.

.


XIV

Inestable

.


.

Sasuke no sabe cómo definir el ambiente.

Nunca ha sido bueno con los niños.

De hecho era más probable que tuviese más suerte con las mascotas aunque tampoco corría con esa posibilidad estando a tantos metros bajo tierra. En el tiempo que lleva ahí ha aprendido a controlar esos pequeños episodios de pánico. Sasuke los odia, los lugares cerrados y poco ventilados pues durante toda su vida había sido totalmente libre en algún sentido estando en Rhoda.

Pasar en cuestión de horas a convertirse en uno más de esos cuerpos vivientes de sangre fría y vestidos de blanco le parece una creencia absurda. Él volviéndose un soldado de SHINOBI. Pero cada vez que lo recordaba, la imagen de Naruto venía a su mente. No estaba de vacaciones ni mucho menos de manera voluntaria aunque su instinto realmente le llevaba a considerar que si se encontraba ahí podría sacar algo de provecho para, en un futuro, acabar con ese núcleo que era la policía militar.

Su lealtad estaba en sus ideales, y éstos le decían que SHINOBI solo era el disfraz de una dictadura o de algún grupo corrupto.

Y pensar en eso lo llevaba a mirar al niño que estaba a su lado en esos momentos.

Desde la primera vez que lo había visto le causó demasiada curiosidad. ¿Qué hacía ahí en primer lugar? Siendo SHINOBI una fuerza militar, debía estar fuera del alcance de los civiles, mucho más de un niño. Definitivamente una base militar no era lugar para alguien de su complexión y apariencia. Pero Sasuke no es de las personas que mantengan la duda mucho tiempo, aunque tampoco compite con la inoportunidad y el descaro con la que Naruto obtendría información.

—¿Eres algo así como el hermano de ella?

Konohamaru se percatada de dos cosas importantes cuando finalmente le oye hablar luego de tanto silencio en el trayecto.

Es un idiota.

y es un idiota.

No. Enserio. Enserio es un idiota.

Por la manera en que no tiene cuidado en hablarle, tanto que pareciera que son conocidos de varios ayeres, y sin tener consideración si quiera de que, por más que le ha demostrado su descontento con tenerlo cerca, no quiere hablar con él. Y por supuesto, es un idiota por referirse a Sakura con tal camaradería cuando era no era más que él.

Aquél pensamiento lo estremece, y le asquea. Es esa clase de pensamiento que el resto de soldados tiene hacia él. Cuando lo miran despreciándolo e inconformes con tener que aceptar que Sakura se haga cargo de él. Las miradas desdeñosas de la mayoría de los soldados hacia Konohamaru suelen ser así. De superior a inferior. De soldado a un pobre diablo.

El comentario de Sasuke realmente no ha sido intencionado, o quizá un poco. Le interesaba saber el tipo de gente con la que relacionaba Lotus para poder trabajar en ganar algo de confianza. De Hinata Hyuga sabía poco, lo básico. Principalmente, lo odiaba. Tremenda buena suerte.

Y ahora su atención estaba en ese niño. Dudaba realmente que fuera familiar suyo pues de parentesco no tenían nada, quizá, salvo, ese horrendo mal humor. Las expresiones de Sakura parecían haber sido sumamente estudiadas para que ese niño pudiese imitarlas casi a la perfección. Y también dudaba que fuera, en el peor de los casos, su hijo. La imagen mental de que esa fuera cierto hizo que tensara los músculos y cerrara un poco los puños, aunque inconscientemente.

Y para Konohamaru era un mundo distinto de pensamientos. ¿Por qué lo estaba siguiendo? ¿Qué le había llevado a romper como doscientas reglas de obediencia al proporcionarle códigos a ese tipo para abrir su transparente jaula y salir caminando a su lado como buen sabueso? Lo odiaba ¿no es así? Porque Sakura lo había llevado ahí, donde estaba él, para…

Mientras él frunce el ceño fuertemente Sasuke se cuestiona sobre qué tipo de problemas podría tener alguien de ese tamaño.

—¿No vas a responder? —Sasuke pregunta directamente.

—No tengo porque hacerlo —el mayor le imita, molestándose—. No debería estar siguiéndote. No debería haberte dejado salir.

—Técnicamente el encerrado no era yo —Konohamaru le mira, frunciendo la nariz ante el ataque. Sasuke no se inmuta, le parece bastante interesante el comportamiento de ese niño.

—¡No estaba encerrado! —refuta, fastidiado. Un par de soldados que pasaron a su lado se detuvieron a mirarlo, y Konohamaru se maldijo. No por la manera insignificante con la que los veían, sino que mientras más alboroto hiciera, varios notarían el hecho de que estaban juntos y ciertamente le sorprendía que aún no le hubiesen reportado a la señorita Hyuga o a Sakura sobre lo que estaban haciendo.

Sasuke se percata de eso. De la manera en que el menor calla cuando siente la mirada de los mayores en él, como si no quisiera que lo notaran.

—¿Qué miran? —Sasuke es lo suficientemente tajante y severo como ellos en mirar a otro lado rápidamente.

Y Konohamaru modifica un poco su pensamiento sobre él.

Es un idiota al cubo.

Y él mismo se contagia de un poco. Porque eso ha sido demasiado genial, piensa. El hecho de haber ahuyentado a esos dos soldados con tan solo abrir la boca, como si los hubiese intimidado. Piensa que ha sido genial, tanto que se permite romper un código más y sentir una leve admiración por aquél comportamiento osado y rebelde. Casi ha sonado como un hermano mayor, y es ahí donde se ve vulnerable aunque a la vez capaz de sentir algo por alguien a quien no conoce.

—No pareces caerle muy bien a la gente de aquí, niño.

—Lo mismo te digo a ti —se limita a responder, ocultando una mueca divertida al doblar por un pasillo, pues es probable que de todas las personas ahí no haya tenido un tipo de conversación similar, en la que puede expresar algo más que solo lealtad y obediencia, con alguien más. Con Sakura todo es con cautela. Con la señorita Hyuga todo es amabilidad.

Con éste chico…

—Soy Konohamaru, por cierto.

—Hn, mucho gusto, mocoso.

…hay familiaridad.

—Entonces… ¿eres su hijo?

Konohamaru suelta una risa, de esas que no se fingen, ante la insistente curiosidad.

No lo siente ni se percata de ello pero en los minutos que secundan el momento, se ve envuelto en un ambiente de camaradería natural. Intercambiar palabras con ese muchacho es muy diferente que hacerlo con Sakura o la señorita Hyuga. Sasuke es osado, sin pelos en la lengua, sarcástico y malhumorado, un poco parecido a él.

—¿Tú por qué estás aquí?

—¿Eh?

—Vamos. Eres el único que pregunta, ahora me toca a mí.

Sasuke se sorprende un poco al principio pues hace un par de minutos atrás imaginaba que aquél niño no lo bajaba de idiota. Ahora luce un tanto interesado en él. Y no es como que le interese hablar sobre sí mismo pero entiende perfectamente que todo aquél que esté relacionado con SHINOBI no puede ser 100% leal, incluso si se trata de un niño como él. Nada le asegura que lo que le conteste, él lo use a su conveniencia, al fin de cuentas es alguien cercano a esa mujer, a Lotus. Debe ser precavido pero astuto al mismo tiempo pues puede ser de gran ayuda la información que Konohamaru pueda proporcionarle de manera inconsciente, y si ha de ganar su confianza para lograrlo, está dispuesto.

—Busco a alguien.

—¿Alguien?

Realmente no ha mentido en eso pero si sus sospechas sobre creer que Naruto está en algún lugar de esa enorme base subterránea llega a ser cierta, la información que ese niño le de puede ser fundamental.

—Sí. Un…—carraspea pues no sabe hasta qué punto de la verdad contar—. Un viejo conocido.

—¿Y piensas que en SHINOBI lo vas a encontrar? —Sasuke ríe ante la interrogante pero más que nada por la reacción tan adulta del menor.

—Si creyera eso ¿crees que estas marcas habrían sido parte de mi plan? —le enseña su cuello y sus brazos. Konohamaru no necesita ver más para entender que Sakura es quien le ha dejado tales heridas pues recuerda el trato que le dio desde que puso un pie en ese lugar—. Es ruda —el de ojos cafés le mira, curioso—. Esa mujer.

