18

Bella había olvidado que le había prometido a Alice salir juntas. En su momento, estaba deseando hacerlo, pero ahora era lo último que quería. Su mente había estado obnubilada por Edward. Durante todo el día en el trabajo, en lo único que había podido pensar había sido en cómo se había sentido cuando la había acariciado entre las piernas. Revivió la escena una y otra vez en un infinito bucle mental, mientras procesaba mecánicamente las solicitudes de préstamo. Pensó en cómo la había mirado con sus oscuros ojos mientras movía los dedos en su interior. Sólo evocar la escena hacía que se excitara de un modo insoportable.

Cuando su taxi se detuvo frente al Nurse Bettie, Bella vio que la cola para entrar daba la vuelta a la manzana. Sin embargo, Alice corrió hacia la entrada y ella se esforzó por seguirla con los zapatos de tacón. Ante la insistencia de su compañera de que le quedaba de muerte, había decidido ponerse el vestido negro y los zapatos que Edward le había comprado.

—Parece que está a tope —comentó Bella. Alice miró a la gente que esperaba.

—Sí, esos pringados no entrarán en la vida —afirmó.

Acto seguido, cogió a Bella de la mano, se dirigió a la puerta y entregó una pequeña tarjeta o invitación de algún tipo al vigilante de la entrada, que retiró la cuerda de terciopelo rojo y las dejó pasar.

—¿Cómo hemos conseguido colarnos?

—Esta noche se entra sólo con invitación —le explicó Alice—. Yo estoy en la

lista.

Dentro, no era que únicamente hubiera sitio de pie, sino que apenas había sitio.

Bella se movió incómoda y lamentó haber decidido ponerse aquellos zapatos de tacón, porque los pies le dolían ya.

—¿Qué pasa hoy? —preguntó.

Había un hueco junto al escenario y una bandera británica de grandes dimensiones colgaba de la pared.

—Katrina Darling actúa esta noche —le explicó Alice. Bella la miró sin entender—. Es la prima de Kate Middleton.

¿La prima de Kate Middleton era una actriz de burlesque? El mundo realmente se iba a ir derechito al infierno, como solía decir su madre.

—Iré por algo para beber. Espera aquí.

Antes de que ella pudiera ofrecerse para acompañarla, Alice empezó a abrirse paso entre la gente. De repente, Bella se sorprendió al notar que algo vibraba en su bolso. Entonces se acordó del iPhone. Sacó el aparato que todavía era algo totalmente desconocido para ella e intentó averiguar si estaba sonando. Vio el texto en la pantalla.

¿Dónde estás? Estoy en la puerta de tu edificio.

El corazón empezó a latirle desbocado. Su primer pensamiento fue patearse a sí misma por no estar en casa. Pero entonces pensó que quizá el hecho de que él supiera que era capaz de salir y divertirse por su cuenta, no era mala cosa.

He salido.

Escribió con torpeza, apretando cada letra y cometiendo errores de forma que la aplicación de autocorrección escribió más palabras en la pantalla de las que ella había logrado teclear.

—Eh, me suenas mucho. ¿Actuaste aquí la otra noche?

Bella alzó la mirada y vio a un atractivo chico rubio que le sonreía. Llevaba una camiseta en la que se leía: SPiN New York.

—¿Hablas conmigo? —preguntó ella y sintió que el teléfono volvía a vibrar.

—Sí. ¿Actúas aquí?

—¿Actuar? ¿Yo? No —respondió, preguntándose si aquel chico realmente pensaba que era una actriz de burlesqueo si simplemente se trataba de un torpe intento de ligar.

El teléfono vibró con otro mensaje:

¿Dónde estás?

Bella sonrió, escribió «Nurse Bettie» y volvió a meter el teléfono en el bolso.

—¿Qué bebes? —le preguntó el chico.

Como por arte de magia, Alice apareció con dos cócteles y le dio uno a ella.

—¿Y tú quién eres? —le preguntó Alice insinuante.

—Eric—respondió el chico.

—Alice.

Bella bebió. Era lo mismo que había tomado la noche que estuvieron allí con James y seguía sabiendo fatal. Pero volvió a hacer el intento.

