Terminología dentro del mundo de Lotus.
· Rhoda: Origen griego. Significado literal: Levanta ó El que se levanta. Significado en Lotus: Ciudad Levantada. Ciudad contraria a Konoha (La ciudad amurallada)
· Draugs: Criatura clasificada como un no muerto.
· SHINOBI: Fuerza militar al servicio de Konoha controlada por el Canciller.
· Cuartel: Base militar subterránea de SHINOBI.
· Fenrir: Líder de escuadrón. (Vendría desempeñando la misma función que un líder ANBU en el mundo canon de Naruto)
.
XVIII
Heridas
.
I
.
Las retinas de Sakura están llenas de pensamientos esa noche y de ser otra situación obligaría a Hinata a no inmiscuirse más de lo que debería en su vida pero a estas alturas no puede reprimir ese deseo curioso por seguir conociendo más de ella.
Esa noche luce idónea para tener descubrimientos por parte de Hyuga y recuerdos por parte de Sakura. Limitándose solo a preguntar cuando lo ha creído conveniente, Hinata deja a la pelirrosa hablar durante unas largas horas en las que le cuenta casi todos esos secretos que por tanto tiempo ha mantenido ocultos y que ella deseaba conocer.
Le cuenta, al menos, la gran mayoría.
Desde donde inician esos recuerdos en aquella plancha de metal hasta la noche en que ha sido encontrada por el Canciller. Hinata es paciente incluso en los momentos en los que la propia Sakura parece luchar consigo misma al sostenerse la cabeza al recordar cosas que han estado sepultadas por años y que nuevamente remueve en su mente polvorienta. Pequeños fragmentos que ni siquiera ella misma es capaz de distinguir ni de recordar correctamente. A sus ojos es difícil verla en una situación así cuando día con día la ve esforzarse por fingir una actitud estoica y gélida. Ahora puede comprenderla un poco mejor.
Le cuenta sobre Mikoto de una manera breve en un principio antes de contarle la verdad que sacudirá su mundo más tarde, pues la Fenrir luce demasiado afectada por volver a tocar ese tema como si se tratara de un tabú personal.
—Antes de convertirme en…—Sakura se detiene a mirarse un momento— esto que soy hoy, hubo un tiempo en el que creí que podría valerme por mi misma —hace una pausa, riéndose un poco de los recuerdos—. En ese lugar eran meticulosos. Eran listos pero no contaban con que yo lo fuera más; y por ese entonces fue demasiado fácil librar su seguridad y escapar la primera vez.
De ese laboratorio, se refiere.
—Sabes que el material genético de un ser vivo puede extraerse ¿no? —Hinata asiente, perceptiva—. Bien, básicamente ahí jugaban a ser Dios pues creían que combinando varios de esos genomas y colocarlos en un humano tendría como resultado una aceleración de células y una buena aceptación en el huésped que eligieran.
—Algo como… ¿regeneración?
—Entre muchas otras cosas —Sakura hace una pausa, suspirando—. Fuerza. Reflejos. Agilidad —comienza a enlistar—. Su ambición era crear súper-humanos o, al menos, soldados más fuertes que pudieran enfrentar a los Draugs con las mismas condiciones —la subteniente retiene la respiración—. Como yo, hubieron decenas de sujetos para pruebas —Sakura detiene su voz como si le doliera la garganta y sintiera escozor en los ojos—. Pero era absurdo ¿sabes? —suelta con ironía, apoyando la espalda en el respaldo del sofá—. ¿Qué les hizo pensar que sería buena idea combinar cadenas moleculares y que un humano ordinario podría resistirlas?
Habían muerto.
Hinata sabe que no es necesario que ella se lo diga explícitamente para interpretar eso último como que todos habían muerto y ella no.
Ella no.
Por algún motivo eso la preocupa aún más.
—¿Cómo es que tú fuiste la única en sobrevivir?
La juguetona mano de Sakura, esa que se sostiene una pieza de ajedrez, se detiene, y aunque Hinata no quiere presagiar nada malo cuando la ve detener su mirada en su pecho, por encima de la tela de su uniforme, es incapaz deja escapar el aliento.
—Maldición, no creí que fuera tan difícil contarte sobre esto —confiesa la pelirrosa cogiendo la pieza con fuerza, colocándola de nuevo en el tablero de la mesita que hay en medio de ellas.
Las imágenes no son nítidas pero Sakura puede describirle, de manera melancólica y dolorosa, hasta la sensación de sentir cada rama y follaje del bosque en el que se adentró la primera vez que huyó de ese lugar. Austera y completamente indefensa, lo desconocido se le hizo lo más real del mundo al sentir la tierra húmeda bajos sus pies y las gotas de lluvia tan frías atendiendo la sangre hirviendo en sus venas. Esa sangre caliente, ardiendo en coraje, dolor, venganza.
Como una primitiva indomable siendo recibida por la naturaleza exótica de esos ayeres que aún puede recordar.
—Era la primera vez que sentía que el exterior era el lugar más seguro a diferencia de esa horrible jaula.
—A ella… ¿la conociste esa noche?
Hinata recuerda esa mirada. Misma que ahora posee mirando hacia un costado, justo donde Konohamaru yace dormido. De toda esa historia de sangre y promesas, algo le ha quedado claro respecto a Sakura.
