Términología dentro del mundo de Lotus:
· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta o El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada).
· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.
· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.
· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.
· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)
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—¿Puedo hacer una pregunta?
—Depende de lo que quiera saber.
—De dónde vienes… ¿Cómo es?
En una situación diferente Naruto sería ese tipo de persona que no para de hablar hasta de la anécdota más vergonzosa que ha tenido que pasar.
En una situación en donde en lugar de haber un piso reluciente de concreto blanco hubiese tierra húmeda y el olor a troncos de madera siendo consumidos mezclándose con la pesca de la tarde. En una situación donde no tuviera que cuidar lo que dice pues eso representaba las únicas dos opciones de trato en ese lugar.
Ser sometido a golpes sin decir ni una palabra.
Ser sometido a golpes y dejar expuesto a la gente que más quería.
En otras circunstancias no pararía de hablar hasta que el Sol se pusiera en el ocaso pero dadas las actuales, en las que tampoco tiene una idea exacta de como transcurre el tiempo debido a que no hay ni una sola ventana en ese lugar, se mantenía precavido.
Sasuke le había enseñado a serlo, y en medio de toda esa epifanía sobre Konoha –y su odio desconocido- reconocía que él tenía un poco de razón.
Sucede que…cuando lo vives en carne propia es que puedes entender cualquier sentimiento que otra persona, por mucho tiempo, ha querido que entiendas. Pero claramente Sasuke no ha estado en una situación así, y a pesar de eso Naruto se pregunta, a pesar de estar pasándola muy mal, cómo es que nació ese odio en su mejor amigo.
"—¿Por qué odias tanto Konoha? No naciste ahí. No te ha hecho nada, salvo el hecho de que los primeros fundadores de Rhoda antes eran ciudadanos de ella, pero a ti…"
—… ¿qué te han hecho para que la odies con tanta intensidad?
—¿Cómo?
El miedo de pronto lo invade al dejar abierta una brecha a toda la información que podría darle a SHINOBI sobre la existencia de Rhoda. De pronto ya no es tan bravo y energético como suele ser. De pronto le corroe el terror de haber sido tan imprudente y transparente como para soltar tales palabras.
Quiere morir.
Quiere coser su boca y no volverla a abrir nunca más.
Hinata, a su vez, ve una oportunidad. Un claro y subliminal mensaje detrás de ese comentario que se le ha salido.
—¿Podrías repetir lo que acabas de decir?
Naruto la ve, tembloroso.
A simple vista no puede decir que sea una trampa o que en verdad esa mujer solo esté jugando a ser amable para obtener la información que desea oír. Claramente, bajo las redes en las que se encuentra, ha entendido que el tipo de personas que son los soldados de SHINOBI son de aquellos que juegan con la mente. Y por sobretodo son del tipo de gente que piensa antes de hablar. Si se trata de una estrategia, en la que han optado por dejar de golpearlo y cedido a colocar a un soldado mujer, con aparente amabilidad, debe tener cuidado.
Las apariencias son engañosas y aunque lo sabe, pues Sasuke no se cansaba de repetírselo siempre, de algún modo su instinto le indica que con esa mujer puede sentir algo distinto.
Pero aun así sigue siendo un soldado de SHINOBI. No puede ceder.
Entrecierra los ojos y vuelve a la oscuridad. A esa esquina de la celda donde la bombilla no ilumina y aquello es un claro mensaje de que no hablará. Hinata tensa sus ojos también.
—¿Acaso…? —traga grueso antes de seguir—. ¿Acaso dije algo que no debía? —pregunta y Naruto no puede creer en lo que oye y ve.
¿Qué hay con esa mansa actitud?
¿Por qué es tan diferente al resto de soldados que han ido a verlo?
¿Es una estrategia para hacerlo hablar?
Y es cuando se da cuenta de que su corazón es demasiado frágil como para creer que todo el mundo es cruel.
—¿Por qué? —Hinata levanta el rostro, esperanzada—. ¿Puedo ahora ser yo quien haga las preguntas? —suelta Naruto.
Ella es astuta. Todos en SHINOBI lo son pero Naruto proviene de mundo hostil. El mundo en su estado más puro. Cruel y peligroso. Algo que los soldados de ese lugar no tienen, y es astucia salvaje.
Por el contrario Hinata no se enfada pero parece más intrigada que antes. Con cuidado de no ser vista es que se aisla de la cámara de seguridad hacia el punto ciego de la misma y repite la acción que ha estado haciendo todas las veces que llega a tal altura de la conversación con ese muchacho.
La apaga, y es cuando Naruto puede decir que ella tiene algo diferente a la naturaleza despiadada que desprenden los demás.
—¿Te parece mejor así? —pregunta Hyuga refiriéndose a la cámara desactivada, volviendo a su lugar. Esa silla que ha instalado justo debajo de la bombilla donde ha compartido ya un par de tardes con ese intrigante rubio.
—¿Qué quieres de mí? —suelta, directo—. Hace una semana que espero que me maten por no darles información que creen que les será útil para algo que desconozco —la garganta se le cierra—. Me han interrogado sobre dónde vengo y sobre porqué me encontraba en el sitio de donde me recogieron.
—Pertenecías a ese asentamiento ¿no es así? —pregunta ella y Naruto la mira con cautela. Es evidente que mintió sobre eso para zafarse de un par de golpes por parte de unos soldados el otro día. Era eso o revelar cosas sobre Rhoda, o seguir siendo torturado—. Creo que eres consciente que hasta hace unas semanas Konoha era el único lugar donde habitaban seres humanos—el rubio tensa los ojos, viéndola con precaución—. Entonces creo que tu pregunta se responde sola.
—¿Por qué? ¿Por qué ustedes se creen los únicos vivos en éste mundo? —aquello sobresalta a Hinata. Tanto el tono arisco como lo que trata de decirle—. ¿No es un poco contraproducente pensar eso cuando hace años Konoha misma desterró a su propia gente?
Bingo, piensa Hyuga, y cuando Naruto se percata de su error es demasiado tarde.
—Entonces…—se inclina un poco hacia adelante—. ¿Lo confirmas? ¿Hay más gente allá afuera, verdad? —no hay respuesta—. Vienes de algún lado y sé que no precisamente de donde te encontramos.
Mierda, piensa.
Mierda. Mierda. Mierda.
Un incesante sonido martillea el cerebro de Naruto en esos instantes en los que la tensión parece un sonido abrasador. Como el conteo de una bomba a punto de explotar. ¿Por qué no simplemente lo matan para que se calle de una vez? Naruto se siente pequeño, siente que se asfixia, siente que las paredes de ese ya de por sí reducido lugar se le cierran, y siente que esa mujer solo está dejándolo sin salidas con esa habilidad tan natural que parece tener al interrogar.
