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XXIV

Héroe A

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¡Si no puedo recuperar el liderazgo, entonces no puedo dejar que se adelanten a mí!

—Anónimo.

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—Entonces ¿Dos movimientos?

Parece increíble.

—Ajá —pausa, engrandeciéndose de lo lindo, casi como si hubiese conseguido descubrir la manera de contrarrestar las esporas—. Sorprendente, ¿no?

Alrededor de ellos, miradas envidiosas y otras más ansiosas.

La Arena está medio vacía a esa hora pero hay suficientes soldados pendientes de ellos y en la manera en que Sasori alardea algo que a primera instancia nadie se puede explicar. Pero nadie es lo suficientemente entrometido como para preguntar qué clase de brujería, pócima o entrenamiento espartano le ha impartido Iruka a ese enano de cabello rojizo para ser capaz de dejar en la lona a un soldado de rango medio.

Y es que nadie ha encontrado una respuesta al enfrentamiento de hace apenas una noche.

Algunos consideran que ha sido un desgarre de adrenalina, -muy comunes cabe decir- lo que ha provocado que Sasori haya liberado tal arranque en defensa de aquella chica. Pero por mucho que se haya debido a ese factor, es difícil creer que alguien de la talla de un niño como él, sin el más mínimo interés o conocimiento en las artes marciales básicas, haya sido capaz de tumbar a una persona que fácilmente le duplicaría la edad.

Hay tantas teorías, por supuesto; desde la más lógica hasta la más absurda y, de algún modo, a Sasori, en vez de molestarle toda esa atención que no ha pedido, le divierte la manera en que los soldados, desde la mañana, no le quitan los ojos de encima.

Ah, el dulce sabor del karma, piensa.

Y mientras él no puede borrar esa descarada sonrisa, Iruka no puede evitar sentirse un poco infantil y reírse de todo eso también.

Tanto Sasori, como ahora Sakura también, son intocables dentro de SHINOBI. ¿Razones? Iruka no comparte el término "mascotas del Canciller" que el resto de los soldados han desperdigado por todos lados entre boca y boca. No lo hace ni lo hará. A sus ojos solo son niños. Vaya, solo basta mirar la bravuconería y desfachatez con la que Sasori le devuelve miradas a soldados más altos que él para entender que todo ese asunto es como haber hecho una travesura y estar riéndose de ello.

Y sin embargo no puede sentir que deba regañarlo por haber defendido a su compañera.

Hasta puede decir, con tan solo mirar cómo se comporta, que hay algo diferente en él que le despierta un buen presentimiento.

Y no puede hacer algo más que únicamente unirse a su regocijo, claro, en la medida que su imagen de figura de autoridad le permite serlo.

—Debo reconocerlo —le contesta, jocoso, colocando los brazos en jarras.

—Quizá sí soy un genio después de todo —dice Sasori, engrandecido.

—Seguramente, pequeño Sasori —"Un niño", piensa el mayor, jugando con sus cabellos. Un niño...como la chica que también tiene en frente, a lado de él. Sakura, en todo ese rato, ha permanecido callada. Cabizbaja pero Iruka sabe que no es porque lamente su comportamiento, sino parece ser que lamenta el de él. El de Sasori.

Y es que, si bien no quiere buscarle alguna respuesta a todo eso aún, al cómo Sasori ha sido capaz de derrotar a un soldado en plena forma, lo que le inquieta ahora es el comportamiento de esa chica.

Tan callada.

Tan gris.

Tan todo y a la vez nada.

Durante ese corto tiempo no había dado indicios de ser una rebelde o una opositora del Cuartel. Lucía, verdaderamente, como una chica cualquiera. Incluso pensaba que se le hacía hasta cruel tener que impartirle el mismo entrenamiento a ella a como lo hacía con Sasori. Una chica, una mujer, es más frágil que un hombre, y Sakura, la primera vez que la vio, se veía a punto de desprender su último pétalo, su último aliento de vida.

No dudó en obedecer las órdenes directas de Danzou, pero más que seguir una orden, siguió su humanidad. Una chica, en ese estado, que bien podría ser Sasori o cualquier otro niño de la ciudadela de Konoha.

¿Qué derecho tiene él de juzgar a alguien a quien no conoce?

No sabe nada de ella, del mismo modo que Sasori, y aun así fue el más pequeño el primero en brindarle su ayuda a pesar de ser consciente de las carencias de su propio cuerpo y habilidad.

Servir para escalar y ser un soldado de renombre, o servir por el bienestar del pueblo. Sasori le recuerda mucho a él, y si ese niño le ha dado una lección de humanidad aun siendo inconsciente de ello, ¿quién es Iruka para no brindarle también a esa chica la misma dedicación que a ese niño?

"Todos somos personas rotas. Al final del día hay más valor en ese tipo de personas que en las que nunca han sufrido nada"

Irreparable.

Pero esa chica no lo es.

Es fuerte.

Y con algo de apoyo podría hacer de ella una persona de bien.

De ambos.

—Ustedes dos...—murmura, apoyando su peso en una sola pierna, mirándolos con detalle. Desidiosos y abandonados por la mano de un Dios en el que pocos creen. Sin nada, a simple vista, que los destaque del montón de gente. Aun con todo eso que carecen, Iruka los mira como un padre mira por primera vez a un hijo— podrían volverse un pilar muy importante para SHINOBI algún día.

—Ya te dije que yo no...

Con ese destello de que ese mundo les quedará demasiado pequeño el día en que descubran su propia grandeza.

—Sí, sí, lo sé muy bien, Sasori. Sean lo que ustedes quieran ¿de acuerdo?

Como un gran sabio augurando un buen futuro a los brotes del ciruelo que poco o nada de esperanzas de vida tiene luego de un duro invierno.

—Si tú lo dices.

Brotes que un día pueden llegar a florecer.

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I

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Cortar y pelar papas no es exactamente el tipo de recompensa que Sasori esperaba luego de su gran acto heroico. Esperaba, al menos, un gran alarde por parte de Iruka sobre sus increíbles y ocultas habilidades motrices acerca de lo de anoche. Incluso esperaba (porque es un niño bastante simple y soñador) que la noticia durara al menos una semana en boca de todos y que le elogiaran por ello.

Cabe decir que, además, esperaba algo así como una felicitación y hasta unas largas vacaciones de entrenamientos por parte de Iruka.

Es decir, ¿si vieron cómo acabó con ese soldado en dos movimientos? ¡Dos movimientos! ¡No tres!

¡Ni siquiera ella hubiese sido capaz!

Empieza a considerar que en verdad es un genio y que su fuerza y su talento nato solo han estado dormidos porque él es muy vago hasta para darse cuenta.

Cualquiera que fuera la forma en la que pudiesen premiar su hazaña, algo como ayudar en la cocina no era ni mínimamente lo que sentía merecer.

"Ha sido bastante heroico lo que has hecho por Sakura, Sasori, pero ambos estaban fuera de la cama en un horario que no les correspondía así que..."

—Tonto Iruka —murmura entre dientes, insatisfecho de encontrarse en ese lugar tan pequeño como es la bodega de alimentos, compartiendo un incómodo silencio con ella justamente. Tienen alrededor de cinco minutos (luego de que las cocineras le indicaran la manera exacta y ridícula de pelear y cortar) ahí. Sasori siente que se asfixia. Nunca ha sido bueno con las palabras porque normalmente nadie habla con él más que Iruka y Chiyo, y no es como que fuese muy partidario a las conversaciones alegres.

De hecho preferiría que nadie le hablara. Es un desgaste de energía tremendo, según él.

Primero son diez. Luego quince. Finalmente son treinta minutos los que siguen ahí en completo silencio.

La tarja de Sasori apenas lleva unas ocho papas peladas mientras que Sakura parece aún lidiar con la primera desde hace media hora.

¿Es tan difícil pelar una papa?

Sus dedos inseguros, su mano temblorosa, la posición del cuchillo incorrecta.

