Terminología dentro del mundo de Lotus.

· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta ó El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada)

· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.

· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.

· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.

· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)


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XV

Cinabrio

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Por ese día las actividades y las reuniones controversiales han terminado.

El porcentaje de Draugs infiltrados en las zonas cercanas a la Muralla ha reducido hasta casi desaparecer. Gran parte de ello se debe a los Fenrir convocados para respaldar al resto de los soldados de SHINOBI en esa tarea, misma que ahora no luce como el pensamiento principal en la mente de Sasori en estos momentos.

No es fanático de los pensamientos melancólicos ni de recordar pasados difíciles. Nadie, además de él mismo, conoce lo que le hubo costado escalar a un título de Fenrir siendo un forastero. Un no nacido dentro de la cuna de Konoha. Alguien mal visto solo por no pertenecer a esa ciudad.

Como un forastero conoce bien la sensación de ser considerado un parásito. No había muchas oportunidades o tareas que pudiera ejercer siendo tan joven tras ser encontrado por el propio Canciller durante una de sus expediciones. Bañado en sangre, hambriento y desecho, no pintaba un panorama alentador por donde quiera que se le viera pero la mano de ese hombre, fuera tenebrosa y engañosa, fue la única puerta a la que se aferró para conseguir venganza tras la muerte de sus padres, volviéndose fuerte.

Escalón tras escalón.

Humillación tras humillación.

Error tras error.

Y las cicatrices por el paso de la crueldad de las personas, si bien ya no arden, siguen en su cuerpo. Castigos. Marcas de guerra. Heridas que no se irán.

—Sasori.

Cierra los ojos, alejando la insólita melancolía, mirando a la mujer.

—¿Se te perdió tu forastera consentida, Chiyo? —ácido, sostiene entre sus manos una de las siete piezas de peón que hay en ese solitario tablero de ajedrez sobre la mesa en la que mantiene apoyado su brazo. Su habitación es tan desolada como su corazón, y Chiyo, quien hubo cuidado de él mucho antes del tiempo en que Sakura figurara en toda esa historia, deja ver su preocupación.

—Nunca he tenido preferencia por alguno de ustedes —asegura la dulce y cansada mujer, acercándose solo un poco, y es hasta ese entonces en el que Sasori recuerda que Chiyo aún conserva el código para acceder a su habitación cual madre entra a la de un hijo rebelde.

—Las veces que me visitas son las mismas a las que se les visita a un muerto —hace una pausa aún sin mirarla—. Nunca.

—Eso no es…

—¿Qué es lo que quieres?

—Hablar solamente —más el silencio es la prueba irrefutable de que el de cabellos rojos se niega a hacerlo—. Supe lo que pasó hace unas horas —Sasori suelta una risa ácida—. Discutiste con ella.

—Yo no discutí con nadie —aclara con sequedad, descruzando las piernas, volteando un poco el cuerpo desde su sillón para verla—. De hecho mi porcentaje de participación en esa ridiculez fue de un 9%. Sakura es una intransigente insoportable, es a ella a quien deberías darle un bozal.

—Lo que dicen de ti tampoco es bueno, Sasori —el muchacho hace un gesto con la mano, como de quien no muestra interés por el comentario—. Esa distancia entre ustedes no es producto de la envidia como todos suponen —silencio—. Las heridas que poseen son…

—Basta —corta de tajo, poniéndose de pie, soltando la pieza de peón sobre el tablero antes de acercarse—. No necesito un discurso emotivo sobre el pasado y estoy seguro que a ella tampoco le interesa recordar cada cosa que hizo. Solo pierdes tu tiempo —confiesa con seguridad, pasando de ella hacia la puerta hasta detenerse tras oírla una última vez.

—La bondad de Sakura es ese niño al que cuida, cuando ya no exista, esa bondad fallecerá —pausa, volteando a verlo—. Tu bondad yace en tus recuerdos, Sasori, esos que visitas periódicamente sin decir a nadie —el muchacho engrandece los ojos, azorado—. No me gustaría que alguno de los dos viviera sin bondad.