Hinata se percata de ello y es cuando se replantea su verdadero propósito ahí.
Hace unas semanas que sabe el nombre de ese chico, mismo que debió decirle a sus superiores en cuanto lo supo, y sin embargo ahora se encuentra ahí debido a sus impulsos. Debido a sus objetivos personales. Esa es la razón por la que comete, siempre, tal falta grave de apagar la cámara de seguridad y luego –cuando abandona la celda y se dirige a la cabina que almacena todos los archivos de video- sustituir los archivos y alterar los minutos para aparentar que no ha interferido con la grabación original.
Lo sabe.
Su naturaleza amable, esa que no sirve en SHINOBI y que Sakura se esmera siempre en reducir a nada, no se lo permite.
Está ahí por voluntad propia.
Está ahí porque le parece cruel la manera en que su propia gente busca conseguir información. A base de torturas.
Está ahí porque los ojos de ese chico le parecen tan azules como un mar que solo ha visto en los libros de texto que ha hojeado de Konohamaru cuando éste duerme. Esos que está prohibido tener en posesión.
Está ahí porque muy dentro de ella quiere ayudarle y porque ahora sus sentimientos personales han interferido en busca de una verdad que cree que podrá deducir si se gana la confianza de él.
¿De qué manera puede no faltar a una regla de su régimen y al mismo tiempo no perder su humanidad?
Llegando a entender a Naruto quizá pueda hacerlo.
Sonríe, sonrojándose un poco al darse cuenta de algo tan trivial como algo que la vuelve humana.
—"Me he referido a él por su nombre" —piensa.
—Pierdes tu tiempo —lo escucha volver a hablar. Se ha encogido de piernas en el suelo—. No voy a darles lo que quieren, ni siquiera a ti así que ve y dile a tus compañeros que pueden matarme mañana por la mañana —Hinata guarda silencio, escuchándolo, y su reacción es similar a la de alguien que busca proteger, y se identifica. Es por eso que no puede pensar en ese muchacho como un simple prisionero a diferencia de con Sasuke.
Piensa en la familia y en las personas que esperan por él y que dejó atrás, e irremediablemente ella piensa en Konohamaru y Sakura.
—"Lo siento, Sakura, pero…" —alza el rostro, observándolo—. "…esto es algo en lo que no puedes interferir"
—Ya puedes irte.
—¿Me creerías si te dijera que yo también quiero proteger a gente que es importante para mí? —Naruto se eriza, observándola debidamente a pesar de estar en penumbra. ¿Qué ha dicho? —. Es por eso ¿verdad? —la muchacha extiende su mano—. Por lo que te niegas a hablar —hace una pausa percibiendo el miedo en esos movimientos imprecisos en el cuerpo contrario—. Descuida. No voy a decirle a nadie.
—¿¡Qué es lo que quieres!? —grita el rubio, aterrado. Más que cualquier tortura, ella ha visto a través de él de una manera en la que no se ha percatado pero desconoce que las verdaderas intenciones de Hinata no son de las del tipo que él cree.
—Ayudarte.
Naruto no sabe cómo reaccionar a eso.
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—Lotus—
| 11 | Oye a la tormenta.
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—Cinco minutos antes de llegar a destino, señorita.
—Son suficientes —expresa Sakura antes de ponerse de pie, dentro de ese enorme vehículo de acero, y hurgar entre el armamento que tienen arrinconado en un espacio. Kiba se alarma en cuanto entiende lo que pretende hacer.
—¿No irás a darle un arma, verdad? —pero cuando termina de preguntar la funda de una espada cae de manera torpe sobre las rodillas de Sasuke, quien se haya aún esposado a pesar de estar portando un uniforme que lo distingue como soldado de SHINOBI—. ¡Lotus! —le reprende el castaño, apartando el arma rápidamente del azabache.
—Dame eso —exige la pelirrosa aunque más bien termina por quitarle el arma de las manos juntos con las llaves que portaba en los laterales de su cinturón—. Tú, levanta las manos —el de ojos negros solo obedece impaciente por sentirse liberado y estrangularla. Tal pensamiento solo se queda en su mente puesto que aunque suena tentador está seguro que no lograría ni rozarle un cabello—. Toma. Es temporal —dice refiriéndose al tipo de arma—. Luego tú elegirás la que más te convenga y se adapte a ti.
—¿Me estás dando un arma así nada más? —pregunta directamente, y es casi como si le hubiese robado las palabras al propio Kiba que lo ve atónito. Incluso él se lo está diciendo indirectamente. Un arma en manos de alguien a quien recién conocen es contraproducente, incluso si se trata del Fenrir más experimentado.
—¡Exactamente! —añade el castaño, histérico—. Este sujeto aún es desconfiable. Ni siquiera sabemos si es capaz de empuñar un arma. No ha sido entrenado ni informado sobre las reglas de combate de SHINOBI —Sakura suelta una risa sarcástica.
—Yo lo vi muy capaz el otro día en la Arena —dice ella riendo, deteniendo su mirada en él—. ¿O tu qué opinas, Sasuke? —el susodicho se estremece. Le ha llamado por su nombre finalmente.
—Esto no se trata de si es capaz o no —interrumpe Kiba—. No tiene entrenamiento ni disciplina ni…
—En mi opinión, con que sepa empuñar una espada ya es ganancia —justifica Sakura de manera vaga, volviéndose a sentar, cruzándose de piernas.
—No puedes estar hablando enserio —insiste el castaño sin querer dar su brazo a torcer.
Sasuke permanece en silencio, analizando.
Analizándola a ella.
Tan improbable en todo lo que hace que le provoca admirarla y a la vez odiarla. Una persona así, tan aligerada y a la vez severa.
—Deja el drama. Está a mi cargo ¿recuerdas? Si hace algo estúpido simplemente lo mataré —el moreno tuerce la boca y ella se percata—. ¿Te quedó claro?
Pero antes de que pueda responder el vehículo se detiene.
Han llegado a su destino.
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I
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La red de comunicaciones de SHINOBI despuntaba siempre con el mejor equipo tecnológico para cada una de las misiones, así mismo antes de otorgarlas se hacía un análisis a cada cuerpo militar para medir quienes eran aptos para cada una.
—¿Neji? ¿Neji, donde te encuentras? ¡Responde, Neji!
Sin embargo, Los tres mosqueteros de Guy -como les hacían llamar a aquél trío- habían realizado pocas misiones antes de que su Fenrir pudiese llegar a la cúspide de su fama. Maito Guy, Ex Fenrir de la primera generación, tras la primera y sangrienta noche de esporas, había terminado en un estado deplorable y traumático como para poder seguir desempeñando su papel en SHINOBI. Aunque de encontrarse completamente estable de sus facultades físicas y mentales, tampoco hubiese vuelto a empuñar un arma de manera voluntaria pues entre soldados y paredes se deslizaba el rumor de que aquella noche hace veinte años le hubo sucedido algo como para dejarlo en tal estado.
