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XXIII

Algo que proteger

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Uno.

Dos.

Son varios los golpes en su espalda y otros más en los brazos y piernas.

Maldición, ¡como arde!

Ese baño le sabe a gloria. El baño siempre ha sido su parte favorita del día. Según Jiraiya, para él era la más difícil. Corretear siempre a un Naruto renuente a ponerse ropa por toda Rhoda siempre fue un problema tras cada baño. Al final eran necesarios dos baños pues en el primero Naruto solía correr entre el bosque, terminando por ensuciarse de nuevo.

Extraña esos días.

Extraña bañarse en el río.

Extraña engañar a Sasuke que se ahoga y tirar de la mano que este le ofrece para sujetarse, hundiéndolo también con todo y ropa. Extraña el amable viento silbarle al oído en cada atardecer sobre alguna roca.

Extraña tanto Rhoda.

—Maldición —gruñe, sintiendo como la regadera sigue encendida en todo ese rato en el que no ha podido evitar derramar un poco de lágrimas de nostalgia, algunas de ellas también de dolor.

Y es que solo él podría tener tan mala suerte.

Todo lo vivido hasta ahora: Ser capturado. Ser torturado. Ser ahora obligado a fingir obediencia. Ser soldado. ¡Hace apenas un mes estaba cazando que comer en el bosque! ¿Cómo es que ha terminado así? ¿Cómo es que ha terminado con esas heridas en el cuerpo?

"Ustedes sí que se multiplican como ratas"

Primer intercambio de palabras: lamentable.

Pero su conmoción en ese momento era tanta que ni siquiera opuso insistencia en cuanto dos soldados de aquél soldado de piel pálida, comenzaran a arrastrarlo a quien sabe dónde por órdenes de él. Su cabeza, en ese momento, no pensaba en escapar. En oponerse. En lanzar, si quiera, puñetazos a lo imbécil para liberarse.

Su mente estaba en blanco.

No podía ser posible.

Debió haber visto mal.

Ese no era Sasuke besando a…esa mujer.

¿Por qué? ¡¿Por qué la estaba besando?! ¡¿En qué estaba pensando?!

¿Es parte de un plan? ¿Planea enamorarla o algo así para salir de ahí? Esa posibilidad suena tan absurda como quien insiste en que el mar es de color amarillo.

No. No. ¡No!

Y justo cuando planeaba regresa a su habitación, el soldado de piel pálida aparece y lo intercepta. Lo recuerda. ¿Cómo no va hacerlo? Él estuvo a cargo, antes de que Hinata tratara sus heridas durante su encierro en las celdas, del interrogatorio previo. Y parte de esa tortura fue ordenada también por él. Dios, su mala suerte no puede ser tanta.

—¿Qué haces caminando por los pasillos a esta hora?

—Yo… —Naruto quiere volver por donde vino, pero entonces el reflejo humano es el peor compañero para fingir que algo no lo tiene conmocionado. Inconscientemente desvía la mirada hacia la sala aislada de entrenamiento donde Sasuke y Sakura se encuentran. Quiere impedirlo. No porque aplauda el comportamiento de ese imbécil al que aún considera su mejor amigo, sino porque sabe de lo que es capaz ese hombre si los llegase a ver.

No quiere conseguir su libertad de ese lugar en bolsas de plástico, cargando sus cadáveres. No. Debe impedirlo.

Lo empuja con un ridículo valor.

Y el primer golpe es certero.

El segundo es aún peor.

El tercero es insoportable.

—¿Quién demonios te crees para tocarme? Sucio bastardo —el cuarto, el quinto y el sexto vienen consecutivamente.

Ah, maldita sea, Sasuke. Todo es su culpa.

Lo siguiente sucede bastante rápido como para pueda aprenderse el camino que recorren mientras esos dos gorilas le llevan casi a rastras, cada uno sujetándole un brazo. Cuando vuelve en sí, todo es oscuro. La habitación en la que ahora se encuentran está en total penumbra, y él en el suelo, de rodillas, como un perro esperando la orden de su amo para lamer su calzado de diez mil millones. Y Sai, tan astuto y perverso como lo es la sangre que corre por sus venas, está ansioso por interrogar.

—Voy a hacerte una pregunta, y espero que me la respondas a la primera o… —Naruto apenas ve cómo le manda miradas a sus dos soldados dándoles implícita orden de golpearlo si se niega o se demora—. ¿Qué viste allá atrás? —No ha visto nada. No ha visto a Sasuke y a esa mujer. Se repite, pero se le olvida la advertencia anterior hasta que el golpe en sus costillas es inminente en cuanto se da cuenta de ello—. ¿Sabes? Puedo pasar todo el día viendo cómo te golpean. Los forasteros como tú no me provocan nada más que repulsión. Sakura, por ejemplo, encabeza la lista —dice, hincándose frente a él, tomándole con fuerza el mentón—. Y tu amigo está por quitarle el honorable segundo lugar a Sasori de la otra persona a la que más odio.

Sasori.

¿Qué así no se llam ese soldado de cabello rojo?

¿Ese al que Sasuke extrañamente odia?

Naruto exige aire en cuanto el Fenrir lo suelta, haciendo que se vaya de bruces y de bocanadas violentas. Apenas y puede distinguir un poco más esa habitación debido a la oscuridad. Incluso si tiene la intención de salir corriendo de ahí, ¿quién le asegura que la siguiente persona con la que vaya a toparse, una vez afuera, no será peor que este sujeto?

Sasuke. ¡Todo es culpa de Sasuke!

—Así que eres igual de terco que ellos.

No. No es culpa de él.

—¡Todo es culpa de ella! —termina por gritar, agobiado. Estresado. Ha sido tan natural que Sai se pasma por unos segundos.

Y mientras él está así, Naruto quiere morir. ¿Por qué? ¿Por qué ha dicho eso? Él y su gran boca nunca le dan resultados buenos. ¿Qué no se le ha ocurrido pensar que todo eso es parte de un complot en el que ese soldado solo finge disgustarle esa mujer? Es una trampa. O quizá no lo es. Quizá en verdad se odian. ¿Qué de malo hay ahora que ha expresado abiertamente que no le cae del todo bien?

Pero a Sai poco o nada le importa el impulso que le haya dictado decir eso. No se equivocó cuando pensó que lucía más estúpido que Sasuke. Y ahora habiendo dejado claro parte de su verdadero ser, le causa hasta placer saber que ese estúpido siente algo de disgusto hacia la Fenrir.

Quizá la orden de su tío había sido directa: Vigila a Sakura; pero nunca especificó cómo. Y si antes aborrecía la idea de tener que vigilarla o mandar a alguien a hacerlo, una oportunidad única se le presenta en este momento.

—Déjennos a solas —Naruto tiembla en cuanto oye la orden y también como los soldados se retiran. Dios, en verdad va a matarlo—. ¿Cómo te llamas? —el rubio traga grueso, sintiendo aun dolor. Que se hayan ido esos dos hombres no significa que ese tipo no tenga la fuerza para no matarlo. Le ha quedado claro que él es quien manda en ese momento y nada puede hacer contra eso.

—Na...Naruto —gime, temeroso. No quiere ni alzar un poco el rostro.

—Odias a Sakura ¿Naruto? —"¿Eh?", piensa. ¿Enserio le está haciendo esa pregunta? Y ¿por qué lo mira como un psicópata?—. La odias ¿no es así?

El ambiente se siente pesado. Se siente mareado. Pero más que eso siente que en cualquier momento algo malo va a pasar si no le responde lo que quiere.

