Beteado por Rossue (Katerine Ray)

¡Hola de nuevo! Muchísimas gracias por los comentarios en el capítulo pasado. Me ha servido de mucho, sinceramente, ver la aceptación de la historia a pesar de ser algo tan inusual en Naruto.

Les dejo un poco de terminología para acostumbrarles con más rapidez al mundo de Lotus :) Nos leemos en las notas finales.

Términología dentro del mundo de Lotus:

Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta ó El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada)

Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.

SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.

Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.

Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)


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Hay historias que deben ser contadas.

No para venerar a un asesino, sino para prevenir.

Y se han escuchado muchas historias sobre ella, pero no se sabe cuál de todases la más cierta o la más atroz.

Hay una parte de la historia que nadie conoce, una que está excesivamente manchada de números rojos. Mucho antes de que yo naciera.

Durante la última lluvia de estrellas, hace casi veinte años, algo cambió. La noche del catorce de Diciembre las Leónidas no defraudaron al mundo.

El mundo lo hizo a ellas; y ese espectáculo celeste lo paralizó. Cuando un extraño virus que se propagó, ella también lo hizo.

La primera vez que el excesivo rojo alcanzó incluso para teñir flores blancas, su uniforme blanco también se manchó.

Y dio fin a la luz de mil ojos encendidos de carmesí dejando únicamente encendidos los suyos.

Ajenos a la luz, abrazados a la mayor cantidad de oscuridad posible porque de esa manera se podía contemplar al cielo en medio de una lluvia fugaz.

Eternamente resplandeciendo.

Esa persona a la que el mundo conoce como Lotus.

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| 2 |

Sin Leónidas todo es austero.

I.

Austera siempre es la lejanía.

Las manchas que percibe en el cielo al abrir los ojos, hacia ese solitario lienzo, también lo son.

Muy misterioso.

Muy voluble también.

—¿Estas bien? —la voz ahogada de quien lo acompaña suena cercana, y por si fuera poco, preocupada. Sasuke lo mira, y una gota de su propio sudor perturba sus pestañas obstruyendo su mirar. Las limpia y vuelve importante lo que hace segundos no lo era. Las estrellas en el cielo le cuentan entre destellos que esa noche es como muchas otras y que también dentro de unas horas amanecerá. No deben ser más de las tres de la madrugada pues ese sueño ocurre durante ese periodo de tiempo—. No me digas que de nuevo tienes ese sueño.

—Tengo sed —comenta él pasando de su pregunta, irguiéndose y quedando en cuclillas frente a la laguna que perturba una vez que sumerge sus manos para beber un poco.

—Sasuke, te estoy hablando. ¿Ha sido ese sueño otra vez?

El agua de la laguna, en todas esas noches de guardia, nunca le había parecido tan turbia como la de esa noche.

En cuestión de segundos ha desfigurado la calma y el silencio pues al no contestarle Naruto se ve obligado a sujetarlo con rudeza del cuello de la polera, dejándolo suspendido. Una respuesta muda e impulsiva a lo que Sasuke se niega a decirle. El de cabello negro sólo contempla su rostro frente al agua mientras caen gotas de las puntas de éste.

—Sólo es cansancio —responde cortante, evadiendo su mirada y haciéndose de su propia fuerza para quitárselo de encima.

—No me vengas con esa mierda de nuevo, Sasuke.

—Entonces cree lo que te digo y deja de fastidiar.

La respuesta habitual a esa pregunta debía ser: No.

Lo habitual es que luego de su pregunta él lo ignore, Naruto le refute y finalmente terminen en una riña infantil para que luego de un par de horas se encuentren riendo por algún chiste mal elaborado y sin sentido de parte del rubio. Porque son algo así como amigos de la infancia. Personas que tuvieron la oportunidad de encontrarse y compartir sus lamentaciones desde muy pequeños. Cuando Naruto no pasaba del metro con quince y cuando Sasuke solía abrazar con fuerza las piernas de alguna persona adulta con temor.

Las lagunas mentales de cierto muchacho escuálido son intangibles pero se reflejan en sus ojos. En las bolsas negras y en el refunfuño terco que esconde su desosegado rostro.

Naruto conoce a su amigo después de todo.

—Creí que ya no lo tenías.

Las personas envejecen pero Sasuke lo hace más con cada sueño. Con cada fragmento de algo descompuesto que causa ruido en su cabeza desde que aprendió a distinguir los metros que se levantaban a lo lejos en la línea del horizonte de la comunidad en donde ambos viven. Allá donde en la punta siempre vislumbra muchas luces en el borde. Todas ésas sobre la muralla que todos conocen.