—¿Qué hay de útil en una emoción tan simple?

—Tú verás que los males de los hombres son fruto de su elección; y que la fuente del bien la buscan lejos, cuando la llevan dentro de su corazón.[1]

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II

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Las mañanas para Sasuke suelen distar mucho al tipo de mañanas que disfrutaba en Rhoda. En SHINOBI básicamente era imposible dormir pues esperaba que en cualquier momento alguien le disparara o le asfixiara con la almohada así que básicamente sus mañanas se resumían en algo monótono y sin nada interesante sobre lo qué comentar salvo las veces en las que Sakura le daba uno o dos golpes por puro placer.

A nadie le caía bien de todas maneras y no es como que él estuviese acérrimo a entablar alguna conexión con alguien ahí aunque fuese solo por obligación. Para él todos eran las marionetas del Canciller, y hasta hace unos días sus niveles de odio y desagrado hacia cada miembro con el que se topaba era idéntico.

—Luces demasiado inquieto para alguien a quien le patearon el trasero ayer.

—No olvides que le dislocaron el hombro.

—Ah, eso también.

—¿Quieren callarse?

Sin embargo la convivencia con Suigetsu y Kiba, aunque estaba lejos de asemejarse a la hermandad que tenían él y Naruto, llegaba a ser igual de estresante en los momentos en los que decidían aliarse y fastidiarlo toda la maldita mañana.

—Vaya genio —suelta Kiba, poniéndose de pie de asiento a un lado de Suigetsu. A Sasuke le quedó claro que algo como la privacidad en SHINOBI es imposible considerando que tras levantarse lo primero que ve es al castaño ceñudo y al sin vergüenza del de cabello blanco observándole. "Los códigos", piensa.

Entiende que Kiba podría estar ahí obedeciendo alguna orden de la pelirrosa o de Hyuga y que al igual que ellas algo como tener conocimiento sobre cómo acceder a su habitación sería similar a jugar pinball.

Lo que no entiende es qué hace Suigetsu ahí aumentando su infierno personal.

—¿Dormiste bien, bello durmiente? —inquiere el de ojos malva, divertido.

—¿Qué es lo que quieren? —masculla, levantándose de la cama, incómodo por el vendaje que mantiene quieto su hombro.

—Ten cuidado con eso —Sasuke encarna una ceja, irónico ante la preocupación—. No es que me preocupe por ti ni nada parecido. Tu recuperación depende de qué tantos cuidados tengas; y si no te recuperas…

—Te botamos —finaliza Suigetsu, risueño y sin un ápice de remordimiento. Sasuke solo se muerde el labio inferior claramente molesto pero advertido del mismo modo—. Al Canciller no le sirve un soldado inválido así que yo me lo pensaría dos veces antes que desobedecer a lo que este chico te está diciendo —Kiba mira al peliblanco con enfado. Realmente no es como que lo haya invitado o haya pedido su ayuda para asistir a Sasuke, simplemente no pudo quitárselo de encima tras encontrarse por uno de los pasillos.

—Como sea. Solo tenlo en mente de ahora en adelante —pasando con libertad de él hacia la puerta contigua a la del baño, se adentra al closet comenzando a sacar el uniforme cotidiano—. Vístete.

—¿Ah? —Sasuke reacomoda las prendas que Kiba le hubo lanzado a las piernas. Las nota ligeramente diferentes al uniforme con el que hubo patrullado días anteriores. Estas pintan a ser como el uniforme de diario dentro de la base, ideal para actividades nada peligrosas—. ¿No iremos a patrullar?

—Sakura sí, por supuesto. Tú, por otra parte, estás inhabilitado por el momento hasta que te cures ese hombro.

—Hmp, yo me siento bastante bien —señala el pelinegro con un movimiento de mandíbula.