Ella es una persona bondadosa al punto de cargar con responsabilidades que quizá no le correspondían.
Mikoto.
Sakura la describe con una delicadeza y amor puro que solo la ha visto expresar con otra persona. Una que Hinata conoce y que ahora entiende por qué es que ese niño es tan importante para ella.
—En todo el mundo no creí que alguien pudiera solo no juzgarme por lo que era —la oye decir, viéndola examinar su mano como si todos sus pesares se concentraran en ese lugar—. Es decir, yo era un fenómeno. Un monstruo. Mikoto fue la única persona en el mundo capaz de no rendirse conmigo a pesar de lo mucho que la lastimé.
Una persona completamente ordinaria. Huérfana, aparentemente, sin un lugar al cual pertenecer. Sin un sitio al cual regresar. Aun así, ofreciendo su compañía y su paciencia a un ser extraño como lo era Sakura durante inviernos enteros y primaveras también. Mikoto fue como esa madre paciente enseñando a un recién nacido desde caminar hasta hablar sin recibir nada a cambio.
—A ella le gustaba mi compañía —ríe con sorna—. O eso es lo que creo. Después de todo yo no tenía absolutamente nada que ofrecerle a parte de problemas y ser un fenómeno —suelta con enfado, castigándose a sí misma—. Después de todo, entre nosotras, existían diferencias ridículamente notorias empezando por el corazón.
Pensar que es imposible vivir sin un corazón, figurativamente, no suena tan descabellado si se considera que el mundo en el que se encuentran viviendo está sometido a un virus extraño que convierte a las personas en seres hambrientos por carne humana. En otro periodo, en donde el hombre fuera relativamente normal, escuchar tal confesión sería digna de un demente. Por el contrario, a pesar de que en la época actual todo el mundo parece temer a lo sobrenatural, escuchar a Sakura decir aquello con tal lamento, le resulta difícil de digerir.
—¿A qué te…?—Hinata traga grueso—. ¿A qué te refieres con eso del corazón?
—Las…—Sakura se observa superficialmente, volviendo su vista al piso—, las "cosas" como yo somos fuertes porque se nos suministró genética hostil. Genética de Draug pero, como sabrás, cuando una persona se contamina genuinamente por las esporas su corazón se seca hasta volverse un cristal obsoleto, convirtiéndose en solo polvo. Los Draugs no poseen corazón, solo siguen un patrón de comportamiento y de necesidad por alimentarse pues el mismo virus destruye todo lo demás a su paso.
—Qui-quieres decir que…
—Para ser un contenedor apto a la genética de un no-muerto debes, en pocas palabras, cumplir con las características de uno —Hinata engrandece los ojos, alterada.
—Estás diciéndome que tú… ¿no tienes un corazón? ¿El órgano en sí?
La respuesta de Sakura se extravía en sus ojos y en la manera tan infeliz y lamentable con la que vuelve a ver a Konohamaru para segundos después cerrar los ojos con pesar y soltar una risita lamentable.
—Hay cosas, de esta extraña naturaleza que poseo, que aún no logro entender —calla un momento, meditando sobre hasta dónde es capaz de contarle a Hinata sin alterarla o volverla loca—. No soy un Draug pero tampoco soy un ser humano enteramente. Estoy en un punto medio, creo. Quizá fui normal una vez pero…—se muerde el labio, sintiendo dolor en sus sienes de repente, recibiendo fragmentos fugaces de rostros y lugares, de luces y oscuridad, de voces y llanto—. Lo único que puedo decirte sobre mí y sobre lo que intentaron hacer con otras personas es que para no hacernos caer en la locura de un Draug, a diferencia de ellos, nosotros sí poseemos un corazón —los colores vuelven al rostro de Hyuga y parece volver a respirar con normalidad—. Un Draug solo reacciona a su instinto. No piensan. Son como bestias salvajes —explica—. Nosotros. Yo. Tenemos inteligencia.
—Así que…—la azabache carraspea un poco, recuperándose de la tensión de hace unos segundos—, eres tan fuerte y hábil como un Draug pero eres un ser humano porque posees un corazón, ¿no es así?
El silencio reina por unos segundos.
El silencio nunca ha sido un buen indicador de que las cosas vayan a terminar bien.
—…Sí. Porque poseo uno —responde, dubitativa. ¿Hinata tendría el derecho suficiente como para preguntar más allá?
Las dudas la carcomen y no es hasta que con el pesar del mundo y la culpa se amotinan, Sakura misma comienza a desabotonarse el saco de su uniforme, quedando únicamente con la camisa negra de algodón ceñida. En ese punto Hyuga comienza a atar cabos en cuanto sus ojos se topan con el inicio de lo que antiguamente había sido una cicatriz bastante notoria.
"El corazón que yo le di lo está matando"
De repente todo da vueltas.
Sintiéndose fría.
Sintiéndose pálida.
Sintiéndose débil.
Mas el rostro de Sakura le transmite todo ese pesar que por años no había querido compartir con nadie por miedo a ser juzgada o, incluso peor, ser rechazada.
—Levanta su camisa —murmura Sakura, señalando a Konohamaru a un lado. Hinata se tensa—. Querías saber ¿no? Anda, hazlo.
