Terminología dentro del mundo de Lotus.

· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta ó El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada)

· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.

· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.

· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.

· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)


.

XVII

Creencia

.

El miasma sobre su cuerpo es demasiado denso, tanto que parece tener vida propia atándose a sus brazos y piernas.

Sakura ha perdido la cuenta de las veces en las que ha pedido ayuda.

Piedad.

Clemencia.

Pero nadie la escucha.

Nadie hace caso ni parece interesarle el dolor que siente cada vez que una decena de agujas penetran su tierna piel. Se percatan del instinto de supervivencia natural que hay en cada ser viviente, del miedo genuino cada vez que pelea hasta cansarse por pedir que la suelten. Saben lo que han hecho, saben lo que le están haciendo, saben en lo que se convertirá cuando el procedimiento culmine y el experimento sea exitoso.

Sakura solo quiere morir.

A la doceava vez que es sometida en esa plancha fría metálica, sabe que nadie va a salvarla. Desnuda, apenas tapada por una simple tela, en medio de lo que parece ser una sala de operaciones sumamente moderna y a la vez escalofriante, a ella le sabe al infierno.

Setenta y dos horas después, una ciudad ha sido devastada.

Y ella es el verdugo pero también la miserable víctima.

—"Tú me hiciste esto, Sakura"

La vida de una inocente.

De la persona a la que amó, persiguiéndola.

Tan pálida y fría, con el pecho teñido de rojo. Sakura ha dejado de ser su versión más joven para volverse la mujer en la que se ha convertido. Apresada por una culpa que no la deja vivir y que creyó haber sepultado en lo más profundo de su alma hace muchos años, si es que aún poseía tal cosa.

—No…

—"El hueco en mi pecho…, tú lo hiciste"

Ese del cual no para de brotar sangre, ensuciando la pureza y la amabilidad de esa persona. Cuando Sakura, ahora adulta, intenta tocarla, sus ojos son presa del pánico y su cuerpo de convulsiones cuando nota sus manos manchadas de sangre.

—N-no…, yo no h-hice esto…

—"¡Tú me mataste!"

—¡No! —grita con fuerza, abriendo los ojos solo para encontrarse con una asustada y preocupada Hinata. En cuanto la ve no la reconoce instantáneamente, quizá porque su cabello es un poco similar al de…—"Mikoto…" —sus sienes reciben punzadas automáticas, forzándose a sentarse de golpe en su cama recordando que se encuentra en su habitación. Se toma su tiempo para respirar con fuerza, regularizándose—. ¿Q-qué…? ¿Qué haces aquí?

—Yo…solo venía a ver como estabas. No te vi en todo el día así que…

—Estoy bien, Hinata —más su rostro y su cuerpo están lejos de expresar lo mismo.

—Sakura…

—¡Dije que estoy bien! —advertida por la actitud violenta de su superior, Hinata se aparta solo un poco más no retrocede totalmente. La expresividad en su rostro muestra incertidumbre pero también firmeza a no dejarla sola.

—¿A quién tratas de convencer? ¿A mí, que no te creo absolutamente nada? ¿O a ti, que luces tan contradictoria a tus palabras, Sakura? —la pelirrosa chasquea la lengua, apartando las sábanas con una mezcla de coraje y frustración para levantarse y pasar de ella hacia la sala de su habitación. Hinata la sigue—. ¿Vas a decirme?

—¿Ah? —contesta la Fenrir, terminando de beber con casi furia un poco de agua.

—Lo que te pasa realmente.

—A mí no me pasa nada. No sé de dónde sacas…—las pupilas de Sakura se contraen ligeramente cuando reconoce el tubo-probeta que Hinata le muestra a continuación aunque fácilmente vuelve a recobrar la postura pasando del asombro a la efectiva ironía burlesca—. ¿Viniste a enseñarme tus mezclas extrañas? —Hyuga frunce el ceño sintiéndose ofendida al creerla incrédula, tomando la parte superior del tubo, destapando la aguja que contiene. Sakura solo traga con pesadez.

—¿Qué es lo que te inyectas?

—¿Disculpa?

—¡No te hagas la tonta conmigo! —vocifera, tensando a la pelirrosa. Contadas son las veces en que Hinata le alza la voz, y está es una de ellas—. Esto estaba en el bolsillo de tu saco junto a dos tubos más.

—¿Revisaste mis cosas?

—¿De qué otra manera puedo enterarme de lo que te sucede? —Sakura no responde pero la seriedad en su rostro advertiría a cualquiera de que era mejor no seguir hablando si no quería tener problemas con ella aunque claro que con Hinata no aplicaba tal razonamiento—. ¿Hasta cuándo, Sakura? ¿Hasta cuándo vas a ocultarme lo que en verdad pasa?

—Te conté sobre Konohamaru —suelta la soldado casi como si se tratara de un gruñido sopesado por la poca paciencia que va gastando—. Confórmate con eso.

—¿Entonces hay más? —avanza un paso el cual es devuelto en cuanto la de ojos esmeralda se pierde entre los paneles de cristal que separan esa habitación de la cocineta—. ¡Sakura!

—¡Ya basta, Hinata!

Las veces en que han discutido y han llegado a los gritos, Hinata las recuerda bien, pues ningún grito había causado tanto temor como el de ahora. Donde casi no ha reconocido a Sakura tras ese gruñido casi bestial y esos ojos oscurecidos de manera extraña. Le ha erizado los vellos y le ha paralizado casi la respiración pues nunca antes había sentido tal sensación de miedo hacia ella.

