→ Beta Reader: Rossue.
→ Recomendación musical: Grenzlinie . Kabaneri The Iron Fortress OST. Link en mi perfil.
→ Grenzlinie: "Línea límite" en alemán.
Términología dentro del mundo de Lotus:
· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta o El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada).
· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.
· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.
· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.
· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)
.
⌠ El cielo se divide en dos hermosos colores.
Una chica miró hacia esos dos cielos.
Hay una frontera dibujada entre ellos.
Y ella está apretando un libro de cuentos contra su pecho. ⌡
—Grenzlinie. Cyua.
.
.
—Lotus—
.
| 7 |
Línea límite.
.
.
—¡Lotus! ¡Señorita Hyuga!
Hinata ha comenzado a desarrollar un comportamiento raro pues ahora se estremece cada vez que Konohamaru le llama. Aunque sabe esconder ese gesto muy bien. Guardar las apariencias es algo que ha aprendido a hacer silenciosamente.
—Hola, Konohamaru-kun —pero si bien sabe esconderlas, la reacción de su cuerpo es otra cosa.
Mientras Sakura termina de revisar unos informes, en la nueva sala común que se le ha designado como nuevo miembro de Fenrir, Hinata se ha mantenido en silencio viéndola repasar la mirada concentrada en un sinfín de papeles.
Desde la noche anterior se ha sentido un poco desleal pues si bien ha obedecido la orden de Sakura: de encargarse de ese otro asunto, no puede evitar pensar que fue demasiado amable con ese muchacho, aunque su actitud también se debe a lo acontecido sobre Konohamaru. Su situación y ese extraño desvanecimiento siguen siendo un misterio para Hinata pero piensa que para Sakura no lo es tanto, y aunque tiene tremendas ganas por preguntarle, las cosas entre ellas siguen un poco tensas desde su discusión en el pasillo.
—¿Señorita Hyuga?
—Konohamaru —lo llama Sakura esta vez ahorrándole a Hinata la penosa explicación que debió darle al niño desde el primer momento en que la nombró tras notarla tan apática—. ¿No estabas con Chiyo?
—Ah, sí, sobre eso…
—¿Escapaste? —el niño niega rápidamente—. ¿Entonces? Te dejé a su cuidado en tu habitación —Sakura se pone de pie, apartando los reportes bajo la atenta mirada de su subordinada—. Es más, deberías estar en la cama —Konohamaru sonríe un poco sintiendo la caricia de Sakura en sus cabellos revoltosos—. Aún debes descansar.
—Ya me encuentro bien —la pelirrosa entrecierra los ojos—. En serio —suspira resignada no queriendo ponerse a discutir por algo tan trivial como que Konohamaru no puede permanecer quieto por un segundo. El niño entiende ese gesto como que le ha permitido quedarse con ella ese rato, aunque solo sea para observar cómo termina de leer reportes aburridos y redactar otros—. ¿Es divertido?
—¿Qué cosa?
—Ser Fenrir —suelta él sentándose en un taburete cercano, meneando las piernas de adelante hacia atrás. Sakura emboza una sonrisa irónica.
—Completamente. ¿No ves cómo me río? —Konohamaru suelta una risa a pesar de que, de haber sido otro soldado, éste seguramente hubiese recibido un castigo por hacerlo. Pero Konohamaru no era un soldado. Era simplemente él. El niño que Sakura había salvado y que ahora criaba.
Hinata en verdad no podía entender los verdaderos motivos del por qué lo hacía. ¿Por qué apenas ayer tenían unos ánimos diferentes y ahora estaban riéndose como buenos amigos? Sin planearlo se mostró cabizbaja, apretando las manos, encerrándolas sobre el sujeta-papeles que descansaban en sus rodillas, mismo donde anotaba todos los pendientes que pudieran sugerirle a Sakura con el fin de recordarle u ofrecerse a hacerlos por ella.
—¿Señorita Hyuga? —la aludida se estremeció, parpadeando, percibiendo la mirada confundida y preocupada del menor para con ella—. ¿Pasa algo? —esta vez Sakura no pudo impedir que el niño preguntara. En silencio esperó a que su subordinada respondiera.
—¿Po-por qué preguntas? —suelta la subteniente dedicando una sonrisa forzada.
—Es que…—Konohamaru hace una pausa—, no está como de costumbre —Hyuga se azora.
—¿Cómo de costumbre?
—Sonriendo a todas horas, quiere decir —concluye Sakura esta vez sorprendiéndoles a ambos.
La he subestimado, piensa la de cabello negro.
Sakura, a pesar del estoicismo que siempre muestra junto a esa gélida seriedad, sí pone atención en ella. Debió imaginarlo pues ¿qué más prueba necesita para saber que es necesaria para ella cuando Hinata es su única subordinada? ¿Tiene que recordarse que Sakura vio algo en ella como para decidir que estuviera a su lado?
Aún hay tantas cosas que desconoce pero ahora está bien no saber, piensa.