—Te estás buscando que te disloquen el otro, hombre —bromea Suigetsu, cruzado de brazos, casi fascinado por la altanería de Sasuke.

—¿Y tú a qué viniste? —espeta el herido claramente fastidiado.

—Tengo la mañana libre. Karin es quien está con Sai en estos momentos así que mejor para mí, así no tengo que soportar a ninguno de los dos —Kiba encarna una ceja, irónico.

—Es lo bueno cuando posees dos subtenientes —Sasuke presta atención a eso último disimuladamente mientras comienza a despojarse de sus prendas.

—Esperaba que, al menos, la fosforito se mostrara algo resentida con él porque intentó matarla prácticamente pero parece que sus ambiciones son mayores a su dignidad —comenta el subteniente de manera cansina y aunque Kiba se lo medita un poco al final se encuentra dándole la razón al soldado.

—Siendo subteniente es un gesto admirable —Suigetsu se carcajea a lo que Kiba se tensa pues realmente las palabras le han salido sin sentimiento alguno, como si tantos años de aprendizaje sobre la filosofía SHINOBI lo hubiesen programado a dar tales respuestas mecánicas.

—A mí me da lástima, ciertamente —comenta su compañero, riendo al final con desagrado—. ¿Hasta qué punto de la obediencia nos volvemos desabridos de principios? —Sasuke continúa en silencio, ahora completamente vestido, meditando ese repentino cambio de actitud en el de cabello blanco. Su última oración lo ha cuestionado sobre en qué dirección se encuentra su lealtad y le hace ver que quizá, y solo quizá, podría encontrar una forma de alianza con él en algún futuro pues a sus ojos no luce como el resto de soldados que honorablemente creen cada una de las cosas que sus superiores dicen.

—Suigetsu —la voz grave de Kiba resuena en la habitación y aunque el de cabello blanco no refleja remordimiento en su mirada penetrante, Sasuke se percata de la tensión figurada en el cuerpo del castaño cuando dice su nombre.

Por varios segundos no lo entiende hasta que finalmente lo hace.

—¿A cuántas? —suelta Sasuke, casi arrastrando las palabras. Como si le costara realmente formular la pregunta y mucho más enterarse de la respuesta.

—¿Ah?

—¿A cuántas personas han matado por esa pregunta?

En donde los cuestionamientos a cerca de las reglas e ideología de SHINOBI se paga con sacrificios humanos pues ¿qué otra razón habría para que se les prohíba leer y escribir?

No morderás la mano que te dio de comer. No cuestionarás absolutamente sobre el gobierno que te da de comer.

Sasuke lo ha sabido siempre pero, hasta ahora, nunca se había detenido a profundizar tanto en ello. Su odio desmedido era similar al veneno que una araña venenosa carga sobre sus patas porque su cuerpo así lo destila. Incapaz de controlarlo pero, de hacerlo, ¿el arácnido bajaría la guardia y dejaría que otro animal le aniquile? Solo por no seguir la línea de la funcionalidad que rige al reino animal, en este caso, SHINOBI. Es por eso que a pesar de que esos dos pertenecen a ese sistema, Sasuke puede apostar ligeramente a que no están completamente de acuerdo a él.

No se rigen de él, al menos hasta que se ven amenazados como es el caso de Kiba donde las apariencias pueden ser lo que le salven la vida.

En Suigetsu, para Sasuke, es sorpresivo el descubrimiento pues le ha bastado con su comentario para saber que no es 100% leal al sistema, lo que lo lleva a pensar igual en que podría ser contraproducente una alianza con él pues ¿qué le asegura que pueda ser leal a algo o a alguien si ni siquiera lo es enteramente a su núcleo militar?

Y sabe que se está arriesgando mucho porque aunque sospeche que Kiba y Suigetsu son ligeramente diferentes al resto, igual podrían matarlo ahí mismo. Sasuke posee la fuerza más no la destreza, la disciplina, el entrenamiento, la estrategia. Ante cualquiera de ahí, es blanco fácil, y ahora que es realmente consciente de ello se siente ofuscado.

