Disclaimer applied.

→Recomendación musical: The Butler (Kuroshitsuji OST) *Link en mi perfil*

Términología dentro del mundo de Lotus:

· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta o El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada).

· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.

· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.

· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.

· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)


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—Lotus—

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| 10 |

Un descosido

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Sasuke estaba fastidiado de seguir caminando.

Fastidiado y a la vez obnubilado.

Desequilibrado pero también alucinado.

Mientras avanzaba a través de los ridículamente grandes pilares de acero de esa nueva sección se daba cuenta de que Naruto, en su brutez, quizá siempre tuvo razón.

Lo imponente de ese lugar era proporcional a lo tenebroso que se veía. Percatarse de que en cada esquina, muro de concreto o estructura de acero, la insignia de SHINOBI se alzaba labrada de manera imponente le hacía pensar que ese lugar era parecido a un centro psiquiátrico. Se hacía a la idea de que el propósito de ver tantas veces el escudo era porque el cerebro humano trabajaba conforme a las imágenes que podía recordar.

Le enfermaba pensar que podría tener razón y que los cimientos de ese imperio abrasador sobre la tierra se debían a los años que se había tomado una persona en pensar lo que él había deducido.

Era como un criadero de ovejas.

O una escuela para niños donde te repiten incansablemente que el cielo es azul solo porque sí. Donde forjan cerebros a aprender cosas útiles para lograr hacer esa justicia de la que tanto se vanaglorian.

Le enfermaba pero también le hacía evidente la enorme diferencia entre ambas ciudades. Entre Konoha y Rhoda. De haber sabido que tal diferencia entre arsenal, estructura, mentalidad y tecnología existía entre las dos, quizá ahora no estaría ahí y se habría replanteado la idiotez de dejarse llevar por su impulso de querer llevarle la contraria a Kakashi.

De haber tenido conocimiento sobre lo aprendido hace una semana, quizá Naruto no hubiese sido raptado. Él no hubiese sido sometido a las torturas y probablemente estarían conversando a ésta hora sobre quién era el mejor pescando.

Pero la comodidad solo iba a ser temporal. Así como existía la posibilidad de quedarse conforme con la vida en Rhoda, iba a ser cuestión de tiempo para que Konoha los eliminara. Estaban cazando, según Kakashi. Además estaba su repudio inapelable hacia la ciudad amurallada. Ese odio que iba alimentando conforme crecía viendo al horizonte las miles de luces incandescentes marcando el perímetro de ese muro de varios metros. Desde pequeño no hizo otra cosa que odiar la escasez de Rhoda y las comodidades de Konoha.

Quizá su instinto forastero y bravo lo hizo crecer siguiendo sus propias creencias en lugar de seguir las enseñanzas de Kakashi sobre un mundo en donde la paz yacía si se evitaba a toda costa tener roces con Konoha. Pero ¿por qué? ¿Qué sabía Kakashi de esa ciudad? ¿Por qué insistir tanto en mantenerse ocultos en lugar de pelear? Cabizbajo, vislumbra el recuerdo de haber descubierto una verdad a medias hace un par de días cuando nada había sucedido y cuando Kakashi seguía siendo su imagen heroica. La imagen de un padre. Imagen que ya no existía más.

—"Estúpido parchado" —piensa, culpándolo, y concentrándose mejor en indagar sobre ese lugar.

Hasta donde era sabido por él, SHINOBI estaba en busca de algo, aparentemente, cuando atacaron el asentamiento cerca de sus murallas. Parecía ridículo pensar que todo era confabulado pues los elementos fueron casi puestos sobre la mesa para que justo ese día Naruto fuera secuestrado y al día siguiente él pudiese ingresar a Konoha pues, si lo pensaba con lógica, todo había pasado demasiado rápido.

Una falla eléctrica.

Un rocío de esporas.

Un pulso desconocido.

Y ella.

Esa mujer salvándole, si es que a eso se le llamaba salvar.

Había quedado expuesto pero a la vez había reaccionado a lo insólito. Sasuke creía firmemente que un soldado de Konoha no se pregunta por qué ha de matar del mismo modo que le ha quedado claro, desde su entrenamiento, que el cielo es azul y nada más, del mismo modo que uno no se pregunta porque ha de comer cuando tiene hambre.

Era un razonamiento lógico.

En este caso: Matar y solo matar.

Llegar a esa conclusión lo hace enfurecer y sentirse envidioso pues era plenamente consciente de que los métodos que utilizaba SHINOBI, en su búsqueda por establecer el orden y la justicia, eran solo telas blancas sobre su verdadera cara.

—Si me pusiese a leer tus expresiones faciales me costaría como medio segundo deducir que en realidad odias cada segundo que pasas aquí —no se siente descubierto, sin embargo, sabe que dejar entrever, en cantidades exageradas, su repudio a ese lugar por medio de su rostro solo le va a ocasionar un pase, de nuevo, a la silla eléctrica y esta vez a sí terminar muerto.