—Konohamaru —dice Sakura, rompiendo el hielo—. ¿Quieres acompañarme a patrullar? —los ojos del menor se iluminaron.
—Pero Sakura, él aún… —antes de terminar de decir que aún se encuentra débil, observa al niño. Sencillamente nada de lo que ella diga va a detenerlo ahora que la propia pelirrosa se lo ha propuesto.
—¿¡Enserio!? ¿¡Enserio puedo acompañarte!? —Sakura asiente.
Era parte del protocolo dar el primer rondín oficial como Fenrir ahora que había sido ascendida de rango, sin embargo, había algo que debía reconocer.
Además de Hinata, (Konohamaru no contaba ya que no pertenecía a SHINOBI como miembro de la fuerza), Sakura aún no contaba con miembros activos y sin ellos no existía cuadrilla. Por lo general cuando un miembro era ascendido a ese puesto éste ya se había encargado de hacer buenas relaciones con algunos soldados que pudiese considerar para formar parte, en un futuro, de su escuadrón.
Pero siendo ella Lotus, la persona más insoportable y antisocial del Cuartel, no era muy difícil imaginar que durante su primera salida a patrullar tuviese que ir sola. Salvo excepto por Hinata, pero en aquel entonces Konohamaru no figuraba aún en la vida de ambas, además de que ahora Hyuga tenía otras responsabilidades que atender.
Sakura suspiró sintiendo tensión en la sien.
No le importaba llevar al niño, dado que siempre se lo había pedido, pero eran otros tiempos. En aquel entones –o más bien, hace unos días apenas- Sakura dependía de un superior para salir al exterior. En su caso fue Ino Yamanaka. Aquella maldita con la que tenía una extraña amistad pero quien se había convertido en Fenrir antes que ella debido a sus méritos.
—Sí —respondió, removiéndole los cabellos. Ese gesto que decía tanto y a la vez nada. Ese que Hinata no lograba comprender—. Adelántate. Te veré en el hangar —Konohamaru asintió, perdiéndose entre la perpendicularidad de las paredes a través de la puerta, dejándolas nuevamente solas. Hinata no habló ni parecía tener intensiones de acompañarla y ciertamente Sakura no iba a pedírselo esta vez—. ¿Te estás encargando de lo otro, Hyuga? —la muchacha sólo asintió. Con lo otro sabía perfectamente que se refería al prisionero sesenta y ocho—. ¿Nada que reportar entonces?
—"Sí, su nombre es Naruto" —debió decir, sin embargo Hinata no lo hizo. Mantuvo sus pensamientos solo para ella—. No, nada —se limitó a decir secamente. Sakura la miró con sospecha pero no indagó más y su subordinada solo se limitó a escuchar el alejamiento de su superior tras cada paso que daba a la distancia.
Lo que hacía Sakura no tenía nombre ni entendía de razones.
No sabía por qué ni que era lo que buscaba conseguir.
Pero Hyuga de algo estaba segura.
Por el largo tiempo que aún le permitiera permanecer a su lado iba a saciar todas sus dudas.
Suspiró, bajado la mirada, mirando su reloj; iba retrasada a su visita con el número sesenta y ocho.
.
II
.
—¿Sabes? Es posible que aún esté vivo.
—¡Calla! ¡No lo digas como si no creyeras en eso, idiota!
—¿Qué? Sólo digo que…es posible. Sasuke es muy inteligente.
Kakashi se ensombreció durante todas esas tortuosas horas en las que comenzó a asimilar la huida de Sasuke.
Pretendía hacer oídos sordos a los murmullos y cuchicheos que ya se comenzaban a escuchar en toda la comunidad. No estuvo plenamente consciente de la barbarie del muchacho hasta que reaccionó, pasados unos minutos más, tras verlo salir por esa puerta de madera, añeja y oscurecida por la lluvia y el viento. Misma que ahora se encuentra observando. Tocando, con la yema de sus dedos, con casi una inmaculada melancolía ciertas marcas que representan, ahora más que nunca, tanto para él.
Un año.
Cuatro años.
Seis años.
Seis años y dos días.
Los cumpleaños de Sasuke.
Rió evocando esos días.
Ese día en el que Sasuke, terco como sólo su inocencia de niño podía otorgarle, le insistió en que lo midiera de nuevo. Dos días después de su cumpleaños número seis pues el pequeño aseguraba haber crecido tanto en tan soló un par de horas. Al final Kakashi había comenzado a mentirle de una manera que él creía inocente solo para darle felicidad. Para poder ver su sonrisa y no su decepción.
Tan distinto a lo que hace horas había ocurrido.
—Esa tarde tomé un mechón de su cabello y lo alcé —rió con amargura percibiendo a Jiraiya a un par de pasos de él—. Hice que creyera que había crecido un par de centímetros más al marcar la altura de uno de sus mechones. No la de él propiamente —vuelve a reír de la misma manera—. Fue una mentira pequeña pero a fin de cuentas una mentira. Y él me creyó. ¿Y sabes qué hizo? —el de cabellera blanca permaneció en silencio, atento al tono torcido y dolido de su viejo amigo—. Me sonrió. Sasuke se puso muy feliz.