—¿Q-qué quieres de mí? —pregunta, balbuceante.

Solo quiere irse de ese lugar.

Irse y nunca volver, y llevarse a rastras a Sasuke si es preciso. Volver a Rhoda, cazar animales, vivir por vivir solamente. Todo eso a Sai le es indiferente pero por mucho tiempo ha sabido leer a la gente y manipularla a su antojo. Conoce sus habilidades y conoce sus límites. Conoce de mentiras y conoce de odio. Ha sido criado de ese modo, y ver a Naruto temblar junto a su penoso antecedente y la relación que lo liga a ese soldado de cabello negro, le proporciona lo que necesita.

No es fácil adivinar la única cosa que desean en la vida aquellos pobres diablos que caen en sus manos para ser interrogados.

—Darte tu libertad.

Esa sensación, ese retortijón en el estómago, ese miedo genuino que siente...es horrible. Como una sinfonía desordenada en donde el sonido de las teclas de un piano no armoniza ni un poco. No tiene sentido. No tiene coherencia. Pero es esa clase de sonido que te hace sentir perturbado. Que con solo oírlo quieres que se detenga.

La mirada de Sai no es la de alguien que concilia, es la de un dictador.

Y por primera vez tiene miedo.

Miedo de responder algo y morir con la garganta hecha pedazos. Esa presión que le da su sola mirada es increíblemente sofocante. Nunca ante la ha sentido. Como un ciempiés, que una vez que te acorrala y se amarra a ti, no te suelta hasta obtener lo que quiere.

—¿Q-qué...?

—Eso es lo que quieres ¿no? —se ríe en su cara, aun acuclillado, como un niño perverso a punto de hacer una travesura demasiado seria. Pero Sai no es un niño y esa, por mucho, no es ninguna travesura menor—. Esto no es un campo de refugiados. Los perros como tú no necesitan entenderlo, solo necesitan mantenerse lejos de estos asuntos —hace una pausa, canturreando muy siniestramente—. Ambos perseguimos objetivos diferentes pero las líneas paralelas, en algún punto, se juntan ¿sabes?

—N-no entiendo —y enserio que no lo hace. Nunca ha sido bueno descifrando tanta palabrería.

—Estoy diciendo que aunque tú y yo tenemos asuntos independientes que deseamos solucionar, hay algo que nos une, aparentemente —¿Algo dice?—. Quieres tu libertad. Yo puedo dártela.—¿Y por qué confiaría en alguien como él?—. ¿Y por qué confiarías en alguien como yo, cierto? —ríe, malicioso—. Justamente por la misma razón por la que le ordené a mis soldados largarse y dejarme a solas contigo.

Lo puede matar.

Lo puede matar en cualquier momento y nadie podría decir nada.

Sasuke solo lloraría pero al poco tiempo recurriría a vengarse, y Sai, por supuesto, lo mataría con suma facilidad. Y luego seguiría Hinata. Y luego ese niño. Y luego esa mujer. Y finalmente toda Rhoda.

Solo le basta verlo a los ojos, esos que se parecen tanto a los de Sasuke, y ver como su muerte es el primer punto a ejecutar para causar un efecto en cadena y hacer que todo lo que quiere, desaparezca.

—Te doy tu libertad a cambio de algo, Naruto —el rubio no responde, solo escucha, sintiendo como todo su cuerpo tiembla. Ya no sabe si es por el dolor de los golpes o porque en verdad está aterrorizado—. Sé mi informante.

—¿Q-Qué? —una nueva risa macabra.

—Vamos —canta, lleno de sátira—. Te ves idiota pero no creo que lo seas tanto —hace una pausa—. Sigue haciendo lo que hasta ahora has hecho. Sigue jugando con Sakura a la escuelita. Sigue haciendo todo eso pero cada día me informarás lo que sea que hayan hecho. Si estornudan, si tienen fiebre, si se golpean, si se mal contestan. Todo.

—¿Có-cómo sé que me darás tu palabra? —Sai emboza una sonrisa para nada tranquilizadora.

Dios, siente, enserio, que se va a terminar desmayando ahí. En cuestión de segundos los anteriores soldados entran. No sabe ni en qué momento los ha mandado a llamar ni tampoco es consciente de lo que viene a continuación hasta que el sonido de dos disparos simultáneos se hace presente, zumbando sus oídos.

Los cuerpos caen, uno a cada lado de donde se encuentra arrodillado, y de nuevo esa sinfonía tétrica le cala los huesos.

Cuando alza el rostro, descompuesto en miedo puro, Sai está ahí, tan cínico sosteniendo un revólver, de vaya a saber uno de donde lo ha sacado. El cañon del arma aún suelta humo.

Están muertos.

Los ha matado. Así, sin más ni menos.

Quiere vomitar.

Quiere llorar.

Quiere morir.

—Esa es mi palabra, Naruto.

No hay salida.

Nunca la hubo.

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II

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Su nombre es Sakura. Sé amable con ella."

Pero ella nunca fue amable con él.

Nunca.

Nunca.

"Si me vuelvo soldado, podré cuidar de ti"

Que absurdo.

Que absurdo prometer algo tan importante a esa edad, y que más absurdo creer en eso.

Que absurdo estar soñando con esa conversación a estas alturas. Lo tuvo claro desde el inicio. Los humanos no sirven para prometer cosas pero sí para creen ciegamente en ellas. Recordar esos días y tantas promesas da pena pero sobre todo da tristeza no haber podido cumplir ni una. Al menos ella en lo que respecta pues él...

"Dije que me volvería soldado para cuidar de ti pero eso era cuando era un niño estúpido. Tú ya no figuras en mi futuro, Sakura"

—"Ni tú en el mío" —piensa, aun soñando, sintiendo como los parpados le tiemblan. Ese recuerdo se siente tan real. El niño de diez años, noble e inocente, valiente y sonriente, ya no está. No ha podido conservar nada de eso. Lo ha lastimado tan profunda como físicamente y eso es algo que Sakura no se puede perdonar a sí misma; y mucho menos él a ella—. "Ese era el plan" —piensa con ironía cargada de amargura.

Odio a cambio de poder mantenerlo con vida.

¿A cuanta gente además de Mikoto tendría que sacrificar?

El único pecado de Sasori fue estar cerca de ella y prometerle que juntos saldrían de ese lugar. ¿Qué hay de malo en creer?

—"No aprendes, Sakura" —se recrimina—. "Tú no naciste para ser feliz"

Pero no por eso tiene que arrastrar al resto.

Y lentamente el lazo que los unía, terminó de romperse. Es irreparable.

—"Ódiame. Ódiame. Mantente lejos de mí. Mantente seguro. Mantente fuerte"

Ser todo lo que ella nunca podrá ser.

Pero, y si se habían prometido odiarse tras ese suceso inevitable, ¿por qué ha ido a ayudarla?

Poco a poco va recobrando el conocimiento. Va recobrando la fuerza en sus manos como para sentir la sábana que la cubre y la suavidad de esa cama. La molestia que le proporciona la luz es irreparable pero es la suficiente como para apresurarla a abrir los ojos de una buena vez. El gran haz se vuelve una pequeña lámpara. Está en su habitación.

Está en casa. O al menos le gusta pensar que esas paredes le brindan alguna protección y un sentimiento de propiedad.

—¿Sakura? —Ah, Hinata, piensa, agradecida de que sea ella y no un lloroso Konohamaru quien la vea despertar, aunque también desea verlo desesperadamente—. Gracias al cielo. Por fin despiertas —pero no responde de inmediato—. ¿Qué pasa? ¿Sucede algo?

