XIX
Ninelie
Temprano por la mañana Kiba ha ido por él a su habitación pasando olímpicamente de lo que significa el término privacidad.
No le importa pero al menos desearía poder tener unos cinco minutos más para poder sentirse más lamentable. Su espalda, al menos, ya no duele pero siente que necesita más de ocho horas para poder dejar de sentirse una mierda y hacer algo por su vida.
Tales pensamientos llegan a él como disparos. Se siente fastidiado consigo mismo. No recuerda la última vez en la que se ha sentido de tal manera pero las manos le arden por querer desquitarse con lo primero que encuentre.
Para su mala suerte el castaño está ahí a primera hora, molestándolo. Ha predicado toda una sarta de estupideces que Sasuke no termina de comprender o simplemente no les presta atención porque está más concentrado en auto sugestionarse sobre su última conversación con Sakura y en lo acontecido con Sasori.
—¿Dormistes al menos? —el azabache no contesta terminándose de vestir con el uniforme—. Tienes unas ojeras terribles.
—Pasé dos noches en una celda. ¿Te parece que dormir cuatro horas es suficiente para compensarlo? —espeta cargado de esa ironía que nadie es capaz de soportar.
—Cuida tu tono conmigo —reprende Kiba apresurándose a salir de la habitación él—. Si sabes que fue tu culpa que terminarás ahí ¿no? Que siempre es por tu inconsciencia que terminas de la peor manera —Sasuke, sintiéndose como si fuese un niño siendo regañado, solo suelta gruñidos a su espalda—. No entiendo por qué Sakura pensó que esto sería una buena idea —murmura Kiba para sí mismo solamente—. ¿Y bien? ¿Vas a decirme por qué te cargas un humor más insoportable del que normalmente tienes? —cuestiona entrando al elevador junto con él.
—¿Vas a decirme a qué has venido y a dónde vamos? —contesta Sasuke, malhumorado. Kiba suelta una risita sátira.
—No sabes las ganas que tengo de volver a dislocarte el hombro.
—Quisieras —farfulla el de ojos negros, mirando fugazmente a su costado. El molesto cabestrillo finalmente ha sido removido, y gracias al tratamiento que se le hubo dado, ahora puede moverlo con normalidad lo cual agradece pues no pensaba cargar con él ni un segundo más—. Estaba en desventaja —comenta para sí mismo recordando la noche anterior, cuando Sasori lo hubo aporreado contra la pared.
Le gusta creer que de no haber tenido inmovilizado el hombro pudiese haberle respondido de la misma forma. Quizá hasta hubiese tenido oportunidad de romperle la maldita nariz.
—¿Enserio lo crees? —como si hubiese leído su mente, Kiba anuncia deduciendo lo que él piensa—. Eres muy predecible.
—¿Cuál es tu historia? —pero contrario a lo que el castaño espera, lo que sería una reacción impulsiva termina en una interrogante bastante capciosa. Debe admitirlo, lo ha sorprendido un poco.
—¿Perdón?
—Aquí todos parecen tener una maldita historia con ella. ¿Cuál es la tuya?
Kiba no alcanza a dar el primer paso fuera del elevador cuando se propone reírse al finalmente deducir el porqué del mal humor de Sasuke.
—Así que por eso estás tan raro —expresa, ladeando una sonrisa divertida, comenzando a caminar entre los pasillos con él siguiéndole.
—¿Ah?
—Como dije, predecible —hace una pausa, riéndose—. Me sorprende que Sasori haya tenido tanta misericordia con alguien. Eres afortunado —Sasuke frunce el ceño de inmediato, descubriendo que en verdad su nueva palabra no favorita en todo el mundo es justamente el nombre de ese tipo pues parece reaccionar tan a la defensiva.
—Así que ya te llegó el chisme —espeta, chasqueando los dientes. Vaya manera de comenzar su día.
—De hecho no, aunque las noticias aquí llegan rápido pero...—se detiene un poco, observándolo— eres el típico idiota con instintos suicidas —el más alto pronuncia más su enfado—. Primero te enfrentaste a Sai, lo cual casi provoca que te maten. Luego fue con Sakura, un autogol. Y ahora, como si no tuvieras suficiente, te enfrentas a Sasori —Kiba suspira—. Enserio que eres un imán de problemas.
—Eso no fue lo que te pregunté —gruñe, enfadado, pues aunque le encantaría decir un par de cosas sobre ese tipo, su propósito es otro.
—¿Para qué quieres saber?
—Mera curiosidad.
Kiba no se lo traga, y aunque preferiría mantener su boca cerrada, con Sasuke ha aprendido a ser condescendiente la mayoría del tiempo. Aun lo detesta pero la convivencia lo ha hecho tolerante y a la vez un poco ingenuo. Sabiendo que va a arrepentirse luego, solo suspira resignado. Algún día va a saberlo de todas formas ¿no?
—Crecieron juntos —apenas dice y Sasuke ya se encuentra soltando un sonido desesperante.
—Maldición, eso ya lo sé. Sé más específico —Kiba lo mira de reojo apuntando a ese repentino y obvio interés.
—¿Por qué quieres saber? ¿Te gusta Sakura acaso? —expide, curioso, y Sasuke lo mira como si fuera un fenómeno al que le ha salido un tercer ojo o un tercer brazo.
—¡Dios, no! —niega, escandalizado.
—Me alegro porque no te imagino en una relación con ella. De hecho no imagino a nadie —confiesa habiéndose detenido un momento para ver su reacción—. Sería problemático.
—Hey, esa es mi frase. No la desgastes.
Acostumbrado a ser sorprendido por la presencia, siempre, de terceras personas, Sasuke parece haber aprendido a no mostrarse siempre frenético cada que un soldado o un Fenrir aparece insólitamente como si las paredes los escupieran en los momentos menos oportunos. Tal es el caso, ahora, de este soldado al que solo recuerda haber visto por breves segundos cuando lo sucedido en la Arena.
—"Estaba con la rubia" —comenta mentalmente, observándolo.
—Shikamaru —saluda el castaño a lo que el susodicho lo imita de igual forma.
—Kiba.
—Shikamaru Nara. Subteniente de la Teniente Ino Yamanaka —lo introduce formalmente a Sasuke, quien solo asiente manteniéndose a la expectativa como siempre lo ha hecho cada que un rostro nuevo se le aparece. Sin embargo con Shikamaru puede sentir un efecto contrario mientras lo observa con detenimiento. Sasuke no es quien está analizando esta vez; es como si fuese al revés.
—Quieres saber si soy un peligro para ti, ¿no es cierto? —el azabache se azora, entrecerrando los ojos, al sentirse descubierto. Kiba a su lado suelta una risita ante eso—. Descuida, soy demasiado vago como para si quiera representar un peligro. Al menos en lo que respecta fuerza física.
—Shikamaru es quien lidera a los escuadrones en cuanto a estrategia. Pertenece al departamento de planeación estratégica de SHINOBI.
—Deja de decir eso. Es vergonzoso, hombre —insiste el soldado de coleta, compartiendo una sonrisa cargada de camaradería con su compañero para luego volver su atención a Sasuke—. Así que tú eres el famoso Cascanueces —Kiba, tras oír el apodo, ríe sin vergüenza.
—¿Qué?
—Chiste local. Ya sabes, dicen que te encanta romper las reglas.
—Más bien a él es a quien encantan romper ocasionalmente por ser como es —agrega el más bajito, riéndose. Sasuke gruñe ante la inservible información. Definitivamente los soldados de SHINOBI son asiduos a ponerlo de mal humor siempre—. Como sea, vamos retrasados. ¿Vienes, Shikamaru?
