Terminología dentro del mundo de Lotus.
· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta ó El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada)
· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.
· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.
· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.
· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)
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XVII
Culpa
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¿Qué eres?
Sakura se hizo esa pregunta segundos antes de que el Canciller pusiera en ella sus ojos esa noche.
Abandonada a la inanición, con heridas expuestas y olor nauseabundo, el peso de un hombre fue puesto en sus hombros.
Antes de que pudiera ofrecer su cuerpo a las secuelas de un estrés pos-traumático, Sakura tuvo que afrontar la extrañeza de su cuerpo para poder tomar una decisión.
Expuesta al fuego y a la crueldad del hombre, a la lluvia de esporas y al cansancio extremo, la información obtenida del Canciller, luego de que la encontrara sumida en la locura en medio de una lluvia frenética, le hizo entender que ella era representaba ese 1% de resultado satisfactorio dentro de un nido de ratas de laboratorio defectuosas. Ella era el resultado positivo de una serie de pruebas de las que, hoy en día, detesta recordar tan si quiera un poco cada que se inyecta ese líquido rojo que la mantiene al margen y salva guarda la poca humanidad que le queda.
Porque sí, en palabras sencillas, Sakura era más que una huérfana arropada bajo el yugo de un hombre dominante como lo era Danzou la noche en la que la encontró cubierta de barro y deshecha en el interior.
Afuera todo era caos.
La lluvia de esporas había traído la genuina desesperación del hombre por sobrevivir a costa de lo que fuera. El panorama no era alentador para Konoha, una ciudad asentada y considerada la mayor concentración de tecnología y seres vivos apostando por la vida y su preservación.
El mundo, cambiante como él solo, atravesaba el periodo más duro nunca antes registrado. La única manera de salvaguardar a la humanidad, del extraño proceder de la primera aparición de aquellas criaturas, era unificar naciones. Volverse una sola potencia y combatir el terror. Konoha nació así.
Sakura no recuerda haber pertenecido a ningún lado antes de que comenzaran a experimentar con ella. Quizá también perteneció alguna vez a Konoha. No lo recuerda. Lo único que sí es que ella resultó ser la única sobreviviente de una instalación morbosa y retorcida de científicos obsesionados con el genoma humano y sus alcances al combinar material genético de especies.
Esa fuerza descomunal.
Esa habilidad re-generativa apresurada.
Esa resistencia que parecía inagotable.
Cuando Sakura conoció al Canciller era la clara imagen del infierno alborotado en sus ojos. A pesar del peligro que representaba, y de que había algo más en lo que preocuparse esa noche dorada, encontrarse con ese hombre significó para Sakura más de lo que, quizá, lo hizo para él. Como un animal salvaje apartado en el rincón más desolado del mundo, entre los matices verdosos y nacarados en el cielo, producto de la retención del hombre ante el primer y masivo brote de lo que ese día clasificaron como "No muertos". Sakura era esa protagonista desdichada al pie de una colina cubierta por rocas volcánicas y destrucción por doquier. Su imagen representa un caos gobernado por una fuerza oculta. Todo tan negro y ella tan colorida pero corrompida por las manchas de un crimen que no había querido cometer.
—Señor, podría ser peligroso, no es una buena idea que…
El hombre, en aquél entonces desconocido para ella, hizo caso omiso a la advertencia, acercándose al animal violento que Sakura parecía representar al pie de esa enmohecida colina.
Abajo, fuego.
Abajo, hambre.
Abajo, muertes.
Una gran parte de una ciudad había sido devastada y la locura deambulaba hambrienta por las calles mientras el pánico se propagaba igual que una gripa que nunca se va. La situación era desfavorecedora por donde se le mirara. Sakura, por su parte, estaba en blanco.
Algo sumamente valioso…algo…algo que ya no está en sus manos. Cuando las mira, mecánicamente, las nota rojas. ¿Hirió a alguien? ¿O por qué están así? Mira su cuerpo cubierto casi en su totalidad por el mismo tono rojizo.
Ante las interrogantes lo único que consigue es que la cabeza le duela. Nada tiene sentido en la secuencia de imágenes que se aglomeran en su mente a excepción, claro, de la silueta de una persona.
—Mi…Mikoto… —su nombre suena tan doloroso que la garganta le arde recordando un poco lo que ha hecho. Lo que ha perdido. Lo que ha abandonado. Lo que ha cedido por el bien de… ¿De quién? No puede recordar su nombre. No el de ella. El de una persona más. El estrés está acabando con ella más pronto de lo que espera y para cuando el recién nombrado Canciller se asoma entre su campo de visión, Sakura vuele a optar por reaccionar violentamente.
—Tranquila, querida. No voy a hacerte daño.
"Esto te dolerá, pero será rápido"
Las voces de aquellas personas rodeándola y ella ardiendo al rojo vivo sobre una plancha de operaciones la hacen devolver dando arcadas. Poco a poco sus memorias van esclareciendo pero no significa que desea conservarlas. Lo que han hecho con ella, en lo que la han convertido, no tiene nombre. La tierra bajo sus rodillas, hincada, le resulta tan ajena y tan irreal, tan fuera de sí que no nota cuando una aguja penetra la suave piel de su cuello.
Las cuencas de los ojos se le desorbitan y el reflejo de su cuerpo, por no volver a sentirse ultrajada, la hace lanzar un gruñido al frente, alcanzando a arañar la ceja del hombre.
—¡Señor!
—¡No se acerquen!
Armas sobre ella y a Sakura parece importarle menos estar tentando su suerte y morir a punta de disparos.
"Ya lo hiciste una vez" murmura la voz en su cabeza. "¿Por qué no hacerlo dos veces?"
Puede hacerlo. Puede acabar con todos ellos. Y nadie va a recordar nada. Nadie va a lamentar nada. A ella, quizá, solo se le pasen la factura del número de víctimas a sumar, pero no le importa. Ha perdido esa pequeña luz que por ese corto periodo de tiempo la había mantenido viva. Mikoto ya no está. Ya no hay nadie que detenga su instinto y retenga sus pensamientos sangrientos.
Y no le importa, al final de cuentas quizá ella no estaba hecha para recibir amor.
Para recibir consuelo.
Para recibir cariño.
—¿Qué…? ¿Qué me diste…? —cuestiona, arrastrando las palabras mientras la garganta le arde como mil demonios.
Lo que sea que le haya inyectado aquél hombre, la está durmiendo, pero está segura que eso no ha propiciado que la lluvia se detenga ni que no oiga lamentos de un bebé. El resto de los presentes parece ser ajeno a eso y es cuando se da cuenta que lágrimas negras caen de sus ojos y el llanto que oye es producto, quizá, de un trauma. O de algo que no recuerda. De algo que poco a poco va a olvidar.
Está agotada. Tiene la fuerza para seguir buscando culpables y arrebatarle a ese mundo todo lo que le arrebataron a ella solo para poder sentirse satisfecha pero por dentro solo quiere morir.
Si tan solo hubiese muerto.
Si tan solo hubiese sido un experimento defectuoso.
Si tan solo fuera desechable para el mundo.
—Señor, ¿qué hacemos con ella?
—La llevaremos con nosotros.
Si tan solo aquél hombre la hubiese dejado morir…
—…quizá la vida sería más sencilla desde la muerte —murmura, apática, olvidando que se encuentra en presencia de, justamente, el hombre que le hubo salvado la vida hace años.
—¿Dijiste algo, mi Loto?
La vida que conoce luego de haber sido acogida por el Canciller es tan dura como significativa. Más que otorgarle la oportunidad de seguir viviendo le había otorgado una oportunidad de vengarse de todo aquél que le hubo hecho tanto daño. Le dio protección, le dio alimento, le dio conocimientos, le proveo de la fuerza necesaria para volverse la persona, a medias, que ahora era.
