Términología dentro del mundo de Lotus:
· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta o El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada).
· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.
· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.
· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.
· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)
.
.
.
Las personas envejecen.
Eso es algo que la naturaleza se encarga de cobrar con cada hora que avanza en un día.
Envejecen los árboles, las flores, los animales, un reloj suizo, un sillón de caoba, una locomotora.
El mundo también lo hace.
En el cielo, a cada cierto tiempo, las estrellas van muriendo, pero pronto nacen otras que las reemplazan.
Reemplazar.
Las piezas que se oxidan son reemplazadas más su complemento no vuelve a ser el mismo. Cada que Sasuke sueña hay una pieza que le falta. No sabe si es una memoria. No sabe si es un objeto. No sabe si es algo físico o algo sin cuerpo. A diferencia del mundo, él está solo. Sin un compañero con el cual consultar decisiones que quiere tomar. Todos yacen en pares o al menos eso siente cada que observa lo que lo rodea.
El cielo nunca está solo, tampoco la Luna ni el Sol. Siempre tienen a alguien pero al igual que él, todos envejecen.
Excepto esa persona.
Hace tiempo que no la visita, piensa.
Se siente un poco melancólico dentro del sueño pero gracias a su buena memoria puede recordar cada grano que conforma la tierra que yace bajo sus pies. Cada escombro que constituye las ruinas de ese edificio. Cada cabello negro que adorna la cabeza de aquella persona, a la que solo puede ver en sueños. Esos sueños que se guardan solo para él pues nunca tuvo el valor de confesarle a Naruto que habían vuelto porque ¿qué habría cambiado de hacerlo?
Quizá no se habría permitido convencer por él de escabullirse esa noche y no habrían podido atravesar la muralla. Nada hubiese sucedido pues Naruto se habría tomado la confesión de sus sueños como una premonición o un muy mal augurio para no ir.
Y quizá ahora estarían juntos contando chistes alrededor de la leña siendo consumida. Y contarían estrellas como solían hacerlo desde pequeños. Quizá hubiesen envejecido juntos y aunque no hubiesen podido vencer al tiempo, compartirían malas y buenas aventuras. Pero envejecerían. Y todo sería normal. Y él dejaría de soñar. Dejaría de pensar en porque ella no lo hace, y dejaría de buscarle respuesta a ese curioso caso.
—"Ven"
No habla.
No emite sonido.
Pero no hay que ser demasiado astuto para no entender el movimiento de sus labios.
Sasuke no tiene miedo. Ciertamente ese sueño lo ha acompañado desde hace tiempo aunque ahora es la primera vez que irá un poco más allá desde el punto en el que se había quedado tras dejar de soñar hace ya un par de años. Avanza con cautela pues no sabe que se aproximará luego de eso. Es terreno inexplorado pero la criatura de cabello negro tiene una fuerza de gravedad bastante poderosa que lo obliga a continuar.
Dentro del sueño, el escenario luce antiguo, y los ojos de Sasuke son un lente muy envejecido que apenas puede distinguir formas pero ella siempre está cada vez más nítida a pesar de que lo que la rodea parezca borroso. Esa mujer está sobre una meseta de piedra labrada, algo parecido a un antiguo mesón de una capilla. Está recostada e inmóvil, con un brazo extendido y agotado hacia donde él se encuentra de pie, como si de algún modo la escena diera para entender que la posición de su extremidad está justamente así porque quisiera alcanzarlo.
Da dos pasos antes de llegar a ella, y se detiene.
Hay una gran mancha roja cubriendo la tela del vestido que la cubre. Una que se extiende desde su pecho hasta debajo de su vientre. Es demasiada sangre, y de repente Sasuke tiene náuseas. Cierra los ojos, afectado, cubriéndose la nariz y la boca en un intento de ahogar desesperación y así poder despertar. Siente que los pulmones se le contraen y se le hace difícil respirar.
Ya no quiere estar ahí.
Ya no quiere seguir viendo a esa mujer.
Cada vez más pálida y más fría.
La imagen de ella se desdobla, como un dibujo arrugándose. Un par de segundos más y una lamentable sinfonía de gritos le acompañan al sueño volviéndolo una pesadilla.
—"Quiero despertar. Quiero despertar. ¡Quiero despertar!"
Sale de ahí, atravesando un umbral frío y casi deshecho. Pero los gritos no cesan, se siente ahogado y perseguido. El bosque en el que se ha adentrado se distorsiona. La tierra bajo sus pies se agrieta y es cuando piensa que todo ha de acabar. Todo tiene que acabar. Tiene que despertar.
Pero es el llanto de un recién nacido el que le hace detenerse. A él y a todo el cinturón de desgracias y fenómenos también. Un llanto que no ha escuchado jamás. Y ahora está tumbado en el suelo a tan solo metros de donde yace el cuerpo de la mujer por la que siempre ha sentido algo más que curiosidad. Su sonrisa llena de lamento ya no está, ha sido sustituida por un semblante adormecido que eternamente poseerá junto al único color que en su cuerpo va a contrastar en sus recuerdos.
Un rojo que no se parece a ninguna de las amapolas que hay en ese extraño lugar.
Un rojo que escurre de su boca y brota de sus entrañas.
Un rojo que le ha bañado a él, a ella, y a la tercera silueta que ahora hay a un lado de ella.
De grande a pequeña, la tercer silueta, esa que va cubierta por un trapo viejo y negro, se encoje, y la mujer bañara en sangre ahora se encuentra sentada, ofreciendo su regazo como cobijo.
—"No mires a los ojos de un demonio"
Si para poder distinguir los de uno tiene que verlo fijamente, ¿cómo evitar mirarlos entonces?
A medida que esa cosa continúa viéndolo puede distinguir una sensación perversa en el tiempo. Lo que sea que esté abrazando a la mujer no parece mirarlo a él con buenos ojos pues le da la sensación de estar marcando su territorio. Pero Sasuke es de esas personas que, a pesar de tener miedo, no se intimidan.
—Es como un espectro —deduce, más no hay lógica tras sus palabras pues a algo como eso ningún ser humano le ha hallado forma.
—"Ya no queda nada de ese niño"
—"¿Qué niño"?
Sasuke quiere gritar porque las piernas no le responden y el calor lo abruma de repente. Todo está en llamas, y de un momento a otro el espectro está sobre él, bañado en sangre.
Cierra los ojos, resignado, con el último pensamiento de querer despertar.
.
—Lotus —
.
| 13 |
Desacuerdo
.
—¿Sasuke? Sasuke, despierta. Se nos hará tarde, viejo.
—¿Tarde? —murmura, somnoliento—. ¿Tarde para qué?
—¿Cómo que para qué? ¡Para ir a pescar!
—¿Naruto?
—¡Levántate ya, hombre!
—¿Eres Naruto?
—Oye… ¿Me oyes?
—Naru…
—¡Despierta!
Retrocede dos pasos y sujeta con fuerza la empuñadura de su espada, esa que casi nunca usa, por precaución.
