cuerpo, usando únicamente la descubierta bata azul del hospital. Bastando su lenguaje corporal para determinar que no venia en son de guerra, solo permanecieron atentos a lo que habría de decir.
—¡Tu! — señaló al incrédulo Krillin que a la vez se señaló a si mismo en torpe mímica — Si, ven de inmediato — ordenó rudamente regresando con esfuerzo a su habitación. Dudó por un momento si eso funcionaría, pero al escuchar los pasos detrás, repensó de nuevo lo que diría.
— Tal vez sería buena idea que empezáramos con… ¿Las presentaciones? — La voz amigable se le subía a los nervios — ¿Eres Vegeta cierto? —
¡Cielos!, quizá en esta época era aún más estúpido de lo que recordaba. Talló su entrecejo con ambos dedos intentando olvidar ese intercambio.
—Debes llevarme al templo de Kamisama por el bien de todos los que te importan — Soltó sin preámbulos ni meditaciones. La comunicación no era su fuerte.
— ¿Qué? ¡Claro que no! — se retrajo receloso, toda la incomprensión dibujada en sus risibles facciones.
Meditó aun mas en la forma de hablar que utilizaría. Por un momento olvidó que eran un montón de criaturas sensibles y susceptibles a todo lo que se les dijera. El solo presentarse a si mismo como un salvador de su mundo no iba a servir sin las pruebas adecuadas… o un poco más de persuasión.
—Cierra la puerta — Comandó una vez más, observando la fluctuación nerviosa del ki de su invitado —¡NO! ¡No estás en problemas! Ahora apresúrate—
El menor le regresó una expresión de total y boba admiración
—¡Ahora entiendo todo! —Gritó — ¡Puedes leer la mente! —
—¡No, maldición! — Interrumpió el interminable mundo de declaraciones absurdas, ¡Caray! necesitaba trabajar en toda la paciencia recabada en su vieja y nueva personalidad, para soportar más tiempo con esa bandada de inútiles. — NO puedo LEER tu mente ni la de nadie más, no tengo poderes hipnóticos y NO tengo intención de gobernar TU PATÉTICO MUNDO— Finalizó con mas vigor del que quizá debería, en su defensa, toda esa situación era ridículamente cíclica.
El invitado solo se quedó inmóvil. Paseando los ojos de un lado a otro con el puño cerrado, juguetando golpecitos a su pierna. El saiyajin resopló recomponiéndose.
—NO, no estoy haciendo eso que crees — Repitió como si hablase con un organismo unicelular ni siquiera consciente de su propia existencia.
—¡Si lo haces! — Lloriqueó poniendo espacio hacia la puerta —¡Oh no! ¡Estamos condenados! —
—¡Basta enano! — Le ladró ya visiblemente desesperado — ¡Escucha! Todo tiene una explicación aun más complicada de lo que a tu limitada mente le sería posible entender — Recalcó arrogante — Sí hay una razón por la que se todo lo que dije ese día — Confesó ganando compostura una vez mas — Pero necesito tu absoluta discreción ¡Si no quieres que en este momento salte sobre todos ustedes y me de un festín con sus cadáveres para compensar la asquerosa comida de este lugar! —
Sonaba suficientemente amenazador para convencerse. Asintió de forma tímida y cerró la puerta. Una vez tomando asiento ambos, el saiyajin recobró el sentido de la plática.
— Puede que te parezca tan ridículo como a mí, pero en un futuro no muy lejano resultaremos ser aliados temporales en contra de un tirano del espacio, que es una amenaza para todo tu mísero sistema solar y la galaxia—
Pero en vez de provocar el terror que necesitaba, vio a ese redondo rostro tornarse rosa y después un rojo intenso hasta estallar en una carcajada escandalosa. Se encogió, cruzándose de brazos evitando ese impulso de destruir al osado tipo.
—No te ofendas, pero quizá necesites que un especialista te revise la cabeza — Le guiñó un ojo acercándose totalmente despreocupado. Mas el terrible semblante sombrío de su oyente le hizo desistir de esa sonrisa boba.
