Beteado por Rossue (Katerine Ray).
Recomendación musical: Dissonance . Ost17 de Free Starting Days. Link en mi perfil.
Términología dentro del mundo de Lotus:
· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta o El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada).
· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.
· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.
· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.
· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)
.
.
| 6 |
Disonancia
.
"¿Qué estrellas son esas que cantan maravillosas cuando el mundo languidece inmerso en una espantosa disonancia?"
― Anne Rice
I.
El miedo es instintivo.
Y hay muchas formas en las que uno puede obtenerlo.
Kakashi le había enseñado, -ahí, en ese pequeño lugar al que llamó alguna vez hogar, sentado entre sus piernas en una de las tantas noches frías en Rhoda,- que el miedo distorsionaba la realidad y que hace que uno se adentre a un mundo subjetivo, paralizante y desbordante.
—Sasuke, a medida que adquirimos poder adquirimos también el temor a perder algo valioso y ese temor transfigura a ser preocupación por querer siempre estar alerta —el frío de esa noche, él recuerda, fue sopesado por sus paternales manos junto a esa delgada y agujereada frazada. El mundo para Sasuke estaba siempre al alcance de las palabras sabias y dulces de Kakashi a esa edad—. Nos convertimos en víctimas de nuestra propia ansia y ambición.
—¿Entonces está bien tener miedo? —preguntó él menor bajo la luz de la hoguera y de toda esa inocencia.
—Por supuesto porque… ¿de qué otra manera podrías despertar todo tu ingenio para sabotearlo primero?
Desde entonces lo ha sentido pero también ha tenido el impulso de no dejar que esa enzima que despierta esa emoción se estacione por largo tiempo en su cuerpo. El miedo es natural pero también opcional y ahora sabe que parte de las palabras de Kakashi eran reales. Como el significado escondido de que debía y podía enfrentar sus propios temores, como ahora.
A pesar de que esos ojos esmeraldas, oscurecidos y letales, le advierten que es posible que se haya metido con la peor persona del mundo, él se intenta convencer de que estar paralizado frente a ella es dejar escapar una oportunidad de vida. Si por su instinto fuera él ya habría huido del lugar en el momento en que esa katana chocó de golpe con su pistola. No por nada llaman instinto a eso por lo que los animales tienden a reaccionar cada que se les presenta el peligro de manera mortal.
El instinto ayuda a sobrevivir pero parece que Sasuke no está dispuesto a sólo querer huir.
Vivir atemorizado es lo que le impide crecer y lo que le ha paralizado ante grandes oportunidades de la vida.
Una de ellas está detrás de esa mujer.
La abertura en la muralla de Konoha.
Naruto está ahí dentro.
No puede simplemente abandonarlo.
Y mientras le mira con profundidad Sakura sólo tuerce los labios.
Ha resultado ser un hombre, aquél soldado del que le habían comentado quien se había hecho cargo de la línea frontal enemiga. Lo observa sin ceder un poco de fuerza. Mugriento y agitado, eso no hace menos brillante el destello del ónix que tiene por ojos. Como dos piedras ardiendo de hambre y de un ridículo valor que no sabe ni de donde proviene.
Cuando lo vio entrecerrar los ojos, producto quizá del cansancio o del dolor, dio un paso adelante blandiendo la katana hacia su izquierda obligándolo a retirar su arma de enfrente, haciéndose con su mano derecha –tras soltar su arma y sujetarla sólo con la contraria- para sujetarle del cuello de su vestimenta al mismo tiempo que le apunta con la punta de la espada.
—"¿E-En que momento me quitó el arma?" —pensó Sasuke para sí mismo sintiendo toda la adrenalina en su manzana de adán. Disparó su mirada hacia el suelo, donde yacía su arma de fuego. Demasiado lejos. Ni siquiera supo en qué momento le había cogido del cuello de la chaqueta.
—Es una interesante mirada la que tienes—Sasuke se estremeció.
Su voz no sonaba a la lejana idea que tenía tras conocerla apenas ayer en medio del fuego. Era aguda pero no dejaba de ser dominante.
—¿Mi-mirada…? —soltó con atropello a causa del agarre.
—Como si me retaras —el muchacho gimió apartándose de golpe sólo para continuar siendo amenazado por el filo de la katana—. Tu nombre, soldado.
Sasuke lo meditó por unos segundos percatándose de la chaqueta de Kakashi.
La llevaba puesta, por supuesto, y aunque comparada con la de ella, la suya parecía ser una versión más antigua y descontinuada, seguía siendo un uniforme oficial. Tragó grueso aferrándose un poco al cuello de la prenda sin dejar de mirarla con el ceño fruncido.
Hablando de las grandes oportunidades de la vida, pensó con ironía afortunada.
—Sasuke —soltó carraspeando un poco, siendo osado al tocar con los dedos la punta de la katana para retirarla de su rostro con solemnidad. Sakura atestó en él un insoportable carácter con sólo ese gesto más sin embargo se permitió guardar silencio—. Sólo Sasuke.
—No te confíes, sólo Sasuke —amenazó; y en otra ocasión hubiese resultado graciosa la manera en que lo llamó si tan sólo la situación de ahora no le supiera tan extraña—. Sólo pregunté tu nombre. No te prometí vida y libertad —el muchacho no se inmutó, al contrario, su semblante solo se endureció más.
—No soy un Draug —se limitó a decir él.
—Entonces ¿qué eres? Nunca te he visto en el Cuartel —Sasuke entreabrió los labios sólo para volver a cerrarlos. Hablar de más significaba ponerlo en evidencia al no saber que era ese Cuartel al que se refería—.Y esa chaqueta que portas es de uno de los antiguos escuadrones —el de cabello negro tragó grueso. Siendo franco había pensado en esa posibilidad desde el momento en que se había colocado la prenda. A pesar de pertenecer a SHINOBI, era cierto que era muy diferente, y eso es algo que evidentemente todos iban a notar—. Respóndeme —insistió Sakura volviendo a empuñar su espada hacia él—. ¿Quién demonios eres?
—¡Lotus! —al final de ese día Sasuke estaba, por primera vez, agradecido de la inesperada presencia de otro miembro de SHINOBI aparte de esa mujer—. ¿Estás bi-…? Oh —el soldado calló de inmediato—. Ese uniforme… —nuevamente el ex habitante de Rhoda apreció el asombro que vestir esa prenda estaba generando lo que comenzaba a incitarlo pensar en sus propias conjeturas—. Tú… ¿Por qué lo tienes? —no respondió.
Si hablaba era probable que una vez que supieran de él lo asesinaran, y creía fielmente que sería por el filo de esa katana. En su lugar prefirió callar. Se propuso analizar todo lo que esa insignificante prenda estaba generando.