SHINOBI posee un sistema para procurar el bienestar de la gente y ejercer justicia, no para castigar por placer —insiste Kiba, consistente aunque ligeramente tembloroso. Suigetsu no añade más lo cual extraña a ambos pues normalmente no se calla.

—Esa no fue la pregunta que te hice —más Sasuke, consciente de lo expuesto que se muestra, vuelve a insistir. Kiba lo mira con desaprobación—. Has dudado —añade.

—¿Por qué no en lugar de seguir expresando tu desagrado hacia nosotros te enfocas en replantearte sobre por qué estás aquí? —Sasuke tensa sus expresiones—. ¿Qué? ¿Quieres que me crea que llegaste por coincidencia? Todo el día no paras de expresar lo mucho que odias estar aquí.

—Esto se puso interesante —comenta el subteniente, volviendo a recobrar un poco de su actitud desvergonzada mientras continúa observándolos.

—Crees que ocultamos cosas pero tú no eres precisamente la imagen de la honestidad, idiota —enfurecido, Suigetsu termina por intervenir entre Kiba y la distancia a la que se encuentra Sasuke sentado aún en la cama—. Quítate, quiero dislocarle el otro brazo —el peliblanco suelta una risa limpia.

—Aunque me encantaría ver como se pelean, el protocolo como su superior me obliga a tener que sacrificar mi diversión —confiesa en medio de risas pequeñas. Sasuke, a su lado, inevitablemente se ha enfurecido a un nivel que no entiende, casi similar a cuando discute con Naruto. De ser un extraño, poco le importaría pero parece ser que la convivencia le ha enseñado a sus emociones a aprender a tolerar al castaño.

—De todos los momentos en los que te puedes mostrar como nuestro superior, ¿elegiste éste? ¿Es enserio? —gruñe Kiba, apartándose, resignado.

—Aunque no lo parezca, soy muy leal a los principios —alardea el de ojos malva, intercalando su mirada entre Sasuke y Kiba.

—No lucías muy creyente a ellos hace rato —agrega el azabache finalmente, aunque aún entre resentimientos con el castaño quien continúa mirándolo con sequedad.

—Oh, me refería a mis principios, no a los de nadie más.

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III

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Una persona a la cual amé hace mucho tiempo fue despojada de su humanidad durante su último aliento de vida.

Cuando regresó del abismo y despertó, lo hizo con un hoyo en el pecho y sin un corazón, más su cuerpo continuó moviéndose por mero instinto y por la necesidad básica que posee cualquier ser hambriento que haya pisado esta tierra.

Alimentarse.

Esa persona, esa cosa en la que se había convertido, su cuerpo, su cascarón, pereció a mis pies sobre un enorme charco de sangre oscurecida e infectada pero su corazón, tan puro, cálido y vivo, como lo esa persona lo era en vida, continuó intacto, latiendo…

—…en la palma de mi mano.

—¿Señorita Hyuga?

Horas han parecido las que Hinata se ha perdido en pensamientos. Horas que ella ha creído han transcurrido. Sin embargo para Konohamaru han sido los minutos más largos en los que la ha llamado por su nombre innumerables veces, recibiendo solo silencio. Durante cualquier momento de meditación, Hinata siempre suele avisarle para evitar molestias y momentos incómodos.

Pero eso no ha sido meditación.

La señorita Hyuga simplemente se había perdido entre sus memorias. Entre mundos. Entre la conversación que hubo tenido con Sakura durante toda la noche sin dar cabida a huecos argumentales.

"El corazón que yo le di lo está matando lentamente"

Aquello parecía sacado de alguna reseña de algún cuento fantasioso. Parecía tan real como que Suigetsu poseyera sangre azul. Completamente ilógico pues estaban hablando de un corazón figurativamente. Ni siquiera se trataba de una frase con doble sentido o algo metafórico. Sakura le dio solo los detalles que creyó convenientes como el hecho de que sí, en efecto, Konohamaru tenía un déficit interno y se trataba de ese órgano indispensable que provee la vida a cualquier ser humano.