En donde, está segura, que de dar un paso en falso, es posible que Sakura no la reconociera y terminaran peor de lo que ya estaban.

Ese miedo genuino que no puede comparar.

O quizá sí.

Y es cuando ese miedo aumenta de manera proporcional.

El miedo que te paraliza cuando oyes el gruñido de un Draug.

.

I

.

—¿Qué estás haciendo?

Sasuke mira a ambos lados, incluso se gira un poco esperando ver a alguien atrás de él mientras detiene el mordisco que le acaba de dar al pan que segundos atrás ha cogido de una de las bandeja de la cafetería, todo con el fin de encontrar a esa persona a la que él creía se dirigía ese mocoso.

—¿Me estás hablando a mí? —la impaciencia de Konohamaru se ve reflejada en su ceño fruncido, en sus brazos cruzados y en el movimiento estresante que hace con uno de sus pies—. Te ves ridículo haciendo eso.

—Lo dice quien está lisiado —contraataca y Sasuke solo puede tener pensamientos vengativos hacia el más bajo. Como el de meter su diminuta cabeza en el excusado o darle un golpe en el omoplato.

—Muy gracioso, mocoso —suelta, dando por hecho que esa conversación ha finalizado mientras vira el rostro. Sin embargo Konohamaru está lejos de querer dejar de molestarlo—. ¿Quieres dejar de mirarme?

—¿Quieres dejar de ignorarme? —el mayor rueda los ojos, dando un mordisco gigantesco para terminarse el trozo de pan, levantarse e irse de ahí—. ¡Oye!

—Niño, estoy ocupado. Ve con tu niñera o lo que sea —Konohamaru se apresura a seguirle el paso a pesar de eso. Sasuke no puede mostrarse más fastidiado—. Fabuloso —suelta con desgastante ironía.

—La señorita Hyuga no está por ningún lado, y Lotus…—inconscientemente Sasuke presta atención disimuladamente mal—. Bueno, ella salió, supongo.

—¿Supones?

—Es que no la he visto desde ayer —Sasuke encarna una ceja, hambriento de curiosidad—. Me aburro en mi habitación.

—Y supones que yo voy a acceder a ser tu niñera nueva —Konohamaru hace una mueca de desagrado—. ¿No habías expresado ya descontento hacia mi persona? —el menor lo mira indeciso.

Para Sasuke las razones por las que ese niño está ahí son inciertas. Mas inciertas que el tiempo desde su estadía en ese lugar. Le intriga, pues no lo va a negar, descubrir a razón por la que una persona como lo es la pelirrosa, considerando su carácter y su status en esa pirámide de poder, mantiene a ese niño cerca.

Le queda claro que no son familiares pero la manera en que lo cuidan es abrumadora.

La manera en que lo ignoran y lo miran como si fuera un parásito también lo es.

Le recuerda un poco a él pues aunque Rhoda siempre ha sido su hogar a veces ocurren pesadillas en las que él mismo recuerda como, durante un tiempo y por una extraña razón desconocida, la gente de la ciudad levantada le miraba con miedo.

Ahora que lo piensa mejor… ¿por qué habrá sido? No recuerda mucho sobre su infancia y ahora que lo medita existe la posibilidad de que toda su vida haya sido una mentira. Después de todo Kakashi le hubo mentido. Si no nació en Rhoda, como lo había estado sospechando siempre, ¿de dónde proviene? Es por eso que cuando mira discretamente a Konohamaru no puede evitar sentir empatía.

—¿Es cierto que vienes de afuera? —devuelta a la realidad, Sasuke duda si responder o no—. En eso nos parecemos.

—¿También te secuestró? —cuestiona Sasuke, directo, y Konohamaru no puede más que sentir confusión y ansiedad ante la interrogante.

—¿Qué? —prestándole atención Sasuke no luce como el brabucón y sarcástico de siempre, y eso solo hace que el menor frunza más el ceño—. Sakura me encontró, así como a ti —esta vez el mayor rueda los ojos.

—¿Eso te dijo?

—La señorita Hyuga me dijo que Sakura te había encontrado en…

—…las afueras de la muralla. Así es —suelta, simplón, aprovechando lo consternado que se ve el niño pues parece que no ve lo grave del asunto a diferencia de él—. No estoy aquí por voluntad propia. Ella me obligó a venir —el más bajo pronuncia más su molestia.

—¿Qué hacías entonces dentro del perímetro de la valla? —la astucia de Sasuke se ve interrumpida al igual que su expresión altanera cuando le refuta—. ¿Secuestrarte? ¿Por qué piensas que eres tan especial? —ahí está, esa incontrolable necesidad de sentirse superior a él en cuestión de cercanía a Sakura. No ha olvidado lo que representa que Sasuke ahora se haya unido a ellos, aunque desconoce el motivo de Sakura al tenerlo ahí, no bajará la guardia ante él solo por ser unos años mayor.

Mientras Konohamaru enfurece, Sasuke toma esa interrogante para sí mismo compitiendo contra el mundo en el que habita.

Quiere la respuesta, francamente. ¿Por qué está ahí? Además de rescatar a Naruto, ¿qué lo hace tan especial como ser él el primer miembro de Rhoda en infiltrarse en la máxima base militar sobre lo que queda de esa extinta tierra?

Para Kakashi, ¿Qué pudo haber visto en él como para cargar con la responsabilidad de criarlo?

Y sobre esos sueños que no lo dejan dormir por las noches, ¿qué tiene de especial él como para ser el único que los posea?

Quiere saberlo.