En primer lugar no sabe porque ha ido ahí, no sabe por qué consideró si quiera que aquello sería una buena idea pero con Kiba en recuperación y Sakura indispuesta a aparecerse o a escucharla no le quedaba más que re-pensar sus opciones para el cuidado de Konohamaru ese día justamente. Aunque cualquier soldado sería mejor a haber pensado recurrir a él.
—"¿En qué estaba pensando?" —se pregunta Hinata mentalmente, con los ojos alarmantes y el cuerpo tenso viendo al adolorido y espasmódico pseudo soldado volver en sí—. Hey…
Sasuke entrecierra los ojos, agitado y con la garganta seca. El cuerpo le pesa como plomo y casi podría jurar que los músculos le crujen. Al tiempo que le dedica a su mente y a sus ojos adecuarse a la luz del lugar comienza a recordar los sucesos de la noche anterior y de cómo había llegado a la habitación destinada a él. No estaba muy seguro pero el dolor en su cuerpo le aseguraba que no había soñado el escape de las instalaciones de SHINOBI hace unas horas.
Cuando logra erguirse sobre la cama y enfocar su espada rota, lo entiende.
Ha sobrevivido.
A su primera batalla y también a su pesadilla.
—Hey, soldado —insiste la de ojos perla sin apartar la mano de la empuñadura, percatándose de donde recae la mirada del muchacho—. Está rota.
—Eso lo sé —murmura, reacio—. ¿Es una suerte, no? —la de cabellera negra tensa los ojos, y el impulso por imponerse brota desde lo más profundo de su pecho pues si algo ha aprendido de Sakura al estar tantos años a su lado es a mostrarse arrogante y segura cuando debe serlo.
—No alcanzarías a tomar tu espada aunque estuviera es una hoja —Sasuke engrandece un poco los ojos pues lo poco que recuerda de ella es un soldado sereno, y hasta casi sumiso, a diferencia de la mujer que tiene en frente. Y le molesta porque es casi la misma actitud que cierta pelirrosa—. Levántate, no tenemos mucho tiempo.
—¿Tiempo para qué?
—No preguntes y obedece. Tienes un minuto; te espero afuera —Sasuke gruñe por lo bajo, mirando de reojo los trozos de su espada—. Ah, y ni te molestes por eso, si tienes suerte volverás a tener otra cuando ella lo ordene —concluye, saliendo de la habitación.
.
II
.
No sabe muy bien cómo se mide el tiempo en ese lugar pero a medida que avanza por los pasillos y ve ciertos aparatos empotrados en los muros de piedra reconoce que esos números parpadeantes marcan las horas. Le enferma un poco pues asocia toda su torpe inocencia de su edad temprana a las mentiras que siempre tuvo restregadas en su cara, como ese extraño muñequero que hubo encontrado una vez entre las pertenencias de Kakashi, cuando tenía seis años.
—Se llama reloj y marca el tiempo.
En Rhoda la falta de conocimiento sobre la era moderna era algo usual. Sin embargo Kakashi parecía apreciar su pequeño baúl secreto como sus tesoros más valiosos, o un recordatorio de su antigua vida. En él guardaba muchos aparatos que Sasuke descubría con el paso de los años. Al hombre no le quedaba más remedio que alimentar su curiosidad pero con ciertos límites pues de acrecentar su hambre de saber solo ocasionaría volverlo codicioso por un mundo del que buscaba mantenerlo alejado por muchos años.
Un mundo en el que ahora se encuentra solo, y del que es consciente en el que Kakashi vivió.
—¿Nunca habías visto uno? —pregunta Hinata, un poco ansiosa por iniciar una conversación que al menos los lleve a romper ese silencio incómodo durante el paseo por el ascensor—. Un reloj, me refiero.
—De donde soy tal tecnología no es bien vista —la joven se extraña.
—Es solo un reloj. Marca las horas. No veo el peligro en eso.
—Ustedes no ven el peligro en nada —acota, desconfiado. Lo único que sabe de ella es que es un soldado que sirve las órdenes de esa mujer. Lo cual le extraña pues con el poco tiempo de llevar ahí parecía ser un individuo con una personalidad bastante sumisa a ella—. ¿En dónde está?
—¿Perdón?
—Ella. ¿En dónde está? —Hinata frunce el ceño y aunque se le reconoce por ser un soldado solemne y sereno, tal osadía le molesta, más si involucra a Sakura.
—Ella tiene nombre. Y si fuera tú tendría más respeto.
—¿Por qué? ¿Por qué es mi superior?
—Porque de no ser por ella estarías muerto —arrastra las palabras, saliendo primero del elevador—. Te ha salvado la vida dos veces, yo no lo habría hecho ni en la primera oportunidad—se detiene, asustada de lo que ha dicho pero sin lamentarse realmente—. Escucha, aun no entiendo las razones por la que ella te trajo aquí, y mucho menos sé tus verdaderas intenciones dentro de SHINOBI —Sasuke encarna una ceja, divertido.
—¿Mis intenciones? ¿Me crees tan pretencioso como para creer que tengo un motivo para estar aquí?
—Por la manera en la que hablas y la manera en que te rebelas ante cada miembro de aquí, sí, es bastante claro—hace una pausa, tomando aire—. Pero no me importa, para eso estoy yo. Soy leal a Lotus y no voy a permitir que la perjudiques de ningún modo —advierte, molesta.
—Hmp, ¿qué no me has visto el rostro? Es obvio que no puedo ni tocarle un cabello —rezonga, señalándose un par de moretones. Y aunque no sabe porque le ha dado la razón, le molesta el aceptar que en esos momentos entre su fuerza y la de la pelirrosa hay una diferencia bastante notoria.
—Por si lo intentaras —insiste Hinata, moderándose—. Lo que sea que ella haya visto en ti, debo aceptarlo, incluso si no estoy de acuerdo —Sasuke chasquea la lengua.
—De donde vengo eso se llama sumisión —la joven lo mira seria.
—Se llama respeto —suspira—. Es algo que no entenderías.
—Lo único que entiendo es que ella se cree Dios y el resto le teme sin razón —las facciones de Hinata se endurecen justo delante de la puerta que están a punto de atravesar.
—Le temen sin razón…—bisbisea, ocupando sus pestañas con recuerdos de ayeres melancólicos en los que está ella a lado de una Sakura con una de las contadas sonrisas genuinas que ha tenido el placer de presenciar. Sin títulos que las dividieran, ni pasados ni presentes—…del mismo modo que la juzgan sin conocerla —finaliza cortante, otorgándole el derecho de la duda a Sasuke antes de que la siga unos cuantos pasos al interior—. Espera aquí.
Más que sentir pena o arrepentimiento, Sasuke se pregunta cuál es el origen de esa lealtad incondicional. La manera frenética con la que esa mujer se refiere a Lotus es distinta a la del resto de soldados. Supone, en primer lugar, que se debe a que es su subteniente y deben mantener cierta confianza dado el trato directo entre niveles jerárquicos pero es fácil de reconocer cuando ya no es solo lealtad lo que alimenta esa inquebrantable confianza.