—Es cansancio —vuelve a decir, contradiciendo para zanjar la conversación y olvidarse de aquel tema pero Naruto sabe que ese sueño recurrente y repetitivo que tiene, desde hace bastantes años ya, no es algo normal—. Estoy bien.

—Tan bien que gritaste minutos antes de despertar —refuta su rubio amigo de ojos tan azules como los vitrales de la abandonada capilla en donde solían jugar cuando niños—. ¿Es ese sueño de nuevo, verdad?

En el límite del sendero no hay amapolas, pero en sus sueños sí.

Son tan rojas que Sasuke las aborrece.

Son tan rojas que todo su color se derrama alrededor de él.

De pronto ya no es simplemente rojo sino es sangre.

Las noches como ésa, en las que tienen que montar guardia en parejas mientras los demás duermen, y de paso admirar las luces de la inalcanzable muralla que protege Konoha, Sasuke procura quedarse despierto pero hay veces –como la de ahora- en las que el sueño lo persigue y lo hacen involuntariamente dormir. Como si el interruptor de sus energías fuera manejado por alguien más.

Cada vez que eso ocurre ese sueño se proyecta en su mente. Hace eco en todas sus paredes pero al final nada de lo que sueña tiene sentido.

Absolutamente nada.

—Se ha vuelto muy recurrente —confiesa finalmente el azabache dejando la comodidad del pasto para erguirse y recibir el rocío de la intemperie de frente.

—Te oías muy lamentable —Sasuke le mira de reojo—. Con mucha confusión y dolor.

Silencio es lo que siempre obtiene Naruto de su parte.

Esa conversación la han tenido un sinfín de veces.

Desde que ambos tenían seis.

Desde que comenzaron a ver las mismas cosas, desde que comenzaron a compartir algo más que los deberes como la pesca o cosechar papas. Desde que Sasuke comenzó a entre ver su verdadero ser a través de esos sueños desconocidos y aparentemente ambiguos.

El punto de partida de los sueños de Sasuke comenzó mucho antes de que él naciera, o es lo que sugieren ambos ahora que tienen la idea de un contexto pues el de cabellos negros, desde hace años, se lo ha contado. Los sueños avanzan y una vez que Sasuke existe dentro de su propia mente como un niño de no mayor a seis años, comienza abriendo los ojos para toparse con una puerta negra que se encuentra cerrada.

Cuando cumplió diez ésta le invitó a pasar, abriéndose para él, pero aquel primer resquicio no era lo suficientemente grande para que pasara ni lo suficientemente confiable para atreverse a empujar.

Cuando tuvo trece sus manos se movieron involuntariamente y la abrió de par en par, topándose con alguien desconocido pero a la vez muy familiar.

Al cumplir los quince todo desapareció.

El sueño se desvaneció dejándole sólo una fábula en su mente. Y por los siguientes tres años Sasuke sugirió que nada raro había en él. Que sólo había sido una secuencia que le sucedía a cada un niño de diez.

Él era ese uno.

Quizá habría otros.

Quizá.

—¿Crees que vuelvan a aparecer? ¿Qué vuelvan a ser recurrentes?

Lo normal sería evadirlo, piensa Sasuke. Apartar su preocupación y responder que no pues durante esos tres años sería –de nuevo- la primera vez en volver a tenerlos.

Pero Naruto conoce la verdad a medias.

Que ésta es la sexta vez desde hace un mes que ha vuelto a soñar.

Que los sueños volvieron para quedarse y que ahora, con dieciocho años, a Sasuke dentro de su sueño se le ha ocurrido mover sus pies hacia la silueta que lo había estado esperando en esos ausentes años para percatarse de que se trata de una mujer. Una a la que nunca le ve el rostro pero que está dispuesto a querer conocer.

—Yo espero que no —confiesa con libertad.

No hay mentiras en sus palabras. En verdad espera que no. Naruto suspira al final.

—Como digas —hace una pausa mientras se pone de pie, extendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse—. Sabes que puedes venir a mí y llorar como un bebé cada que tengas una pesadilla—bromea el rubio recibiendo una maldición baja—. Anda, venga ya. Es hora de que nos releven.

—Imbécil.

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II

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Las mañanas en Rhoda son muy diferentes a las de Konoha.

Uno tiene que permanecer con un ojo abierto al dormir.

Aunque no todo es malo.

Según Kakashi, quien es la persona que lo crio, el aire del campo, del bosque, y de las llanuras que los rodean es mucho más puro que el de Konoha con altos niveles de toxicidad. Sin embargo Sasuke piensa que es una jaula similar. No es como que tuvieran más libertad. Están condicionados a no ir más allá de las llanuras. A evitar si quiera respirar dentro de los primeros metros cercanos a la muralla puesto que las patrullas de SHINOBI siempre merodean el lugar y tienden a liberar gases nocivos para contrarrestar a los Draugs.