—Para mí desgracia, sí. Ino está patrullando así que me ha mandado a mí a evaluar el rendimiento de los nuevitos. Es tan aburrido y problemático —confiesa, cansino, siguiéndoles el paso mientras que a Sasuke solo le ha encendido la curiosidad sobre a dónde se dirigen y por qué tan temprano.
—¿A dónde vamos? —Shikamaru ríe ante el comentario—. ¿Qué?
—Me sorprende que Hinata no te haya informado —dice Kiba esta vez, y ciertamente aquello alimenta más la curiosidad de Sasuke por saber.
—¿Informado de qué?
—Bienvenido al Domo, novato.
Sasuke no nota, hasta que atraviesa una enorme y alta puerta blanca de acero, y la luz lo ciega de repente, que ese lugar es ridículamente más grande de lo que es la Arena. Equipado hasta los dientes, recubierto con placas metálicas por todo el perímetro, se trata de una enorme nave industrial bajo tierra, dedicada (a simple vista por lo que puede apreciar) al uso exclusivamente militar.
Al adentrarse un poco más se da cuenta de que no son los únicos ahí. De hecho casi puede calcular que hay más de 200 personas ahí, ninguna de ellas viéndolo con semblante amigable. Aquello le da la sensación de estar en un coliseo donde se lleva a cabo un sinfín de masacres.
—¿En dónde estamos? —se anima a preguntar finalmente luego de varios segundos en completa mudez.
—Aquí es donde los cadetes de la academia tienen su entrenamiento en combate táctico. Mejoran su resistencia, obtienen una mayor capacidad para afrontar el estrés y también una función cognitiva mejorada —contesta Kiba de manera neutral.
—Antes de ser soldado debes aprender a ser uno —añade Shikamaru con parsimonia—. Aunque, si te soy sincero, esto se ha convertido más en una demostración de ego que otra cosa.
—Seguro haces buenas migas aquí —bromea el castaño refiriéndose a su complicado carácter.
—Muy gracioso.
—¡Tienes que estar bromeando! ¿Estarás en el programa? —contrario a lo que otro soldado presente espera ver, Sasuke se mantiene rígido (y hasta resignado) al escuchar la voz insoportable de Suigetsu para luego sentir su brazo izquierdo caer sobre sus hombros. Sus estándares de paciencia han mejorado seguramente—. ¿Qué hay, Shika? —saluda, risueño, al subteniente de Yamanaka.
—¿No saliste a patrullar hoy, Suigetsu?
—Nop. Sai últimamente está raro. Anda haciendo las cosas por su cuenta. Karin y yo a lo mucho lo vemos una vez al día y solo es para pasarle los reportes que debe entregar al Anexo.
—El Anexo es el departamento que se encarga de recaudar, ordenar y almacenar la información dentro de SHINOBI y fuera de ella —informa Kiba antes de que Sasuke pregunte si quiera, aunque realmente, considerando que va enserio el hecho de que ya es casi oficial que va a permanecer con ellos mucho tiempo, sabe que debe proveerle de la información necesaria sobre cada asunto del Cuartel. Esto con el propósito de que se familiarice de una buena vez.
—No iba a perder la oportunidad de husmear un poco a los novatos de este año —comenta, Suigetsu, divertido, mirando a Sasuke segundos después aun sin soltarlo—. Aunque no esperaba verte aquí, hombre. Es como tu primer día de clases. ¿No es tierno acaso?
—Para ya con esa mierda —masculla, molesto, pues aún sigue sin entender enteramente qué hace ahí aunque con lo que ha dicho Suigetsu ya empieza a tener la sospecha, lo cual no le agrada ni un poco—. ¿Vas a decirme qué es lo que hacemos aquí? —pregunta directamente a Kiba quien solo suspira.
—Supongo que debo ser yo esta vez quien te ponga al tanto —hace una pausa—. Te integrarás al programa de cadetes —Sasuke tose.
—¿Q-qué?
—Ante el registro de SHINOBI tú ya eres un soldado perteneciente al escuadrón de Lotus pero, seamos sinceros, eres un mediocre en cuanto a todo —Suigetsu y Shikamaru comparten una risa bastante humillante—. Es por eso que Sakura ha tomado la decisión de integrarte a la academia para que seas entrenado desde los cimientos como cualquier otro aspirante a soldado.
—Ella no me dijo nada sobre esto —murmura, enfadado. ¡Se han visto ayer, maldita sea! ¡Pudo habérselo dicho!
—Debió haberlo olvidado —y el hecho de que así haya sido, o que simplemente haya decidido no hacerlo, lo enfurece más. ¿Por quién lo toma esa mujer? —. ¿Ves a esos chicos de ahí? —dice Kiba señalando a un grupo, de entre los muchos que hay ahí, de muchachos—. Son cadetes. Aspiran a ser soldados. Por eso están aquí. Tú, en cambio, ya eres uno pero que no se te suba eso a la cabeza. Alguno de estos chicos debe tener más habilidad que tú sosteniendo una maldita espada de madera.
—Auch, Kiba, que cruel. Vas a herir el orgullo de nuestro novato —ironiza el de ojos malva cruzándose de brazos mientras ríe sin vergüenza alguna. Sasuke solo tiene ganas de estamparle su puño en la cara.
—Tienes habilidad pero no técnica. Te hace falta disciplina, es todo —comenta Shikamaru esta vez como intentando reparar el orgullo pisoteado del pelinegro aunque claramente solo está logrando que se sienta más imbécil—. Para que haya sido Lotus personalmente quien lo haya sugerido y persuadido al consejo para integrarte es porque debe esperar bastante de ti.
Ok, de acuerdo, eso último ha sido inusualmente reconfortante, de algún modo.
—Recibirás el mismo entrenamiento que los cadetes. Aprenderás de ellos y con ellos pero tú no harás el examen de graduación. Solo estarás aquí un par de semanas. Así lo ordeno ella.
—¿En dónde está? —la pregunta es tan inusual como normal que a Sasuke ya no le importa ocultar que en verdad le interesa saber en dónde se encuentra ella, a cada segundo del día, bajo un tono de voz bastante sereno a decir verdad.
—¿Eh?
—Ella. ¿En dónde está Sakura?
¿Es posible que haya sido consciente de la estructura de su pregunta? No, ¿tan siquiera fue consciente de cómo la ha llamado? A Shikamaru y a Suigetsu, por ejemplo, les ha sorprendido incluso más de lo que ellos se sorprenderían a sí mismo al ser quienes la llamen así. No es como que sea un tabú dirigirse a ella por su nombre pero es bien sabido que son contadas las personas que pueden, y tienen algo así como el derecho, de pronunciarlo.
Por su parte Kiba, quien ha compartido más tiempo a lado de Sasuke, se sorprende en una escala menor.
Es decir, en algún momento iba a suceder siendo que Sasuke ahora es subordinado directo de ella, pero eso no hace que no se sorprenda aunque sea un poco.
Considerando que el azabache aún mantiene esa insistencia en siempre meterse en problemas más por placer que por el hecho de que realmente piense las cosas, le sorprende que siendo como es, la llame con tan calma en la que parece que en verdad desea saber sobre ella.
—Patrullando, probablemente, aunque no debe tardar en llegar —informa quitándole la vista, guardando sus pensamientos para sí mismo—. Después de todo, los Fenrir ocasionalmente también vienen a inspeccionar a los nuevos reclutas.
—¿Salió sola? —Kiba le mira de soslayo.
De acuerdo, definitivamente esa sarta de preguntas no es ni remotamente normal en él.
—¿Qué mosca te picó?
—Entonces, dinos, ¿qué se siente? —interviene Suigetsu un poco harto del tema entre esos dos, algo que Kiba agradece internamente.
—¿Qué cosa? —pregunta Sasuke, confundido.
—Que ya no serás el nuevo.
—Sigo siendo el nuevo —responde.