Y no puede evitar pensar en la confianza entre él y Kakashi.
De no haber dolido tanto la traición y el peso de su mentira no estarían ahí, sin embargo es todo lo contrario.
Y esa joven parece estar en un nivel de confianza con su superior mucho mayor al que uno espera de un miembro de una fuerza militar.
¿Qué es lo que los une y los hace diferentes al resto?
Si va a salvar a Naruto y a salir de ahí, no lo hará con las manos vacías.
—Soldado, acércate —ordena Hyuga.
La habitación está dividida en dos partes. Una membrana de cristal los separa de los macizos de concreto con la inesperada y exótica flora de un jardín cubierto por paneles termodinámicos capaces de crear la ilusión de un cielo a cualquier hora del día. Algo imposible considerando que se encuentran bajo tierra.
—Me llamo Sasuke.
—Bueno…, Sasuke —el nombrado hace una mueca ante el tono—. Esperarás aquí hasta que venga por ti y por…—la mirada perlada de la soldado se pierde en los monitores del tablero donde sus manos se encuentran—. Solo no toques nada y espera aquí.
—¿Qué hay del otro lado? —Hinata se estremece ante la pregunta—. Del cristal —añade él, curioso por saber porque hay un jardín ahí y porque hay un cristal que le permite ver más no ir más allá de él.
—Eso no te interesa por ahora, solo no se te ocurra si quiera en tocar nada. ¿Entendiste? —no hay respuesta—. Tomaré tu silencio como un "sí entiendo".
—¿Se supone que debo esperar aquí sin hacer absolutamente nada?
—Así es —hace una pausa antes de presionar unos cuantos botones y erguirse para caminar hacia la puerta de salida—. Solo una cosa más. Si él te habla, no le contestes. No cruces palabras con él. No hasta que Lotus o yo regresemos.
La petición suena más a advertencia pero esa diferencia no hace que Sasuke se sienta amenazado ni un poco pero tampoco le dan ánimos de contradecir.
Cuando Hyuga desaparece, no le queda más remedio que obedecer. Como buen ex cazador de su pueblo lo primero que hace es observar. Algo en lo que ha sido bueno desde pequeño a diferencia del impertinente de su amigo rubio. Cámaras en cada esquina del primer bloque, ese donde se encuentra. De acuerdo, un escape no suena a una idea brillante dada esa situación.
A diferencia de las ya conocidas paredes blancas, esa habitación es de bloques de concreto gris, con un acabado airoso que con solo pasar la mano sobre la superficie de una de ellas le recuerda a las rocas erosionadas en la punta de algún risco. Cierra los ojos, y casi puede sentir las sales del mar y también oír el graznido de algún ave cercana.
Puede oler ese olor característico de la hierba húmeda luego de una lluvia torrencial. Y un poco de azafrán. Y tierra húmeda bajo sus botas.
Cuando vuelve a abrir los ojos entiende que el sentimiento de añoranza ha despertado gracias a ese jardín artificial que tiene frente a sus ojos pero al que no puede acceder. Se pregunta qué es lo que hace ahí. Qué es lo que hay en esa área y porque existe en primer lugar.
Los controles en el tablero no le dicen mucho además de que no tiene idea de lo que pasará si toca uno de ellos. Lo más probable es que lance una alarma y en menos de veinte segundos tenga a más de diez elementos de SHINOBI sometiéndolo en el suelo por su desobediencia. Le encantaría sacarlos de quicio una vez más pero tras la noche anterior su cuerpo sigue adolorido. Resignado a esperar apoya su espalda en una de las dos paredes laterales que dan hacia el enorme ventanal y se resbala hasta terminar sentado en el suelo.
Parece tan real, piensa.
Esa sensación de volver a su hogar con solo ver el verde de las plantas y la luz de un sol artificial.
Es casi tan real como sus expediciones en Rhoda. Solo o acompañado pero siempre en libertad. Recorriendo cada día un nuevo tramo no explorado.
Entrecierra los ojos, y sus pestañas se vuelven somnolientas. Finalmente es un poco consciente de lo mucho que extraña el mundo de allá afuera. No el mundo lleno de peligros por el que tuvo que pasar ayer, sino el mundo que podía tocar y sentir. El calor de una fogata. El aullar del aire frío a través de las montañas.
"Sasuke…"
El ayer con un hombre y un niño de seis años entre sus brazos, cubiertos de hojas y lodo.
"Aquí es donde crecerás. Lejos de todo y de todos. En una tierra fértil a la que debes guardar respeto y cariño del mismo modo que a todo ser vivo con el que te encuentres"
"¿Por qué?"
"Por qué la naturaleza es sabia, y un día reclamará lo que es suyo. Si la tratas mal, una desgracia es lo que recibirás. Es lo mismo que con el hombre"
"Pero tú eres un hombre, y no eres malo"
"¿Eso crees?"
"Sí, eso creo. Porque me tienes a mí, y tú estás a mi lado"
—Kakashi…
.
III
.
—¿Y bien?
—Tenemos que hablar.
Aunque Sakura luce entretenida con los adornos sobre el nicho de la habitación de Konohamaru, en realidad espera que el tiempo agote a Hinata y a su insistente idea de meterse en sus asuntos, pero su subordinada es una rebelde nata aunque la imagen que muestra al resto del mundo es la de una inquebrantable obediencia y respeto.
Hinata es esa pequeña pieza de colección en el nicho del menor que se encuentra alejada del resto.
Konohamaru es un niño muy inocente, pero ha sido su propia inocencia la que ha mostrado un lado del ser humano que es un poco aprensivo. O hasta cruel. El de separar a una oveja del rebaño. Aunque la comparativa suene absurda, de entre todas las piezas de colección que se encuentran en el nicho, todas cuidadosamente formadas en una línea, hay una pieza que se mantiene alejada del resto.
Esa pieza que siempre se mantuvo al margen y obediente ahora se ha salido de la fila y ha decidido enfrentarla.
—Eso ya me lo habías dicho —añade, volteando a mirarla—. Lo que no entiendo es porque me has citado aquí.
—Si te citaba en otro lado no habrías venido —Sakura entrecierra los ojos. Ciertamente no estaba errada. No había ido ahí con el propósito de hablar, sin que al tratarse de la habitación de Konohamaru intuía que él se encontraría ahí y podía verlo.
—Hn, bien jugado.
—Verifiqué todas tus salidas, entradas y actividades del día de hoy, asegurándome de que estuvieras libre para esto —la Fenrir emboza una mueca divertida, silbando.
—¿Ahora vas a decirme qué hacer y qué no?
—Soy tu subteniente. Tengo ese poder —la pelirrosa frunce el ceño, borrando de a poco la sonrisa.