—No…—tose, nervioso. ¿Qué tanto está dispuesto a contarle a un extraño? Si bien Sasuke ya figura como un dígito más en SHINOBI, reconoce que aún está a prueba. Konohamaru tiene en claro su posición en el Cuartel. No quiere tener que intercambiar secretos o información a alguien a quien apenas conoce, y a quien originalmente pseudo detesta. Porque ver a ese soldado es como verse a sí mismo solo que en una versión más adulta—. No siempre es así.

—¿Ah no? —el menor niega precipitadamente, reanudando la caminata. Sasuke se apresura a alcanzarlo—. ¿Qué? ¿Me vas a decir que esa mujer tiene una particular obsesión por cuidar niños pequeños?

—¡No soy un niño pequeño! —Sasuke se sobresalta pues no esperaba una reacción así, y más que nada lo hace porque la mirada de ese niño no se ve como la de alguien limpio de haber vivido infiernos. Esa podría ser una razón, piensa, para que Lotus lo tenga ahí—. Ella odia a los débiles, y yo no soy débil.

—Yo no dije que lo fueras —el menor lo mira, desconfiado—. Seamos sinceros, no he visto a otro niño como tú desde que llegué a este lugar. ¿No es eso extraño? —Konohamaru se apresura a desviar la conversación.

—Ella tiene sus razones —contesta, monocorde, deseando llegar a su destino rápidamente para así dejar de hablar.

—¿Y cuáles son? Si no es nada tuyo ¿entonces qué eres?

¿Qué era para Sakura?

Involuntariamente aprieta los puños pues a pesar de recordarse sobre no sentir demasiado afecto por ella, no puede evitarlo. No puede evitar que ese sentimiento crezca a pesar de que lo tiene claro. Que solo es un usuario portador de eso que Sakura tanto cuida. No es que él sea necesario, ella puede encontrar a otro candidato pronto. Inevitablemente dirige sus ojos hacia él. La razón por la que sean tan parecidos ¿es acaso porque Sakura en verdad piensa deshacerse de él?

Sasuke no luce como alguien que sepa sobre el destino que le espera. Konohamaru tampoco lo sabía a su edad temprana, pero ha sido el trato que Sakura le ha dado lo que le ha hecho sentirse con el derecho de sentirse único merecedor de estar a su lado. Y hasta hace poco, cuando Sakura veló su sueño durante varias pesadillas, creyó que lo que existía entre ellos podría traspasar la línea entre su objetivo y su corazón.

Corazón.

Cuando se lleva una mano encima del pecho, Sasuke se siente más ansioso sin razón.

—¿Qué suce…?

—Llegamos. ¿No es aquí donde me pediste que te trajera? —luego de la respuesta cortante, Sasuke se detiene a mirar alrededor. Ese enorme comedor, lo recuerda. Fue uno de los primeros lugares que Kiba le mostró cuando le dio un recorrido por las instalaciones. Sabía que había tres comedores distribuidos en la base, y al ser monumentalmente enorme, cada uno estaba en un sector distinto—. Ya está, a partir de aquí te cuidas solo —con intenciones de dar media vuelta e irse, Sasuke lo detiene al hablar.

—¿Es así como lo has hecho tú todo éste tiempo? —Konohamaru respinga, volteando a verlo—. Cuidarte solo.

Fingir que no le afecta es lamentable, tan lamentable como sus labios apretados y ese sentir insoportable que aprieta su pecho. Maldice por lo bajo. No debería sentir lástima de sí mismo pero las palabras de ese soldado son tan acertadas como una flecha incrustado en el centro de un tablero por el más habilidoso arquero.

"El corazón reacciona a los impulsos de su portador. Se malgastará si sientes tristeza o dolor"

Ese corazón… ¿no puede ser suyo? ¿No puede ganárselo de alguna manera?

Ese corazón…

—¡Hey, ustedes dos! ¿Qué hacen aquí?

El primero en percatarse de Kiba es, extrañamente, Sasuke, quien no pierde el tiempo en dibujar una mueca.

—Así que sobreviviste —suelta con ironía, y aunque no son lo suficientemente cercanos para considerarse el uno a otro algo así como compañeros, Kiba está consciente de que le debe algo más que la vida durante la última noche.

—¿Qué? No todos somos tan frágiles como para morir por una delicada descarga eléctrica —ataca el castaño, cizañoso por devolverle con el mismo veneno afectuoso.

—Whoa, eso sí fue bajo —dice el de cabellos negros, entendiendo claramente la indirecta sobre su casi muerte segura durante su estadía en la silla eléctrica hace un par de semanas—. Lindo yeso, por cierto —repone con sorna, en venganza.

—Cierra la boca.

Ciertamente en lo que menos repara Konohamaru es en el yeso que envuelve la pierna del castaño. Su atención está en ese intercambio de palabras tan inusual. No conoce a Kiba de mucho; hasta donde sabe es cercano a Sakura desde sus días en la academia, o eso le ha dicho la señorita Hyuga durante esas veces en las que Konohamaru se ensaña demasiado en preguntarle sobre el pasado de la pelirrosa. Pero hasta eso, la información de Hinata también es limitada.

"Hay partes de su corazón que no conozco. Desde antes de que se volviera soldado o incluso mucho antes. Antes de que fuera traída a SHINOBI"

Así como de ella, sabe también poco de Kiba, pero lo suficiente, gracias a la convivencia, que es un soldado bastante confiable a ella. A Konohamaru le entretiene mirarlos de vez en cuando, cuando Kiba se deshace de la diferencia jerárquica y se comporta simplemente como un buen amigo para ella. Esos momentos similares a cuando Sakura y la señorita Hyuga están a solas y pueden ser ellas mismas sin miedo a ser juzgadas. Con Kiba es similar. Y hasta hace poco solía aceptar eso, que no se involucraran con él pero sí con Sakura.

Pero Sasuke tuvo que llegar ¿no es así?

Han pasado días, semanas enteras en donde la situación ya conocida era que el nuevo recluta era alguien intratable e ingobernable. Pero ahora está ahí, hablándose con una relativa camaradería con Kiba. Un terreno que Konohamaru no se había detenido a explorar por miedo al rechazo o a ser simplemente considerado como alguien indigno de estar ahí, aunque Kiba nunca le ha dado indicios de mirarlo con malos ojos.

Se siente, extrañamente, desplazado.

—Como sea, no cambien de tema —Kiba mira al menor finalmente—. ¿No deberías estar tú con Hinata? —Konohamaru no responde inmediatamente, algo inusual en él.

—Estaba en el invernadero. La señorita Hyuga fue convocada a reunión junto a Lotus —el soldado de rango medio exhala ante el recordatorio—. Él también fue llevado ahí —aclara el niño, mirando a Sasuke con prudencia. El susodicho solo puede recibir información pues últimamente su imprudencia a preguntar cosas no le ha dado buenos resultados. En su lugar les presta atención, especialmente al pequeño.

—¿Es cierto eso? —Sasuke vuelve a la realidad cuando oye a Kiba.

—Ya te lo dijo el pequeño. Los niños no mienten.

—Deja de llamarme niño —replica Konohamaru, dándole un golpecito involuntario en la pierna. Kiba se percata de eso, mirándolo extrañado.

Hasta donde sabía, y eso gracias a Hinata, es que esos dos no habían sido presentados formalmente. De hecho, el último reporte de Hinata solo registraba que el más pequeño no había tomado muy bien la idea de la inserción de un nuevo miembro a la escuadra de Lotus, lo que no era para menos. Durante mucho tiempo su mundo solo era compartido para esas dos mujeres. Incluso él, quien creía poseer un nivel de cercanía bueno entre Sakura y Hinata, no podía decir con certeza que tuviera una relación sumamente estrecha con el niño. Quizá porque Sakura siempre procuraba que no se separara de Hinata. Algo que lo hacía cuestionar de muchas formas.

Por lo tanto, ver a Konohamaru actuar de una manera para nada usual, sin rectitud ni obediencia, con ese muchacho, era algo curioso.

—Parece que se llevan bien —ambos lo miran al mismo tiempo—. "Increíble" —ironiza en pensamientos—. Como sea, no deben estar aquí. En especial tú, Konohamaru —el niño baja la cabeza, pero más que eso a Sasuke le da más curiosidad el hecho de que cierra sus puños con fuerza, como si estuviera en desacuerdo.

Simplemente no puede mantenerse callado.

—¿Por qué? —pregunta Sasuke—. Solo míralo, está famélico. Necesita comer —Kiba frunce el ceño.

—No me refiero a eso. Hay ciertas reglas para él; una de ellas es que no asistir en horarios de funcionamiento a ciertas secciones.

—Es el comedor. ¿Qué tiene de malo? —insiste el azabache.