—No sé de qué me hablas –farfulla fingiendo incredulidad. Internamente se pregunta que si ser maleducado es otra falta imperdonable en ese submundo pero le queda claro que toda esa situación le causa diversión a esa mujer con solo ver la mueca pícara, y al mismo tiempo peligrosa, que le dedica.

—No llevas ni la semana aquí y ya siento que te detesto —confiesa Sakura soltando una risa sátira.

—El sentimiento es mutuo.

Sí, definitivamente estaba tentando a la muerte.

—Me queda claro que no eres como el resto de las personas —continúa ella sin dejar de caminar. Sasuke le sigue el paso de cerca—. Dicen que vienes de fuera pero no luces como un desentendido —el muchacho la mira serio—. Un civil no sabría cómo empuñar una pistola ni sabría quitar el seguro antes de darse un disparo accidental y morir como el cerdo que es.

—No somos cerdos —gruñe.

Y ese es el primer error de muchos.

—¿Somos?

"Mierda" , piensa él, pero antes de que Sakura empiece a cuestionar más sobre ese muchacho, y Sasuke a sudar frío, las puertas frente a las que se han detenido se abren oportunamente.

—Escucha atentamente. No abras la boca más que para responder 'sí' o 'sí'. Yo seré quien hable —la respuesta de Sasuke se vio frustrada por el repentino empujón para hacerlo pasar de una buena vez.

Iba a decir algo solo para llevar la contraria pero enmudeció al sentir la tensión del ambiente. ¿La temperatura había descendido o es que justamente esa habitación se encontraba con una sensación térmica distinta al resto? Sin dejar de lado la sensación de estrés y cautela que hubo sentido al respirar ese aire lóbrego que desprendía.

El negro nunca había sido su color predilecto y estaba de más pensar que aseguraba no se vería bien tapizando una habitación entera de él, pero vamos, SHINOBI rompía paradigmas, eso ya le había quedado claro.

—Ah, finalmente están aquí —la primera piedra es lanzada, y Sasuke, de pronto, siente la caja torácica apresarle.

¿A qué sabe el miedo?

Aquella vez Sasuke no hizo nada más que hacer preguntas a Kakashi en la noche en la que cumplió los diez años. La misma noche en la que Sasuke casi se ahogó en la cascada a la que tenía prohibido acercarse por las fuertes corrientes que algunos intrépidos de Rhoda ya se habían aventurado a nadar.

"Yo no tengo miedo", aseguró Sasuke la tarde antes del suceso al par de chicos un poco mayor que él que quisieron intimidarlo. Sasuke tenía diez pero se comportaba como un adulto y Naruto era como el hermano menor al que los más grandes siempre buscaban molestar.

"Miedo es lo que sentí, siento y sentiré cada que tu vida peligra, Sasuke"

Dicen que te paraliza.

Que te reduce las energías.

Que provoca temblores en la anatomía.

En ocasiones hace que te quedes callado o hace que grites pero no de alegría.

Sasuke es empujado un poco más adentro y ya no sabe si es su imaginación o en verdad los grados han disminuidos pues enserio siente frío. La persona que no distingue debido a la escasa luz parece que es diez veces más tenebroso que la sensación de sentir, a sus diez años, como se ahogaba, pensando en que sería una muerte muy estúpida si no salía de ahí. Esa noche Kakashi lo reanimó y Sasuke tembló en sus brazos, convulsionándose.

Ahora mismo no está seguro que se trate de la misma parálisis pero es consciente de una cosa.

Tiene miedo.

—Arrodíllate —indica Sakura mientras lo somete a la fuerza a hacerlo.

Sasuke apenas razona pues tiene que meter las manos para no dar de bruces directamente al suelo aunque no sabe si es privilegio o no que el piso esté alfombrado. Solo sabe que la voz se le ido de repente y una sensación punzante le recorre todas las vértebras.

—Oh. No, no, querida, no es necesario que uses la fuerza con él. Hay que tratarlo bien.

Todo indica que le han tomado el mentón y han hecho que sus ojos intercambien brillos. Sasuke sabe muy bien que el miedo tiene diferentes rostros dependiendo de la situación. En éste momento el rostro del miedo es el de ese hombre.

El Canciller.

La máxima autoridad de Konoha.

Finalmente frente a él.

El que dice en que momento sus perros deben ladrar y cuando deben mantenerse callados.

El que ha creado todo ese sistema de cruel justicia y quien posee la fuerza en su voz para intimidarlo. Había sido capaz de escucharlo hace varios días anteriores cuando lo sucedido en la silla eléctrica, pero solo había sido eso, su voz. No conocía su rostro, y asimiló que quizá ni siquiera la propia gente de Konoha conocía a quien le otorgaban sus vidas para una protección que, a los ojos de Sasuke, no eran más que palabras sin firmeza.