—A-Agua...—está sedienta, maldita sea. Siente la garganta tan seca que parece que no ha probado nada de líquido en años. Hinata se apresura a conseguírsela.

—Toma —dice, entregándole un vaso—. Bebe despacio.

Beber.

Tragos desesperados.

Succionar.

"Te dije que un día ibas a volver a necesitar de mí"

Cierra los ojos sintiendo como la cabeza le comienza a doler. Las imágenes de Sasori vienen como un volquete descarrilado, sin frenos, incapaz de detener. Sus dientes perforando su cuello, la sangre escurriendo y ella bebiendo. Se había prometido no volver a hacer eso. No volver a pedirle aquello. Era un pacto, un acuerdo, y ella lo había roto.

—¿Cuánto...?—dice con dificultad, apartando el vaso de sus labios, recuperando el aliento—. ¿Cuánto tiempo llevo así? —inconsciente, se refiere.

—Dos...Tres días. Creo. —de nuevo siente la cabeza explotarle.

—Ah, es mucho tiempo. —Hinata la mira atenta ante cualquier nuevo desvanecimiento—. ¿Y Konohamaru?

—Él está bien. Sasuke y yo nos turnamos para cuidarlo.

Sasuke.

Es verdad.

Él también estuvo ahí.

De hecho, sin su acertada y rápida decisión de haberla llevado a Cuartel, quizá la historia hubiese sido diferente. No tiene idea de lo que habría sucedido si él no hubiese actuado tan acertadamente. Además de ello también tiene recuerdos muy vagos de él junto a Sasori aunque solo son fragmentos sin sentido. Mientras eso sucede, Hinata puede claramente suponer la razón del gesto serio y compungido que Sakura acaba de poner.

—Él estuvo aquí —Sakura la mira, ansiosa por seguir escuchándola y que le actualice los detalles—. Él...peleó con Sasori pero afortunadamente no pasaron de los gritos. Creo que supieron controlarse porque tú te encontrabas mal —Sí, claro, piensa, irónica. Aunque secretamente agradece que no se hayan sacado los ojos estando ella en ese estado tan deplorable.

—Ya veo —dice, no agregando más. Está agotada. Quiere solamente seguir durmiendo y dejar de pensar por un momento en todo.

—Lo de ayer...—Sakura suspira, resignada. Evidentemente con Hinata ahí su intención queda descartada—. ¿Ya te había sucedido antes?

—Perdón...

—¿Eh?

—Por hacer que te preocuparas.

—Sigo estándolo...—confiesa, cabizbaja—, aunque afortunadamente Sasori pudo hacer algo —silencio. Esa es respuesta suficiente para que Hinata se anime a preguntar lo siguiente— .No esperaba que él...fuera como tú.

—"Él no es como yo" —piensa, con irónica amargura antes de contestar—. No. Sasori es humano —Hinata engrandece los ojos, sorprendida—. Yo, en cambio, soy algo así como una híbrida sintética. Nací humana pero me volvieron mitad Draug por todo lo que me hicieron. La parte inhumana y primitiva que vive en mí siempre está en constante lucha con mi parte humana. Mi cuerpo sufrió una adaptación a las células de Draug pero he vivido durante mucho tiempo y supongo que estoy cerca de mi fecha de caducidad —explica aunque no suena angustiada a diferencia de Hyuga quien ya no oculta su preocupación.

—¿Por eso perdiste el control? —Asiente, impulsándose con sus brazos para sentarse y dejar apoyada su espalda en la pared—. Entonces Sasori...

—Sasori fue encontrado cerca de una de las instalaciones en donde experimentaban con humanos. Así como yo pero...él era un niño humano. O al menos eso es lo que sé. Sin embargo la exposición con las esporas del exterior y la radiación de esos laboratorios le dieron a su cuerpo y a su sangre una particularidad única. Se volvió inmune a las enfermedades, y al ser inmune...

—Se hizo más fuerte —deduce y Sakura solo confirma.

—Sí. Su ADN se mezcló con el de las esporas pero no percibiéndolo como un virus sino como una fortaleza, sin la necesidad de la mano del hombre como en mi caso. A mí me inyectaron células de Draug directamente. Lo de Sasori no fue una infección.

—A diferencia de ti.

—Yo fui modificada. Mi genoma fue rediseñado a partir del de un Draug. El genoma de Sasori se rediseñó por sí solo, y al poseer un poco del virus de las esporas, es por eso que su sangre es una especie de catalizador para mí aunque no es el mismo resultado si bebiera sangre de un híbrido genuino —Hinata se turba ante eso último.

—¿No es suficiente? ¿Eso quiere decir que en cualquier momento podrías volver a tener un episodio similar al de hace unos días?

—Si tomo precauciones, no —explica intentando calmarla—. Aunque debo confesar que hace tiempo no me sucedía algo así —revela un poco perturbada. Hinata le da unos segundos antes de animarse a seguir preguntando.

—¿Cuándo te diste cuenta de que su sangre...? Bueno, ya sabes.

Hace mucho tiempo, piensa, melancólica. Su mirada trasciende de una escala gris a una más opaca. Nostálgica. Llena de lamentaciones pero también de momentos felices.

Oh, luego de Mikoto aún pudo ser feliz pero nuevamente tenía que echarlo a perder.

—Éramos muy jóvenes —suspira, recordando. Trayendo a la mente a un niño sonriente y a una pre-adolescente tonta pero valiente—. Fácilmente yo era más alta que él. Pero a diferencia de mí, él era muy...

...feliz.

"Y yo le arrebaté esa felicidad"

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III

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Cuartel.

Base subterránea de SHINOBI.

Konoha.

Casi 20 años atrás.

Soldados van y vienen de un lugar a otro.

La supuesta paz que tenían hasta ese día, desapareció.

Quejidos de dolor. La sala de emergencias junto a su personal no se dan abasto por lo que en los pasillos hay soldados del cuerpo médico atendiendo a sus agonizantes compañeros. Otros más, son solo gritos. Gritos desquiciados similares a los de una bestia furiosa.

Hay sangre, suciedad, miedo, desesperación.

En esos cortos meses lo único que había conocido era la estricta disciplina y todas las contra-medidas ante una infección de ese tipo...pero parece que la gente en realidad no se preparó para el día en que pudiera suceder.

Voces lamentándose, camillas en medio de los pasillos, más gente viniendo, otra más siendo llevada como si fueran animales violentos al "Santuario". Sasori le llamó así el primer día, antes de la lluvia de esporas, que vio llegar a varios soldados con síntomas bastante extraños.

El primer rocío. La primera advertencia.

Tiene diez años, los suficientes para conocer ya la crueldad del mundo. El virus de las esporas no clasifica ni sabe de edades, así mismo la crueldad del hombre tampoco lo hace cuando se trata de obtener un beneficio. Una solución desesperada.

Por eso, a pesar de ver como todo el régimen de ese lugar se desmorona por algo imprevisto, no le impresiona. No le conmueve. No siente nada.

—¡Niño, no estorbes! —le gritan un par de soldados.

Medallas en su uniforme.

Ah, son del cuerpo médico.

—Lo siento —dice simplemente, continuando su caminar en medio del caos a su alrededor.

Apesta, piensa.

Hay demasiada sangre.

Ah, demonios, quiere vomitar.