Comenzando a almacenar toda la información para hacerse una idea y poder usarla cuando fuera conveniente hablar.
Sasuke era malo para las palabras y ahora no podía confiar en sólo la sed de venganza que estaba inyectada en sus venas pues recordaba que estaba ahí, de pie, frente a ese soldado, a otros más que se había acercado y, más importante, frente a esa mujer letal.
La decisión que estaba por tomar seguramente le acarrearía una muerte segura en un futuro y ni siquiera podía calcular cuan largo sería ese mismo. Si sólo fuesen minutos, horas, o días, Sasuke estaba dispuesto a aprovechar cada uno que ellos pudieran cederle sólo para saber de dónde venía y para salvar a Naruto.
Él no diría nada por el momento.
—Espósenlo —escuchó decir finalmente, sacándolo de sus cavilaciones. Aquella mujer de oscurecidas esmeraldas lo veía con toda la prepotencia que, seguramente, le otorgaba su puesto como alguien superior al resto de uniformados de blanco que había a su alrededor—. Lo llevaremos al Cuartel.
—¿Qué? —Preguntó Kiba reaccionando tarde para seguirla mientras un par de soldados ya ejercían la acción sobre el muchacho—. Sakura, ¿qué haces? —murmuró en tono bajo su nombre—. Esto no está descrito en la misión.
—Es un soldado, Kiba. ¿De qué temes?
—A ningún soldado se le ha dado ese uniforme desde ese día —afirmó, siguiéndole los pasos, volteando de vez en cuando a mirar hacia atrás a donde se encontraba ese muchacho—. ¿De dónde lo sacó? —Sakura continuó avanzando hasta vislumbrar a un par de vehículos que se acercaban para asistirlos de regreso—. ¡Además, nunca he visto a ese sujeto! ¡No lo recuerdo de la academia!
—Por eso lo llevamos. Para interrogarlo.
.
II
.
Las mañanas que pasaba junto a su madre, en aquella humilde cabaña de madera que parecía susurrar con el viento, siempre eran las mismas durante el invierno.
Konohamaru creció entre copos de nieve, abrigos, resfriados y narices rojas.
Cuando caía la noche él no necesitaba de velas que le alumbraran para no temerle a la noche. La noche siempre fue amable con él. En especial porque a pesar de ser el cielo oscuro, brillaba. Era de los pocos espectáculos nocturnos que recordaba con anhelo, por no decir el único que deseaba volver a ver.
Desde que las esporas cayeron éstas no sólo afectaron a los humanos, también lo hicieron al ecosistema y por consiguiente al cambio climático. Konoha ahora era conocida por las lluvias ácidas. Eran pocos los rincones donde aún se alcanzaba a notar el verde del pasto o el café de los troncos de algún árbol. Lo único parecido a un cielo de estrellas eran los sueños de Konohamaru, y el techo de su reducida habitación. Como si fuera un paciente de algún hospital psiquiátrico, a Konohamaru le gustaba la belleza de sus garabatos y el raso blanco de ese cuarto le parecía menos imposible de alcanzar desde la vez en que Lotus le otorgó el permiso de poder dibujar estrellas en él.
Aún con las miradas ariscas y disgustadas de varios soldados, o de la mueca desagradable del sobrino del Canciller, o del semblante desconcertado de la Teniente Yamanaka junto a la señorita Hyuga.
No necesitaba una aprobación de ellos. Sólo de ella.
De Sakura.
Y ahora que ha vuelto necesita estar cerca de ella.
La noche de ayer sólo le sirvió para engrandecer su angustia al saber que mientras él la esperaba ella se encontraba empuñando, allá afuera, su katana. Quería verla y así poder preguntarle sobre un extraño temblor que había estado sintiendo hace unos días en el pecho y que apenas anoche se volvió más fuerte.
Los diagnósticos en la cámara de sanación no revelaron nada anómalo sin embargo Konohamaru sentía que aquél malestar no era algo que se pudiera detectar de esa manera. Sin olvidar mencionar el repentino desvanecimiento cuando patrulló con Sai. Era como si hubiese tenido un interruptor en su espalda y alguien más lo hubiese apagado. Que alguien más lo hiciese no era lo que le preocupaba, lo que lo hacía era que ahora sentía que toda la fuerza que tenía se le dividía en dos.
Se sentía agotado a pesar de no haber realizado algún esfuerzo físico, y sentía mareos.
Por eso necesitaba verla.
Estar con Sakura siempre le hacía bien de una u otra manera.
—Oh, Konohamaru-kun, veo que ya estás listo —el niño asintió apartando la mirada del gran espejo en su habitación. No era que le resultara excepcional mirarse, pues seguía siendo un niño sin gracia, es solo que el excesivo blanco le sentaba extraño—. Te ves bien —confesó la de ojos perla, sonriendo.
Konohamaru la detalló, no se veía diferente a lo que acostumbraba vestir sin embargo sí había pequeños detalles en ese nuevo uniforme que lo distinguían de ser sólo usado para ocasiones especiales.
—Vamos, se nos hace tarde. Ella se molestará si no estás en éste día tan importante.
—No creo que lo sea tanto.
Como el nombramiento de Sakura convirtiéndose en Fenrir, por ejemplo.
.
lll
.
—Luces radiante —Sakura no contesta. Sólo se inclina un poco más para recibir el prendedor de la anciana, que la ha cuidado desde que llegó al Cuartel, en su tocado—.Como un noble caballero. Muy guapa —las dulces palabras de la mujer no provocan nada en ella pero no le entristece pues entiende claramente que Sakura tiene la cabeza en otro lugar en ese momento—. ¿Qué es lo que te inquieta, mi tierno Loto? —la mujer la contempla desde su altura.
Sakura aún permanece inclinada, con los labios sellados y la mirada perdida.
La anciana la conoce.
Sabe cuán ferviente es el deseo de la pelirrosa en llegar en convertirse en Fenrir, o al menos en llegar a nuevos escalones.
Conoce un poco de su dolor y de las dificultades que tuvo que pasar para llegar a ser la mujer que todos respetan pero que también temen. Lo que hace y lo que seguirá haciendo. Sakura llegó a ella como la chica de la que sería institutriz. Desmoralizada y cubierta de barro, así la recibió Chiyo de las propias manos del Canciller el día en que éste la encontró sólo para recibir tan crueles palabras.
"—Haz de ella una mujer a la que todo el mundo quiera temer"
Más que para cualquier cosa, más que a su simple cuidado, Sakura sólo había pisado esa base, hace años, para convertirse en un arma.