Un corazón.

A medida que Sakura relataba, a Hinata se le hacía cada vez menos absurda la idea que la pelirrosa intentaba encajarle profundamente en su mente. El corazón que Konohamaru tenía había sido implantado. Aquello solo hubo causado un estado de shock en Hinata durante varios segundos en los que Sakura tuvo que detener su relato. Aquella verdad revelada era del tamaño de una ciudad entera, al menos para ella. Sonaba a disparate pero conforme más la oía, más podía encontrar dentro de su mente respuestas obvias independientemente a lo que la pelirrosa le estuviese diciendo.

Si ese corazón se trataba de un trasplante la dejaba con varias cosas claras y una que otra incógnita angustiante.

¿El niño en verdad estaba enfermo? Porque ¿de qué otro modo hubo necesitado de un trasplante? Desde un principio Konohamaru había estado enfermo pero ¿desde cuándo? Las cuentas mentales junto al retroceso de los años le indicaban que Sakura había encontrado al menor cuando éste tenía ocho años.

"Encontrado" es otra de las expresiones de las que tampoco está segura de creer al 100%

¿En verdad lo había encontrado? ¿Solo había sido una coincidencia? ¿Konohamaru, desde esa vez, ya tenía problemas cardiacos como para requerir un trasplante inmediato? ¿Y en qué momento había conseguido hacérselo? De nuevo las cuentas mentales la llevan hasta el día en que conoció a Sakura cerca de sus doce años. La edad en la que pisó SHINOBI. La edad que recuerda haber escuchado de los soldados, de aquél entonces, decir que tenía la nueva "forastera favorita" encontrada por el mismo Canciller pues a Sakura realmente la vino a conocer a la edad de catorce, cuando cruzaron miradas durante el primer entrenamiento impuesto por los líderes de la academia.

Entonces, ¿en qué momento lo había hecho?

¿Cómo?

¿Cuándo?

Por más vueltas que Hinata le daba al asunto de las edades y fechas, intentando encontrar coincidencias, nada encajaba.

Pero aquello no era lo más preocupante.

¿De quién era ese corazón? ¿Y por qué, luego de tanto tiempo de aceptación por el cuerpo de Konohamaru ahora decidía comenzar a causar problemas a su huésped? No había que ser médico para entender que el nivel de compatibilidad entre el órgano vital de una persona extraña tendría que ser alto para si quiera ser trasplantado.

¿De quién era y qué clase de corazón era?

"Cuando regresó del abismo y despertó, lo hizo con un hoyo en el pecho y sin un corazón…"

No había sido detallista, ni Hinata se había sentido en el derecho de alguien exigente pero aquella parte del relato solo había acrecentado el miedo en la de ojos perla a imaginarse, y a llegar a tener razón, que ese corazón pertenecía a un No muerto. A un Draug.

—"Alguien a quien amó…" —hasta esa noche Sakura no había mencionado tal palabra acompañada de la más pura expresión de tristeza. Amor. Aun cuando ella, durante tanto tiempo, le ha insistido en que eso mismo es lo que siente por ese niño. Que de Sakura misma hayan salido tales palabra cargadas de remordimiento, la hacen querer saber más.

Hinata, terminando de procesar toda la información, solo tenía un par de cosas claras.

El corazón de Konohamaru perteneció a una persona querida por Sakura. Una persona de ese pasado que aún esconde.

Y esa persona…

—Señorita Hyuga, ¿está bien?

…había muerto para volverse un Draug.

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IV

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Nunca le ha parecido grotesca la sangre ni el hecho de, en ocasiones, bañarse de ella.