—Freezer es un demonio casi invencible para muchos — Continuó su explicación — Un tirano que ha esclavizado la mitad de la galaxia, incluida mi raza y fue él mismo quien destruyó mi planeta natal— Pausó sacudiendo la sensación de esa afirmación— Cuando vayamos a Nameku-sei, nos encontraremos con ese bastardo reuniendo las esferas, puede que no me creas ahora pero, desafortunadamente para todos, soy el único recurso que tenemos para vencer a ese malnacido, ya que Kakarotto llegará mucho después y habrán muerto una gran cantidad de inocentes… algo que ustedes en verdad odian—sonrió cínico.
Empezando a creer la seriedad del sujeto, contempló sin hablar más, si había un ápice de broma en sus palabras, algo que dudaba que ese sujeto pudiera hacer alguna vez.
—Para corroborarlo puedes pedirle al idiota de Kakarotto que pregunte a Kaio-sama si lo que digo es verdad — Aseguró recargándose con pereza en el sillón donde se reclinaba.
—¿Como es que sabes de Kaio-sama?— Indagó suspicaz.
—Ahora quiero que pongas toda tu atención en lo que diré — Se enderezó descendiendo hasta estar sumamente cerca del rostro del exmonje — Mi conciencia futura fue enviada de vuelta al pasado de algún modo y sospecho que las esferas del dragón tuvieron algo que ver en ello — Observó que comenzaba a perder la credibilidad de su público, cuando haciendo una mueca de inconformidad volteaba ansioso a mirar la puerta una vez mas —Puedo corroborarlo con eventos simples — Se relajó tomando su espacio en el respaldo del sofá —Contacta al maestro Karin acerca de la cosecha de semillas y te dirá que en quince días estará todo listo, la bruja de Kakarotto el día de mañana cortará de modo sumamente ridículo el cabello del mocoso en cuanto lo den de alta de aquí—
—¿Por qué el templo de Kami?— Preguntó insatisfecho después de la pausa.
—Necesito usar uno de los recursos que conservan ahí— Declaró sin mas intención de revelar mas de sus planes, en caso de que algo saliera mal.
—¿Cómo sabremos que no haces esto para tu propio beneficio? — Le interrogó con gran sospecha, en sus ojos podía leer la reluctancia a creer en sus vaticinios.
Quizá debía dejarle ver algún lado mas humano, que le permitiera creer que hablaba con verdad.
—En el futuro …— tragó intentando no darle gran importancia — yo también vivo en este planeta— Externó en el tono mas bajo que pudo emular.
—¿Te refieres a que… —
—Si — Gruñó — Somos una especie de aliados… condescendientes— Expresó con rotundo asco.
— ¿Amigos? —
—Hnn— registró una mueca encarecida de desagrado.
De alguna forma, Krillin creía en lo que había debajo de esa ceja arqueada inconforme. Después de todo, el mundo en el que ellos vivían daba pie a que todo tipo de calamidades impensables fueran posibles. Suspiró y se levantó de la silla donde se había instalado.
—Entonces ¿Nadie debe saberlo? —
—A menos de que quieras arruinar las posibilidades de sobrevivir en los próximos meses — Refunfuñó sin terminar de entender como era posible que ese hombre fuera tan estúpido ¿Habría que repetir todo de nuevo? —En el futuro, tu no tuviste un buen desenlace — Se burló sepultando para sí, el hecho de que él tampoco lo había tenido.
—De acuerdo —Accedió circunspecto —Pero deberá ser mañana, pues hasta que a Gohan y a mí nos autoricen irnos sanos, no me arriesgaré a hacer nada.
Salió, contemplando las palabras del sujeto, no sabia que recurso utilizar para guardar esa información, pero decidió probar lo primero que tenia a la mano. Algún aspecto debía poder comprobarse en ese momento y de ser así, consideraría ayudarle por el bien de todos.
Cuando regresó a su respectivo sitio, transcurría la visita de su maestro con entretenido ánimo.
—Krillin, ¡Que bueno que regresas! — Le recibió amistoso — Tengo excelentes noticias, el maestro Karin me informó que en dos semanas… —
—Estará lista la cosecha de semillas — pronunció en un semblante neutral.