A ese ritmo van a terminar hasta entrada la madrugada y no está dispuesto a perderse la cena.

—Lo estás haciendo mal —suelta, serio desde su lugar, viendo como apenas ella le mira. Suspira, derrotado—. Trae acá —pide aunque finalmente es él quien se acerca y le arrebata el tubérculo de la mano. Cortes irregulares y demasiado gruesos han mutilado esa pobre papa, dejándola casi deforme e inservible—. ¿Qué nunca has cortado una? —pregunta como si la respuesta fuera tan absurda y toda esa situación fuera casi risible.

Porque a simple vista se ve como una actividad tan obvia para cualquier persona que ha pisado esa tierra, pero para Sakura, quien luce realmente atenta a la segunda explicación del día sobre cómo pelar una papa, parece como si fuera la primera vez.

Y Sasori se siente mal de repente.

—¿Estás bromeando, no? —Sakura no responde pero al menos es más expresiva con sus ojos y la inocencia de en verdad no estar mintiendo en cuanto lo ve—. Vaya, sí que eres rara —a pesar de que su comentario no es para nada hiriente, a la pelirrosa parece no importarle—. Toma. Sujeta el cuchillo así —explica, tomando una segunda papa, colocándose a su lado, disminuyendo la rapidez con la que lo hace por segunda vez—. ¿Ves?

—Sí...

Qué bonitos ojos.

A pesar de no tener ese brillo característico que hace que un rostro se ilumine, a Sasori le parece que ese verde esmeralda inusual es demasiado llamativo como para negar que es bonito. La mezcla que hace con su cabello también la hace resaltar mucho del resto de soldados féminas. Es, sin lugar a dudas, una chica bastante curiosa, aunque poco puede decir de ella considerando que él tiene el cabello rojo y los ojos claros.

Menudo dúo raro.

—Anda, hazlo tú ahora —Sakura asiente, intentando una tercera vez, consiguiendo tasajear las cáscaras más finas finalmente—. Aprendes rápido —la ve asentir, callada de nuevo—. ¿Sabes? —inicia, volviendo a lo suyo—. La gente común está acostumbrada a decir gracias cuando alguien le ayuda.

No es como que le importe mucho haberle enseñado a pelar una simple papa, es más bien debido a lo de ayer.

—¿Gracias...? —él asiente, ansioso—. Ah, uhm..., gracias.

Enserio es rara, piensa.

A pesar de mirarse un poco más grande que él, es como si careciera de los fundamentos básicos a cerca de las relaciones interpersonales. No es como que a él le encante ser amable con la gente y parlotear siempre, pero con solo mirarla, ver como se expresa, cómo se mueve, cómo se comporta, no puede evitar pensar que a quien tiene en frente es una persona que parece haber vivido debajo de una piedra durante mucho tiempo.

Sabe su nombre, pero no sabe nada más. Salvo, claro, que es más fuerte que varios soldados ahí. Lo que lo lleva a interesarse remotamente en su proceder.

Sí, no es la persona mejor indicada en querer saber sobre la vida de los demás pero están ahí, solos en medio de verduras y semillas, no pierde nada con intentar ser un poco sociable.

—Vienes de afuera ¿verdad? —la tajada con el cuchillo se detiene, y el almidón líquido se escurre en la mano inmóvil de Sakura, sin darle la cara—. El Canciller dice que te encontró la noche de las esporas —pasan unos segundos realmente tensos antes de oír su respuesta.

—Sí...

—¿Y...? —añade, instándola a que siga hablando pero Sakura luce peor que un niño de tres años intentando descifrar caras y gestos—. ¿Tienes familia? ¿Algo?

Familia.

Esa palabra sí la conoce.

Sakura aprieta con una extraña fuerza el mango del cuchillo un poco antes de responder de manera mecánica.

—No. Soy huérfana.

—Como yo —dice él llevándose ambas manos a la boca luego de darse cuenta que ha pensado en voz alta. Maravilloso. Se aproxima un momento lleno de lamentables recuerdos y desgracias que prefiere omitir antes de volverse un melancólico—. Bueno...—carraspea, nervioso, y lo que supone es una respuesta instintiva humedecida por la inocencia de su edad, para Sakura se convierte en un halo de realidad y esperanza que no creer merecer—supongo que también eres una pobre mortal como cualquiera, solo que más fuerte.

Como cualquiera, ha dicho.

Como él.

Como el cocinero que entra a supervisarlos de vez en cuando.

Como Iruka.

Como Chiyo.

Entonces... ¿está bien aceptar esa vida? A pesar de considerarse un monstruo... ¿está bien para ella ser catalogada como una persona cualquiera?

De repente quiere llorar.

No sabe cómo detener eso. El agua salada que escurre en contra de su voluntad.

—¿E-estás llorando? —¡¿Y ahora cómo se supone que él lidie con una persona cuando está llorando?! Lo que es peor ¡¿La ha hecho llorar él?! ¡Pero si no ha dicho nada!—. O-oye...

Hace tiempo que no lo hace.

Hace tiempo que no consuela.

Y ella, en cambio, hace tiempo que no llora.

Como si luego de varios días de haber recorrido un extenso desierto, finalmente encuentra esperanza debajo de las sombras de algunas palmeras, rodeando un oasis.

Es tan doloroso abandonarte a la desesperanza. Saber que vas a morir y nadie va a hacer algo para evitarlo, porque no le importas a nadie. O porque la vida se ha empeñado con arrebatarte todo.

No recuerda la última vez que ha llorado.

Ah...Sí recuerda.

Y recordarlo le hace sentir miserable.

Le hace sentir un dolor insoportable en la cabeza.

Mikoto. Mikoto. Mikoto.

La dulce y tierna Mikoto.

¿Por qué se fue?

¿Por qué la dejó?

Por qué...

—...me dejaste sola.

Mikoto tonta.

Fugaku tonto.

Itachi tonto.

Y...ese innecesario bebé que no debió nacer.

De no haber nacido, Mikoto estaría viva.

Sakura sabe que no debe sentirse así. Que a pesar de saber que Mikoto ya no está, al menos una parte de ella vive o eso quiere creer. Pero su subconsciente se ha encargado de no recordar ni siquiera el nombre que su madre, en su último aliento, le ha dado. Le ha bloqueado incluso el reconocimiento facial a cerca de ese ser diminuto al que ha abandonado.

Y es mejor así. No quiere recordarlo. Llegará el día en que el destino la atará de manos y pies, y le cobrará todo lo que ha hecho...pero no ahora.

Un monstruo como ella no puede cuidar y hacerse cargo de un bebé. A pesar de haber prometido tal cosa, Sakura se encuentra atravesando un duelo que parece será eterno. La persona a la que más amó en tan poco tiempo se ha ido y con ella el calor de su mano sopesando sus momentos más inestables. Ha retrocedido todo lo avanzado, todo lo aprendido a su lado.

Haberse aferrado a una persona, la ha hundido. Ya ni siquiera es el dolor de su pasado, el hecho de que hayan hecho y deshecho con ella como les plació, lo que más le duele.

Nuevamente siente que no encaja en el mundo.

Nuevamente siente que no vale la pena vivir por algo que solo será efímero.

Nuevamente no hay nadie que la saque del fango al que siempre ha pertenecido.

Está cayendo.

Se está hundiendo.

Se está desquiciando.

—¡Sakura!

¿Mikoto?

—¡Sakura! ¿Estás bien?

Qué cálido.

Qué dulce aroma a turrón y a canela.

La seguridad y el calor de la sensación de tener las manos de Mikoto sobre su piel parecen volver de otra forma.

Ah, ya recuerda en donde se encuentra.

En dónde y con quién.

Está herido, piensa al permitirle a sus ojos observarlo con detenimiento, alejando cualquier otro pensamiento que le impida no concentrarse en él y en la forma tan intensa y preocupada con la que la mira. Es muy pequeño para tener tales preocupaciones o ella muy tonta para dárselas. Y sin embargo está ahí, tomandola de los brazos, a pesar de que no se conocen de nada.