—¡Sasori! —una mano conocida toca su hombro. Ah, es el chico que le ayuda en los entrenamientos. Esos que es obligado a tomar porque el recién nombrado Canciller –la persona que le encontró hace cinco meses- ha dado la orden. Cabello castaño y tez morena. Ah, esa cicatriz en la nariz es nueva. Cierto, él es un soldado, y por como luce debe venir del exterior a proporcionar su ayuda con los heridos que arriban como si fueran moscas—. No deberías estar aquí, podrías infectarte.

¿Infectarse? ¿De qué?

De nuevo las náuseas de vomitar en cuanto oye más gruñidos. A unos metros es imposible de contener ya a un pobre epiléptico soldado herido. Sasori pone una mueca de asco cuando lo ve soltar por la boca brea negra.

Infectado. ¿A eso se refiere?

—Maldición, no debes estar aquí. Sígueme. Busquemos a Chiyo.

Dice Iruka, colocando sus manos sobre sus pequeños hombros, guiándolo entre los pasillos atestados de gente.

Recorren un buen tramo de éstos, entrando y saliendo en cada asesor; y a medida que continúan avanzando la gente se va esparciendo. Va desapareciendo. Sucede que en los pisos más inferiores, los más protegidos aparentemente, se respira una falsa calma, como si no ocurriese nada allá arriba. Al menos las náuseas se han ido también.

—¿Dónde está? —pregunta el menor, inexpresivo. Iruka encarna una ceja, confundido.

—¿Cómo?

—El soldado con el que siempre estás.

Se ha ido.

Kakashi se ha ido.

Pero no, no puede decirle eso.

Aunque le sorprende que le pregunte sobre él dado que Sasori no parecía tener una relación amigable con el platinado. A pesar de que varios instructores tomaron la tarea de mantenerlo entretenido durante pequeñas pruebas de resistencia –tal como el Canciller había ordenado-, Sasori terminaba por aburrirse y dejarlas pronto, y los cadetes también. No era un niño malcriado pero nadie entendía qué propósito tenía el que estuviera ahí. Un niño en SHINOBI; era la primera vez que sucedía algo así.

Kakashi, quien fuera el mejor amigo de Iruka y soldado también, tampoco toleraba al pelirrojo. Y entonces sorpresivamente Iruka se ofreció continuar nutriéndolo, no solo de conocimientos tácticos, sino también sobre cosas tan triviales como por qué el cielo es azul y porqué las rosas son rojas. Sasori no necesitaba que le enseñaran nada, era un niño. Y un niño desea que lo escuchen, más si es huérfano de padres.

Y por eso era demasiado perceptivo, e Iruka demasiado indulgente. Pero recuerda su lugar. Iruka es un soldado y Sasori un niño curioso, atento a todo lo que le rodea por mucho que algo no le agrade.

Y por eso definitivamente no puede decirle que Kakashi ha desertado. Ni a él ni a nadie.

—S-sé quedó apoyando en el exterior —y así había sido hasta que algo más poderoso que su entendimiento apareció. Iruka sacude la cabeza. Ya habrá tiempo de lamentarse e incluso llorar mañana. Incluso si le dicen que han hallado su cuerpo y aquel arranque de libertad le ha costado caro. No importa. Su prioridad es llevar a Sasori a un lugar seguro, lejos de la exposición de las esporas.

—Ya veo.

—¡Sasori! —Afortunadamente Chiyo los encuentra antes que ellos a ella, apresurándose al encuentro con el menor—. ¿A dónde fuiste? ¡Llevo rato buscándote!

Chiyo es la persona que le cuida, o eso es lo que aparentemente cree él. Le alimenta, le cuida, le enseña, en fin. Aún recuerda la manera desconfiada en la que la miró por primera vez. A ella y a todos. Llegar a un lugar aparentemente lleno de elementos militares es una imagen demasiado perturbadora para un niño que ha sido encontrado por ahí. Esos meses, sin embargo, han sido de gran aprendizaje a su lado. Puede decir que le agrada el cuidado que tiene hacia él.

—Lo encontré en los niveles superiores —revela el muchacho, agitado—. Todo es un caos allá arriba, Chiyo. E-esas cosas que caen del cielo están...

—Iruka —le detiene de tajo, mirando al niño a su lado—. Debo poner a Sasori a salvo.

—E-entiendo —responde. Claro, no debe otorgarle más estrés a Sasori del que ya debe tener—. Lo dejo en tus manos —y sin más adornos, se despide.

Sasori, a diferencia de cualquier otro niño de la ciudadela de Konoha, no conoce la paz. Pero piensa que vivir en una rutina no es tan malo. Adaptarse a ese lugar le ha costado casi nada además de conseguir un ritmo adecuado para sus deberes. Es autosuficiente, tanto que es una especie de genio. Pero para Chiyo es un niño. Un niño al que desea criar y hacer un hombre de bien, aun a pesar de que siga el camino de la milicia.

—Señora Chiyo —pero no hay suficiente tiempo para seguir pensando en eso en cuanto un soldado los aborda en el pasillo—. El Canciller solicita verla.

—Ah, claro. Solo llevaré a Sasori a su habitación.

—A ambos.

No hay suficiente tiempo para explicaciones, ni para caras tristes, ni para sentir preocupación. Angustiada, accede, colocándose siempre detrás del pequeño, siendo guiados por el soldado.

La sala del Canciller es enorme. Como un ostentoso recibidor y un atrio digno de reyes sin humildad, aunque a Sasori no le ha molestado en lo absoluto ir con él en cuanto se lo propuso la primera vez.

Hay penumbra pero incluso así hay gente que viene y va tan presurosa como en los pasillos. Sasori supone que algo grande ha sucedido pero no se molesta en preguntar. Las personas en SHINOBI tienen esa cualidad, de un día estar cundidos de miedo y caos, y al otro estar como si nada hubiese pasado. Nada le preocupa. Nada tiene porque cambiar. Ha sido así en los cinco meses que ha estado ahí.

—Canciller.

—Finalmente están aquí.

Eso debió significar algo para él.

O algo para el mundo.

Pero cuando tienes diez es muy difícil entender lo que sucede y lo que se avecina.

A medida que el nuevo Canciller, Shimura Danzo, se acerca a ellos, algo viene caminando a su lado. Algo casi en su totalidad cubierto por una gruesa y larga manta gris. El reflejo de Chiyo, al igual que cualquier otro ser humano ante lo desconocido, es alejarse. Es dar un paso atrás y de paso llevarse a Sasori consigo, cubriéndolo con sus brazos. Un gesto bastante conciliador, uno que por algún motivo al Canciller le satisface de una forma muy retorcida.

—Canciller, eso... —Sasori solo siente su mejilla entumecida a medida que Chiyo lo aprieta contra su cuerpo.

—Oh, es inofensiva, descuiden.

¿Inofensiva?

Habla... ¿de una mujer?

Y entonces, la ve.

Aunque Chiyo es incapaz de ver la expresión del niño que mantiene a su lado, protegiendo ante una posible amenaza, Sasori no siente ningún tipo de peligro.

Ni siquiera cuando el Canciller la aproxima más hacia ellos como si esa persona fuera incapaz de avanzar por si sola. Ni siquiera cuando le descubre el rostro y las manchas de sangre son lo primero que se asoma. Ni siquiera cuando luce como el ser más desdichado del mundo, carente de luz en sus ojos.

Famélica.

Herida.

Lastimada.

Sucia.

Desconocida.

Como una autómata que solo parpadea y respira porque así está diseñado el ser humano a trabajar, pero de resto luce deplorable. Tan inestable que pareciera que en cualquier momento va a desmoronarse en miles de piezas, como un robot.