—Pues … si — Rio a desgana — ¿Ya te había contactado a ti? —
Pero su alumno no le respondió. Caminó meditabundo hasta la ventana del cuarto. Sus dudas estaban parcialmente acalladas y surgía la apabullante verdad. Vegeta tenía razón. Quizá convendría inspeccionar más lo que tramaba, pero si en verdad era cierto lo que profetizó, no tenían mucho tiempo antes de que el tirano del que habló llegara a poner sus garras sobre las esferas. Todo eso explicaba las extrañas reacciones que habría tenido en la pelea, por igual el cambio tan drástico de aura e intenciones. Si alguien lo hubiese enviado a esa época, seguramente era para evitar una catástrofe. O al menos así prefería creerlo, puesto que si Vegeta fuese un enemigo jurado para el clan, en el futuro seguramente ya estaría muerto.
Regresó su atención al presente, donde el ruido se había terminado y todos le miraban esperando una respuesta.
—Que…¿Qué sucede? — Trastabilló
—Dije que… si ¿Está todo bien? — Desde el fondo de su cámara de recuperación, su viejo amigo le preguntó.
—Claro —Rascó su nuca, nervioso por la actitud equívoca — Es solo que me alegra que nosotros tengamos heridas menores, verdad Gohan… y no necesitemos las semillas esta vez —intentó disuadir la atención.
—Si — asintió el tierno infante — Pero hubiera preferido estar aquí mas tiempo — se carcajeó provocando la ira de su madre, que entendía a la perfección a que se refería.
_... _
—Vegeta, no puedo simplemente sacarte de aquí en ese estado —Se encogió de hombros, apenado por el esfuerzo que el saiyajin ejercía para por lo menos poder pararse en la ventana. Quedaban escasos minutos antes de que el personal de enfermería viniera a hacer la inspección y descubrieran que intentaba raptar a uno de los pacientes.
—¡Deja de lloriquear y transpórtame! — Demandó bufando —Usa ese estúpido automóvil rojo que tienes, si lo prefieres — refunfuñó intentando una vez más subir al borde.
—¿A qué te refieres?, no tengo ningún automóvil — se cruzó de brazos sin entenderle.
¡Diablos! Esa era quizá información que había errado posicionar en el tiempo al que correspondía.
—Entonces…. ayúdame a volar hasta ese detestable lugar — Realmente la idea de solicitar auxilio era repugnante, casi tan repugnante como su absurda dependencia a ese remedo de aliado.
—Está muy lejos y aun no tengo la suficiente fuerza para llevar cargas pesadas — Se encogió de hombros en actitud sumamente negativa —Pero… sé como resolverlo — alegre expresó finalmente observando que su interlocutor se arrojaba sin temor alguno por la ventana —¡Espera!¡Rayos! — Fastidioso necio engreído.
Un cuarto de hora después, seguido de un desagradable viaje en transporte público y una docena de vistazos de odio tangible a su ayudante (merecidos por ser tan débil para no poder llevarle de modo menos indigno) el príncipe irrespetado, reconoció la ruta que ese tonto había decidido tomar.
—¡¿Que estás haciendo?! — Le tomó abusivo del cuello de la camisa, haciéndole temblar —¡No tenemos por qué estar aquí! — Bramó escandalizado por el desvío sin autorización.
—No te enojes, es la mejor forma de conseguir un transporte — Levantó las manos de modo inofensivo, retirándose de encima al rabioso líder de la operación — Solo déjame hablar a mi y todo estará arreglado—
Pero conforme lo arrastraba hasta la puerta del emporio… su ansiedad crecía a pasos agigantados. De pronto mareado y fastidiado cerró los ojos cuando de forma obligada, se debía parar una vez mas en la puerta del que fue su querido hogar por tantos años. La corporación capsula.
Toda esa sensación era tremendamente fastidiosa. El olor al cruzar el vestíbulo, el tono con el que la secretaria les recibió, no sabia si estaba preparado para bloquear el golpe que procedería en tantas memorias, que le hacían volcar el estomago intentando liberarse.
—Si, esta en el complejo sur —
Escuchó a la secretaria afirmar, mostrándoles el camino con amabilidad. Ese estúpido sistema inservible de seguridad, cualquier iluso podía pasar, sin embargo en el futuro esa era una de sus funciones, con él en el mapa, no había ser en la galaxia que se atreviera a hacer un solo razguño a su propiedad. '¡Argh!' sacudió la cabeza preguntándose porque no podía dejar de entretenerse con ese patético mundo que ya no sería suyo, debía quitarse esas fijaciones mundanas.
Y en ese pensamiento estaba, cuando frente a su nariz llegó un aroma que reconocía muy bien.