Gracias al Canciller, y a la información proporcionada, supo digerir y entender la extrañeza de su cuerpo. Esa con la que tiene que lidiar día con día y que todo el mundo desconoce a excepción, claro, del mismo hombre.
—Nada.
—Luces extraña.—Sakura asiente a duras penas.
Vivir con el hecho de ser diferente al resto de la gente ya no le agobia, al contrario, desde que supo que su fuerza provenía gracias a la adaptación de la cadena molecular de Draug en su cuerpo, decidió volverse fuerte bajo sus propios méritos. Entrenar el doble, herirse el doble, agotarse hasta el cansancio, sangrar hasta que la sangre se secara. Con el tiempo pretendía escalar como el resto de los soldados hasta alcanzar un status moderado. Aun cuando el Canciller había aceptado acogerla como su protegida y sin pedirle que formara parte de la nueva resistencia que comenzaba a tomar forma como SHINOBI, Sakura prefirió volverse un elemento útil en lugar de solo seguir manteniendo un lugar privilegiado sin hacer nada.
Parte de la fuerza que la movía y la volvía imparable era el deseo infernal por no volver a ser pisoteada por nadie.
Su cuerpo se adaptó a cualquier efecto secundario al poseer material genético hostil, y en lugar de volverse propiamente un No muerto o un ser humano contaminado, había desarrollado una habilidad excepcional como para volverse un arma completamente letal ante ellos. Como un virus, había mutado, y eso la hacía casi un super-humano aunque ella prefería no pensar en un término tan ridículo como ese.
Ante los ojos de los soldados, y de cualquier otra persona perteneciente a SHINOBI, Sakura era un genio. Una persona superdotada. Simplemente eso.
Para algunos, un modelo a seguir.
Para otros, motivo de envidia.
Para el Canciller, aún era un enigma.
—He estado un poco estresada. Eso es todo —confiesa con la cabeza baja. Su comentario es suficientemente firme como para anteponer la mentira a lo que en verdad le sucede pero incluso alguien como ella puede tener secretos más allá de los normales.
—Eso explica porque luces inquieta —comenta el hombre levantándose de su asiento, caminando hacia el holograma de un escenario que en estos días es casi imposible de ver virgen. Un bosque de noche en completo silencio salvo por los sonidos casi fieles de insectos—. ¿Es por ese muchacho? —Sakura engrandece los ojos, alzando su mirada para verlo.
—¿Eh?
—Tu nuevo elemento. El muchacho de las murallas —hace una pausa—. No me lo dices últimamente pero he sido informado de los problemas en los que se ha metido — Sakura parece pasar saliva con dificultad.
—No he tenido tiempo de realizar los reportes pertinentes —justifica, seria. Aclarando la garganta segundos antes de hablar—. Pero todo está controlado. No necesita preocuparse por él— Danzou emboza una risa leve.
—No dudo de tu habilidad para castigar, Sakura —la pelirrosa se tensa un poco. Llamarla por su nombre, cuando ha estado tan acostumbrada a que se refiera a ella como "Loto", es casi tan raro como que ella pronuncie el nombre de Mikoto cada noche en medio de pesadillas. Cuando sucede, el ambiente cambia o significa que la dirección de la conversación se ha tornado algo pesada.
—¿Duda de mi rendimiento? —se aventura a continuar el tema porque, de cambiarlo, podría verse como sospecha o se malinterpretarían las cosas aunque sabe que es un camino bastante peligroso haber llegado a tal punto.
—Tampoco dudo de tu habilidad con la espada…—sisea, mirándola de soslayo. Esa habitación es tan exageradamente grande que Sakura podría describirla como simplemente el vestíbulo de un enorme palacio. Con techos altos y pilares negros sosteniendo el mundo sobre sus cabezas, literalmente, mas nunca se ha sentido en posición de sentirse descubierta por algo frente a él porque en realidad nunca ha tenido que ocultar nada…o eso cree—. Solo me inquieta un poco que le estés dando tantas libertades a ese muchacho.
—Usted pidió que se volviera soldado.
"Ah, ahí está", piensa Danzou al mismo tiempo que entrecierra los ojos y se permite dudar, por primera vez, de ella.
Esa, definitivamente, no es una respuesta usual de Sakura.
Nunca le ha intentado justificar una acción como lo está haciendo ahora.
La delgada línea entre la impertinencia y tener libertad a expresarse parece desdibujarse entre ambos y casi es perceptible la tensión en el aire mientras transcurren los segundos llenos de silencios que no deberían incomodar.
—¿Hay algo que no me estés contando, linda? —Sakura engrandece su mirada, tan bañada de extrañeza como de inquietud. Ningún soldado tiene permitido justificarse con nada, al contrario, solo debe demostrar resultados favorables a su soberano. Lo que ha salido de su lengua, aunque no ha sido intencional, es esa actitud por la que a muchos soldados recién ingresados son castigados. La impertinencia y la rebeldía nata.
La sensación de que puede deliberar cualquier parte de su personalidad y mostrar un poco de libertad es esa a la que muchos son sometidos a olvidar.
—¿Hay algo que quiera saber? —responde con un nuevo cuestionamiento y aunque no es consciente de destello de sus ojos, Danzou lo tiene claro.
Sakura es más que un simple soldado.
Más que un elemento fuerte en las filas de SHINOBI.
Lo supo en el momento en que se permitió arroparla bajo su gabán mientras la lluvia enardecida caía sobre ellos esa noche y su pequeño y titilante cuerpo se ceñía a él porque no le quedaba más que aceptar su propuesta. Lo supo en el instante en que Sakura le atacó con total salvajismo y le regaló la cicatriz que ahora se asoma en su ceja izquierda. Lo supo cuando le miró con ese par de gemas esmeraldas completamente furiosas y tóxicas. Amenazantes y poderosas.
Por supuesto, Sakura era diferente a cualquiera de ahí, y eso no hacía más que regocijarle de una manera bastante perversa y enferma.
—Lo sé todo sobre ti —murmura acercándose lo suficiente para tomar su mentón. Sakura no retrocede, sin embargo su mirada, de algún modo, luce precavida—. Tú me lo has contado todo ¿recuerdas? —hace una pausa, delineando sus labios de forma insidiosa—. Después de todo, fui quien te dio una nueva oportunidad.
Es astuto, piensa ella.
Danzou no necesita de artimañas o de algún combate físico para imponer temor. A él le basta con hablar y sisear como una serpiente. En eso, debe reconocer, es idéntico a Sai; y por el modo en el que le habla es indicativo de que sus palabras transfiguran una sutil advertencia hacia ella.
"Porque...me lo has contado todo ¿cierto?" Casi puede oír su mente detrás de su mirada. Solo guarda silencio, asintiendo.
—Mi lealtad está con usted —susurra, complaciéndolo.
—Solo me aseguraba.
Su toque, quema.
Su mano es pesada y su presencia impone. Quizá, de entre todos los individuos dentro de la base, Danzou es la única persona capaz de frenar cualquier sensación en ella. No sabe si es miedo. No sabe si es respeto. Ella solo prefiere ser precavida.
—Señor… —lo llama cuando lo ve tomar su lugar, de nuevo, tras su escritorio—. No vine aquí solamente con el objetivo de visitar —lo ve ladear una mueca—. Tengo una solicitud.
—Te escucho.
—Las instalaciones bio-tecnológicas de la zona Sur…—hace una pausa—. Hace poco estuve ahí y noté algo raro —la mirada de Danzou deja de pasearse en la nada, centrándose en ella—. El edificio lucía abandonado pero en los niveles superiores parecía…—lo medita antes de continuar—. Parecía como si esa área aun estuviese en funcionamiento.
—¿Por qué lo dices? —la voz barítona del hombre rebota en cada superficie existente en el lugar y a pesar de que las paredes eran anti-sonoras parecía que en cualquier momento la frecuencia saldría escapando por algún lado.