Temerosa, la chica obedece, alzando solo un poco la camisa del menor, revelando lo impensable. Una cicatriz casi del mismo tamaño que la de Sakura extendiéndose por su pecho, a diferencia claro de ser de un color un poco más oscura. Con rapidez aparta la mano volviendo sus ojos dos cuencas inestables.
—Ko-Konohamaru también es…
—No —sentencia la Fenrir, bajando su camisa—. Él no es como yo —musita, acercándose a la cama donde yace el menor pasando sus dedos por sus cabellos con delicadeza, como si no quisiera perturbar su sueño—. Mi propio egoísmo lo tiene así, con un futuro incierto. Es mi culpa que la carga de este corazón lo esté contaminando porque al fin de cuentas yo coloqué esa responsabilidad sobre sus hombros sin preguntarle nada —Sakura ríe y Hinata puede jurar haber visto una lágrima bajar por su mejilla—. No soy diferente a los monstruos que me convirtieron en esto si fui capaz de usar a este niño para mi propio beneficio —Hyuga, muerta de la ansiedad y de la preocupación, quiere solo vociferar y seguir preguntando, pero hasta ese momento todo lo que Sakura le ha dicho es tan impactante que es difícil de comprender.
Qué preguntar.
Qué decir.
Lo único que puede reconocer es ese sentimiento de querer brindarle su apoyo incondicionalmente aun si esa noche de confesiones se mira interminable.
—Esa persona…Mikoto —murmura, desviando la mirada al dulce respirar del menor—. Su corazón… ¿es el mismo que Konohamaru posee ahora? —la pregunta se dispara y a Hinata no le queda más que dibujar en su rostro incredulidad y consternación ante la afirmativa silenciosa que le da Sakura con solo verla—. ¿Por qué…?
—¿Por qué se lo implanté? —Hinata no responde y a Sakura le causa gracia toda esa maldita situación. Darse cuenta que en verdad las cosas están terriblemente mal—. Porque hice una promesa bastante estúpida —hace una pausa, riendo con lamento—. Estamos acostumbrados a eso. A hacer cosas estúpidas cuando pensamos con el corazón y no con el cerebro.
—¿Qué clase de promesa haría que usarás su corazón y se lo dieras a alguien más?
—La clase de promesas que una mujer te hace prometer por alguien a quien ella ama —la pesadumbre asalta los ojos de Sakura brindándole un aspecto casi rencoroso —. Alguien quien no era yo.
Por las razones que fueran, Hinata no daba su consentimiento, y Sakura no esperaba que pudiera comprenderla aún. Le bastaba con que tal información no saliera de sus labios nunca, ni siquiera frente al menor, después de todo Sakura necesitaba que la azabache tuviera conocimiento sobre eso ahora que la necesitaría para el plan que tenía en mente.
Hinata, por otro lado, desconocía si Konohamaru era consciente de esa historia pero no era como si pudiese preguntarle directamente. Pero de algo está segura ahora que han terminado de hablar, quedando en silencio.
Hay más.
Aún hay algo que Sakura no le está contado y Hinata no deja de pensar en ello como tampoco deja de pensar en la cicatriz que se extiende por su pecho.
Konohamaru posee el corazón de una desconocida por razones desconocidas.
Sakura… ¿posee el de alguien más? ¿O acaso es solo una mera cicatriz de batalla lo que se extiende por la piel debajo de su uniforme? De ser lo primero, y de estar conectado a Konohamaru también, ¿qué quería decir que tuvieran corazones ajenos?
Aún desconoce los motivos pero supone que el hecho de que Sakura haya accedido a contarle parte de su pasado las vuelve a tener dentro de un círculo de confianza íntimo y, por ahora, con eso basta.
—Por cierto —reanuda la conversación la pelirrosa aunque con un tema diferente—, quiero que integres a ese prisionero al programa de cadetes. Igual a Sasuke —la sola orden llega así de precipitada. Sin siquiera prepararle el terreno a Hinata para que pudiera procesar lo que estaba diciéndole minutos después de todo lo que han conversado.
—E-espera… ¿qué? —musita, apenas coherente, tomando el hilo de la conversación rápidamente—. ¿A ambos? Pero ese…—carraspea, recordando su nombre—. Quiero decir, Sasuke ya está registrado como soldado tuyo.
—Lo sé, pero es un mediocre —dice Sakura soltando un suspiro bastante cargado de hastío, acomodándose mejor en el sofá frente a ella. Hinata solo asiente aunque internamente se está dando un round entre si preguntar sobre el por qué luce tan inquieta o en preguntar el repentino interés en que Naruto y Sasuke formen parte del programa de cadetes.
—¿Sucedió algo cuando fuiste a buscar a Konohamaru? —pregunta, cuidadosa, cediendo a la primera opción. La pelirrosa solo bufa, cansina, recordando en primer lugar por qué es que ha llegado tan fuera de sí a la sala de descanso con el niño pisándole los talones como si acabara de ocurrir algo malo. Hinata no lo sabe pero ver a Sasori minutos antes de todo ese escándalo parece haberle afectado de algún modo, lo cual detesta con el alma—. ¿Él se me metió en problemas de nuevo? —suelta Hyuga, refiriéndose a Sasuke pues recuerda que el niño y él habían pasado la tarde juntos con Chiyo.