—No recuerdo que te agradara mucho ejercer tus derechos como subteniente. Al contrario, me habías dicho que odiabas los títulos —encarna una ceja, esperando acorralarla con sus palabras como siempre ha hecho, más Hinata, en ese momento, parece una persona completamente distinta a la de costumbre.
—Lo odio. Pero en situaciones como ésta es bastante útil.
—Me pregunto a quien le aprendiste lo de ser impertinente —Hinata se azora, casi ofendida.
—¿Es enserio?
—¿Qué cosa?
—¡Lo aprendí de ti, por supuesto! —Sakura exhala con pesadez, sentándose al borde de la cama vacía de Konohamaru.
—Ve al grano, Hinata. Es obvio que no estamos aquí para hablar sobre tu voluble carácter—la joven suspira, tranquilizándose, asintiendo.
—Quiero que hablemos de Konohamaru—Sakura calla, escuchando atentamente como suprime el –kun del nombre del menor. De algún modo le molesta el tono serio y hasta hostil con el que Hinata inicia la conversación hacia el niño—. Dime, Sakura, ¿Qué es ese niño para ti?
—Retíralo —Hinata se azora ante el tono duro con el que le devuelve la pregunta.
—¿Eh?
—Que lo retires —Exige, poniéndose de pie de la cama—. Konohamaru no es un qué, sino un quién ¿O es que acaso toda esta aniquilación de Draugs te ha llevado a pensar que realmente no importa distinguir especies?
—A-ah. Y-yo no lo dije por…
—¿Sabes algo? Estoy cansada. Cansada de todo esto, de que me cuestiones. Cansada de ti, de él, de mí, de…
"¡Estoy cansada de todos! ¡Todos deberían morir de una vez!"
—¿Sakura? —la pelirrosa se sostiene la cabeza, adolorida. Hace tiempo que había dejado de oírla, a esa voz que era muestra de lo que había sido y de lo que quería olvidar, entonces ¿por qué de repente su mente, silenciada por tanto tiempo, de nuevo quiere asociar todo con los sucesos de su presente?
"Si compartes tus secretos la culpa será menos pesada de cargar aunque ciertamente nunca podrás eliminarla por completo, y además mancharás a esa persona con el peso de saber tus pecados"
Del pedestal ahora se encuentra en el suelo. En una sala oscura donde lo único que se distinguía era el resplandor despedido de su propio cuerpo, ese que se va apagando de a poco. La culpa la ha estado hundiendo durante todo este tiempo y no ha sabido lidiar con ella. No ha encontrado una manera en la que no se permita ser simplemente una persona egoísta y comprometer a Hinata a que sepa todo lo que oculta pues, durante todo ese tiempo ha tenido en claro por qué no le ha dicho nada.
No es falta de confianza.
Lo único que ha deseado desde que la conoció es que Hinata nunca supiera esa parte de ella, para que así de esa manera…
—De esa manera…
—¿Sakura?
Pudiera estar siempre a su lado como una amiga.
Y Hinata está tan llena de sentimientos bondadosos hacia ella que a Sakura se le hace inevitable soltar una risa irónica cuando se coloca a su lado, agachándose, en un acto impropio de soldados de su clase, y toma sus manos. Tanto ella como Hinata estarían rompiendo varios códigos de SHINOBI al estar demostrando debilidad y empatía como la de ese momento pero a ninguna le importa.
—Sakura…—respira hondo—. Antes que ser tu subteniente, antes que ser tu subordinada, antes que ser un soldado, soy tu amiga. Y quiero a ese niño tanto como tú, por eso estoy preocupada. Por ti y por él —la Fenrir guarda silencio durante los primeros segundos para luego dejar escapar una risita.
—Yo no dije la palabra querer —la soldado se azora un poco para luego reír un poco, acompañándola en las penas que no le ha dicho.
—Sí, bueno…yo sé que lo haces aunque no me lo digas —Sakura toma un respiro, antes de contestar.
—Así que…amiga ¿huh?
—Soy tu aliada y también soy tu amiga. Sin importar lo que eso conlleve.
—¿A qué te refieres?
—A que es hora que me cuentes todo.
.
IV
.
—¿Durmiendo de nuevo? Hermano, debes re-ordenar tus prioridades.
—¿Naruto?
—Aunque creí que tenías intensiones de buscarme. Supongo que cuando el destino te llama no puedes evitar desviarte un poco.
—Naruto…espera…no te vayas.
—Anda ya. Deja de holgazanear. Tu destino está observando, no lo hagas esperar.
—¡Naruto!
Sobresaltado, su cuerpo deja de convulsionar cuando las pupilas dejan de dilatársele y el aire comienza a enfriar sus pulmones. Se siente ahogado durante los primeros segundos en los que recobra la lucidez y recuerda en donde se encuentra y en las órdenes que le habían dado. Sus ojos buscan rápidamente a su alrededor durante poco tiempo hasta que nota que no está solo.
Ese niño…
Konohamaru lo observa atento, ansioso, y asombrado desde el otro lado del cristal. Con la sorpresa asomándose por sus labios entreabiertos llenos de desconcierto. Sasuke lo mira del mismo modo, aunque recobra un poco de seriedad a medida que se levanta del suelo y retoma su actitud. El niño, sin embargo, no se mueve.
Pensamientos y sentimientos colisionan en su corazón y su mente. No sabe si seguir sintiendo ansiedad y optar por calmarse en vez de escandalizarse por tener a ese soldado justamente delante de él. Lo culpa, de manera inconsciente, como responsable de todas sus dudas y ansiedades, pero más que nada se culpa a sí mismo por ser tan débil de emociones y sentirse afectado por la llegada de ese muchacho.
Quizá si hubiese sido asignado a otro lado, o si su llegada no estuviera relacionada con Sakura, no le importaría.
Y si su miedo a ser reemplazado no fuera tan persistente.
Pero ahora estaba ahí, frente a él. Sin nadie más alrededor. No podía demostrar tal debilidad.
—¿Qué estás haciendo aquí? —aclarándose la garganta, y sintiendo un leve estremecimiento en todo su cuerpo antes de hablarle, se dirige a él. Sasuke frunce el ceño, pensando que le habla a alguien más pero recuerda que solo él se encuentra ahí.
"Si él te habla, no le contestes. No cruces palabras con él"
La advertencia de esa mujer se estaciona rápidamente en su mente como un aviso. No quiere obedecerle pero tampoco tiene interés en ese niño. O eso cree porque a medida que le sigue viendo puede sentir el peso de su mirada. Nada agradable. De hecho recuerda la última vez que lo vio, en esa habitación. O durante el encuentro en la Arena.
Se habían visto más no se habían hablado. Y la última vez Konohamaru estaba atravesando una crisis gracias a él por lo que la mirada que ahora le dedicaba no era muy amistosa.
—"Solo tengo que ignorarlo hasta que alguien llegue" —se dijo a sí mismo, fingiendo mirar hacia otro lado. Konohamaru chasquea los dientes, molesto.