—Los inmuebles no lucían viejos. Una gran cantidad de Draugs se encontraban atrapados dentro de las membranas de cristal, como si…—¿Está bien seguir? Piensa. Está siendo demasiado insolente o incluso demasiado estúpida como para plantear la posibilidad de que la idea tan descabellada de Sasuke le haya contagiado a tal punto de creer que están experimentando con humanos. Lo cual, no era imposible. Sakura lo sabía más que nadie; no solo por la rareza de su origen sino porque había presenciado parte de un trabajo oscuro dentro de esas paredes bajo las órdenes de Danzou hace mucho tiempo.
Si aquella época en la que tenían como objetivo usarla como pionera para conservar su rareza y ramificarla a tal punto de probar si su material genético mutado podía traspasarse a otros seres humanos, había parado, había sido solo porque Sakura, abandonada al estrés y al trauma que ya poseía, suplicó al Canciller no volver a revivir tal infierno.
Era un avance para la humanidad el poder extraer cadenas moleculares de Sakura e implantarlas en nuevos sujetos de prueba para probar que podían reforzar el genoma humano y conseguir soldados muchos más aptos para SHINOBI para así combatir cualquier amenaza, pero la pelirrosa era el más grande impedimento pues no consentía volver a pasar tal tortura mental recordando todo lo que le habían hecho.
El impulso de tal idea no se elevó más a raíz de la insistencia de Sakura.
Fue un trago amargo y un pago doloroso el que ella tuvo que aceptar para que el Canciller parara alimentando la idea de crear, para un beneficio futuro, más soldados similares a Sakura. No en las mismas condiciones con las que habían experimentado con ella, claro está, pero el solo hecho de imaginar volver a ser sometida a un procedimiento similar, le daba terror.
Aún recuerda el último intento por convencerla. La última carta jugada para que Sakura cediera su consentimiento a probar si era posible aumentar la habilidad regenerativa que ella poseía en otros humanos.
Ahí fue cuando su creciente lealtad hacia el Canciller se hubo roto. Donde hubo comprobado que el hombre nunca dejaría de ser cruel. A pesar de que le había proveído de protección y una supuesta vida, el mayor enemigo del hombre es el hombre mismo.
Claro recordatorio de eso son gritos de alguien a quien le hubo tomado cariño en tan poco tiempo una vez arribado al Cuartel.
Un niño pecoso de bonitos ojos cafés…al que hubo teñido de cicatrices en su espalda y a quien, con el tiempo, se ganaría su odio.
—Señor, usted no ha experimentado con humanos de nuevo ¿cierto? —la mirada pesada de Danzou no le dice nada. Lo único que hace es que la garganta le arda—. Señor…
—Esa pregunta está de más, querida —Sakura entrecierra los ojos—. SHINOBI no experimenta con humanos. No somos como las personas que te hicieron eso —enmarca su silueta con un dedo desde su posición—. Y si se intentó, eso quedó en el pasado ¿recuerdas?—la soldado aguarda silenciosa, como si quisiera exprimir cada palabra formulada primero en la mente del hombre antes de brotar de sus labios. Dándole el tiempo para decir todo y ella deje de pensar en la ridícula posibilidad de que se trata de una conspiración secreta—. ¿Piensas que miento? —cuestiona finalmente a lo que ella procura ocultar su consternación.
—No dije eso.
—Ten cuidado con eso la próxima vez —aguarda un poco antes de seguir—. Las acciones se malinterpretan.
—Sobre mi solicitud…quisiera obtener su permiso para investigar más a fondo esa zona —la calma de Danzou parece perturbada por unos segundos—. Solicito su permiso para llevar a mi equipo a las instalaciones de la zona Sur para una inspección.
—Esa zona ya fue asignada a alguien hace tiempo, mi querida. El reporte indica que no hay alteraciones ni lectura de esporas —intenta evadir.
—Pero la lluvia de esporas reciente y el ataque de hace unos días pudo generar cambios. Permítame asegurarle que se trata de una zona segura; así ese sector se limpiará completamente.
—No —la negativa llega más rápido que cualquier bala a la percepción de Sakura, sorprendiéndose un poco—. Enviaré a un escuadrón de menor categoría a inspeccionar si así estás más tranquila. Tú tienes nuevas obligaciones como Fenrir ¿no es así? Deja que los demás se ocupen de problemas menores.
—Pero…
—Sakura.
—Entiendo, señor.
Su nombre es sinónimo de una nueva advertencia, y aunque quisiera seguir insistiendo, su mente parece satisfecha de algún modo. Con tales pensamientos para sí misma es que decide no insistir más, ofreciendo una pronta reverencia para luego simplemente retirarse por el largo pasillo hasta la puerta.
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I
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—Y… ¿qué me dices de ser su sirviente?
—¿Enserio no vas a parar con eso?
Al octavo día tras su último encuentro con Sakura, Sasuke se siente más que desesperado por quitarse ese molesto cabestrillo de una maldita vez. Es tan fastidioso como es el tiempo que pasa cuando está con ese niño aunque secretamente lo disfruta un poco. A diferencia de lo insoportable que le parecía la idea de convivir con él o con cualquier otro miembro de SHINOBI, debía admitir que Konohamaru era alguien interesante para su corta edad.
La mayoría del tiempo se la pasan peleando, y en más de una ocasión han recibido uno que otro castigo por parte de Kiba junto a las risas descaradas de Suigetsu.
Es decir ¿no le convendría comenzar a ganarse su confianza de una buena vez? Sasuke no sabía si lo hacía naturalmente o solo lo hacía porque tenía su objetivo claro en la mente. Sea cual fuera la razón, pasar tiempo con el niño se estaba haciendo costumbre.
—En lugar de estar molestándome todo el día con tus preguntas ¿por qué no te pones a entrenar? —Sasuke alza ambas cejas ante lo obvio, señalando cansino su brazo —. Eso no es impedimento.
—No me digas qué hacer cuando ni siquiera puedes mejorar tu postura —exige el mayor acercándose al niño, dándole golpecitos en los puntos donde debe corregir su posición. Konohamaru gruñe ante el trato—. Además… —Sasuke hace una pausa a su lado y el mocoso se percata del estado actual de su brazo sano. Rojo y con algunas heridas—, he estado entrenando por mi cuenta.
Lo sabe, piensa el más chico, pues no ha sido solo una vez la que lo ha visto salir de su habitación y deambular por los pasillos hasta llegar a la Arena, tomar un saco de arena, y ponerse a practicar como un bruto. Al principio creyó que se trataba de fanfarronería solamente. Del deseo hambriento por sentirse importante y tomar cada herida como una medalla que inflara su ego.
Para la quinta noche, Sasuke ya resentía el ardor de su brazo junto con la tensión que ejercía aun del contrario pues todavía se encontraba en recuperación. Konohamaru sabía que golpear mil veces el saco de arena no iba a lograr nada ni marcaría diferencia. Era una mezcla, quizá, de todo el estrés acumulado lo que lo había llevado a practicar luego de que finalizara el último horario de entrenamiento en la Arena. En silencio y completamente solo.
—Pues lo haces terriblemente mal —confiesa el más bajo haciendo un movimiento rápido con la espada de madera que sostiene, intentando darle en el hombro resentido a Sasuke, quien lo detiene rápidamente con una de sus manos mas lo resiente luego de que transcurren unos segundos—. No eres malo con los reflejos, al menos.
—Eso dolió, mocoso —el niño se esconde detrás de una sonrisa socarrona.
—La piel de tus nudillos luce asquerosa —comenta nuevamente el menor, dejando su espada de madera (que más bien es un palo largo) para acercarse a examinar sus enrojecidas manos—. Se va a infectar —Sasuke solo gruñe, apartando su mano rápidamente.
—Hm, en lugar de espiarme todas las noches deberías dejar esa cosa ridícula de entrenar con un pedazo de madera.
—Clases con una espada de madera es un ejercicio mental y físico —una tercera voz se añade a ellos, y Konohamaru es el primero en saludar apropiadamente, poniéndose firme ante la autoridad frente a él—. No necesitas hacer eso, Konohamaru.