"No todas las personas son malas, Sakura"

Esa gasa casi escurrida cubriendo un moretón.

Esos pequeños raspones debajo del mentón.

Claro, piensa de nuevo, recordando la noche de ayer. No defenderse de las provocaciones de los soldados sería ese castigo por haber hecho cosas horribles en el pasado. Sea quien fuera quien tirara el primer golpe o la primera provocación, por mucho que deseó defenderse, no lo hizo. Era su castigo. Era su forma de arrepentimiento.

Y entonces él apareció sin nada en lo que depositar su suerte.

—¿Estás bien?

—"Es la misma pregunta que hizo ella"

Mikoto; el día en que la encontró.

—Tu mejilla...—Sasori se rigidiza, entre nervioso y acalorado, cuando siente la mano contraria tocar su mejilla.

—Ah, ¿esto? —pregunta él, llevando su mano a la zona cubierta mientras Sakura la aparta de a poco—. Ni duele —admite, riendo levemente. Sakura, por el contrario, mira cabizbaja recordando que es debido a ella que él se ganó tales heridas—. Vamos, quita esa cara. No te ayudé para que te sintieras mal por mí.

—¿Por qué? —cuestiona, curiosa, confundida. No se conocen de nada y ciertamente Sakura es consciente de que ella representa más peligro para él que cualquier otra persona. No se siente con la valía suficiente para obtener la ayuda de alguien extraño—. ¿Por qué me ayudaste?

—Porque lo necesitabas...y porque quería hacerlo.

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II

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Su nombre era Sasori y, además de ella, era el único niño con el que podía presumir sentir cierta cercanía.

Quizá porque compartían ciertas cosas en común o por el hecho de ambos ser huérfanos, o aún más por ser llevados a ese lugar por el Canciller. Ninguno de los dos lo sabe pero a medida que transcurren las horas, los días se hacen menos pesados que nunca.

Con Sasori, por ejemplo, no hay mucho avance en cuanto a su planteamiento inicial sobre volverse soldado. Sí, la descarga de adrenalina de hace unos días ha sido genial, pero él lo atribuye a solo el impulso por querer ayudarla. Aunque lo piensa más a menudo que antes, y cómo no si Iruka no para de llevar su cuerpo al límite con cada clase. Sakura, por otro lado, no depende mucho de las indicaciones o explicaciones del soldado a diferencia de para otras cosas, como en su educación, por ejemplo, de la que Chiyo está a cargo.

Porque son algo así como dos seres a los que hay que enseñarles a tomar la cuchara de la sopa correctamente aunque claro, Sasori presume de sabérselas todas a diferencia de Sakura quien luce más perdida que una aguja en un pajar.

—Yo digo —hace una pausa prolongada, masticando vehementemente el bocado de su emparedado — que la mejor manera de asaltar el almacén de alimentos es cuando todos vayan a dormir.

—¿Tenemos autorización para hacer eso?

—Claro que no.

Sin embargo, y a pesar de tener esa personalidad un tanto cínica y socarrona con el resto, Sasori se ha vuelto un poco más paciente estando con Sakura. Cosas pequeñas, travesuras medias, cosas como planear asaltar los víveres en un horario que no les corresponde, son esa clase de planes que al pelirrojo le gusta elaborar y compartir con ella de vez en cuando durante sus descansos o cuando finalizan sus entrenamientos con Iruka.

—¿Entonces por qué lo haríamos?

—¿Por diversión? —calla por un momento, metiendo el último bocado a la boca, sacudiéndose las migajas de las manos—. Y porque me condicionan a una barra de chocolate al mes. Eso no puede ser posible. Soy un niño en crecimiento. Necesito al menos seis de esas barras al día —alega, exagerando por supuesto, mirándola a un lado de él dar pequeños bocados a su emparedado como si fuera un pájaro recién nacido. Sí, considera que ya no está tan delgada como antes pero se nota que aún le falta conseguir más masa muscular—. Y tú necesitas, al menos, doce de esas cosas —dice, refiriéndose al chocolate.

—¿Chocolate?

—Sí. Es delicioso.

—Yo...Nunca lo he comido —Sasori engrandece los ojos, casi yéndose para atrás ante la confesión.

—¿Estás bromeando? —Sakura niega, solemne, como si en verdad no le afectase pues, claro, desconoce de lo que habla—. ¿Debajo de que roca has vivido estos años? —la pelirrosa frunce un poco el entrecejo, ofendida. Diablos, parece que se ha pasado un poco, piensa el más pequeño.

—No en una roca pero sí en un lugar muy diferente.

—L-lo siento. No quise decirlo de esa forma —se disculpa, bajando la mirada un poco. Sakura no le mira pero no se muestra realmente molesta por el comentario. Más bien posee un semblante melancólico y entristecido—. ¿Quieres contarme?

—¿Por qué lo haría? —pero el golpe de realidad lo estremece un poco. De hecho, ¿por qué lo haría? Se siente estúpido pero últimamente siente que serlo, o ser ridiculizado, no importa mucho cuando está con ella.

—Mmm, no sé, podemos ser una especie de amigos, supongo.

Lo ha dicho.

Y, Dios, ¡que vergonzoso ha sido!

Si bien el rostro de Sakura no es un poema digno de la sorpresa, es lo suficientemente convincente como para que Sasori pueda entender que tal palabra posee un gran peso en ella. Y no solo ha sido esa, de hecho, se ha dado cuenta que hay ciertos temas que Sakura evita tocar o al menos evita que tengan conexión con sus asuntos personales. Y es que él es todo menos discreto. La ha observado más de la cuenta desde lo acontecido el día que los pusieron a pelar papas.

No.

Ha sido mucho antes.

Sasori no ha podido pasar por alto su gran presencia desde el día en el que la conoció.

Sakura es un misterio. Uno bastante descarado. Uno que se pasea en sus narices...pero incluso si es así, hay fragilidad en esa chica. Algo que le impide tratarla como al resto. Como una débil flor que necesita protección.

—Amigos...—la oye murmurar bajito antes de continuar—. Hace tiempo tuve una amiga.

—¿Enserio? —cuestiona, sorprendido no solo de la respuesta sino de la disposición de la pelirrosa por iniciar la conversación sobre un tema que, visiblemente, le afecta—. ¿Cómo era? —pregunta, cauteloso, no queriendo presionarla.

¿Cómo era Mikoto?, piensa Sakura, suspirando.

—Era...alta —comienza, trayendo a su mente la imagen de una Mikoto saludable. Sonriente. Una Mikoto sin angustia, llena de vida. No ensangrentada con una herida en el estómago tan profunda que acabaría con su vida porque ella lo hubo decidido así. Cierra los ojos, rechazando esos recuerdos—. Y muy bonita. Sus ojos eran negros y su aroma era como los jazmines —Sasori sigue silencioso, mirándola con atención—. Su cabello era como el cielo en la noche. Era el más hermoso de todos.

—El tuyo también lo es —Sakura detiene su relato, azorándose finalmente, mirándolo.

—¿Eh?

—¿No crees que tu cabello es bonito? —la pelirrosa deja de mirarlo, pasando a prestar atención en esa larga cabellera atada a una liga sin gracia que posee sobre sus hombros—. Lo es. Es raro, sí, pero...

"Qué cálido", piensa Sakura, cuando lo siente acomodarle un mechón por detrás de la oreja. ¿Por qué? ¿Por qué la mira así? "No lo hagas" "No me mires como ella lo hizo"

Duele pero...de algún modo...

—Muy bonito.

Es diferente.

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III

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—Toma. Una muestra de nuestra amistad.

Amistad, dice, sonriente, entregándole una barra de chocolate una vez fuera del almacén de alimentos. No le ha preguntado cómo es que hizo para meterse ahí y salir con facilidad. Supone que debe haber ingeniado algo genial.