—Esto no es un mercado o el patio de tu casa, soldado —Sasuke se tensa ante el tono empleado, sin embargo no le agrada ni un poco la manera despectiva con la que lo menciona—. Ni mucho menos un albergue. Hay horarios y reglas para todo; así se mantiene el orden. Si no lo sabías, es momento de que lo sepas.

—¿Y en qué parte de su reglamento se exige mantenerlo encerrado a él?

Konohamaru solo quería pasar desapercibido de toda esa plática sobre reglas. Es más, quería desaparecer luego de llevar a Sasuke ahí para que hiciera su maldita santa voluntad. Sabía que no debió haber salido del invernadero. Sabía que no debía ir allí. Todo ese tiempo se había mantenido al margen de todos, sin mayores problemas salvo miradas rencorosas, y todo eso había sido gracias a que Lotus le había impuesto un régimen distinto para sus actividades, todo para no tener que soportar el desprecio de los demás miembros de SHINOBI.

La razón por la que Konohamaru no asistía a ciertos lugares en la base era para evitar problemas. Con horarios y actividades establecidos su vida era monótona pero libre de injertos pesarosos. Algo como respetar el horario de comida y de asistencia al comedor, algo tan simple, estaba provocando un caos mayor.

Y Sasuke parecía querer enardecerlo aún más.

—Oye…, ya basta…—dice el niño, dirigiéndose a él.

Quiere que se calle.

Quiere que pare.

No quiere problemas.

O… ¿sí los quiere realmente?

—¿Disculpa? —Kiba acentúa su voz claramente molesta.

—Ese invernadero o como se llame, parece una jaula. ¿De qué precisamente lo están escondiendo?

—De ti no, seguramente.

Konohamaru lo ha conseguido sin mucho esfuerzo, piensa.

—Sasori…

Meterse en problemas.

.

II

.

De todas las personas en la base, Kiba hasta deseaba que hubiese sido Sai de entre todos.

En su lugar habían obtenido un doble infierno. Si el sobrino del Canciller era intratable e insoportable, Sasori era una versión incluso más temible de lo que Sai representaba, y no por el hecho de ser el elemento más silencio y pulcro durante cualquier enfrentamiento, sino porque entre Sakura y él existían viejas memorias incapaces de resanar.

Sasori no necesitaba de demostrar nada para entender que podía ser atemorizante, a diferencia de Sai con sus múltiples alardes. Había algo en él que ya de por sí provocaba que el ambiente se volviera sumamente pesado sin necesidad de hablar mucho. Sasuke lo supo desde el momento en que se topó con él aquella vez en los elevadores. El desprecio hacia él era claramente notable como la tensión de su cuerpo al verse amenazado por su única presencia.

Y es que sus ojos eran como los de un depredador silente, el doble de letal.

El ambiente dentro del comedor, ese que se conformaba por los cuchicheos, ruido de utensilios, y pisadas al por mayor, se silenció en cuanto el uniformado de blanco, claramente reconocible por todos al ser un Fenrir, se apareció por ahí.

Así como cada soldado tenía acceso a las múltiples instalaciones del Cuartel, no era comúnmente visto que un Fenrir se paseara a esas horas del día por ahí, y mucho menos en el comedor. Y por eso y más Kiba quería salir corriendo de ahí con ese par, jalándoles las orejas aunque, de haberlo hecho, se habría arrepentido pues el yeso en la pierna le hubiese dolido horrores.

Resignado, no le queda más que enfrentarse al momento.

—Te-Teniente, no esperaba verlo por aquí —sumamente nervioso recuerda, para su maldita buena suerte, su sentido de la educación.

—Ni yo a ti, Inuzuka. Creí que para ésta hora ya estarías en camino al basurero de la ciudad —el castaño traga grueso, reprimiendo sus deseos por replicar y ciertamente, aunque lo hiciera y terminaran en discusión, si salía del Cuartel sería en un ataúd de enfrentarse a él.

—Se refiere a la destitución. Un soldado herido es solo una carga para SHINOBI —le murmura Konohamaru a Sasuke, quien curiosamente lo siente con esa intención de ponerse detrás de él para no ser notado por el de cabello rojo. Cosa que no sucede. Sin embargo es Deidara, su subteniente, quien se apresura a parlotear primero.

—¡Ah, es el pequeño Konohamaru! ¿Qué haces solo y sin tu niñera oficial? —bromea, refiriéndose a Hinata. Konohamaru solo puede retraerse, no porque no tuviera ganas de contradecir sino porque una cosa es hacerlo delante de un imbécil como Sai o Suigetsu, pero otra muy distinta era hacerlo frente al subteniente del pelirrojo, y por sobre todo al pelirrojo mismo.

—Hinata estaba en la sesión con ustedes…—comenta Kiba, tragando grueso—, a-así que estoy supliéndola —miente, claramente.

—Oh, ¿y también eres niñera de él? —señala a Sasuke el rubio. La reacción inmediata del de ojos negros es molestarse, evidentemente—. Esto es fascinante, ¿no lo crees, Saso-chan? —el Fenrir lo mira severo mas Deidara no se muestra arrepentido—. Lotus es afamada a coleccionar piezas sin gracia.

—Coincido en eso —Sasuke enfurece, aunque debía haberlo hecho hace como cinco segundos atrás, de algún modo el detonante de su ira cae solo cuando Sasori abre la boca—. Rodeada de defectuosos, me sorprende que ella aún no sea uno.

—¡Hey! —el silencio se vuelve una delgada tela posible de cortar, más ninguno lo hace pues parece ser que ninguno de los presentes se habría atrevido si quiera a contestar de esa manera a un Fenrir, y más si ese era Sasori. Sasuke, por su parte, está colérico.

No sabe por qué aunque no le busca una respuesta al impulso de simplemente llevarle la contraria a alguien con una actitud tan asquerosa como la del pelirrojo. Incluso si simplemente pudo ignorar el comentario y hacer oídos sordos, parece que sus propios valores no le permiten que le hable de esa manera tan ruin a Kiba o al mocoso a quien ciertamente no conoce de nada.

Sasori, por su parte, está sorprendido de su ridícula actitud de valor. No le sorprende pero tampoco lo esperaba. Tan frenético como para gritarle; estaba seguro que, al menos, se le había indicado a ese soldado con quienes meterse y con quienes no. Pensar en que a pesar de tener conocimiento sobre ello, le había enfrentado, lo enfermaba más que el hecho de que se hubiese quedado callado.

Tres segundos le toman solamente ver en él actitudes familiares.

Él mismo. O hasta Sakura.

—"¿¡Qué…qué está haciendo?!" —piensa Kiba, al borde de la histeria por lo que acaba de pasar. De no ser porque es un soldado recto, ya le habría propinado un golpe certero en la cabeza con su yeso o sus muletas—. L-le ofrezco una disculpa en nombre de…—carraspea—, de Sakura. Me aseguraré de informarle sobre esto.

—Si ella no es capaz de mantener cerrada la boca en una reunión, dudo mucho que pueda enseñarle disciplina a sus mascotas.

—¿Quieres ver?

Un golpe certero en el estómago, propinado con su rodilla, es suficiente para que Sasuke termine en el suelo de rodillas, hincado mientras se sostiene con dolor y tosiendo. Kiba ha pegado un saltito menor al que Konohamaru ha dado ante la abrupta llegada de Sakura, seguida de Hinata segundos después. Sucede tan inesperado pero Sasuke ahora no entiende con qué motivo se ha ganado ese golpe.

—¡¿Qu...qué demonios te pasa aho….?! —el reclamo queda en el aire cuando ésta vez es su quijada la que recibe un golpe certero, aturdiéndole por completo los sentidos—. ¡A-Ah! —tose, dando arcadas profundas.

—Sa-Sakura…, no creo que sea necesario tanto…

—Disciplina —Kiba calla inmediatamente tras escuchar a Sasori—. La insolencia…

—…se castiga así.

Entre Sakura y Sasori hay algo más que miradas, piensa Hinata cuando se detiene a mirar a ambos. La profundidad de esa frase que parece conectarlos a un pasado que ella, ni nadie, conoce. Y Sasuke, quien yace de rodillas, también lo notaría si tan solo el dolor lo dejara pensar.

—Ah, lo recuerdas —la afirmación llega solo para saciar las dudas de Hyuga a los pocos segundos de Sasori dársela.

—Recuerdo todo. Siempre fui mejor que tú hasta en eso —Sasori tensa los ojos, dejando entre ver ligeramente su molestia.