—Oye —Sasuke lo mira de reojo solamente, viendo cómo avanza entre la flora del jardín donde se encuentra hasta quedar cerca del cristal que los separa—. Te estoy hablando.
—"Y yo escuchándote, mocoso" —piensa el mayor, comenzando a fastidiarse.
—La señorita Hyuga te trajo ¿no es cierto? —Sasuke sigue sin responder—. Te dijo que no me hablaras —deduce rápidamente y al mayor le sorprende tal capacidad de hacerlo para la edad que se ve—. Que obediente —el de cabellos negros reacciona ante el tono burlón, ignorando sus intentos por mantenerse callado.
—Y tú, insoportable.
La respuesta le sabe a victoria al niño por lo que no puede evitar sonreír un poco.
—¿Por qué estás aquí? —repite su incógnita inicial, acercándose completamente al cristal.
—Esa es una buena pregunta —Sasuke se incorpora, acercándose también al cristal, tocando la superficie con la palma de su mano—. ¿Tú porque estás ahí dentro? —Konohamaru se azora. En primera, por la pregunta, y en segunda por la manera en que le habla. Tan…familiarmente. No como el resto de soldados que le tratan de mala manera.
Sasuke, por otro lado, no es fanático de los niños a diferencia de Naruto, quien es casi como uno. Aunque tampoco es desentendido a ellos, hay cierta curiosidad, actualmente, hacia todo lo que esté relacionado a Sakura desde el momento en que sus caminos se cruzaron. Entre ellos, la que era su subteniente, con quien ya había cruzado palabras no agradables, y ahora estaba ese chiquillo.
Su curiosidad inicial era justamente el que fuera un niño.
Un niño en SHINOBI.
Un niño que le miró de manera extraña la primera vez que sus ojos se cruzaron entre sí.
Por alguna extraña razón él estaba ahí. Y por alguna extraña razón parecía ser cercano a Lotus. Su superior asignado, para su maldita desgracia.
Las suposiciones eran muchas. Los escenarios también.
¿Quién era ese niño y qué hacía ahí? ¿SHINOBI entrenaba soldados desde edades tempranas? ¿Por qué no había visto a más niños como él, de ser cierto lo anterior? ¿Por qué esa mujer, Lotus, estaba a su cuidado? ¿Y por qué demonios un instinto primitivo parecía querer reaccionar ante alguien a quien jamás había visto?
La mirada de un adulto es pesada, no la de un niño. Excepto la de ese mocoso.
—¿Qué? ¿Te comió la lengua el ratón?
Konohamaru frunce el ceño, molesto y ofendido por el trato.
—No debo hablar con extraños —repone, serio. Sasuke encarna una ceja irónica y divertida.
—Estás haciéndolo, niño —el castaño abre la boca para luego cerrarla, mientras el mayor parece regocijarse por haberle ganado en un juego tan absurdo del que luego se percata con vergüenza—. ¿Y bien? ¿Eres algo así como un súper experimento amenazante?
—¿Súper experimento?
—Sí. Para que te tengan encerrado en ésta horrenda jaula —se separa Sasuke un par de centímetros, inspeccionando los bordes del enorme cristal.
—No es horrenda—defiende Konohamaru.
—Pero sí es una jaula —"Touché", piensa Sasuke al verlo enfadarse más.
—No sabes nada —espeta el niño—. No sabes nada de nosotros y aun así hablas.
—Hn, tú tampoco sabes nada.
—Sé tu nombre —Sasuke se paraliza, regresando la mirada a él.
—¿Qué dijiste?
—Dije que sé tu nombre —el soldado entrecierra los ojos, desconfiado, pegándose nuevamente al cristal hasta rozarlo.
—Mientes.
—Te diré el mío si me dices el tuyo primero.
—¿Es un chiste? ¡Por supuesto que no sabes mi nombre! —Escandaliza el mayor, apartándose una vez más—. No sé ni porqué sigo aquí, oyéndote. Estás mintiendo —asegura, acercándose a la salida.
—La señorita Hyuga seguramente te ordenó que esperaras aquí —advierte Konohamaru, pegándose al cristal con una necesidad extraña. A medida que Sasuke se acerca más a la salida, él desea atravesar las partículas del elemento sólido para poder amarrarlo de los brazos para evitar que se vaya—. ¿No vas a obedecer?
—¿Además de mentir les enseñan a obedecer como marionetas? —gruñe él, lidiando con el mecanismo de la puerta, el cual aparentemente requiere de un código para abrirla. Sasuke se estresa y Konohamaru ve una oportunidad para experimentar con sus miedos y ansiedades—. ¿Cuál es el maldito código de ésta cosa?
—Eso también lo sé —el azabache rueda los ojos, torciendo el cuello solamente para verlo—. Si me sacas de aquí, te lo diré.
—Sí, claro —ironiza volviendo a mirar el tablero electrónico—. Sé tu nombre, sé el código…—repite, arremedando al niño.
—0001MKFG —suelta en voz alta, más Sasuke no voltea hasta después de ingresar los números y letras que le ha dado y ver como la puerta se abre al instante—. Ah, y te llamas Sasuke.
.
V
.
Cuando se convocaba a una reunión, siempre era con anticipación.
El consejo, conformado por los miembros Fenrir, subtenientes, consejeros del Canciller y el Canciller mismo, solían discutir los hechos más recientes y uno que otro plan de actividades para el resto del mes en cada escuadrón. El modelo de defensa contra los Draugs era el mismo desde hace ya varios años, por lo que no había mayores incidentes que reportar respecto al salvaguardo de Konoha. La estructura militar era fuerte del mismo modo que lo eran los Fenrir por lo que las reuniones de ese tipo solo eran para dos cosas: perder el tiempo o discutir sobre que escuadrón dominaba sobre otro.
Sin embargo, Hinata, al igual que el resto de subtenientes, sabían de los recientes hechos durante ese mes.
Hechos que no habían discutido salvo entre ellos, y que creían que no lo harían de manera oficial pues el Canciller presumía siempre de encontrarse ocupado.
Tal vez esperaba a que el orden se estableciera nuevamente desde el rocío de esporas hace ya un mes. Sumado a eso la contención del virus que era parte de las obligaciones de los soldados y finalizando con el suceso de la noche anterior. Hinata sugería que ya habían esperado suficiente tiempo como para seguir pasando por alto el no tomar medidas al respecto.
Lo que no esperaba, ni deseaba, era que fuera justamente hoy, pues sin previo aviso un soldado había interrumpido su conversación con Sakura, informándoles sobre que se solicitaba de la presencia de ambas para una reunión inesperada. Una de la que no tenía conocimiento.
Suspira por cuarta vez durante la sesión, viendo con un poco de estrés las imágenes que Hotaru, subteniente de Utakata, visualiza en el centro de la reunión. Estrés porque sabe que la situación, aunque no sea calificada como peligrosa, advierte que de no tomarse en cuenta, podría tomarlos por sorpresa. Pero más que nada, realmente no encuentra dedicándole la atención debida por una sola razón: Sakura no está presente.