La mayoría de la gente ahí, soldados más que nada, cuchichearon en los pasillos sobre él un par de veces pero no decían nada relevante. Y ahora entendía por qué, o al menos lo sugería. ¿Qué motivo tendría el jugador principal para salir de su fortaleza satinada de negro y dorado si tenía en completo orden a todos sus peones a través de la línea de falsos dioses que había creado? Sasuke sugería que los Fenrir no eran más que piezas que protegían al Rey.

Pero también estaba ella.

Ella no se veía como un peón.

Se veía como si fuera a hacer lo que quisiera cada día que eligiera.

Y por esto estaba ahí con él.

Por eso había entrado con tanta familiaridad a esa habitación sin restricción alguna. Como si fueran conocidos de toda la vida. Sasuke sintió algo más que solo miedo ante ese hombre. Sintió que la relación que ligaba a esas dos presencias era claramente distinta hasta por la forma en que se veían. Él con una enfermiza y tenebrosa adoración, y ella con una imperturbable expresión que solo se rompía cuando dejaba de ser un simple soldado a ser su personal arma de guerra.

La diferencia entre un soldado mediocre, un Fenrir, y ella, era clara estando en presencia de ambos.

—¿Cuál es tu nombre?

—Se llama…—el hombre interrumpe a Sakura con la mirada.

—Se lo pregunté a él, querida. ¿O acaso no tiene lengua? —Sakura solo tensa el entrecejo, carraspeando y recobrando la compostura mientras vuelve a guardar silencio—. Tú nombre, por favor.

Sasuke lo ve con precaución.

Una parte de él quiere hablar y mirar de mala gana a la mujer solo para restregarle que sus órdenes de mantenerse callado se desmoronaron en cosa de nada pero otra parte de él, la que reacciona frente al hombre y le obliga a tener precaución, le dice que no lo haga. Pero es consciente de que su voluntad esta vez no va a salvarlo ni a otorgarle una muerte honorable. Solo morirá sin que nadie se acuerde de él. De una manera muy estúpida. Sin ni siquiera haber empezado a idear un plan.

No está ahí para comportarse al nivel de su ser impulsivo y su papel de odio desmedido. Las cosas han cambiado. SHINOBI tiene estrategias incluso para respirar. Él tiene que hacer lo mismo aunque eso implique hacerles creer que está en la disposición de ser sumiso delante de ellos.

—Te estás haciendo una pregunta, insolente –replica Sakura, colocando una mano en su hombro y sacudiéndolo un poco.

—Sasuke —suelta finalmente.

—Ah, vaya. Solo unas cuantas letras diferentes de tu nombre, Sakura —la pelirrosa engrandece los ojos, inquieta —. Oh, ya es un hecho que estará bajo tu tutela pero ¿aún no se han presentado? –el hombre ríe—. ¿No es un poco raro?

—Ciertamente —Sasuke responde y la mirada de Sakura, junto a la tensión que ejerce su mano aún en su hombro, ya están sobre él.

Mantenerse callado. Sí claro. Un loro tendría más posibilidades de hacerlo.

—Que maravilloso. Es como tú, Sakura —dice el Canciller. Y solo porque debe guardarle respeto a ese hombre es que permanece callada pero su semblante pronto transfigura en molestia.

—¿Terco e insoportable? Estupendo. Creí que ya había comenzado a tolerar a una marginada.

Oyen a sus espaldas e impulsivamente Sasuke frunce el ceño cuando voltea y reconoce el rostro de quien fuera la persona que lo hubo obligado a tener aquellos duelos estúpidos en la Arena 1. Ese que no parecía soportar a la mujer de cabello rosa.

—Estaba en medio de una presentación, Sai —aclara el Canciller en tono monocorde.

—La puerta estaba entre abierta, tío —miente con descaro, acercándose a ellos.

A Sasuke le ha comenzado a estresar el sonido que los soldados de ese nivel jerárquico hacen con sus aditamentos y medallas cada que caminan. Como si quisieran hacer estridente su presencia y hacerse notar. Eso y la manera tan arrogante con la que siempre se presentan.

—Estupendo. Creí que las serpientes habían dejado de sisear y mentir —acota Sakura en respuesta. Sai la mira con fastidio.

—Muy graciosa.

—Basta. Compórtense como lo que son —reprende el hombre mayor acercándose a Sasuke, indicándole que ya puede levantarse—. Nuestra conversación, me temo, tendrá que esperar a otro momento. Tengo un asunto que tratar con mi sobrino. Querido Loto ¿nos permites?—Sakura suspira, asintiendo. Empujando la espalda de Sasuke hacia la salida—. Ah, y espero buenos resultados de parte de él.