—Puedes esperar aquí si así lo prefieres — Su acompañante, observando los gestos alterados del extraño saiyajin, sugirió intentando de algún modo hacerle sentir cómodo — Solo nos conseguiré un planeador y enseguida partiremos —
Pero no le escuchó y de forma automática comenzó su marcha lenta hacia el olor que le atraía. ¡Que infortunio! ¿Cómo podía toparse con algo tan tentador en tiempo récord? Sabía que cada cierto periodo sus suegros daban banquetes informales para los trabajadores de los sectores de ingeniería. A pesar de que odiaba esas reuniones…y el contacto humano en general, de vez en cuando la madre de Bulma mostraba tener una utilidad y le guardaba los platillos que más disfrutaba en doble o triple porción… ¡Si tan solo pudiera conservar solo esa parte de su vida!
Viendo la mesa servida y totalmente solitaria, decidió que quizá no era tan mala idea acercarse y tomar un poco… o por lo menos acabar con todo lo posible antes de que esos inmundos seres regresaran por más. Instalado en una de las esquinas se dispuso a empacarse todo lo que pudiera con total desvergüenza. Cierto, ahora recordaba que amaba la comida terrícola.
— Bueno, por lo menos ese hecho no me sorprende — Comentó Krillin en voz alta, observando cómo, aunque con mejores modales, ese sujeto igualaba la cantidad impresionante de comida que su mejor amigo podía engullir. Uno tras otro los platillos comenzaban a desaparecer, sin que el culpable siquiera notara o le importunara que empezara a llamar la atención de los curiosos a la distancia. Asustados se preguntaban si debían presentarse u ofrecer lo que llevaban en sus platos.
—No se molesten — Emergió entre ellos la única voz que podía arruinarle el festín — Por lo visto ningún saiyajin comprende el concepto de propiedad ajena —
—¡Bulma! — El pobre adulto responsable de ese malcriado, le alcanzó acelerado. Poniéndose en medio de la vista, como si con eso pudiera evitar el enfrentamiento que temía vendría —Solo necesito un favor y me lo llevaré de inmediato — le apaciguó dando palmaditas en su mano. Pero su invitado no se movió ni se inmuto, concentrado en destruir todos los objetivos comestibles como si la vida le fuera en ello.
—No importa — le desvió la vista recelosa —De todos modos necesito arreglar un asunto con ese bruto insoportable — Ladeó a su nervioso amigo enfilándose directo a él. Krillin podía sentir sus semisanos músculos tensarse en respuesta a lo insondable de ese resultado.
Se posó de frente, cruzada de brazos y con la ceja tan alta que le daba un aspecto ridículamente hostil.
—¿Qué crees que haces? — le reprendió sin importarle lo que pensara el sujeto — ¡Esta es una fiesta privada! —
—En-lo-q-mmm-respecta — tragó el enorme bocado estorbando en su boca — siempre han dejado entrar a cualquiera —la miró de arriba abajo totalmente despectivo.
El atrevimiento la hizo rabiar, de inmediato le retiró uno de los cubiertos con los que desaparecía su alimento, tomándolo por sorpresa.
— ¡Que caballeroso eres con las damas! — exclamó quitándole la boba sonrisa del rostro. Él detestaba, en todas las épocas, que cuestionaran sus modales.
—Tal vez lo sería, si hubiese quien lo mereciera — Se limpió los dientes con aburrimiento —Una dama no usaría esos atuendos tan vulgares — reverberó su cosecha con gran placer, sabía que logró exasperarla.
Y de cierto que lo estaba, nadie nunca se había atrevido a criticar sus lindos shorts o entalladas blusas tubulares. Más, para desgracia de su nervioso amigo, no se dejaría intimidar.
—¿Y me juzga el rey de los monos desnudos? — Declaró con descarada mofa —Me alegra que siguieras mi consejo y por lo menos uses esos feos harapos para cubrirte —
—Bulma basta — Le tomó del brazo su minúsculo amigo— No lo hagas enojar más —Rogó intentando poner distancia entre ambos — No provoques que resurja su conducta sanguinaria — recomendó prudente entre dientes. Sin dejar de sonreírle al ahora completamente molesto saiyajin.