Habiéndose retirado voluntariamente de la actividad militar el Canciller aun así lo mantiene seguro dentro de sus instalaciones. Aunque poca gente asegura verlo realmente.
Y al deshabilitarse su función de soldado, al igual que un par más de los mismos años, los Fenrir se hubieron restructurado, llevando a una generación nueva. La generación actual.
Y su cuerpo de élite, su cuadrilla, pasó a servir a alguien más, a excepción de aquellos tres. Fieles hasta el final que, aun hoy sabiéndose ser considerados como la burla por un Fenrir retirado de manera voluntaria, siguen sirviéndole.
No pertenecen a la actual generación pero tampoco son considerados soldados de rango menor.
Especialistas en diferentes rubros pero con nula experiencia en misiones en el exterior; están ahí, enfrentando a la locura por el honor de su antiguo superior.
—¿Neji? ¡¿Neji, estás bien?! Por favor…
Jadeando y con el brazo ensangrentado pidiendo urgentemente ser atendido, el castaño de ojos perlas hace un esfuerzo por levantar su brazo y encender el comunicador que yace en su oreja.
—S-Son…un par de escandalosos —del otro lado de la línea, Tenten y Lee, suspiran aliviados murmurando alabanzas a un Dios inexistente por saber que su compañero no sería registrado como un cadáver ese día—. ¡A-Ah! —suelta un alarido de dolor y enseguida su miedo se aviva cuando es capaz de oír el sonido de un par de botes de basura caer en alguna parte del callejón donde se encontraba resguardado—. Mierda.
—¿Qué fue eso?
—¡Neji!
—¿Quieren callarse?
La respiración de Neji se vuelve cada vez más irregular debido al agotamiento. La lluvia cae a borbotes y la herida en toda la extensión de su brazo se siente como hierro siendo fundido.
La misión que se les había asignado era tan simple como difícil, y siendo la primera vez en enfrentar de cara a cara a la locura tomando posesión de un humano, estaban más que inquietos. Al ser Maito Guy un Fenrir retirado, a su cuadrilla se les comenzaba a asignar las típicas "misiones que nadie quería hacer". En este caso la misión, según el reporte que se les había extendido, era el de contener a la acción rebelde y violenta que se estaba generando en esa Zona. Se esperaban a un par de personas siendo insolentes, no a "seres humanos" yendo a la locura. Porque eso creían ellos que eran los Draugs. Simplemente personas con una personalidad violenta que se debían de contener. Lo cierto era que aquella creencia se derivaba de los delirios y anécdotas que una persona afectada mentalmente como Guy les platicaba cuando tenía ganas de hablar. Lo cual no sucedía casi nunca.
Aquellos tres habían crecido dentro de SHINOBI y lo poco que se les había asignado era cuando a Maito Guy se le había ascendido recientemente al título de Fenrir, y ellos apenas se graduaban de la academia, pero como anteriormente se menciona, aquello había durado poco.
—¿Qué fue eso? —oye decir a su compañera a través de la comunicación.
Acusados de crear disturbios debido al miedo que había provocado la presencia de esporas es que los ciudadanos de ese sector se encontraban así. De ser simplemente lo que decía en el reporte ahora no estaría sintiendo que su vida estaba corriendo un gran riesgo.
Incremento de fuerza. Velocidad abrumadora. Enrojecimiento de ojos, como si brillaran. Músculos pronunciados y tensados, y una violenta reacción a quienes se les acercase. Algo no estaba bien.
—Por supuesto que nada está bien —dice el castaño, gimiendo. Tocándose la parte del brazo que le sangra debido a su piel desgarrada por unas uñas inusualmente afiladas y largas.
¿Qué demonios era eso?
¿Era alguna clase de hormona la que lo provocaba? ¿Algún trastorno? Había crecido creyendo en que solo era un estado en el que el hombre se perdía pero que podía superar. Esas habían sido las enseñanzas de Maito antes de volverse Fenrir pues él apoyaba la vida y creía fervientemente en eso. O eso creía hasta hace poco.
El de ojos grisáceos palidece tras escuchar de nuevo ese sonido, ahora más cerca que antes. Como si algo pesado fuera tumbado en ese callejón.
—¡Neji, tienes que salir de ahí! —escucha decir a Lee esta vez al borde de la desesperación—. ¡Estamos en camino, solo sal de ahí ya!
—E-Es fácil decirlo, torpe… —y su voz se enmudece al mismo tiempo que el silencio y las gotas de lluvia parecen haberse detenido mientras una voz ajena se acerca a susurrarle invadida de locura.
—Te encontré.
Cuando se da cuenta, es demasiado tarde.
Lo tiene encima pero asombrosamente se las ingenia para apartarse de manera estrepitosa y rodar por el suelo librándose del ataque de esas violentas fauces, quedando tumbado boca arriba pero a merced de lo que parecía un hambriento caníbal que comenzaba a abalanzarse sobre él.
—¡Maldición! —a pesar de no poder hacer uso de sus brazos apropiadamente, con esfuerzo encoge las piernas para luego impulsarla de golpe hacia el frente logrando apartar a esa cosa a varios metros lejos de él, dándole la oportunidad de ponerse de pie y esclarecer, por mínima que fuera, un poco su mente y no dejarse a merced del pánico—. ¿Qué….que cosa eres? —pregunta jadeante.
No obtiene respuesta aunque no la esperaba ni mucho menos lo que vendría después.
Detrás de él, al menos unos seis hombres más, con las mismas características de su agresor principal, emergen como si se abrieran paso entre un mar silencioso a media noche. Como criaturas de ojos resplandecientes que gobiernan las noches y reparte terror en la tierra a medida que la pisan.
—¿Saben? —empieza a decir Neji a Tenten y Lee, comprendiendo que claramente le escuchaban—. Les agradecería que se apresuraran sino quieren ir a mi funeral —y tal y como si lo hubiese soñado alguna vez, en algún recuerdo de una tenebrosa pesadilla, aquellas cosas se abalanzan sobre él.
El soldado comienza a correr. Atravesando callejones estrechos y deteniéndose de vez en cuando a respirar con dificultad entre muros musgosos y con olor fétido. La espada a su lado que es blandida con dificultad y con poca destreza, pero la escasa, combinada con la supervivencia, hacen lo suyo al acabar con unos cuantos. Pero eso no los hacía menos lentos.
El único que sí lo era, era él.
Se maldice enormemente al recordar haber ordenado separarse para abarcar más perímetro. Se maldice aún más al haber aceptado la cláusula de ir solo ellos tres pues, aparentemente, los demás soldados de otros escuadrones estaban ocupados en otros sectores. Se maldice al seguir creyendo, de manera devota, en las palabras de un superior que estaba lejano a cobrar lucidez en años venideros.