—Danzou... —murmura Chiyo, ansiosa y renegada a aceptar en un primer lugar lo que acontecen sus ojos. Una jovencita no más grande que Sasori en tal estado no puede proporcionarle una primera buena impresión, y considerando la información que le han dado de los niveles más cercanos a la superficie, desconoce si es seguro estar ahí. Su imagen desalineada, y más que nada las manchas de sangre, no le da buena pinta—. Esa chica...

—La encontré —Sasori desvía la mirada hacia el hombre, chocando —. Así como a ti, pequeño Sasori.

—"Como a mí, dice" —piensa, volviendo a mirarla. No se mueve. No hace nada. Solo está ahí, como una muñeca de exhibición. Una muñeca rota—. "Que deplorable" —pero no lo dice por ella, lo dice por él mismo. Porque ese debió ser el estado en el que estuvo también hace unos meses—. ¿Tiene nombre? —pregunta, apartando un poco los brazos que lo apresan con fuerza. Aun con toda la renuencia de Chiyo por evitar que se acerque un poco a ese cuerpo inmóvil, lo hace.

Hay soldados también. Sasori los ha visto desde que ingresaron a la sala. Como más de doce elementos atentos a algo.

Vuelve a mirarla.

Sigue sin generar cambio.

¿En verdad está viva?

—No. Al menos no que yo sepa —confiesa el hombre, apartando completamente la manta. Sasori la detalla rápidamente. Es delgada. Mucho a decir verdad. Hombros flacos, piernas también. Su cabello...es raro. Pero no tan raro como el pigmento de sus ojos aunque presume que algo debió sucederle para no expresar absolutamente nada. Al menos respira, piensa. Señal suficiente de que no está delante de un cadáver embalsamado—. A partir de hoy vivirá aquí. Chiyo, te encargarás de ella —la mujer se escandaliza.

—¡Pero Danzou!

¿Otro niño?

¿Enserio?

¿Qué planea? ¿Tener una colección de abandonadas y rotas marionetas? El pensamiento no le hace gracia, de hecho es un pensamiento bastante cruel para un niño de su edad pero no puede pensar otra cosa acerca de esa situación.

—Rosa... —pero a cerca de eso...A cerca de lo que debería sentir, miedo por ejemplo, ante una persona con un semblante tan siniestro, se contradice. ¿Es esa la cualidad humana de un niño? ¿La de buscar vida y bondad aún en situaciones que carecen de explicación? No lo sabe. Lo único que sabe es que...—. Su cabello...

Es rosa.

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IV

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Lo llamaron "Lluvia de esporas"

Un extraño fenómeno de la naturaleza que trae consigo una especie de virus o algún patógeno que disocia a la gente hasta matarla para luego revivirla de la forma más repugnante posible.

Durante los siguientes días el Cuartel ha estado bastante ocupado. Los soldados no paran de ir y venir de un lugar a otro aunque los pasillos ya han sido limpiados en su mayoría. Allá afuera, por ejemplo, sigue siendo un completo desorden pero Sasori no tiene permitido subir al exterior sin supervisión.

Si no es con Iruka o con Chiyo o como una docena de soldados a su lado, no puede.

Aunque no es como que le importe mucho saber que tan deplorable se encuentra el mundo ahora con todo ese asunto.

—Auch —suelta tras recibir un golpecito con la espada de madera, cortesía de Iruka. A pesar de que todo es un caos, sus obligaciones son obligaciones. En ese lugar son muy estrictos con todo y por más que parezca que el mundo va a acabarse, debe atender a sus entrenamientos con él—. No estaba listo —reprocha, haciendo un puchero.

Es probable que el día de ayer haya sido bastante frío y nada empático con lo que sucedía pero su verdadera personalidad dista mucho de ser una persona seria. De hecho, Sasori es bastante expresivo y malhumorado. En ocasiones le gusta hasta bromear de una manera muy pesada.

—Estás distraído —reprende el más grande.

A esa hora la Arena debería estar repleta, como de costumbre, de soldados. Los horarios de entrenamiento se transmiten en las pantallas digitales que hay cada tantos metros repartidas a lo largo y ancho de esa enorme nave industrial. Sin embargo hoy está casi vacío en su totalidad. A Sasori le sorprende que, de hecho, Iruka esté ahí, tan puntual como siempre, entrenándolo.

En cinco meses al menos ya puede sostener como se debe esa simple espada y hacer uno que otro malabar. Demasiado tiempo pero ¿y qué? Nadie le dice nada. No es como que quiera ser soldado o algo así. De hecho está pensando en decirle a Danzou que mejor lo mande al exterior a hornear pan. Quiere una vida tranquila, no estresada como la que se vive ahí abajo.

—¿A dónde se fue todo el mundo? —refunfuña, dejando la postura de ataque para simplemente tomarse un descanso sin siquiera consultar antes si puede tomarlo. Iruka rueda los ojos, resignado.

—A este paso aprenderás a librar un duelo en unos diez años, pequeño Sasori —bromea a lo que el pelirrojo hace un puchero, provocándole las risas al mayor—. Aunque te entiendo, debe ser difícil seguir este ritmo tan estricto —y que lo diga, piensa para sus adentros, tomando con ganas de su botella de agua.

A Chiyo no la ha visto casi nada desde hace un par de días. Apenas y la ve en pequeños lapsos en los que la mujer se escapa de su nueva obligación para saludarle y darle uno que otro beso en la mejilla cuando ningún otro soldado está viendo. Incluso los gestos afectivos son como un tabú en ese sitio.

De resto, a Sasori le han destinado a otras dos institutrices temporales para su cuidado mientras Chiyo se encarga de esa chica.

Cierto, ¿qué será de ella?

¿Será algo así como su compañera de entrenamientos? ¿O la mandarán al exterior? De ser así, siente envidia. Él ya no soporta un minuto más ahí. Es asfixiante aunque sabe que no debe quejarse pues prácticamente le han dado todo en tanto lo ha pedido.

—Esa no fue la pregunta que te hice —reprocha, secándose un poco de sudor de la barbilla. Iruka solo suspira, tumbándose en el suelo.

—Se supone que no debo decirte esto pero ya que eres muy curioso te lo diré —sonríe aunque Sasori sabe que es de dientes para fuera—. Lo que pasó hace unos días ha alterado a todo el mundo. Estamos intentando contrarrestarlo de algún modo o al menos tener la menor baja posible —el niño continúa mirándolo, serio.

—Las personas de la otra vez... —aquellos que gruñían y destilaban un olor nauseabundo. Iruka calla, bajando la cabeza. Es un niño pero es bastante listo. Ese lugar al que llaman el Santuario es todo menos santo—. No necesitas decirme —dice, sintiéndose un poco mal de pronto por haber preguntado. El mayor solo le dedica una mirada llena de pena—. Por cierto —bebe otro sorbo de su botella—, hay algo que sí quiero preguntarme.

—En tanto esté en mis posibilidades responderte, adelante.

Ojos esmeraldas.

Cabello rosa.

Imagen de inmundicia y desolación.

—¿Qué sabes de esa chica? —el soldado engrandece los ojos—. La que Chiyo está cuidando ahora.

Silencio.

Genial, más misterio.

Eso no le convence pues por lo general, a pesar de que Iruka es demasiado indulgente y amable con él, le responde casi de inmediato a cada cuestionamiento nuevo que le hace. No es difícil leer su lenguaje corporal. De todos los soldados amargados que hay ahí, él luce como si no encajara en esa imagen de superioridad y estoicismo.

—No lo sé —Sasori frunce el ceño un poco.