¿Qué lo hace tan especial para ese mundo?

—¿Y tú a qué le temes tanto? —sin embargo, no porque Konohamaru sea un niño va a dejarse pisotear pues en algo parece que son bastante similares. No les gusta perder—. ¿Reemplazarte? —ríe con sorna—. ¿Acaso eres tan importante?

—Lo soy —afirma el pequeño, severo, y aunque sabe que debe callarse antes de decir más, es más su instinto que razonamiento lógico lo que se apodera de él tras cada respuesta—. Soy todo lo que tiene. Soy lo más grande que posee.

Sasuke cree que es un niño malcriado e irritante pero durante esas semanas observándolo puede llegar a creer que Konohamaru es más que solo un pobre mocoso indefenso. Se atreve a pensar que sus palabras poseen más peso que las de cualquier otro soldado ahí, y el hecho de que lo cuiden tanto es porque ocultan algo. Sakura y él. Y definitivamente quiere saber qué.

—Es curioso, ¿sabes? —ríe, amargo, entretejiendo esas profundas reacciones y emociones que el niño siente por alguien como ella ante la relación que él mismo posee con Kakashi, o que quizá tuvo alguna vez—. Creí ser lo mismo para la persona que cuidó de mi todo este tiempo —el menor parece aligerar su enojo, prestándole atención. Sasuke deja escapar un suspiro, queriendo desvanecer esas emociones frágiles—. ¿Por qué confías en ella de todos modos? Es un SHINOBI.

—Por la misma razón, quizá, que tú confiaste en la persona que te cuidó —contradice, y Sasuke le da puntos mentales por astuto—. A veces tu misma raza, tu misma gente, es de la que tienes que cuidarte la espalda —hace una pausa, suavizando su mirada—. Sakura me dio una vida y me dio un propósito por el cual seguir existiendo —llevando su mano a la altura de su corazón, Sasuke no parece sospechar de la acción pues la ve tan natural que no precisa de preocuparse—. Voy a permanecer a su lado hasta el día en que ella crea conveniente.

—Hmp, eres como su perro.

—No. Soy su más grande secreto.

.

ll

.

El quedarse de brazos cruzados no estaba más dentro de la jurisdicción de su reglamento moral.

Decir qué estaba bien y qué estaba mal tampoco era algo que ella pudiera decidir pero ya eran suficientes las señales que Sakura le había mostrado como para simplemente seguir con la cabeza baja y la cola entre las piernas, fiel a ella, ladrando cuando se lo requiriera.

Es su subteniente, maldita sea, y más que eso se ha auto impuesto, desde que decidió seguirla hace años, que se convertiría en alguien capaz de proteger a la gente importante para ella; y Sakura, tan arisca y de corazón frío, solo podía aparentar algo por fuera más por dentro Hinata aseguraba que era un sinfín de heridas y fragilidades.

No estaba dispuesta a dejar que pasara más el tiempo pues la extraña decadencia en el cuerpo de Konohamaru, que aún era un misterio para ella, estaba avanzando. Y ahora también lo de Sakura. Lo que sea que le estuviese sucediendo.

—No tengo todo el día —murmura para ella misma, exigiéndose ser lo más rápida posible en analizar la muestra de sangre que había logrado rescatar de uno de los tubos de ensayo que había tomado del bolsillo del uniforme de Sakura sin ser vista.

Lo conveniente sería analizar la sangre y determinar cada compuesto.

Lo que sea que Sakura se inyectara, era para contrarrestar algo.

Sueros, medicinas, antídotos, vacunas. Hinata conocía la composición molecular de la mayoría de cada sustancia, incluso con solo ver su aspecto podía determinar si se trataba de algo peligroso o algo inofensivo.

Esa increíble habilidad que la Teniente Yamanaka alardeaba, Hinata la ocultaba. No la creía útil, ciertamente, considerando que SHINOBI era una fuerza militar basada en eso justamente, fuerza predominante. Algo con lo que ella no contaba. Sin embargo su brillantez radicaba en otro tipo de destreza, como la elaboración de armas biológicas tan letales que ni el batallón más numeroso podría detener.

Los virus se podían expandir de muchas maneras y podían llegar incluso más rápido que las buenas o malas noticias a la gente.

Prueba de ello era el asunto de las esporas.

A Hinata nadie le quita de la cabeza que tal evento era provocado por algo. Fuera natural o artificial. Natural era la verdad a medias que todos creían pero para alguien como ella, quien se la ha pasado gran parte de su vida encerrada entre matraces y sustancias radioactivas que en la Arena con espadas y alabardas, se oponía a creer eso. Claro que aquél pensamiento no podía expresarlo más que para ella misma considerando que alterar el orden del pensamiento por la doctrina de SHINOBI se consideraba traición.

Algo como lo que estaba haciendo ahora.

—¿Qué estás ocultándome, Sakura? —entre ansiosa y angustiada, realmente se siente claustrofóbica mientras analiza con suma rapidez el hemograma.

Deseosa de solo encontrar células con una forma y estructura normal para simplemente dejar de pensar en lo peor, consigue lo contrario.

La sangre sobre la tabletilla de cristal es sumamente espesa, y lo primero que pasa por su mente es que debe tratarse de sangre animal, lo cual desecha a medida que va sacando conclusiones observando meticulosamente cada componente. El nivel de glóbulos rojos es demasiado alto, tanto como para pensar que sangre de este tipo, de pertenecerle a alguien o algo, no es más que un indicio de poseer severos problemas cardiovasculares.