Es un soldado después de todo, un soldado que aniquila Draugs. Criaturas que alguna vez fueron seres humanos. La danza carmesí por la que muchos la conocen es un espectáculo que muy pocos han tenido la oportunidad, y el valor, de ver pues Sakura siempre luce certera a la hora de llevar a cabo su labor.

"No son humanos", se repite siempre que degolla o perfora con su espada.

"Dejaron de serlo"

"Ya no importa"

El arma sin sentimientos que creen que es siempre está en constante duelo dentro de su mente pues esa es la única manera en la que nadie puede sospechar de sus propios demonios y de los secretos que se incrementan con el tiempo pero llegados a este punto, en el que no sabe si ha sido una imprudencia o estupidez haberle contado a Hinata sobre Konohamaru y ese extraño corazón, es cuando comienza a cuestionarse sus propias reglas auto-impuestas.

Para ella no hay cabida a sentimentalismos, ni deslices, ni cosas como momentos de debilidad, entonces ¿por qué?

¿Por qué se muestra desesperada en limpiar la sangre de sus manos como si fuera la peor suciedad del mundo?

El agua resbala por sus manos con rapidez y ella desearía que también lo hiciera esa presión en el pecho que no puede dejar de sentir. Incluso si ha llevado acabo la tarea encomendada por Ino ese día, incluso si es algo a lo que está acostumbrada a hacer, "eliminar a un par de Draugs", ¿por qué dudó con el último al que debía matar? La sangre finalmente había salpicado parte de su rostro y bañado sus brazos completamente porque la espada que había perforado el cráneo de la criatura había sido incrustada a centímetros de una aturdida Sakura.

—Límpiate… —gruñe teniendo problemas con la sangre seca que aún no se desprende del todo de sus manos—. Límpiate, maldición…—insiste, desesperada y ansiosa—. ¡Límpiate ya…!

Memorias que una vez que comienzan no puede parar.

El color oscuro de la sangre.

El olor a óxido de la sangre.

El brillo de esos ojos volviéndose similares a la sangre.

Y la vida de esa persona perdiendo la batalla por convertirse en algo que no fue su decisión.

Sakura se rinde a los recuerdos dejándose vencer por ese dolor único que la distingue como un ser humano igual que los demás. Igual que Konohamaru, igual que Hinata, mientras el coraje se acumula en sus ojos, cristalizándolos un poco.

La sangre en sus manos finalmente se va mezclada con el agua que sale de la llave del lavabo hacia la coladera, dando vueltas en espiral. Quisiera ser igual, piensa mientras va ejerciendo menos esfuerzo en no dejar caer esa hilera cristalina por su mejilla. Quisiera irse y no volver. Quizá de esa manera podría encontrar la paz que por tantos años ha anhelado. La paz que dice no merecerse debido a la persona a la que amó. Esa que hoy vuelve, finalmente, tan nítida en su mente.

Con el cabello tan largo. Con la sonrisa tan hermosa. Con los ojos tan amables.

—M-mentirosa…—suelta, riendo con coraje, con las manos húmedas y apoyadas sobre el borde del lavabo—. Mikoto…

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V

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Durante esa noche el sueño abandono sus cuerpos.

Ninguna otra noche había sido tan complicadas como esa.

Konohamaru, acostumbrado al insomnio, bajo el cobijo de las sábanas, hizo lo que mejor sabía hacer en momentos así. Escribir.

Sasuke, inquieto, continuó rodando en la cama hasta el amanecer. Sintiendo miedo, por primera vez, a esa extraña sensación de no reconocerse a sí mismo.

Hinata, angustiada, tras varios intentos fallidos, ocupó cerrar los ojos solo unas horas a pesar de que su mente seguía trabajando en amoldar su preocupación y reescribir sus teorías.

Sakura simplemente se ausentó durante toda la noche en su habitación. La cama no se deshizo. La silla de su escritorio continuó en su sitio del mismo modo que el dolor silencioso de su corazón.

—Ya han pasado varias semanas y aún te niegas a aceptar lo obvio, Kakashi.