—Ya no, soldado.
Y no es hasta que un alboroto a un lado de ellos llama su atención que su mundo, y todas sus intenciones por continuar manteniendo ese perfil falso de serenidad y desinterés, se viene abajo.
Casi desea impetuosamente que se trate de una broma y que no sea Naruto a quien esté viendo ser obligado a pasar entre toda esa selva de hambrientos soldados que lo miran de la peor manera posible. Tiene que parpadear varias veces para comprobar que no es una ilusión lo que tiene en frente aunque preferiría que así fuera. Preferiría que no fuera su mejor amigo quien estuviese siendo escoltado por dos soldados y, más atrás, por Hinata Hyuga.
Desearía que sus sospechas sobre SHINOBI teniéndolo de rehén en alguna celda subterránea, siguieran siendo eso solamente. Sospechas.
Incluso desearía que no estuviera ahí pues en algún momento de silencio y soledad en su habitación también ha pensado en la posibilidad de que ya no haya nada que salvar ahí. Que esté muerto. Porque así, quizá, su conciencia no estaría intentando volverlo loco justo como ahora. Porque sabe que es su culpa.
Que Naruto haya sido secuestrado.
Que Kakashi haya sido obligado a decirle la verdad.
Que él esté ahora ahí pretendiendo jugar a dos bandos.
Que Naruto esté vivo y esté colgado de un hilo solamente bajo los pies malditos de SHINOBI.
—¿Él es el otro prisionero del que hablaban?
—Sí, aunque no por mucho. Oí rumores de que también será asignado a un escuadrón.
—Si Hinata Hyuga viene con él, creo que ya sabemos en cuál estará.
La conversación entre los tres elementos de SHINOBI, además de él, le hace sentir el estómago retorcérsele. Quiere salir de ahí. Quiere salir corriendo hacia Naruto, tomarlo de donde sea, y salir huyendo y, quien sabe, con suerte poder ser libres.
Pero no puede.
No debe.
A pesar de que esté sintiendo un odio inverosímil justo ahora y la sed de sangre esté haciendo que sus manos ardan, no debe.
Ante los ojos de cualquiera, no lo conoce.
Y así debe mantener tal imagen si en verdad, ahora que lo está viendo, quieren mantenerlos vivos en una sola pieza por más desgastante que se encuentre. De saber alguien que entre Naruto y él hay una conexión es probable que no vivan para contarlo. No ahora que Sasuke ha avanzado en hacerse, un poco, de la confianza de algunos miembros.
No ahora que su mente ha estado tan distraída concentrándose en algo más que no sea Naruto o él mismo.
No ahora que lo único en lo que puede pensar ya no es en la extraña sensación que ha comenzado a sentir cuando Sakura sonríe de manera espontánea cada vez que se burla de él.
No.
Se equivoca.
Lo único que siente ahora es odio.
—Lotus tiene una rara afición por los forasteros ¿no creen? —expresa Suigetsu una vez que Hinata llega cerca de ellos. El peliblanco se acerca solo un poco más para mirarle bien el rostro ensombrecido al prisionero solo para recibir un gruñido igual al que daría un animal embravecido—. ¡Wow! ¡Es como una bestia! ¡Es incluso más salvaje de lo que Sasuke fue durante los primeros días!
Y anteponiéndose al coraje por haber sido llevado ahí a base de mentiras, el impacto emocional penetra en lo más profundo de Naruto en cuanto oye ese nombre. Cuando alza su rostro y lo ve ahí, no solo un rostro conocido, sino al que es casi su hermano de toda la vida, palidece.
Su impulso, desde que son pequeños, ha sido cuidar el uno del otro.
Y la escena mantiene una estructura similar a cuando Naruto yacía sofocado y adolorido en el lodo luego de haber resbalado y caído unos metros durante sus juegos de escondites en el bosque, cuando tenían seis. Es similar porque sus ganas de llorar son las mismas. Y la amable mano que siempre le fue extendida ahora es retraída. Sasuke siempre había sido su salvación, de alguna manera, pero ahora parecía que se esforzaba por no mirarle a los ojos.
—Te mira muy intensamente —dice Shikamaru a Sasuke haciendo que el pelinegro apenas reaccione.
—¿Lo conoces? —es tanta la presión que siente encima de él que la pregunta de Kiba estremece al pelinegro.
Pero no puede.
No debe.
No debe decir su nombre.
Por su bien y por el de Naruto.
Antes de que el rubio eche todo a perder y provoquen que los maten ahí mismo, Sasuke decide.
Dolorosamente la esperanza de Naruto muere luego de las palabras que su amigo de toda la vida está por decir.
—No. Nunca lo había visto en mi vida.
Y, maldición, como duele.
.
I
.
Los registros comienzan oportunamente minutos después de que Naruto ha sido separado, por un momento, de ellos.
Sasuke intenta, por todos los medios posibles, evitar desviar su mirada a donde él se encuentra. De la conversación que sostienen Shikamaru, Suigetsu y Kiba, no entiende nada. No presta atención si quiera a las indicaciones de un par de instructores que se les acercan. Su cabeza es un desastre pero sabe que no puede abandonarse a su instinto y a las ganas que tiene de salir corriendo de ahí.
Que Naruto esté justamente a solo metros de él le está proporcionando que sus niveles de estrés se incrementen. No está concentrado. No sabe qué es lo que debe hacer salvo mantenerse independiente a lo que suceda con el rubio por breves momentos en los que le permite a su subconsciente pensar en algo antes de que la desesperación lo consuma a él primero en lugar de a su rubio amigo.
La fila avanza y apenas entiende un poco del procedimiento al ver a un par de cadetes –que ya han sido registrados- sostenerse el brazo con fuerza una vez que pasan caminando de manera contraria a él.
—Es un rastreador —la voz de Hinata Hyuga lo trae de vuelta a la realidad pero más que nada lo hace el cuerpo de Naruto que es casi añadido a la fuerza a la fila, justamente delante de él—. Marca su ubicación. Se les inyecta desde el inicio a los cadetes, así una vez que se vuelvan soldados, su ubicación siempre estará registrada ante cualquier emergencia en la que uno requiera apoyo —termina de explicar, seria.
Sasuke sabe que no tiene la mejor expresión para mostrar ahora pero en verdad está haciendo un esfuerzo sobre humano para no liberar su frustración ni su odio sobre cualquier soldado y a ella más que nadie pues que haya sido Hinata Hyuga justamente quien haya llevado a Naruto hasta ahí definitivamente era producto de una orden.
De una orden de ella.
Y pensar en Sakura, en este momento, está a punto de causarle que la cabeza le explote en coraje.
—Permanezcan juntos por ahora. Ella dijo que...
—¿Dónde está? —diferente al tono empleado cuando hubo hecho la misma pregunta minutos atrás, Hinata percibe un extraño enojo en él lo que la hace sospechar desde el inicio pero no es una orden hacerse cargo de ello.
En su lugar le responde indicándole mirar hacia arriba, justo en los balcones que hay instalados alrededor de toda esa nave industrial.
Y en cuanto la ve, Sasuke teme por perder en serio la cabeza.
Impávida y seria como de costumbre, Sakura está ahí junto a los que puede reconocer como el resto de Fenrir.
Y no puede evitar pensar que en verdad la odia.
A ella y a toda esa gente.
A ella y a todo ese estúpido ganado de imbéciles con los que se encuentra ahí formados. Porque eso es lo que parece. Un juego perverso por elegir quienes son los candidatos aptos para seguirle los pasos a alguno de esas grandes marionetas.
—Fenrir está aquí para evaluar a los candidatos pero ustedes dos son intocables —informa Hyuga quien permanece a un lado de ellos mientras la fila continúa avanzando—. Ustedes le pertenecen a Lotus —Sasuke gruñe por lo bajo aunque manteniendo la compostura aun cuando la ve partir finalmente, supone, hacia las escaleras e ir con Sakura a la parte de arriba.