"Genial...", hace tiempo que no se siente así.

A pesar de que posiblemente esté mal lo que estén haciendo, porque evidentemente pasa del horario en que deberían ya estar en la cama, cuando ese niño le sonríe puede sentirse parte de él y de todo su mundo. Un mundo totalmente distinto al que Mikoto le hubo mostrado.

Igual de nuevo.

—Chocolate.

Igual de divertido.

—Pruébalo.

Igual de importante.

—Sabe bien ¿no?

—Sí, sabe bien.

La vida, a su lado...

Comienza a saberle bastante bien.

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IV

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Como es de esperar, porque él es algo así como un can súper entrenado para oler todo, Iruka los ha descubierto.

O al menos esa es la razón por la que ambos creen, Sasori en su mayoría, que ahora los tiene ahí frente a él, fingiendo una sonrisa a cerca de no saber que han ido a husmear en el almacén de alimentos. Sí, es probable que no sepa que hayan estado ahí pero Sasori casi puede apostar que Iruka sabe, al menos, que han salido de la cama sin supervisión.

¿A dónde? Quizá no sepa eso, pero la primera sospecha es suficiente para él y para el castigo que les espera.

Esa sonrisa nada amable, aunque si bien no es peligrosa, a Sasori le pone los pelos de punta. Un silencioso Iruka es mucho peor que uno ruidoso.

Solo Dios sabe lo que por su mente está pasando.

—Hoy... —Sasori traga grueso, suponiendo que esa pseudo alegría y pacificad es pura manipulación— es un día maravilloso para ponerles un reto —antes de que el pelirrojo pueda replicar, se oye un tintineo. ¿Qué? ¿Ahora les pondrá un lacito alrededor del cuello para identificarlos y saber dónde se encuentran cada vez que "esa cosa" suene?

Sakura, como es de esperarse, asiente, solemne, sin tener una remota idea de lo que Iruka está diciendo y por qué lo está diciendo y, mucho menos, sin percatarse de toda la sarta de objeciones que Sasori, a su lado, está a punto de dar.

Porque, vale, sí que han infringido una regla pero considera que no es para que los castigue así. ¿Que no recuerda lo malo que es él en combate? Claro, de Sakura no puede decir lo mismo. Es como tener a diez hombres en una mujer.

—Tendrán que quitarme estos cascabeles —Sasori lo mira con desgano. La idea es absurda de por sí. ¡Él apenas y puede acercársele! Sakura tendría más oportunidad, ciertamente. Quizá si le pide que ella se encargue de todo podría...—. Trabajarán juntos para lograrlo. Pueden usar cualquier cosa del equipo que tienen atrás —Sasori y Sakura solo direccionan los ojos a donde se encuentra esa mesa de metal donde varias armas de utilería y herramientas están ordenadas. ¿En verdad espera que vaya y tome una de ellas sin representar un peligro para su estabilidad emocional? —. Atáquenme con todo lo que tengan. Pero les advierto algo: cada uno deberá conseguir su cascabel. Quien no lo consiga será llevado al exterior.

¡Quiero ofrecerme! Quiere decir, emocionado.

Si ese es el caso va a quedarse sentado sin hacer nada. Lo que más desea es salir un rato.

—Pero no se confundan. Serán expulsados de la ciudadela.

¿Qué cosa ha dicho?

Sasori voltea a ver a todos lados esperando que se trate de una broma. Buscando algún indicio de que todo eso solo sea una jugada malvada en complicidad con algunos otros miembros del equipo táctico de soldados. Voltea a mirar a todos lados, incluyendo a Sakura, pero ella es un caso perdido. Se le olvida que es inexpresiva casi todas las horas del maldito día. Un loro tiene más frases, aunque sean repetidas, que decir que ella.

Le corresponde a él volverse un histérico.

—Estás bromeando, ¿no? —la sonrisa inicial del Iruka ya no está. Diablos, como detesta cuando se pone en plan de ser el soldado Dios omnipotente. Como sea, igual no va a quedarse callado porque le intimide un poco. ¡No pueden echarnos así como así!

—Pero ¿de qué te preocupas, pequeño Sasori? Solo tienes que quitarme uno de ellos —dice, canturreando, sosteniendo ambos cascabeles.

Solo quitarle uno.

Como si fuera un dulce, dice.

¡Está loco!

No le causa ninguna gracia. De hecho, por primera vez está nervioso. Preocupado además.

—Tienen cinco minutos para prepararse.

A Sasori le parece que transcurre un segundo solamente.

Un segundo muy eterno.

Tiene, sobre la mesa, un sin número de armas de las que apenas él puede reconocer las más básicas o recordar sus nombres. Sostiene, como si tuviera Parkinson, una de las katanas. Bueno, al menos sabe cómo se llama ésta.

Dios, quiere vomitar.

Pesa horrores. ¡Ni si quiera sabe sostenerla como se debe! ¿Cómo le hacen todos para sostenerla con una mano y sin temblar?

Por todo lo existente, esta muriéndose de estrés.

De miedo, por supuesto que no.

Iruka no es capaz de herirlos de gravedad, pero cree que es una mejor idea que en verdad lo mate. Así dejaría de sufrir pensando en los distintos escenarios desolados que le esperan una vez que lo expulsen allá afuera. Donde están esas cosas raras con ojos rojos y olor a putrefacción. A quien engaña, sí tiene miedo.

Se siente mareado.

Siente como se le va la fuerza de las manos. Va a soltar la katana el cualquier momento y ésta va a hacer un ruido horrible una vez que choque con el suelo.

Conseguir un cascabel.

No. No podrá. Se ha saltado tantas clases con Iruka que ahora lo lamenta en demasía.

¿Lo está castigando por eso?

"...ori"

¿Lo va a permitir?

"...sori"

¿Va a botarlo así porque sí?

"Sasori"

—Eh? —ha dejado de temblar.

O, bueno, al menos su brazo ha dejado de hacerlo pues el resto de su cuerpo casi lo siente frío y entumecido. Sakura está sosteniendo su mano. Con cuidado le aparta la katana, volviéndola a dejar en su sitio.

Que patético.

Que patético es él.

¿A dónde se ha ido toda esa adrenalina recorriendo sus venas el día que hubo derrotado a ese soldado?

Sakura lo mira como siempre, seria, pero puede jurar (a pesar de que él esta aturdido) que hay, apenas, un tinte de preocupación en sus ojos. Dioses. Una chica viéndolo de esa forma es tan poco genial.

—¿Estás bien? —Pregunta la pelirrosa, tomando sus manos en un impulso...y porque ella recuerda claramente que hace tiempo Mikoto le enseñó hacer eso cuando sufría de distintos episodios de ansiedad —. Tus manos están frías —Sasori apenas asiente. La presión, por un momento, le ha hecho preocuparse al punto de querer colapsar. De no ser por ella seguramente estaría yendo rumbo a la enfermería en estos momentos—. ¿Tienes miedo? —hace una nueva pregunta, aun sin soltarlo. Parece que se ha tranquilizado.

—¿Tú no?

Porque él sí. A montones.

—No.

Claro, piensa, ella es fuerte.

A un lado de Sakura, una hormiga tendría más valor que él, y no se refiere sobre su valía como persona o ser unicelular, sino a la cualidad de ser valiente. Ella, en cambio, luce segura.

Ah, quiere tener un poco de eso. Al menos para no hacerse en sus pantalones.

—Pueden echarnos, ¿sabes? —Le dice, dándole un golpe de realidad. Uno que a Sakura parece no importarle —. ¿A donde iré si me echan de aquí?

—Yo iré contigo.

—¿Eh? —A Sasori le toma como dos segundos procesar que lo que dice es una ridiculez—. Claro que no. Tú sí tienes oportunidad de conseguir un cascabel.

—Puede que sí pero somos amigos, ¿no?

—¿Y eso qué?

—Que iré contigo a donde sea que tú vayas.