Lo siguiente que analiza son las plaquetas. De nuevo, niveles sumamente altos.

La hemoglobina corre con la misma suerte que sus predecesoras pero lo que más extraña a Hinata es que la sangre no posee una estructura normal como la sangre de un ser humano. Luce alterada.

Tales cifras elevadas solo indican que de donde sea que se haya extraído la sangre, su huésped tenía la muerte sobre él. Hinata podía enumerar una larga lista de padecimientos derivados de los números altos que arrojan los resultados como para deducir que la persona portadora de tal estructura sanguínea estaba fisiológicamente muerta o…

—Los resultados de la autopsia… —murmura, temblorosa recordando los resultados arrojados de la sangre analizada de uno de los Draugs que habían llevado a los laboratorios durante la última misión de Sakura en el centro de la ciudad.

Hinata fue convocada a participar en ella gracias a sus amplios conocimientos en el rubro y recuerda claramente parte de los resultados analizados de la criatura.

Con una rapidez angustiante aparta su vista del microscopio donde yace la muestra de sangre, buscando entre los registros del computador los resultados más recientes de los laboratorios de la criatura.

Toma la estructura analizada del tubo y la superpone sobre la de hace dos semanas, extraídas del Draug, y de pronto siente náuseas y la cabeza le quiere explotar. Los trastornos de ambos resultados coinciden en un 99% lo que hace que Hinata simplemente abra la boca para permitir que aire circule en sus pulmones y no se ahogue ante la ansiedad.

Odia con el alma ser asertiva en la mayoría de las cosas y justo ahora quiere equivocarse y no creer en los resultados.

Lo que Sakura se inyecta no es medicina, como ridículamente le hizo creer.

No es un antídoto.

Es sangre alterada.

Sangre modificada.

Sangre infectada.

—Sangre de Draug….

.

III

.

—¿Eres huérfano o algo así?

En algún otro momento, uno donde Konohamaru estuviese recién llegado al Cuartel con los traumas y dolores a flor de piel tras la exposición de la crueldad de un cielo brillante y esporas danzantes, le habría sacudido tal pregunta.

Con sus doce años ha entendido que acumular melancolía es otro problema que darle al corazón huésped que posee.

Lo que recuerda de la noche en la que Sakura lo encontró es muy vago, muy abrumado y borroso. Por más que intenta recordar sobre esa noche no halla nada. Pero le basta con la versión que Sakura le cuenta y en la que él cree fervientemente que es verdadera.

—Todos lo somos aquí, o al menos la mayoría —se limita a decir pausadamente, blandiendo esa versátil espada de madera con la experiencia de un pobre principiante.

Sasuke permanece apoyado en la pared cercana a él, alejado de la mayor congregación de soldados que entrena realmente a esa hora del día. No sabe por qué razón lo ha seguido siendo que no es su responsabilidad cuidar de él pero sabe que su ridícula humanidad lo hace sentir cierta empatía por ese chiquillo. Sabe que él tampoco es muy bien digerido en ese lugar y bueno, mejor ser un par de inadaptados a ser solo un miserable.

—¿Tú también lo eres? —el mayor encarna una ceja—. Huérfano.

—Eso supongo —murmura, apagado, chocando miradas con un par de soldados que los miran a ambos como si fueran la peor enfermedad del ambiente. Gruñe, pero decide ignorarlos recordando el cabestrillo que sujeta su hombro—. Un hombre me encontró cuando era un recién nacido. Desde entonces él es una especie de protector para mí. O lo era —aquellas palabras han salido como si nada, y aunque sabe que se expone al peligro de revelar cosas que ni siquiera Lotus o incluso Hyuga conocen, piensa que hablar con ese niño no representa gran cosa.

—¿Lo era?

Los recuerdos se estrellan dentro de su mente, molestándolo. No quiere ni recordar la mentira.

—¿Sabes? —suelta con desgano —. Tal vez tienes razón en eso de que a veces es de tu misma gente de la que tienes que esperar lo inesperado —ironiza, ácido.

—¿Lo lamentas? —Sasuke lo mira sin comprender—. Él no tener a esa persona contigo ahora.

—¿Tú lamentas no tener a tus padres? —Konohamaru lo medita. Ciertamente es poco lo que recuerda de su infancia. Sabe que debe existir una conexión profunda con sus progenitores pero en todos estos años no se ha lamentado el que ellos hayan muerto de alguna manera desconocida y él se encuentre vivo a lado de la mujer que vio algo especial en sus ojos. Finalmente niega con la cabeza—. Entonces es lo mismo.

—¿Al menos él vive?

—Lo hace, a menos que un Draug le haya arrebatado el otro ojo —se burla Sasuke en un intento por no pensar en la posibilidad de que tras su partida toda Rhoda haya desaparecido. Konohamaru decide no preguntar más aunque por dentro de muere de hacerlo—. Estás enfermo, ¿verdad? —Sasuke, por el contrario, sabe que el tiempo que transcurre es limitado y está dispuesto a volverse todo lo que ese niño espera de él con tal de obtener la mayor información posible aunque el interés genuino que tiene sobre el pequeño y Sakura es algo de lo que no se percata aún.

—¿Qué?

—La primera vez que nos vimos tenías una crisis.

El menor engrandece los ojos, sorprendido.

Ciertamente no ha sido mucho el tiempo que ha transcurrido de eso para que él lo haya olvidado. Sin embargo, considerando lo sarcástico e irritable que es, Konohamaru pensaba que Sasuke sería una de esas personas brutas y olvidadizas, así que el hecho de estar hablando con él en un panorama donde no se molestan ni se dicen de cosas, también le sorprende.