—¡Ah! —suelta un grito cuando su espalda choca contra el duro y húmedo pavimento.
No le queda más que cerrar los ojos y esperar por ser herido, o en el peor de los casos devorado. Sin embargo el tiempo parece durar mucho. Demasiado para lo que debería ser una muerte rápida. Parece que su vida se prolongará un poco más.
Aún con los ojos cerrados puede oír toda una masacre llevándose a cabo.
Gritos sin terminar.
Cuerpos cayendo.
El sonido de miembros siendo rebanados.
Hasta puede apreciar el viento siendo cortado.
Al abrir los ojos, para toparse con su propia vergüenza al haber aceptado una muerte que aún no era la suya, solo puede estremecerse al darse cuenta de la persona que está ahora bajo la lluvia, bañándose de ésta y de sangre, parece disfrutar del rocío carmesí que le da la apariencia de estar rejuveneciéndola.
—¿Asustado…—la pelirrosa solo se lame la sangre de su muñeca que a duras penas había sido herida para verlo con ojos inexpresivos—, soldado?
A Neji no le parece necesario rogar por su vida después de todo sabe quién es, y sabe que están del mismo lado, o al menos eso cree.
Solo le parece que todo ha sucedido demasiado rápido. Demasiado sangriento. Demasiado inhumano; y a juzgar por la sonrisa burlesca de la de ojos verdes para con él, el rostro de Neji ahora está cundido de asombro por los miembros desprendidos que se encuentran esparcidos por todo el suelo junto a la sangre que comienza a desaparecer debido a la lluvia.
—¡Neji! ¿Estás…? —la recién llegaba castaña no puede terminar de formular la pregunta, ni de demostrar su preocupación, tras su arribo inesperado.
Sakura bañada en sangre y con una sonrisa de satisfacción era de esas vistas que ninguno de ellos deseaba haber visto ver esa noche en que todo estaba convertido en caos.
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II
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Atipujando el resto de los cuerpos en una montaña de cadáveres como si fuera lo más casual del mundo, Sakura contempla el cielo en completo silencio. A su lado Kiba reside su comportamiento como algo usual luego de hacer parte de ese trabajo sucio que siempre le toca desempeñar. No por nada Sakura es considerada el arma de guerra predilecta del Canciller.
Tan fría e inexpresiva luego de una matanza aunque no era como que sintieran pena por Draugs.
A Sakura le quedaba claro que una vez que humanos eran convertidos en eso, perdían su humanidad, y con esa conclusión entendía que no había nada que salvar, solo aniquilar.
Por otro lado, Sasuke, quien apenas se había percatado de la velocidad con la que la pelirrosa había descendido del vehículo, se había apresurado a seguirla solo para contemplar, helado, una matanza increíble. Verla cortando todo lo que podía con esa espada le produjo, extrañamente, un cosquilleo interesantemente perturbador. Con qué sangre fría y tales habilidades podía seguirse viendo como una flor delicada a pesar de estar combatiendo. Había sido un espectáculo hasta el final.
Ese final.
Donde la encontraba bañada en sangre.
Aquello le produjo, de cierto modo, admiración. No el acto de matar sino todo el misterio que parecía envolverla.
Ese sector de la ciudad estaba en una completa ruina ahora que la mayoría de la gente había sido tocada por las esporas. Lo que deambulaba por las calles eran solo Draugs. Sasuke notaba a varios acechando, pero no era una tarea difícil el exterminio de éstos para los soldados de SHINOBI. Incluso se le hacía estúpido el hecho de que ella le hubiese entregado un arma que no iba a usar. El peligro había sido contenido gracias a que ella había aparecido en primer lugar.
Dejando ese hecho de lado, decide de mirarla para centrarse en ese trío de jóvenes que no distaban mucho de su edad.
—No es una herida profunda pero… —Sasuke repara en ellos y en el gesto maleducado en el que aquél muchacho no había dejado que su compañera atendiera su brazo ni mucho menos le diera una apreciable explicación.
Parecía furioso. Abriéndose paso entre el olor fétido y el resto de los inmutables soldados que habían arribado junto a la pelirrosa, hasta llegar a ella y finalmente encararla.
Todos la conocían y no eran por un excelente expediente o grandes notas de graduación en la academia.
Sakura, de hecho, se había saltado todo ese proceso.
Y de ahí nacía el rencor y envidia de la mayoría de soldados. No había, ni siquiera, cursado los años de entrenamiento que un cadete debería atravesar para convertirse en soldado y así formar parte de la línea militar del Canciller. Hasta donde llegaba el conocimiento de los más jóvenes como Neji, la pelirrosa era una salvaje cuyas cuchillas no podían estar más manchadas de sangre a pesar de su corta edad.
Y ahora, para rematar, había sido ascendida al título de Fenrir.
Aún a sabiendas de todo eso, ahí estaba él, a punto, quizá, de recibir una muerte mucho más dolorosa a mano de ella solo por cuestionarla.
—¿Qué fue todo eso? —el inexpresivo semblante de Sakura no cambia ni porque la lluvia sigue cayendo sobre ella—. Te estoy hablando —exige, tomándola por el brazo con fuerza. Sasuke, quien estaba a una distancia prudente de ella, engrande los ojos. No porque le preocupara, más bien, irónicamente, le preocupaba ese chico.
Sabe perfectamente que esa mujer, a pesar de apenas conocerla de unas semanas, no era de las que se dejaban que las mangonearan. Él ya sabía qué tipo de castigo ocasionaba ser un impertinente. Aunque también estaba ansioso por ver la reacción de ella para con el resto de la línea militar.
—¡Neji! —escucha un grito y a los pocos segundos un muchacho con corte de hongo llega y lo toma del brazo de manera suplicante—. Basta, no seas descortés. Además… —la mirada de Sakura repara en él e inevitablemente el cadete se sonroja—…te salvó la vida.
—Es cierto —la castaña se aproxima nuevamente, sujetando el brazo contrario. Sasuke lo analiza mejor, especialmente sus ojos perlados. Muy parecido a los de la mujer que siempre acompaña a la pelirrosa—. De no haber sido por ella ahora tú…
—¿Salvé su vida? —suelta Sakura, con ironía. El trío la observa, temeroso, y Sasuke solo frunce el ceño de manera silenciosa. La apreciable sonrisa cargada de sarcasmo adorna los labios de Lotus—. No me malinterpretes, Neji Hyuga. Solo no te confundí con el resto de ellos —señala a la montaña de Draugs desmembrados que yace a un costado—. Agradécele a tu impecable uniforme blanco y a tus distintivos ojos similares a los de tu prima.