Y deben tener minucioso cuidado en borrar sus huellas si es que se encaminan a una expedición de búsqueda y rastreo de víveres.

Rhoda es todo lo que Konoha repudia pero lo que también trata de encontrar incansablemente.

No son la resistencia de nada, no son la esperanza del mundo, son las ruinas de una historia que poco a poco se vuelve ceniza.

—¿Sasuke?

Una historia que Kakashi se ha encargado de contarle desde temprana edad.

Sasuke suspira un poco, quitando un poco de fuerza en la caña de pescar que sostiene con pesar como una de las actividades que siempre se le asignan. El hombre parece sonreír detrás de ese pedazo de tela –que usa como bufanda-, y que nunca se quita.

Una vez, cuando niño, Kakashi le arropó y le contó cada una de las historias de las cicatrices que tenía en el rostro. Sasuke tocó la que recorría desde debajo de su ceja hasta perderse en la mejilla que ocultaba hace mucho tiempo y recuerda haber soltado una o dos lágrimas por él pues se veía doloroso.

"Una espada rozó mi rostro", fueron sus palabras.

Y Sasuke continuó llorando toda esa noche mientras se abrazaba a él prometiéndole cosas que un niño diría.

—"No dejaré que vuelvan a lastimarte" —rememora en su mente siempre cada vez que lo ve.

A él y al valor de esa cicatriz.

Fueron las palabras de un niño prometiendo justicia en una edad temprana sintiendo un odio que no debía sentir.

—Pensé que estarías con Naruto —comenta el hombre caminando hasta el pequeño borde de piedras donde se encuentra el muchacho.

—Estoy mejor solo. Él es demasiado inútil —justifica, y aunque su intención no era provocar risa, Kakashi suelta una muy pequeña. Duró muy poco pero fue suficiente para amainar esa mañana soleada en medio de silencios—. ¿Y tú qué haces aquí? ¿Qué no eres algo así como el líder de esta austera comunidad de rechazados? —el de cabello gris deja de sonreír.

No endurece sus facciones pues al aparecer es incapaz de ser rudo con él pero se ensombrece lo necesario al mirarlo.

—Sasuke —el menor escrudiña los ojos—. Rhoda es tu hogar. Siempre lo ha sido. No enfrasques tu odio aquí.

—Entonces lo enfrascaré hacia Konoha. Hacia las personas que te hicieron eso —el mayor vuelve a afligirse, suspirando mientras se cubre un poco más la cicatriz—. Ni siquiera nací aquí. Deja de decir que éste es mi lugar, Kakashi.

—Sasuke ¿estás intentando acercarte a Konoha con tu odio? —el azabache mira a su alrededor atento al primer chapoteo que ejerce un pez que fue lo suficientemente inteligente para no coger la carnada.

Los sonidos propios del bosque amainan un poco el silencio que han dejado las preguntas de Kakashi.

No es la primera vez –ni será la última- en la que esa conversación los deje con una incomodidad en el aire.

Al contrario de Konoha, en ese pequeño poblado donde ellos viven: Rhoda, la ciudad levantada, era o había sido más bien una extensión de la primera hace mucho tiempo. Ahora no era más que un brazo torcido del núcleo y metrópolis que era actualmente la ciudad amurallada: Konoha.

La ciudad levantada, Rhoda, eran las edificaciones a medio terminar o consumidas por el fuego, con vanos abiertos y con techos peligrosamente inestables que antes habían pertenecido a Konoha. Todos presumían que antes, mucho antes de las esporas, Konoha no era limitada por ninguna muralla. Y que era mucho más extensa de lo que hoy se conocía. Antes de que la primera lluvia de esporas cayera sobre ella y propagara el miedo. Antes de que los Draugs le dejaran una absurda idea a su gobernante de que el mundo estaba condenado y repleto de ellos, obligando a desterrar a los civiles que vivían en esa área y que habían sido expuestos al rocío que había caído del cielo.

Sasuke, afortunadamente, no había sido parte de esos civiles aunque tampoco había nacido bajo la sombra de los primeros cimientos y días de Rhoda como la nueva ciudad en la que se encontraban los refugiados.

Según Kakashi, éste lo había encontrado abandonado cerca del río la misma noche en que todo estaba siendo consumido por el fuego. Era tan solo un pedazo de carne envuelto en una manta dentro de un canasto.