—Así será —finaliza tras la puerta cerrarse. Pasa alrededor de medio segundo para que su semblante impávido se modifique a uno cansino y molesto—. Shimura Sai. El sobrino del Canciller. La peor escoria con la que tendrás que toparte —informa rápidamente a lo que Sasuke solo recaba información de manera silenciosa. Al menos sabe que el odio hacia ese muchacho, entre ellos, es mutuo. Un punto a favor—. Bien, luego de éste fascinante encuentro, aún nos queda uno más —Sasuke rueda los ojos, molesto.

Ya no cree buena idea seguir almacenando más información por ese día. Solo quiere un maldito catre, o incluso un pedazo de suelo, en el cual estirar su cuerpo y dormir un par de horas tan siquiera.

—Estupendo. ¿También tendré que presentarme a su mascota?

Sakura se detiene, luego de presionar el botón del ascensor que los descenderá a unos cuantos metros más, dubitativa y algo irónica.

Emboza una sonrisa que no debería…

—Algo así.

…al pensar en Konohamaru.

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II

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—Su nombre es Sasuke.

—¿Sasuke?

Mnh, sí —Hinata hace una pausa viendo el brío en los ojos del menor—. ¿Esto te emociona?

—¡Por supuesto! ¡Es el nombre que tendría un hermano mayor!

La naturaleza de Hyuga no le permitía ser osada como el resto de los soldados ni mucho menos ofensiva, aún más tratándose de Konohamaru. Por eso, cuando se hubo percatado de esa emoción extraña en el niño tras revelarle el nombre de ese muchacho, se extrañó. Le encontraría lógica si en lugar de un muchacho fuese otro niño al que hubiesen llevado a la base. Konohamaru convivía con adultos, la mayoría con un terrible humor. Eran pocas las personas que le mostraban amabilidad, tales como la Fenrir Ino, quien a pesar de ser una respetada guerrera se mostraba blanda e incluso juguetona cuando lo veía.

Cosa para nada usual en un Fenrir.

Hinata pensaba que a Konohamaru le emocionaría más la idea de saber que alguien de su edad pudiese formar parte de SHINOBI para así sentirse más cómodo y compartir anécdotas. Por lo que no esperaba que reaccionara con tal emoción ante la integración de alguien tan ordinario como el resto de los soldados.

—¿Y es verdad que viene del exterior?

O quizá se debía a eso, pensó.

Hinata nunca podría comprender la naturaleza de Konohamaru al ser un poco rebelde. Quizá por eso no congeniaba con ellos. Con Sakura y él. Quizá por eso era excluida.

—Eso dicen —hace una pausa, meditando sin realmente pensar en las palabras mecánicas salidas de su boca—. Sakura fue quien lo trajo a la base.

Hinata se detiene en medio de la emoción del niño y sus propias dudas y revelaciones personales.

Claro.

Por supuesto.

Los tres tenían algo en común.

Venían de afuera.

¿Esa era la debilidad de Hinata? ¿No haber probado el odio destilado del mundo en su estado puro? ¿Haber crecido en una cuna llena de seguridad y grupos jerárquicos? De repente tuvo miedo. No al peligro que alguien experimenta cuando se siente amenazado físicamente. Estaba inquieta porque ese muchacho había llegado apenas hace unos días y ya había causado más problemas, y levantado comentarios de todo tipo, de los que cualquier otro recluta hubiese logrado. Baja la mirada, rememorando.

Justo como cuando la llegada de Konohamaru.

La llegada del segundo salvaje (como todos llamaban a los que venían de afuera) pues el primero había sido claramente ella.

Sakura.

Aunque eso es algo que no presenció y que solo conoce debido a los relatos que suelen murmurarse aún entre soldados.

—Uh…—Hinata se percata del quejido de Konohamaru dejando de lado sus cavilaciones para cuando esté sola y necesite pensar.

—¿Qué pasa? —la efusividad del niño de pronto se había esfumado transfigurando a un semblante muy serio y pensativo para alguien de doce años—. ¿Algo te molestó?

—Dijo que…—el menor hace una pausa, buscando las palabras adecuadas—. ¿Dijo que ella lo trajo? ¿Así nada más?

—Umm, sí, aparentemente. Kiba no fue muy específico y ciertamente no he hablado con Sakura desde hace días pero…—se interrumpe notando el extraño estremecimiento del castaño. Hace unos segundos se le veía entusiasmado y de pronto parecía ausente de esas ganas por querer conocer a este nuevo soldado—. ¿Te sientes bien? Hace un momento estabas…

—No quiero —Hinata lo mira confundida—. No quiero ser reemplazado.

—¿Eh?

—¡No quiero que Sakura me reemplace! —aturdida, Hinata no sabe cómo reaccionar. No es la primera vez que Konohamaru grita pero sí es la primera vez que lo hace de esa manera. Cada sílaba parecía estar cargada de una octava más grave que la anterior, haciéndola estremecer—. ¡Ella había dicho que yo sería el último…! —y de repente calla.

Podrá existir la mayor de las angustias en él pero la falta de romper a su pacto con Sakura lo hace detenerse. Lo hace callar y esforzarse por dejar de temblar.