A Kiba, por su parte, le gustaría seguir recordando los rumores e historias que se cuentan de soldado a soldado, en especial esa donde mencionan la existencia del dúo más increíble que ha tenido SHINOBI en mucho tiempo. Cuando Kiba escuchó la historia su primer pensamiento fue en algo referente a la Teniente Yamanaka y Sakura dado que para que hubiese existido tal nivel de reconocimiento se imaginaba que debía ser de dos personas que tuvieran una excelente habilidad física y mental, ambas sincronizadas.

No esperaba, sinceramente, que se refirieran a Sasori.

Pero ambos lo han afirmado en ese simple intercambio de palabras que se han dado justo ahora.

No le quedan más dudas.

Sasori, absteniéndose de contestarle, visualiza una solución más entretenida que la de solo decirse cosas.

—Eso me facilita las cosas. ¿Por qué no me enseñas lo buen soldado que eres?

Sakura agudiza la mirada, percibiendo el desenlace de lo que trata de decirle.

—¿Qué sugieres? —el pelirrojo desvía la mirada hacia donde yace Sasuke, quejumbroso, para luego dibujar una mueca sospechosa. Sakura no sigue su mirada pero es claro que entiende a lo que quiere llegar, y no puede evitar apretar los puños de manera inconsciente.

—Castígalo —los tres presentes además de ellos, abren los ojos con fuerza.

—Lo haré. De una u otra manera. No es necesario que me lo pidas.

—Pero en frente de todos —Sakura ahora es quien se detiene a verlo con sorpresa y hasta parece que su respiración se vuelve lenta un poco—. Nada del otro mundo, además, tienes experiencia en eso, ¿no es así?

"¡Sakura! ¡Ya basta, por favor! ¡Duele!

Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento mucho. Lo siento. ¡Lo siento!"

Sakura no estaba siendo consciente de las reacciones involuntarias de su cuerpo a pesar de llevar un estricto control de sus emociones durante mucho tiempo. Sasori, en cambio, ponía en tela de juicio el verdadero ser de su compañera. Durante largos años conoció una parte de ella que creyó era sincera. Pero las situaciones hacen al hombre, y la razón por la que ahora se miran en una batalla con rencor y remordimiento, pone en duda su propio juicio y su propio interés. Pero Sakura sabe mentir, sabe manipular, sabe mover las piezas a su antojo.

Eso piensa, o quizá es solo producto de su propio rencor hacia ella por la historia que comparten.

Las marcas en su espalda, arden, ante un recuerdo tormentoso y en ella parece causar un efecto de colapso mental. Y Sasuke, aunque se encuentra aún en el suelo, ve ese cambio drástico en ella.

—¿Sakura…?

—¿Qué sucede aquí? —la preocupación de Hinata es interrumpida por Iruka, informándose del alboroto gracias a que uno de sus subordinados le hubo puesto al tanto minutos atrás.

—Teniente Umino —Kiba, Hinata y un a regañadientes Deidara, recobran la compostura, saludando firmes—. N-no es nada, solo…—Kiba se queda mudo, incapaz de idear algo coherente.

—¿Por qué este muchacho está en el suelo? —cuestiona, refiriéndose a Sasuke. Para el azabache, es la primera vez que lo ve. A ese hombre. Iruka, de inmediato, mira a Sasori quien luce tan neutro como de costumbre.

—Estaba siendo impertinente —justifica el de cabello rojo.

—Que una persona tenga hábitos de rebeldía no justifica que se le agrega de tal manera —repone el adulto, mirando el sangrado en la nariz de Sasuke. Sasori entrecierra los ojos, provechoso de la situación.

—Cree que fui yo —suelta, con graciosa ironía, lo que es inusual en él. Y es cuando Iruka se percata que Sakura está demasiado callada. Animándose a verla se topa con una imagen extraña de ella. Silenciada y con el rostro ensombrecido por su flequillo.

—¿Sakura? ¿Tú hiciste esto? —transcurren unos segundos para que Sakura vuelva en sí y pueda responder plantando su mejor cara de sobriedad.

—Es desobediente. Salió sin autorización; por eso lo hice.

—Pero eso no es…

—Yo lo hice —antes que Sasuke pueda reclamar, es Konohamaru, quien valiéndose de absolutamente nada, habla. No es su culpa, ciertamente, pero quiere asumir parte de ella ante algo que el parece injusto, y aunque luce claramente extrañado y preocupado por la reacción que Sakura tuvo hace unos instantes, no quiere mantenerse callado, aunque eso amerite un castigo igual de severo para él mismo—. Umm, yo…yo fui quien lo sacó y lo traje aquí.

—¿Konohamaru-kun?

Y mientras Hinata no puede creerlo, Sakura los mira a ambos con desasosiego. Está disgustada, claramente, pero más que nada desconcertada. A pesar que ha intentado mantenerlos alejados entre ellos debido a la inestabilidad del más pequeño junto a sus arranques de ansiedad, es como si tuviera el efecto contrario. Y es cuando se cuestiona realmente sobre el porqué ha permitido que ese chico siga ahí. Si en verdad le trae tantos problemas ¿por qué lo mantiene ahí?

—¿Es eso cierto? —quien cuestiona esta vez es Iruka, directamente hacia Sasuke quien de a poco se ha puesto de pie. Él, por su parte, no está seguro que responder. Por primera vez estando ahí no son sus impulsos los que brotan violentamente pues alguien más está involucrado. Ese niño quien sin ningún motivo ha dicho tal cosa—. Contesta, por favor.

—Sí… —Konohamaru suspira, aliviado y Sasuke lo nota—. Aunque yo lo incité a eso —el alivio se esfuma de los ojos del menor, azorándose tras lo último—. Debí esperar, como se me ordenó.

¿Qué le pasa? Es lo primero que piensa. Enmascarando la verdad como si fueran cómplices de la misma travesura. No lo entiende, solo lo ha hecho y ya.

—Entonces el castigo es para los dos —comenta Sasori a lo que Sakura, enfurecida, intenta replicarle más Iruka interviene.

—Ningún castigo. Estoy seguro que es un malentendido —hace una pausa—. ¿Verdad?

—Solo lleven a ese tipo a la celda por unas horas —sugiere Deidara, bastante abatido por no tener que presenciar más agresiones de parte de alguien—. Seguro con eso entiende alguien de su clase.

—A las celdas, no.

—¿Sakura?

—A la arena. Voy a enseñarle disciplina.

.

III

.

La Arena, se suponía, era el recinto donde los soldados entrenaban arduamente durante el día así que era normal tener audiencia a esa hora a pesar de que algunos miembros se encontraban fuera, patrullando. A Sasuke le toma medio segundo entender que "ahí iban de nuevo" cuando, descalzo, es casi empujado al punto central de una de las plataformas donde un par de soldados practicaban. Las rutinas fueron interrumpidas de pronto, y es que no era común ver entrar a más de un Fenrir en esa área que no era designada para ellos.

Es decir, eran Fenrir. Sus salas de entrenamientos se encontraban en otra área mucha más privada y con un grado de dificultad mucho más grande. Así que desde el último revuelo que se había armado en la Arena 1, esperaban que fuera el último.

—Sigan en lo suyo. Nosotros ni estamos aquí —bromea Deidara, cruzándose de brazos y risueño, volteando a ver al resto de soldados que comenzaban a amontonarse en un solo punto, obviando un poco la situación al ver entrar a una plataforma solamente a Lotus y a su nuevo elemento de soldado—. Oh por Dios, esto va a estar bueno.

—Dos veces. Dos veces en menos de un mes. ¿Es que en verdad quiere matarlo? —suelta Kiba, exaltado.

—¿Por qué? —comenta Hinata en un plano totalmente diferente a lo que se refiere el castaño—. ¿Por qué no simplemente lo dejó ir a las celdas? —a su lado, Konohamaru observa en silencio. No es el resultado que hubiera deseado pero tampoco desearía estar en otro lugar sin poder presencia eso.

—Ah, ¿nos vamos a quedar, hm? —ambos soldados, junto al menor, desvían su mirada a un Sasori completamente impávido, acomodándose a un lado de ellos en silencio—. ¿No tenemos que patrullar?

—Cállate —ordena, volviendo a sumirse en sus propios pensares, y Hinata no puede sentirse menos curiosa que antes.

Así mismo, Sasuke no entiende qué es lo que ha hecho mal para haber terminado ahí, aunque bien sabe que su primer gran error fue salir de ese lugar sin permiso. Su segundo error fue haber llevado a ese niño consigo. Había sido una idiotez o un impulso, no lo sabía pero estaba seguro que no era para tanto aunque claro, subestimar a esa mujer en primer lugar fue otro de sus grandes errores.