A kilómetros de ahí, en Rhoda, Kakashi descansa a la orilla del río donde Sasuke y Naruto solían ir a pescar. A esa hora todos duermen, excepto quizá, él y ahora también Jiraiya quien ha dado con su paradero.

—¿Qué es lo obvio? —tan trémulo y silencioso como el agua llena de calma, Kakashi apenas murmura, silbando buenas noticias en sus oídos solamente.

—Dices que Sasuke es un hijo para ti pero no haces nada para recuperarlo. ¿Significa eso que aceptas su inminente muerte así nada más? —no hay respuesta y aquello solo enfurece al de cabello blanco—. No sé qué idea tengas tú sobre la familia pero yo no pienso abandonar a Naruto ni tampoco a Sasuke.

—Yo no lo he abandonado —contesta pausado, sacando un papel doblado de entre sus ropas. A Jiraiya le toma un par de segundos entender el significado de eso hasta que se concentra en el rostro aliviado de su compañero.

"Lo he conocido. Me recuerda a ti, igual de rebelde y con hambre de pelear…y también me recuerda a él. No sé lo que hace aquí ni se lo que tú esperas de él pero mientras pueda mantenerlo a salvo, la llama de la esperanza que encendimos hace años, podría ganar esta vez a través de él. Pero algo si te advierto, el rumbo que tomen sus decisiones serán propiciadas por su corazón"

—¿De dónde…? ¿De dónde has sacado eso?

—De un aliado.

Durante esa noche el sueño abandono varios cuerpos. Incluyendo el de ese hombre.

Cartas almacenadas en un cajón secreto. Tinta aún fresca en la punta de la pluma. Un poco de arrugas en los ojos y bolsas negras debajo de éstos. Y el uniforme que para él es la imagen de estar en un duelo eterno yace en el perchero de su armario, vislumbrando el emblema que lo reconoce como soldado de SHINOBI.

—Espero que no te equivoques esta vez, viejo amigo.

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Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Glosario:

[1] - Frase de Pitágoras de Samos.

Cinabrio: es un mineral de la clase de los sulfuros que se reconoce fácilmente por su color rojo bermellón.

Notas:

Ha vuelto. Ha vuelto. Voldemort a vuelto c:

Ok no.

¡Bienvenidos al 2018! Les juro que esto no es una ilusión, ni yo me creo que apenas ayer me haya puesto a escribir este capítulo y lo haya terminado en cuestión de horas. Eso pronostica un buen año(?) Antes que nada espero hayan tenido felices fiestas :)

Tocando el tema del fic, creo que este capítulo, a pesar de ser tan corto, he dado una buena dosis de revelaciones a medias(?) Oh, sí. Tengan por seguro que el próximo capítulo, (Del que ya llevo la mitad porque no he parado de escribir como posesa) tendrá otro buena dosis de "revelaciones", además de que presentaré finalmente a un personaje al que he querido mostrar desde el inicio de ésto pero que no encontraba el momento xDD Se trata de alguien a quien ya hemos mencionado en capítulos anteriores pero que hasta ahora no sabemos nada de él.

Con este capítulo doy puerta a miles de teorías a partir de ahora. Ya sabíamos lo del "corazón" de Konohamaru más no sabíamos de quien "era". Pero si bien pueden hacerse una idea de a quien le pertenece, el papel de esta persona, aún no se desvela del todo. Bien, podría ser de Mikoto pero...¿cómo llegó a Konohamaru? ¿Por qué? ¿Es su corazón? ¿Quién es Mikoto? ¿Cómo es que Sakura la conoce? No sé si habrán notado pero en el capítulo pasado también mencioné a Fugaku xDD Aunque no sé si se dieron cuenta.

En fin.

Lento pero seguro se irán desvelando los secretos. Espero me sigan acompañando en este 2018! Ojalá podamos verle fin a esta historia este año jajajaja es lo que más deseo.

Nos vemos!

Rooss-out!