Agobiado y estresado vuelve la vista al frente topándose con la espalda encorvada de Naruto y su rostro cabizbajo. Frunce el ceño, compungido, pues quiere hablarle pero hacerlo representaría levantar sospechas.
—"¿Qué se supone que haga, maldición?" —cierra los ojos, exasperado, antes de volverlos a abrir de golpe al escuchar su nombre, luego de tanto tiempo, en una voz familiar.
—Sasuke... —el azabache contiene el aliento. Nunca se ha considerado una persona sentimental pero ahora mismo quiero darle un maldito golpe y abrazarlo como cuando niños luego de tener alguna riña estúpida sobre quien tenía derecho a comer el pescado más grande—. ¿Q-qué...? —la voz de Naruto suena dolorosa en respuesta a la angustia de no saber en dónde se encuentra ni saber qué hacer, seguramente—. ¿Qué carajos es esto...? ¿Dónde estamos...? —pero antes de darle la oportunidad de que ladee el rostro aunque sea un poco, Sasuke lo sentencia.
—No voltees —ordena, con voz grave, dibujando un semblante serio y sin dejar de mirar al frente—. Naruto, ni se te ocurra voltear.
—P-pero...
—Obedéceme, por favor —el rubio, resignado, asiente solo un poco volviendo su vista al suelo pero sin intentos de moverse más—. Escúchame con atención —Sasuke mira a la parte superior fugazmente asegurándose que nadie lo mire, incluyendo a esas dos. —. Haz todo lo que ellos digan.
—¿Q-qué...?
—El siguiente de la fila —ambos dirigen la mirada al frente notando que ya han llegado hasta adelante; y cuando Naruto titubea, Sasuke solo le propina un golpe en la espalda baja para que no lo haga más—. Tu brazo, extiéndelo —el rubio, temeroso, accede casi por obligación, cerrando los ojos mientras se queja de la cosa extraña que entra a su cuerpo segundos después—. Es todo. Siguiente.
Los está evaluando.
Los está analizando.
Sasuke puede saber eso con tan solo chocar miradas con Sakura fugazmente antes de sentir como el rastreador se introduce dentro de su organismo.
Ella sospecha.
.
II
.
Controlar sus emociones es algo que no se le da y realmente no cree que ni habiéndose esforzado por controlarlas hubiese servido en momentos como ese.
Se siente traicionado además de fuera de lugar y un títere. De todas las sensaciones más desoladas que un ser humano pueda experimentar, esa es la peor.
A Hinata, por ejemplo, no la conoce de nada pero han sido los gestos amables que ha tenido con él los que, patéticamente, han hecho que crea en ella. Además de que, aunque nunca se lo dijo, le parece bastante atractiva. Pero ahora nada de eso importa. Le ha mentido. Le ha llevado ahí con engaños; y entonces piensa que no debería de sentirse tan sorprendido.
—Es SHINOBI después de todo —murmura, cabizbajo, sentado en una pared demasiado alejada del resto, sosteniéndose el brazo con un poco de dolor.
La presentación ha terminado y los instructores han sido bastante claros en cuanto al tipo de método con el que se les disciplinará si no ponen de su parte para ser unos soldados de élite como todos esperan que sean. Prueba de ello es su brazo adolorido y el labio partido. Le queda claro algo: Ya no están en Rhoda. Y si no había tenido suficiente con los maltratos recibidos en la celda, ahora al estar en ese programa de cadetes iba a aprender de la peor manera que la insolencia se domaba a base de fuerza y poder en ese lugar.
Aunque estaba seguro que todos ahí lo veían como un parásito por ser el desconocido no esperaba que doliera tanto el volver a ver a Sasuke y que este solo le dedicara miradas gélidas, sin aparente intento de querer ayudarlo.
Y también estaba lo de Hinata.
Había jurado que lo ayudaría a salir de ese maldito lugar.
Le había dicho hasta su nombre y un par de cosas más, ¿todo para qué?
—Naruto —incluso su nombre en labios de ella sabe a traición—. Los soldados deben asearse antes de ir a sus dormitorios.
—No tengo un maldito dormitorio —murmura bajo concentrándose en ver la miseria en sus manos, no atreviéndose a darle la cara a la chica de ojos plateados. ¿Sasuke? No lo sabe, seguramente está por ahí, fingiendo que no lo conoce, porque eso es lo que ha estado haciendo desde que solo cruzaron palabras estando en la fila de registro.
—Te asignaré uno durante la semana. Sé paciente —dice Hinata, suave. En verdad lo lamenta, piensa. Lamenta haber alimentado sus esperanzas pues sus intenciones de ayudarlo siempre fueron reales pero tras lo acontecido con Sakura estaba claro que su lealtad siempre iba a estar encaminada a una sola persona—. Por favor, levántate —pide inusualmente afligida, extendiéndole una mano que él rechaza claramente.
—Dijiste que ibas a ayudarme —reprocha el muchacho levantando finalmente el rostro solo para dedicarle todo su enojo a través del zafiro de sus ojos—. Debí sospechar que no lo harías. Eres un soldado de SHINOBI.
—Sé lo que... —traga grueso mirando antes a los costados asegurándose de que nadie va a sospechar sobre que le esté diciendo algo raro—. Sé lo que dije. Aún quiero ayudarte es solo que...—se muerde el labio, indecisa—. Estoy haciendo esto por tu bien.
—¿Por mi bien? —ríe, casi lunático—. ¿Te parece que esto es por mí bien? —señala su labio y los moretones de su rostro—. No pertenezco aquí.
—No puedo dejarte ir —sentencia a lo que Naruto finalmente saca las garras, gruñendo.
—¿Por qué? ¡No diré nada sobre este maldito lugar! ¡Solo...!
—Baja la voz, por favor —suplica Hyuga viendo el interés con el que algunos soldados ahora los miran. No ha servido de nada intentar hablar con él. De hecho, ha obtenido solo el efecto contrario—, sino...
—¿Sino qué, Hinata? —la subteniente se irgue rápidamente cediéndole el espacio a Sakura para colocarse delante de un enfurecido rubio—. Hn, que curioso. Luces igual a él durante los primeros días —no hace falta decir nombres para entender que se refiere a Sasuke—, aunque tú te ves menos inteligente.
—Sakura... —la pelirrosa corta la oración de Hinata haciendo un gesto con la mano impidiendo que siga hablando.
—Es la primera vez que nos vemos a la cara ¿no es así? —pregunta la pelirrosa inclinándose un poco a él, algo inusual hasta por la postura que adopta. Naruto, por su lado, un poco consciente de lo que le espera si responde algo incorrecto, solo la mira con más intensidad antes de añadir solamente:
—¿Quién eres?
—Mi nombre es Sakura —Hinata, a su lado, respinga, azorada. ¿Le ha dicho su nombre así sin más? —. A partir de hoy estaré a cargo de ti —murmura inusualmente calmada.
—¿A cargo de mí...? —ese tipo de tono, ese tipo de consuelo, ese tipo de promesas, son de las que tiene que cuidarse. Decepcionado, mira a Hinata detrás de la silueta de la pelirrosa, sintiendo asco de pronto.
—Sí. Me perteneces y me sirves a mí desde hoy. Eso es lo único que necesitas saber por ahora.
Antes de que pueda replicar o incluso insultarle, ella se aparta volviendo a erguirse recta. Naruto no puede apartar su mirada enfurecida de ella, casi del mismo modo en el que Sasuke, a unos metros de distancia, tampoco puede hacerlo de ambos.
De algún modo había logrado sobrevivir a ese día infernal.