—Las reglas son sencillas. Si sales fuera del perímetro, pierdes —explica Sakura, deshaciéndose de su katana, quedando ligera para lo que se pronostica ser un duelo cuerpo con cuerpo.

—No me imagino cual podría ser el premio de esto —replica Sasuke, irónico y airoso pero resignado, colocándose en posición.

—Soy una persona muy generosa —ironiza ella, ladeando una mueca, y Sasuke es incapaz de resistir el impulso de devolverle el gesto del mismo modo aunque, por supuesto, quiere ganarle.

—¡No te vayas a acobardar, gatito!

A Sasuke se le eriza el vello, ofendido, volteando a ver a un recién llegado Suigetsu con una sonrisa de oreja a oreja, claramente alegre por tal espectáculo.

—¡¿Quién se está acoba…?! ¡Ah! —Aprovechándose de la distracción, Sakura da el primer golpe cerca de su cien con su brazo, tambaleándolo y aturdiéndolo duramente, haciéndolo caer de trasero—. ¡O-Oye! ¡No avisaste!

—No me quites los ojos de encima. Puedo matarte si quiero.

—Eso me queda bastante claro —se irgue rápidamente, sin quejas esta vez, volviendo a posicionarse.

—No me contendré —advierte la pelirrosa, sigilosa como un predador, caminando un poco alrededor de él antes de volver a su sitio.

—Entonces yo tampoco.

Atacar de manera frenética, sin ningún tipo de estrategia, es lo que Sasuke hace. Sakura le da puntos por valentía, y por idiota también.

Lanzar sus puños al aire y ser interceptados por ella es casi ridículo, pues ella parece estar jugando con él cuando cada intento es frustrado por sus antebrazos. Sasuke está consciente de algo cuando la tiene así de cerca, antes de que decida qué siguiente movimiento usar contra ella, Sakura ya lo ha deducido dos movimientos atrás. La fuerza de Sasuke la provee su adrenalina pero no su cuerpo enteramente, y Sakura lo sabe con cada vez que le detiene un brazo con el uso de poca fuerza.

—¿En verdad se lo está tomando enserio? —pregunta Suigetsu al aire.

—Por supuesto —responde Hinata sin apartar la vista.

—Pero no le golpeado casi nada.

—¿Es eso lo que ven sus torpes ojos? —añade Sasori, integrándose a la conversación de manera inesperada—. Es cierto. Ella no lo está golpeando. Está obligándolo a que él mismo se haga daño —los soldados a su lado se azoran—. Es una técnica precisa. Recibes el menor daño en golpes pero tienes que ejercer más resistencia en las áreas locales del cuerpo.

—¿Áreas locales? —cuestiona Konohamaru, ansioso.

—De la cintura para abajo —explica Kiba, pensativo a la información proporcionada por Sasori—. Es parecido al kung-fu. Una de las dos partes siempre es violenta, la otra es la calma. Él solo está centrándose en lanzarle golpes como si…

—Como si fuera un imbécil —murmura el de cabello rojo, inconsciente de ello, y Deidara a su lado solo puede reírse por lo bajo.

—Como si no hubiese mañana —corrige el enyesado, completando su comentario anterior—. Sakura no está centrando su fuerza para atacarlo directamente, está poniéndola en puntos de su cuerpo de manera continua según él se mueve.

Cadera, brazos, piernas, costado, rostro, Sasuke ya no sabe a dónde más apuntar. Reconoce que no es tan lento como hubiese creído pues aunque ella le intercepta cada movimiento, él reacciona tras pocos segundos también. Donde Sasuke intenta cogerla de la cintura con ambas manos para levantarla un poco y tomar impulso para retenerla en el suelo al tirarla, Sakura lo prevé con prestar atención a sus ojos. Antes de atacar Sasuke siempre comete el error de mirar un punto estratégico, en este caso su cadera.

A Sakura le toma medio segundo interceptar sus manos cerca de su cadera, partiendo la tensión de sus brazos estirados con el codo de su brazo derecho, haciendo que se flexionen y con ello todo el cuerpo de Sasuke se vaya de bruces hacia el frente permitiéndole a ella atravesar el espacio entre sus piernas con las suyas para girar con él y revertir el intento, siendo ella quien lo domina ahora en el suelo, tumbándolo.

Pero Sasuke no es de los que tienden a permanecer en el suelo durante mucho tiempo. Habiendo sentido su espalda tocar el suelo de manera abrupta, le toma pocos segundos tomar ventaja de eso y enroscar sus piernas alrededor del cuerpo de Sakura retenido sobre él, afianzando su espalda baja hacia su estómago, provocando que caiga encima suyo.

—Te tengo —murmura, victorioso más la sensación le dura poco cuando Sakura se deshace de la prisión que ejercen sus brazos sobre ella, colocando las palmas de sus manos a cada lado de la cabeza de él, usándolas de impulso para tirar su cuerpo hacia adelante y forzar el cuerpo de Sasuke a dar vuelta junto con ella, quedando totalmente expuesto de espaldas, llevándose un gran golpe que lo aturde.

—¿Me tenías? —suelta burlona aunque rápidamente vuelve a su semblante serio.

La fuerza que Sakura ejerce en su pecho con su rodilla es precisa, pero Sasuke está lejos de rendirse o de al menos seguirse viendo más humillado. Valiéndose de su rápida percepción, decide impulsar sus piernas hacia arriba, arqueando la espalda y levantándola, como si fuera un salto invertido para erguirse nuevamente, obligando a Sakura a soltarlo y colocarse de pie mientras le sigue los pasos a él.

—Heee, eso estuvo bastante bien —argumenta Suigetsu, divertido con el asunto. Deidara a su lado solo mira con discreción a Sasori, riéndose internamente de la expresión malhumorada en su rostro.

—¿Acaso ha removido viejos recuerdos aquel movimiento? —se aventura a preguntar, lo suficientemente seguro de ganarse un castigo por parte de su superior pero podría importarle menos.

Sasori no responde, solo se enfoca en seguir observándolos.

Sakura, por su parte, mira con suspicacia al de cabello negro, acérrimo a seguir enfrentándola. No le molesta, pero estando en ésta situación preferiría que se quedara quieto y se rindiera. Han llamado demasiado la atención y si ella no se apresura a dejarlo fuera del encuentro, aquél altercado podría llegar a oídos del Canciller tan pronto como parpadeaba. Extrañamente, no quería eso.

Eso, sin mencionar que estaba siendo casi aniquilada con la mirada de parte del de cabello rojo. Sabía de los métodos medievales y de tortura que su compañero era capaz con tal de demostrar su modelo de disciplina. Estaba de más decir que Sakura aseguraba el tipo de castigo al que sometería a Sasuke si ella no hubiese intervenido y le hubiese propinado un par de golpes.

Una pantomima.

No lo estaba defendiendo. Era solo algo de misericordia por todo el trato inicial que se le hubo dado en SHINOBI. Y de algún modo pensaba que se había ganado eso luego de su participación en la noche anterior. Pero de eso a pensar que se debía a que comenzaba a caerle bien, claro que no.

—Escucha, no quiero hacer esto —confiesa sin dejar ceder la fuerza de su brazo ahora que Sasuke ha ido de frente a ella en un intento bastante lamentable a empujarla. Sakura sujeta con fuerza la palma de su mano y la dobla hacia atrás, provocándole los gritos.

—¡¿Ah?! ¡Pues parece que lo disfrutas….! ¡Ah! —se interrumpe a sí mismo dejando su brazo a merced de la pelirrosa, facilitándole la llave que le hace, llevando su brazo hacia atrás de su espalda, cayendo de rodillas directo al suelo con ella detrás, presionándole los hombros de manera violenta.

Sakura da una mirada rápida hacia la multitud, chocando con los de Sasori y su expresión llena de disconformidad. Chasquea los dientes.

—No planeo seguir perdiendo mi tiempo y saliva contigo. Además estoy ayudándote —Sasuke deja de forcejear por breves segundos solamente—. ¿Quieres que él te acribille en frente de todos? —no entiende hasta que la siente casi encima de él, susurrándole desde atrás y moviendo su rostro en dirección al de cabellos rojos. No lo entiende hasta que un nuevo dolor se instala en su hombro pues ella no ha dejado de ceder.

—¡¿Y qué es exactamente lo que estás haciendo tú?! —vocifera, exigiéndole una explicación—. ¿¡Enseñarme a bailar!?