La señorita Hyuga está ahí.

Y si ella está ahí…

"Hinata no puede saber nada de esto. Este secreto es tuyo y mío. ¿Lo entiendes?"

—¿…Konohamaru? —los debilitados recuerdos se disipan y ahora Sakura está ahí.

De pie, observándolo.

Maquilando una idea sobre el motivo por el que lo ha encontrado gritando. Con los ojos llorosos y la piel sudorosa. Sobre porqué Hinata Hyuga le sostiene en brazos. Sobre porque ha dejado de mirarla a ella para pasar su vista inmediatamente a verlo a él.

—No quiero…—repite antes de sentir los párpados cansados y siendo Sasuke el último a quien mire antes de caer.

"…ser reemplazado por él"

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III

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—Últimamente cada que está contigo siempre tiene que pasarle algo.

—¿E-Estás culpándome?

—Estoy diciéndote lo que veo.

¿Lo…Lotus?

Parpadea, y a los pocos segundos todo es bastante claro.

La escena es una que ya ha vivido a lo largo de sus años ahí. La particularidad que posee su cuerpo últimamente lo debilita. Y es sabido que siempre que se agita sufre desmayos y siempre termina con los ojos pesados despertando en una cama con sábanas blancas.

La señorita Hinata es quien se acerca primero, como siempre. Y luego Sakura. Y ambas permanecen -una más tiempo que la otra- unas horas con él.

Pero esta vez hay una diferencia.

—¿Por qué lo trajiste?

Sí. ¿Por qué lo hizo? Y no se refiere al hecho de que esté de pie, evidentemente esposado, junto a la puerta siendo escoltado por dos soldados de rango menor. No. Ambos, tanto Konohamaru como Hinata están viendo a ese muchacho tanto de manera general como particular.

La obediencia y el acato que Sakura tenía hacia las reglas del Canciller eran estrictas, tales como si fuera su padre quien se las dijera. ¿Entonces qué había llevado a Sakura a tomar la decisión de llevar a esa persona ahí sin una orden precisa de hacerlo?

Aunque Hinata distaba de aceptar la regla de "Ejecutar antes de salvar", entendía perfectamente que cada persona que salvaban, en medio de su lucha por exterminar Draugs, era asunto que debía ser discutido por el Canciller. El futuro de cada vida salvada por un SHINOBI era decidido en las reuniones del consejo y Danzo. Ni siquiera los Fenrir formaban parte de las opiniones para decidir el destino de las personas que sobrevivían.

Ser aceptado o ser expulsado de Konoha. Ser civil o pasar a formar parte de las filas de SHINOBI. No había muchas opciones pero todos cedían a la creencia de que ser considerado para volverse soldado era sinónimo de tener maldita buena suerte.

Pero eso lo decidía el Canciller. Y ningún soldado podía hacer uso de su albedrío para ir en contra de esa regla.

—¿Vas a reemplazarme? —suelta Konohamaru, apretujándose a ella. Se ha erguido tan rápido que se ha mareado y es probable que reciba un castigo por atreverse a abrazarla enfrente de alguien más además de la señorita Hyuga.

Choca miradas con ese muchacho, y su entrecejo solo se hace más pronunciado cuando Sasuke le devuelve la mirada.

—¿Konohamaru-kun…? —Sakura detiene las intenciones de su subteniente de acercarse al menor y con la mirada le ordena a los soldados que salgan de ahí, por consiguiente llevándose consigo a Sasuke hacia afuera de la habitación. Hinata la mira confundida alternando su mirada entre la puerta y la cama donde yace un tenso Konohamaru.

—Tú también, Hinata —enuncia la pelirrosa sin mirarla.

—¿Eh?

—Sal un momento —Hyuga sostiene el aliento. No por sentirse apartada por Sakura. Eso ya había sucedido un par de veces. Lo hace por la mirada del niño. Él también lo está haciendo. La está dejando fuera. Su ceño fruncido es casi doloroso de ver, pero lo hace, y solo así entiende que el secreto que ellos guardan está emergiendo.

Y por eso la quieren fuera.

Sí hay secreto.

Sí hay algo que no quieren decirle.

Sí es cierto que algo no está bien.

—Sakura…—la voz del niño tiembla y su agarre a los brazos de la pelirrosa se vuelve tembloroso.

—Hyuga, sal —entona la Fenrir en tono alto, lo suficiente para hacerle entender a la de ojos perlas que es un orden.

Hinata no refuta pero en su lugar las emociones la embargan. Sale y lo primero que hace es respirar profundo. Sasuke, atado de manos a su lado, la observa de soslayo haciendo hincapié en ese semblante que es de todo menos tranquilo. Frunce el ceño, sospechoso. Ha sucedido algo, eso le queda claro. Lo que no entiende es qué. Pero aunque desconoce casi todo puede leer la situación a través del rostro de una persona.