Chiyo envejeció a su lado y con la poca inocencia que ella pudo alimentar en los ratos en que ningún otro miembro de SHINOBI las veía. Si bien la mujer formaba parte de las institutrices de la academia de SHINOBI, su humanidad le decía que no podía simplemente hacer de Sakura una mujer sin corazón por más pesares y desgracias que esa niña hubiese visto durante su infancia.
Le enseñó todo lo que necesitaba saber de Konoha. A cerca de SHINOBI, a cerca de las divisiones, de los tenientes, de la fuerza real.
De los Fenrir.
Cultivó todo e incluso un poco más.
Si el carácter de Sakura era o no difícil de lidiar, era algo de lo que Chiyo podía sentirse satisfecha pues no había creado a un robot sino había hecho todo lo posible por criar a esa niña.
Esa superioridad, esa altanería, esa prepotencia, eran de Sakura. No eran emociones programadas, era simplemente ella.
—Quita esa cara, mi tierno Loto —susurró con suavidad tomándola de los brazos para hacerla ponerse de pie. Todo en Sakura relucía ese día, tal como Chiyo había dicho, y no era para menos a juzgar por lo que se celebraba—. ¿No estás feliz? Convertirte en Fenrir es lo que siempre quisiste.
Para poder tener más libertades. Para poder caminar por todas partes sin el permiso de nadie. A sólo un paso del Canciller.
Y aunque Ino había dicho tales palabras la noche anterior, el ser Fenrir significaba para Sakura más de lo que muchos pensaban. Comenzando por Hyuga y Konohamaru. Y Chiyo lo sabía.
—Le prometí una habitación más grande a Konohamaru —hizo una pausa antes de seguir—, y un laboratorio a Hinata—la mujer sonríe—. Estos pensamientos son inapropiados para alguien que va a convertirse en Fenrir ¿verdad? —ríe con ácida ironía.
—No —Chiyo se acerca a ella y toma su mano, ésa que está envuelta ahora por guantes blancos. Su uniforme está impecable esta vez, y hay veces, como hoy, en las que le cuesta entender porque no está cubierta de sangre como normalmente siempre lo está—. Es apropiado para una mujer bondadosa —susurra.
La imparcialidad en el rostro de Sakura nunca se muestra cuando está con ella.
Son sus verdaderos y profundos ojos llenos de sentimientos y emociones desconocidos los que si lo hacen.
—No existen asesinos bondadoso —replica ella bajando la mirada, volviéndose antipática, pero es Chiyo quien la detiene alzándole la mirada.
—Sólo tienes que mirar a ese niño al que has estado cuidando todos estos años para creer lo contrario.
.
IV
.
—Entonces era cierto. Esa maldita consiguió lo que quería —entre la multitud de soldados en posición de descanso, el desacuerdo de Sai es lo único que se escucha. Su lugar a lado de Ino Yamanaka y del resto de los Fenrir pronto será perturbado una vez que la ceremonia termine. Ino no hace más que rodar los ojos fastidiada ante sus comentarios —. No ha pasado ni siquiera un maldito día luego de tener que haber limpiado la ciudad de esas basuras y ya la están promoviendo.
—Eres un Fenrir, ya deberías estar acostumbrado a las limitadas horas de dormir —contesta finalmente la rubia aclarando un poco la garganta luego de haber permanecido casi toda la ceremonia en silencio mientras escuchan sólo la voz de Canciller vociferando su discurso sobre la soberanía y las leyes de Konoha.
Sai chasquea los dientes, irritado.
Siente las manos entumecidas en la parte trasera de su espalda baja donde descansan debido a la posición. Todos los Fenrir están de pie sobre el estrado compartiendo un lugar detrás del Canciller en medio de su discurso. El resto de soldados están en la parte inferior mirándolos con atención con semblantes que Sai criticaría como estúpidos.
—¡Creo que los sucesos que acontecieron hace unas horas, nos recuerda, les recuerda, que solo los más fuertes tienen derecho a seguir respirando en esta tierra! ¡Es por eso que esta ceremonia es más que apropiada para celebrar a uno de nuestros más extraordinarios soldados!
Sai quiere vomitar de repente.
Quiere irse de ahí y evitar tener que hacer uso de su hipocresía cuando le toque el turno –como alto mando que es- de felicitar a Sakura por ser ascendida.
La odia.
Rueda los ojos esta vez maldiciendo en el proceso tras oír que su tío ha terminado de hablar sólo para pronunciar seguidamente el nombre de Sakura y verla dar un paso al frente desde las filas de los soldados.
"— ¿Qué es lo que te inquieta, mi tierno Loto?"
A medida que Sakura camina hacia al estrado, sintiendo las miradas de todos, distinguiendo entre las filas de arriba al resto de Fenrir que la miran con la intensidad que sus prestigios les otorgan –incluyendo la mirada desleal y molesta de Sai- , también distingue, al darle una última mirada a las filas de soldados de SHINOBI , las miradas de Chiyo, Hinata y por último, de Konohamaru.
Es una milésima de segundo en la que sus ojos se encuentran pero para Sakura es todo un viaje astral que la succiona dentro del pigmento de éstos. Reabre heridas, re abre recuerdos, reabre invierno, reabre al fuego. Su más fuerte memoria es sobre el día en que lo encontró pero ahora su mente juega a hacerle interferencia y ya no es Konohamaru al que sostiene, ni es nieve sobre lo que esa persona descansa.
Frunce el entrecejo fingiendo no haber tenido esa punzada y continúa con la cabeza alta.
La ceremonia dura lo necesario y a los pocos minutos todos regresan a sus actividades habituales.
Los Fenrir se reúnen, unos con caras serias, otros con la serenidad que les quedan, otros, como Sai, con muecas airadas. Sakura conoce a cada uno de sus líderes y conoce la reputación que los precede junto al número en rojo que se imprima en sus armas cada vez que salen a la lucha. Uno de los más veteranos, Iruka, quien fuera el único sobreviviente de la batalla tras la primera lluvia de esporas, le sonríe y ella se descoloca un poco pues es raro ver a un Fenrir mostrar tal semblante.
—Muchas felicidades por tu ascenso, Sakura —murmura el hombre colocándole una mano en el hombro—. Lo ansiabas desde hace tiempo ¿cierto?
—Hn, no había hora en la que no me lo recordara, Iruka-san —agregó Ino quien se había quedado unos minutos después de que finalizara la ceremonia—. Finalmente dejará de fastidiarme en mi escuadrón —Sakura ladeó una mueca altiva.
—Por favor. No conseguirás a otro soldado como yo en tus filas, Ino —soltó con prepotencia amistosa. La rubia sólo encarnó una ceja que estaba lejos de ser realmente seria.