Sasuke hace una nota mental. Era evidente. Aquellos dos de ojos perlados están emparentados.
—¡Oye! —suelta el castaño haciendo amago de volverla a tomar del brazo quedando en eso solamente. En un intento pues Sakura, en cuestión de segundos, desenvaina su espada dejando la punta de la hoja filosa a centímetros de su garganta. El de ojos perlas traga con dificultad pero eso no le hace querer callarse—. Lo que hiciste… —dudó—. No era lo que decía en el reporte que se nos dio. Esas cosas… ¿Qué eran? —el silencio que la pelirrosa le otorga no hace retroceder al de ojos perla, y ante su irritable mirada Sakura le da algo de mérito por su ridículo valor.
—Te daré una pista, no es algo que te enseñaron en la academia.
—¿Qué?
—Draugs, Neji —susurra a su lado su compañera, apretando parte de la tela de su uniforme.
—Me sorprende que a estas alturas preguntes eso, Neji Hyuga —confiesa Sakura, volviendo a guardar su arma.
—Nuestro maestro dice que…
—Su maestro —interrumpe la de ojos verdosos, alzando la voz— no está plenamente estable de la mente como para dar un veredicto sobre lo que pasa actualmente en el mundo.
—Él fue un Fenrir —señala Lee, cohibido.
—Exacto. Fue. Pero ya no más —zanja ella—. No es mi culpa que él no les haya sacado ni una sola vez a enfrentar a éstas cosas. Un niño de doce años sería más inteligente que ustedes para reconocer a un Draug —señala, y Hyuga enfurece.
—¿Un niño? ¿Cómo ese huérfano suyo, quiere dec-? —pero no alcanza a terminar de formular la pregunta pues una mano se estampa en su mejilla con tal fuerza que pareciera que hubiese sido un golpe en lugar de una bofetada.
—¡Sakura! ¡No vinimos a esto! —es Kiba esta vez quien la reprende, tomándola del brazo. Agarre que se sacude de inmediato—. No me dejas más opción que reportar esto y…
—Reporta lo que quieras —gruñe la susodicha dando un par de zancadas hacia Neji, quien yace en el suelo debido al golpe, solo para ser elevado nuevamente por las solapas de su uniforme mientras ella lo arrastra.
—¡Neji!
—¡Lotus!
Sakura lo suelta de golpe provocando que caiga en un charco de lodo de bruces. Sasuke se mantiene helado y hastiado. Entonces no es como que ella lo haya tratado de una manera especial cuando lo torturó, piensa. Así es con cada soldado que le saca de quicio y la prueba está en ese castaño que ahora está en el lugar de él. Frunce el ceño al darse cuenta de que es, prácticamente, como verse en un espejo.
—Traigan a uno —pide, severa. Y tarde comprende el resto en que Sakura le ha pedido a uno de los soldados algo, mismo que tiembla ante la orden—. No voy a repetirlo —el soldado solo asiente y en pocos segundos una persona, con la cabeza cubierta por una bolsa de tela, se aproxima.
Neji teme por un momento pues aun estando en el suelo puede ver que la persona a la que han llevado ahí parece estar luchando y gruñendo como un animal salvaje. Solo hasta que Sakura toma el control de la agresiva persona es que le quita la bolsa de la cara solo para revelar que se trata de un Draug.
Tenten ahoga un grito cuando la pelirrosa suelta a la bestia y esta se abalanza sobre Neji sin miramientos.
—¡Sakura!
—¡No se metan! —ordena deteniendo los intentos de Kiba y sus compañeros por meterse—. No quiero que nadie se meta.
—¡Neji!
Las fauces predominantes del Draug están casi sobre el rostro del castaño, quien lucha con pies y manos para apartarlo y evitar que le arranque un trozo de carne. Nadie se mueve ni dice nada en esos momentos que parecen ser eternos y crueles, y aunque Sakura no se deleita por estar castigando de esa manera la insolencia, su rostro es inexpresivo.
—¡Sakura, esto es demasiado! —grita Kiba quien se encuentra entre la espada y la pared. Indeciso si meterse o recibir un ataque de parte de Sakura por hacerlo—. ¡Va a matarlo!
—¡Por favor, haga que pare! —suplica Tenten a la pelirrosa al borde del llanto pero ésta no se tienta ni un poco. Solo avanza unos pasos más para estar más cerca de Hyuga y de su lucha dolorosa.
—¿Qué sientes, Neji Hyuga? —hace una pausa viendo al muchacho luchando por mantener apartado el rostro del Draug de su cara—. ¿Es esto acaso lo que tu maestro te dijo que sería el mundo exterior? ¿O solo te ha pintado falacias que no son verdaderas? Dime ¿un humano tendría esta fuerza? ¿Tendrían ojos rojos y hambre por carne humana?
—¡Quítamelo de encima! —pide él a lo que Sakura únicamente lo observa.
—Si tu maestro fue un Fenrir, demuéstralo. No estoy aquí para hacer favores ni tampoco para ver cómo te rindes, estoy aquí para que aprendas a no abrir la boca y decir estupideces —finaliza, apartando al Draug con una patada. Dándole tiempo a Neji de escabullirse y de, finalmente, respirar. Al instante Tenten y Lee acuden a él.
—¡¿Te volviste demente?! —grita el de ojos perlas y sus dos compañeros solo ruegan por que la pelirrosa no intente de nuevo castigarlo por su insolencia.
—Vaya que eres insolente, eh —ríe viéndolo por breves segundos para luego reparar en Sasuke—. Casi tanto como lo es él.
—Sakura, tendré que reportar esto —advierte Kiba agachándose a la altura de Neji para asegurarse que esté bien.
—Haz lo que quieras.
—Lotus, ¿qué hacemos con él? —pregunta uno de los soldados señalando al Draug de hace unos momentos, quien aún yace en el suelo.
—Hay que sedarlo —dice Kiba, interviniendo, a lo que Sakura solo rueda los ojos—. Lo llevaremos a la base para examinarlo y…
—Sedarlo no va a funcionar.
—¿Cómo está tan segura? —vuelve a hablar Neji, y Sakura no puede evitar soltar una carcajada.
—Neji, por Dios, ya no digas más —pide Tenten. Que siga hablando solo va a ocasionar que la pelirrosa en verdad vaya en serio con matarlo.
—¿En verdad sigues creyendo que eso es un humano?
—Lo creo —suelta el castaño con una firmeza ciega—. Solo está…ridículamente alborotado, quizá por una droga, una toxina, una…
—Hay que matarlo —sentencia Lotus.
—¿Ma-matarlo? —esta vez es Lee quien se niega a pesar de que su balbuceo solo lo haga ver inseguro—. No tenemos órdenes de matar civiles, señorita.