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V

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Es absurdo.

Es terriblemente absurdo.

¡No ha podido ni acercarse un poco a Iruka!

Ah, y también es absurdo lo que Sakura le ha dicho antes de comenzar ese dichoso duelo. ¿Ir con él? ¿Por qué lo haría? Aunque debe admitir que eso le ha hecho feliz. Un poco. O quizá un montón. Como sea, por estar pensando en eso ahora es que Iruka ha logrado darle un golpe en la quijada.

Dios, ¡como duele!

Cuando se le pasa el aturdimiento puede ver a Sakura, frenética y salvaje como solo ella es, yendo a atacarle de frente. Es muy rápida, sí, pero Iruka parece haber aprendido mucho de ella durante todo ese tiempo que también estuvo entrenándola.

Fácilmente puede anticipar sus ataques y puede, incluso, pararles varios con gran destreza. Es un soldado criado ahí después de todo. Es un profesional a diferencia de ellos.

Sakura va al frente siempre, ha cogido un kunai, que es una especie de cuchillo alargado y afilado, (aunque claro, al ser este de utilería poco o nada tiene de filo) sin miedo.

Avanza.

Avanza, pero Iruka la para casi en todos sus intensos.

—"¡Ah! ¡Ese estuvo cerca!" —piensa. Emocionado al verla hacer un movimiento realmente genial. Un juego de piernas bastante acertado, confundiendo al mayor, mientras Sakura termina por debajo de él, rozando apenas el cascabel que se ata a un cordón en su cadera.

Iruka retrocede. Casi sonriente por lo cerca que Sakura estuvo de tomar uno. Esa chica aprende demasiado rápido.

Y mientras tanto, Sasori no sabe qué demonios hacer ahora, o cómo ayudarla. La espada de utilería que sostiene apenas y le sirve de algo. Tiene que admitirlo, es un asco intentando blandirla correctamente. No se le da ni porque su supervivencia peligra. Como sea, no puede quedarse sentado ahí, con el trasero adolorido, simplemente viendo como ella esta tan cerca de lograrlo y él solo acepta su triste destino.

Maldita descarga de adrenalina. ¿A dónde se ha ido?

Sakura se ha tomado su distancia. Una considerable al igual que Iruka; la diferencia es que ella comienza a mostrar signos de cansancio e Iruka luce más fresco que un huerto recién rociado.

—Estuviste demasiado cerca —admite Sasori, llegando a su lado. Sakura no contesta pues se encuentra respirando por la boca. Vaya, de verdad se está esforzando—. Creí que habías dicho que estaba bien si nos expulsaban.

—Dije que iría contigo a donde fueras —hace una pausa, tomando una gran bocanada de aire antes de continuar—, pero que mejor si le ganamos y nos quedamos.

Bueno. En eso tiene razón. Extrañaría su cama y las barras de chocolate hurtadas. Sobre todo el chocolate. Además aún hay un sinfín de cosas que Sakura no ha tenido el placer de probar.

—Tengo una idea —suelta de pronto él, sorprendiéndola pues hace unos minutos parecía bastante temeroso y renuente a si quiera intentar hacer algo—. Vuelve a hacer eso.

—¿Eso?

—Sí, lo que hiciste —hace una pausa sin quitarle los ojos de encima a Iruka, quien luce impaciente y extrañamente intrigado por lo que sus dos pupilos murmuran— cuando lograste tocar un cascabel.

—Pero no puedo acercarme a él —confiesa ella, agitada—. Eso solo fue porque se distrajo. Necesitamos una distracción —Sasori sonríe, entre nervioso y cundido de inexperiencia y el miedo a fallar. ¡Al diablo todo!

Un poco de valor. ¡Solo necesita un poco de valor!

—Yo seré tu distracción.

Aquello sonaba tan guay y tan varonil que realmente creía poder lograr algo.

Lamentablemente, y porque Iruka no ha tenido ni un poco de piedad con ninguno de los dos, ambos han terminado recostados en el suelo, con el pecho subiendo y bajando debido al desgate de energía.

La idea de Sasori era que no tenía ni una maldita idea.

Lanzarse en un ataque frontal, meneando la espada como un verdadero loco, no era su plan más brillante pero si Sakura necesitaba de una distracción para poder mantener ocupadas las manos de Iruka, Sasori lo haría. O al menos eso pretendía.

Sin embargo Sakura pareció analizar más a fondo la pretensión de su compañero ante las últimas palabras que le dijo.

"Yo seré tu distracción"

Ella tenía más probabilidades de coger un cascabel pero ¿qué pasaba con él?

¿Estaba rindiéndose?

¿Estaba haciendo todo eso para que ella lo consiguiera y él se quedara fuera?

Sakura desistió un poco al final, e Iruka fue consciente de ello al verla titubeante.

"Iré contigo"

Más que un acto de solidaridad, Sakura lo hacía por impulso.

Quedarse sola le sigue causando terror. Incluso mucho más de lo que podría sentir al estar frente a veinte de esas criaturas de ojos rojos y hambre voraz. Si está sola, todos sus recuerdos vuelven, y no quiere que eso siga pasando. No quiere pensar en las promesas que ha hecho. En los juramentos que ha hecho. En nada. Ni en Mikoto. Ni en nada más.

Ni en el llanto de ese bebé que cada noche aumenta sus lamentos, imposibilitándola dormir aunque sea una mísera hora.

En cambio, prefiere a Sasori.

Estar con él es divertido.

Es agradable.

Hace que olvide toda la difícil e injusta vida que ha tenido.

Él no parece juzgarla aunque claro, Sakura cree que eso es cuestión de tiempo hasta que sepa de su extraña condición y comience a temerle. Con el tiempo, se alejará de ella. Y aunque eso es inevitable a consideración suya, quiere disfrutar de los momentos que le quedan a su lado.

Por eso, a donde sea que él vaya, ella lo seguirá.

—Maldición —lo oye maldecir a su lado, respirando con dificultad—. ¡Atacarlo de frente no sirve! —ella no responde, solo observa su semblante.

Está molesto. Muy molesto. Su entrecejo está lo suficientemente remarcado demostrándolo. Ah, con que así se ve una persona enojada. Con que así se ve él estando cabreado. Usualmente él es todo sonrisas y bromas por lo que le es inesperado verlo así.

—Vamos, ¿me van a decir que es todo lo que tienen? —oye a Iruka a un lado. Está de pie, inclinado hacia ellos. Sakura lo ve de cabeza debido a la posición en la que se encuentran—. Anden. Arriba. Les daré una segunda oportunidad para intentarlo. Tienen una semana hasta el próximo encuentro. Esa vez no me contendré.

¡Como si lo hubiese hecho ahora! Piensa Sasori, colérico.

No. De hecho, además de molesto, se siente humillado. Tanto que solo se pone de pie, y sin despedirse, se va de la Arena.

Por el resto del día Sakura pasa las horas a lado de Chiyo, quien obvia su preocupación al no verla con Sasori llegar a sus clases de la tarde con ella. Sakura le dice a grandes rasgos lo que ha sucedido, y aunque Chiyo está a punto de ponerse de pie e ir a reclamarle a Iruka por el castigo que les ha impuesto, de alguna extraña manera la pelirrosa le pide que no lo haga.

—¡Pero es demasiado! ¿Con autorización de quien podría expulsarlos así?

¿Del Canciller? No lo sabe ninguna de las dos pero aunque Sakura luce como si no estuviese afectada, por dentro sucede que siente un poco de remordimiento en cuanto a Sasori. Y casi hasta puede decir que le preocupa el saber dónde está. Pero no lo dice. Todo ese comportamiento estoico e inexpresivo que le han enseñado a mostrar desde pequeña no desaparecerá de la noche a la mañana pero puede decir que siente una extraña presión en el pecho durante las siguientes horas en las que no sabe dónde buscar al pelirrojo.

¿Ella ha hecho algo malo también?