—Más bien parece que los problemas van a él —contradice, molesta. No con él, ni si quiera con el pelirrojo. Más bien, parece, con el inoportuno destino por acercarlos cuando ella solo quiere que se mantengan alejados uno del otro por razones personales—. Como sea, necesito que aprenda lo básico. Tiene destreza pero no disciplina, y quiero hacer uso de su fuerza de ser posible —la subteniente, recelosa, se tranquiliza solo un poco.
—Creí que lo entrenarías personalmente.
—Eso haré —expresa, haciendo una pausa, colocando sus dedos cerca de sus labios. Ese tic que con los años Hinata ha aprendido a descifrar cuando sabe que está estresada y dubitativa a la vez.
—Propinarle golpes no es lo que tenía en mente —ironiza la chica optando por mermar el ambiente tenso, consiguiendo sacarle una risa sarcástica a la Fenrir.
—Me resulta divertido hacerlo —confiesa—. En fin, intégralos a ambos al programa. Quiero comprobar algo.
Hinata aguarda en el silencio antes de volver a hablar, dejando que sus pensamientos y sus inquietudes respecto a Naruto y Sasuke se hagan evidentes.
—¿Crees que se conozcan? —pregunta, cautelosa.
—Ambos llegaron a las instalaciones de SHINOBI el mismo día. —Hinata asiente recordando que solo habían transcurrido un par de horas cuando el rubio había sido ingresado al bloque de prisioneros cuando en la noche Sasuke lo hizo al bloque de interrogatorios, directamente a la silla eléctrica—. Y aunque ninguno ha mencionado nada sobre su vida, no lo descarto. El hecho de que sean como unas tumbas y no revelen información sobre su procedencia es prueba suficiente para sospechar —Sakura hace una pausa—. Necesito saber de dónde vienen y qué es lo que quieren al estar aquí.
—¿Crees que sean como tú? —Sakura la mira de reojo, silenciosa, dándole pauta a que continúe hablando—. Me refiero a…—carraspea, indecisa. Aún no sabe cómo tratar a Sakura respecto a lo que le ha contado sobre su origen (a medias) y su rareza a base de experimentos humanos—. Y-ya sabes…Especiales.
—¿Tan geniales como yo? —suelta la Fenrir, irónica—. No. Ni un poco —Hinata ríe ante eso último, suavizando su mirada. A pesar de todo lo acontecido y todo lo que le ha confesado, le alivia saber que ella mantiene su actitud de siempre cuando están juntas—. Lucen ordinarios pero no me trago el cuento de que pertenecían al asentamiento de las murallas.
—¿Crees que haya más gente como ellos fuera de las murallas?
—Es probable —expresa, dando una pausa—. Necesitamos saber en qué condiciones y por qué están allá afuera.
—Quizá sean ese pequeño porcentaje de personas que lograron establecerse fuera de Konoha durante la primera lluvia de esporas.
—Puede ser, pero no sirve hacernos suposiciones —silencio—. Quiero que investigues sobre ello. Sobre la información recolectada que nos han proporcionado sobre ese día. Listas. Nombres de personas. Todo —la de ojos perlas asiente, obediente—. Hinata, estoy poniéndote en una situación donde podrías ser destituida al seguirme pero eres la única persona en la que puedo poner mi confianza. Quiero que seas mis oídos dentro de estas paredes. Intégrate a quienes puedan proveerte de información, habla con ellos, pero me reportarás a mí y solo a mí ¿está claro? —la chica asiente, firme.
El hecho de que hace unos días le haya cuestionado sobre su lealtad hacia SHINOBI y hacia ella misma la han puesto en duda pero su respuesta no ha cambiado ni un poco.
Hay detalles que aún no comprende pero definitivamente han despertado en ella una ansiedad en ahora estar siempre alarmante ante los movimientos de su propia gente. Si SHINOBI esconde algo y Sakura se muestra tan cautelosa al respecto al punto de pedirle que sea algo así como una espía, lo hará. Porque confía ciegamente en ella.
El tiempo se encargará de revelar todo y solo espera estar lista para cuando llegue ese momento.
—Mi lealtad está contigo ¿recuerdas? —cuestiona a lo que Sakura sonríe de manera genuina—. Volviendo al tema…En el remoto caso de que ellos dos se conozcan ¿qué harás?
—Descubrir cuál es su propósito de estar aquí.
.
II
.
Estar castigado era un término bastante infantil para alguien de su edad.
Es decir, tenía dieciocho, maldita sea.
Era bastante humillante tener que aceptar que sí, en efecto, había metido la pata hasta el fondo pero qué podía esperar conociendo lo temperamental que era. Quizá antes no era consciente de ello pero tras ya bastante tiempo lejos de lo que alguna vez creyó hogar le ha servido, en cierto modo, para darse cuenta de lo imbécil que ha sido en muchos aspectos de sí mismo. Había logrado un mínimo avance estando en SHINOBI como para retroceder en tan solo segundos debido a una pelea estúpida.
Una pelea, debe decir, que él mismo había propiciado.
—"Solo tenías que mantener la maldita boca cerrada, Sasuke" —se reprende mentalmente, sacudiéndose como puede la cabeza pues pasar casi dos noches en una celda con las manos inmovilizadas no era precisamente lo que esperaba tener—. Bueno, pudo haber sido peor —expresa, irónico, lanzando una patada a la pared.