—Y desde entonces comenzaste a mentirle más —apuntó Jiraiya.
Kakashi no se sorprendió de lo claro y directo que había sido. Su viejo amigo solía no andarse con rodeos.
—Supongo que es lo que un padre suele hacer.
—No eres su padre, Kakashi.
—Es como si lo fuera —afirmó, cabizbajo, acariciando con su mano la última marca de estatura que había tomado del pelinegro. Doce años—. Los hijos cambian, ¿sabes?
—Kakashi… —lo llamó en reprimenda.
—Sasuke fue mío en el momento en que lo tomé en brazos. Así lo he sentido desde siempre.
—Y supongo que también de ese hombre ¿no? ¿También vas a decir que es hijo de él? —el de cabellos grises tensó la mirada para después simplemente cerrarla.
Pensar en su antiguo compañero, Obito, le obligaba a viajar entre sus lagunas mentales.
Regresar a la época en el que, alguna vez, le proporcionó orgullo el uniforme que Sasuke había encontrado la noche anterior. Era una parte de su vida que siempre estaba presente cada que posaba sus ojos en aquél adolescente demasiado hormonal que ahora era el muchacho. Mirar a Sasuke crecer le recordaba todos los días su pasado.
Sasuke había finalizado ese pasado pero también había marcado el inicio hasta llegar a su presente. Era irremediable no recordar nada de sus días como soldado en SHINOBI cada vez que lo veía. Y todo se volvió más difícil y recurrente con ese odio que en el muchacho comenzó a crecer hacia Konoha.
—Ese muchacho está fuertemente ligado a esa ciudad, Kakashi. No puedes cambiar eso.
Todo eso que Sasuke comenzó a ambicionar desde que pasó de los quince años, Kakashi intentaba evitarlo.
Evadía cualquier conversación que tuviese que ver con Konoha. Sasuke no tenía por qué saber nada ni sentir curiosidad. ¿Entonces por qué? ¿Por qué las mentiras comenzaron a doler? Acumularlas fue un error, tal vez. Pero de habérselas dicho ¿cómo habría reaccionado? Soltó una risa amarga. No puede imaginar una peor reacción a la que hubo presenciado de él en el momento en que vio el dolor y decepción en sus ojos al mirarlo.
Sus mentiras lo habían apartado.
Las mentiras que Kakashi creyó que lo protegerían solo le había forjado el camino a irse.
—Fue su decisión, Jiraiya. Aunque puede que haya sido mi culpa el haberlo orillado a irse así…pero Sasuke es un ser individual. No un títere —el contrario lo miró serio—. Sasuke fue por Naruto. No porque yo lo haya orillado o porque su destino esté llamándolo —hizo una pausa—. Nunca has visto a Sasuke de la manera en que yo lo veo pero te aseguro que es la misma manera en la que tú ves a Naruto. Y yo no voy a abandonarlo como el mundo lo hizo a él el día en que lo encontré.
.
IIl
.
—¡Woah! ¡Hay peces! ¡Están vivos! ¡Se mueven, señorita Hyuga, se mueven mucho! —Hinata rió un par de veces más ante las caras chistosas que Konohamaru hacía y que ella veía del otro lado del cristal de aquella pecera.
—¿Te gustan? —preguntó, sonriente. El menor sólo asintió sin apartar la vista de una pareja de peces amarillos pasar a la altura de su nariz, sorprendiéndolo—. Es un obsequio de ella —Konohamaru engrandeció los ojos esta vez, permitiéndose apartarse de la pecera un poco para mirarla con asombro—. Soló dime dónde la quieres y pediré que los encargados la coloquen ahí. ¡Ah! Igual tu nueva cama.
—¿Nueva cama? —la de ojos perlas asintió—. Entonces… ¿este cuarto será mío?
—¿Te parece muy pequeño?
—¡No! ¡Es enorme!
Desde muy temprano, y porque lo había oído de Chiyo e Iruka-san el día de ayer mientras se encontraba con ellos, la señorita Hyuga había ido a despertarlo.
No era como que no lo pudiese hacer él mismo ya que siempre tenía actividades que realizar en la mañana. Sin embargo su visita más bien era para llevarle la noticia de que se cambiaría de habitación. La que tenía –desde que había llegado al Cuartel hace un par de años- era pequeña.
El prototipo de habitación estándar para cualquier soldado de rango menor era uno donde se tenía que compartir y convivir en literas. Sin embargo, por el prestigio que Lotus ya tenía de por si siendo un soldado sobresaliente, había logrado que Konohamaru tuviera una de esas habitaciones para él solo.
Más que pagos a los miembros de SHINOBI se les otorgaban beneficios en cuanto a su nivel jerárquico.
Siendo un simple soldado, perteneciente a alguna cuadrilla, era evidente que sus remuneraciones se quedaban cortas en comparación a las de un Fenrir.