—Afortunadamente —agradeció con ironía.
—¡Lotus!
Ambas mujeres, junto a Iruka, desviaron su vista hacia la voz aguda proveniente de aquél niño que veían aproximarse rápidamente. A su espalda Hinata Hyuga intentaba seguirle el paso, pidiéndole, además, inútilmente que no corriera.
—Ah, Konohamaru-kun. Has crecido bastante desde la última vez que te vi —comentó Iruka con voz cándida una vez que el niño hubo llegado con ellos. El menor asintió, saludándolo con una reverencia al igual que a Ino, quien le devolvió el gesto, para finalmente mirar a la pelirrosa.
—Mu-muchas… —la indiscreta tos de Hinata a su espalda le animó para mostrarle lo que ocultaba en sus manos —. ¡Muchas felicidades! —soltó, efusivo, extendiéndole un pin metálico con una forma muy singular.
—Es…
—Una flor de loto —completó Chiyo la oración de Yamanaka, apareciendo de la nada con una sonrisa—. Es un bello detalle —sonrió—. Muy adecuado para nuestra Sakura —indicó mirando de soslayo a la pelirrosa quien, sintiéndose observada más de lo debido, compartió miradas con la mujer antes que con Konohamaru y Hinata.
—Esto es… —la pelirrosa se permitió ser interrumpida entendiendo el gesto de Hinata al indicarle que se agachara un poco a la altura del menor para que este pudiera colocarle el pin en el saco blanco de su uniforme.
—Oh vamos, incluso tu temperamento obliga al pobre de Konohamaru a temblar —bromeó Ino apoyando su mano derecha en la superficie de la funda de su espada. Sakura iba a replicarle con fastidio pero entendió que las mejillas sonrosadas del niño y esa manera en morderse el labio era símbolo de sólo nerviosismo.
—¿Ya está? —el castaño menor asintió a la pregunta de Hinata, retirándose para darle espacio a Sakura de erguirse y poder apreciar el pin—. Te queda bien —Reluciente por sobre todas sus demás medallas, incluso por sobre la que el Canciller le había colocado minutos antes reconociéndola como Fenrir, estaba el pin ahora sobre su saco con forma de una flor de loto—. Konohamaru-kun es quien te lo obsequia ya que fue a él a quien se le ocurrió.
—¿Es así? —preguntó Sakura mirando con atención al menor.
—Umm, sí… —la miró, un poco cohibido—. ¿No te gusta? —el castaño sólo cerró los ojos sintiendo la inesperada mano de Sakura removiendo sus cabellos. A los ojos del resto aquello era motivo de asombro. Para Hinata y para Chiyo, no.
—Aún me debes un castigo por haber salido con ese idiota —farfulló ella refiriéndose a Sai. Hyuga tosió un poco.
—Lotus, modales. Konohamaru-kun es un niño aún —pidió, bromista.
Iruka no pudo evitar soltar una discreta risa a diferencia de Ino que soltó una libertad, fastidiando a Sakura.
—Calla, Ino.
—Ah, ¿ya no soy Teniente Yamanaka? —ambas se vieron con orgullo. La rubia suspiró—. En fin, me retiro, tengo que patrullar. Chiyo-san. Iruka-san. Hinata, Konohamaru—anunció, despidiéndose de cada uno excepto, obviamente, de Sakura, a quien sólo le dio un gesto con la cabeza.
—Nuestros jóvenes crecen demasiado rápido. ¿No cree, Iruka? —pregunta la mujer, sonriéndole.
—Tiene razón. Hace apenas unos años estaban en…
—También debo irme —anunció esta vez Sakura interrumpiéndoles aunque con cortesía—. Iruka-san —el hombre asintió, sonriéndole hasta con los ojos—. Chiyo, ¿puedo encargarte a Konohamaru un momento?
—Creí que estaría contigo todo el día —se apresuró a decir el niño viéndose ligeramente decepcionado.
—Después. Ahora tengo un asunto urgente que atender —Konohamaru bajó la mirada. Sakura se sintió extrañamente culpable—. Lo prometo —el niño le devolvió la mirada, resignado, sólo para asentir. Por más que se negara ella no cambiaría de parecer—. Te lo encargo, Chiyo. Hinata, sígueme.
.
V
.
Afortunadamente Sasuke aún era consciente de que conservaba todos sus miembros en su lugar.
Atado a una silla, con piernas y brazos inmovilizados, sólo apreciaba la luz artificial, de lo que sugería era una subestación, cada vez que la puerta automatizada se abría dejando entrar a una o dos personas como máximo. Para su irónica buena suerte sentía que era un esclavo con beneficios. Cada cierta hora se le ofrecía agua y un plato de comida, aunque insípida. Y si dejaba de gruñir la mordaza que tenía en la boca era retirada solo un par de segundos para que pudiera quitar la tensión de los músculos de su rostro.
No lo agradecía pero tampoco lo aborrecía.
Su vista había sido cegada, literalmente, la noche anterior tras sólo oír la orden de aquella mujer pidiendo que lo esposaran. Luego de eso una máscara de tela se le colocó en la cabeza y durante los siguientes pasos desequilibrados se abstuvo de hablar únicamente oyendo indicaciones de dónde pisar y cómo caminar. De resto no recuerda nada. Sólo la brusca manera en que le fue extendido el cuello para inyectarle algo de dudosa procedencia.
Luego de eso, nada de nuevo.
Un profundo y sumido sueño.
Tras despertar un par de horas después ya se encontraba así. Atado pero, extrañamente, sin ningún vestigio de tortura.
Contó repetidamente cada uno de los dedos de sus pies. Estaban completos.
Lo único que no soportaba, de ese maldito maravilloso día, era a los comodines personajes vestidos con trajes blancos que no paraban de examinarlo y tomarle muestras de lo que fuera. Ya sea saliva o un trozo de pelo. Era como si advirtieran que fuera una amenaza biológica altamente peligrosa. Venía de afuera, era cierto, pero no tenían por qué saberlo. Aunque siendo francos, que lo tuvieran inmovilizado ya era, de por sí, una señal de que lo sugirieran.
—Maldición —masculló por lo bajo aprovechando que la mordaza se le había sido removida nuevamente.
—¿Dijo algo? —se escuchó una voz a través de los parlantes de la habitación. Sasuke intentó al menos percibir el sonido para distinguirlos pero nada. Esa habitación blanca estaba muy bien diseñada. Ni siquiera existía un vidrio por el que, al menos, sugiriera que lo veían.