Decir que se sentía afortunado por solo recibir esa restricción en lugar de un castigo brutal por parte de Sakura, era real.
De hecho, lo esperaba.
Pero ella lucía rara desde el momento en que había cruzado miradas con él en ese momento. No era como que le impresionara que nuevamente se hubiese metido en problemas, era algo más; y lo terminó confirmando al no entender por qué había dibujado un semblante como ese cuando Sasori y ella parecían haberse susurrado un par de cosas antes de tomar rumbos diferentes.
Y eso lo llevaba al origen de su estupidez.
"Ni si quiera la conoces"
—¡Argh! ¡Debo ser un imbécil! —grita, exasperado, jalándose los cabellos.
¿Qué era?
¿Un idiota hormonal?
¿O solo un idiota impulsivo?
Cual fuera la razón se sentía un idiota sin remedio.
Justificar que había reaccionado de tal manera que había hecho enfurecer al Fenrir solo porque estaba en su naturaleza sacar de quicio a la gente, era una razón bastante obvia, pero incluso alguien como él estaba seguro que el impulso de su cuerpo al plantarse delante de él provenía de otro lado. Por otra razón.
Sí, los odiaba. Odiaba a SHINOBI. Odiaba a los soldados. Odiaba toda esa jerarquía y esa mafia secreta de poder. Los Fenrir se le hacían tan absurdos; jugando a ser salvadores de élite cuando en realidad los consideraba unos bastardos con egos bastante inflados. Todo en ese lugar se le hacía tan absurdo como curioso. De ahí su naturaleza al meterse en problemas. El hecho de que estuviera ahí, en busca de Naruto, había sido gracias a su hambre siempre curiosa por lo desconocido.
—Estoy justo donde empecé —se reprende nuevamente, recordando los primeros días estando en ese lugar. Siendo un prisionero—. Esto apesta.
Y mientras continúa lamentándose una parte de su cerebro se sigue preguntando por qué reaccionó así.
Había algo precisamente en ese soldado que detestaba.
A Sai, por ejemplo, lo detestaba completamente por ser un desgraciado.
A Sasori, por otro lado…
"La llamas por su nombre"
"Oí que crecieron juntos"
Había una conexión entre ambos. Entre Sakura y él, y…le molestaba. Un poco. No. Quizá un poco más de lo normal.
Sí, algo estaba mal con él.
—Luces horrible.
Contrario a lo que esperaba, o a quién esperaba ver, no es Iruka quien ha ido a buscarlo, como ayer, para comenzar su entrenamiento. Sí, lleva encerrado ahí dos malditos días en los que ese Fenrir, aparentemente, es el único ser misericordioso y amable de ese lugar.
Sin preguntas Iruka ocupó el primero día a su lado haciendo únicamente lo que le prometió. Enseñarle una o dos cosas básicas, pero útiles, a la hora de pelear. Pero solo eso. Al parecer el hombre estaba al tanto de su enfrentamiento con el Fenrir de cabello rojizo y de las órdenes de Sakura misma al mantenerlo encerrado como castigo, sin posibilidad a pasear libremente en las instalaciones, sin ver a Konohamaru, solo proveyéndolo de comida y el descanso necesario.
Por supuesto, ni la subteniente de la pelirrosa ni la pelirrosa misma se habían tomado el tiempo de ir a verlo.
Y no es como que requiriera ser visitado. Solo bastaba cumplir su castigo y esperar a que se le fuera retirado.
Pero no esperaba verla a ella, justamente, ahí.
A Sakura.
—¿Qué esperabas? Llevo dos malditos días encerrado aquí —masculla, reaccionando molesto como de costumbre.
Le ha sorprendido, sí, pero no por eso va a dejar de tratarla de la misma manera en la que ella lo hace con él. Aunque, debe admitir, opuesto al semblante lleno de sorna e insoportable característico de ella, mas bien luce algo apática ahora que la mira bien.
—Es lo menos que te merecías por sacarme de quicio —Sasuke rueda los ojos volviendo a mirar a sus rodillas—. De pie, te llevaré a un lugar —informa ella, jugueteando una llave electrónica entre sus dedos.
—¿Vas a retirarme el castigo? —pregunta incrédulo.
—¿Ves como sí soy buena persona? —bromea, y cuando lo hace él se maldice internamente al pensar, de nuevo y para variar, que su sonrisa es, muy a su pesar, bastante linda.
—"Debí golpearme la cabeza por culpa de ese idiota anoche" —intenta justificar cediendo finalmente y agradeciendo, internamente claro, volver a tener movimiento en sus muñecas—. ¿A dónde me vas a llevar?
—Iruka dijo que te niegas a ir a la enfermería para atender las heridas de tus manos—Sasuke se detiene, no respondiendo de inmediato.
—¿Y eso a ti en qué te afecta? —pregunta, escuchando una risita burlona. Sorprendentemente no suena parecida a las que anteriormente le ha dado. Las que están cargadas siempre de una mala intención o arrogancia.
—Eres mi subordinado —contesta, deteniéndose frente a una puerta hermética, luego de haber atravesado varios pasillos—. No puedo permitirte ser un niño llorón que le teme a un poco de dolor —hace una pausa, entrando a una amplia sala—. Entra —Sasuke obedece a regañadientes percatándose de las miradas curiosas y aparentemente escépticas de los soldados médicos al ver, no solo entrar a él sino a un Fenrir. Más tratándose de Sakura precisamente.