Sakura era un caso especial pero las reglas no le permitían darle a Konohamaru más de lo que le hubiese gustado desde el inicio, cosa que al menor no le importaba siempre y cuando pudiese estar cerca de ella. Lo mismo sucedía con Hinata. Siendo subordinada de una subordinada también, en ocasiones de Ino o de cualquier otro Fenrir, no eran muchos los beneficios ni apoyo que recibía. Hyuga era experta en elaboración de prototipos de armas biológicas. Uno de sus tantos encantos y dones que había descubierto por sí misma durante su paso por la academia. Pero evidentemente no contaba con un lugar apropiado para ello.
Ahora que Sakura se había convertido en Fenrir la mayor de sus preocupaciones era que a Konohamaru se le antojara una habitación más grande.
Hinata rió ante ese pensamiento. El niño parecía encantado. Asombrado y sumamente energético.
Los curiosos rayos del sol se asomaban por, finalmente, una ventana. Era real. Una habitación nueva. Una que se encontraba en los primero niveles de toda esa base subterránea, en la sección alterna y la única que sobresalía un poco de la superficie. Konohamaru siempre lo había pedido.
Tener una nueva habitación en la que esta vez sí pudiera tener al alcance la realidad pues dado que la primera habitación que tenía se encontraba en los pisos más bajos de la base donde era imposible si quiera abrir un tragaluz.
Sonrió aunque…
—¿Señorita Hyuga, está bien? —la aludida se azoró sintiendo la mano del menor tomar la suya mientras la veía con preocupación.
—A-ah…sí. No es nada. Sólo estaba pensando en… —carraspeó—. ¿Te parece que almorcemos juntos en lo que arreglan tu nueva habitación? —le preguntó evadiendo el tema y también intentándolo con sus pensamientos.
—Ah, me encantaría pero Lotus me pidió lo mismo ayer durante la patrulla y… —la efusividad de Hinata disminuyó sólo dándole una diminuta y tierna sonrisa.
—¿Konohamaru-kun? —el niño atendió—. ¿Tú quieres a Sakura, cierto?
Lo cierto era que no había necesidad, si quiera, de preguntarle.
La reacción en un niño.
Hinata, por mucho tiempo, había olvidado la emoción de poder ver la inocencia de eso. Cuando las mejillas se le tornaron carmesís y los ojos le brillaron más de la cuenta lo supo.
—Ella…Ella me salvó.
—¿Es gratitud? —el castaño negó, bajando la cabeza.
—Yo no quería ser salvado, señorita Hyuga —aquello azoró a la mujer. Hinata solo recuerda haber sido asignada al niño días después de que hubiese llegado a la base—. Lotus no me salvó el día en que me perdonó la vida.
—¿Entonces por qué dices que te salvó? —el niño calló por largos segundos.
—Lotus me salvó…porque vio alguna utilidad en mí —tragó grueso—. Mientras pueda serle útil podré permanecer a su lado por mucho más tiempo. Cuando estoy con ella me siento tranquilo. A pesar de lo que hace y de todo lo que dicen de ella yo quiero siempre estar a su lado.
Lo que para Konohamaru era un sentimiento para Hinata era un enigma.
Apenas anoche no pudo permanecer tranquila tras lo sucedido durante todo el día.
¿Quién era Sakura? ¿Quién era Konohamaru? ¿Quién era ella misma? ¿Su subordinada solamente? ¿Qué vio Sakura en ella como para confiarle la educación de ese niño que parecía guardar las mismas montañas de secretos que su superior?
Hasta hace poco a Hinata sólo le interesaba cumplir y servir. Sin preguntas. Sin dudas. Soló obedecer. Pero tras tantos años de servicio a lado de la pelirrosa, y los compartidos con Konohamaru, no se había dado cuenta de que había tocado fondo. Que, de volver el tiempo atrás, aunque no se hubiese topado con Sakura en ningún sitio o en la academia misma, Hinata la habría buscado y la habría elegido para seguirla.
Para ayudarla en lo que pudiera.
Para entenderla.
Para poder conocer a ese niño.
—Oye, Konohamaru-kun —el menor alzó la mirada, cohibido—. ¿Sakura te trata bien? —Hinata lo sintió estremecerse—. ¿Te ha hecho daño alguna vez?
Pero estaba aterrada.
Aterrada desde la noche anterior.
De no haber oído la respuesta de Sakura sobre si le haría daño o no a ese niño. Y se sentía realmente mal al preguntar a Konohamaru de manera tan directa sabiendo que él profesaba un sentimiento intenso por la pelirrosa. Era como estar traicionando a las dos personas a las que ella consideraba más importantes en su vida hoy día.
Konohamaru la miró con extrañeza y con un sentimiento de angustia cuando quitó su mano de la de ella.
Apartándola como si no la reconociera.
—Po…por supuesto que no. Ella jamás…Ella…
—¡Ah! ¡Finalmente los encuentro! ¡Konohamaru, Sakura me envió a buscarte y…! ¿Está todo bien?
¿Qué habrían reflejado sus ojos en ese momento? En el que Kiba se acercó a preguntar.