—¿Dijiste algo? —preguntó esta vez uno de los fármacos disfrazados que estaba a su lado acercando esa enfermiza cabeza de traje de astronauta a él.
—¿Qué demonios quieren de mí? —se aventuró a preguntar—. ¿¡Porque demonios me tienen aquí!? —vociferó esta vez, advirtiendo a los dos fármacos, obligándolos a alejarse debido a la racha de adrenalina.
—Sédenlo —se escuchó, rimbombante, entre las paredes. Sasuke sólo pudo atinar a azorarse leves segundos sólo para volver a comportarse histérico viendo como uno de los fármacos se acercaba a él con una aguja lista para inyectarle quién sabe qué sustancia. No pudo hacer mucho más que simplemente agitarse, moviendo brazos y piernas aunque estuviesen inmovilizados, lanzando inclusive mordidas mientras que el segundo hombre intentaba, inútilmente, volverle a colocar la mordaza—. ¡Sédenlo ya!
—No. No lo seden.
Todo el personal, y Sasuke por supuesto, advirtieron el cambio de timbre y tono de la voz que anteriormente había dado una orden contraria.
A ninguno de ellos les demoró más de un segundo reconocerla, y a él, quien sólo había cruzado un par de ariscas palabras en medio de un campo de muerte y destrucción, le tomó la misma cantidad de tiempo.
Cuando uno de los paneles, de la pared frente a él, cayó, bajo un tortuoso mecanismo de desactivación, Sasuke pudo ver con claridad a cada una de las personas detrás de ese negruzco cristal pero ninguno de ellos le importó tanto como a quien reconoció tras el primer "No". No sabía su nombre y sin embargo estaba ahí, de pie, mirándolo con una fría expresión.
—N-no….no tiene autorización —gimió el encargado de esa área quien anteriormente había dado la orden de sedarlo. Sakura lo miró de reojo con dureza sin emitir palabra.
—No la necesita —. La sala, al menos de ese lado, se sumió en un fúnebre silencio ante la recién llegada del Canciller, de pie a un lado de Sakura y delante de Hyuga—. Ya que ahora ella es un Fenrir—el pobre hombre, y el resto de los miembros presentes, temblaron.
El Canciller no era conocido por su sadismo pues rara vez se le veía en las instalaciones de SHINOBI pero tampoco lo era por su benevolencia. Nunca se sabía si su sola sonrisa llena de sarcasmo pudiera llevarte al infierno u otorgarte un día más de vida miserable. Y Sakura, siendo la protegida de dicho soberano de Konoha, se había hecho a base de los cuidados de ese hombre.
Tan envidiada y odiada pero tan temida también.
—Perdone, Canciller. E-Es la costumbre —se disculpó el hombre inclinando gravemente la cabeza hacia abajo.
—Pues desacostúmbrese —advirtió en tono severo el hombre mayor—. Lotus ahora tiene el poder para autorizar cualquier cosa.
Hinata los veía desde la parte trasera de esa cabina albergando cada vez más y más preguntas en su mente.
Dejándose llevar por el impulso de sus emociones es que fruncía el ceño sin entender la manera, en que ella creía, que el Canciller veía a Sakura estando a su lado. Por mucho tiempo creyó que ella solo podía darse el lujo de estar de pie al lado del hombre por el hecho de ser su protegida. Dándose atribuciones solo por haber sido recogida por él hace años, pero la verdad era incierta.
Sakura no brillaba por su personalidad pero destacaba por sobre todos.
Era letal por todas las noches en las que fue sometida a rigurosos entrenamientos, incluso después del horario de la academia.
Toda esa personalidad glaciar, esa aspereza, esa brutalidad y magnificencia a la hora de matar, era por lo que el Canciller más se hacía devoto a su presencia. Sakura lo obedecía con una fidelidad casi trastornada y el Canciller se alimentaba de ello.
Era peligroso tener esos pensamientos siendo un don nadie a comparación de quien fuera su compañera en la academia, y hasta hace unos años su superior, pero era inevitable no tenerlos cuando los veía entablar una conversación u observando detenidamente la forma devota en la que Sakura lo veía y viceversa.
—Entonces… ¿es él? —preguntó el Canciller acercándose al cristal para ver a Sasuke mejor.
—Si. Viene de fuera. Acabó con la línea frontal de Draugs él solo —informó Sakura con solemnidad. Cual soldado le informa a su comandante.
—¿Cómo sabes que viene fuera, querida? —cuestionó el hombre regresando la mirada a ella.
—Una corazonada.
—Tsk, ¿ahora nos volveremos sentimentales y seguiremos una corazonada? —Arguyó Sai apareciendo a un lado de Hinata—. Es una respuesta muy estúpida.
—Tan estúpida como tu inutilidad —concluyó Sakura, enfrentándolo—. ¿O es que piensas que me creeré que la orden de mandarme al frente no fue tu idea? —el de cabello negro la miró con prepotencia.
—Pero te ayudó a sumar un logro ¿no? ¿O es que crees que tu propia determinación te hubiese llevado a hacerlo? ¿Que de no haberte enviado tendrías a ese pelele en esa silla? —Sakura chasqueó los dientes—. Puede que ahora seas un Fenrir, Sakura, pero te faltan años para si quiera desempeñar un mediocre y decente papel. Casi puedo alardear de que tú fuiste mi perro y yo quien te ordenó ladrar.
—Eres un…
—Basta —se mostró severo el Canciller. Ambos callaron de inmediato; Sakura, además, apartó su mano de la funda de su espada—. No pasaré ninguna insolencia ni siquiera viniendo de alguno de ustedes dos —sentenció volviendo la vista a Sasuke quien ahora yacía amarrado también de la parte de la frente y yugular manteniendo así la cabeza quieta para volverle a colocar la mordaza. Danzo entrecerró los ojos ante un pensamiento que prefirió guardarse que compartir—. Quiero a este chico.
—¿Señor? —preguntó uno de los soldados.
Sai y Sakura tensaron los ojos.
—Quiero conservarlo.
—Estupendo, otro marginado —siseo el sobrino del Canciller cruzándose de brazos y rodando los ojos. Sakura alcanzó a oírlo, gruñendo—. No creo que sea una buena idea, tío —asistió acercándose a él—. Si en verdad viene de afuera, estará contaminado. Y no creo que haya alguna tarea que pueda desempeñar en la ciudad como para…
—No lo quiero como ciudadano —Sai se detuvo de golpe frunciendo el ceño confundido—. Lo quiero como soldado.
—¿Qué? —exclamó el muchacho.
—¿Danzo-san? —inquirió esta vez Sakura, visiblemente azorada, alternando su mirada entre el hombre y el chico que la veía a través del cristal.