—Lotus… ¿qué podemos hacer por usted? —pregunta al instante una de las encargadas. Una chica bajita de cabello rubio y ojos claros. A Sasuke le recuerda un poco al subteniente de la pelirrosa.
—Las manos de este tipo son un desastre —indica, señalándolo como si se tratara de un niño que acaba de hacer una travesura y se resiste a un poco de antibiótico porque sabe que le dolerá.
—Enseguida. Pase por aquí —dice la chica a Sasuke unos segundos para luego dirigirse a Sakura nuevamente—. En cuanto terminemos le avisaremos a la subteniente Hyuga para que le avise y…
—No es necesario, Shion. Lo haré yo misma —comenta la pelirrosa, adentrándose a un pequeño cubículo, separado del resto de las camas que suelen usar para atender a los soldados ante una emergencia—. ¿Puedes traerme un botiquín? —la rubia, tan sorprendida como Sasuke y el resto del cuerpo médico presente, asiente torpemente yendo por los solicitado, dejándolos solos un momento—. ¿Qué? ¿Crees que no estoy capacitada? —el azabache, azorado, rápidamente frunce el ceño sentándose de mala gana en una silla que ha alcanzado a coger mientras Sakura lo imita tomado otra frente a él.
Enserio. ¿Cómo han terminado así? ¿Qué mosca le ha picado?
—De hecho estoy temiendo por mi vida justo ahora —y aunque no es su intención bromear, ni hacer que su comentario sea divertido, Sakura, de nuevo, suelta una risita—. ¿Quieres dejar de hacer eso?
—¿Qué cosa? —pregunta, tomando el botiquín que Shion le alcanza para luego retirarse.
—Reírte tan…—"Dios, debo de estar demente" —se reprende—. Solo deja de reírte. Es desagradable —miente.
—Tú no tienes precisamente una cara atractiva, ¿sabes? —Sasuke remarca aún más su molestia ante eso—. Anda, deja de hacerte el idiota. Déjame ver que tan horrible tienes esas manos —ordena a lo que él solo comienza a retirarse el vendaje soltando un par de quejidos. Debe admitir que no ha sido una idea brillante apretarlo tanto y simplemente no habérselo cambiado ni una sola vez—. Wow, sí que da asco.
—Si te desagrada entonces deja que alguien más lo haga, maldición —Sakura bufa, apoyando sus manos sobre los bordes metálicos del botiquín antes de tomar cualquier cosa.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Una tregua? Porque estoy dispuesta a dártela con tal de té estés quieto y no metas tu nariz donde no te llaman.
Bingo, piensa Sasuke.
Así que es eso.
La razón de ese repentino interés por curar sus heridas se debe a él.
A Sasori.
Y aunque Sakura no ha mencionado nada de esa noche a Sasuke le basta con mirarla a los ojos para darse cuenta de que es por eso que está ahí, curándolo. Esa misma sensación que pudo percibir cuando la vio mirar al de cabello rojo irse luego de murmurarse un par de cosas.
Culpa.
No entiende por qué pero repentinamente se siente molesto.
—Así que es por él… —murmura, conteniéndose. Sakura parpadea, confundida.
—¿Ah? —Sasuke no responde. Se mantiene callado y extrañamente enfadado. La Fenrir solo suspira, cansina, volviendo a retomar su tarea, intentando desviar el tema—. Como sea, la próxima vez deja de ser tan insensato —se detiene ofreciendo la palma de su mano para que Sasuke coloque la suya. Contrariado, accede—. Lo que haces no es entrenar, es solo ser un primitivo —dice, inyectando algo rápidamente en la zona herida. Él se tensa—. Es analgésico. Te aliviará el dolor más rápido así —Sasuke, molesto, intenta apartar su mano de golpe—. Quédate quieto.
—No si solo vas a renegar todo lo que hago —gruñe.
—Es porque todo lo que haces solo genera problemas —expresa ella, sujetando su mano con fuerza, y aunque Sasuke intenta poner resistencia de nuevo, no lo logra—. Enserio tienes un serio problema con meter tu nariz donde no te llaman.
—¿Qué eso no es lo que haces tú siempre? —Sakura aprieta la zona herida de manera intencional—. Auch.
—Lo que sea. Debiste obedecer la orden de Iruka.
—No lo hace —curiosa por el cambio en su tono de voz, lo mira. Incluso ha dejado la terca decisión por seguir moviendo su mano de manera frenética.
—¿Eh?
—Él…no lo ordena. No fue una orden —murmura lento; y es que, que aquél hombre sea todo lo contrario, en cuanto a personalidad, a los soldados promedios, le intriga, aunque tampoco quiere descartar que se deba a una mentira muy bien disfrazada pero los pocos días que lleva conviviendo con ese hombre le hacen querer pensar en que realmente, es posible, no todos sean crueles—. Es diferente a los demás.
—Que no te engañe su personalidad noble y diplomática —advierte la pelirrosa, deteniendo el algodón humedecido sobre sus nudillos—. Cada quien, aquí, debe portar una especie de máscara invisible para lograr algo. La vida aquí no es maravillosa en ningún sentido.