Le sorprende y le hace estremecer pues dentro esa jaula de ratas nadie, aparte de la señorita Hyuga o Sakura, se había fijado tanto en él como para preguntarle aquello.

—No te incumbe —contesta, apretando los labios, volviendo al asunto de descubrir la forma correcta de sujetar el palo de madera.

—Cuando era pequeño solía tener problemas así —Konohamaru le mira de reojo, rendido y azorado por la revelación. Sasuke, llevado por el ambiente entre los dos, deja ir su mente a sus memorias pasadas, recordando las noches insoportables donde despertaba bañado en sudor y con gritos provenientes de su propia desesperación. Inconscientemente lleva una mano a su pecho, a la altura de su corazón y el niño luce como todo un creyente al que le están contando la fórmula para vivir eternamente—. Me dolía el pecho.

—¿E-El corazón? —balbucea, y ni siquiera sabe por qué se siente de repente tan ansioso.

—Probablemente —Sasuke hace una pausa cayendo en cuenta sobre lo que habla y en frente de quien lo hace pero parece que le importa poco cuando suelta una risita ante el semblante consternado del mocoso —. Parece como si te hubiera contado un cuento de terror, niño.

Percatándose de ello, Konohamaru sacude la cabeza, volviendo a recobrar su semblante serio y frustrado.

—So-Sólo me preguntaba cuanto tiempo tendría que pasar que te diera un infarto y dejaras de fastidiarme —comenta, avergonzado a lo que Sasuke solo ríe con ganas para añadir luego:

—Podría enseñarte cómo lidiar con eso.

—¿Eh? —no hay suficiente tiempo para que se percate como Sasuke se acerca a él y acomoda su postura y la espada de madera entre sus manos.

—A no verte ridículo sosteniendo esto y a controlar los dolores de tu corazón.

Debería desconfiar de él, piensa el menor.

Debería seguir sintiendo molestia.

Debería simplemente ignorarlo.

Pero una parte de él también piensa que es interesante la manera en la que se tratan. En la manera en la que se molestan y se dicen las cosas sin ningún tipo de filtro. No guardan apariencias y eso, hasta cierto punto, es nuevo para Konohamaru. Quizá, y solo quizá, podría llegar a llevarse bien si tan solo comenzara a arriesgarse y confiar en alguien más además de Hinata y Sakura.

Lo medita, pero cree que no debe apresurar las cosas. Por el momento está bien así, soportando su sonrisa cínica y burlesca, devolviéndole otra.

—No creo que puedas aportar mucho estando lisiado —le contesta el niño, arrimándose a corregir su postura gracias a él. Sasuke chasquea los dientes y a Konohamaru no puede causarle más diversión de la que ha experimentado en todo ese mes.

—Puedo encargarme de ti con los ojos cerrados, maldito mocoso —termina de decir, removiéndole los cabellos con fuerza y es ese simple gesto algo nuevo para el niño que, discretamente, sonríe.

—Eso lo dudo —sonrisa que dura poco cuando ambos se percatan de que la persona a su lado es justamente la que más los hace quedarse mudos.

—Saku…—calla de inmediato el menor, corrigiéndose antes de seguir—. Lotus —Sasuke simplemente pasa de la diversión a la seriedad en cuestión de segundos. Para nada discreto en expresar su cautela al recordar justamente el asunto de su hombro.

Sakura pasa de mirarlos a ambos a mirar el hombro del más alto, entrecerrando los ojos al final.

—¿Qué haces fuera de tu habitación, Konohamaru? —cuestiona la pelirrosa.

—Amm, yo…

—Yo fui a verlo —interviene Sasuke, bruto e insensato como solo él sabe que podría conseguir más odio o incluso el otro hombro dislocado.

—¿Con el permiso de quién? —vuelve a interrogar y esta vez el muchacho no pierde la oportunidad de ganarse un boleto seguro a la silla eléctrica por tal comportamiento rebelde, alzando una ceja con cinismo.

—¿Temes que le haga algo a tu pequeño hijo?

Es un imbécil, piensa de sí mismo, pero es algo que simplemente no puede detener. Un impulso como el vómito que no puedes parar una vez que lo expulsas. Sin embargo Sakura luce envidiablemente serena, tanto que Sasuke se imagina que lo que le espera es incluso peor a solo un dislocamiento por estarla provocando.

—Ve con Chiyo, Konohamaru —ordena simplemente, y el menor solo asiente con rapidez, pasándole la espada de madera a sus manos para partir en busca de la mujer mayor—. Tú, ven conmigo —Sasuke se tensa más la obedece en silencio, siguiéndole los pasos hacia fuera de la Arena, recorriendo varios pasillos hasta llegar a la zona del hangar donde un transporte blindado los espera para abordar. Desconfiado, se detiene antes de hacerlo—. ¿Temeroso?

—¿Se supone que tengo autorización de salir contigo al exterior? —hace un pausa—. La última vez no me fue muy bien que digamos.

—Vas conmigo ¿o no? —Sakura ríe abriendo la parte trasera del vehículo, subiendo ella primero—. Ten miedo cuando tú andes solo por ahí pero mientras tanto no lo hagas —ironiza, socarrona, y él solo frunce los labios con desagrado.