—¿Qué más dice tu corazonada, mi querida? —la aludida permaneció rígida mirando de soslayo a la víctima en turno que tenían en esa sala.
Por primera vez no tenía una respuesta precisa que darle y no era como que su corazonada fuera también una especie de señal. Sólo sabía que ese muchacho le causaba intriga aunque todo apuntaba a no ser la única en sentirlo pues no era común toparse con un alguien así, con una historia interesante y fascinante que contar con solo mirarlo, comenzando a divagar sobre la procedencia de ese uniforme antiguo.
¿Quién era? ¿De dónde había venido? ¿Por qué tenía ese uniforme?
¿Había sido la manera en que la retó? ¿La intensidad de sus ojos? ¿El miedo y el valor en su mano? ¿Qué era?
Sakura apartó sus pensamientos oyendo, de nuevo, un caos similar al de minutos atrás cuando pretendían sedarlo. De alguna forma el de cabellos negros se había logrado quitar la mordaza de la boca una vez más y había aflojado las hebillas de las cintas que retenían su rostro, volviendo a gritar. Esta vez sin palabras. Gritos naturales y potentes.
—Tsk, esto es el colmo —rezongó Sai apartando al soldado que manejaba el tablero central donde se encontraba el micrófono que hacía conexión con los dos individuos del interior—. Sédenlo ya, maldita sea. Y hagan que se calle.
El Canciller no se opuso sin embargo sólo le bastó como medio segundo voltear a ver a su protegida para embozar una sonrisa sugerentemente desdeñosa.
—No —replicó la pelirrosa apartando a Sai para hablar con claridad por el micrófono—. He dicho que no lo seden —el Fenrir de cabello negro la miró con rabia.
—¿Te volviste loca? ¿Y ahora qué acto de benevolencia se te ha metido a la…? —calló de inmediato.
Todos los hicieron.
Y en los ojos de Danzo sólo se reflejaba el brío de las reflejantes paredes blancas del interior mientras los gritos de Sasuke comenzaban a sonar con mayor frecuencia. Como si lo estuvieran desgarrando vivo. Esta vez no en plan de rebeldía sino de puro y estrepitoso dolor.
El sadismo en los ojos de Sakura perturbó a Hinata cuando la Hyuga no hubo soportado más la idea de seguir viendo el cuerpo de aquel muchacho convulsionar debido a la carga eléctrica que estaba recibiendo a manos de la pelirrosa.
Nadie dijo nada. Ni siquiera Sai aunque verdaderamente no quiso detenerla ni apartarla del botón de voltaje que se encontraba presionando sin tentarse el corazón.
Los roncos y desfallecidos jadeos de Sasuke eran lo único que se escuchó a continuación luego de un endemoniado minuto en el que todo su cuerpo estuvo sometido al dolor.
—¿E…ésta vivo? —se aventuró a preguntar uno de soldados en la cabina.
Sakura se inclinó nuevamente hacia el micrófono sólo para ordenar que lo revisaran.
Respirando agitado, sintiendo el mismo dolor a que si lo hubiesen desmembrado, quizá, pero viendo con un inmaculado odio hacia el cristal. Exactamente donde Sakura yacía de pie mirándolo con la más profunda de las indiferencias.
—¿Para qué querías sedarlo? —Preguntó ella con prepotencia, mirando a Sai—. ¿Para domesticarlo tú mismo? ¿O sólo por capricho por estar el Canciller presente?
—Calla, maldita.
—Suficiente —intervino el Canciller suspirando profundamente al voltear a mirar a Sakura con un orgullo enfermizo—. Me has mostrado suficiente hoy, mi loto —la pelirrosa sólo asintió—. Dejaré que tomes la decisión que creas conveniente respecto a ese muchacho. Solo recuerda: Lo quiero como soldado.
—Así será —soltó al final aunque, por supuesto, en su mente no estaba convencida de ello.
.
VI
.
—¡Lotus! ¡Lotus, espera por favor!
Dos vueltas a la izquierda, tres a la derecha.
Girar en una esquina.
Tomar el siguiente pasillo.
Hinata aprovechó la poca concurrencia de éste último para atreverse, y seguramente arriesgarse a ganarse un castigo, a tomar del brazo a Sakura deteniéndola con rudeza. La pelirrosa la miró, solamente desviando la vista un poco al agarre tembloroso que ejercía Hyuga sobre su brazo izquierdo para volver a su rostro. Enrojecido, quizá, por la falta que estaba cometiendo a su superior.
—¿Quieres que te castigue delante de todos? —la aspereza en la voz de la nueva Fenrir la hizo temblar pero no lo suficiente como para ceder—. Sabes que no me tiento el corazón.
—¿Por qué? —gimoteó la de ojos perlas—. ¿Por qué hiciste eso? —Sakura desvió la mirada—. Por favor, quiero…quiero entender.
—Somos soldados. Obedecemos órdenes. Es lo único que debes entender, Hinata —sentenció sacudiéndose el brazo con facilidad.
—En ese momento…en ese momento no recibiste ninguna orden. Parecías disfrutarlo. Quiero que me digas ¿por qué? —Sakura disparó su mirada con certeza a los ojos de Hyuga de manera mordaz.
—Porque quise —respondió finalmente.
—E-entonces…—tragó grueso—. Si hubiese sido Konohamaru el que hubiese estado en esa silla, en esa situación, ¿tú habrías…?
—Se…señorita Hyuga…
La tensión se había esfumado dando paso a la sorpresa y a la angustia.
Cuando Hinata reaccionó gimiendo de asombro, Sakura ya se encontraba a lado de él.
La vista nublada de Konohamaru, junto a la escasa fuerza de sus piernas a punto de desvanecerse, lo llevó hasta ese pasillo con dificultad. Sujetándose de la pared para poder sostenerse y caminar. No supo cómo ni en qué momento las tuvo en frente, sólo supo que se sintió aliviado de poder verlas a pesar de simplemente desvanecerse.
Cuando la sensación de chocar contra el frío piso no llegó es que se hubo dado cuenta de que alguien lo sujetaba con fuerza.
Todo parecía ir demasiado lento. El aire, los sonidos, los gritos desesperados de la señorita Hyuga, el semblante desconcertado de Sakura intentando reanimarlo mientras repetía su nombre innumerables veces con fuerza.
"Oh, blanca nieve, no me prives del privilegio de seguir observándote"
"¿Lo has escrito tú?"
En aquel entonces, un fragmento de su alma leído por ella en un trozo de papel que había encontrado por ahí. Cuando apenas tenía ocho. Cuando no tenía ni una semana de haber llegado al Cuartel debajo del cobijo de sus relucientes medallas.