—¿Enserio? —Sakura avanza hacia el Draug volviendo a desenvainar su arma con claras intenciones de atravesarle el cráneo—. Que bueno porque esto no es un civil y-
—¡Draugs!
La advertencia llega acompañada del miedo y del primer Draug cayendo desde uno de los pisos más altos del edificio que tenían a lado. La mancha negra de sangre pronto se ve acompañada de muchas más cuando, en secuencia, más Draugs caen del mismo piso. Sasuke nota algo antes que todos y, como si fuese digno de advertir, se deja llevar por el instinto solamente.
—¡Allá! ¡Arriba! ¡Alguien los está empujando! —suelta al mismo tiempo que comienza a correr hacia el interior del edificio, esquivando la trayectoria de los Draugs que continúan cayendo.
Unos simplemente mueren ante el impacto, otros parecen tener una resistencia mayor. Cayendo como si el asfalto fuera una cama de plumas, poniéndose de pie como si nada, amenazando a los soldados.
—¡O-Oye! —alcanza a gritar Kiba pero no es lo suficientemente audaz como para seguirlo. Quien sí parece serlo es Sakura—. ¡Sakura! ¿A dónde vas?
—¡Conténganlos aquí! ¡Iré a traer a ese idiota!
Entregándose a la resignación, Kiba se tensa, un poco fastidiado por eso, más nada puede hacer excepto pelear. Luego de Sakura, siguiendo el nivel jerárquico, él era el superior entre el resto de los soldados.
—¡Desenvainen! —fue el último grito humano que hubo escuchado Sakura mezclándose con gruñidos de bestias al adentrarse en el edificio.
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—¿No te molesta?
—No realmente.
—¿Enserio? ¿Ni un poco? ¿Ni un poquitín?
—Calla ya, Suigetsu.
La cafetería, a esas horas, está vacía.
Hinata lo prefiere así pues en menos tiempo de lo esperado la cocinera regordeta que permanece todo el día ahí le entrega su bandeja de comida sin presiones ni empujones. Hyuga agradece con un gesto de asentir y no es hasta que baja la mirada hacia los alimentos que se percata del dulce mensaje que hay escrito con listones de salsa de soya. La favorita de Konohamaru.
"¡Anímate!", lee en silencio y su mirada repara en la mujer quien le sonríe amablemente.
—Espero que Konohamaru-kun se sienta mejor —es lo único que dice antes de perderse de nuevo entre las paredes de la cocina. Aquél gesto apacigua, de alguna manera, los pensamientos negativos en Hinata.
—Ella ya debería estar de vuelta —oye y cierra los ojos, volviendo a la realidad, volteando a mirar a la rubia.
Ino Yamanaka está ahí junto a su subteniente y un entrometido Suigetsu, quienes se hubieron quedado al final de la cena por un rato más, topándose con Hinata quien, aparentemente, tanto ella como su Fenrir habían brillando por su ausencia aunque para Ino no era de extrañar siendo que había sido informada sobre la adición de Sakura como apoyo para una misión de último minuto.
Esperaba, de alguna manera, que solo mencionaran su nombre en el reporte. Lo que no esperaba ver era un nombre distinto al de Hinata a lado del de ella.
—Probablemente se retrasaron con algo —reluce su decaído ánimo la de ojos perlas aunque es consciente de lo forzada que debe verse su sonrisa en esos momentos.
—Hinata —la aludida alza la mirada topándose con los topacios firmemente clavados en ella—. Tu lugar es a lado de tu superior.
—Mi lugar es donde mi superior ordene, Teniente Yamanaka —aclara, trémula. Volviendo la vista a la bandeja que sostiene. Shikamaru solo suspira y Suigetsu permanece inusualmente callado.
—Que alguien que no es Subteniente acompañe a un Fenrir a misiones en el exterior ya es, de por sí, problemático —añade Nara, cerrando los ojos, pensativo.
—Yo…—la azabache aprieta con fuerza los bordes de la bandeja—. No es como si fuera la primera vez que sucede. Sakura ha sido clara desde el comienzo, incluso antes de ser Fenrir —oye a Ino suspirar.
—Ella prometió no llevarte al exterior a menos que fuera sumamente necesario —Hinata solo asiente.
—¿Y eso por qué? ¿Qué no es una regla fundamental que cada Subteniente acompañe al Fenrir? —cuestiona Suigetsu.
—No soy precisamente buena en combate. Esa es la razón por la que no voy a ninguna de las misiones—explica Hyuga, bajando la mirada—. Sakura lo sabe y…
—Date un poco más de crédito, Hinata —interviene la rubia—. Puede que no destaques en fuerza pero tienes otras habilidades espléndidas y…
—Esas habilidades espléndidas que menciona, Teniente, no son de mucha ayuda en SHINOBI, siendo franca.
—¿Qué tipo de habilidades exactamente? —vuelve a interrogar el de cabello blanco, mordiendo un trozo de pan que aún quedaba en su plato.
—Ella…
—Teniente Yamanaka —interrumpe Hinata—. Agradezco su preocupación pero estoy bien. Creo que si Sakura decidió llevarlo a él es solo para medir sus capacidades, después de todo ya forma parte de su escuadrón —Ino la mira indecisa si en seguir hablando o no hacerlo pues sabe del corazón frágil de la subteniente—. Yo tengo una obligación aquí y en estos momentos es Konohamaru-kun quien más preocupa ahora.
—¿Otra discusión?
—No creo que se haya tratado de una realmente —dice, y es evidente la preocupación en su rostro. Por eso después de haber terminado con Naruto ha pensado que es una buena idea llevarle la cena a su habitación pues seguramente ni si quiera estuvo consciente de la hora que era—. Él lucía…muy alterado en la tarde—hace una pausa—. Y cuando llegó ese chico a la habitación él simplemente se desmayó.
—Tsk. De donde sea que haya venido ese sujeto solo nos ha traído problemas —masculla la Fenrir dejando entrever su molestia—. ¿Y desde cuando a Sakura se le da la de heroína? Trayéndolo como si nada.
—El Canciller no debió aceptarlo —comenta Shikamaru en tono neutro.
—Pfff, ¿enserio? —suelta Suigetsu con gracia irónica—. Es Lotus ¿recuerdas? De existir aún los dinosaurios, y si a ella se le antojara tener a uno como mascota, él simplemente aceptaría su capricho con los ojos cerrados—se deja caer en su asiente, estirando sus piernas al frente y echando la espalda al respaldo de forma vaga—. Está obsesionado con ella.
—Obsesionado es una palabra fuerte.
—Obsesionado es más que adecuado.
—Debo irme —resalta Hinata, encaminándose a la salida. No está realmente de buen ánimo como para seguir pensando en Sakura y en la relación estrecha entre ella y el Canciller.