—¡No me importa! — Espetó —alguien tiene que enseñarle modales — Se soltó recomponiéndose en su diva actitud — ¡Oye! — Le llamó una vez más — Ya que estas aquí, necesito que me entregues el control de la nave —-exigió acercándose de nuevo y extendiéndole la mano enteramente demandante.
—¿Y para que lo quieres? — la interrogó, solo con afán de trastocar aun mas su humor inestable — Retiré todos los seguros y sistema de protección para que no tuvieran problema alguno —afirmó en grosera mueca — ¿O te ha dado problemas? ¿No se suponía que eras una genio que todo puede resolver? — Resopló divertido, echando mano de todo truco que tenía, para sacarla de sus casillas. Por supuesto, sin más intención que divertirse a costa de su predecible conducta. 'Mujer tonta'.
— Solo quería ahorrar tiempo— Contestó tranquila en un revés totalmente inesperado — Pero si prefieres, puedo hacer el cálculo y tardar un par de días mas — Se encogió de hombros, solo esperando el efecto que sabía que obtendría. Y no tuvo que esperar mucho. Reconoció el glorioso sonido de ese gruñido exasperado en el volátil sujeto y acto seguido, lo vio levantarse para darle violentamente el aditamento que necesitaba.
—Ten cuidado — Pronunció, ganando de súbito toda la atención de los dos oyentes. Corrigió el tono con el que involuntariamente expresó eso y se mostró de nuevo altivo —Tus torpes manos pueden terminar haciendo la nave explotar y eso costará aún más tiempo —-
—¡¿A quién le dices torpe, esperpento inútil?! — vociferó indignada — ¡Yo soy la grandiosa Bulma Briefs y podría construir un castillo en la punta de una aguja! —
Pero no quiso replicar a esa infantil respuesta. Ya se sentía lo bastante expuesto y debía hacer su salida del plano visible. Se levantó torpemente dispuesto a abandonar el sitio.
—No olvides instalar el capacitor inverso del regulador de gravedad — Ordenó, llamando de inmediato la curiosidad de la joven
— ¿Y para que habría de tener más de un parámetro de gravedad? —Preguntó altanera — Esta es nuestra atmósfera después de todo.
— Porque en el camino hay planetas que harán variar esos parámetros — Obvió imitando desagradablemente el tono de voz de la científica — ¿Y te dices un genio consolidado?
Avergonzada, se atrevió a detenerlo antes de que ese tullido embustero hiciera su retirada triunfal.
—¡Espera un momento! — Extendió la mano sujetándolo del brazo, pasando rudamente los dedos en el sitio rasgado del traje de combate. Pero lo que ocasionó sorprendió a todos los presentes.
Tacto. La memoria táctil que permanecía sin explorar, regresó como un trueno implacable. Su cuerpo se retrajo doblegándolo en un solo pie. Mareado por la verdadera definición de deleite e intranquilidad: Era esa tibia interacción impertinente, que se colaba exhibiendo sus más escondidos pudores. Bailaban irreverentes los vestigios de sus escandalosos recuerdos sobre la falsedad de su recatada hipocresía. Detrás de su fachada, él se descomponía en asombro, regresando cada una de las evidencias de sus gustos culposos: el sudor, el calor, la respiración agitada y el olor de la tibieza de los maravillosos rincones ocultos en el mapa de ese cuerpo que le dominaba el alma. La desenfrenada embestida y la tersa caricia. Todo estaba ahí asfixiándolo, consumiéndolo con ese veneno imparable que se infiltraba atrevido en su subconsciente. No sólo amaba esa pequeña parte de su privacidad consensuada, sino que la adoraba, la atesoraba. Ni siquiera se reconocía a sí mismo como un apasionado entusiasta de ello y ahora estaba ahí todo ese dechado de deseo, su bella figura grabada en sus dedos, su sabor, sus ruidos cautivadores. Deseo crudo y sin dirección. Todo lo que podía hacer, era esperar que de algún modo su cuerpo encontrara la forma de dominarse en ese instante y salir medianamente librado del indecoroso desazón.
— ¿Estas bien?—
Abrió los ojos para descubrir que estaba estúpidamente cerca de ella. Se alejó incorporándose como si de fuego se tratara. Los negros ojos encendidos en total furia. ¿Por que? ¡¿Por qué tenía que tocarlo?! Porque siempre debía acercarse y embrujarlo con ese desconsiderado atrevimiento. Ya empezaba a odiar su presencia, pues todo lo que hacía le perjudicaba más que cualquier otra cosa. ¿Por qué no simplemente ella le temía y guardaba su distancia de lo que no le convenía? ¿Por fuerza debía magnetizarle así? ¿Es que no había otros miles de hombres a los que pudiera anclarse?