Ahora estaba sucediendo de nuevo.
Las perlas oscuras y marrones que Konohamaru tenía por ojos estaban ansiando poder ver nieve nuevamente. Auténtica nieve. Pero a medida que le suplicaba a sus ojos enfocar más las luces del pasillo –a medida que Sakura corría con él en brazos rumbo a la cápsula de sanación- el resultado que obtenía era nada. No lograba detallar nada. Estaba perdiendo la vista. La fuerza. Tenía mucho sueño.
Y la desesperación de estar perdiéndose le hizo sentir que se asfixiaba más y más.
—¡Konohamaru!
Tanto que la voz de Sakura se desvaneció junto a él.
.
VII
.
—Yo puedo quedarme con él.
—No. Tú tienes otra tarea.
—Pe-pero Sakura, Konohamaru necesita que se le monitoree por el resto de la noche, tú tienes obligaciones y patrulla mañana temprano, no debes sobre exigirte ahora que eres…
—Estás fastidiándome ahora, Hinata. Sólo cállate y ve a hacer lo que te pedí. Yo me ocuparé de él.
—Pero…
—¿Lo…Lotus?
Había creído que todo se lo había imaginado.
Que las voces en su mente no eran más que un sueño, y que el repentino agotamiento que sentía su cuerpo era solo una sensación que experimentaba al dormir torcido o en mala posición. En su mente las voces de Hinata Hyuga y de Sakura se escuchaban demasiado cercanas, como si estuvieran en la misma habitación, y se escuchaban tensas. Como si estuvieran en medio de una discusión.
—Kono…
—Konohamaru—Sakura se adelantó apartando a Hinata mientras se sentaba a un lado de la cama para tomar la mano contraria a donde se le suministraba líquidos por intravenosa.
Konohamaru quería llorar de repente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué ambas tenían un semblante de preocupación en sus rostros? ¿Se habían peleado por su culpa?
—Esto…—tose un poco percatándose finalmente de la máscara de oxígeno que tiene en la boca. Se asustó.
—Hey, cálmate —dijo Sakura al notar sus ojos alterarse, colocando una mano sobre el descompasado pecho del niño que comenzaba a subir y bajar con rapidez—. No te alteres. Sólo te la han puesto por precaución. Para regularizar tus respiraciones y tú ritmo cardíaco.
—Yo…—traga grueso, tranquilizándose. Su mirada viaja de Sakura a Hinata, quien permanece callada y un poco apartada, más el pequeño no hace preguntas. Ni siquiera está consciente de lo que ha pasado.
—Te desmayaste —confiesa la pelirrosa llevando la mano que tenía en su pecho a la mejilla del menor—. ¿No lo recuerdas?
El castaño lo medita un poco.
Recuerda haberse escabullido de la mirada de Chiyo, muy consciente del regaño que le podría ameritar, para ir a buscar a Sakura. Por alguna extraña razón ahora quería estar más cerca de ella que nunca. Como si se hubiese vuelto una necesidad. Su búsqueda implacable lo llevó a una de las secciones del Cuartel que no había visto jamás. Todo el ambiente de esos pasillos desconocidos le dio escalofríos junto a sus frías paredes.
Eran idénticas al resto pero había algo plagado en el aire que le estaba alterando. Y conforme más avanzaba –a quien sabe dónde- más ansioso se sentía.
Sus pies terminaron por llevarlo a una sección de cabinas. Y junto a ellas una gran nano pared. Konohamaru había aprendido a reconocerlas con el paso de los años. Su corazón pronto comenzó a agitarse. A palpitar de tal manera que le provocó un susto pues sentía que en cualquier momento se le saldría. Y aunque quiso repetir los ejercicios de respiración que la señorita Hyuga le había indicado hacer –en caso de que le diera uno de esos ataques de ansiedad- fueron en vano.
Fueron en vano al sentir un escalofrío increíble.
Como si las paredes se movieran y quisiera encerrarlo, Konohamaru cayó de rodillas soltando bilis por la boca. Todo su cuerpo comenzó a temblar y una arrolladora sensación de asfixia le sacudió completamente. Los oídos le zumbaban con fuerza y, a pesar de estarlo haciendo, casi pudo percatarse de que el eco de un grito de dolor se comenzaba a filtrar por esas paredes.
La opresión que sentía era tanta que parecía estar comenzando a sentir dolor por todas partes.
"Ya detente"
Pedía desesperadamente, aferrando sus manos a su cabeza, hundiendo sus uñas en la tierna piel de su cuello hasta sangrar.
"¡Ya detente!"
Pero el grito que le estaba calando los huesos no cesaba.
"¡Ya detente, por favor!"
El trauma de ese momento había sido tanto que no supo en que momento había terminado y cuándo se había puesto a deambular por los pasillos como un herido de guerra a punto de desvanecerse.
"Lotus…"
Pedía entre lamentos.
"Sakura…"
Suplicaba por ella.
"Por favor…aparece…"
Y por la gracia de algún Dios piadoso, apareció.
Y cuando pudo distinguirla se abandonó al cansancio, desvaneciéndose.
Y finalmente estaba aquí, en presente, terminando de rememorar todo lo ocurrido. Aún sintiendo la caricia de Sakura en su mejilla.
Las incontrolables ganas de llorar volvieron de pronto. Tenía que decirle. Tenía que decirle para poder entender que le había pasado. Que era lo que su cuerpo había experimentado y por qué. Sakura siempre tenía respuestas para él así que esta vez no sería diferente ¿verdad?
—Sakura…amm…—iba a decirle todo. Hasta el más mínimo detalle pero había un inconveniente, y no era su estado convaleciente.
Hinata alzó la mirada y pronto se sintió desplazada.
La indudable conexión de esos dos era un mundo en el que ella aún no podía entrar. Hyuga miró a Sakura, quien la veía con suma seriedad, indicándole con un gesto de la cabeza que partiera de una vez. Sonrió con pena. Qué lamentable, pensó para sí misma pero estaba consciente de que el camino para llegar a entender a esos dos debía ser largo y que también debía aprender a ser paciente. Suspiró, asintiendo, sólo acercándose un poco a la cama del niño para besarle la frente de manera maternal.
—Te quedas en excelentes manos, Konohamaru-kun —el niño se extrañó.
—¿C-cómo? —preguntó alternando su vista entre ambas mujeres—. ¿La señorita Hyuga no va a cuidarme esta vez? —la de ojos perlas negó con ternura y es hasta ese momento en el que el niño se percata de que Sakura no ha dejado de acariciarle la mejilla—. ¿Vas a quedarte? —le pregunta directamente a ella.