—Sí debo, Teniente Umino —indica el niño, terminando de hacer la reverencia.
De todos los Fenrir es probable que Iruka sea el más diplomático de todos. Prefiere los acuerdos antes que la guerra por lo que además de ser visto como un honorable y experimentado soldado, también es visto como un hombre que pronto debería retirarse de las filas de SHINOBI por los años de servicio y esa mesurada actitud.
Sasuke se mantiene callado. Lo reconoce de vista solamente pero debe ser la primera vez que lo tiene tan cerca. Una cara nueva significa información nueva, y ya ha aprendido a controlar su temperamento para no simplemente abrir su boca y recibir golpes como castigo.
—Eres tan correcto como lo es Sakura —señala el Fenrir, sonriendo al niño, y a Sasuke le toma desprevino esa actitud viniendo de alguien de esa jerarquía—. Soldado…—se dirige ahora a él.
—Sasuke —carraspea la garganta pues por alguna razón se siente como si estuviera rindiéndole cuentas a un padre. Sacude la cabeza desechando tales pensamientos—. Solo Sasuke.
—¿Cómo sigue tu brazo? —inquiere, y el muchacho no sabe si es mejor bromear con su desgracia o algo como eso no aplica a una persona tan pacífica como se ve ese hombre.
—Mejor…, creo —murmura precavidamente.
—Probémoslo —suelta el hombre, virándose al niño —. ¿Me la prestas? —antes de que Sasuke lea intenciones, Iruka ya tiene en sus manos la espada de madera, y en menos de lo que le toma tiempo parpadear, ya se encuentra en el suelo—. Regla número 1. Lo que mata a un hombre no es su poca habilidad, es su falta de reflejo —enuncia, carismático, sin haber soltado una gota de sudor al blandir la espada hacia él, justo a sus piernas, tumbándolo a una velocidad de miedo.
Konohamaru a un lado solo quiere reírse.
Conoce a Iruka después de todo. Es el Fenrir con más años de servicio estando activo, perteneciente a la primera generación. Es, sin duda, no solo un hombre sabio, sino un hombre con una amplia experiencia en cualquier tipo de batalla. Incluso los más jóvenes como Sai, Sasori o Sakura, se pensarían dos veces antes de querer enfrentarse a alguien como él. Sin embargo él también es la muestra clara de todo lo que no debe ser un Fenrir.
Genuinamente amable y leal, además de Sakura, solo en él podría confiar.
—No estaba listo —excusa Sasuke, haciendo una mueca desde el suelo. ¿Es que todos tienen una necesidad por pisotearlo o qué demonios? Sasuke compara esa amable sonrisa con la de Kakashi, y de pronto siente náuseas. Esa amabilidad es la peor de todas.
—Cuando se está en medio de una batalla, uno nunca está listo.
—"Es tan asquerosamente parecido a Kakashi" —piensa el muchacho, poniéndose de pie a la defensiva.
—Tu postura es buena —indica el Fenrir, sujetando con fuerza el arma—. Tu mirada no refleja temor. Eso también es bueno —elogia mas Sasuke no baja la guardia ante eso pues es consciente de que está en completa desventaja al tener inmóvil un brazo.
—Que tenga el hombro así no significa que no me pueda defender —gruñe casi con enfado.
—Pruébalo —advierte antes de dar un paso al frente, blandiendo la espada hacia su hombro. Sasuke se siente ridículamente torpe esquivando. Apenas le manda señales precisas a su cerebro sobre qué pierna mover pues el estar pensando en su hombro lo mantiene más ocupado de lo que debería, e Iruka se percata de eso —. No lo pienses. El tiempo que te toma pensar en esquivar es el tiempo que me tomará a mí en hacerte daño —explica, rozándole la costilla. Sasuke tambalea pero no tanto como para terminar en el suelo otra vez.
Es cierto, piensa. Estar pensando en su hombro lo está alentando pero ¿qué otra cosa puede hacer?
Pronto aquel enfrentamiento va aumentando de ritmo, y lo que había iniciado como algo lento y risible para Konohamaru, pronto se vuelve algo interesante de ver cuando Sasuke comienza a entender el modo de ataque de Iruka haciendo cada vez más preciso sus movimientos antes de que lo toque.
Los pocos soldados a su alrededor se aglomeran cerca de ellos mas no los rodean pues el enfrentamiento está lejos de permanecer en un solo sitio. Aprovechando cada uno de los elementos en la Arena, Sasuke se trepa a un par de travesaños de equilibrio, partiendo su instinto por pensar en que va a pisar mal y caer. En su lugar solo hace que sus pies se muevan por sí solos dando una muestra nata de que la adrenalina le está dando un equilibrio envidiable sobre esas vigas al mismo tiempo que continúa esquivando los movimientos de Iruka con la espada.
Atrás, adelante, derecha, izquierda, giros completos o giros medios, y la espada de madera deja de ser visible con la habilidad del Fenrir al blandirla a una velocidad inhumana.
Y Konohamaru se pregunta, mientras engrandece los ojos y el pecho se le infla de emoción, cómo es que un torpe como Sasuke ha mantenido tales reflejos ocultos durante todo ese tiempo. Entonces lo medita aún más a medida que el par de duelo continúa en lo suyo.
—Eso es. Excelente —comenta el Fenrir a medida que Sasuke parece cada vez más enfocado en los movimientos de dónde provendrá el ataque que de su propio cuerpo, dejando a sus reflejos hacer lo suyo.
Salta. Esquiva. Se acerca. Se aleja.
Y solo hasta que su espalda toca con una pared es consciente de que toda su fuerza va a concentrarla en su brazo sano. Parando con firmeza, sin casi retroceder, la espada de madera con su propia mano a solo centímetros de su rostro.
La máscara de seriedad de Iruka se desvanece tan pronto Sasuke se percata del bullicio que hay a su alrededor. Más que mirarle con el mismo rencor y rechazo con el que cotidianamente tenía que lidiar de cualquier soldado con el que se topaba, esta vez parecía que todo ese espectáculo había sido propicio para que ahora transformaran ese sentimiento en uno de pura euforia con una lluvia de elogios. Con emoción y con ganas de palmear su espalda como alguna vez la gente de Rhoda lo hizo cuando hacía las cosas bien, varios soldados (que habían detenido su entrenamiento para prestar atención a la pelea entre el Fenrir y él) estaban aplaudiéndole, soltando silbidos, llenos del mismo frenesí y adrenalina que aun corría por todo su cuerpo.
Iruka retrocede un par de pasos solamente para darle el espacio que se merece, cogiendo la espada de madera a su lado.
Segundos son los que transcurren hasta que siente a Konohamaru a su lado, e Iruka sonríe de medio lado reconociendo ese brío en sus ojos. Tan genuino como el nerviosismo de Sasuke por estar siendo elogiado por el resto de soldados ante la manera espléndida en la que ha enfrentado al Fenrir.
—Creí que no sabía pelear —expresa el niño, reteniendo unirse al festejo y al número de elogios que está recibiendo el más grande.
—El instinto también es una forma de pelear —comenta sereno el Fenrir—. Es claro que le falta entrenamiento pero posee unos reflejos bastante desarrollados.
—Comenzó a hacerlo bien cuando dejó de pensar en su hombro —el hombre asiente.
—La desgracia siempre es una virtud —hace una pausa antes de añadir, mirándolo de reojo con una expresión sincera—. Pienso que Sakura piensa eso de ti también, Konohamaru.
—¿Eh? —parpadea, confundido, sin recibir explicación alguna cuando se despide de él con un gesto amable en sus cabellos, acercándose a Sasuke.
El soldado, agobiado de tanta atención, se irgue rápidamente cuando se percata de Iruka. Es extraño, piensa, pues esa debió haber sido la primera vez que han intercambiado palabras pero de algún modo no se siente intimidado o siente que debe ser precavido frente a él a diferencia del resto de Fenrir a los que ya conoce.