Despidiéndose desganadamente de ellos le toma poco de cinco minutos estar ya frente a la puerta de la habitación del menor. Duda en sí debería anunciarse antes o simplemente teclear el código en el teclado aledaño a la puerta como siempre pero desconoce si Konohamaru se encuentra dormido. Al final opta por la segunda opción.
La imagen que se le presenta al entrar es triste. Casi tanto como para ponerse a llorar con él, pero resiste.
—¿Konohamaru-kun? —el niño, absorto de todo, levanta la cabeza con lentitud. Está sobre su cama, sentado y con las piernas encogidas mientras se abraza buscando un poco de calor donde no lo hay. Cubierto hasta la cabeza con varias mantas. La luz de su habitación está apagada así que lo único que alumbra es la luz exterior de su ventana. Esa que adora pero que hoy no ha querido retirarle las cortinas—. ¿Estás despierto? —pregunta la joven pues se le hace difícil saberlo con la cantidad de mantas sobre él. La respuesta llega en silencio cuando el niño, al percatarse de ella, se cubre más y gira noventa grados su cuerpo para evitar verla directamente—. Te traje la cena. ¿No tienes hambre?
No hay respuesta.
Esa noche no hay peticiones de cuentos por contar. Ni guerras de almohadas, ni risas ni escalofrío en los pies.
Adentrándose en el silencio se aproxima a dejar la bandeja sobre su cama y aunque inicialmente no pensaba quedarse es inevitable el deseo de querer protegerlo.
—Konohamaru…
—¿Me odia? —Hinata engrandece los ojos, deteniendo su mano antes de que ésta llegue a su cabeza para acariciarla. La voz le ha salido tan rasposa y dolorosa que la de ojos perlas se imagina que se la ha pasado llorando todo este tiempo.
—¿Cómo dices?
—¿La…? —lo oye sonarse la nariz con fuerza—. ¿La señorita Hyuga me odia? —acongojada, se arrima a él, retirando las mantas que le cubren la cabeza para descubrir que, efectivamente, se encuentra llorando.
—Por supuesto que no —suelta con delicadeza terminando de acercar su mano a su rostro. Retirando un par de lágrimas—. ¿Por qué piensas eso si quiera? —Konohamaru aspira con fuerza, aferrando sus manos a la almohada que se encuentra entre sus piernas—. ¿Es por lo de hace unas horas? —el niño no asiente ni emite respuesta pero es claro que es por eso—. Konohamaru-kun. No te odio. Ni estoy molesta.
—¿En verdad? —pregunta el niño, tímido.
—No. Es solo que… —calla, bajando la mirada. Buscando palabras adecuadas para decirle y para expresar, al mismo tiempo, lo que ella siente pero no encuentra ninguna—. No me molesta que Sakura y tú tengan secretos. Los secretos son algo normal ¿sabes?
—¿Y qué pasa cuando el secreto es…demasiado grande? —Hinata se detiene, y está casi segura que ha retenido su aliento también—. ¿Qué si el secreto ya no es tan bueno como uno cree?
—¿A qué te refieres? —silencio—. Los secretos se llaman de esa forma porque son cosas importantes que solo queremos tener para nosotros o compartirlos con una o con un número pequeño de personas. Porque son especiales. Porque son…
—Pero también hay secretos malos —la subteniente respinga—. ¿No es así? —Hinata se queda muda de repente.
No sabe que decir ni como continuar la conversación pues Konohamaru está dejándole ver lo que más temía. Lo que él y Sakura guardan no es un simple secreto tal como si él hubiese mojado la cama un par de veces y le hubiese pedido a ella que no dijera nada.
No. Por supuesto que no. Es algo mucho más complicado.
Mucho más grande.
Mucho más oscuro.
—Konohamaru-kun… ¿Qué éstas…?
—Ayúdeme, señorita Hyuga.
Mucho para ese pequeño cuerpo que ahora se aferra a ella.
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IV
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Alguien los está empujando.
Maravilloso, piensa con ironía.
Debían –si salía de esa con vida- darle un premio por ser tan perceptivo, estúpido y audaz. Sobre todo por estúpido.
"Las cosas nunca resultarán bien si te dejas llevar por el instinto. Primero debes pensar, Sasuke"
—Incluso ahora no dejas de fastidiarme, viejo —rezonga pensando en Kakashi y en sus clases de defensa personal.
Lo de ahora no es una práctica en donde si te equivocas puedes disculparte y repetir. Pero es tan impulsivo que ya no puede dar marcha atrás. Una vez que se ha metido al edificio hace lo que mejor sabe hacer.
Observar.
Rápidamente ubica las escaleras. No va a detenerse a revisar piso por piso pues ha entrado con el propósito de comprobar que está en lo cierto. Los Draugs que habían comenzado a caer del edificio no pintaban a que fuera una casualidad. De hecho lo tuvo bastante claro al ver que alguien los empujaba. Éstos eran seres tan primitivos y violentos pero que carecían de conciencia. Las probabilidades de que, de todos los edificios aledaños, cayeran justamente del que tenían a un lado, era extraña.
Más extraño le resultó a Sasuke que, en su trayecto por las escaleras, no se hubiese topado con ninguno.
Podía escuchar los gruñidos propios de ellos pero con cada piso que recorría todos estos estaban limpios. Había rastros de sangre en todos lados, sí, pero era como si…
—Como si alguien los hubiese movido de lugar —sugirió, inquieto y, hasta cierto punto, temeroso.
Nunca había estado en una situación en la que los Draugs estuviesen tan cerca de él. La más peligrosa había sido hace semanas cuando los hubo enfrentado en el asentamiento cerca de la muralla. Ahora estaba ahí por imbécil, ciertamente. Si bien estaba haciéndose pasar por un soldado, la categoría de serlo le quedaba demasiado grande. Y él estaba consciente de que sus entrenamientos en Rhoda, por más cansados que pudiesen haber sido, no se comparaban a los años de preparación que los hombres de SHINOBI dedicaban para volverse elementos dignos de la fuerza militar.
Y aun así había cometido la estupidez de dejarse llevar por el impulso como si en verdad supiera cual sería el siguiente paso una vez que comprobara que alguien estaba empujando dichos cuerpos hacia ellos.
¿Y si se equivocaba?
¿Y si solo lo había imaginado?
La silla eléctrica seguramente lo esperaría gustosa. O alguna horca o guillotina. O la espada de esa mujer atravesándole las vértebras. Pero definitivamente no esperaba morir a mano de una de esas bestias. No mientras tuviera brazos y piernas con las cuales pelear.
—Siguen cayendo… —susurra para sí mismo, avistando por las ventanas de los pasillo como más Draugs descendían.
Con prisa sube los pisos restantes. Desde afuera había calculado que el piso de donde caían era tres pisos antes que el último. El séptimo.