Sobre ese acontecimiento, y sobre la historia de la lluvia de esporas, Sasuke conoce muchas versiones. Al final su propio juicio lo ha embaucado hacia un solo punto. El odio hacia Konoha.

No hay nada que los sentimentalismos de Kakashi, quien ha sido como un padre para él, vayan a cambiar. Como tampoco hay sentimentalismos que le hagan pensar en que Rhoda sólo es una escapatoria temporal.

Konoha tiene a SHINOBI, la misma fuerza militar que hace años, los mismos que ahora casi posee, eliminó y aisló a tantos. Los mismos que propiciaron tanta sangre bajo las órdenes de una sola persona.

—¿Detestas tu vida aquí? ¿Es eso? —el silencio es un terrible aliado —. ¿Quieres vengarte de la gente de Konoha que nos trata como marginados?

—¿Tú no? —cuestiona el más joven irguiéndose desde la posición en la que permanece sentado.

—Eso es algo que no me corresponde. Si el Canciller así lo quiso es porque el resto de la población se encontraba al borde de la extinción— Sasuke se burla, mascullando algo que Kakashi no es capaz de oír a pesar de lo cercano que se encuentra de él—. Tú no estuviste el día en que esas cosas cayeron del cielo —rueda los ojos, corrigiéndose—; bueno, sí estuviste pero eras tan sólo un bebé. Ahora sólo te estás dejando llevar por un odio desconocido hacia todos.

—¿Y tú sí? —levanta la voz; y aunque sabe que el de cabello gris le lleva una cabeza de diferencia en estatura, le enfrenta al ponerse de pie—. ¿Tú si estuviste ahí? ¿Estuviste el día en que abandonaron a la mitad de su gente para salvar a la otra? —Kakashi parece titubear—. ¿Cuál es la verdadera historia detrás de esta cicatriz? —señala su rostro, en esa marca que hay en su piel y que se extiende casi hasta su cuello.

—Sasuke. Yo te crié. ¿No te basta con saber que estás respirando? —el menor no parece atormentado de la conciencia pero un ápice de pesadumbre se asoma por su rostro— Deberías agradecer que no eres ninguno de ellos dos.

La realidad de los afligidos.

La realidad de los que son eternos.

La realidad de Sasuke no se encuentra en el destino de ninguna de esas dos categorías según ese hombre.

Abandonado dentro de un canasto y con el frío exponiendo su piel, fue encontrado por Kakashi cuando sólo era un bebé. Ni Draug de ojos rojos, ni afligido de ojos bondadosos. Era solamente un niño al que se le había abandonado en la peor de las noches. El día de las esporas. Afortunadamente, el día que Kakashi lo tomó entre sus brazos –lo que presume en la historia que siempre le cuenta- , Sasuke estaba ausente de cualquier rastro de esporas que hubiera desatado que despertara como un Draug.

—Sólo eras un recién nacido muy llorón y muy saludable —Sasuke parece reconsiderar sus palabras ante el tono dulce y paternal con la que él emite las suyas—. Sólo eras eso. Un niño —todo señal de haberse alterado parecía nunca haber existido tras eso.

Sasuke frunció el ceño; ese hombre era demasiado astuto como para creerle que antiguamente solo era un residente normal de Konoha. Suspiró.

—No quiero pelear contigo, viejo —el mayor rió—. Perdón por gritarte.

—Disculpas aceptadas —hace una pausa antes de aclararle algo—. No guardes odio a lo desconocido, Sasuke. Es mejor que te mantengas alejado de las mentiras —intuitivo, el de ojos obsidiana no evita que sus ojos reparen en él con una irreflexiva suspicacia.

—Las mentiras las construye el hombre, lo que se distorsiona es la realidad.

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III

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Konohamaru.

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Hubo un tiempo en el que el hombre perseguía a la Luna.

Y la Luna era muy astuta al siempre ocultarse cuando el Sol aparecía.

Hubo un tiempo también en el que la historia se volvió inversa. La luna comenzó a perseguir al hombre.

Comenzó a amenazar a través del destello de un peculiar color de ojos, e hizo de la noche una túnica protectora y fuerza rehabilitadora.

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Normal.

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Mientras continúa moviendo el lápiz las personas a su lado se vuelven manchas de color que vienen y van.

Seguramente lo observan.

Todos lo hacen desde el primer día en el que llegó al Cuartel sólo para hacer menos espacio y ser el protegido de una de las personas más ariscas de ese submundo. Muchos aún se preguntan sobre el por qué ella tendría a ese niño bajo su cuidado. Sobre por qué ella lo contempla cuando está a su lado y él ni se inmuta, cuando una persona normal no podría resistir ni una de sus desdeñosas miradas.