—Solo ríndete —pide con sequedad.

—¡¿Ah?! —forcejea—. ¡Claro que no!

—No me obligues a que en verdad tenga que romperte un hueso —insiste la Fenrir, refiriéndose a alguno de los brazos. Sasuke casi quiere carcajearse a pesar de todo.

—¿Me estás diciendo que…—gime— te estás conteniendo?

Sakura frunce el ceño.

—Solo obedece, maldita sea. En verdad no quiero tener que…

"Si no lo hieres, entonces yo lo haré. Pero lo mataré en lugar de herirlo"

"¡Sakura, duele!"

"Perdón. Perdón. Perdón. ¡Perdón!"

—¡Ríndete ya!

Sasuke quiere creer que solo lo ha imaginado. Que cuando ha volteado a mirarla, a duras penas cabe destacar, ha visto la desesperación en sus ojos. ¿Lo está viendo a él? Es como si hubiese un filtro y lo que estuviera mirando no fuera a él, sino a alguien más. Pero que le haya dejado ver a través de sus ojos una memoria dolorosa no significa que él vaya a ceder.

—¡No!

—¡¿Por qué eres tan…?!

"No lo entiendo.

¿Qué no entiendes?

Lo que hiciste. Herir a un oso sin matarlo. ¿Qué hay de lógico en eso? La próxima vez que te vea seguramente te matará.

*risas*

Bueno, a veces es preferible herir a alguien si de esa manera puedes salvarlo. Además… ¿por qué el futuro tiene que ser así como dices? ¿Y si en lugar de volverse un enemigo, ese oso salvaje se vuelve un aliado?

—Yo no…

—¿Eh? —Sasuke se azora, advirtiendo un cambio en la fuerza ejercida y hasta en el tono de voz de ella.

—Yo no me volví tu aliada, estúpido Fugaku. Yo solo… —"me volví un oso salvaje"

—¡Sakura! —Konohamaru es quien la devuelve a la realidad justo antes de que Sasuke aproveche ese delis y le propine un golpe con el codo que pudo haber aturdido su rostro. Sakura recobra la firmeza en sus ojos que incluso sus pupilas parecen retomar nitidez, sujetando con fuerza nuevamente el hombro de Sasuke.

—Te lo advertí.

Completamente conscientes, Sasuke jura que puede hasta oír el sonido del hueso de su hombro romperse. Lo siguiente a eso es como una frecuencia muy alta que zumba en sus oídos y que incluso no permite que escuche sus propios gritos de dolor mientras yace en el suelo, encogido.

El duelo ha terminado. Sasuke lo sabe con apenas un ojo abierto pues el dolor no le deja enfocar claramente los pies de varia gente que se aproxima a él. A través del cuerpo que sugiere es de Kiba y aquél peliblanco de la otra vez, ve a ese niño, y se pierde en sus ojos y en ese semblante aturdido antes de que éste preste atención en alguien más. Sakura, a su lado, acaricia su cabeza, y sin pronóstico alguno vuelve la mirada a él. A Sasuke.

Hasta que éste decide sucumbir al dolor y a la última imagen de sus esmeraldinos ojos.

.

IV

.

—Eres muy malo en eso de los vendajes.

A Sasuke le pesan los párpados, pero los mantiene cerrados mientras sueña.

Es como un telón mágico que cuando se cierra en vez de dar fin a algo, lo comienza. Sus más profundas y preciadas memorias vuelven para recordarle que todo ese tiempo hubo alguien a su lado. Ese mismo alguien que ya no está porque decidió mentirle.

—¿Te hiciste eso pescando?

—La corriente me arrastró hacia unas rocas. Solo me raspé la espalda un poco.

Malhumorado, en ese entonces, había llegado a prisa a casa con la intención de asaltar ese viejo baúl de madera donde recordaba que Kakashi guardaba un par de vendas y ungüentos. No quería que él lo viera. No quería tener que darle explicaciones de su accidente, uno que hubo ocurrido por hacer las cosas de mala manera. Esa mañana habían discutido y Sasuke, lleno de rabia, terminó por llevar a cabo su tarea con la misma energía negativa que lo hubo arrastrado corriente abajo.

—Lo estás haciendo mal ¿sabes?

—¡¿Y a ti que te importa?!

Fue lo que le hubo gritado. Airoso y frenético por reconocer que todo era culpa suya, no de él. Reconociendo, también, que aún no estaba completamente listo para andar por ahí solo. Y también reconociendo ese escozor vergonzoso que se acumula en los ojos cuando quiere llorar.

—Maldita sea… —gruñe por lo bajo, volviendo la vista al reflejo de su espalda dañada frente a ese espejo maltrecho. El vendaje está de todo menos bien hecho, y luce como si un huracán hubiese pasado por su piel. ¿Es tan inútil que no puede hacer una simple curación? Lleno de humillación y coraje hacia sí mismo termina por lanzar los puños al suelo donde yace la tierra húmeda bajo sus pies. Esa parte de la casa es como un cobertizo carente de firme de concreto.

—Me importa ¿sabes?

Sasuke, de quince años, solloza hincado y con la espalda malherida. A su lado está ese hombre al que no puede ver más que como a un padre.

—¿Por qué te importa…? No soy…—hipa— nada tuyo.

—Lo eres. Aquí —se señala el corazón y Sasuke solo puede sollozar más fuerte, avergonzándose de hacerlo—. Que no seamos familia de sangre ¿es un impedimento para ti? —la razón de la discusión de esa mañana había sido esa, y ahora el menor yacía acurrucado, adolorido y con frío frente a la única figura paterna que ha tenido en todos esos años—. Eres importante para mí, y esa es razón suficiente —hace una pausa, hincándose a su lado y pasando un brazo por sus hombros, atrayéndolo a él. Sucio y lloroso—. ¿Es suficiente para ti?

Sasuke no responde con palabras, más sí lo hace moviendo la cabeza, asintiendo, llorando en el espacio entre su cuello.

Arde.

Arde mucho.

Y duele.

El recuerdo.

El dolor.

Y eso mismo lo trae a la realidad, entreabriendo los ojos, dándose cuenta de que esos tiempos preciados ahora solo existen en su memoria y su presente es el estar ahí, en lo que distingue como un sofá y desde donde apenas ve muchas siluetas.

—¿Lo fracturó?

—No. Solo lo dislocó.

Entiende apenas, reavivando sus sentidos, enfocando la mirada, volviendo en sí. Al primero que ve es a Kiba, quien estuviese empleando el rol de paramédico a pesar de su pierna enyesada. A su lado un curioso Suigetsu se asoma con una sonrisa afilada. ¿Quién más? Ah, esa mujer a la que no le cae bien. El chicle que no se le despega a la pelirrosa. Hinata Hyuga está de pie, observándole, pero más que eso parece estar aturdida por el desenlace de toda esa faramalla.

—Lo obligó a rendirse.

Ah. Y también está él.

Todos voltean, incrédulos, a mirar a Konohamaru tras lo dicho.

Más serio de lo normal, no aparta los ojos de un adolorido Sasuke. El hecho de que esté ahí con solo un hombro dislocado le hace plantearse mil preguntas. La primera, posiblemente, ¿Por qué?, y la segunda, ¿qué es lo que vio Sakura en él para mostrarle tal misericordia? No era como que Konohamaru deseara su muerte, sin embargo, era bien conocido por todos que los métodos de castigo de la pelirrosa era, posiblemente, tan crueles como el del resto de Fenrir. Entonces ¿por qué? ¿Por qué había dudado en el último instante?

Estuvo con Sasuke prácticamente jugando. No había ejercido gran cantidad de esfuerzo, y Konohamaru estaba seguro de que lo habría vencido en la mitad del tiempo que le tomó al final.

—Esa es una buena broma —añade Suigetsu, cantarín, burlándose del comentario poco creíble.

—Opino lo mismo —esta vez es el propio Sasuke quien responde, arrastrando las palabras con dolor.

—¿Disfrutaste la siesta? —comenta el albino, sentándose a su lado con bravuconería—. Terminaste noqueado, hermano.

—E-Ella… ¿dónde…? —la imagen de Sakura mirándolo antes de desaparecer se instala en su mente, y es en lo único en lo que puede pensar hasta que el dolor se hace presente—. Ah…

—Déjame ver —antes de que el de cabello negro pueda replicar, Kiba ya le sostiene el hombro con fuerza, obligándolo antes a quitarse las prendas, revelando la hinchazón y el enrojecimiento de éste. A regañadientes, Sasuke accede pero su mente prepara las dudas que no puede ni quiere dejar pasar en ese momento.