Al llegar a éste lo ve tan vacío como el resto. Si no habían Draugs en los pasillos ¿de donde estaban cayendo? Los gruñidos y el olor fétido terminan por guiarlo al final de éste donde las paredes dejaban de ser de concreto y se volvían fijos de cristales tan delgados y a la vez tan resistentes dividiendo esa parte del piso. La luz eléctrica estaba deshecha y apenas podía vislumbrar siluetas de muebles debido a la luz de emergencia que parpadeaban incesantes.
—¿Qué demonios…?
A través de los cristales solo se acerca para luego retroceder de manera violenta, no evitando pegar un grito de susto cuando una de esas cosas se hubo estampado en éste. En segundos se le unieron cerca de una docena más. Todos apañándose al cristal de manera hambrienta, queriendo traspasarlo. Sasuke siente que pierde todo rastro de valor en el momento en que se percata de todo.
Del retorcido escenario y del perverso plan de alguien.
Los demás pisos estaban vacíos pues los Draugs no había llegado hasta ahí. Y la sangre tapizando alfombras y paredes no era más que una farsa.
No habían Draugs en ese edificio.
No habían hasta hace, quizá, unos minutos.
No había porque la gente se había refugiado justamente en ese piso. Donde el vidrio parecía ser tan resistente para la contención de cualquier cosa. Entonces voltea la vista a una de las paredes, sintiéndose asfixiado de repente.
El símbolo de SHINOBI labrado en acero reluciente y a la vez opaco por la oscuridad.
—Estas eran las instalaciones fármaco-biológicas de la Zona Sur de SHINOBI —Sasuke pega un salto, asustado, aferrándose a la pared cuando la ve de pie a su lado. El semblante en Sakura no es diferente a lo usual, o quizá así lo juzga por la poca luz con la que puede distinguir sus gestos.
La mirada esmeraldina de la mujer viaja rápidamente y la situación queda un poco clara para ella a medida que más Draugs se conglomeran en el cristal.
—Están… ¿Están experimentando con seres humanos? —la acusación es tan grave como absurda. Sakura lo mira de manera severa como si quisiera coser su boca—. ¡Contéstame! —el timbre de su voz aumenta provocando más revuelvo en las criaturas.
—¿Qué? —la visión de ambos esclarece cuando se percatan de un ruido proveniente del interior del cuarto hermético. Los cuerpos siguen cayendo, y solo hasta ese momento Sasuke no se hubo dado cuenta de que el muro perimetral de esa habitación no son ventanas de piso a techo como uno se esperaba. Tenía antepecho. De caminar los Draugs y caer por sí mismos era necesario que no hubiese uno. De otro modo solo chocarían contra el muro más no tendrían por qué caer.
No quedaba duda.
No cuando una sombra, de entre todas las demás, estaba realizando movimientos que solo una persona consciente haría. No solo caminar de manera impredecible como lo haría un Draug.
—¡Hay una persona ahí!
—¡Apártate de la puerta, ya! —a Sasuke no le toma suficiente tiempo reaccionar así como a ella prever que desde hace unos minutos el peso de los Draugs era demasiado que había terminado por agrietar el cristal.
—¡No va a aguantar! —exclama el azabache, tensándose. Las manos le sudan y un escalofrío le recorre toda la espina dorsal pero consigue sacar fortaleza para mantenerse de pie y desenvainar la espada finalmente.
—¡Guarda esa cosa! ¡Vas a sacarme un ojo!—ataja Sakura, despectiva.
Abrir la puerta no serviría si de todos modos el cristal está por romperse, lo cual será problemático ya que todos los Draugs contenidos ahí caerían en avalancha hacia ellos, aplastándolos. Pero no abrirla implicaba dejar escapar a la supuesta persona que se hallaba dentro.
—¡Sé empuñar una espada, maldita sea! —gruñe Sasuke a lo que Sakura solo le devuelve la mirada, hastiada, antes de agregar.
—¡Cuida tu boca! —suelta, colérica. Es tan desesperante e indisciplinado que tiene ganas de aplastar su cabeza también.
—¡Lotus! ¿Por qué demoras tan…? —las palabras de Kiba quedan atoradas en su garganta al percatarse de la situación una vez que llega a donde se encuentran—. S-son…son demasiados.
—El cristal resistirá —suelta Sakura antes de volver a tener intenciones de abrir la puerta y adentrarse ella sola a esa parte llena de infestados—. Al menos hasta que ustedes dos se larguen de aquí y dejen de entorpecerme la existencia.
—No necesito la protección de nadie si es lo que insinúas —replica el de ojos ónix y Sakura solo rueda los ojos.
—Voy a coser esa boca tuya cuando regresemos a la base y entonces…
La situación se vuelve caótica y Sakura a duras penas alcanza, finalmente, a distinguir a la persona en el interior junto a los Draugs.
Pasan de ésta como si no la notaran y entonces lo/la ve empuñar un arma hacia ellos no con intenciones de que la bala les llegue sino de únicamente darle el último golpe al cristal para que termine de romperse, liberando así a más de una docena de Draugs sobre ellos tres.
—¡Sakura!
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas del autor:
No sé que tan largo me haya quedado pero decidí dejarlo hasta ahí xDDD
¡Actualización en menos de dos semanas! Un hurra por mí. No sé que me dio que este capítulo, a pesar de no tenerlo planeado ni un poco, prácticamente se terminó por escribir solo en cuestión de días. El próximo espero traerlo con la misma rapidez ya que siento que puedo recuperar mi ritmo de nuevo(?)
Sucede que este capítulo trae muchas cosas. Unas cosas que ya sabemos pero dando un paso más, como es la situación de Hinata y sus, finalmente, ideales a relucir. Cómo está haciendo una falta grave a su comunidad por seguir ese instinto que la hace humana y no simplemente ser despiadada como el resto de elementos de su nación. Y cómo Konohamaru parece estar en su límite cuando en realidad nada ha comenzado aún xDD Y de cómo, finalmente, Sasuke se enfrente cara a cara con la hostilidad del mundo dentro de esas murallas.
La adición de más personajes, dígase Neji, Tenten y Lee, ya estaba prevista desde hace tiempo. Aunque si no mal recuerdo alguien en un comentario me preguntó si estos tres específicamente iban a aparecer jajajaja Su presencia será crucial más adelante, incluyendo la de Guy con quien ya nos queda claro que existe un pasado pues es de los pocos Fenrir, como Iruka, que aún existen de la primera generación de Fenrir.
En fin, espero que les haya resultado interesante y que haya avivado más sus dudas(?) xD Mi mente es un caos pero con orden(?) Khé.
¡Nos leemos pronto!
No olviden dejar sus apreciaciones y sus teorías sobre lo que creen que pasará. Me encantaría leerlos, en verdad :)
¡Rooss-out!