Pero nadie es capaz de cuestionarla. Ni a ella, ni a ese niño que el Canciller ha permitido, por capricho de su soldado más fuerte, que permanezca ahí.

Konohamaru no es uno más de ellos. Es simplemente el preciado juguete que nadie se atreve a tocar por temor a las consecuencias que podría desatar.

Los soldados más jóvenes y el resto del personal que conforma SHINOBI lo observan con desdén pero no pueden ir más allá de eso.

—¿Konohamaru-kun? —el niño respinga un poco cerrando de golpe su libro, ocultando las palabras que recién acaba de escribir con evidente ansiedad. A pesar de que ella, junto a la señorita Hyūga, se lo han dicho miles de veces, parece imprescindible para un niño de doce recordar que un acto como el suyo merece algo más allá que un castigo que impliquen azotes—. ¿Qué haces? —el susodicho traga grueso abrazando el libro con fuerza—. Ah, parece que a Sakura le hace falta tener mano dura contigo —canturrea el hombre en frente suyo. El menor lo entiende, y no es que se la pase temblando ante cada soldado con el que se topa, esos días eran pasados, simplemente hay algo en ese Fenrir que nunca le hace querer confiar en él—. Vamos, no pongas esa cara de asustado, sólo bromeo— dice admitir, riéndose.

—No estoy asustado —miente con total inconsistencia.

Sai continúa riéndose.

—Eres un niño muy interesante —dice el mayor con tono malicioso—. Como sea, no es mi deber reprenderte por las acciones que ejerces pero si es mi deber como Fenrir recordarte ciertas reglas —Konohamaru se pone de pie del lugar en donde se encontraba sentado en esa gran sala. Desde muy temprano, y aún con la insistente advertencia de la señorita Hyūga por evitar que aceptara el ofrecimiento de Sai a acompañarlo ese día a patrullar, había quedado a cuidado de él aunque sin el conocimiento de Lotus.

—Ya sé que no debo leer ni escribir —refunfuña abrazando más el ejemplar a su pecho. El más alto se admira ligeramente—, pero es algo que no puedo evitar.

—¿Aunque eso implique que te maten? —Konohamaru eleva la mirada solamente hacia él sin emitir un sonido. El mayor suspira haciendo un poco de ruido, en cuanto lleva hacia atrás las fundas de sus espadas junto a los ropajes que lo distinguen como un alto mando, una vez que se agacha para quedar mejor a su altura—. Te dejaré las cosas en claro, Konohamaru-kun —el niño se tensa—. Los dioses son eternos pues no sangran, ellos pueden hacer lo que les plazca; pero Sakura no—el de cabellos castaños frunce el ceño con evidente fastidio a lo que Sai se regocija sonriendo con artimaña poniéndose de pie nuevamente—. En esta pirámide de poder, visualízate. Tú no estás de pie a lado de Sakura. Ella sólo te tiene atado a una correa con varios pisos de diferencia por debajo. Piénsalo.

Cuando él se ha ido Konohamaru entrecierra los ojos, furioso.

Volviendo la vista hacia las pantallas que hay en esa sala, la perteneciente a la escuadra de Sai.

Las murallas de Konoha se alzan majestuosas en ese nuevo día donde el borde es delineado por apenas una fina línea de luz solar. Frunce el ceño aún más.

No es anhelo ni esperanza lo que siente cuando ve ese enorme perímetro que resguarda esa ciudad. Es una creciente aversión que desconoce pero que se hace más grande cada vez que le recuerda que su estadía ahí sólo es capricho de ella.

Que se lo recuerden le hacen querer ir más allá de esas paredes y desaparecer.

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IV

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¿Qué les impide ser parte de lo que hay detrás de esas murallas?

¿Qué pecado pudieron haber cometido para ser llamados 'la escoria de Konoha'?

¿Qué pasó hace veinte años que ninguno de los ancianos de su indulgente comunidad se atreve a decir?

Las historias en cada comida entonan las mismas palabras siempre.

Siempre es precaución, siempre es miedo, siempre son reglas.

—Hey, Naruto —el rubio aparta la mirada de su trozo de carne y del resto de la congregación que se encuentra en su hora de almuerzo a unos metros de donde están ellos—. ¿Qué crees que hay allá?

—¿Qué? —el de ojos zafiros dirige su mirada hacia donde la tiene Sasuke y entiende su inquietud, percibiéndola como algo que debió haber esperado de él. Entrecierra los ojos—. Nada bueno seguramente —el contrario sólo frunce el ceño.

Odia las mañanas en donde el tiempo pasa tan lento y él no hace nada más que preguntarse cosas sobre esa muralla de muchos metros.