—¿Qué fue todo lo de hace un rato? —todos guardan silencio. Kiba porque se encuentra inspeccionando su hombro y Suigetsu porque se encuentra demasiado entretenido burlándose de él. Sin embargo Hinata y Konohamaru se muestran bastante serios.

—¿Qué? ¿Te refieres a la pseudo pelea? —Sasuke asiente esperando que el castaño pueda responderle mientras continúa en lo suyo—. Ni siquiera fue una pelea. Fue un acto de solidaridad.

—Yo lo consideraría una estupidez —repone Suigetsu, divertido. Sasuke le mira, severo—. ¿Qué? No creerás que ella estaba tomándote en serio ¿o sí? —pregunta, riéndose.

—Tengo el hombro dislocado. A mí me parece que fue demasiado enserio —replica él a lo que Suigetsu solo se ríe mientras que Kiba toca un área demasiado sensible, provocándole los gritos—. ¡Ah! ¡Duele, maldita sea!

—Lloras como una niña —suelta el castaño.

—Ella… ella no es así usualmente —interviene Hinata, finalmente, más su semblante ansiosamente peculiar e incrédulo perturba un poco a Sasuke y a todos ahí.

—Te salvó de algún modo —añade Kiba, y no le cuesta imaginar a lo que Hinata se refiere, pero para Sasuke parece todo bastante confuso.

—¿Eh?

—Sasori es una persona de cuidado. Demasiado. Es muy temperamental y violento aunque su temple parezca de acero. Es incluso más temible que Sai.

—Oí que crecieron juntos —interrumpe Suigetsu, curioso. Kiba solo asiente intercambiando miradas con Hinata, quien le confirma al devolvérsela. Konohamaru a su lado parece tan sorprendido como Sasuke lo está.

—Sakura llegó al Cuartel solo un par de meses después que él. No es como que hayan sido encontrados juntos.

A Sasuke, eso le interesa, pues la única información rescatable que había obtenido de esa mujer era que se le consideraba como una de las más temidas ahí. Y algo así como la favorita de ese cuervo negro al que todos llamaban Canciller. Más allá de eso no sabía nada así que ahora al tener una brecha sobre su origen le causaba imperiosa curiosidad pues podría usar esa información para su beneficio en un futuro.

—Ninguno de los dos son bien vistos aquí —musita el de ojos malva, a lo que Sasuke no puede evitar preguntar seguidamente.

—¿Por qué? —Hinata aclara la garganta los suficientemente fuerte para que él se percate de ella.

—¿Tú por qué crees? —pregunta ella casi con obviedad, mirándolo detenidamente.

"Encontrados", dijo.

Le toma alrededor de medio minuto analizar el trato arisco que todos tienen hacia ella. Hacia él. Hacia ese niño.

—Vienen de afuera… —Hyuga solo aprieta los labios, más su silencio es la afirmación que Sasuke necesita—. Ella y ese sujeto, ¿vienen de afuera?

—No me sé la historia completa pero…—Kiba hace una pausa antes de continuar— ambos solía ser cercanos. Por mucho tiempo fueron la pareja más letal que SHINOBI pudo tener.

—La señorita Yamanaka también es muy fuerte —interviene Konohamaru, claramente interesado en aclarar que ella y Sakura también hacían un equipo formidable.

—Y no lo niego, es solo que…—se interrumpe, meditando sus palabras—. Como dije, no me sé la historia completa. Muchos de nosotros llegamos años después a la academia. Ellos, a diferencia nuestra, no nacieron en Konoha.

—Por eso Sai la odia —dice Suigetsu, soltando una risita—. Es de lo único de lo que habla cuando estamos en reuniones —exhala con sorna, echando los brazos hacia detrás de su nuca—. Su tío está obsesionado con ella a pesar de ser una forastera. Y no solo eso, es ridículamente fuerte —dice esto último en medio de risas—. A veces me pregunto de donde obtiene su fuerza a pesar de ser tan pequeña.

Sasuke se mantiene en silencio, analizando la nueva información que se encuentra obteniendo.

—Deja de subestimarla. Sakura se ha esforzado demasiado para ser quien es ahora. Ella no necesita de milagros —el albino suelta una risita ante el tono con el que Hyuga le habla.

—Se me olvidaba que eres su noble caballero —Hinata frunce el ceño pues si bien es cierto que en la mayoría de las situaciones se muestra callada y serena, cuando se trata de Sakura obtiene una actitud bastante ruda—. Como sea, lo de hoy ha sido bastante divertido e interesante de ver.

—Me alegra que mi dolor les proporcione diversión —añade Sasuke, irónico y adolorido, volviendo a mirar a Kiba y a Hyuga—. ¿Por qué, según ustedes, ella me salvó?

—Porque lo hizo —Hinata responde, seria—. De no haber aparecido en el momento justo, ¿crees que Sasori te habría dejado solo con un hombro dislocado?

—¿Ah?

—Te habría roto los huesos —sentencia—. Los habría pulverizado. Te habría dejado inutilizable para SHINOBI.

—Es su especialidad. Le llaman el demoledor de huesos. Imagínate porqué —Sasuke traga grueso, oyendo a Kiba añadir.

—En pocas palabras, Lotus te llevó a la Arena, no para pelear. Fingió darte una paliza para que Sasori no te matara —agrega el albino—. Una paliza bastante humillante, debo decir.

—¿Fingió? ¡Pero si me dislocó el ho….! ¡Ah! —el claro sonido de su hombro volviendo a su sitio le hace soltar un alarido de dolor, mismo que Kiba toma como que ha hecho bien su trabajo al hacer de paramédico.

—Ya está —comenta el soldado, satisfecho con su trabajo, acomodándose en el sofá pues le incomoda aún bastante el yeso—. Deja de quejarte y sé agradecido. No muchos corren con la suerte que tú tuviste —Sasuke lo mira entre la molestia y la incredulidad.

—Casi nadie. Es…—Hinata hace una pausa, meditando no solo lo que quiere expresar sino lo que aún navega en sus pensamientos—. Ella no es así.

Y luego de eso nada. Todos se han sumido en un paralelo y denso silencio del que no quieren salir a pesar de que saben deben hacerlo. Sasuke quiere seguir analizando lo que sucede. El hecho de que esté ahí, rodeado de tres soldados y ese niño, en lo que parece una sala aparte, le hace cuestionarse sobre lo que representa estar ahí. Ya no hay grilletes ni castigos en la silla eléctrica, lo cual considera ganancia, pero a pesar de eso parece que el camino hacia Naruto se hace cada vez más lejano.

Pero no debe apresurar las cosas.

Incluso si tiene que soportar situaciones como la de hace rato, debe hacerlo.

Una parte es por Naruto.

Y la otra es por él.

Está en Konoha después de todo. La ciudad que creía inalcanzable finalmente está en sus manos, y desperdiciar la oportunidad para descubrir qué tipos de secretos oculta es algo que a Sasuke le interesa. Comenzando por ese niño que no deja de mirarlo de manera intensa.

—No tenías que hacerlo.

—¿Konohamaru-kun? —cuestiona Hinata, tras oírlo hablar, más Sasuke se adelanta a responder con otra pregunta.

—¿No tenía que hacer qué?

"¿Qué haces aquí?", quieren decirse individualmente pero es una interrogante que no desean responder de manera precipitada. Como si ambos quisieran estudiarse a detalle. Como si desearan que el camino hacia la verdad fuera demasiado largo para seguir viendo y no perderse de nada.

A los ojos de Hinata hay dudas ahora que ambos se miran, presos de la ansiedad del otro. Como dos mundos chocando.

—El sentirte mal por nosotros. Por eso le gritaste a Sasori, ¿no es así?

Konohamaru no sabe si lo ha acorralado o ha dado en el clavo, pero los segundos que le toma a Sasuke meditar en silencio y fruncir el entrecejo, parecen afirmarlo. ¿De quién es la culpa entonces? Ciertamente, de haberse quedado callado y aceptar ser humillado por ese tipo de cabello rojo, quizá no habría sido necesario el castigo público. Pero ahí estaba de nuevo, esa ridícula sensación de justicia hacia lo que no lucía favorable.

¿Qué le importaba? De todas maneras, todos ahí pertenecían a SHINOBI. Debería importarle menos que nada ninguno de ellos.

Pero él y su instinto heroico le habían instado a no quedarse callado.