—Aamm… ¿sí? —Hinata desvía su mirada de la puerta en el momento justo para mirar a Hotaru ser interrumpida por Sai.
—No quiero ser indiscreto pero hay algo que me ha estado fastidiando desde que inició esta reunión.
—Tú dirás —se adelanta el Fenrir de la chica, predisponiendo, casi de manera segura, de que se trata de algún comentario venenoso.
—¿En dónde está la Teniente del escuadrón 7? —la de ojos perlados frunce el ceño, entre molesta y nerviosa tras oírlo.
—Sé directo, Sai. ¿Por qué no solo dices su nombre? —comenta Ino, sumándose a la molestia.
—Ciertamente me desconcierta un poco —interviene el tío del pelinegro, haciendo al silencio detrás de él—. Subteniente Hyuga.
—¿Sí, Canciller?
—¿En dónde está ella?
—Umm… —Hinata balbucea, nerviosa, sin saber qué responder realmente. Sintiendo todas las miradas encima de sí misma y sobre la silla frente a ella que se encuentra vacía. ¿En qué momento la perdió de vista?
Luego de informarles sobre la reunión, Sakura había sido la primera en salir de la habitación de Konohamaru, quizá con la intención de quitarse la presión de continuar con su conversación. Si existía momento más inoportuno para interrumpirlas, había sido ese. Hinata esperaba, al menos, encontrarla de nuevo al llegar a la sala de reuniones pero la pelirrosa siempre desafiaba sus expectativas.
—¿Umm? —repite el hombre, ansioso. A su lado, su sobrino no hace más que regocijarse de la situación.
—Pierdes tu tiempo preguntando, tío. Es obvio que no va a venir.
—De hecho ya estoy aquí —la sonrisa de Sai se borra de inmediato al encontrarla de pie, atravesando la puerta y dirigiéndose a Hinata—. Así que si fuera tú mantendría tu lengua filosa dentro de la boca —añade corriendo la silla y sentándose con rapidez. Hinata es quien se apresura a hablarle.
—¿En dónde estabas?
—Pensando —responde cortante, sin verla, dejando un ambiente pesado entre ellas.
—Discutieron de nuevo —deduce Ino, a su lado. Shikamaru Nara solo rueda los ojos de pie detrás de la silla de su superior, cansado de la palabrería.
—¿Qué eres? ¿Nuestro terapeuta?
—¡Silencio! —ambas Fenrir callan de inmediato mientras que Hinata y el resto de subtenientes se enderezan nuevamente—. Son figuras de autoridad, no miembros de un circo. Compórtense como lo que son —silencio—. Señorita Hotaru, si es tan amable de continuar para dar fin a esta reunión de una buena vez, se lo agradeceré. Me imagino que todos tienen obligaciones que rendir.
—A-ah, umm…sí. Claro —la joven asiente, nerviosa. Acostumbrada a la jovialidad de Utakata, tratar ahora con alguien tan serio como el Canciller podía ocasionar que cualquiera de su rango temblara un poco—. Como decía, umm, la falla eléctrica de la muralla ha sido evaluada durante una semana luego del incidente de hace un mes. Nuestros especialistas en el área hicieron simulaciones dándonos distintos panoramas de lo que pudo haber pasado para que toda la energía eléctrica se destituyera ese día —hace una pausa, pasando a una imágenes desde su tableta al mismo tiempo que lo hace en el centro de la enorme mesa—. Hay tres posibles causas por las que puede existir una falla en el sistema eléctrico. La primera: Sobrecarga. Es posible que se hayan añadido cargas que no estaban previstas para que el sistema les pudiera suministrar corriente. La segunda: un corto-circuito. La baja resistencia de las líneas de alimentación pudo provocar que la corriente aumentara, creando el corto circuito. Y la tercera: Una pérdida de aislamiento. Los cables que suministran la energía eléctrica, con el tiempo se envejecen y se desgastan, por lo que quedan expuestos a una descarga eléctrica segura, lo que ocasionaría que se sobrecalentara y se quemaran los cables.
—Y…de las tres posibles causas, ¿cuál de todas arrojó las simulaciones que se hicieron? —cuestiona Yagura.
Hotaru se muerde el labio antes de responder.
—Las tres —Fu es la primera en atragantarse y la única, en mostrar su asombro sin discreción.
—¿Cómo? —suelta la Fenrir peli verde entre risas nerviosas—. ¿E-Eso es posible?
Danzou, quien se ha mantenido serio, endurece la mirada esperando una explicación mientras se permite dirigir su mirada a la joven subteniente.
—Los simuladores indicaron que la sobrecarga fue enviada directamente desde una de las subestaciones que hay en la ciudad. Es decir, no fue algo accidental. El corto-circuito ocurrió porque la resistencia de las líneas de alimentación bajó.
—¿Cómo bajaron? —pregunta esta vez Iruka, quien también se había mantenido en completo silencio desde que había comenzado la sesión.
—Las resistencias pueden ser manipuladas por alguien que sepa del tema —informa Yugito, seria.
—¿Y la pérdida de aislamiento? —Ino es quien pregunta esta vez.
—A lo largo de la muralla hay tableros manuales desde donde se pueden manipular los cables que distribuyen las cargas. Cada semana son revisados, y a su vez reemplazados cuando alguno muestra desgaste —comenta la subteniente de cabello castaño.
—E-Entonces eso fue accidental —la voz de Fuu tiembla mientras habla—. Los cables se desgastaron y los circuitos se sobrecalentaron.
—Ese sería el pensamiento lógico —Sakura solo cierra los ojos cuando la voz de Hinata se filtra detrás de ella.
—¿A qué te refieres, Hinata? —la cuestiona Ino, quien a su vez voltea a ver a Shikamaru a sus espaldas, más serio que de costumbre. Como si él ya hubiese deducido la razón desde hace varios minutos atrás.
Hyuga y la subteniente de Utakata se miran por breves segundos y parecen compartir información y atinar sus sospechas sin necesidad de hablarse.
—¿Quieren dejar el maldito misterio para después? —vocifera Sai—. Esto no es un examen de física.
—Pedí los registros de los últimas veces que se le dio mantenimiento a los tableros y al cableado eléctrico en general durante éste mes —sus dedos se mueven rápidamente por la tableta, proyectando las mismas gráficas en el panel electrónico del centro—. Los recuadros en rojo son los días de cada mes en que se revisaron —agrandó la pantalla, enfocando el último día.
—¿Y qué indica ese día exactamente?
—Hubieron reportes de que se solicitó el cambio de cables gastados ese día.
—¿Y?
—Es el mismo día que llovieron las esporas —revela Sakura, ahorrándoles el esfuerzo de pensar. Y pareciera que ha citado algún tipo de maldición o hechizo que los hela a todos.
—Espera —Pakura, la Fenrir restante, del escuadrón 9, alza la voz—. ¿No acabas de decir que los días de mantenimiento los cables viejos se reemplazan por nuevos para evitar las sobrecargas? —Hotaru asiente antes de proseguir.