—¿Realmente no sabes o no está en tus posibilidades responderme?

Ese niño es inteligente.

Más inteligente, incluso, que él.

Cuando Iruka lo ve, se pregunta a cerca de su pasado, de su presente pero sobre todo de su futuro. Del destino que le espera. Incluso se lo imagina, en un par de años, más alto que él, sirviendo a la gente, dándoles protección. Al menos eso es lo que a Iruka lo mantiene en esa posición de ser soldado pues hay cuestiones que no comparte del todo.

—Serías un gran soldado si te lo propusieras un día, pequeño Sasori.

Y se sonroja.

Y esa es su recompensa.

Es su misión, además de ser solo un instructor para él. Que no pierda su esencia. Que no pierda su humanidad. Que viva intensamente decidiendo, equivocándose, pero siguiendo todo en lo que él cree. Que no sea un soldado programado como el resto que solo obedece por obedecer.

"Estoy eligiendo mi libertad"

Piensa en Kakashi y en su fría cabeza. Está herido. Está dolido por tal abrupta separación pero reconoce que su amigo es de esos tontos que son valientes. Y quien sabe, quizá un día vuelva a verlo pero si no, si en verdad la búsqueda de su libertad fue a cambio de su vida, desea que no se haya arrepentido y que haya hecho lo que deseaba en esos momentos. Lo que le dictaba su corazón.

Y lo mismo quiere para Sasori.

—Yo no seré soldado —espeta él e Iruka solo le sonríe—. ¿Qué?

—Sé lo que tú quieras ser, Sasori.

Ella se les unió al cabo de una semana después del suceso de las esporas.

Las presentaciones oficiales solo se llevaron a cabo entre un grupo selecto de soldados a los que le provieron de solo la información relevante a cerca de su arribo. Entre ellos, Iruka.

Al treceavo día se unió a los entrenamientos. Y, demonios, qué difícil fue.

—No está poniendo de su parte.

—Una boca más que alimentar.

—¿En qué está pensando el Canciller?

Sí, ¿en qué piensa en llevar a otro forastero al Cuartel?

Mientras las migajas de pan se riegan por todo el suelo, lo medita mucho. Iruka lleva alrededor de media hora intentando –porque vaya que es paciente- hacerle a entender a ella las reglas básicas de un encuentro físico. Un intento un tanto en vano debido a que ella, vamos, no es muy expresiva. En todos esos días, según cuentan los miembros a cargo de ella, no ha dicho una sola palabra. Algunos hasta piensan que es muda. Y sobre su apariencia, bueno, al menos ya no porta esa ropa andrajosa y maloliente del primer día.

Pero sigue estando delgada. Muy delgada.

Parece que va a romperse.

¿Qué de provecho podrían obtener de ella?

De hecho ¿y de él que podrían también obtener? Ah, no lo entiende. Y no quiere hacerlo. Solo tiene hambre pues hace media hora que debió de retirarse e ir por el almuerzo. Y no es como que no se sepa manejar solo entre ese laberinto blanco. Iruka sirve de perro guardián y Sasori es muy flojo hasta para levantar el dedo de en medio de su mano para contestar a un cortés saludo.

¿Por qué lo complica tanto esa chica? ¿Qué no ve que está famélico?

—A ella no le vendría mal comerse un mamut —dice, irónico, soplando con cansancio.

.

V

.

—Su nombre es Sakura y a partir de ahora entrenará con nosotros.

Ah, con que Sakura. Le queda el nombre, piensa.

Aquella presentación carece de cualquier tipo de adorno o cumplido cariñoso. Algo impropio de una chica. ¿Y cuántos años tiene? Se ve un poco más alta que él; eso le molesta un poco. ¿Cuándo se supone que va a empezar a crecer él y llegar a los dos metros? ¿Cuándo comenzará a salirle vello? ¿Cuándo comenzará a cambiar la voz?

Continúa mirándola. ¿Qué no sabe saludar?

—Sé amable con ella, pequeño Sasori —pide Iruka, nervioso.

Es el vigésimo día después de las esporas y la chica llamada Sakura parece haber llenado un poco más el uniforme de diario. Vaya, al menos Sasori sabe que no desaparecerá en partículas por ser un cadáver famélico.

—Como sea —es su respuesta.

Sakura no asiente. No habla. No nada. Solo lo mira. Al menos hace eso. Al menos da indicios de que respira.

.

VI

.

Es el vigésimo segundo día y va tarde al entrenamiento.

La tostada que lleva en su boca se va desmoronando mientras intenta desesperadamente ganar la batalla con los botones de su uniforme y correr a la vez. Choca con casi todos y apenas puede pronunciar un "lo siento" bastante malo.

Maldición, se ha dormido.

Se ha quedado hasta tarde pensando en qué tal se verá en unos años con un poco de barba y bigote. Que pensamientos más estúpidos pero no le importa. Lo importante ahora es llegar a la Arena y ver como lidia con un malhumorado Iruka junto a la larga cátedra que seguro le dará a cerca de la responsabilidad y los malos hábitos.

Dios, que es tan desesperante cuando se comporta como el hermano mayor ejemplar.

Es tan molesto.

Tan irritante.

Tan...

—¡Wow!

Un grito, seguido de muchos más igual de frenéticos, lo recibe apenas pone un pie en la Arena. Hoy parece estar atestado de gente, o al menos una parte, pero no porque estén entrenando.

Algo sucede. Algo en medio de esa rueda humana que todos hacen rodeando algo.

No puede ver nada. Es como una selva llena palmeras robustas y altas, y él un pequeño mamífero intentando adentrarse entre sus ramas, en este caso sus enormes piernas. ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué tanto alboroto? ¿Dónde está Iruka? ¿Dónde está...?

Ella.

La única de pie. Como un alpinista llegando a la cima del mundo, sintiéndose increíblemente bien. Y debajo, el resto. Debajo, Iruka, respirando agitado, con los ojos tan abiertos que no cree lo que acaba de suceder. Y si él no cree ni entiende, Sasori mucho menos.

Le toma como medio segundo recobrar la compostura y analizar todo para tener una idea de lo que sucede.

Ella sujetando el brazo de Iruka, quien yace con la espalda en el suelo. Ella en una postura bastante complicada y poderosa, casi sin una perla de sudor a diferencia del soldado. Esperen... ¿ella lo venció en un encuentro cuerpo a cuerpo? Basta escuchar, además, el cuchicheo de los soldados a su lado para entender mejor la situación.

Lo ha vencido.

Lo ha vencido y además lo ha dejado exhausto.

¿Quién?

¿Ella?

¿La que necesita comerse un mamut para justificar tener tanta fuerza? ¿Cómo? ¿Cómo lo hizo?

¡Es una chica!

Sasori apenas y puede seguir el ritmo de los entrenamientos de Iruka porque rápidamente se cansa. Además de que le aburre, claro. ¿Cómo ha podido si quiera con ese cuerpo tan flacucho levantarlo a él, hacerle una llave, y dejarlo tumbado?

"Ella es Sakura"

Ah, lo está mirando.

Realmente lo está mirando por primera vez.

"Sé amable con ella"

¿Qué? ¿Por qué lo mira tan intensamente?

"Entrenará con nosotros a partir de ahora"

¿Está caminando hacia él? ¿Y porque todos los soldados, que hace unos segundos estaban a su lado, se alejan como si fueran ardillas asustadizas? Oh, por Dios, en verdad está caminando hacia él.

—¿Po-po...por qué? —balbucea, temeroso, tragando grueso el último pedazo de tostada acaramelada que se le ha atorado en la garganta debido a todo eso.