Hinata rogó a que sus piernas no le fallaran para poder erguirse correctamente y soltar un muy débil: "Sí". Rogó porque todo ese sentimentalismo desapareciera. Que escapara de su cuerpo. Que la dejara en paz y que detuviera el impulso de mirar a Konohamaru y así intentar tocar su cabeza como usualmente hacía cada vez que se despedía de él.
—Sí —musitó nuevamente, insistiéndose a sí misma. Tragándose el dolor de ver al menor evitar su tacto, comenzando a caminar hacia Kiba con el rostro ensombrecido—. Todo está bien. Todo.
Pero no lo estaba.
.
IV
.
Durante todo el camino al comedor, y también durante todo el almuerzo, Sakura sugirió que Konohamaru, al ser un niño chisquilloso, se negaría a probar los chícharos de su comida.
Su sorpresa, sin embargo, no fue que se los comiera sin soltar, al menos, uno que otro puchero de disgusto.
No.
Fue el silencio.
Desde el momento en que anunció su llegada hasta cuando dio el primer bocado. Afortunadamente, según Sakura, Konohamaru estaba bien educado por Hinata, tanto que no hubo necesidad si quiera de explicarle para que se usaba cada cubierto sobre esa lujosa mesa.
—Parece que Hinata te enseña bastante bien —alegó la pelirrosa tomando un poco de vino de su copa.
En ese gran comedor, ridículamente largo y estrecho, estaban solo ellos dos. Parecía que Sakura no había esperado si quiera un par de horas para exigir todos los beneficios que se le otorgarían ahora que había sido ascendida.
Uno de ellos era la nueva y, exageradamente más grande, habitación de Konohamaru.
Y también estaba el nuevo laboratorio para Hinata, el cual le mostraría más tarde.
Pero para Konohamaru escucharla mencionar el nombre de Hyuga ahora tenía un sabor un tanto insípido. Gesto que Sakura no pasó desapercibido.
—¿Pasó algo con Hinata? —preguntó degustando un trozo de carne que se había llevado a la boca. El menor, al instante, alzó su mirada de su plato casi vacío. Atónito—. ¿Acerté? —Bromeó ella ladeando una mueca—. Por favor, no me obligues a sacarte la verdad.
"—¿Sakura te trata bien? ¿Te ha hecho daño alguna vez?"
Instintivamente el menor tembló.
Soltando su cubierto de golpe. Haciendo un ruido bastante molesto. Lo suficiente para darse cuenta de que la pregunta de la señorita Hyuga, y ahora el recién comentario de Lotus, se habían unido para hacerlo desestabilizarse. Sakura detuvo su mirada en él y en la reciente expresión de consternación en ese infantil rostro.
—Konohamaru —el niño alzó la mirada con tortuosa lentitud temiendo la expresión gélida por recibir—. Sabes que puedes confiar en mí tanto o más que en Hinata ¿verdad?
"—¿Te ha hecho daño alguna vez?"
Aquello era imposible de creer con la actual expresión del rostro de Sakura para con él. Tanto que Konohamaru sintió ganas de llorar y correr a abrazarla. ¿Y qué si alguien los veía? ¿O que alguien lo reprendiera por su atrevimiento? Incluso si era a manos de cualquier miembro de SHINOBI, o incluso la propia Sakura, no le importó. La actual Fenrir sólo engrandeció los ojos cuando lo vio apartar la silla de golpe y ponerse de pie, comenzando a correr hacia ella con urgencia.
—¿Kono-….?
—Sakura…tú….Tú no me lastimarías ¿verdad?
Más que haberlo oído decir su nombre. Más que la manera en que se le había lanzado a su regazo para abrazarla con fuerza. Más que el llanto proveniente de algún lugar desconocido. Fue su pregunta y la manera tan desgarrada en que su voz se tornó la que provocó en ella una profunda aflicción que la instó a responderle su abrazo con una extraña dulzura. Como si él fuera frágil y Sakura, tan bárbara, pudiera romperlo con la más mínima presión de su cuerpo.
Por ese instante Sakura se permitió ser débil. Porque ser dulce, tierna y amable eran muestras de debilidad a sus ojos.
Era extraño pues la ocasión en que se hubo enterado de que Konohamaru estaba en el exterior junto a Sai, se sintió de todos menos débil. Como ahora.
Se sentía, hasta cierto punto, agradable poder recibir tal muestra de apego. Agradable al poder apreciar cosas que a simple vista no hubiese sugerido a su mente pensar. Como que Konohamaru era aún un niño endeble pero que no estaba tan pequeño como creía. Que, cuantos más años cumpliera, posiblemente rebasaría su estatura. Que olía a bosque y a yerbabuena. Y que sus lágrimas, en vez de ser frías como hubiese esperado, eran calientes.
—No…no lo harías ¿verdad? —lo oyó ronco, congestionado por su mucosa acumulada debido a las lágrimas.
—Por supuesto que no—le murmuró por sobre el cabello, inclinando su cuerpo para envolverlo en sus brazos un poco más—. Jamás lo haría —prometió.