—El inventario de ese día sí tiene registro de la cantidad de metros que se solicitó para hacer el cambio por los cables desgastados. Coincide con la cifra de esos mismos cables. No es que haya faltado para completar el reemplazo de algunos.
—¿Y qué demonios significa eso? —pregunta exaltado Sai, corriendo la silla para ponerse de pie.
—¿Qué no es bastante obvio? —interrumpe Sakura, pasando de mirarlo a él a mirar a todos—. No se reemplazaron.
—Pe-pero…¿por qué? —la voz de Fu tiembla—. ¿No tenían una orden?
—La tenían —interviene Hotaru, cambiando una imagen y ampliándola—. Esto fue extraído de una de las cámaras de seguridad —La cinta muestra a un hombre realizando el cambio del cableado en uno de los muchos tableros resguardados en los faldones de la muralla. Nada parece extraño hasta que termina la cinta y la imagen se congela.
—¿Qué? ¿Qué sucedió? —Sai se altera, comenzando a caminar hacia el centro de la mesa—. ¿Por qué se detuvo la cinta?
—La congelaron desde una de las subestaciones —El Canciller se levanta de su asiento esta vez, tenso tras escuchar la respuesta de la chica.
—Señorita Hotaru, ¿acaso está insinuando que existe la posibilidad de que alguien haya podido acceder a la red eléctrica de la muralla desde los controladores?
—No solo de la muralla —Sakura rueda los ojos, divertida, oyendo a Sasori hablar finalmente durante todo ese rato—. ¿Acaso no se fue en toda la ciudad?
—Vaya. Excelente aportación —ironiza la pelirrosa, recibiendo una mirada bastante amenazante por parte del Fenrir de cabello rojo.
—Señorita Hotaru, explíquese. Estoy comenzando a perder la paciencia —insiste Danzo, ignorando los roces alzados entre aquellos dos.
—Todos los controladores tienen una opción de conectarse en remoto a la red eléctrica. Si esto se produce, alguien podría acceder a cualquiera de las subestaciones eléctricas y dejar sin luz a toda una ciudad —Shikamaru alza la mano para hablar—. ¿Sí?
—¿Qué hay de los sistemas de respaldo?
—Si bien hay generadores alimentados por un depósito, no se creyó conveniente sospechar de que alguno hubiese sido dañado los días siguientes al apagón. Se…—traga grueso—. Se creyó que solo había sido un accidente por lo que no se realizó una inspección urgente a los generadores hasta varios días después.
—¿Y por qué demonios no consideraron la posibilidad de que…—Sai calla de pronto, notando como su tío lo ve con fiereza.
—Pensar en la existencia de un traidor dentro de nuestras filas es…
—Ridículo —el resto calla, y las paredes parecen frágiles membranas que hacen rebotar la voz barítona de Danzou, penetrando profundamente cada oído como si fuera un encantamiento para evitar que alguno se moviera o intentara hacerlo—. Es ridículo, cariño —insiste, dirigiéndose a la soldado.
—Pe…pero señor…aún hay más —un toque de dedos y las siguientes pruebas se visualizan al frente—. La sobrecarga…también pudo haber provenir desde la subestación —las gráficas se proyectan con más nitidez—. El aumento de carga vino directo de las subestaciones, y la baja resistencia también puede ser modificada desde los controladores.
—Así que por eso las tres causas dieron positivo en las simulaciones, ¿verdad?
—Así es, Teniente Yamanaka.
—Por favor.
—Aquí vamos. Sai debió ponerle un bozal a esa antes de dejarla entrar a la reunión —suelta despectiva Sakura, sucediendo al comentario de Karin, recién recordando que el subteniente de cada Fenrir también estaba presente—. Debió traer al bueno para nada de Suigetsu, al menos él sí se mantiene callado.
—Sakura, basta —reprende Hinata, obteniendo una mirada de recelo por parte de la pelirrosa.
—Si me permiten…—Shikamaru mira a su Fenrir, recibiendo una mirada aprobatoria para que continúe hablando—. La mejor estrategia para un ataque eléctrico así sería el hackear primero un suministro eléctrico pequeño y a partir de ahí crear un apagón mayor.
—Acaso sugiere, subteniente Nara, ¿Qué ya han sucedido apagones pequeños antes? —cuestiona el Canciller, serio.
El joven castaño comparte miradas con Hotaru, esperando que la chica haya usado la misma lógica para descargar, al menos, los datos de pequeñas fallas eléctricas antecedentes al gran apagón.
—Aquí lo tengo —la imagen se proyecta—. Durante los seis meses anteriores se registraron pequeños fallos y apagones temporales en algunos sectores. Suburbios, locales comerciales, calles…
—Entonces —Shikamaru retoma la palabra— con esto prueban que ya había existido un ataque intencionado antes.
—¿Cómo para qué?
—Quizá para demostrar que pueden acceder a nuestra red. Probar que sí se puede sin sembrar el caos. Aún.
La sala de reuniones se sume en silencio luego de eso, a excepción de Sai, quien parece más interesado en escrudiñar a Nara, con intenciones igual de venenosas sobre los recientes hechos y cualquier comentario antecesor que pudiese dejarle una brecha a sospechar de él.
—Vaya, chico Nara, piensas como si tuvieras demasiada experiencia en ataques así —Ino le mira con desaprobación, interviniendo rápidamente.
—Cuida tu lengua, Sai.
—Soy un estratega, Teniente Shimura. Mi deber es trabajar mi mente como la de cualquier criminal. Es un método lógico —Shikamaru termina por mirar a Karin, reluciendo sus no intencionadas, pero si provocadas, intenciones por demostrarse superior—. Pero gracias por prestarme atención. Podría sugerir exigirle un poco más a su subteniente para que pueda otorgarle un resultado tan brillante como el mío —Sakura y Yagura son los primeros en reír intencionalmente, provocando a la pelirroja quien es detenida en su intento por refutar por su propio Fenrir.
—Si tu perro vuelve a hablarme así, Ino, le voy a cortar la cabeza —amenaza, volviendo a su sitio.
—Me encantaría que lo intentaras.
—Ya tuve suficiente de esto —Danzou se dirige a Hotaru—. Quiero el reporte en mi oficina. El reporte real.
—¿Real, Canciller?
—Esto, jovencita, son habladurías —la mujer tiembla—. Una falla es una falla.
—Con todo respeto, Canciller, la evidencia es más que clara para pensar que fue un ataque intencionado y…—Utakata se ve interrumpido por el hombre.
—¿Evidencia? —Haciéndose de la tableta que Hotaru sostiene en sus manos, borra la información de manera inhóspita y alarmante, asombrando a la multitud—. ¿Cuál evidencia, Teniente Utakata? —ironiza. Utakata solo calla, sosteniéndole la mirada a su subteniente, quien es más frágil que él. Por su parte, Sakura permanece a la expectativa. Suficientemente opuesta a la reacción que esperaba el Canciller de ella—. ¿Sucede algo, querido Loto? —ojos sobre ella, ansiedad oculta.