Ya está ahí, a centímetros de él.

Dios santo, va a golpearlo.

Seguro que sí.

¡Se vengará por el comentario del mamut!

Cierra los ojos, esperando el golpe.

Pero no llega.

Nunca llega.

En su lugar...una mano extendida.

—Soy...

—¿Eh?

—Soy Sakura.

Una presentación que cambiará su vida.

.

VII

.

Ella es fuerte.

Ridículamente fuerte.

Aun con ese cuerpo delgado y esa imagen de no matar a una mosca, lo es.

Lo es y aunque le gustaría saber de dónde viene esa inesperada fuerza y habilidad, no lo hace. Iruka dice que muy probablemente hubiese aprendido del modo que un delincuente aprende a pelear en las calles, y es que solo basta ver la forma tan ruin con la que se salta las indicaciones del soldado, atacándolo como si fuera una pelea callejera. Sabe pelear, sabe reaccionar, pero no sabe sostener una espada.

Tras el encuentro de hace unos días, Iruka ha comenzado a implementar el entrenamiento cuerpo a cuerpo con ella, y aunque le lleva ventaja, sigue siendo su superior, en un raro sentido.

Sasori, quien antes solía saltarse ese tipo de clases faltando por pura desidia suya, ya no lo hace. Los soldados en turno que se encuentran entrenando a esa hora se preguntan el por qué de ese repentino cambio dado que el pelirrojo nunca demostró interés o gusto por las actividades del cuerpo táctico de SHINOBI.

—Oye, debes realizar los ejercicios que te digo, sino entonces...

Uno.

Dos.

Tres segundos es lo que le toma a Sakura, siempre que Iruka empieza su discurso en medio de un combate, para tumbarlo.

Sasori ahora lo sabe porque es una persona muy observadora, y porque cada día no se pierde la manera en que Iruka es humillado. Al principio le causaba gracia ver como alguien más pequeño que él podía vencerlo pero con el paso de los días eso se volvió aburrido hasta el punto en que decidió mejor mirarla a ella.

Esa inexpresión al pelear. Esa simpleza con la que puede terminar el encuentro en tan pocos segundos. Los pliegues de sus brazos, ya no tan flacuchos por cierto, moverse debido a la fuerza de sus ligamentos ante tantos movimientos. Y ese pequeño hilillo de sudor resbalando de su barbilla.

Cuando Iruka lanza un golpe, Sakura, en vez de esquivarlo como un soldado cualquiera, lo enfrenta cara a cara. Tuerce su brazo, le hace una llave, incluso ha llegado a treparse como un koala bastante salvaje (la analogía le hace muchísima gracia, cabe decir) a la espalda de Iruka, trenzando brazos y piernas en su cuello, haciéndolo pedir clemencia en cuestión de nada porque eso, según él, es un juego sucio, no digno de SHINOBI.

Aún con todo eso Sasori ha aprendido una o dos cosas de la manera en la que pelea.

Bastante salvaje, ciertamente, pero incluso esa rabia y esa furia se le hacen interesantes. Eso sin contar que le gusta el color de su cabello. Es raro pero lindo.

—Sasori —el menor levanta la cara al llamado, topándose con Chiyo—. ¿Cómo has estado?

—Bien —responde simplemente, volviendo su vista a donde Iruka se encuentra sermoneando, por vigésima vez, a Sakura a cerca de su sucia manera de pelear.

—Supongo que ya la conociste —suspira la mujer, uniéndose a mirar al dúo.

—Ajá, y me pidieron que sea amable con ella —arremeda con molestia pero de una manera bastante graciosa para provocarle las risas a Chiyo—. Es imposible que sea amable con ella. Da miedo —pero aquella confesión suena bastante inocente viniendo de él.

—¿Enserio te da miedo?

Por supuesto que no, quiere decir. Es una expresión bastante universal pero en realidad la ha dicho porque viendo cómo puede pelear contra Iruka, de decirle algo seguramente le rompería hasta un brazo.

—Es muy fuerte —en su lugar contesta eso, suspirando aun sin apartar la mirada de ellos—. ¿Cómo es que una chica es tan fuerte?

—Tú también podrías volverte fuerte —Sasori la mira como si se estuviese burlando de él o le hubiese salido un tercer ojo.

—En el próximo siglo, supongo —Chiyo vuelve a reír—. Deja de reírte, Chiyo.

—Es agradable verte interesado en algo que no sean los libros —expresa, jocosa. Sasori solo rueda los ojos un poquito fastidiado—. ¿Aún sigues con la idea de no ser un soldado? —Ah, esa pregunta. Detesta esa pregunta. Detesta que se la hagan.

—No le veo sentido serlo —confiesa, pacífico, suavizando su mirada, cargándola de un sentimiento de necesidad bastante compasivo y ansioso—. No tengo ni la fuerza como ella.

—Ser un soldado no significa que vayas a ser un títere sin vida, querido niño —el oji marrón le mira de reojo, curioso—. Debes conseguir algo que te motive. Algo que quieras hacer. Algo que quieras proteger.

Proteger.

¿Algo así como a una persona?

Sasori es huérfano, no tiene hermanos ni ninguna otra familia. Ni siquiera una estúpida mascota o alguna planta por la cual sentir afecto. Y ciertamente en el lugar donde se encuentra no tiene cierto aprecio por nadie salvo Iruka y por supuesto Chiyo. ¿A eso se refiere?

—¿Algo así como a ti o al torpe de Iruka? —la mujer se azora primero, y luego sonríe, emocionada por el comentario, acariciándole los cabellos como una madre a su hijo—. Oye...—dice él, quejándose.

—Algo así —hace una pausa, meditando—. Aunque me gustaría que un día encontraras a alguien.

—¿Alguien?

Uno.

Dos.

Tres.

Iruka vuelve a perder.

—Sí. Alguien a quien desees proteger más que nada.

.

VIII

.

Uno.

Dos.

Tres.

Uno.

Dos.

Tres.

¿Existirá una forma de vencerla en dos movimientos en lugar de tres?

Sasori se lo pregunta cada noche al acostarse.

Dos en lugar de tres.

Sería genial poder hacerlo, piensa. Que en lugar de hacerla contener su potencial, enseñándole a pelear de una forma más pacifica según las normas de SHINOBI, vencerla estando en su mejor forma. Solo así podría presumir ser un poquito más inteligente y astuto que Iruka. Ríe ante el pensamiento.

Ah, como le gustaría ser tan habilidoso como ella. Ser fuerte. Aunque aún no se convence de que una vez que lo sea tenga ganas de volverse soldado.

Es decir ¿para qué? ¿Qué caso tiene?

Durante esos meses ha visto lo que hacen. Es aburrido. Y no tiene un objetivo específico por el cual luchar a diferencia de esos soldados que luego murmuran entre los pasillos sus planes en la vida. Unos desean subir de categoría tan rápido para ver montañas de dinero o para vivir una vida más acomodada de la que ya poseen. Otros simplemente perdieron a sus familias y desean venganza o mantener la cabeza ocupada en algo productivo. Otros, como Iruka, solo buscan hacer el bien. Proteger al débil.

"Debes conseguir algo que te motive. Algo que quieras hacer. Algo que quieras proteger"

Algo.

¿Algo como qué?

Ah, es tan molesto querer dormir y no poder hacerlo por tener tales pensamientos. Además del ruido de pasos que se escuchan afuera de su habitación, seguramente en el pasillo. Cada vez es mayor, cada vez son más voces y cada vez es más irritante.