Y ahí estaba el resultado. Un hombro dislocado y el rostro lleno de moretones. Ni siquiera había terminado de sanar completamente tras la noche anterior y ya se había metido en problemas de nuevo. Era un imbécil.

—¿Es así? —inquiere Kiba, curioso, mirando al soldado.

—Hmp, por favor, no lo hice por nadie en especial. Ni siquiera les conozco —explica, chasqueando la lengua, fastidiado.

—Pero aun así lo hiciste —Konohamaru insiste.

—Para ser un mocoso, hablas mucho —repone Sasuke.

—Para ser un adulto, no te comportas como uno —contesta el menor.

Y parece como si la conversación se hubiese tornado solo para ellos dos.

—Es raro, ¿no te parece? —Hinata, hasta entonces, se sobresalta ante la pregunta de Kiba, quien ahora se encuentra a su lado, dándose cuenta que todo ese tiempo había estado prestándole atención solo a ellos dos.

—¿Qué cosa?

—Que las cosas que antes conocíamos como normales, ahora estén cambiando —el castaño hace una pausa, suspirando—. Y que todo se deba a él —finaliza, señalando a Sasuke, volviendo su vista a ambos.

—¡Cállate! ¿No tienes un interruptor con el cual apagarte?

—¡Señorita Hyuga!

Tan similares.

Como niños.

.

V

.

Ha permanecido afuera durante una hora entera, esperando que Hinata salga.

Le ha tomado menos de cinco minutos llegar hasta ahí.

Ella es demasiado transparente.

Demasiado pura.

Demasiado obvia.

"Yo no me volví tu aliada, estúpido Fugaku"

Suelta una risa sarcástica, cargada también del más profundo pesar y apatía. ¿Hinata, obvia? ¿Qué la hace diferente de ella?

Muchas cosas; comenzando por los secretos que nunca le ha dicho a nadie. Esos que la hacen involuntariamente encogerse y querer que la pared en donde se encuentra apoyada la absorba para nunca más salir a la superficie. A la realidad monocromática a la que se sienten atada. Incluso la tenue luz de los pasillos a esas horas, horario en el que ya ningún soldado debería estar rondando por ahí, parece amotinarse dándole la ambientación necesaria para sentirse pequeña y ridícula.

Prometiendo nunca dejar entre ver los pedazos de fragilidad que conforman su pasado es que se esforzó por crear una apariencia fría delante de todos.

Para que de esa manera nadie pudiera entrar en su vida otra vez.

—¿Sakura?

Cuando alza la mirada, ella está ahí. Sakura ríe un poco, desalentada.

—¿Por qué me miras así?

Como si sintiera pena por ella.

—¿A qué te refie-…?

¿Qué tan grave sería decirle la verdad? ¿O al menos una porción de ésta? Konohamaru ha jurado no decir nada, y durante todos esos años ha cumplido a su palabra. Incluso en los peores momentos en los que su estabilidad emocional ha estado en un punto culminante, no ha dicho nada. Debería sentirse agradecida, pero no es así.

—Hinata —la subteniente contiene la respiración, confundida. No esperaba verla ahí. De hecho, no recordaba haberle mencionado el lugar donde ahora ella mantenía a Konohamaru desde la noche anterior. Pero subestimar a Sakura era una estupidez, incluso si Hinata podría jurar predecir su siguiente movimiento, no lo sabía. Porque la Sakura que ahora tiene en frente, cabizbaja e insegura, es una que no conoce—. Chiyo una vez me dijo, hace mucho tiempo, que un amigo es como otra caja de secretos —hace una pausa—. Solo que compartida.

Hyuga respinga, confundida. Sorprendida. Preocupada.

Puede que ningún otro soldado haya notado el cambio en Sakura, pero a sus ojos, esos que Sakura no juzga ni tacha como raros, ella está a punto de explotar.

No sabe si es por ese chico. Ese que se llama Sasuke.

No sabe si es por el pasado removido entre sus viejas relaciones afectivas, como con Sasori.

No sabe si es por lo que Konohamaru significa para ella.

Pero de algo está segura, Sakura está siendo afectada por todo eso. Y ahora está ahí, de pie frente a la habitación temporal de Konohamaru, habiendo esperado a que saliera solo para decirle tales cosas.

—¿Po-por qué me estás diciendo todo esto?

—Solo voy a hacerte una pregunta —hace una pausa, separándose de la pared, caminando hasta quedar a centímetros de ella—. Y dependiendo de la respuesta, tomaré una decisión —Hinata traga grueso más sus ojos solo demuestran firmeza—. ¿Vas a seguir a mi lado después de lo que te diga, sin importar qué?

—Por supuesto —suelta sin titubear, sin el peso de una culpa amotinada.

Hinata es delicada, mucho para ser una cualidad requerida para ser soldado. Pero Sakura no se fijó en eso cuando la reclutó.

—"Chiyo me miró de la misma forma. De la misma forma con la que tú ahora lo haces. La misma mirada que esa persona me dio hace mucho tiempo"

"Seré la aliada de Sakura. De ese modo siempre estaremos juntas"

Cabello brillante como la plata solo cuando la Luna la tocada pero también oscuro como las cigarras. Esa silueta que se desdibuja pero que se mece como las ondas de su cabello en remembranza al océano verde en el que alguna vez vivieron. Se parecen un poco, piensa. Solo un poco.

—"Mentirosa" —piensa de nuevo, mofándose con ironía de los recuerdos inminentes que se halla justo ahora en su mente. Como si se amotinaran en contra de ella—. "Fuiste una mentirosa. Una mentirosa…, pero aun así…"

Aun así…

La llama en los ojos perlados de Hinata está más decidida que nunca, y es todo lo que necesita Sakura para sentirse lista y atar ese recuerdo agobiante de nuevo a su presente. Está lista para volver a intentar depositar su confianza en alguien luego de un largo, largo tiempo.

La silueta de su persona querida está sonriéndole mientras cae nieve y es ésta misma la que la arrastra a desvanecerse y aguardar en algún rincón de su memoria para, de ahora en adelante, continuar apareciendo cuando el momento lo amerite.

—Es su corazón —suelta, y la garganta arde. Hinata, frente a ella, no comprende.

—¿Su corazó-…? —se ve interrumpida de nuevo cuando Sakura ha conseguido disponer de los códigos de la puerta a su espalda, abriéndola solo para dejar ver la imagen de un Konohamaru durmiendo plácidamente. Y el corazón se le acongoja a Hinata cuando mira el rostro de Sakura. Aliviado, afectado, añorado por ver a ese niño—. ¿Hay algo malo con él? ¿Está enfermo? —ansiosa, la mira a ella alternadamente para mirarlo también a él—. Sakura, por dios, dime qué es lo que…

—Ese corazón que posee. Ese corazón que lo mantiene vivo. Ese corazón que yo…que yo le di, ahora lo está matando, Hinata —el rostro de Sakura se oscurece, y Hinata puede ver claramente como su labio inferior tiembla—. Lo está matando y no sé por cuánto tiempo más pueda soportarlo.

.

.


Notas:

Me ha quedado sumamente laaaaaaargo xDD Dios mío, creo que es la primera vez que supero los 10k escribiendo. Espero no les haya parecido tedioso. A decir verdad estaba dudosa en si cortar este capítulo o no, por lo extenso que es. Pero pues debido a que me demoro a veces casi tres semanas en actualizar se me hace justo entregarles algo largo con lo cual puedan entretenerse(?) Además de que quería tocar varios temas en un solo capítulo. Y ahora sí, luego de 14 capítulo, vienen las verdades. Los secretos revelados.

He lanzado ya varias pistas en éste capítulo. Sobre unos tantos y otros no tantos. Varios me preguntan sobre la relación entre Sasori y Sakura. Bueno, hay una historia detrás de todo este "odio", y espero que haya saciado un poco sus preguntas aunque realmente creo que ahora tendrán más ganas de saber, especialmente en la parte donde va el "Fugaku"

Créanme que todo está relacionado de algún modo. Además de que finalmente he revelado parte del secreto del por qué Konohamaru es tan...enfermizo(?) ¿Tienen alguna teoría? Me encantaría leerla UuUr

En fin. Quizá me demore un poco para la próxima actualización pero espero que no. Estoy muy ansiosa por ya revelar varias cosas así que me esforzaré para apresurarme. Sin más espero que les haya gustado. Muchas gracias a quienes comentan, si bien tardo en contestarles, créanme que me hace muy feliz cuando me llegan sus comentarios. Espero seguir recibiéndolos :)

Rooss-out!