Lejos de que Sasuke ni siquiera se fijara en él, Naruto estaba lidiando con más estrés del que el azabache pudo acumular esas largas semanas. Al menos, por lo que él veía, el de ojos ónix parecía desenvolverse un poco mejor en ese ambiente. Lo hubo notado no solo porque lo veía conversar con un par de cadetes sino también por la forma en la que lo vio combatir en uno de los tantos enfrentamientos de iniciación que fueron obligados a ejecutar por orden estricta de los instructores todo con el fin de ver que tan deplorables eran sus habilidades.
Grande fue su sorpresa el ver a su mejor amigo acabar con su contrincante en la mitad de tiempo de lo que le había tomado al resto de aspirantes.
Le había costado, sí, pero era indudablemente más rápido y más hábil de lo que lo recordaba.
Y eso, de alguna manera, le hacía suponer mil cosas.
¿Por qué lo ignoraba?
Aunque claro, intuía, gracias a su lógica no atrofiada al 100%, que se debía a que si Sasuke abría la boca y revelaban que se conocían podría traer consecuencias graves. Pero aun sabiendo eso aquello no le hacía sentir menos miserable.
Salir de la ducha cuando todos ya se habían dispersado fue, en palabras de él, el momento más tranquilo y feliz de todo ese maldito día. Eso, sin contar, que solía ser un sentimental de primera. Lo odiaba pero no podía evitar dejar salir sus emociones en forma de sollozos reprimidos dentro de los vestidores ahora que se encontraba completamente solo.
¿Qué iba a hacer ahora?
¿Iba a pasar el resto de sus días siendo un soldado de Konoha?
¿A dónde se habían ido esos días felices?
—Naruto.
Lo ha oído entrar y ha sabido que es él al sentir la sensación de ser observado mientras se ve tan patético.
Sasuke solía tener esa costumbre de ver a las personas llorar pues desde siempre ha sido malo con las relaciones interpersonales. Nunca sabe qué decir o qué hacer. Desde pequeño siempre ha sido Naruto el más bravucón y el que suele expresar mejor sus emociones en cambio Sasuke siempre ha preferido los silencios más nunca se había sentido abandonado por él en ninguna de sus travesuras o sus errores hasta el día de hoy, claramente, pues no sabe si la persona a la que le devuelve la mirada justo ahora es el hermano que dejó atrás.
—¿Ahora sí sabes quién soy? —reprocha aspirando con fuerza por la nariz.
Sasuke no espera un recibimiento agradable, de hecho, sabe que se merece el reproche o incluso más. Quiere alentar a Naruto a que, si lo desea, le dé un golpe en la mejilla. Eso sería mejor a verlo atemorizado sin saber en qué sitio se encuentra parado. Sería mejor a sentir esa espinita en el corazón porque sabe que es su culpa que ambos estén así.
—B-Bastardo...infeliz...
Todo eso sería mejor en lugar del golpe casi amistoso que le da segundos después en el pecho. Debió suponerlo, Naruto es un idiota sentimental.
—Ya, ya. No seas demasiado cursi —bromea dándole dos golpecitos en la cabeza pues esa es su manera de reconfortarlo y de expresarle que se alegra de que esté vivo.
Desvaneciendo toda sombra de algún resentimiento entre ellos. Lo prefiere así pues ya tiene suficiente con lidiar con sus propios males aunque sabe que se merece todo los golpes que el rubio, algún día, decida darle.
—¡Cabrón! ¡Creí que estabas muerto! —vocifera con la voz gangosa y ronca chocando su puño contra su hombro.
—"Quizá eso debió ser lo mejor" —piensa él, apático—. Creí lo mismo —confiesa, y de entre toda esa sarta de cosas que le han dicho a Naruto a lo largo del día finalmente ve en su amigo una expresión sincera—. Vine por ti. Vine a buscarte.
—¿Eh? —se extraña aunque pasados los segundos le encuentra la lógica al hecho de que estén los dos ahí. Lo último que recuerda es haber sido tomado por soldados y luego nada. Sus recuerdos inician en esa celda mientras su esperanza aguardaba en la flama pequeña de su corazón rogando porque al menos alguien se hubiese percatado de su ausencia. Por supuesto pensó en Sasuke muchas veces. Le carcomía el pensar que también hubiese sido capturado o que hubiese tenido un destino peor al suyo—. ¿Has venido tu solo? —es lo segundo de lo que se percata. ¿Había sido capturado como él? ¿Llevaban el mismo tiempo residiendo ahí?—. ¿Y Jiraiya? ¿Kakashi? —la tensión en los músculos de Sasuke y el endurecimiento de su semblante le dibuja a Naruto un sinfín de posibilidades. Ninguna de ellas buena—. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué solo tú estás aquí? ¿Qué es lo que...?
Con un poco de paranoia, Sasuke mira a ambos lados. Aún siguen en los vestidores pero de demorar más es muy seguro que alguien entre a buscarlos y los vea murmurando, y no puede darse el lujo de que así sea.
—Te contaré todo pero no aquí. Es demasiado arriesgado que nos vean.
—Maldición, Sasuke. No he sabido de nadie desde hace más de un mes y cuando finalmente eres tú la primera persona con la que me topo, ¿te envuelves en misterio? ¿Y aquí? ¿Justamente en este maldito lugar?
Sasuke suelta un suspiro estresado. Así debió verse durante los primeros días y ciertamente comienza a pensar que sacaría de quicio a cualquiera y que los golpes recibidos estaban justificados.
Golpes.
Ahora que lo menciona...
—¡Oye! ¿Qué estás...? —Naruto gime, cerrando los ojos, sintiendo su espalda expuesta mientras la siente arder.
—¿Quién te hizo esto? —pregunta Sasuke sonando a estar conteniendo el instinto de un animal salvaje en cuanto ve las marcas rojizas extenderse por la piel de su compañero. Naruto enmudece subiéndose la camisa con rapidez mas Sasuke no parece sentirse satisfecho con ese silencio. De hecho lo enfurece más—. Naruto, ¿Quién te hizo esas heridas?
—A-Abajo —balbucea, renuente a seguir exponiendo su piel—. En la celda...Ellos querían sacarme toda la información y yo se las negaba —la quijada de Sasuke se tensa y Naruto casi puede oír el choque de sus dientes.
—Esa no fue la pregunta que te hice —insiste, tomándolo de los hombros. Naruto solo cierra los ojos un poco adolorido mientras Sasuke siente que pierde la cordura y la capacidad de hacer el esfuerzo por no salir de ahí y desquitarse con el primer soldado con el que se encuentre. Inmediatamente empieza a sugestionar y crear toda una historia demente cuando rememora lo vivido hace unas horas—. ¿Fue Hyuga? —Naruto se altera un poco pues la manera en la que comienza a buscar culpables es de temer.
—¿Hinata? ¡Diablos, no! —exclama apartándolo de un empujón mientras Sasuke parece volver a recobrar el sentido ante la respuesta—. E-ella se ha portado bien conmigo. Atendió parte de mis heridas cuando recién llegué aunque...
—¿Aunque qué? —pregunta volviendo a respirar intranquilo—. Maldición, Naruto, no tenemos todo el día.
—Ella...Ella dijo que iba a ayudarme a escapar.
Sasuke engrandece los ojos, incrédulo.
—¿Ella dijo eso? —su compañero asiente, dudoso, mientras él no puede sentirse más confundido que nunca.
Y entonces es cuando piensa que todo ese alboroto debe tener un propósito. La información que Naruto le proporciona juntada a la que él posee le hacen pintarse un escenario en donde Sakura, sentada en una silla, lo destruye con la mirada. Le ha quedado claro que esa mujer es astuta pues cada paso que da no es mero instinto, es planeado.