—No, mi señor —responde tardía. Lo ha meditado antes de responder pues le ha pesado disipar rápidamente pensamientos en contra de su gobernante. La reacción que ella esperaba de él tampoco es la pronosticada. De hecho, es todo lo contrario. Y Sakura se siente atada y a la vez enfurecida por ello pero su deber es callar pues esos pensamientos son como una enfermedad que avanza y destruye su juramento por servir a ese hombre.
Juramento sellado con sangre, lágrimas, mugre y algo dorado.
—Es bueno saberlo —Danzou suaviza la voz. Sátira y llena de tonos de hipocresía—. Subteniente Hotaru, espero el reporte en mi oficina, y una contramedida de seguridad para que lo que sucedió no vuelva a suceder. ¿Entendido? —la chica asiente, cohibida—. Maravilloso —hace una pausa, satisfecho con el silencio y la autoridad con la que todos permanecen observando solamente—. Regresen a sus labores —finaliza, saliendo de la sala, al mismo tiempo que las luces se encienden y la visualización de imágenes también desaparece.
Durante los primeros segundos que transcurren luego de la salida del Canciller, nadie habla. Los subtenientes, a lo mucho, deben permanecer callados hasta que sus superiores decidan ponerse de pie y ordenarles algo. Entre los Fenrir, solo algunos se miran entre sí, esperando quizá a que alguien lance algún comentario sobre lo que acaba de pasar.
Y Hinata no puede quitarle los ojos de encima a Sakura y esa extraña expresión de insatisfacción en el rostro. Tanto como si estuviera reteniendo emociones negativas.
—Eso fue bastante raro —contra todo pronóstico el primero en hablar es Deidara, ganándose una mirada cortante por su Fenrir—. ¿Qué? Solo digo lo que fue.
—No pedimos tu opinión —añade el de cabello rojo.
—¿Qué piensas tú? —cuestiona Ino, alimentando la conversación, mirando a todos alternadamente—. ¿Qué piensan todos de esto?
—Pensemos lo que pensemos, Teniente Yamanaka, no cambiaría alguna decisión, ¿o sí? —contesta Yugito, poniéndose de pie—. Solo cumplamos con nuestro deber y ya.
—Nuestro deber es mantener a esta ciudad a salvo, junto a sus ciudadanos. Por supuesto que nuestro deber también incluye aceptar este tipo de situaciones y hacer algo y…
—Eso suena bastante heroico, pero un héroe sigue con libertad la lealtad frágil de su corazón. Nosotros seguimos órdenes de alguien. No somos héroes —su discurso finaliza saliendo del lugar. Iruka, guiado por sus emociones pero también por su mente, solo se pone de pie en silencio, caminando hacia la salida también.
—¿Iruka-san? —lo llama Ino, atónita ante la sumisión de su semblante y caminar, más el hombre solo le dedica una sonrisa débil antes de salir. Pakura, sin nada que añadir, también se retira en silencio, y a los pocos minutos Sai también lo hace, seguido de Karin. Yamanaka solo suelta un gruñido desesperante—. ¿Es que nadie piensa hacer nada? ¿Opinar al menos?
—No es una mesa de debate —opina Sasori desde su lugar. Ino decide ignorarlo reparando en el único miembro de Fenrir al que no había oído hablar durante toda la sesión.
—¿Tú no dirás nada, Kisame?
—Oh, no, no, no. Estoy muy entretenido viendo cómo se destruyen entre sí. Continúen —comenta, divertido.
—Si al Canciller no le importa, a mi podría importarme mucho menos —agrega Sasori, poniéndose de pie para seguir la lista en Fenrir por salir de ahí, pero se detiene justo al pasar por lado de Sakura—. Yo me interesaría más por los secretos compartidos entre él y su preciosa arma letal. Quizá sepa algo que nosotros no —la de ojos esmeraldinos le mira de soslayo, ladeando una mueca.
—Gracias por lo de preciosa —Sasori no la oye al salir—. Imbécil.
—¿Tu encantador carácter es algún tipo de seductor afrodisiaco, Lotus? —inquiere divertido, Yagura —. Primero el sobrino del Canciller, y ahora el antipático de Sasori.
—No olvidemos al muchachito nuevo —agrega Kisame refiriéndose a Sasuke, integrándose ahora que la conversación se ha tornado divertida para él—. Por cierto… ¿en dónde está él ahora? —y no es sino hasta que lo mencionan que Hinata se percata de todo el tiempo que han perdido estando ahí.
—Oh, diablos…—emite, entre nerviosa, ansiosa y preocupada recordando en donde había dejado a aquél soldado y con quién exactamente.
Y Sakura solo le basta mirar a la chica a sus espaldas para entender rápidamente porque se muestra tan alterada.
—No es cierto —gruñe, incrédula a la irresponsabilidad de su subteniente, saliendo de prisa de la sala de reuniones seguida por ella.
Sasuke y Konohamaru están juntos.
.
.
(Continuará...)
A favor de la campaña "Con voz y voto". Porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
-soyunaSasoSakudeclósetlosientochau-
No sé cuanto he tardado esta vez pero ha sido menos de lo esperado(?) Wiiii.
La mitad de este capítulo me lo escribí de una sentada. La otra mitad donde caía(?). Tuve que investigar un poquito especialmente en la última parte ya que quería traerles datos que fueran acertados. Si bien lo del "apagón de la muralla" no es un tema por el realmente esperan saber, quiero hacer que realmente se sienta la incógnita sobre dicho tema. Tenía nociones sobre este tipo de ciber ataques pero mejor me tomé mi tiempo para investigar y traer una "discusión" creíble en la historia, sin importar que sea un fanfic jajaja ya saben. Me gusta hacer las cosas bien y entregarles capítulos, además de sustanciosos (porque me esperan bastante, y se los agradezco) , creíbles y bien hechos.
Otro dato nuevo es Pakura. Sí, su aparición no es la gran cosa pero es la intención. Personalmente, ese personaje me encanta a pesar de que tuvimos muy poco de ella en unos capítulos de relleno.
Otra cosa que realmente ansiaba escribir era el encuentro "formal", por así decirlo, entre Sasuke y Konohamaru. Y mostrar, además, que a pesar de no darse cuenta ellos mismos, son parecidos y recelosos uno con el otro.
Y bueno, el Canciller...¿opiniones? -muerde una galleta-
En fin, espero no demorarme tanto para el próximo. Me alegra muchísimo la aceptación de la historia tanto aquí como en Wattpad. He recibido muchos mensajes privados con felicitaciones a la historia. En verdad me anima muchísimo que les cause bastantes inquietudes la trama en sí, además de que se trata de nuestra ship.
Sin más, me despido! Gracias por apoyar la historia y por seguir comentando! Espero seguir teniendo el placer de leerles :)
Nos vemos!
Rooss-out!