—Ya veo que no te causa mucha emoción —bromea la pelirrosa, y cuando finge apartar su mano de la mejilla de Konohamaru éste indudablemente la coge de vuelta, sentándose de golpe para aferrarse al resto del brazo de su benefactora—. ¿Uh?
—Por favor… —gime, y es tan doloroso para Hinata como para ese niño que pide por Sakura. La joven subteniente sólo sonríe lastimosamente, apartándose un poco—. Quédate —ha sido derrotada. Piensa Hinata tras oír las últimas palabras del niño y ella salir de la habitación rumbo a obedecer las órdenes que Sakura le ha dado.
No puede ahondar más el tema con Sakura ni puede exigirle que responda sus preguntas ahora.
—¿Asunto?
—Hinata Hyuga. Vengo a ver al encarcelado —el soldado que vigila esa puerta (que conecta directamente con la sección de las celdas) la reconoce, y rápidamente recuerda que la noticia de la nueva Fenrir ha recorrido toda la base. La soldado frente a él es su subteniente.
—Adelante.
No puede perturbar ese pequeño mundo que han creado esos dos como tampoco puede simplemente arrebatarle a ese niño la oportunidad de que sea la pelirrosa quien le cuide durante toda esa noche en lugar de ella. Supone que por esa única vez debe aguantar un poco más.
—Sujeto #68 —menciona una vez que llega a esa celda que es más bien una cámara blindada.
No hay olores.
No hay sonido.
Sólo ese enfermo color blanco que al prisionero le ha estresado desde que habita dentro de ella desde hace unos días. Hinata teclea unos dígitos encima del tablero codificado que tiene la puerta e inmediatamente la puerta automática se desliza liberando un poco del gas que le suministran a los prisioneros para mantenerlos, de alguna manera, drogados para evitar contratiempos.
—¿Quién es? —silencio. A pesar de la blancura de todo el Cuartel y de las luces artificiales también, al prisionero le es difícil enfocar la mirada debido a la droga en el aire y a su vez la que le inyectan cada tarde para mantenerlo domesticado. En esa no se escucha nada más aparte de respiraciones cortas y sonidos agobiantes propios de un criminal—. Ah, la chica de ojos raros —Hinata no repara en el comentario, sólo se adentra, oyendo como la puerta se cierra detrás de ella.
Rápidamente da una ojeada a la celda percatándose de que las cámaras de seguridad están encendidas. Baja la mirada como quien no ha visto nada y se comporta de manera seria.
—¿Cómo estás…—Hinata se interrumpe leyendo el papel en donde tiene anotado el número de identificación del prisionero— número sesenta y ocho?
—Ya para con eso. Si quieres saber mi nombre solo tienes que preguntármelo —responde el rubio desde su posición.
Encima de su catre, el cual también es ridículamente blanco como todo lo demás, con piernas arriba y flexionadas. La joven solo lo observa.
—Oh, ¿puedes decírmelo? —silencio de nuevo. El muchacho parece haberse quedado mudo de repente—. Creí que habías dicho que…
—Lo estoy considerando.
—¿Por qué?
—Porque eres la única persona, de todas las que han venido en el día, que no quiere sacarme información por medio de golpes —Hinata engrandece la mirada y es hasta ese momento en el que se percata de las heridas que el rubio tiene en el rostro y a los largo de sus brazos. El muchacho suelta una risa sarcástica cuando ve, finalmente, un semblante humano en el rostro de esa curiosa chica—. Te has quedado muda. ¿No es así como obtienen aquí todo lo que quieren?
Por mucho que Hinata quiera saber sobre el estado de Konohamaru. Por mucho que quiera cuestionar a Sakura sobre todos esos secretos que oculta. Por mucho que quiera también hacerlo con Konohamaru por no tenerle la confianza que le tiene a Sakura. Por muchas incógnitas que quiere resolver, Hinata quiere permanecer a lado de ellos pero justo ahora, cuando está por decidirse a tratar las heridas de ese prisionero –rompiendo una o dos reglas- quiere empezar a obtener respuestas.
—Gracias por esto —agradece el rubio.
Y en su voz no se percibe la mentira en cuanto Hinata ha salido y regresado a la celda con un botiquín para tratar sus heridas.
No debería estar siendo tan condescendiente con el prisionero. Su posición debería ser otra. Pero estar curando sus heridas es una falta menor a la falta grave que ha hecho minutos atrás. El de apagar las cámaras desde el cuarto de seguridad que hay en ese sector.
—¿Puedo saber tu…?
—Naruto —la de ojos perlados se azora—. Me llamo Naruto.
A pesar de que la doctrina de SHINOBI le ha enseñado que debe hacer cosas a cambio de recibir otras, sabe que si Sakura no quiere decirle nada, Hinata debe buscarlas por ella misma.
—Mucho gusto, Naruto. Soy Hinata. Hyuga Hinata.
Empezando por descubrir quién es en verdad este chico.
.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
Responderé en breve todos los comentarios! Lo prometo.
Y gracias a las personas que siguen al pendiente de la historia tanto aquí como en Wattpad :) Se los agradezco inmensamente.
So...¿Qué les pareció el capítulo? xD Naruto está vivo! ¿He sanado sus almas? jajajaja Aunque en su lugar Sasuke fue maltratado, y por nada menos que Sakura. Lo sé, soy mala, pero entenderán que "no se conocen" aún y que Sakura tiene una reputación y una mente retorcida que poco a poco se irá descubriendo por qué.
¿Asocian ese desvanecimiento que tuvo Konohamaru como una reacción a dolor que sintió Sasuke durante su tortuta? 7u7r Cada vez más motivos para hacerles pensar jajajajaja En el próximo capítulo se integrarán nuevos personajes. ¿Recuerdan a los Jinchuriki? ¿Fu, Utakata, Yagura? Chan chan chaaaaaaaaaaaan. ¿Qué tipo de papeles tendrán? En fin, es todo por el momento. No lanzaré más spoilers.
Actualmente llevo escrito hasta el capítulo 8 pero el trabajo consume la mayoría de mis días actualmente así que desde ahora pasaré las actualizaciones a los fines de semana. Durante la tarde-noche. No les puedo prometer que será semanal pero espero no pasar de dos a tres semanas para subir capítulo nuevo.
Y pues ya, ¿creo que es todo?
Me gustaría leer sus apreciaciones sobre éste capítulo ahora que Sasuke finalmente se encuentra dentro de SHINOBI, que ha aparecido Naruto nuevamente y que Sakura finalmente ha sido ascendida de puesto. La convivencia entre todos será mas intensa a partir de ahora.
Nos vemos en el capítulo 7!
Rooss-out!