Los acontecimientos recientes le sirven también para armar sus propias suposiciones.
"Irás conmigo al edificio central de la Zona Sur de SHINOBI."
Claro, debió haberlo imaginado. Que una mujer tan perversa como ella dejaría que alguien más hiciera el trabajo sucio.
Prueba de ello eran ahora ellos dos dentro de ese ridículo programa de cadetes.
—"Nos está usando..." —y ciertamente pensar que es ella la ejecutora de dicho plan, más que el pensamiento mismo de ser utilizado, le molesta. Porque se trata justamente de ella—. Yo no creería nada de lo que diga la gente de aquí. Ella sirve a Sakura. Le es leal hasta con las uñas de los pies.
—¿Sakura?
—La pelirrosa que viste hace rato —explica dejando ver su malhumor aunque Naruto lo atribuye a que Sasuke, desde que lo conoce, predica un profundo odio a todo lo que pertenece a Konoha—. Ella es un Fenrir, son los líderes de los escuadrones de SHINOBI. Pertenecemos a su escuadra ahora.
Naruto, más perdido que atento, no entiende ni una palabra. Sasuke suspira sabiendo que evidentemente le va a tener que tomar un poco de tiempo aprenderse todo lo que él ya sabe con el paso de esas semanas agobiantes.
—Mierda. No entiendo nada.
—Ya pasé por eso, créeme.
—¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Cómo vamos a salir de aquí?
—Aún no lo sé.
—¿No has investigado nada conviviendo con ellos? —Sasuke lo mira con el ceño fruncido, ofendido—. ¿Qué? Creí que, ya que llevas más tiempo aquí, tendrías algo útil que nos ayudara a escapar —reprocha.
—La vida acá arriba no es tan fácil, Naruto —dice dándole un golpecito en el hombro. Han estado mucho tiempo separados, y aunque le encantaría ponerlo al día sobre lo que ahora sabe, no puede arriesgarse tanto por ahora —. Debemos volver. Hyuga va a percatarse pronto de que no estamos con el resto. No deben vernos juntos ¿entendiste?
—¿Por qué?
—Piensa —hace una pausa—. Quieren saber de dónde venidos. Quieren información; y así como tú, yo también me he negado a dárselas. Imagina lo que harán si se enteran que nos conocemos y venimos de Rhoda —el contrario enmudece, poniéndose rígido—. No deben saber que nos conocemos.
—¿Y...? —traga grueso. No es demasiada la información que le provee Sasuke pero es la suficiente como para entender su punto y estremecerse de pensar que puedan enterarse que están relacionados—. ¿Qué es lo que debo hacer?
—Solo finge que no me conoces. Tú nunca me has visto ¿quedó claro? —Naruto asiente—. En cuanto pasen algunos días será normal que nos vean juntos pero por lo pronto mantengámonos así además es una ventaja que Sakura te haya reclamado como soldado suyo —ante la mención el rubio se asquea.
—¿Ventaja? ¿Viste la forma en la que me miró hace rato? ¡Estoy seguro que por dentro me quería matar!
Sasuke ladea una mueca.
—Bienvenido al club.
.
III
.
"¿Y todavía piensas que pertenezco aquí?"
"¡Sasuke, vuelve!"
"Rhoda no es mi hogar."
"No naciste en Rhoda pero tampoco estoy seguro de que lo hayas hecho en Konoha."
"El miedo es instintivo."
"¿Por qué confías en ella?"
"Quizá por la misma razón por la que tu confías en la persona que te crio."
"Sasuke..."
"¿Sasuke?"
"¡Sasuke!"
—¡Hey! ¡Reacciona!
Cuando abre los ojos el mundo está de cabeza.
Ojos frenéticos y mano al cuello sobre él; y la luz de esa inmensa sala de entrenamiento le termina de asentar las ideas reconociendo que se encuentra boca arriba tumbado en el suelo. Jura haber escuchado a Naruto gritar pero la persona sobre él es un completo desconocido, uno de los tantos que lo miran como si en verdad fuera la peor miseria dentro de ese lugar.
Es consciente de los entorpecidos y frenéticos movimientos de su cuerpo cuando el cadete sobre él se aparta, más por mera obligación que por gusto, pues es claro con solo verle el semblante. De haber podido lo hubiese noqueado.
Es el quinto día de la primera semana dentro del programa de cadetes y parece ser que le ha dado por quedarse dormido y a merced de memorias que no ha pedido recordar obteniendo como resultado que pierda el duelo de esa tarde.
—¡Les recuerdo que ya no están en las calles de Konoha, señoritas! ¡Espabilen si no quieren un buen escarmiento! —sentencia uno de los instructores lo suficientemente indiscreto mirando a Sasuke de reojo quien a su vez solo busca que lo trague la tierra.
No quiere si quiera lanzar una mirada hacia la parte superior del Domo pues además de haber dado una pobre impresión al resto de cadetes sabe que Hinata Hyuga ha repetido la misma labor de vigilarlos y evaluarlos, a él y a Naruto principalmente, por orden de Sakura seguramente. Y lo que acaba de ver posiblemente le ha producido una mueca de disgusto.
Lo mismo va para el resto de soldados que ve a su lado, algunos de ellos subtenientes que reconoce, posiblemente estén ejerciendo el papel de evaluadores también por orden de sus superiores con el afán de identificar a los cadetes aptos para cada escuadrón.
La mirada de Hyuga es pesada pero no más crítica que la de él al chocar con la suya por breves segundos.
Por supuesto que sospecha de las dobles intenciones de que esté ahí todos los días, lo que le complica más las cosas a la hora de querer intercambiar aunque sea unas mínimas palabras con Naruto.
—"Nos está vigilando" —deduce intentando concentrarse en otra cosa que no sea ella. Algo como en el siguiente enfrentamiento que termina en cuestión de nada, por ejemplo.
Naruto es rápido pero no lo suficiente como para algunos cadetes que parecen haber pasado sus primeros años de vida preparándose para ese momento.
—¿Qué rayos te pasó hace un rato?
Una vez finalizado ese día y finalmente alejados del resto, agradeciendo internamente por que el estiramiento se realizara en binomios, finalmente pueden hablar, al menos, en tono bajo sin levantar sospechas.
Hinata Hyuga junto al resto de subtenientes se han retirado por un momento en el que Naruto finalmente puede aprovechar para cuestionar a Sasuke sobre su repentina conmoción durante su encuentro pero ni siquiera el mismo Sasuke lo sabe con certeza.
La sensación evidentemente la reconoce, incluso puede decir que el contexto de esas extrañas memorias le resultaron conocidas al ver que se trataban de fragmentos de conversaciones tenidas durante los últimos días. Aunque no estaba seguro de recordar haber visto algún rostro, las voces eran irreconocibles. Era como si su vista se hubiese cegado estando él aparentemente despierto mientras que su mente lo sumergía a un mar de frases que, de algún modo, reconocía que tenían cierto peso debido a los acontecimientos de cada una.
Kakashi estaba en ellas lo cual se le hizo bastante normal considerando todo lo que había pasado con él.
Lo que no lo hacía eran las últimas dos partes.
"¿Por qué confías en ella?"
No había que ser bastante listo como para entender que se había dejado ahogar entre pensamientos que, ciertamente, no debería tener.
¿Y qué con ella?
¿Por qué ahora tenía que atormentarse por eso?
La última parte definitivamente no tuvo sentido alguno.
Alguien llamando su nombre aunque Sasuke está seguro de haber escuchado más de una voz diciéndolo.
—Sasuke.