—¿Aplica lo mismo para ti? —Sakura levanta la mirada, topándose con la de él. Por primera vez no rehúye de ella. Al menos no ve intenciones de querer hacerlo.
—¿Qué?
—Tú…—atrevido o no, Sasuke comete una acción insólita. Presa de sus deseos, de su impulso estúpido o de una extraña sensación, levanta la mano que no está siendo atendida hacia el rostro de ella, acomodando un mechón detrás de su oreja—. Tu actitud ¿es también una máscara que esconde tu verdadera personalidad? — Sakura rígida y azorada, se mantiene quieta por unos segundos antes de apartar la mano de él con un movimiento rápido. Sasuke ladea una mueca antes de añadir—. No te gusta que use tus propias palabras en tu contra ¿verdad?
—No me gusta que no conozcas tu lugar —masculla, retomando su labor.
—¿Cuál es el tuyo? —vuelve a interrogar Sasuke sabiendo, o al menos eso percibe, que parece haber logrado ponerla nerviosa.
—¿Ah?
—Tu lugar —Sakura lo mira de soslayo de manera mesurada—. ¿Es a lado de ese tal Canciller al que todos obedecen como perros? ¿Es a lado de ese niño? o… —lo intenta. En verdad que sí. Que su juicio no sea nublado por sentimientos pero parece que no hace suficiente esfuerzo para no dejarse llevar por esa molestia que siente al pensar en Sasori —… ¿es a lado de ese imbécil de cabello rojo? —la Fenrir termina por fruncir el ceño.
—Como dije. Deja de meter tu nariz donde no te llaman —enfatiza con severidad, cogiendo la otra mano para repetir el proceso antes de proceder a vendar. Ciertamente esa no era la respuesta que Sasuke esperaba—. No te acerques a él —suelta Sakura y el soldado engrandece los ojos—. Si lo sigues provocando, él enserio va a matarte. No existirá poder divino que evite que lo haga.
El azabache entrecierra los ojos, pensativo en si continuar hablando sobre eso o simplemente callarse. Pero hacer lo segundo no está dentro de su vocabulario justo ahora.
Quiere saber más.
— ¿Ni siquiera tú? —Sakura interrumpe su atención en su mano, volviendo a mirarlo. Es increíble, piensa, lo negro que son sus ojos. No lo había notado—. Se conocen ¿no es así?
—Somos Fenrir, es obvio —responde, arisca, intentando evadirlo—. Además ¿en qué momento esto se volvió un interrogatorio a cerca de mi vida?
—Curiosidad —responde a secas—. ¿No fuiste tú la que me pidió que me involucrara un poco más en todo esto?
—No te pedí que fueras un chismoso —reprende ella, soltando su mano, ocupando las vendas finalmente para el procedimiento final, deteniéndose al final pensando en algo divertido—. Fuimos amantes —suelta de pronto, y Sasuke no está ni siquiera preparado para digerir eso. Le toma como medio minuto recordar que debe respirar, haciéndolo, para después mirarla con la cuenca de los ojos casi en desorbita. Sakura no puede evitar soltar una carcajada—. Me preguntaba qué tipo de cara harías si te decía algo como eso. Eres tan tonto.
—¡Estás loca! —vocifera histérico, importándole poco que hay como tres personas más en la sala.
—Tú eras el que quería saber —se excusa, riendo bajito—. Por supuesto que eso no sucedió —confiesa al final, y Sasuke, por alguna extraña razón, se siente ridículamente aliviado de saberlo.
—¿Entonces?
—¿Entonces qué cosa?
—Tú y…—tose, como si en verdad le molestara mencionar su nombre a pesar de que ya se lo sabe—. Ustedes dos… ¿qué son? —la Fenrir se queda en silencio unos segundos y hay algo en la forma en la que sus pestañas caen, casi cerrándose, que a Sasuke le hace tener aún más ganas de saber.
—Amigos no es, ni de cerca, la palabra que busco pero posiblemente algo como camaradas sea lo que más se acerca —dice débilmente. No tiene ni por qué decirle sobre Sasori. No ha hablado sobre él desde hace mucho tiempo, ni siquiera con Chiyo quien es la más cercana a ambos. No tiene razón pero tampoco se preocupa por encontrar una ahora—. Crecí con él. Entrenamos a la par —suspira un poco—. Supongo que nos conocemos bastante bien.
—¿Puedo preguntarte algo?
Desde hace un buen rato que Sakura ha terminado de vendar ambas manos. Desde hace un buen rato que deberían haber salido de la sala de enfermería. Desde hace un buen rato es que debió de haberlo detenido a seguir preguntando.
—¿No lo estás haciendo ya? —ironiza, volviendo a ordenar los aditamentos en el botiquín para guardarlo—. ¿Y por qué de pronto me pides permiso?
—Temo por mi estado físico, si no te importa —ella vuelve a reír, asintiendo finalmente—. ¿Vienes de afuera? —Sakura engrandece los ojos—. Acerté.
—Eres demasiado entrometido.
—Él también —deduce, ignorando el comentario anterior—…Entonces ¿qué sucedió entre ustedes para que ahora se traten como desconocidos? —el sonido metálico del botiquín advierte a Sasuke que definitivamente la ha jodido.
—De acuerdo. Es suficiente —sentencia con ese semblante severo que la ha acompañado casi siempre desde que la conoció—. Solo voy a advertirte una cosa —dice, acercándose lo suficiente a él como para intimidarlo—. No te acerques a Sasori.