—¿Por qué lo dices?

Ero-senin dice que detrás de esos muros sólo hay una red de secretos y mentiras que podrían poner al mundo de cabeza, justo como hace veinte años —dice antes de darle una nueva mordida a su comida.

Evidentemente Sasuke lo mira con la intensidad que sólo sus ojos poseen ante algo en lo que no cree.

—¿Él sabe algo? —Naruto sólo se eleva de hombros con flojera—. Mentiroso —masculla el pelinegro quien fuera sólo unos meses más grande que él solamente. El rubio suelta una risa caprichosa.

—Mentira o no, es algo que Ero-senin no va a decirme sin importar las veces que le insista —la mirada de Sasuke persiste.

—No insistes lo suficiente, o simplemente no te importa.

Desde que ambos tienen memoria, aquel hombre, que de viejo no tenía casi nada, había sido un miembro del cuerpo médico de SHINOBI quien había corrido con la misma penosa suerte de ser exiliado junto al resto aquella funesta noche. Ahora su lugar en esa comunidad, aparte de ejercer sus conocimientos médicos, venía siendo la del consejero de Kakashi.

Amistoso y bueno con los niños, Sasuke repudiaba las veces en que tenía que escuchar historias de Konoha en palabras de él donde el único mensaje era que debían aceptar su actual vida y abandonar la codicia de obtener todo lo que esa ciudad amurallada poseía.

—Lo único que debemos saber es que esa ciudad amurallada es la cuna del gobierno y de la gente con un status diferente al nuestro. Somos algo así como los marginados —su compañero frunce el ceño y Naruto se percata de ello—. Suena cruel pero es la realidad. ¿No es suficiente lo que tienes viviendo aquí? —la mirada que recibe de su amigo es serenamente esporádica—. Ve el lado bueno, aquí hay aire fresco, hay árboles, hay todo un mundo que no está limitado por ninguna muralla. Somos más libres que los que viven ahí.

La varita de madera que Sasuke jugueteaba entre sus dedos se rompe igual que la atmósfera de compañerismo. Naruto suspira pues es evidente que esa conversación tendrá el mismo resultado que las demás. Los pensamientos de Sasuke siempre serán tan diferentes a los de él.

—¿A sí? ¿Y por qué no suenas convincente en nada de lo que dices? —Naruto se hiela, dejando de masticar lo que, segundos antes, se había llevado a la boca—. Vivir aquí es lo mismo que estarnos escondiendo. Sólo estamos en una enorme jaula.

—Sasuke, escucha —pasa rápido el trozo de carne por su garganta. Sabe las palabras que debe decirle, incluso las ha ensayado para poder hacerle entender, pero a pesar de tantos años oyendo lo mismo de él a Naruto le ha brotado una espina de incertidumbre—. Aquí estamos bi-… —pero sus inconvincentes palabras son interrumpidas por un ruidoso alboroto.

Cada décimo tercer día las campanas de la iglesia, aquella vieja construcción que ha sido reparada incontables veces de piso a techo, sonaban anunciando la llegada del grupo de exploración de Rhoda. Algo que no se alcanza a comparar siquiera con una cuadrilla de SHINOBI pero que contaba con los jóvenes más sanos y fuertes de la comunidad, quienes servían a los marginados y los proveían de víveres, noticias y uno que otra anécdota que contar sobre los límites más cercanos a la muralla de Konoha.

Su retorno siempre era esperado por eso sin embargo ésta era la primera vez que las alegrías habían sido dejadas de lado.

—¡Jiraiya! ¡Llamen a Jiraiya! —alcanzó a gritar alguien. Una mujer seguramente por el tono agudo de su voz.

Lo único que alcanzaron a distinguir Naruto y Sasuke fueron borbotes de sangre y desolación en rostros cubiertos de arena.

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V

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—¿Estás listo, Konohamaru-kun?

La voz, e incluso el rostro de Sai, se distorsionan por sólo un momento en el que el niño se permite recordar a su madre con la misma pregunta en labios pero en distinto contexto. Sin embargo, ahora que las puertas hacia la superficie se abren frente a él, sólo hay una cosa que reconoce.

—Sí.

—Sube al camión.

Que aunque su respuesta sea asertiva, ésta no quitará menos peso del miedo y de la mentira.

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VI

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—¿Soldados de SHINOBI? ¿Tan cerca de nosotros? —cuestionó uno de los hombres que conformaban el consejo que Kakashi había fungido para discutir ese tipo de temas. El hombre miró con culpabilidad al de cabello gris—. Dijiste que nunca se acercaban tanto a esta zona —Kakashi no respondió; parecía dubitativo, cosechando en su mente alguna razón por la que pudiera existir la posibilidad de que uno de los miembros del grupo de exploración estuviese mintiendo—. ¡Kakashi!