Y eso era lo único en lo que Konohamaru iba a creer.
.
V
.
—¿En verdad tienes autorización para esto?
—Soy un Fenrir. No necesito la autorización de nadie.
En señal de obediencia Suigetsu alzó las manos con pereza fingiendo desentenderse del asunto mientras veía el ir y venir de otra de las subordinadas de Sai entre anaquel y anaquel en aquel enorme cuarto que más bien parecía bodega.
—Aún no entiendo para que nos solicitaste —soltó con voz cansina y rezongona a su superior.
Ante esa falta, cualquiera, que no fuera Suigetsu evidentemente, habría terminado con el labio partido, la nariz rota y con un par de huesos dislocados gimiendo en el suelo. Sai no era conocido por ser un Fenrir amable ni recto. De hecho ninguno de los Fenrir rayaba en los estándares de amabilidad. Suigetsu tenía una teoría infantil sobre ello. Que les habían lavado el cerebro y además les habían extraído emociones y reacciones tan simples como saludar o dar las gracias por pura cortesía.
Los Fenrir eran una imagen de estricto respeto pero también de temor. Por eso eran tan pocos los que lograban serlo. Unos simplemente ya no conocían el dolor o habían sufrido demasiado durante sus días de juventud que simplemente eran aptos para el trabajo. O eso era lo que los rumores decían.
Pero Suigetsu era un total descaro.
Incluso sabiendo que su superior era el sobrino del Canciller no le hacía menos bufón e irrespetuoso con él. Tan diferente a la hipócrita de su pelirroja compañera, pensó. Misma que ahora se había detenido en medio de la sala justo en frente de ese extraño prisionero, que habían llevado a la base apenas anoche, solo para observarlo de manera lujuriosa y enfermiza mientras sostenía las prendas oficiales que todo soldado debía portar en SHINOBI. Al menos los que iniciaban como simples cadetes.
—Karin. Apresúrate —la pelirroja tembló ante Sai acomodándose el puente de los lentes recobrando la compostura.
—Toma —soltó ella estrellándole las prendas a Sasuke, quien seguía manteniendo la misma mirada de odio que ayer, aunque también de alerta—. Cámbiate en ese cuarto —indicó la soldado señalando una puerta pequeña.
Al cabo de unos minutos, y de la pesada resignación de Sasuke al obedecer simplemente, ahora se encontraba caminando nuevamente con las esposas en la parte baja de su espalda. Esta vez con los dos subordinados de Sai escoltándolo.
—A ella no le va a agradar esto —confesó el de cabello blanco con ironía.
—No me interesa si le agrada o no. Se lo tendrá merecido por haberme puesto en ridículo frente a mi tío.
Y mientras ellos tres intercambiaban un par de palabras de vez en cuando, Sasuke permanecía atento a su conversación esperando oír algo interesante. Sabía que desde el momento en que había pensado en hacerse pasar por un soldado las cosas serían difíciles. Debía mantenerse callado y escuchar. Recabar información para así poder usar algo en contra de ellos. Evidentemente con lo que no contaba era que el saco que le había robado a Kakashi le diera tantos problemas.
Aunque había deducido un par de cosas debido a ello.
Si la prenda era tan antigua y descontinuada significaba que, en efecto, Kakashi había, de algún modo, desertado hace mucho tiempo de Konoha. Tiempo mismo en el que había sucedido algo. Sasuke asimilaba que quizá había sido aquella lluvia de esporas. Si lo pensaba con detenimiento era el mismo tiempo donde el hombre había dicho que lo había encontrado en un canasto. Era la misma historia. El día del brote de las primeras esporas quizá había sucedido el mismo día en que Kakashi había abandonado Konoha, si es que realmente la verdad de que era un antiguo soldado de SHINOBI era cierta.
Y sólo así podía imaginar que, a partir de ese día, todo cambió.
Reglas.
Leyes.
Miembros.
Hasta uniformes.
¿De qué otra manera explicaría que esa simple prenda hubiese causado tanta conmoción?
—"Kakashi…" —pensó mientras continuaba su caminar entre esas paredes. Imaginar que delante de él ya no fuera ese desquiciado imbécil quien caminaba sino Kakashi le enfermó. ¿En verdad perteneció a la fuerza militar de Konoha?
Ciertamente soló recuerda haberle preguntado para luego solo oír un "Iba a decírtelo", pero nunca escuchó un "Sí", aunque tampoco habría tenido cabeza para permanecer más tiempo a lado de él y para escuchar cualquier cosa que tuviera que decirle. Sacudió un poco la cabeza, despejando esos pensamientos. No tenía tiempo para sentimentalismos.
Estaba ahí con un propósito.
Naruto.
Si lo que Kakashi le había dicho era cierto entonces Naruto debería estar bajo la sombra de SHINOBI en algún lugar de las instalaciones. Si debía seguir con la farsa de insistir en ser un soldado rezagado de un antiguo escuadrón, lo haría. De eso dependía su vida y el rescate del rubio.