—Te oigo, Naruto. No estoy sordo —pensar en el origen de las, ahora molestosas, voces en su mente no le interesa. Al menos no cuando Naruto es todo menos discreto a la hora de hablarle con la camaradería que los ha caracterizado siempre. Si bien es cierto que han pasado cinco días, a los ojos de extraños aquello no debería ser tiempo suficiente como para empezar a ser tan cercanos pero es Naruto de quien habla. La persona menos discreta del mundo—. Deja de ser tan obvio, maldita sea —pide a modo de gruñidos retomando los estiramientos. Agradece, en el fondo, ser ignorados por el resto y ser tomados como los raros de todo el programa.
—¿Qué te pasó hace rato?
—Nada.
Tomarse la molesta de pensar en qué decirle es desgastante además de que sinceramente no sabe ni cómo explicárselo a sí mismo.
Los sueños continúan siendo recurrentes. Esos donde suele ver a esa mujer cubierta de sangre pero ya no le provocan la desmedida ansiedad que antes. Contrario a eso ha aprendido a ser paciente cuando se sumerge en ellos, analizando cada detalle que pueda aunque lastimosamente nunca llega a concretar sus ideas pues siempre suele despertarse agitado.
—Es el quinto día aquí y esto realmente apesta —oye a Naruto quejarse y no es para menos. Él se encontraba igual los primeros días o incluso peor.
—Cállate y termina los ejercicios si no quieres que te agarren a golpes —reprende y Naruto, aunque frunciendo el ceño sintiéndose regañado, no se opone a ello aunque indudablemente Sasuke entiende que no se va a quedar callado—. ¿Te han asignado ya habitación?
—No. Sigo en la celda pero Hinata dijo que hoy lo haría —Sasuke asiente algo aliviado. En verdad le importa que su amigo, al menos, sea proveído de algo de comodidad—. ¿Para qué nos quieren aquí? —el azabache rueda los ojos. No va a callarse hasta sentirse satisfecho con alguna respuesta.
—No lo sé —sincera—. Al principio creí que era solo por saber de dónde proveníamos pero... —calla de repente, meditando.
—¿Pero?
—Sakura ha estado actuando raro últimamente.
La visita a la enfermería.
La salida al exterior.
En ambas situaciones solo ellos dos.
El instinto de dudar de cualquier persona perteneciente a SHINOBI no había cambiado ni un poco pero Sakura era un enigma que comenzaba a tomar fuerza en el interior de su mente con cada segundo que pasaba. Le resultaba insoportable la manera en la que se comportaba, tan asquerosamente igual (o peor) al resto de los soldados de su élite pero eran sus acciones las que provocaban que le prestara mucha más atención que a cualquier otro soldado de ahí.
La profundidad de sus ojos.
Lo que representaban sus gestos duros.
Toda una capa de misterio envolviéndola y emanando de ella con cada cosa que hacía, lo hacían dudar de si, lo que ella había llamado: máscara invisible, en verdad aplicaba a ella solamente.
El mero hecho de hablarle sobre sus planes, o al menos considerarlo en ellos, le invitaba a sentirse atraído a descubrir todo ese enigma que parecía tenerlo embrujado respecto a ella.
Si ella no confía en SHINOBI lo suficiente como para llevar a cabo sus propios planes y estrategias ¿entonces en quién si lo hacía?
Y ¿qué había visto en él como para incluirlo en todo eso?
Podría ser un peón.
Podría ser su chivo expiatorio.
Podía ser la categoría más humillante pero Sasuke presentía que había algo más.
Lo supo desde el momento en que chocó miradas con ella durante su primer encuentro a las cercanías del asentamiento. Porque la advertencia que los hombres de la escuadra de exploración de Rhoda les compartían sobre los demonios uniformados de blanco siempre fue certera.
Cuando los ojos de uno de esos demonios te atrapan, no puedes huir.
Es la sentencia de los malaventurados como ellos y la orden que las marionetas como son los contrarios deben obedecer. No dejar a nadie vivo. Al menos no a nadie no perteneciente a Konoha. Y era lógico considerando el suceso de las esporas y de que ningún asentamiento humano, además de Konoha, debía existir en cada litoral de ese vasto y decadente mundo.
Sakura tuvo que haberlo matado en cuanto lo vio. A él y a Naruto. Sin embargo ahora ambos estaban ahí, condenados a estar bajo su yugo.
¿Desde cuándo había comenzado a ser tan perceptivo en cuanto a ella?
—La última vez que salí a la superficie... —la vez en que casi los matan. La misma vez en que ambos presenciaron, y sostuvieron, la presencia de acciones extrañas en cuanto a los Draugs.
—Espera... ¿Qué? —la remembranza de Sasuke se ve interrumpida en cuanto Naruto lo mira de manera estrépita—. ¿Has salido a la superficie?
—Una vez —contesta mecánicamente aún tocado por sus pensamientos—. Fui a...
—¿Y porque no escapaste?
"Ah, ahí está", piensa. El tema que tendrían que tocar y por el que sería cuestionado.
—¿Estas consciente de dónde estamos parados, Naruto? —chasquea los dientes pretendiendo tomar otro rumbo en la conversación y no terminar en una discusión que no los llevara a nada bueno salvo a ganarse un castigo—. Como si fuera fácil.
—Por Dios, Sasuke, no me vengas con eso ahora —protesta como era de esperarse—. Tuviste la oportunidad de largarte de aquí, ¿por qué no lo hiciste?
—Te recuerdo que vine aquí por ti.
—Te recuerdo que, en primer lugar, terminé en este maldito lugar por ti —reprocha, y aunque no ha sido su intención decirlo de tal manera, Sasuke sabe que en algún momento Naruto dejaría salir su verdadero sentir, y no lo culpa. Quizá de lo único que se lamenta es de no tener el suficiente valor como para haber afrontado el tema él mismo—. L-Lo siento. No quise...
—No. Tienes razón. Es mi culpa que estemos aquí —contesta.
Lo sabe.
Sabe perfectamente que gracias a su impulsivo carácter y al error de sus actos desobedientes, están ahí.
Le da rabia saberse el culpable de que estén ahora padeciendo en ese lugar que podría ser su sentencia de muerte. Todas las noches se lo ha cuestionado. Que, de no haber cometido tantas estupideces en su vida, ahora podrían estar al rededor de una fogata compartiendo historias. Él, eventualmente, tendría que aceptar y condenarse a vivir en un mundo desconocido.
Es su propio verdugo, quizá, pero también es su propio libertador.
Nadie iba a darle las respuestas que quería y, de quedarse sentado, moriría sin nunca saber absolutamente.
El que ambos estuvieran ahí era su culpa pero era tan egoísta y a la vez creyente de sus propios ideales que estaba dispuesto a pagar tal precio, pero no significaba que deseara que su final fuese sinónimo de muerte.
—¿Kakashi sabe que estamos aquí?
—Debe imaginárselo —contesta Sasuke, esquivo.
—¿Por qué? ¿Qué sucedió en Rhoda antes de que vinieras a buscarme?
El tema de Kakashi es incluso otro que le obliga a querer dejar que las palabras broten de su boca y eliminar así la imagen que Naruto podría tener sobre el hombre honorable que siempre hubo sido el peli plateado. Le encantaría desmembrar cada parte de su pasado y exponerlo pero sabe que, además de todos los pensamientos que lo abordan, Kakashi junto a su historia representan otro enigma que no está seguro de querer descubrir.
A pesar de todo ese hombre lo hubo criado como si fuese su hijo.
Sabe que le ha mentido pero ¿en qué se diferencia de él si también ha cometido errores?
—No quiero hablar de eso ahora —declara, contrariado.
—¿Y cuándo? ¿Cuándo si vas a querer? —exige Naruto—. Sasuke, no sé si ya lo olvidaste pero estamos en Konoha. Lo que es peor, en SHINOBI. Tarde o temprano la muerte nos va a alcanzar si no salimos de aquí. ¿No crees que sería bueno si comienzas a decirme las cosas que han sucedido de una buena vez?