—No tengo miedo, y tampoco necesito que me cuides —finaliza subiendo rápidamente para ponerse en marcha. Afuera no ve nada más que la ciudad oscurecida y las luces de la condicionada vida que lleva la gente dentro de las murallas. Afortunadamente esta vez puede memorizarse un poco el camino al ver a través de las ventanas traseras. Cuando llegan a destino Sasuke sabe que están muy lejos del Cuartel, en una zona completamente abandonada—. ¿En dónde estamos?

—Solo sígueme —y así lo hace, alarmante de que en cualquier momento ella decida acabar con su vida y que el hecho de que lo haya llevado al exterior, en una zona completamente deshabitada solo haya sido para deshacerse de su cadáver.

El edificio abandonado al que entrar luce tan similar a las ruinas que existen en Rhoda, mucho antes de que fuera una ciudad como tal. Sasuke recuerda las veces en que Naruto y él se perdían entre muros enmohecidos y anécdotas nostálgicas. La sensación no es similar pero el silencio y el aire frío sí lo son.

Atraviesan varios cuartos igual de oscuros y tétricos que los anteriores hasta llegar a lo que parece un antiguo elevador, de esos que tienen una rejilla al frente en lugar de dos puertas automatizadas. Sakura las abre de forma manual y el ruido del metal solo le confirma a Sasuke que todo ese misterio es proporcional al largo tiempo sin mantenimiento en ese lugar. O quizá solo es una fachada. Y lo confirman cuando al llegar al primer piso el panorama es otro. Al salir del elevador hay una puerta tan parecida a las puertas herméticas transparente que hay en el Cuartel.

Sin rastro de suciedad y completamente moderna. Algo que rompe completamente con el esquema de ser un edificio abandonado en su totalidad; y es cuando la ansiedad de Sasuke aumenta.

—¿Qué tal tu brazo? —pregunta de la nada Sakura y aunque Sasuke prefiere ser él quien empiece el interrogatorio sobre dónde se encuentran y para qué, decide solo mirarla con precaución antes de responder.

—¿Enserio te importa? —responde con una interrogante mientras Sakura pasa su mano por encima de uno de los lectores digitales de una de las puertas, abriéndola, deteniéndose a mirarle de reojo con, finalmente, la primer sonrisa burlesca de ese día.

—No. Pero a él sí. Un poco, quizá.

—¿Él? —inquiere, recibiendo una mirada obvia por parte de Sakura solamente—. Ah, el mocoso. No debería, no es nada mío.

—Supongo que le agradas más de lo esperado —menciona iracunda, continuando su caminar. Sasuke se sorprende a sí mismo al pensar en por qué no se le ha tirado encima para estrangularla. Lo justifica por su hombro aunque más parece ser que el silencio ya no es tan temeroso como antes entre ellos.

—Tsk, sí, claro —ironiza rodando los ojos.

—Ese niño posee una mente brillante —ella hace una pausa, tecleando unos códigos al final de lo que parece la última puerta que atravesarán, accediendo. Sasuke se adentra después de ella, oyéndola cerrarse—. Mil veces más desarrollada a tu edad mental de cinco años.

—Muy graciosa —gruñe, ofendido.

—Konohamaru es un niño a fin de cuentas. No puede reprimir sus instintos naturales por querer simpatizar a pesar de su pasado —Sasuke la mira ante lo último, prestándole atención—. Es alguien…frágil.

—¿Por qué lo tienes aquí entonces? —silencio. El pelinegro reconoce muy poco del equipamiento de una cabina pero es fácil deducir que se encuentra en una a juzgar por el tablero de controles en el que Sakura se apoya a continuación. Quiere pregunta miles de cosas. Quiere preguntar por qué tanto misterio pero su mente juega con su sentido humano y termina preocupándose por otra cosa—. Él está enfermo ¿no es así?

—Eso no te incumbe —el muchacho suelta una risa resignada.

—Son asquerosamente parecidos —comenta a lo que Sakura simplemente le mira con diversión—. Entonces, si hoy no estás con humor de golpearme, ¿En dónde se supone que estamos y qué se supone que hacemos aquí?

—Primero que nada necesito que te recuperes pronto. Te necesito para una misión —ante la intención, Sasuke experimenta dos tipos de emociones. La primera, euforia. El ser necesitado para algo que representaba más que simplemente pasearse por los pasillos del Cuartel se asimilaba a algo excitante pero peligroso a la vez. Segundo, curiosidad. Era ella quien le estaba pidiendo algo.

Bueno, realmente no era una proposición. Más bien era una orden.

—¿Esta es tu forma de pedirme disculpas? —ironiza, acercándose un poco a donde ella se encuentra. Sasuke distingue un poco el parecido de esa cabina con la última en donde estuvo solo que ahora está del lado opuesto al cristal y no está siendo rostizado por electrodos.

—No me estoy disculpando de nada. Te merecías que te dislocara ambos hombros. Además fui benevolente al…

—Sí, sí, era esto o que el cabello de tomate me degollara vivo —dice refiriéndose a Sasori y la pelirrosa lo mira, curiosa—. No me creo eso de que me salvaste la vida —Sakura suelta una risita y Sasuke, aunque sabe que está mal pensar en lo que está pensando, cree que su voz sería encantadora si dejara de ser tan tétrica.

—Sigues respirando —Sakura desvía la mirada solo para presionar algunos botones—. Esa es prueba suficiente de que lo hice —contrario a lo que Sasuke está apunto de refutar, la Fenrir lo enmudece al instante cuando el color polarizado del cristal se transparenta, dándole la vista al muchacho a lo que se encuentra del otro lado.