— ¡Vaya! No pensé que tuvieras tanta fuerza— sin meditar en lo peligroso de sus palabras, Krillin le sonrió despreocupado a la sorprendida joven.
La broma no hizo más que avivar el creciente odio que estaba surgiendo en el ánimo del abatido saiyajin. Pero antes de que pudiera hacer algo de lo que se arrepentiría. Una cara familiar se asomó con su tranquilo paso acostumbrado.
— ¿Sucede algo cariño?— el doctor Briefs examinaba sin preocupaciones la escena — ¿Se encuentran bien muchachos? —
Y lo que decían pasó a segundo plano cuando el olvidado color de ese cabello en particular, le arrastró a uno de los recuerdos más valiosos de su existencia.
Su hijo. Trunks.
Quizá la única cosa que hizo bien a su llegada a la tierra. En su pecho se formó una cálida sensación, de orgullo, de protección y la más entera y cruel nostalgia. Se avergonzaba de haber olvidado un aspecto tan vital en su existencia. Era un vínculo totalmente diferente y en cierto modo, podía comprender la fija atadura a su recuerdo.
Era demasiado. No podía permanecer en ese lugar sin sentirse más abatido en ese momento. No escuchó réplica ni palabra alguna, abandonando la escena con una vergonzosa retirada urgente. No podía pensar en las consecuencias de sus actos un minuto más y decidió que lo mejor sería esperar fuera del compendio de bases. Ni siquiera deseaba toparse con el maldito logo de la empresa, en ese momento solo necesitaba poner su mente en blanco.
Unos minutos después, Krillin le encontró.
Trastornado, sentado en derrotista actitud sobre la acera del paso vial, luchaba contra las sobrecogedoras ganas de descargar toda esa frustración de la forma más natural. Pero no lo haría.
Era un lamento silencioso, no deseaba reconocerlo, pero todo apuntaba a que quizá estaba cometiendo un error en juzgar los motivos de su identidad futura. Aquí, después de años de torturas y soledad, por fin había sido feliz.
Pero el dilema no se encontraba en la simple decisión de solo hacer lo que más placer le proporcionara, sino en la completa falta de honor que ese camino poseía. No había orgullo, no había gloria, ni resarció a su raza ninguna de las cosas que por tanto tiempo se juró conseguir. Vivía conforme con el hecho de ser un miserable segundón en todo lo que emprendía, retenido siempre bajo la bota de un tercera clase, que no agotaba su cuota de humillaciones, a la grandeza que su linaje alguna vez poseyó.
Si obtenía todos los anhelos de su ambición y restauraba su derecho de cuna, estaría sacrificando las mejores cosas que le daban sentido a su vida, como la existencia de su querido hijo. En definitiva, no sabía qué hacer.
— Emm...—
El absurdamente amable compañero de viaje tomó asiento a su lado de forma totalmente confianzuda. Había que ver esa osadía.
— No se lo que ocurrió ahí...— inició en una indeseable muestra de condescendencia — Pero no creo que debas preocuparte, en unos días te encontrarás bien… y podrás encontrar la forma de solucionar todo— cerró la boca solo mirándole, intentando transmitir un poco de confianza a lo que suponía, era una crisis de impotencia.
Maldición, hasta los amigos de Kakarotto eran mejores que los que él tuvo.
— No confundas las cosas — Se dio vuelta, ofendido— No hay modo de que pueda fallar, no necesito ningún tipo de soporte moral del que tu débil raza es adicto—
— Si, si— admitió en cierta forma conmovido — Pero supongo que lo mismo pasará con este lugar — Señaló el complejo — No sé exactamente cuál sea tu relación con ellos, pero debió ser duro volver a estar cerca de algo que te importaba tanto y no saber si volverás —
—Pero ¡¿Qué estás insinuando?!— De golpe elevó su cólera ante lo sugerido — ¡A mí no me importa lo que le pase a esa mujer! —
— a... ¿Bulma?— Interrogó totalmente inseguro de lo que estaba escuchando. ¿Cómo podía eso ser posible? ¿ Era ella entonces la causa de todas las sensaciones que irradiaba su ki? ¿Era por eso que le antagonizaba y permitía esas tremendas faltas de respeto sin chistar? ¡¿Ese tipo era algo de Bulma?!