—Quítale las esposas —alcanzó a oír al Fenrir, sintiendo al soldado de cabello blanco liberarlo. Su primer pensamiento fue taclearlo y hacerse de cualquier cosa filosa que tuviese él para amenazar al de cabello negro pero ciertamente no había sido el único con tales pensamientos—. Escúchame, infeliz. Intenta algo y seré yo quien te lleve a la silla de nuevo pero esta vez me aseguraré de que quedes achicharrado —Sasuke tragó grueso sintiendo la navaja, que Sai había cogido del pantalón del de cabello blanco, en el cuello—. Vigílenlo hasta que les ordene soltarlo —sentenció el sobrino del Canciller apartándose, saliendo del ridículo cuarto oscuro en el que se encontraban.
Era una especie de extensión de lo que parecía una enorme arena de duelos. Sasuke apenas y podía apreciar algo a través del resquicio que había dejado Sai al salir y no era como que pudiera moverse a libertad realmente. No cuando tenía a dos personas aparentemente letales detrás de él.
—En verdad te compadezco —murmuró el hombre a sus espaldas—. Lindas marcas —expresó Suigetsu refiriéndose a las muñecas rojizas, y cuello también, del moreno. Sasuke frunció el ceño recordando por qué las tenía—. Parece que ya tuviste el enorme placer de conocer a Lotus —Sasuke engrandeció los ojos para luego ceñirlos con enojo—. Encantadora mujer ¿no?
—Guarda silencio, idiota. No tenemos autorizado hablar con él —dijo esta vez Karin con acidez.
—Definitivamente más encantadora que esta cabeza de rábano —criticó provocando cólera en su compañera—. Como sea, creo que nuestro Fenrir no es alguien mejor, en trato, que ella.
—¿Fenrir? —se aventuró a preguntar, finalmente, Sasuke. Mirándolo de soslayo.
Suigetsu torció una sonrisa perversa escuchando la bocina, conocida en la Arena 1, sonar como señal.
—Bienvenido al infierno —citó sin más empujándole al exterior mientras Karin mantenía abierta la puerta de par en par.
.
VI
.
—¿Y? ¿Qué te parece?
—Bien —notificó la pelirrosa con ausente interés a uno de los soldados que le hablaba. Perdiéndose en el reflejo de varios tubos de ensayo y en un par de matraz sobre una de las tantas mesas instaladas en lo que era el nuevo laboratorio de Hinata.
Su actitud, de por sí, no era la más eufórica del mundo pero si podía apostar a que su subordinada tendría un mejor expresión que la que ella tenía ahora. Quizá había tenido un mal día, o quizá simplemente era Sakura quien estaba poniendo demasiada atención a Hinata, pensó.
No había un vínculo.
No eran amigas.
O eso pensaba.
En cuanto a Hinata, cuando la conoció en los días de la academia, pudo no haber visto nada en ella salvo a una enclenque sin gracia ni aptitudes para la batalla. Sin embargo no pudo evitar ceder a las insistentes pláticas que Hyuga siempre lograba tener con ella. Sus conversaciones no distaban de lo que Sakura hubiese imaginado que tendría una chica con un IC* por debajo del promedio. Sorprendentemente Hinata no era tal y como la catalogaban. Tenía todo para no encajar en la brutalidad que se requiere para ser un soldado de SHINOBI, y sin embargo ella estaba ahí. Esforzándose el triple que los demás. Quedándose hasta altas horas de la noche practicando cuerpo a cuerpo contra un saco de más kilogramos que lo que pesaba ella.
No obteniendo nada más que heridas en lugar de progreso.
Y era eso lo que Sakura vio en ella.
No el "no rendirse".
Sino el "no me afecta".
Podría haber azotado un caótico vendaval y Hinata, aun así, seguiría en pie hasta terminar una rutina que otros ya hubieran dado por finalizada sólo por las contingencias del clima.
Era leal. Firme. Ridículamente obediente. Y tenía una mente brillante.
Y la admiraba a ella.
Aunque eso era algo que todo mundo solía decirle a Sakura durante los descansos entre entrenamientos. Pero sabía que la admiración de Hinata era diferente. Todos decían admirar a Lotus pero no a Sakura. Sakura era su parte insoportable y ninguno de los demás soldados podía lidiar con ella más de dos minutos. De ahí que la pelirrosa soló tuviera a Hinata de subordinada cuando todos aquellos con un rango similar tenían al menos más de seis soldados a su servicio.
Pero no los necesitaba.
Hinata misma se había ofrecido, tras la ceremonia de graduación, a permanecer a su lado cuando nadie más dio un paso al frente al mencionar su nombre en espera de voluntarios. Desde entonces ha sido Sakura quien la ha entrenado. Quien le ha enseñado de armas. De armamento tecnológico. De secretos y también de mentiras. Y hasta hace apenas unos días no hubo mayor problema salvo algunas dudas sobre el cuidado de Konohamaru.
Konohamaru.