Al instante en que Sakura activa las luces automáticas del interior, los gritos y gruñidos comienzan a escapar de la boca grotesca del Draug que yace amarrado a lo que parece una silla altamente equipada de aditamentos quirúrgicos. Sasuke no es capaz de emitir algún sonido aunque de hacerlo no significaría nada a comparación del ruido emitido por esa criatura sedienta de sangre.

De no ser consciente de que se encuentra del otro lado aislado y lejos de éste, Sasuke ya se habría movido un par de centímetros por precaución.

—Un Draug…

Sakura no le da el tiempo de terminar su oración cuando tras presionar un botón una mano mecánica surge de la plancha donde se encuentra la criatura, inyectándole algo en el cuello, acallando cada grito hasta aminorarlos y volverlos solo gemidos lamentables. A continuación luce tan pacífico como si se hubiese dormido.

—¿Qué demonios…?

—Está sedado —contesta Sakura anticipando la pregunta. Sasuke inmediatamente la mira con molestia, una muy cargada y justificada molestia.

—¡¿Por qué hay un Draug aquí?! —el tono con el que grita solo ocasiona que la pelirrosa suspire y se tome el puente de la nariz con cansancio—. ¡Contéstame, maldita sea! —le toca el hombro con brusquedad y es suficiente roce para que la soldado le perfore con la mirada y le sujete el brazo con fuerza suficiente como dislocarle el hombro bueno—. ¡Ah!

—¿Siempre eres así de escandaloso? —Sasuke gruñe removiéndose en vano—. El hombre evoluciona para adaptarse a las situaciones nuevas que se le presentan. ¿Te crees que de no innovar existiría Konoha o algo como el Cuartel?

—¿Qué...? —gime el muchacho, adolorido. La presión que Sakura ejerce en su hombro bueno no es tanta, sin embargo es la suficiente como para entumirle los tendones.

—Hemos sido capaces de controlar y contrarrestar la reproducción de Draugs al analizarlos durante los últimos años —el pelinegro engrandece los ojos hasta que lentamente deja de sentir dolor cuando Sakura finalmente le suelta.

—¿Analizándolo?

—Analizamos lo que creemos conveniente. Su cadena molecular, su estructura sanguínea, formación genética, todo lo que pueda servirnos en caso de una situación de riesgo. Las armas que utilizamos fueron diseñadas a partir de ellos. Sin embargo hay unos cuantos infectados que son tan diferentes como impredecibles.

—¿Cómo?

—Los Draugs que conoces son criaturas sedientas de sangre sin ningún tipo de consideración por cualquier ser vivo que respire, sin embargo los que se infectan a través de un método distinto al de las esporas, al menos un porcentaje ridículamente escaso, pensamos que corresponden solamente a un rasgo de comportamiento similar al de un animal depredador. Con tales características exageradas no nos enfrentamos a cadáveres simplemente aunque figurativa y literalmente sean llamados "No muertos".

—Los Draugs solo son muertos y ya —gruñe Sasuke, incrédulo a lo que oye—. No hay nada de humanidad que se pueda rescatar de ellos —Sakura lo mira en silencio por unos segundos antes de ladear una sonrisa sospechosa—. ¿Acaso tú te cuestionas cada vez que le atraviesas tu arma por el cráneo a uno? —Sasuke recuerda su última misión en el exterior, misma donde la pelirrosa no mostró piedad o distinción a la hora de aniquilar una docena de criaturas en cuestión de segundos.

Por lo tanto se le hace ridículo pensar que ahora sea ella misma quien se esté inventando (porque para Sasuke son puros inventos) que exista alguna clase de clasificación para Draugs.

—No me refiero a esos Draugs —para este momento el muchacho no sabe si seguir escuchando tal disparate o callarle la boca con un golpe. Probablemente tendría que seguir escuchando puesto que con un hombro dislocado poco o nada puede hacerle.

—¿Estás diciéndome que sí experimentan con humanos? —Sakura rueda los ojos—. ¡Deja de hacer eso! —vocifera—. Dijiste que corresponde a un rasgo de comportamiento. ¿A qué te refieres?

—¿Crees que si lo supiera estaría cuestionándome sobre eso?

¿Entonces por qué carajos tanto misterio? , quiere preguntar, más sabe que incluso siendo él quien es lo que le ha dicho segundos atrás ha sido más de lo que él mismo hubiese podido investigar en todo el tiempo que lleva en SHINOBI. Más si se trata de alguien como ella.

—Mencionaste algo de las armas —dice, indiscreto pero completamente opuesto a lo que Sakura piensa que preguntaría.

—Elementos comunes como el acero o la plata no funcionan en ellos. Lo único capaz de penetrar a un Draug es justamente ellos mismos.

—Poseen una piel bastante dura.

—Así es —tras lo dicho Sakura concentra sus ojos en los botones del tablero, picando un par solamente antes de visualizar sobre el cristal, que sirve como pantalla también, lo que Sasuke reconoce como el diseño de las armas SHINOBI —. A partir de su sangre y de su propio tejido es que ella creó un nuevo elemento tan resistente y penetrante como la piel de un Draug.

—¿Ella? —Sakura sonríe de lado con suspicacia.

—La mente más brillante de entre todos los soldados. Hasta hace un par de años las armas diseñadas en SHINOBI eran resistentes pero no eran lo suficientemente letales como para aniquilar Draugs de forma segura y rápida hasta que Hinata Hyuga creo la primera línea de armas híbridas —el soldado engrandece los ojos, sorprendido.

—¿Tu sirvient…? —Sakura lo mira de manera desaprobatoria, haciendo que carraspee y se corrija rápidamente—. ¿Tu subteniente?