Pasó su enguantada palma de la mano por el rostro, cayó en el juego más tonto de todos. Expuso su culpa como un novato.
— ¿Quieres decir que ella en el futuro es tu...?— temblaba el labio inferior ante la imposible revelación.
— ¡CÁLLATE! — le ladró descolocado — ese futuro no será en esta línea, ¡El príncipe saiyajin no hará una estúpida familia con criaturas tan indignas como ustedes!
— Iba a decir novia, pero ¡¿FAMILIA?! — igualó el asombro de su oyente poniéndose en pie con la mano en la frente, era tan inverosímil como apabullante — ¿TE CASASTE CON ELLA? —
— Argh— Escupió, aún más molesto por la torpeza de sus actos. Realmente necesitaba trabajar en moderar su carácter explosivo. Decidió poner fin al soso interrogatorio y cambiar a temas más importantes— ¿Lo conseguiste? — levantó una ceja — O ¿Vamos a estar todo el día aquí perdiendo el tiempo? —
Sin embargo, el alegre sujeto no estaba listo para dejar el tema por visto.
— ¡¿Qué pasó con Yamcha?!— rogaba insistente por tener más información — Porque, sí lo revivimos ¿no es así? No podemos dejarlo muerto y lo sabes, ¡Es otro de nuestros amigos y es un elemento importante en las batallas! Espero que no tengas planeado desaparecerlo después de que tú fuiste quien lo mató o no tendrás mi apoy...—
— ¡Cálmate homúnculo escandaloso! — le reprendió malhumorado — ¡Si regresará tu estúpido amigo y deja de exasperarme con preguntas idiotas! — Se cruzó de brazos dándole un vistazo completamente intimidante.
— Está bien — se encogió de hombros y materializó la cápsula del planeador de carga. Los dos entraron en silencio — ... ¿y yo también tengo esposa en el futuro?— preguntó entusiasmado sonrojándose.
— Si— contestó de mala gana, pegando la frente a la ventana de su puerta. Estaba harto de todo.
— ... ¿Es linda?—
— ¡¿Quieres morir aquí mismo?!— Gruñó arrastrando los dientes. La intensa mirada juraba que cumpliría sus amenazas.
El más pequeño mordió su labio inferior, decidiendo que quizá no era buena idea forzar el tan reciente vínculo amistoso que acababa de lograr. Condujo sin decir palabra alguna hasta el lugar indicado. De todos modos, por lo menos tenía la certeza de que estaba a salvo, aunque no dejaba de tamborilear en su mente la idea de que más que un amigo, ese sujeto le daría el extenuante papel de mayordomo. Ya se veía a sí mismo en el penoso deber de obedecer cada mínimo servicio que requiriese. Pero por lo menos eso era mejor que sádicamente morir de nuevo. Porque si para algo tenía suerte, era para encontrar finales sumamente perturbadores.
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Al otro lado de la galaxia, un desconfiado Kaiosama, prestaba toda su atención a los eventos ocurridos en la Tierra. Todo lo acontecido era sumamente extraño. La revelación de Vegeta era alarmante en todo sentido, pues sospechaba que quien le hubiese enviado a ese mundo, sabia a la perfección la naturaleza ambiciosa, ególatra y orgullosa del príncipe en esa época. Otorgarle toda la información del futuro, era poner el arma más terrible en manos de un niño inconsciente y caprichoso. No podía de ningún modo, tener repercusiones buenas. Estaba seguro de que, tarde o temprano ese petulante saiyajin arruinaría las cosas para todos y a ciencia cierta esa sería la intención del ente que le envió de vuelta. Pero, por otro lado, sentía esa dualidad entre el bien y el mal inclinar la balanza a favor. Podría ser que no todo estuviese perdido, pero tenia que prepararse para el peor escenario. Entre tanto, solo podía observar.
— Gokú, quizá tu seas la única esperanza que nos quede — suspiró pensando que tendría que poner sobre los hombros cansados de su alumno, una vez más, el destino de todos.
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Muchas gracias por darle la oportunidad.
Espero sus RW! 😉