Recuerda claramente toda esa enciclopedia sobre las relaciones humanas y el comportamiento humano que ha estudiado hace mucho tiempo. Quizá ha herido su orgullo. Los seres humanos son bastante susceptibles con respecto a ello. Es posible que por eso Sasori haya sentido humillación al saber que él no podría tener ni la más mínima oportunidad de lograr coger un cascabel.

No lo sabe. Sasori, a pesar de ser muy expresivo, es muy reservado en eso. Y eso que la mayor parte del tiempo es él quien se la pasa hablando de muchas cosas.

Sakura lo sabe porque le presta mucha atención.

Como sea, está preocupada. Es una sensación un tanto amarga la que siente pero decir que no le importa lo que le pase a ese niño, sería mentir.

—¡Ah! ¡Maldita sea! —Sakura detiene su caminar.

Son más de las diez y ella debería estar en la cama pero ha sido la inercia la que la ha llevado a estar caminando por los pasillos y que también haya terminado en la Arena oyendo las maldiciones de alguien.

Ese tono de voz es demasiado agudo aún para ser el de un adulto. Y entonces lo ve, de nuevo, con ese ceño fruncido que Sakura siente que no va con su personalidad. La de ser un niño alegre y bromista.

Silenciosa, se acerca.

—Eres muy malo con la espada —confiesa sin ninguna ofensa. Sasori se estremece al oírla, volteando primero como un niño corajudo para luego ablandar un poco su semblante.

—¡Mira quién lo dice! —replica, recordando que ella tampoco es buena que digamos con la katana. Suspira, cansado, dejando la espada de madera en el suelo.

Sakura da una mirada rápida a su alrededor para entender mejor el contexto, aunque se lee bastante fácil. Sasori está entrenando, o al menos hace el intento, con la katana de utilería. No sabe por cuánto tiempo ha estado ahí pero a juzgar por sus mejillas coloradas y la humedad de su ropa, debe ser mucho.

—¿Estás entrenando solo? —Sasori escupe al suelo, agotado y molesto aún, sentándose de mala gana.

—Si a esto se le llama entrenar, entonces sí —masculla. Sakura da unos cuantos pasos hacia él, solo que ella permanece de pie—. ¿Por qué estás fuera de la cama? Iruka va a enfurecer.

—Tú también estás fuera de la cama —Touché.

Sasori solo evita mirarla. No está molesta con ella, por supuesto. Es todo con él. Se detesta a él mismo por ser tan débil y cobarde. Definitivamente no quiere arrastrarla a su desdicha, por eso ha decidido entrenar por su cuenta ese día, aunque todo lo que ha hecho lo ha hecho mal. Lo detesta. Detesta todo eso. Ya ni siquiera está asustado porque lo expulsen, está dolido por su propio desempeño.

—¿Cómo lo haces? —pregunta sin contexto, aunque no es como que Sakura también puede interpretar los sentimientos de una persona a la perfección—. No tener miedo de intentar algo —se refiere, cabizbajo.

—Sí tengo miedo —responde, sin expresión—. Sentir miedo me hace no querer perder —el pelirrojo encarna una ceja.

—¿Enserio? —Sakura asiente, suave—. Pero, se necesita algo más ¿no? Tu eres ridículamente fuerte —ella entrecierra los ojos, frunciendo el cejo. ¿Qué? ¿Ha dicho algo malo?

—Él dijo que podemos probar con cualquier arma —pero evidentemente ese es tu tema que no quiere tocar. Y es que ha sido lo suficientemente fría como pasar de un tema a otro.

Diablos, toda esa plática parece ser inútil.

Suspira, resignado, tampoco es como que tenga tiempo de inmiscuirse en su vida. Lo principal ahora es encontrar una manera de dejar hacer el ridículo frente Iruka, y conseguir, al menos, una ligera oportunidad de coger un cascabel si es que no quiere aceptar su cruel destino.

—Paso de la espada —dice, cansino, repudiando el arma con solo verla en el suelo.

—Debemos pensar en algo —lo sabe. Claro que lo sabe. ¿Pero qué? Iruka les ha dado una semana antes de volver a enfrentarse a él. En una semana no pueden hacer milagros. Al menos no en él. Las opciones se le acaban.

—Creo que mejor me rindo de una vez —silencio. No espera que Sakura lo entienda. ¡A ella no le hace falta nada! Ah, maldición, qué estresado está.

—Chocolate.

—¿Ah?

—El alto contenido del triptófano en el chocolate favorece la producción de serotonina, un neurotransmisor que produce felicidad —Sasori, entre incrédulo y finalmente divertido por el tono tan mecánico en el que ella ha hablado, ríe, y Sakura solo suaviza la mirada agradeciendo que su comentario, sin afán de provocar gracia, le haya servido—. ¿Quieres ir? —el niño vuelve a reír.

—Esto es inesperado —confiesa, pero acepta su oferta.

Tomados de la mano, como dos seres abandonados que representan nada y a la vez todo. Donde su única preocupación debería ser las caries que van a conseguir por ingerir tanto dulce o la diabetes propensa debido a lo mismo. Hay cosas que Mikoto, a Sakura, no le ha enseñado. Cosas que una figura materna no puede igualarse a una figura fraternal, parecida a la de un hermano.

Y con Sasori es distinto.

Todo lo que dice, su modo de ver las cosas, es particularmente algo nuevo con cada travesura que hacen.

Sakura está aprendiendo, inconscientemente, a consolar. A escuchar. A ser el apoyo de alguien.

—¿No el chocolate está en estas cajas? —pregunta Sakura, con las manos dentro de la misma caja que anteriormente Sasori también hubo tocado días pasados.

—Esta vez se me antoja chocolate blanco —dice él traspasando una cortina hermética, a una cabina más estrecha y oculta dentro del almacén. Sakura ahora sabe que Sasori ha cogido una de las tarjetas de identificación de una de las cocineras durante su tarea de pelar papas. Se pregunta cómo y cuándo lo ha hecho—. Vi como llegaban varias cajas nuevas al almacén —dice, colocándose frente a una puerta con código.

—¿Cómo es que nadie te ve? —pregunta ella, curiosa, siguiéndole el paso, esperando a que el lector pase de color blanco a verde, autorizando el permiso.

—Soy muy escurridizo —responde, orgulloso, pero los pensamientos de Sakura trascienden de lo ordinario a lo detallista. En verdad que lo es. Esa cualidad de ser veloz y que nadie lo vea o se percate de lo que hace puede ser algo que solo él posea. Incluso se atreve a pensar que podría serle útil en combate si él se propusiera desarrollar tal cosa—. Ah, maldición.

—¿Qué pasa?

—Colocaron las cajas hasta arriba —dice, desanimado y frustrado.

Toda esa montaña de cajas apiladas debe ser una broma. Con su destreza de oso hormiguero poco o nada puede hacer. Esa montaña es demasiado alta y sus piernas y brazos, (le avergüenza admitirlo) son aún cortos para treparla sin caerse y romperse una pierna seguramente.

—Yo iré —Sasori, entre sorprendido y un tanto preocupado, la detiene.

—¿Estás loca? Está muy alto. Vas a caer.

—Entonces colócate abajo —el niño no comprende—. Así podrás atraparme si me caigo.

Como un príncipe a una princesa.

¿Qué?

¡No! ¿Por qué ha pensado eso? ¡¿Y qué es ese calor que siente en las mejillas?!

Antes de que pueda ponerse histérico y refutar a sus propios pensamientos, y por supuesto detenerla, Sakura ya se encuentra trepando con gran destreza las cajas. Estupendo, una cosa más en la que ella es buena y él no.

—¡Ten cuidado! —grita, viendo como algunas cajas comienzan a ceder al peso de Sakura. Pero la advertencia llega demasiado tarde. Sakura ha pisado mal y el pie ha quedado en el aire junto con todo lo que se le viene encima pues además de cajas, hay un par de anaqueles de acero contrapuestos. Maldición, debió subir él. ¡Él es más pequeño! —¡Sakura!