—Sí a Sakura no le molesta me gustaría enseñarte un par de cosas —Sasuke, y el resto de soldados, se extrañan ante la propuesta.
—¿Usted a mí? —el hombre asiente, cálido—. No creo que sea bu-…
—Acepta —no ha sido intencional pero Sasuke se ha estremecido, y es probable que el resto también, al reconocer la voz de Sakura a un lado. ¿Había estado viendo todo ese tiempo?—. ¿O es que también careces de buenos modales? —cizañosa y burlona, Sasuke le responde con una mueca provocándole la risa a la mujer. Risa que por algún motivo le estremece.
—Si lo hago vas a golpearme una vez que estemos fuera de la vista de todos —comenta él, y algunos soldados no pueden evitar reírse de ello, incluyendo al Fenrir.
—Ustedes dos se llevan bien —concluye Iruka, sonriente, a lo que Sasuke solo vira el rostro y Sakura cierra los ojos suspirando con cansancio—. Debo irme, tengo asuntos que atender. Búscame mañana temprano, Sasuke —anuncia, retirándose tan pronto termina de decirlo, dejándolos a los tres solamente. El resto de soldados ha terminado de dispersarse en cuanto la presencia de Sakura se hizo presente. Sasuke no puede evitar burlarse de eso y de sentirse un tanto privilegiado por tener la oportunidad de no ser de ese montón y estar con ella. Claro, en todo el sentido para observar sus movimientos. No es como que le interese. O eso cree.
—Umino Iruka. Fenrir del escuadrón 5. Su subteniente es Izumo, creo que ya lo conoces —explica la pelirrosa. Sasuke asiente solamente—. Es el Fenrir con mayor tiempo de servicio en SHINOBI. Pertenecía a la primera generación de Fenrir.
—¿Por qué sigue en funcionamiento si es tan viejo? —pregunta a lo que Sakura suelta una risa irónica—. ¿Qué? ¿Cuál es la gracia?
—Que sea más viejo no significa que sea más débil —responde, mirando a Konohamaru quien vuelve de dejar la espada de madera en su sitio—. Es gracioso porque si hubiese querido te habría dejado en estado vegetativo si se ponía serio —el muchacho traga grueso, receloso.
—¿Qué son ustedes? ¿Unos malditos monstruos o qué? —la pelirrosa ensancha su mueca y Sasuke la examina. Últimamente percibe ese tipo de gestos, provenientes de ella, mucho menos cínicos y mucho más reales. Es decir, en realidad le fascina burlarse de él, lo cual no le hace mucha gracia ni marca diferencia en como lo continúa tratando. Al menos ahora no quiere golpearlo a cada cinco minutos por cualquiera nimiedad.
—Te sorprenderías —dice Sakura, canturreando al final—. Como sea, creo que ya deberías comenzar a aprenderte los nombres de todos y sus jerarquías.
—"Ya lo sé, maldita sea" —piensa, molesto, reflexionando un poco sobre ella y sobre por qué está ahí—. ¿Y bien? ¿Qué quieres? —Sakura encarna una ceja ante el tono empleado.
—No soy tu hermana como para que me hables así.
—No me importa.
Konohamaru, en medio de ambos, solo rueda los ojos pues toda la admiración que hubo sentido por Sasuke hace unos momentos, tras su encuentro con Iruka, se ve opacada por tal comportamiento infantil. Lo que no entiende es por qué Sakura luce molesta cuando en ocasiones similares, en las que algún soldado ha mostrado impertinencia hacia ella, simplemente les atesta un golpe o los destruye con palabras. Luce como si de verdad buscara pelea con él, lo cual se le haría gracioso si olvidara el hecho de que Sasuke ha llegado a sus vidas de manera extraña.
Al menor no se le quita la idea de que Sakura lo ha aceptado en su diminuto círculo de conocidos por un motivo que desconoce. Y que le gustaría entender.
Por el momento ambos se le figuran como dos niños enormes con problemas de actitud. Secretamente le da gracia.
—Konohamaru —el menor atiende al llamado dándose cuenta que había estado perdido en sus pensamientos un par de segundos—. Hoy pasarás la tarde con Chiyo.
—¿De nuevo? —y aunque no quiere sonar decepcionado, pues compartir tiempo con Chiyo se le figura a pasar tiempo con una abuelita amable, le hacía más ilusión poder seguir entrenando o incluso pasar tiempo con Sasuke, aunque fuese para seguir diciéndose de cosas.
—Sí, debo atender un asunto con Hinata —informa de manera superficial, volviendo su vista a Sasuke y a su hombro—. Tú lo acompañarás —al muchacho casi se le salen las cuencas de los ojos.
—¿Qué?
—Ajá. Así vas conociendo más gente y te quitas esa personalidad horrenda —Sasuke la mira irónico, antes de simplemente acceder.
—Mira quien habla.
.
II
.
Preguntarse qué era Sakura no servía de nada, del mismo modo que de nada servía fingir estar prestando atención al papeleo que se encontraba leyendo. Incluso si se tomaba unas horas y pedía un permiso provisional para subir a la superficie y patrullar la ciudad, Hinata sabía que su mente estaría en todos lados menos en el presente.
La luz de la pantalla de su computadora le molesta, o quizá es porque la noche anterior apenas y pudo conciliar algo de sueño luego de la revelación que extrajo de los resultados del laboratorio. Sentía que la cabeza iba a explotarle y sería en vano que algo así sucediera si ni siquiera obtendría alguna resolución a todo eso.
Por más que re confirmaba los resultados no podía creerlo. Pensó, incluso, que se trataba de una falla, y realizó el procedimiento de la examinación de la sangre de Sakura unas tres veces más. Al final el resultado era el mismo.
Sangre de Draug.
Sangre contaminada dentro de su organismo.
Sakura… ¿estaba enferma?
—Dios… —suelta, exhausta de tanto cansancio mental. No puede concentrarse. No puede, si quiera, ver a Konohamaru y no evitar pensar que quizá él también ya sabía de todo eso. ¿Preguntarle? No. No era opción. No le diría nada. Solo ocasionaría que se preocupara o que fuera con Sakura a decirle todo. ¿Preguntarle a ella? Esa idea era aún peor—. Ella no me dirá nada… —murmura, desalentada. Adentrada en sus pensamientos ignorando el sonido de la puerta hermética de su habitación abrirse y cerrarse con rapidez.
—Vaya. Qué ambiente tan encantador —Hinata recobra la compostura desde su sofá, irguiendo la espalda, poniendo su mejor expresión serena—. Que callada —Nada. Hyuga continúa en lo suyo y Sakura intuye que se debe a que entre ellas las cosas están tan terriblemente mal aún—. ¿Te estás alimentando bien? Estás pálida —expresa con genuina preocupación; cosa que la subteniente tarda en percatarse.
—Podría decirte lo mismo a ti. No te veo mucho desde hace unos días —expresa la de cabello azabache.
—He estado ocupada —confiesa, acercándose al sofá frente a Hinata, apoyando sus muslos un poco en el brazo del mismo—. ¿No vas a preguntarme por qué? —inquiere, divertida. Hinata deja de prestar atención a los papeles, mirándola con profundidad.
—¿Sirve de algo hacerlo? No vas a decirme nada de todas formas.
—Hn…—emite, sin realmente nada que agregar, dibujando una sonrisa sugerente mientras se acerca a ella y le extiende un par de hojas engrapadas. La joven la mira extrañada, tomándolas.
—¿Qué es esto?
—Una solicitud para inspeccionar las instalaciones bio-tecnológicas de la Zona Sur —Hinata hojea hasta leer el aviso de rechazo en esta.
—¿Fue rechazada?—Sakura asiente.
—Luces sorprendida.
—Bueno, es que el Canciller tiene cierta predilección hacia ti. No esperaba que te dijera que no —pausa—. A todo esto… ¿Por qué quieres volver ahí?