—Estamos a salvo por ahora, confórmate con eso.
—¿Enserio? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Hasta que dejemos de serles útiles? —ciertamente lo ha considerado. El hecho de que aún permanezcan ahí y que no los hayan botado ya le intriga aún más que antes.
—Pudieron matarnos desde el primer segundo que nos vieron —intenta evidenciar aunque para él causa el efecto deseado que Naruto pretende con sus preguntas.
—Sasuke, reacciona. Es SHINOBI. Si no nos mataron antes, créeme, van a hacerlo pronto y de la peor manera posible —Sasuke cierra los ojos, intranquilo ante todo eso—. ¡Tú lo decías! ¡Que era una cuna de lobos!
—Baja la maldita voz, ¿quieres? —reprende—. Mi idea sobre ellos no ha cambiado.
—¿Entonces? —la ansiedad en su rostro y la forma en la que frunce el ceño es suficiente prueba como para saber que no va a detenerse si no le dice algo coherente o algo que pueda saciarlo un poco.
—Es solo que hay demasiados secretos aquí como para no prestarles atención.
Y no miente.
Parte del por qué ha decidido mantenerse con una actitud más moderada a la que tenía en el principio se debe a eso. El precio de los secretos de SHINOBI debe ser alto y para conseguir alguno de ellos debe obtener una premisa, incluso si debe hacer lo que ellos digan.
Pero alguien como Naruto, quien solo lleva un par de días viviendo la vida dentro del Cuartel, está desesperado. Cualquiera lo estaría. Cualquiera querría solo largarse de ahí y seguir una vida normal.
SHINOBI nunca fue como lo pintaron y lo saben mejor que nadie.
—No es momento para hacerte de moralista, justiciero o detective —rebate el rubio, desafiante—. Primero salgamos de aquí y luego pensaremos si salvamos al mundo o no, maldita sea.
—No entiendes.
—No, no entiendo. No entiendo qué es lo que pasa contigo. ¿Te lavaron el cerebro o qué? ¡Incluso hablas distinto!
—Esta gente son más que solo soldados. Incluso si nos vamos no duraríamos mucho allá afuera —exasperado, eleva un poco la voz. Nunca ha sido bueno lidiando con enfrentamientos con él. Siempre terminan dándose golpes—. Lo que quiero decirte es que es mejor que nos quedemos y vigilemos sus movimientos.
—¿Prefieres destruir su sistema a nuestra libertad?
Sasuke frunce los labios. En verdad que es como hablar con una maldita pared.
—Si lo dices de ese modo suena a que soy un maldito desgraciado.
—¡Pues es como te oyes, idiota! —suelta una exhalación intentando tranquilizarse—. Dios Santo, estás demente. Solo larguémonos de aquí y...
—Oye.
La advertencia.
Esa maldita sensación de mejor darle un golpe en la boca y hacerlo callar a la fuerza, debió optar por ella desde el inicio. Debió suponer que corrían demasiado riesgo hablando ahí como si estuvieran en el patio de su casa. Pero es que parece que son insufribles y les fascina cosechar tempestades y ser castigados.
Naruto no sabe ni donde esconderse, ni que decir, ni qué músculo del cuerpo mover en cuanto se siente descubierto; y por otro lado Sasuke solo quiere desaparecer en cuanto Konohamaru ha abierto tan solo la boca para dejarlos helados.
A uno porque es sorpresivo ver a un niño en SHINOBI y a otro porque, además de conocerlo, considera a ese mocoso un peligro.
No tan hábil con las señas pero lo suficiente como para dedicarle una mirada discreta a Naruto, Sasuke decide hablar él primero y ver qué rumbo toman las cosas pues Konohamaru es todo menos tonto.
—¿Qué haces aquí? —habla primero el azabache con la normalidad que le permite la cercanía que ha construido a su lado—. ¿Qué hoy no tienes práctica con la espada?
Konohamaru se muestra un poco sorprendido por el comentario pero tan pronto recuerda que hay una tercera persona a su lado, vuelve al mismo semblante.
—¿Revisaste mi horario? —Sasuke ladea una sonrisa ante la pregunta y para Naruto aquello es un trago bastante difícil de digerir.
—No. Solo que ya me aprendí las actividades que tienes durante el día —el gesto de Konohamaru es tal y como lo pronostica.
Es un niño a fin de cuentas y aunque le resulta un poco amargo el estar intentando desviar su atención de Naruto con comentarios que lo hagan sentirse tomado en cuenta, el rubio es su prioridad.
Pero lo subestima.
Konohamaru es incluso más analítico que él, y Sasuke parece aún no darse cuenta de lo agudo y difícil que va a ser enfrentarse, algún día, al menor.
—¿Él es el nuevo? —pregunta el castaño y todo intento de Sasuke queda deshecho—. Luce más tonto que tú.
—¡Hey! —Naruto reacciona como típicamente lo haría y Konohamaru emboza una sonrisa perspicaz.
—Soy Konohamaru —saluda, neutral. Sasuke no sabe qué decir, qué argumentar, pero prefiere no pensarlo mucho y dejar que, por esa ocasión, las cosas fluyan y el destino decida—. ¿Tienes un nombre? —el de ojos zafiro busca algún tipo de ayuda en los ojos de Sasuke quien simplemente le insta a que le devuelva el saludo a través de su mirada.
—Naruto —responde sin tono especial, precavido.
—Con que Naruto, eh —tan rápido repite su nombre, ambos lo observan alzar el cuaderno, que no había visto que traía por cierto, abrirlo y colocarlo encima de su pecho comenzando a bosquejar —. ¿Se escribe así? —pregunta, mostrando los kanjis. Naruto asiente solamente—. Bien.
—Emm...—Sasuke carraspea, incómodo. Mas lo que está a punto de suceder no pudo haber estado ni cercanamente a anticiparlo.
—¿Es él?
El destino.
Ese al que le permitió hacer lo que quisiera en el momento en el que Konohamaru apareció...
—¿Eh?
...había decidido hundirlo no a través de ningún castigo o palabra dicha por otro soldado asiduo a recordarles que no pertenecían ahí.
Había elegido a hundirlo a través de la persona menos impensable.
Había elegido a Konohamaru.
—La persona de la que me hablaste —Sasuke palidece—. La persona que viniste a buscar. Es él, ¿verdad?
Estaban en problemas.
.
Continuará...
A favor de la campana "Con voz y voto" porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.
Ninelie: Rata arrinconada.
Notas:
No. No es una visión, no es un espejismo. Sí, ¡he actualizado otra vez!
Debo confesar que este capítulo no tenía ni estructura ni nada que se le parezca. De hecho pensé que me demoraría más de la cuenta porque no lograba unir mis ideas pero bastó una noche entera para escribirlo, de ahí la razón que esté tan largo porque no quise cortar el tan esperado encuentro entre Sasuke y Naruto.
Si bien Sakura casi no aparece en este capítulo, era necesario para poder volver a introducir a Naruto. Ya lo teníamos muy abandonado y requería, al menos, de este capítulo. Confíen en que en el próximo ya vuelva Sakura a escena.
¿Esperaban que Konohamaru fuera un niño tan listo? xDDD Sasuke ha encontrado la horma de su zapato, indudablemente. ¿Qué pasará? ¿Sasuke será demasiado obvio como para confirmarlo? Quiero escuchar sus teorías c:
¡Sin más por el momento, nos vemos en el capítulo XX!
Muchas gracias por el apoyo en sus comentario. ¡Me hacen muy muy feliz! Parte de que ahora los capítulos los escriba más rápido es gracias a la motivación que me dan cuando comentan :) En verdad tienen un efecto de Plus ultra en mí (?) jajajaja
¡Rooss-out!