Entre la molestia, la angustia y la preocupación, Hinata se encarga de advertirle a Sasuke que algo sucede con esos dos con tan solo su rostro.

—Subteniente, ¿se encuentra bien? —pregunta uno de los soldados que hasta ese momento había permanecido callado.

—¿Eh? —claramente la mujer pasa de ellos, mirándolo a él.

Y Hinata es consciente de no poder evitar sentir que todo lo que sucede es culpa de Sasuke. No lo conoce. No sabe quién es pero desde que llegó ha puesto tensión en todos, especialmente entre ellos tres.

Sasuke pronuncia más su ceño fruncido al darse cuenta que la forma en que lo ve no es para nada amigable.

—¿Tengo algo en el rostro? —pregunta él, cortante.

"¡No quiero que me reemplace!"

Hinata entrecierra los ojos, pensativa.

¿Reemplazar?

Cada año se admiten nuevos reclutas a la base previa a su paso por la academia. No es para nada nuevo y extraño la adición de más soldados a los escuadrones que eran liderados por un Fenrir. De hecho era bastante común; y aunque Sakura había dejado más que claro que solo con Hinata estaba bien, a Konohamaru siempre le asaltaba la idea de que un día, cuando Sakura se convirtiera en Fenrir, pudieran añadirse soldados al servicio de ella.

Ahora, ese día finalmente había llegado pero lo que había iniciado como una emoción por conocer al nuevo soldado había terminado en obligar a Konohamaru a soltar tales palabras.

¿Por qué habría de reemplazarlo?

Comenzando por la clara diferencia de edades, estatura y masa corporal, Hinata no encontraba motivos por los cuales Konohamaru se sintiera intimidado con la llegada de ese muchacho. No existía motivo para que se hubiese alterado pero entonces engrandece los ojos y recapacita. Tampoco hubieron motivos, al menos no conocidos por ella, para que Konohamaru se tranquilizara en cuestión de segundos durante su crisis en la Arena 1.

Solo se habían visto una vez…

—Solo se han visto… —murmura, incrédula, enfrentándolo con la mirada. Sasuke no entiende porqué esa mujer continúa mirándolo de esa manera.

—¿Subteniente? —Hinata se irgue, trémula de nuevo, pero con un pensamiento fresco en la mente.

—Vigílenlo hasta que ella salga.

—¿A dónde va a usted? —pregunta el soldado y Sasuke no hace más que esperar la respuesta con impaciencia. Hinata lo nota y es cuando piensa que tiene motivos para sospechar sobre la procedencia de ese chico.

—No es su asunto, soldado.

Y ahora Sasuke lo sabe.

Porque ambos son perspicaces y muy observadores, y porque Hinata no va a entregar la confianza, ni la seguridad de Konohamaru, a los secretos que Sakura le niega a contarle y que ahora tiene como propósito descubrirlos.

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IV

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La interrupción de las realidades es algo que Konohamaru experimentó por primera vez a los ocho años.

Solía escuchar a muchas personas decir que cuando han estado cerca de la muerte éstas han visto y han sentido que atraviesan un túnel con una luz que les ciega. Volver de la muerte es una sensación horrenda, o es lo que dice la mayoría cuando explican que su cuerpo es sometido a una presión increíble tras entender que la vida les ha dado una segunda oportunidad.

Para Konohamaru volver de la muerte también es un recuerdo donde el color blanco predomina, pero no es una luz.

Nunca lo fue.

—¿Te acuerdas? La primera vez que nos conocimos…

Estaba nevando.

Y había mucho frío.

Y su cuerpo pequeño estaba por volverse muy gris.

Sakura entrecierra los ojos apartando el estetoscopio de su pecho y rehace imágenes fugaces en su mente luego de aquél comentario.

La noche es fría. Muy fría. Y el cielo está cundido de nubes grises y cenizas que resplandecen. Y también nieva.

—Me miraste como si fuera…

—Único —completa la oración y Konohamaru sonríe, debilitado.

Pero desconoce que el recuerdo que se encuentra visualizando no es el mismo en el que Sakura está pensando.

Sí.

En ambas noches existió la nieve.

En ambas existió el fuego.

En ambas siempre hay un reencuentro.

Sakura permanece con los ojos cerrados un momento y hace que su propio recuerdo se disipe por su propia voluntad antes de que se permita recordarlo más pues esa memoria es algo que prometió no volver a tener. En cambio Konohamaru aún sigue pensando en el suyo. En su reencuentro. En la vez en que lo encontró debajo de muchas capas de nieve y le brindó la oportunidad de volver de la muerte.

—No hay nada malo de lo cual preocuparse, aparentemente —indica Sakura, apartando el aparato para sujetar con ambas manos el rostro del menor y alargar sus pulgares a la parte baja de sus ojos, donde se acumulan las bolsas negras de cansancio—. No pareces tener anemia —afirma inspeccionando sus ojos. Konohamaru aprovecha la cercanía para abrazarla—. ¿Mmm?