La pelirrosa solo cierra los ojos esperando el golpe. Diablos, seguro va a salirle un moretón del tamaño de una bola de boliche.

Eso, si tan solo nada interviniera, ni sintiera como todo el brazo se le entume y su mano se cierra involuntariamente, como si fuera una contracción, alrededor del cable que la ha tocado. Como si se hubiese adherido a él, otros más se adhieren a su ropa y parte de su piel, haciendo el mismo efecto de autoadhesivo que solo Dios podría separar.

Sakura decide no cerrar los ojos del todo, percatándose de dónde provienen.

Sasori.

Sasori y su brazo.

¿De su brazo?

Apenas y puede distinguir un guantelete oculto debajo de las mangas de su uniforme y como de éste salen varios cables, presumiblemente de cobre, pero suficientemente finos como para no ser del todo visibles al ojo humano.

Son pequeños tirones los que siente y en menos de lo que espera, está a su lado. O al menos encima de él pues el aterrizaje fue el único fallo en todo eso. Las cajas están desperdigadas y el ruido de los anaqueles, sorprendentemente, no es tan ensordecedor como para que se preocupen de que alguien los haya oído.

—A-auch... —lo oye quejarse.

Sí, ha caído encima de él. Sakura revisa la palma de su mano, un poco enrojecida, pero el cable que antes la tenía sujetada de ahí, ya no está. Mira al frente y finalmente observa con mayor detalle el guantelete negro. Parece algo sofisticado con un carrete automatizado que hace que los hilos vuelvan a su sitio.

Los recuerda, esos hilos son parte del equipo de los soldados pero nunca los había visto ser usados así.

—Me salvaste —dice, impávida, pero lo suficientemente curiosa, aún encima de él.

—Y-y ahora t-tú estás de...jándome sin aire...—confiesa él, quejoso. Sakura se aparta y él finalmente comienza a recuperar el aliento—. ¡Ah! ¡Gracias! ¡Estabas apunto de matarme! —Exagera, llevándose una mano al pecho, respirando con fuerza—. ¿Estás bi-...?

—¿Cómo lo hiciste? —Sasori, aún aturdido, parpadea repetidas veces.

—¿Ah?

—Hilos —el pelirrojo se tensa—. Hilos salieron de tu manga.

—Ah, eso —dice, un poco cohibido, recogiéndose la manga del uniforme—. Los usan como equipamiento algunos soldados para actividades de campo —comienza a explicar—. Nada del otro mundo.

—Pero...los moviste. Tú los moviste y...se pegaron a mí.

—¡Ah! ¡Es verdad! —preocupado, Sasori toma la mano de Sakura, examinándola, viendo la palma enrojecida y algunos otros puntos rojos en sus brazos. Frunce el ceño, culpable—. ¡Lo siento! Debió dolerte mucho.

— ¿Ah?

—La descarga —Sakura, incomprensible, lo mira ansiosa. Sasori suspira, aún sin soltar su mano, sobando un poco el área enrojecida mientras pretende explicarle—. Son hilos de cobre. Conducen la electricidad. La descarga en contacto con la piel hace que los músculos se contraigan y se cierren como si fuera un poderoso pegamento. La doctora Kurenai le llama contracción tetánica y...

—¿La doctora Kurenai? —interrumpe la pelirrosa.

—Ah, sí. Es la directora del área de armamento. Ella me hizo este guantelete —Claro, piensa Sakura. Los hilos que ha visto como uso exclusivo para los soldados en la Arena se ven distintos—. El guantelete posee un motor interno que hace que los hilos vuelvan a su estado original pero yo los muevo a voluntad de manera manual —hace una pausa—. Chiyo me enseñó hace tiempo.

—Creí que habías llegado hace poco a este lugar.

—A este lugar, hace unos meses, pero el Canciller me encontró a los seis años. Me resguardó en una casa en la ciudadela y Chiyo solía visitarme cada cierto tiempo. Ahí aprendí.

—Ya veo... —suspira, cerrando su mano con fuera alrededor de la pequeña de Sasori. El pelirrojo siente un cosquilleo extraño pero le resta importancia dado que se encuentra realmente preocupado por las lesiones que pudo haberle ocasionado a Sakura—. Los hilos...son útiles.

—Solo los míos —alardea, divertido, suavizando el ambiente—. El resto de hilos que usan los soldados no conducen electricidad. Cuando Chiyo me enseñó, los de ella eran así. De vez en cuando los uso para coger cosas sin que nadie me vea. No es la gran cosa en realidad —confiesa al final, apenado.

—Es genial.

El de ojos marrones engrandece los ojos.

—¿Eh?

—Para mí...—apretón de manos—es genial.

.

VI

.

—Son muy delgados.

—Se supone que deben serlo. Aunque son para uso rudo.

Son cerca de las dos de la mañana y no han ido a la cama. En su lugar están ahí, en el almacén, comiendo cantidades exageradas de chocolate. El blanco, para Sakura, sea ha vuelto su favorito. Y mientras continúan devorando sin prisa, Sasori continúa respondiendo cada una de las preguntas que Sakura le hace respecto a la funcionalidad que le da a esos hilos.

—Una vez me corté con ellos —dice él, masticando con ganas su sexta barra de chocolate con trozos de almendras—. Son tan afilados que pueden cortar una papa —ríe, a lo que Sakura solo emboza una tenue sonrisa—. Yo solo los uso para atar cosas.

—Podrías manipular armas con ellos —sugiere Sakura, mordiendo una barra de chocolate blanco.

—Es probable —dice, no muy convencido. No porque crea que no se pueda, sino que no se considera lo suficientemente bueno como para lograrlo. Y, a decir verdad, nunca había pensado en darle otro uso que no fuera el que hurtar cosas.

—Lo de hace rato fue genial —Sasori frunce el ceño, contrariado—. ¿Qué?

—Por supuesto que no lo fue. Entré en pánico y los lancé para atraparte con ellos pero al final te lastimé con la electricidad.

—Bueno, eso era realmente necesario ¿no? —el oji marrón solo hace un puchero—. Mi mano se cerró al instante que toqué el hilo.

—Oh, la doctora Kurenai me explicó —hace una pausa, limpiándose las manos, cogiendo otro paquete de chocolate para abrirlo con los dientes—. Nosotros mandamos una pequeña señal eléctrica a los músculos cada que los movemos, es por eso que se contraen. Sin esa señal, no podríamos movernos —Sakura atiende—. Cuando los cables te tocaron, la corriente atravesó tu mano, y esta al agarrar el cable, respondió a esa señal, cerrando tu palma. Es por eso que no podías soltarlo. Aunque sirvió para jalarte con los demás cables que se pegaron a tu ropa, igual te lastimé.

Y es que aunque se oye realmente doloroso y peligroso, Sakura no ha sentido tanto dolor como Sasori relata que debió sentir. Quizá se deba a la adaptabilidad de su cuerpo a las células de Draug. Claro, eso es algo que no le dirá a él.

—Contracción tetánica ¿verdad? —el niño asiente—. ¿Existirá una manera de hacer que los hilos se adhieran al cuerpo de una persona sin que ésta corra riesgo de tener quemaduras debido a la corriente? —Sasori lo medita un poco antes de responder.

—Tengo entendido que el uniforme oficial de los soldados es aislante pero no sé si sean muy seguros que digamos —silencio. Sasori no capta hasta que la ve mirarlo con intensidad—. ¿Qué?

—Creo que ya sé la manera de ganarle a Iruka en el duelo —el menor se atraganta con el chocolate, tosiendo con fuerza.

—¿Si-sigues con eso? —carraspea, tragando grueso—. Ya lo viste. Es difícil acercarse a él. Tú apenas pudiste evadir su defensa y rozar un cascabel.