Apartado del núcleo de la conversación, pero lo suficientemente cercano a ellos, la silueta de Sasuke se perdía entre las paredes enmohecidas de lo que parecía ser antiguamente un cuartel de policía. Mismo que habían decidido retomar su uso pero esta vez como suyo tras unas cuantas reparaciones debido al deterioro de los años como con el resto de edificios abandonados. Ése solía ser el lugar donde los líderes de Rhoda discutían todo los que les favorecía y lo que no.

—¿Qué opinas, Sasuke? —el moreno sólo mira de reojo a Naruto sin responder antes de lanzar un escupitajo al suelo y acercarse al grupo.

—No hay motivo para que estén tan cerca de la valla —confiesa el de cabello gris llevándose una mano al rostro—. Nunca habían llegado tan lejos.

—¿Se tratará de algún tipo de rastreo? —opinó Jiraiya, quien se encontraba atendiendo a uno de los heridos de un brazo. Kakashi niega.

—No. Si en verdad eran soldados de SHINOBI no hubieran tenido motivo para desgastarse en un simple patrulleo. No tendría sentido que enviaran a soldados sólo a rectificar un perímetro que supuestamente está limpio por ellos desde hace años—uno de los jóvenes de la exploración se aclaró la garganta mezclando el sonido con un quejido debido al dolor de una herida no tan profunda en su costado derecho.

—Ha-Hay un asentamiento cerca de la valla. A unos quinientos metros de la muralla.

—¿Qué? —el asombro y la incredulidad se instaló en cada uno de los rostros de los presentes.

—No son muchos —prosiguió el joven herido—, a lo máximo unas cien personas son las que están asentadas ahí pero…

—¿Personas? —intervino Naruto ignorando el hecho de que normalmente debería permanecer callado—. ¿Quieres decir, como nosotros o…?

—No son Draugs —confirmó el muchacho con voz ahogada—. Los vimos de cerca. Son solo campesinos. Gente normal.

—¿Pero qué hacen tan cerca de la muralla? —cuestionó Jiraiya esta vez mirando a Kakashi en el transcurso de su pregunta, quien permanecía vacilante y tenso—. ¿Cómo fue que terminaron así? —formuló una nueva pregunta hacia el grupo de exploración intentando cambiar el rumbo de la tensión.

—Habían soldados cerca de ese asentamiento. No alcanzaron a llegar completamente a ellos pero se toparon con nosotros.

Sasuke, quien permanecía inmerso en sus propios razonamientos mientras los escuchaba, cada vez iba deformando más su rostro en ira y consternación. De vez en cuando veía al resto hasta recaer en el silencio impávido de Kakashi. ¿Qué estaba pensando? ¿Qué pasaba por su mente? ¿Qué más prueba necesitaban para entender que SHINOBI estaba cazando gente? Hacerse la pregunta del "¿por qué lo hacían?" era lo mismo que preguntar por qué buscar comida cuando se tiene hambre.

Las conclusiones a las que Sasuke llegaban eran ésas.

Puro gozo.

Puro capricho.

Sin embargo Kakashi veía más allá de lo que los jóvenes e impulsivos ojos de Sasuke veían.

—Alguien los mandó —murmuro fuera de contexto el de cabello gris, para sí mismo en respuesta a su razonamiento—. Están buscando algo.

—Por dios, Kakashi. ¿No está más claro ya? —Sasuke vociferó finalmente atrayendo la mirada del resto—. Konoha no conoce de razones, sólo mata y ya. Quieren gobernar y tener todo lo que el resto de la gente posee. No hay razón. No buscan nada. No es una misión. Sólo…

—No —sentenció el hombre deteniéndolo en seco—. Hemos estado aquí por años. No dudo que haya más asentamientos alrededor de la muralla. Deben tener el mismo tiempo que nosotros. La pregunta es ¿por qué ahora? ¿Por qué no antes? ¿Por qué SHINOBI no ha salido a exterminar uno por uno cada poblado que queda hasta llegar a nosotros? —Sasuke rechinó los dientes y apretó los puños a medida que lo escuchaba.

—¿Están en busca de Draugs para exterminarlos? —soltó Naruto con ligera voz temblorosa. El líder de ellos, quien fuera lo más cercano a una figura paterna que Sasuke tenía, negó.

—Si estuvieran en busca de ellos simplemente no los buscarían, Naruto. Matarían a quien sea que respirara —el rubio respingó—. Los hirieron, mis hombres, pero no de gravedad como para dejar que murieran.