—¡Dejen dormir, maldición! —vocifera a la nada, aventando una almohada a la puerta, más el ruido no cesa. Molesto, mira el reloj de su pared. Es demasiado tarde. Muy, muy tarde. ¿Qué hacen todos despiertos? —. Que fastidio —masculla poniéndose de pie sin muchas ganas, saliendo al pasillo con toda la intención de callar a quien sea.

Soldados vienen y van, otra vez para variar.

Otros más se quedan ahí, cuchicheando unos segundos antes de seguir el resto de la bulla. Todos han salido de la cama, aparentemente, pues portan ropa más cómoda que el uniforme de diario. ¿Qué es lo que tanto murmuran? ¿Por qué están tan exaltados? ¿De nuevo esas extrañas esporas?

Inconscientemente sus pies descalzos siguen a la multitud. Agradece que todos estén en su mundo pues no lo notan.

—"¿La Arena?" —piensa, extrañado, una vez que llega ahí donde ya varios soldados más también están. De repente tiene un dejavú pues una gran multitud rodea, de nuevo, algo —. "Hn, ¿y ahora quién es el pobre diablo?" —piensa con ironía, analizando la situación. Le ha tocado ver una que otra vez como algunos soldados reprenden a ciertos cadetes recién anexados a los cuerpos tácticos. Algo así como su pobre iniciación. Le aburre. Seguramente es lo mismo de siempre, un pobre imbécil siendo sometido por otro pobre imbécil un poco más astuto que él—. Tengo sueño —musita, desinteresado, dispuesto a irse por donde vino.

—¡Levántate!

Pero algo le hace detenerse.

—¡Levántate y pelea! ¡Muéstranos esa fuerza tuya!

Algo le hace querer voltear, a pesar de que no ve nada debido a la jungla de soldados enormes que le impiden ver el encuentro.

—¡No creas que por ser mujer tendremos compasión de ti!

Mujer.

Mujer.

La única mujer que conoce, que podría tener un alarde de fuerza similar al de cualquier soldado experimentado ahí...solo es...

Los pies se mueven por sí solos. Las manos hacen a un lado a todo aquél que le bloquea el paso.

Y entonces la ve.

La chica en la cima de la montaña, hoy está debajo.

Ya no está en la cima como cuando Iruka, está tumbada en el suelo, respirando con dificultad, sintiendo la sangre que escurre de su labio roto mientras sus brazos se cubren de raspones y moretones. ¿Qué hace ahí? ¿Por qué está ahí? ¿Y por qué está perdiendo un encuentro que fácilmente pudo haber terminado en los primeros tres segundos?

Porque, claro, Sasori la ha observado demasiado como para saber que puede hacerlo.

—¡Anda! ¡Defiéndete!

"¡Si! ¡Hazlo!", piensa Sasori, observando como aquél soldado tira de sus cabellos y la empuja. "¿¡Qué esperas!? ¡Solo necesitas tres golpes!", alienta en su mente, desesperado.

Pero pasa el primero.

Pasa el segundo.

Pasa el tercero.

Y nada.

No hay respuesta.

Solo más sangre y saliva que ella escupe debido a los golpes. Y esos ojos que arden de furia solo se están conteniendo porque ella no hace nada. Solo está ahí, resistiendo, aceptando todo como si fuera un castigo.

"¿Aún sigues con la idea de no ser un soldado?"

Si no hace nada...

"Aunque me gustaría que un día encontraras a alguien"

Si él no hace nada...

"¿Alguien?"

Uno.

Dos.

Tres.

Uno.

Dos.

Tres.

No.

Solo en dos.

Solo en dos movimientos.

Lo demás sucede demasiado rápido como para darse cuenta de lo que ha hecho.

Y el soldado, pierde.

Y el bullicio, cesa.

Hoy no es ella la que está en la cima. Es él. Él quien, en solo dos movimientos, ha logrado someter al soldado y noquearlo.

Hoy es él.

"Sí. Alguien a quien desees proteger más que nada."

—¿Estás bien? —y Sakura solo lo mira como quien ve un oasis luego de varios días tras haber perdido la esperanza de salvarse atravesando un eterno desierto—. Oye...

"Alguien a quien desees proteger"

Y parece que la encontró.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Respondiendo a comentarios sin cuenta c:

Elene: Pues no tuviste que esperar un mes para otro capítulo, pero para ver a Sasuke quizá sí (?) -la golpea- Jajajaja no es cierto, planeo conservar este ritmo. Espero que te guste tanto como el anterior!

Vanne: Públicamente no, porque es un tonto que no se da cuenta pero sí, está bien coladito por Sakura jijiji

Lucy Ruiz: ¡Tu teoría sobre Naruto fue correcta! c: Y respecto a Sasori, espero que con este nuevo arco de su pasado todas tus dudas sean resueltas. Muchas gracias por leer la historia y comentarla! Besos!

Aya: Definitivamente ese beso vino a moverles todo jajaja ¡Gracias por el apoyo a la historia! Eso me anima más.

Laurg: ¡Muchas gracias! La verdad es que me meto tanto en la historia como si fuera una lectora más jajaja Espero este capítulo igual sea de tu agrado c:

Notas:

La actualización más rápida del Oeste (っ˘u˘ς)

¿Acaso no la vieron venir? (͡- ͜ʖ ͡- )

¡Finalmente hemos llegado a tan importante arco! Uno tan importante como el de Mikoto, pero claro, ese estoy aguantándolo.

No se si sea un aviso, o cuenta como eso, pero el próximo capítulo seguirá la continuidad de este, es decir, seguiremos en el pasado contando un poco a cerca de Sasori y Sakura, de su convivencia y de cómo es que terminan por separar sus caminos.

Como pudieron apreciar en este capítulo, la antigua personalidad de Sasori dista muchísimo de la que tiene ahora. Antes era un niño bastante normal. El capítulo es un tanto gracioso ya que en parte quise demostrar que Sasori no siempre fue el chico rígido y cruel que conocemos actualmente. Él era un niño común y corriente, con pensamientos sosos y hasta flojos. Por eso es que quise describirlo con muchas preguntas en su cabeza y con muchos comentarios y pensamientos conflictivos como cualquier otro niño a esa edad. No piensa en algo en específico, no se amarra a algo solamente. Y sobre el pensamiento de ser soldado, solo vemos hasta el final de capítulo cómo es que se lo toma enserio pues en un principio él prefiere hasta ser un simple panadero XD Hasta lo vemos, incluso, llegar tarde a un entrenamiento que no desea tomar. Tal como un niño flojo no desea quiere ir a la escuela jajajaja

Espero que con esta parte de la historia puedan comprender un poco más su conexión con Sakura y los motivos reales por los que, en la línea de tiempo original, no se hablan. Yo sé que mucha gente ha esperado por esto ( つ•̀ω•́)つ Espero no defraudarles.

No extrañen a Sasuke, les aseguro que lo mejor, en cuanto a su relación con Sakura, está por venir. Ansío mucho llegar a esa parte. Y una de las razones por las que me ven aquí ahorita, actualizando tres días después del último capítulo, es porque no he podido contener mis ganas de escribir como posesa estas dos últimas noches. (Y porque no quiero tener una excusa si mañana pierde mi selección en el partido xD)

Espero seguir con esta racha y no estancarme jajajaja

Y sin más, espero que hayan disfrutado del inicio de este pequeño arco donde muchas de sus dudas se verán resueltas.

¡Besos y gracias por sus comentarios y teorías! ¡Enserio que me animan bastante leerles!

Rooss-out.