—Hay algo que me dejó pensando la última vez que estuve ahí.
—Eso es un nido de Draugs, Sakura. A pesar de que Kisame se encargó de limpiar ese lugar, no dudo que se haya vuelto a infestar de ellos. Esa zona quedó deshabitada hace muchos años —informa lo obvio sin detenerse a inspeccionar el rostro serio de Sakura.
—¿Sabes por qué? —Hinata la observa, confundida.
—¿Eh?
—¿Qué si sabes por qué quedó deshabitada?
—Bueno…—lo medita un poco antes de responder—, quedo así durante la primera lluvia de esporas si no mal recuerdo.
—La muralla de Konoha se extendía hacia ese sector hace muchos años. Durante la primera lluvia ese lugar fue el más afectado. La población de ese sector se redujo a nada y a pesar de que se buscó la manera de retomar esa parte para volverla a unificar con los nuevos sectores en Konoha, se vio imposible debido a los daños materiales y porque los Draugs no cesaban de brotar de ahí. Por eso esa zona ha sido bloqueada permanentemente.
—Como una zona radioactiva —Sakura asiente—. Lo sé. Sé que la Zona Sur es la más custodiada de todas hasta el día de hoy, lo hacen día y noche ante cualquier brote masivo que se pudiera presentar —silencio. Y no es hasta que el mismo silencio se vuelve pesado que Hinata entiende que la respuesta tardía siempre es sospecha a que no hay veracidad en el comentario que le precede.
—¿Por qué habría de haber uno?
—¿Perdón?
—Eso. ¿Por qué tendría que haber un brote? Es una zona muerta. Nadie habita ahí.
—No te entiendo.
—Hinata, creí que tenías una mente brillante para deducir cosas. —ironiza solo unos segundos, volviendo a su semblante serio—. Los Draugs reaccionan a las ondas de calor. A la sangre caliente y al aliento de vida de cualquier ser vivo. La Zona Sur es una zona muerta ¿entiendes? —Hinata engrandece los ojos pareciendo captar de a poco—. Cuando estuvimos ahí fuimos para detener un brote debido al roció de esporas que cayó en una zona aledaña a la Zona sur. No justamente en esa. Una zona poblada. Algunas personas se perdieron dentro de esa Zona Sur ya convertidas en Draugs. Otras más huyeron para esconderse, volviéndose el alimento de otras. Eso es justifica un poco pero a lo que le doy el beneficio de la duda es a los Draugs dentro de la instalación de SHINOBI. Esos que estaban dentro del edificio de bio-tecnología.
—Dijiste que el prisionero había armado un alboroto o algo así —expresa con cautela, alimentando la conversación que finalmente se ve encaminada.
—Y así fue. Sasuke fue el primero en percatarse de los Draugs que caían de ese edificio. Alguien los estaba empujando —Más que el hecho de extrañarse por la naturalidad con la que Sakura ha dicho su nombre, Hinata no tiene cabida para preocuparse por eso ahora. Lo que dice es una suposición bastante disparatada.
—E-eso no es posible —balbucea, consternada—. Esas instalaciones fueron evacuadas hace años. Nadie las usa desde entonces.
—Suena absurdo hasta cuando lo afirmas teniéndolo a esas bestias a solo unos centímetros de tu rostro —manifiesta de forma intransigente—. Dentro de los laboratorios había Draugs. Suena a disparate pero parecían una horda masiva de pinos de un boliche dentro de una celda de cristal. Incluso si fueron las esporas las que convirtieron a esas personas en Draugs ¿qué hacia un número determinado de ellos encerrados entre los paneles de cristal?
—Estás…—balbucea Hyuga—. Estás diciendo que ¿alguien los puso ahí?
—No lo sé. Pero a nadie le interesa averiguarlo además de mí, claro.
—¿No pasaste esto en un reporte?
—Pretendía hacerlo…hasta que sucedió lo de la junta con los demás Fenrir —Hinata meditó eso último recordando cómo había terminado la última reunión.
—Lo de la falla eléctrica y la explicación de Hotaru —dijo, deduciendo los hechos obvios.
—Así es.
—El Canciller actuó bastante raro esa vez —expresa con el ceño fruncido—. Las pruebas eran irrefutables como para que pudiésemos negarnos a ver lo obvio.
—Eran consistentes.
—¿Crees que el Canciller esté ocultándonos algo? —La pregunta por sí sola es sorpresiva pero más que eso es simplemente un peligro. Cosas como el pensamiento a creer que la máxima autoridad de Konoha pudiera estar reteniendo información para sí mismo era, o ser valiente, o ser estúpido pero por alguna razón Hinata confiaba en poder expresarse si resultar afectada. A menos eso era lo que creía—. Tú… ¿no sabes nada de eso? —cuestiona, claramente ansiosa.
—¿Qué?
—Por dios, Sakura. No quiero desconfiar de ti pero últimamente todo lo que haces me obliga a pensar lo peor —confiesa, alzando un poco la voz. No es su intención sospechar de ella pero a la altura de los acontecimientos ni siquiera está ya tan segura de qué otra cosa más ella podría estarle ocultando. No quiere tener tales pensamientos pero es inevitable no alimentarlos en medio de la conversación que tiene ahora.
—¿Crees que estoy en alguna especie de conspiración con el Canciller? —farfulla la pelirrosa, molesta.
—Eres la que tiene más relación con él y —Hyuga traga grueso antes de seguir. Seguramente se arrepentirá más tarde de ello—…y eres su preferida en todos los aspectos.
—Dios Santo, ahora te oyes como cualquier otro malcriado soldado, Hinata —exaspera Sakura, pasando una mano por sus cabellos.
—¡Es la verdad! —vocifera, apartando los papeles. Quisiera callarse pues siente como si aquella enfermedad, que piensa le han contagiado los soldados por años con sus comentarios hacia Sakura, estuviese apoderándose de ella como un vómito verbal —. Quizá nunca te lo he dicho pero es obvio que eres su predilecta. Que me guardes secretos respecto a lo que hables con él, no me importa. Lo que me está matando es la incertidumbre de no saber de qué tamaño son esos secretos.
—¿Vas a juzgarme sin siquiera saber nada? —cuestiona Sakura, claramente molesta pero está consciente de que no tiene ni por qué estarlo. Ella misma ha propiciado a que Hinata desconfíe así; y aunque esperaba que pudiera seguir callada sin exigir explicaciones de nada como siempre lo había hecho, por una parte se alegra de que la esté confrontando. No habría porque contenerse en ese caso—. Si a esas vamos, entonces dime ¿por qué demonios no me has dicho el nombre del prisionero?
Hinata enmudece.
Y el panorama que pinta su mente es por más desastroso.
Lo sabe.
Lo sabe. Lo sabe. ¡Lo sabe!
¿Cómo? ¿¡Cómo es que lo sabe!?
De pronto siente que el piso se mueve y que todo da vueltas. Siente un dolor en el estómago intenso y siente como expulsa nerviosismo y… ¿miedo?
Le ha mentido. Y ahora ella lo sabe. Siempre lo supo. La pirámide de confianza y lealtad hacia ella se desmorona casi en frente de sus narices, y Hinata, por primera vez, no tiene un plan de escape como usualmente tiende a tenerlos. Es tan inteligente, Sakura misma lo ha expresado muchas veces, pero ahora pareciera que se ha quedado sin palabras que justifiquen, al menos un poco, lo que la Fenrir ha dicho.
Está acabada. No se le da bien mentir a pesar que por años ha estudiado unas mil formas de hacerlo bien.
—¿Crees que no lo sé? —Sakura continúa, riéndose un poco. Hinata luce tan pálida que es posible que hasta su lengua esté entumida—. Estaba dejándolo pasar pero sé que lo sabes desde hace mucho. Se llama Naruto ¿no es así? —el semblante estresado de la de ojos perlados solo confirma lo obvio.