—Debes saber que si bien no tendré un gran número de aliados, los que poseo valen más que todos esos mediocres —él se atraganta un poco pues el panorama no pinta para que él forme parte de tales mentes brillantes como ella se ha referido. De hecho, no es por menospreciarse pero aunque entiende sobre la defensa personal sabe que, y odia admitir que ella tuvo razón desde el comienzo, le falta disciplina aunque ¿qué más daba? Ella nunca iba a mirarle con misericordia aunque él supiera pelear como un verdadero soldado—. Es por eso que voy a entrenarte —Y ese es el momento exacto en el Sasuke no sabe si eso es motivo de alegría o de horror.

—¿C-cómo dices?

—Lo que oyes. ¿No estás feliz? —ironiza Sakura, bastante entretenida con la expresión de disgusto que Sasuke hace a continuación como si en verdad hubiesen olvidado que se encuentra lejos del Cuartel, en un área restringida y secreta y por la cual, seguramente, podrían ser sancionados aunque ¿qué importaba? Sakura era Fenrir y él…Bueno, él era un pobre diablo al servicio de ella.

—Creí que habías dicho que no me volverías a dar un arma —ahora es él quien se une al juego de bromear precavidamente.

—Y no lo haré, por supuesto —antes de que Sasuke pueda replicar, Sakura continúa—. No hasta que te cures ese hombro.

—Se te olvida por culpa de quien es que lo tengo así.

—De ti, obviamente. Eres tan mediocre que pude hacerlo desde los primeros diez segundos.

—Enséñame ahora —exige él, rabioso.

—Recupérate primero.

—¡No me importa!

—Si no puedes combatir correctamente con ambos brazos sanos, ¿qué te hace pensar que con uno sí podrás?

—¿Estás diciendo que no puedo? —para este momento lo poco que Sasuke entiende por espacio personal se reduce a nada cuando avanza hasta ella queriendo intimidarla con los centímetros de más que le lleva pero se le olvida el hecho de que ella es ridículamente más fuerte que él.

—Estoy diciendo que eres un bruto bárbaro que solo pelea por instinto. Y déjame decirte algo: eso no te hace diferente a un Draug.

—Tsk —resignado, no le queda más que obedecer esta vez, apartándose un poco y volviendo la vista a la criatura tenebrosa que yace en la plancha con la respiración sumamente errática—. ¿Qué es lo que quieres que haga?

—Regresaremos a esa madriguera —Sasuke deja de mirar hacia detrás del cristal para mirarla a ella con intensidad, y casi puede asegurar que hay algo de adrenalina y excitación recorriendo sus venas cuando choca miradas con ella—. Irás conmigo al edificio central de la Zona Sur de SHINOBI.

A ese nido infestado de Draugs que pisaron hace menos de un mes.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas:

Demasiada información para procesar, ¿no? -la golpean- ¡Yoh!

Dos actualizaciones en el mismo mes. Merezco una paletita de buena conducta jajaja ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Mas dudas que respuestas? o ¿finalmente los secretos de Sakura poco a poco se van revelando? A continuación haré unas pequeñas aclaraciones:

(a) Las "pesadillas" de Sakura son más bien recuerdos. O sea, hechos que ocurrieron hace mucho y que ella ha preferido no mencionar. Sin embargo el hecho de que vuelva a tener dichos sueños son una especia de premonición.

(b) La sustancia que se inyecta Sakura es, en efecto, sangre de Draug. De ahí que sea inmune a dichas criaturas y sea tan fuerte en combate, sin embargo la sustancia en sí es una especie de sangre "modificada" y al Sakura tener una condición fisiológicamente diferente a la de cualquier humano, requiere de dicha sustancia para mantenerse estable. ¿Recuerdan las memorias? ¿Experimento? ¿Creación? ¿Modificación? Hagan sus teorías :D

(c) Sasuke, desde pequeño, ha lidiado con problemas "similares" a los de Konohamaru respecto a dolores en el pecho. Sin embargo el niño desconoce eso hasta que es el propio Sasuke quien lo menciona, lo que le causa intriga al saber que alguien además de él padece "algo parecido".

(d) El lugar al que Sakura lleva a Sasuke es fuera del Cuartel, es decir, yace en las zonas más viejas y abandonadas de Konoha. Instalaciones que son completamente independientes de SHINOBI.

(e) Sakura es soldado de SHINOBI sin embargo no comparte del todo la filosofía del mismo. De ahí que sea tan hostil e intratable para el resto de soldados. Funge como una pieza fundamental de la fuerza militar pero queda claro que su prioridad es Konohamaru junto al secreto que guarda. De ahí que planee ella misma ir a investigar al antiguo edificio en donde peleó junto a Sasuke y Kiba pues se nota alterada desde que Sasuke le pregunta si "experimentan o no con seres humanos".

(f) No tengo ninguna experiencia en el campo de la medicina así que...-llora- Lo que han leído a continuación podría o no tener validez y coherencia. He intentado que tenga mucho más dosis de esto último mediante blogs y páginas en las que me basé para traerles una explicación medianamente decente :c

(f) Sasuke piensa que la voz de Sakura es linda, pero nunca lo aceptará :'u Al menos no por el momento. (Curiosidad random?)

En fin, espero que haya aclarado un poco el panorama aunque pienso que así los confundo más jajajajaja ¡Muchas gracias a las personas que hay añadido, votado y comentado Lotus esta última semana! Espero que les siga resultando entretenida la historia.

¡Nos vemos más pronto de lo que creen!

Rooss-out.