—¿Podemos…? —duda, atragantándose—. ¿Podemos hablar sobre "eso que no debemos hablar"? —Sakura lo mira, solemne, colocando una mano en su cabeza. Konohamaru se mueve un poco solo para sentir que es ella quien lo acaricia por voluntad propia aunque es él quien lo hace—. Por favor —suplica.

—Quizá otro día.

El castaño entrecierra los ojos, doloroso, y de repente quiere llorar. Sakura lo siente temblar y de manera inevitable su corazón se acongoja y sus ojos se tensan.

"—¿Te duele?"

Escucha, y su entrecejo se pronuncia. Hace que la voz se desvanezca en segundos del mismo modo que se aparta del niño y se pone de pie.

—¿Sakura…?

—Tengo cosas que hacer —se excusa, dándole la espalda. Y el espacio en el que se encuentran parece inmenso y pesado en cuestión de nada. Donde parece que se ahogan y la distancia que los separa aumenta con cada duda, cada mentira y cada excusa—. Saldré a patrullar. Supongo que Hyuga vendrá a verte más tarde —Konohamaru solo baja el cabeza, entristecido, pero aun así vuelve a dirigirse a ella.

—¿Puedo acompañarte?

—No esta vez —el corazón del menor termina de romperse, asintiendo pero no satisfecho a quedarse callado.

—¿Irás con él?

—¿Qué?

—Dime —silencio—. ¿Irás con él? —insiste buscando calor y protección donde no hay. En esa sábana que lo envuelve pero que parece más endurecida que su propio corazón herido. Sakura entrecierra los ojos de nuevo, pensativa. Con él sabe que se refiere al nuevo soldado.

—¿No te agrada? —no hay respuesta. Sakura suspira ladeando solo la mitad de su cuerpo para mirarlo—. Creí que tenías interés en él —suelta en un tono casi sarcástico que Konohamaru no permite que le afecte esta vez. En su lugar parece haber firmeza en su mirada.

—No si viene a ocupar mi lugar —la sonrisa astuta de Sakura se esfuma, y de nuevo la pesadez la embriaga.

—¿Tu lugar?—hace una pausa, suspirando—. Ah, ya entiendo. Ciertamente no había pensado en esa posibilidad…

El niño se estremece, y la razón por la que se hubiese desmayado, gritado y terminado así en primer lugar refulge en sus entrañas cuando la ve directamente en busca de la verdad. Pero ella es tan impenetrable, piensa. No es capaz de leer ni entender nada de lo que su rostro demuestra. De lo que la orilla de su sonrisa sarcástica quiere decir. De lo que sus ojos, musgosos en ese momento, le quieren transmitir.

—Saku…

—…pero no lo traje aquí por eso —completa rápidamente y parece que de nuevo el aire circula en los pulmones de ese niño—. Te lo dije ¿no es así? No habrá próximo. serás el último —Konohamaru se muerde el labio, inseguro.

—Pero mi cuerpo ya no…

—¿Se puede? —ambos callan de repente, advirtiendo la entrada de alguien a la habitación. La mirada penetrante de Sakura le indica a Kiba que quizá no ha sido un buen momento para ir a verla—. ¿Interrumpí algo? —pregunta, inquieto, mientras señala hacia afuera de la puerta—. ¿Qué hace él afuera? ¿Sucedió algo? Y…—repara en los utensilios médicos—. ¿Konohamaru está bien?

—¿Puedes dejar de hacer tantas preguntas? —refuta la pelirrosa, irritada, aunque en el fondo agradecida de que haya llegado para evitar continuar esa conversación—. ¿Qué quieres?

—Ah, puedo decírtelo cuando hayas acabado con…

—Ya he acabado así que di lo que sea que hayas venido a decirme—suelta con rigidez y Konohamaru entiende que no hay nada más que decirse, abrigándose con fuerza mientras se encoge más y se coloca en el lado más apartado de la cama.

—Es…—Kiba carraspea, preocupado viendo al menor hacerse casi un ovillo sobre la cama—. ¿Está todo bien? —Sakura gira sobre sus talones, chasqueando los dientes, obligándolo a salir de la habitación mientras ella lo sigue de cerca, cerrando finalmente la puerta de la habitación.

Sasuke, quien ya se encontraba harto de esperar por tanto tiempo afuera, advierte la presencia de ambos como a que ha sucedido (o que se encontraba sucediendo algo) como para haber salido tan apresurados de la habitación. El castaño se ve agitado, quizá por el inesperado empujón que le ha dado Sakura para que saliera, y ella se ve ligeramente perturbada y molesta, aunque eso último no le sorprende al de cabellos negros.

Los soldados que lo custodiaban se pusieron firmes rápidamente.