—¿C-cómo lo…? —carraspea, temerosa. Negarlo ya no serviría de nada de todas formas—. ¿D-desde cuándo lo sabes?
—¿Importa? —cuestiona, irónica—. Quizá te subestime, Hinata. Subestimé tu lealtad creyendo que me serías fiel hasta el fin de este mundo.
—¡¿Cómo puedes decir eso?! —explota sabiendo que no tiene cara ni derecho para hacerlo pero no se debe a la mentira. Se exalta por el cuestionamiento a su lealtad —. ¡Lo único que he tratado de hacer es entenderte y obedecerte sin replicar pero todo lo que haces no me da más opción que pensar en lo peor! Si…si tan solo me dijeras la verdad…—pausa—. Yo nunca quise ser un soldado. Eso lo sabes.
—¿Por qué lo eres entonces?
—Porque se trata de ti —responde sin dudar—. No es en el Canciller en el que pienso cada vez que recibido una medalla honorífica por mis logros. Es en ti y en el pensamiento de saber que te soy útil de alguna forma.
Lo sabe. La razón por la que hubo hecho de Hinata su subordinada en primer lugar no fue por meros méritos. De hecho, ella no destacaba de su grupo al pasar por la academia. Pero era fiel. Y encontrar a una persona así y además con cualidades humanas aún en su corazón, era casi imposible. El resto solo eran farsantes. Sakura vivió rodeada de ese tipo de gente hasta que se topó con ella.
—Entonces…—por eso, incluso ahora, que la mira tan detenidamente, esperando ver algo de flaqueza en su determinación, apostará por ella y la que respuesta que le brindará—, si te pidiera que rompieras tu voto de lealtad hacia SHINOBI…—Incluso si es pedirle demasiado, confiar en Hinata es el único camino que conoce ahora.
—Lo haría —Sakura engrandece los ojos—, pues mi voto de lealtad hacia ti seguiría intacto a pesar de todo lo que no me has dicho.
Ojos brillantes. Lealtad jurada.
Ojos melancólicos. Sonrisa aliviada.
—Eso es todo lo que necesitaba oír.
—¿Eh? —Hinata, más confundida que antes, no sabe cómo interpretar ese cambio de actitud. De seriedad a bribonería. De frialdad a camaradería.
—Me preguntaba cuánto tiempo más tendrían que ponerte a prueba para comprobar que tu lealtad está en mí y no en SHINOBI —solo hasta que procesa eso último es que Hinata es realmente consciente de lo que acaba de decirle. Separar a SHINOBI de Sakura, como dos núcleos completamente independientes solo indica que en efecto, Sakura actúa por su propia cuenta.
—Espera…qué…
—Enserio me encantaría ponerte al día después de tantos años pero no tengo tiempo ahora —dice, acercándose a ella, sentándose, ahora, sobre el brazal del sofá donde está Hinata, arrimándose a su tableta electrónica para hacer uso de ella a su antojo—. Ahora que he puesto a prueba todo eso, es momento de que te explique mi plan.
—¿Plan? Espera… ¿de qué hablas…? —sacude la cabeza al ver que la ignora vilmente—. ¡No me dejes hablando sola! —se exalta, viéndola pararse nuevamente, tomándola del brazo antes de que dé un paso más—. Sakura… —lo que la pelirrosa le transmite con su mirada no es molestia, ni siquiera incomodidad o enojo. Es una sensación extraña de liberación, y una sonrisa genuina, de las que nunca ha visto plasmada en ella.
—En primera, Hinata, quiero que sepas algo —hace una pausa—. No soy un Draug, así de que deja de sugestionarte por eso —Hyuga engrandece los ojos. Primero lo de Naruto ¿Y ahora eso? ¿Acaso la espiaba? Tiene tantas cosas que decirle pero de su boca solo salen sonidos incomprensibles. Está entre la línea de la histeria y la sorpresa.
—¿Cómo lo…?
—¿Crees que dejé apropósito que me quitaras aquellos tubos de sangre? —la subteniente contiene el aliento. A estas alturas ya no sabe de qué manera expresar lo descolocada que se encuentra. Todo eso es demasiada información por un día.
Respira hondo, antes de continuar hablando y evitar colapsar debido al shock emocional.
—Bien…entonces— sacude la cabeza. Todo eso es tan irreal. De pronto las verdades del universo parecen golpearla. Toma aire nuevamente antes de soltar lo siguiente—. ¿Qué es lo que eres?
La sonrisa de Sakura, esa que es genuina, se ensancha un poco, mas sus ojos se tornan algo decaídos y melancólicos. Como si se tratara de una ironía de la que no puede escapar y ha tenido que aceptar durante mucho tiempo.
—Algo súper genial.
.
III
.
—Te he traído las medicinas que me pediste.
Cuando se se le obligó acompañar a Konohamaru durante su sesión con Chiyo, esa mujer canosa que fungía de institutriz del niño, Sasuke no pensó que tendría que lidiar con la presencia de Sasori. De ser así preferiría mil veces ser sometido a golpes por la pelirrosa misma. Al menos a ella le hacía un poco de gracia la manera tan fácil con la que le ganaba. Con este sujeto parecía que todo a su alrededor se volvía intolerable.
Es decir, bastaba solo verlo, chocar miradas, para darse cuenta de que no lo toleraba, y sugería que lo mismo le pasaba a él.
El resentimiento y el desagrado parecían ser mutuo.
Sasuke por razones obvias dado que Sasori prácticamente lo despreciaba con solo verlo, y el pelirrojo…bueno, sus razones eran complicadas.
—Gracias, hijo.
Ante el comentario dulce y maternal de la mujer, Sasuke frunce el ceño, confundido. Su mente, por otro lado, comienza a hacer mil suposiciones. No conoce a ninguno y le alivia de cierto modo que Konohamaru esté ahí y sea tan metiche como para acercarse un poco y murmurarle un par de cosas mientras el Fenrir (quien no deja de mirarlo de soslayo) y la mujer comparten unas palabras.
—No es su hijo de verdad —susurra fingiendo hojear uno de los tantos libros de texto de la mujer le ha dado esa tarde—. Él solamente…
—¿Necesitan una biografía mía? Con gusto puedo dárselas —espeta el soldado de ojos caramelo, mirándolos con sequedad. El aire se siente capaz de asfixiar a cualquiera en ese momento y Sasuke, aunque se siente un poco intimidado, finge la fuerza suficiente para responderle con la misma mirada de necedad.
—L-lo siento —se disculpa Konohamaru, regresando la mirada a las páginas. Sasuke se percata de eso. De ese detalle que ha tenido el niño justamente con este soldado siendo que Konohamaru se ha caracterizado por comportarse de una manera bastante liberal y arrogante con las personas que tienden a menospreciarlo, lo cual le dan a pensar a Sasuke que, en serio, Sasori es alguien de cuidado.
Pero no le atemoriza ni un poco.
—Me encantaría oír un poco de eso entonces —responde, altanero, cruzándose de brazos, acomodándose un poco más en el sofá donde se encuentra.
Los minutos que había estado compartiendo con aquella mujer y con el menor, mientras se presentaba a la primera escuetamente y descubría que era una persona con la que podía tratar a diferencia del resto de soldados ahí, se habían disipado en cuanto Sasori había atravesado esa puerta de manera sorpresiva.
Sasuke puso a trabajar su mente de inmediato, recolectando toda la información durante esos días. La más relevante que inmiscuía a la pelirrosa y ese sujeto de mirada casi asesina en un mismo contexto.
"Oí que crecieron juntos"
"Llegó al Cuartel solo un par de meses después de él"
"Vienen de afuera"
La expresión fruncida de Sasori lo evidenciaba junto a la mirada taciturna que le dedica Chiyo. Y el recién conocido hecho de saber que la mujer que instruía a Konohamaru de estudios había sido la misma que había instruido a Sakura cuando pequeña (información obtenida por la mujer misma hace unos minutos) solo afianzaba más su suposición.
