Disclaimer: Los personajes e historia de «InuYasha» son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.


InuYasha

I


«InuYasha», porque este fic se trata de él, de su ser, de sus sentimientos, de sus anhelos, de lo que siente. Se trata de sus deseos, se trata de su esencia, se trata de sus amores, se trata de sus amigos y sus enemigos. Se trata de InuYasha.


«InuYasha» es para Ferchita, mi amiga que hace poco conocí en Facebook. Inspiró mucho de este fic y está enfocado en nuestras largas reflexiones sobre lo que nos gusta de él y de su relación con Kagome.


«Naraku intenta mostrarle a InuYasha un instante de cómo habría sido su vida si jamás hubiera acabado con Kikyō. Un momento en la vida del hanyō en donde el recuerdo de Kagome no sería capaz de alcanzarlo. No sería capaz de salvarlo»


—¡Es él! ¡No puedo equivocarme! —Apuntó hacia la dirección en la que corría, con el corazón desbocado y los nervios de punta—. ¡Es el olor de Naraku!

—¡Vamos justo detrás de ti, InuYasha! —Le respondió Miroku, con exactamente el mismo sentimiento. Iba en Kirara junto con Sango y Shippō.

—¡Ten cuidado, Kagome! —Advirtió Sango, desesperada.

Algo le decía que haber sentido la presencia de Naraku de repente solo era una excusa para atraerlos hacia su sucia trampa. ¿Y si quería atraerlos para sumergirlos en otra ilusión y esta vez terminaban matándose entre ellos, sin saberlo? Amargos recuerdos de Kohaku asesinando a sus compañeros, inundaron su mente.

—¡Sí, Sango! ¡No te preocupes! —Asintió Kagome, mirando de soslayo a su mejor amiga.

«Después de todo, estoy con InuYasha»

Observó el panorama desde la espalda del hanyō y poco a poco, la presencia de Naraku se hacía más densa.

Era insoportable.

Realmente insoportable.

Una especie de humo negro rodeaba lo que parecía ser un viejo palacio. El campo de energía los recibió sin problemas, metiéndolos en aquella trampa que podía resultar mortal.

Estaban preparados para la batalla.

—¡Naraku, maldito bastardo! ¡Sal de donde estés! —Gritó InuYasha, dejando a Kagome en tierra con delicadeza.

No pasó demasiado tiempo para que unas horribles extensiones de carne en forma de raíces, lo tomen de los brazos y lo internaran hacia la destruida construcción.

—¡Kagome!

—¡InuYasha!


Todo pasó muy rápido. De pronto, estaba casi clavado en algo que él reconoció como el tronco de un árbol. Abrió los ojos con dificultad y pudo darse cuenta que era el árbol sagrado. Lo supo de inmediato porque la flecha que había usado Kikyō para sellarlo estaba ahí, cruzándole el pecho.

Intentó tocarla, pero el punzante dolor de la herida lo hizo gritar. Maldición, dolía como el infierno.

Debió suponer que el maldito de Naraku les había puesto una trampa. Nuevamente había recurrido al ya tan acostumbrado truco de usar a Kikyō para acabar con su estabilidad emocional. Ese infeliz ya debía saber que ese recurso no era suficiente para terminar con su vida.

El ambiente era obscuro, como si el miasma estuviera cubriendo su visión. Pero no, no era veneno, era algo más.

—Qué bueno que has venido, InuYasha. —Vio a Naraku aparecer de entre las sombras, con su traje de mandril. Sintió repugnancia solo de percibirlo—. Y qué fácil.

—¡Bastardo infeliz! ¡Dime qué mierda es lo que quieres! —De repente, sonrió con suficiencia—. ¿No crees que ya has usado este mismo truco y no te funcionó?

El aludido sonrió, aún con la sombría tela que cubrirá su rostro, casi se podía ver brillar su expresión de victoria.

Las veces anteriores siempre aparecía Kagome y lo sacaba de donde sea que estuviera, sea con su voz, con sus flechas o con su recuerdo. Eso era obvio, ya que, en esas ocasiones, los recuerdos de InuYasha se limitaban al dolor de la muerte y la pérdida; era obvio que la única mujer que había podido sanar su corazón, apareciera en sus pensamientos, pero, ¿qué tan lejos podía escarbar en el corazón de InuYasha?

—Dime, InuYasha: ¿te has puesto a pensar en cómo habría sido tu vida si yo no hubiera acabado con la vida de Kikyō?

El cuerpo del medio demonio palpitó con fuerza. Sus ojos se abrieron lo que más pudieron, como si se hubiera asombrado por algo a tal punto de quedarse sin respirar. InuYasha jamás había pensado en eso, es decir, siempre estaba consumido por la tristeza y en lo único que pensaba es que, de no haber dudado de ella, Kikyō aún siguiera con vida.

Nunca había imaginado una vida a su lado como tal, nunca había indagado tanto en sus propios pensamientos. Seguramente se debía a que su vida se truncó ahí, en la muerte.

—Cállate… ¡No puedo soportar oírte! —Intentó zafarse con todas sus fuerzas, pero la flecha volvió a detenerlo.

Otra vez estaba ahí, preso, angustiado por querer moverse.

Pero su corazón ya había mostrado duda.

Esta vez, Naraku iría un poco más allá, un momento de la vida de InuYasha en la que no existía nada más que un deseo: el deseo de vivir como humano junto a Kikyō.

Una vida en donde Kagome no existía, en donde la paz estaría flor de piel, en donde el corazón de InuYasha le perteneciera a una sola mujer, que no mostrara confusión o sentimientos de culpa, un momento en donde nadie iba a poder salvarlo, en donde el recuerdo de Kagome no iba a poder alcanzarlo.

No sería capaz de alcanzarlo.

Debía ponerlo a prueba una vez más, quería ver a su débil corazón perecer ante un deseo tan miserable, quería verlo perder su esencia y desaparecer junto con sus recuerdos. Una vez que eso pasara, matar a Kagome y a sus amigos, sería tarea fácil.

—Solo imagínalo, InuYasha, por un momento, serás un humano.

—¿Pu-puedo…convertirme en humano? —Fue cerrando los ojos paulatinamente, se dejó ir.

«—Tú también puedes convertirte en humano, InuYasha. Después de todo, una de tus mitades es humana»

—Ki-Kikyō…

Continuará…


Subiré el siguiente en breve, no tardaré demasiado, pero aún es pronto para publicarlo.

El plan de Naraku no parece resultar del todo perfecto, desde el primer momento hay huecos que InuYasha no puede llenar. Es imposible volver al pasado cuando hay algo que realmente quieres en tu presente.