—Ya dime a lo que viniste, Kiba —exige ella. El susodicho suspira, recibiendo una tabla de anotaciones que anteriormente le había encargado a uno de los soldados antes de entrar a la habitación.

—Se trata del grupo que había estado sirviendo a Guy antes de que se retirara como Fenrir. Al parecer están teniendo problemas en la Zona Sur. Es su primera misión en el exterior.

—¿Qué fueron a hacer ahí? —Kiba se detuvo un momento percatándose de la presencia de Sasuke, dudoso en si seguir hablando frente a él. Sakura rodó los ojos al notarlo—. Voy a llevarlo conmigo así que está bien. Continúa —no convencido, el castaño prosigue.

—Hay disturbios en las calles por un par de rebeldes pero el Canciller cree que se debe a la enzima que tocan las esporas. Es la Zona más vulnerable y cercana a la muralla así que es posible que el rocío que cayó hace días aún siga concentrado en ese lugar y…

—Esté convirtiendo a las personas en Draugs —concluye la pelirrosa, seria. Sasuke permanece atento a cada cosa que dicen y a cada gesto perturbable que cada uno hace. Kiba asiente, afligido—. ¿Cuáles son mis órdenes?

—Proteger a los civiles. Detener y neutralizar la amenaza.

—¿A cualquier costo? —la mirada de Sasuke se vuelve estrecha del mismo modo que la de Kiba, aunque el último siente cierto desazón con el tono tan casual con el que ella se lo pregunta. Como si matar a uno o dos civiles infectados no significara nada.

—Claramente —emite el castaño en tono bajo a lo que Sakura no parece perturbarse. En su lugar solo acerca sus manos a los bolsillos de su pantalón y coge los guantes para colocárselos.

—Ustedes dos, retírense —señala a los soldados que custodiaban a Sasuke—. Ah, ¿Y por qué tengo que ser yo la que vaya a auxiliar a una cuadrilla que no me corresponde? —suelta, chasqueando los dientes.

—Son órdenes directas del Canciller y…—Sakura parece meditarlo, mirándolo de soslayo.

—¿Y qué?

—…también dijo que le gustaría que tu nuevo integrante estuviera cuanto antes en el campo de batalla. Que es algo que le gustaría que viera con sus propios ojos —la pelirrosa se detuvo, expectante, dejando que su mente se trasladara inevitablemente hacia recuerdos envueltos en llamas, agonía, sangre y dientes filosos que quitan la vida—. ¿Pasa algo?

—¿A que otro Fenrir convocó aparte de mí?

—Solo a ti.

Sasuke, atento a ella, se percata que en lugar de molestarse, la nota hacer una sonrisa de esas que se cargan de malicia. A expensas de su propia seguridad es que calla y solo la sigue cuando ésta le ha pedido que lo haga. Hay una reacción bastante inusual en él al percatarse un poco de la situación. Ella está guiándolo al exterior pero esta vez no en calidad de un civil al que Sakura le tendrá lástima o misericordia para salvarlo. Sasuke lo sabe, va en calidad de ese título que lo separó de Kakashi y lo puso a hervir de odio, llevándolo hasta ahí.

Lo sabe cuando llegan al hangar y con una mirada Sakura ordena que le otorguen un uniforme.

Sasuke lo mira como quien mira a un obstáculo infernal. Como aquello que hará que toda su piel se queme por usarlo pero no tiene opción. No la tiene si quiere ir con ella y conocer, en carne propia, lo que esos uniformados de blanco hacen y a lo que le llaman justicia.

Lo sabe. Sabe por qué está ahí. Sabe también por qué no lo mataron en el momento en que lo encontraron. Sabe porque aún respira y está con ella.

Su situación ha cambiado.

Ya no es un poblador más de Rhoda, y puede que se haya equivocado al ir hasta ahí pero ya no hay vuelta atrás.

—Hm. El blanco te sienta —la oye casi deleitarse, y él solo puede mirarla con odio.

Ahora es un soldado de SHINOBI.

.

.

(Continuará)...


Lamento la demora. Lo sé. Lo séeeeeeeee.

Espero puedan perdonarme pero mi trabajo consume toda mi vida prácticamente. Incluso la semana pasada llegué a tener tal estrés que creí que nunca traería el capítulo siguiente xDD Al final pude lograrlo entre mis ratos libres (mi almuerzo) y mis horas en casa. Espero que con este capítulo haya quedado más dudas(?) Ok no jajaja pero que se entienda que sí, hay un secreto que ellos dos guardan, y uno que Hinata, e inconscientemente Sasuke, empezarán a indagar.

Además del hecho de que finalmente Sasuke saldrá a una "misión al exterior".

En fin, espero les siga provocando curiosidad la historia para poder seguir descubriendo los enigmas que guarda.

¡Y defintivamente me pondré a contestar los comentarios!

Tan bellas personas son ustedes ;-; No los merezco.

Besos!

Rooss-out!