Ese odio que se tenían no era más que un hecho cotidiano del pasado que había terminado mal.
Pero la pregunta aquí era: ¿Qué es lo que había hecho que se distanciaran?
Y entonces ahí estaba él, retando a la muerte; porque esa era la sensación que le transmitían los ojos de Sasori a pesar de estarse mostrando impávido y exigente. Aquellos ojos lucían bastante opacos. Bastante muertos. Un poco parecidos a los de…
—…Sakura.
Haya sido intencional o no, su nombre ha salido como un encantamiento y a la vez como una maldición cuando los tres pares de ojos alcanzan a oírlo. Konohamaru frunce el ceño, extrañado, al igual que Chiyo. En Sasori, sin embargo, parece haber afectado de una manera distinta. El hecho de decir su nombre, de llamarla así, cuando nadie más en el Cuartel, a parte de sus allegados (que son contados con una sola mano), a él parece enfurecerle. Y gracias a eso Sasuke se da cuenta de dos cosas.
Ese odio entre esos dos es un sentimiento camuflado que oculta un verdadero pasado doloroso.
Y el detalle de él haber dicho su nombre…, es posible, sea su más grande culpa y tesoro más adelante.
—La llamas por su nombre —suelta Sasori, segundos después, con una ironía bastante mal elaborada—. Ni si quiera la conoces —gruñe, como si su intención fuera evidenciar su pasado con los meros días que podría tener Sasuke de conocerla.
—¿Qué? ¿Toqué un tema sensible para su alteza?
¿De dónde ha salido esa actitud altanera y molesta? Sasuke no lo sabe, y sinceramente no se detiene a pensar qué es lo que lo está motivando a retar al Fenrir sabiendo que este tendría la fuerza suficiente para acabarlo a golpes ahí mismo. Ni siquiera piensa en la clara desventaja y en el ridículo valor que ha de mostrar teniendo el cabestrillo aun sujeto al hombro. Pero no le importa. Sea su imprudencia o su estupidez, no está dispuesto a ceder frente al de ojos cafés ante un tema que, realmente, no debería tomarle importancia.
Ella.
—Cuida tus palabras, soldado mediocre —advierte, dando un paso al frente, justo donde Sasuke termina por ponerse de pie del sofá, casi quedando a centímetros.
—Sasori. Tranquilízate —pide Chiyo, un poco alterada. Konohamaru, a su lado, no sabe si intervenir y ganarse un buen castigo (porque se trata de Sasori justamente) o simplemente suplicar que Sasuke no sea castigado tan severamente por estarse enfrentando a un soldado de tal calibre.
—No eres más que un parásito dentro del Cuartel —escupe con veneno el más alto. Sasuke, imperturbable como una estatua fungida sobre cemento, no se inmuta—. Sakura es una estúpida por haberte traído en primer lugar.
—La llamas por su nombre —dice Sasuke esta vez, copiando las palabras de Sasori anteriormente; y aunque no hay ironía en su voz, es más la seriedad con la que lo dice la que hace enfadar al Fenrir al punto de tomarlo por el cuello de su uniforme.
—¡Sasuke!
—¡Sasori!
Gritan al unísono Konohamaru y Chiyo, respectivamente. La mujer es ignorada a diferencia de Konohamaru quien es calmado por Sasuke quien le hace una seña con la mano de que no se acerque.
—Estaba pensando…sobre el tipo de relación que existe entre ustedes —confiesa el pelinegro, serio y sincero—. La manera en la que no se toleran —Sasori gruñe.
—¿Y a ti qué te importa lo que haya entre ella y yo? —aprieta más su agarre, y finalmente Sasuke cede un poco al dolor—. Solo eres un mediocre bueno para nada.
—Es probable —responde, gimiendo un poco ante el agarre—. Pero estos últimos días me he dado cuenta de que soy realmente bueno en algo —el Fenrir solo lo observa, colérico. Y a partir de esa expresión, Sasuke prueba su suerte—. Soy increíblemente bueno sacando de quicio a la gente.
—¡Cállate!
Los gritos y el impulso de un brazo a punto de hacer contacto contra la piel se detienen en el instante en que la puerta automática se abre y la silueta de Sakura aparece casi de manera conveniente, con el semblante sorprendido y hasta con una pizca de inocencia ante el panorama que salta a simple vista.
De ser otra situación, en la que Sasuke y Sasori seguramente no se declaran abiertamente que se odian como ahora, le parecería hasta cómico. Pero más que nada, verlos en la misma habitación, le causaba dolor de estómago. 1) Porque no quería involucrarse con Sasori más de lo que se toleraban al toparse en los pasillos y 2) Porque simplemente Sasuke no tenía por qué meterse con él también.
Estaba intentando alejarse de su propio pasado como para que un torpe como el azabache fuera quien la obligara a tener que acercársele de nuevo.
Conocía al de ojos cafés y sabía lo severo que podía ser contra personas que no eran de su agrado, y Sasuke se estaba ganando, realmente, que no solo le dislocara el hombro que le quedaba sano.
—¿Qué? ¿Te dejo solo treinta minutos y ya estás causando alboroto? —ironiza ella dirigiéndose al de ojos negros, decidiendo optar por la gracia en lugar de la rudeza de solo ir y propinarle un golpe a alguno de los dos. Sasuke es el primero en mirarla de reojo, entendiendo el significado de su mirada y de ese gesto con la quijada, gruñendo en respuesta, apartando la mano con la que Sasori lo sujeta, dando unos dos pasos lejos de él. Luego de mirarlo a él Sakura dirige su mirada al pelirrojo—. Lamento esto —expresa con sinceridad, y es ese mismo gesto que sorprende a tres pares de ojos, exceptuando, por supuesto, al Fenrir marrón quien en lugar de aceptar eso como una muestra, finalmente, de empatía, obtiene el efecto contrario.
—¿Lamentas? —pronuncia, cargando su voz con sorna. Avanzando a la salida, solo deteniéndose un poco al pasar a su lado para susurrarle—. Tú no lamentas nada —finaliza, rozando su hombro, saliendo con rapidez.
Si se lo preguntaran directamente, aprovechando ese pequeño lapso en el que se muestra frágil, Sasuke diría que sí.
Sí hay cosas que lamenta.
Pues de las tres personas que aún quedan dentro de la habitación, él, por alguna extraña razón, resiente ese semblante que Sakura posee justo ahora que Sasori ha cruzado miradas con ella.
Un semblante tan lamentable, similar al que le vio hacer a Kakashi la última vez que lo vio.
Culpa.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
Ahora sí que me esmeré en traerles un capítulo largo. Más que nada para que no quedara algún cabo suelto en cuanto a la "explicación" de la rareza de Sakura.
Es posible que aun posean algunas dudas de lo que ella es pero descuiden, lo más importante que necesitaban saber sobre de donde proviene su fuerza lo he escrito aquí. ¿Alguno ya se lo esperaba?
En cuanto a la interración de ella con Danzou, esa conversación es muy importante para los próximos eventos que la pelirrosa planea, además de que la conversación con Hinata confirma un poco que Sakura no confía un 100% en SHINOBI, como algunos pensaban, pues tiene sus propios planes. Y el hecho de que también sepa de la existencia de Naruto también es parte de un plan.
Aunque debo admitir que la escena que más me gustó escribir fue la última(?) jajaja La primera confrontación de Sasuke y Sasori en la que parecen pelear por Sakura de manera implíita sin si quiera darse cuenta. Eso tendrá mucho peso de ahora en adelante.
En fin, planeo actualizar pronto aunque no les puedo asegurar nada.
Aprovecho este espacio para agradecer a los nuevos lectores que han aparecido estas semanas y han regalado sus votos a la historia c: Me alegra mucho que les guste a pesar de no ser algo ordinario ni fácil de digerir.
¡Gracias!
Rooss-out!