—¿De modo que eso debe tranquilizarnos? —soltó Sasuke, exasperado—. Nos están cazando, Kakashi. ¡Lo que debemos hacer es ir afuera, enfrentarlos y…!

—No iremos a ningún lado —sentenció con voz áspera y monocorde, mirándolo con severidad. Sasuke no se intimidó pues no era miedo lo que sentía, era la sangre hirviendo en sus venas—. Nos quedaremos aquí. Reforzaremos la seguridad. Seguimos estando lejos de Konoha, a lo mucho sólo atacarían a las poblaciones más cercanas—. El joven enfureció tomándolo del cuello de su vestimenta.

—¿Vamos a dejar que toda esa gente muera?

—¿Cómo crees que he sido capaz de protegerte todos estos años, Sasuke? —el menor se azora, y la vista de Kakashi se oscurece, no enorgullecido de sus palabras ni de la verdad que hay en ellas.

La reunión termina tan pronto como las ganas insistentes, e inútiles, de Sasuke en querer convencer que Kakashi se equivoca. No dura poco en perderse en el bosque, haciendo oídos sordos a los gritos de Naruto que piden que se detenga. Sabe que el dolor de la muerte inevitable no durará mucho a diferencia del miedo que sólo se propagará si siguen fingiendo que huir es el único modo de vida que les queda, como también está consciente de que no es culpa de Kakashi tener miedo a lo que no conoce.

—Sasuke… —las rizadas pestañas del moreno miran la tierra, ésa que está debajo de esas gastadas botas. Esa tierra les pertenece del mismo modo que alguna vez Konoha también lo hizo, y aquello lo enfurece aún más—. Sé que estás alterado pero Kakashi tiene razón, él solo…

—¿La tiene? —el de ojos zafiro respinga siendo tomado desprevenido ante la pregunta. El atardecer comienza a aparecer y la línea que se desdibuja a través de la llanura, que siempre observan durante sus actividades, parece un oasis que no deja de desplazarse y brillar—. ¿La tiene, Naruto? —el joven cazador abandona toda seguridad dejando un semblante desalentador y lleno de duda—. Tarde o temprano seremos los próximos —sisea Sasuke con precisión devolviendo la vista hacia el horizonte, hacia la lejana muralla que se ve muy tenue a la distancia—, a menos que hagamos las cosas por nuestra cuenta.

—¿Qué?

—Voy a ir, Naruto, así que ni pienses en detenerme —hace una pausa antes de tomar aire y continuar—. Atravesaré esa muralla esta misma noche.

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[Continuará...]


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A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

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No me manoseen ;-;


Notas:

Antes que nada, por si queda alguna duda: Por supuesto que esto es un fic Sasusaku porque, vamos, es mi OTP. Son canon. ¿Qué más le puedo pedir a la vida? xD Sin embargo a pesar de que es SasuSaku no será tan céntrico siempre. ¿Que quiero decir con ésto? Quiero centrarme en varios aspectos de la historia. Sobre la vida, por ejemplo, de Konohamaru. ¿Cómo llegó al Cuartel? Hasta ahora sabemos que Sakura lo "salvó" e hizo de él su protegido pero ¿con qué propósito?. También explicar un poco sobre la vida de Sasuke en esta nueva ciudad llamada Rhoda. ¿Por qué unos viven afuera mientras otros viven dentro? ¿Por qué odia Konoha? ¿Quien era Kakashi antes del fatídico día que dividió a toda esa nación?

En fin, quiero empaparles de la historia, de los términos, de los personajes, antes de iniciar con el "Romance". Por supuesto que habrá solo paciencia.

Por lo que respecta a éste capítulo ahora sabemos que Sasuke posee ideologías muy distintas y su odio hacia Konoha parece ser un imán que lo está atrayendo a la boca de los problemas. A Konoha, donde está todo lo que odia y, por supuesto, donde se encuentra Lotus, a quien no conoce pero que pronto lo hará. Y comenzará el verdadero drama xDD

En fin. Antes de irme igual quiero agradecer a las personas que se tomaron la molestia de comentar sobre que les parece esta nueva historia y el nuevo estilo de narrativa porque, vamos, ahora que releo todo si noto que cambió un buen jajaja pero por lo mismo quería saber que opinaban.

A quienes me leen por primera vez, ignoren totalmente lo de arriba(?)

Y gracias por darle una oportunidad a la historia. Esto es un terreno totalmente nuevo y estoy emocionada porque quiero probar que puedo llevar una trama mucho más complicada a "simple romance". Algo así como acción-juvenil (?) *eso dijo un Guest por ahí :) *

Nos leemos pronto!

Rooss-out!