Sasuke frunce el ceño en acto reflejo.
—Hablas como si en verdad te importara —Sakura ladea una mueca irónica, de esas que Sasuke odia realmente.
—¿Celoso?
—Quisieras.
.
III
.
Quien no conoce su propio pasado no puede forjar un futuro.
Futuro.
Sasori lo mantiene siempre presente.
Ese pasado que detesta recordar.
Lo hace porque aún no encuentra un modo para dejar de pensar en éste cada vez que mira las cicatrices en su espalda. Es inevitable cada vez que se desviste y la piel queda expuesta como también lo es ese impulso que se apodera de él al acercarse al espejo de la pared de su habitación. Maldice por lo bajo pensando que debió haber ordenado quitarlo desde ya un par de años.
Es lamentable recordar como hace unos años no soportaba más de un minuto mirarse y sentir asco al verse.
No por las marcas que no se irían.
No por el dolor físico que aun sentía.
Chiyo, durante dos largas semanas, cuidó de él. Sanó cada rastro de piel desprendida y cada trozo de su carne viva. Oyendo sus lamentos de dolor pero sobretodo los lamentos silenciosos de un corazón roto.
Traer a colación esos recuerdos, mientras se examina ahora con mirada taciturna, le desagrada pues hace bastante tiempo había dejado de poseer, según él, tales pensamientos frágiles por algo que sucedió hace mucho tiempo.
"Lamento esto"
Chasquea los dientes, furioso, subiéndose la camisa blanca con rudeza.
Le enferma pensar que luego de tantos años esas palabras hayan llegado demasiado tarde. No las necesita ahora, piensa. Quizá le hubiesen hecho falta cuando era solo un niño pero ahora…
—Nunca es demasiado tarde para sanar, Sasori —el pelirrojo solo levanta la mirada pues realmente no le sorprende ver a Chiyo en el umbral de su habitación con ese semblante lamentable. Esa mujer siempre ha sido así. Siempre fue así…con ambos.
—La privacidad es un término bastante sencillo de entender —espeta a propósito, tomando el chaleco de su uniforme con premura, sin mirarla realmente.
—Estabas pensando en ella —el Fenrir detiene sus manos cerca del cuello de la vestimenta que intenta acomodar, mirándose en el espejo.
—Si vienes solo a molestarme, Chiyo, no estoy de humor para… —enmudece, y suspira resignado cuando sabe, a pesar de ser tan cruel y duro por fuera, que hay cosas que no cambiaran jamás como el gesto de esa mujer cargando con lamentaciones que no son de ella pero es como si lo fueran.
—¿Qué es lo que lamentas más, Sasori? —pregunta, llevando una mano a su mejilla con el amor maternal que solo una mujer de su edad posee—. ¿Qué es lo que no te permite sanar tus heridas? ¿Qué es lo que hace que el odio de sus corazones siga sin sanar? ¿Son las heridas de tu espalda difíciles de borrar por todo ese odio o es porque fue ella quien te las hizo?
Las cicatrices con el tiempo se irán. Con el tiempo, se han borrado. Con el tiempo han sanado visiblemente.
Pero algo como la traición es algo que Sasori no puede perdonar.
Y más si viene de ella.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
Primero que nada quiero compartirles una noticia emocionante(?)
...¡Lotus ha ganado primer lugar en la categoría gremio de los AniMAwards! -llora confeti-
Y no solo esta historia ha sido reconocida.
"Wendigo", del fandom de Haikyuu obtuvo primer lugar en categoría Love y "Climb on board" (Sasusaku One-Shot) ganó segundo lugar en categoría Violinista.
Y por si no fuera suficiente para que me de un infarto, "Honne" del fandom Haikyuu ganó primer lugar en categoría Historia corta en los YaoiAwards de invierno mientras que "Goals" (también de Haikyuu) también obtuvo primer lugar en un pequeño concurso de comedia UshiShira.
Con todo esto creo que me dio un impulso increíble a escribir este capítulo y traérselos lo más pronto posible porque...porque...porque LA EMOCIÓN. -llora- Y porque en verdad deseaba con el alma no hacerlos esperar cuando la cosa entre estos está que arde(?)
Sobre el capítulo, realmente me emociona ya estar llegando al salseo que tenía planeado. Si bien es un capítulo con secretos revelados, no podía dejar de lado el tema de Sasori y Sakura que, definitivamente, va a dar mucho de que hablar durante los próximos (calculo yo) 3 capítulos. Hay mucho de donde exprimir, comenzando por el pasado que los une que, aunque no parezca, también está ligado al tema central que es la rareza de Sakura, el corazón de Mikoto y tales orígenes. Espero poder ir alimentando su emoción conforme más secretos se vayan revelando. Créanme que para este capítulo me di golpes mentales porque lo repetí como 8 veces probando el orden de los acontecimientos que en realidad es muy importante.
En fin, sin más, espero que les haya gustado c: ¿Ya tienen teorías más solidas? Me encantaría escucharlas jajaja
Y gracias por apoyar la historia! En el transcurso de la semana tendremos en la portada los icons que le corresponden a Lotus como primer lugar del concurso que les mencioné -c emociona-
¡Gracias!
Rooss-out!