Cuando su mirada se cruzó con la de él éste solo la evitó. Aún le faltaba por averiguar ese repentino actuar que había tenido el niño con ella durante el almuerzo.
"—¿Tu no me lastimarías, verdad?"
En un principio pensó en Sai.
No sería la primera ni la última vez en que aquel imbécil pretendiera dañar la salud mental del menor al meterle ideas extrañas a la cabeza pero lo descartó en seguida al recordar que Konohamaru ya tenía forjado un carácter para aparentar frente a cualquier otro miembro de la fuerza. Si hubiese sido Sai lo habría sabido de inmediato. Pero el castaño lucía notablemente afectado. Como si la persona que le hubiese metido aquella idea también le hubiese hecho daño en el momento en que le formuló la pregunta.
—¿Estás bien?
—Ah….umm…
El sonido de cristal romperse le indicó a donde debía mirar y obtener una respuesta. Cuando Hinata intentó acercarse al niño para revisar la herida de su dedo, tras tropezar, tirar un matraz y cortarse un poco, lo supo. Konohamaru no la miró. No le devolvió la mirada a Hinata. Incluso evitó el gesto de ofrecerle su mano para que la inspeccionara, como siempre sucedía pues Hyuga siempre cuidaba de él.
No la tocó, no la aceptó.
Lo dedujo fácilmente.
Había sido Hinata.
—¡Sa-Sakura! —la pelirrosa maldijo lacerando con la mirada a Kiba quien había llegado en el momento más inoportuno.
Hinata y Konohamaru pegaron un brinco del susto pero fue solo la primera quien notó que Sakura la veía con ojos furiosos. Desvió la mirada. Entonces había sido eso. Eso por lo que Konohamaru le había evitado y visto con extraños ojos desde hace rato.
Le había dicho a Sakura.
—¿Y ahora qué pasa, Kiba? —arguyó Sakura, molesta.
—¡Es Sai! —la Fenrir rodó los ojos. Aquello no era nuevo—. ¡Sai está en la Arena 1 con el resto de los Fenrir!
—¿Y? Que lo maten si tienen ganas. Y que me envuelvan su cabeza para regalo.
—¡No es sólo eso! ¡El prisionero de la muralla! ¡Lo llevó consigo a la Arena y está combatiendo frente a todos!
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
IC*: intellectual coefficient. Coeficiente intelectual.
Notas del Beta Reader: Con mucho amor, espero que tardaran en leer esto. Me han dañado el corazón con Kakashi. Amen a la uarra (Rooss), dejen un review y no toquen la teta. P.D: Soy la peor Beta del mundo.
Notas del autor:
Me demoré...¿cúanto? ¿Un mes? Considerando que ahora trabajo y casi nunca estoy en mi casa, parece un logro enorme (?) -la golpean-
Creo que algunas personas ya lo saben , pero para quienes no, Lotus ganó un premio :D en la categoría de "Pareja canon" en la página Los Premios Naruto Fanfics en facebook. Es inesperado, no porque no considere a la historia con un buen sustento, de hecho a partir de aquí, todas mis historias serán así de complicadas hahaha me estoy poniendo muchos retos, sino porque recién tiene 3 meses de publicación y se me hace muy pronto(?) Pero eso no quita que esté muy feliz. ¡Gracias por votar y seguir brindado su apoyo a la historia!
En mis planes está publicar un short fic SS los próximos meses pero está en veremos. Se me ha metido otra idea para otro fandom (inicialmente esta idea iba para Naruto pero los años pasan, conozco más fandoms, so...esa trama ya no será destinada para acá. Además de que, si bien el fandom no me impide seguir haciendo lo mío, últimamente las cosas acá están muy deep so...en fin) , sin embargo, ya que cederé esa trama a otro fandom, pensé en la posibilidad de escribir algo corto en su lugar acá. Algo con el mismo tinte de amor y dolor que fue PSTC (?) . Algo cotidiano pero reflexivo.
Definitivamente las tramas complicadas y sci-fi no pegan acá xD Es una realidad.
Pero bueno, Lotus definitivamente no lo abandonaré. Quiero llevarla hasta el final por la simple razón que me gusta. Me gusta complicarme la vida.
Aún tengo otros 3 fics por actualizar (Innumerable Kisses, Dame Diente y May I) así que tengo mucho trabajo que hacer.
Espero que este capítulo haya sido de su agrado.
Este inicialmente iba a ser más largo. De hecho me salió un monstruo enorme, pero decidí dividirlo así que el capítulo 8 ya está listo. Completamente ordenado y revisado. Así que planeo subirlo en dos semanas. Es un lapso que yo considero bueno dado que ahora no dispongo de mucho tiempo para escribir. Así que esperenlo en 2 semanas, seguro :)
Y gracias a quienes dejan review.
Trey, si estás leyendo ésto, me gustaría saber si tienes cuenta, facebook, correo, etc(?) , me gustaría responderte apropiadamente :) Tu review me ha encantado
¡Ah! ¡Y espero que hayan disfrutado de grenzlinie *la canción*!
Roos-out!