—Le estaba diciendo a tu amiga que se parece a una de las actrices —le explicó el chico.

—Desde luego que sí —asintió Alice, al tiempo que le guiñaba un ojo a Bella. Su expresión le pedía que le siguiera el juego.

Ella miró el escenario, preguntándose cuándo empezaría el espectáculo. Uno de los amigos de Eric se unió a ellos y Alice charló animadamente con los dos.

—¿Por qué estás tan callada? —se interesó el amigo a Bella mientras le apoyaba una mano en el hombro y sonreía. Estaba muy delgado y olía a tabaco.

—Aquí dentro hay mucho ruido —se excusó ella—. No es el sitio ideal para hablar.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó él con los ojos fijos en sus pechos.

—Bella —masculló a regañadientes.

—Genial. Yo soy Tyler —se presentó.

Ella asintió y miró hacia otro lado mientras bebía. El ardor en el fondo de la garganta fue una grata distracción de la indeseada compañía. Al mirar a Alice, vio que ésta no se sentía del mismo modo. Estaba inclinada hacia Eric, sacudiendo el pelo y sonriendo por todo lo que le decía.

—¡Eh! —Tyler llamó a Eric y a Alice—. Audrina dice que aquí hay mucho ruido. Quizá deberíamos largarnos.

Bella no se molestó en corregir su nombre.

—Salgamos de aquí —propuso Tyler y Alice asintió.

—Pero si ni siquiera ha empezado el espectáculo —protestó Bella, un poco presa del pánico.

Por nada del mundo iría a ninguna parte con aquellos tipos, pero tampoco quería que la dejaran sola en el bar. Ni siquiera sabía dónde estaba la parada de metro más cercana.

Tyler se rió.

—Eres muy graciosa —dijo, acariciándole el brazo. Bella se apartó de él y los tres avanzaron hacia la puerta.

—Espera. ¿Puedo hablar un segundo contigo? —preguntó ella, tirándole a Alice de la blusa.

Su compañera se acercó a Eric para decirle algo que Bella no pudo oír, luego se apartó a un lado con ella.

—Pero ¿qué te pasa? —espetó. Sus ojos color avellana estaban brillantes a causa del alcohol. Bella se preguntó cómo podía emborracharse tan rápido—. Esos chicos están muy bien. Sabes lo mal que he estado por lo de Jasper. Divirtámonos un poco.

—No voy a ir con ellos y creo que tú tampoco deberías —insistió ella.

—Tienes que relajarte —le aconsejó Alice y se dirigió hacia donde los dos chicos esperaban, cerca ya de la puerta.

Bella los miró marcharse, pero no se movió. Alice se volvió hacia ella y le indicó que la siguiera. Cuando ella no lo hizo, la chica se encogió de hombros como diciéndole: «Tú te lo pierdes».

Bella observó cómo Alice y Eric salían y se sintió mortificada cuando vio que Tyler volvía de nuevo junto a ella.

—¿Cuál es el problema? Confía en mí, no te vas a perder nada aquí. Prometo hacer que te diviertas.

La sonrisa de Tyler no alcanzó sus ojos.

—No me apetece ir a ninguna parte. Pero por mí no te cortes. Estoy segura de que tendrás una gran noche.

—Vamos —le dijo él, acercándose más—. Vas a dejarme de carabina. No querrás hacer eso, ¿verdad?

Bella apartó la vista, deseaba mirar a cualquier parte excepto a él. Estaba demasiado cerca y le dejaba poco espacio para moverse. Y entonces, por encima del hombro de Tyler, vio algo que le hizo pensar que estaba alucinando.

Edward avanzaba directo hacia ellos.

Sintió que la respiración se le aceleraba y que no podía apartar los ojos de él. Se movía por la sala como un tiburón surcando el agua, sin inmutarse por la densa multitud. Tyler seguía hablándole, pero Bella ya no lo oía. En cuestión de segundos, la gran mano de Edward estuvo sobre el hombro del chico y lo hizo volverse.

—Disculpa —le espetó con brusquedad y la cogió de la mano.