—Exacto —okey, todo eso no tiene ningún sentido, piensa él—. Para acercarme a él debemos evitar que me toque. Debería poder evitar todos sus ataques. Anticipar todos sus movimientos —hace una pausa, terminando de devorar el último pedazo—. Solo alguien que lo ha visto entrenar a diario podría entender cómo se mueve y anticipar cada movimiento que hará —eso huele a que es una idea terrible—. Tú.

¡Definitivamente lo es!

—¡¿Ah?!

—Tú me manipularás con los hilos mientras yo ataco. Si trabajamos juntos, podemos tener una...—Sasori le interrumpe, alterado. ¿Se le ha zafado un tornillo o qué?

—Dios, para —respira profundo—. ¿Te estás oyendo? Yo uso los hilos para jugar y hurtar cosas, además ¡no son armamento!

—Por la forma en la que solo tú sabes usarlos, lo son.

—Pe-pero...

—Confía en mí.

¿Qué confie en ella? Dios santo, ¡ese no es el problema! ¡Está dejando la mayor parte de ese loco plan en sus manos! ¿Cómo puede ella confiar en él? Lo de hace rato, seguramente, ha sido otro estúpido estallido de adrenalina. ¡Ni siquiera estaba seguro de si iba a funcionar! Aunque, afortunadamente, lo hizo. Sakura resultó ilesa.

Ilesa.

Diablos, ¿enserio él hizo eso?

—Confía en mí, Sasori —el pelirrojo la mira, cabizbajo. Se siente inseguro.

—N-no es en ti en quien no confío —confiesa, avergonzado y temeroso. Apenas y puede mirarla como se debe—. N-no sé si yo pueda...

—Yo sí.

—¿Eh?

Está tomándole la mano. Ah, como le calma. Se está volviendo un hábito. Una especie de ritual que los tranquiliza a ambos.

—Yo sí confío en ti.

.

VII

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Los siguientes días de la semana se la han pasado entrenando en secreto.

No quieren por ningún motivo que Iruka sospeche ni anticipe nada, por eso, desde muy temprano, usan una sala de entrenamiento especial para ello. Solicitarla ha sido muy fácil considerando que Chiyo es algo así como su hada madrina. Aunque ella desconoce gran parte de lo que planean, ver la determinación de Sasori por intentar todo hasta el final, le ha conmovido intensamente.

Chiyo no puede evitar pensar que ese cambio no es solo por auto voluntad del pequeño Sasori. Los ha observado a ambos durante esos días. Sakura y Sasori no se despegan ni un poco. Lo que al principio no le convencía que fuera una buena idea al dejarlos convivir, siendo tan opuestos, ahora es lo contrario.

Tiene un buen presentimiento sobre esos dos.

—Ya nos vamos, Chiyo —avisa Sasori, terminando de guardar ese pequeño cuaderno de notas que siempre usa durante las clases que la mujer les imparte a ambos sobre SHINOBI y otra información relevante que deben saber. Sakura, a su lado, se ha vuelto un poco más abierta con respecto a los demás. Aunque aún sigue siendo muy callada en frente de otros, con Chiyo y Sasori parece suavizarse continuamente.

—¿Irán a entrenar? —el pelirrojo asiente, despidiéndose. Siendo seguido por Sakura quien, cada vez más educada y bonita, se reverencia frente a la mujer antes de perseguir a su compañero.

Aun son pequeños, como brotes de arroz que se menean con el viento en un campo fértil que actualmente es difícil de ver.

Quisiera que se mantuvieran así de unidos durante mucho tiempo.

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VIII

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¿Qué se traen esos dos?

Es la pregunta que se mantiene en la mente de Iruka todo ese rato en el que se detiene a mirarlos en silencio.

La semana transcurrida se ha cumplido y es hora del segundo intento. La cosa, sin embargo, no ha pasado por alto por el resto de soldados que se han enterado de tan dichoso evento.

La mayoría de ellos espera algo espectacular conociendo un poco los antecedentes de Sakura en cuanto a combates se refiere. La otra mitad piensa que el resultado será desastroso considerando que Sasori, ese niño al que nadie apostaría ni una nuez, también está ahí. Los cuchicheos son propios de los combates anunciados, donde unos pocos apoyan y otros desean fervientemente que Iruka en verdad cumpla con su sentencia de deshacerse de ellos una vez que den el encuentro por perdido.

Y es que no es de extrañar que varios quieran que ambos se vayan.

Pero a Sasori eso no le importa. O al menos no debe importarle. No debe prestarles atención aunque las ganas no le faltan de partirles la cara a un par de soldados que reconoce durante la paliza que le dieron a Sakura. Esas sonrisas cizañosas, en verdad quiere borrarlas.

—No te fijes en ellos —oye a Sakura a su lado. Su largo cabello está sujetado hoy. Le gusta su cabello. Le gusta mucho aunque no se lo ha dicho jamás—. Fíjate en mí, ¿recuerdas? —y como no hacerlo...es bonita. Muy bonita. ¡Maldición, no!

—Y-ya sé —balbucea, ofuscado. Siente que el cuello de su uniforme le está ahorcando.

El cuchicheo cesa de pronto cuando Iruka se acerca solo un poco, manteniendo la distancia de antemano. Sasori traga grueso. Maldición, ¿y si no funciona? ¿Y si todo lo que Sakura le ha enseñado se le olvida? ¿Y si nada vale la pena? Bueno, al menos puede estar en paz con su estómago y todas esas barras de chocolate que se comió antes de que lo expulsen definitivamente.

—Las reglas son las mismas. Deben de quitarme los cascabeles —dice Iruka, cantando la misma frase de hace una semana—. Pueden usar el armamento que quieran —Sakura es la única, aparentemente, que ha cogido un par de kunais mientras que Sasori permanece rígido como un árbol. Iruka entrecierra los ojos, preocupado por esa decisión. Definitivamente no quiere herir a ninguno de los dos—. ¿Están listos?

Sakura solo asiente, seguido de Sasori, quien siente que en cualquier momento va a devolver el desayuno.

El enfrentamiento comienza con un estático Sasori y una frenética Sakura. A Iruka eso no le sorprende aunque debe admitir que verlos repetir el mismo modo de lucha no les augura que vayan a ganarle ni mucho menos que él vaya a ser suave.

Tal y como espera, Sakura es quien va al frente la mayoría de las veces. Es rápida, debe admitirlo. Incluso puede decir que lo es más que la semana pasada y parece que ha aprendido ciertos trucos además de solo atacar por atacar. Pero no puede decir lo mismo que Sasori, a quien ve quieto detrás de ella. No se mueve. Solo está ahí, inmóvil, observando.

Iruka, tan pronto aparta a Sakura, corre hacia él con la intención de obligarlo a integrarse en el encuentro.

—"¿No se mueve?"

Piensa al verlo quedarse estático. Está claramente un poco tembloroso. Lo puede saber por la expresión de su rostro y por su lenguaje corporal. Poco es el tiempo que tiene para analizarlo más a fondo cuando Sakura lo intercepta lanzando varios cuchillos en dirección a él. Sasori se aparta rápidamente pero sin perder esa posición rara de imparcialidad a diferencia de Iruka que debe desviar los kunai con el suyo propio a medida que su cuerpo se desliza por el suelo, deteniendo el impacto.

Pareciera que Sakura los ha aventado así como así, solo para que no se le acerque a Sasori.

¿Acaso lo está protegiendo?

Duda mucho de que su plan, de tener alguno, sea que el pelirrojo no resulte herido sin razón aparente. De igual forma, cada uno debe conseguir su propio cascabel y a por cómo se ven las cosas, que no distan mucho en diferencia al encuentro pasado, Sakura es quien continúa teniendo mayores probabilidades de ser la única en conseguirlo. ¿Sasori ni siquiera va a intentarlo?

La distancia entre ellos vuelve a aumentar del mismo modo que el bullicio entre soldados, ambientando la situación.

No murmuran, no se hablan, solo se lanzan miradas discretas. Antes de que Iruka tenga suficiente tiempo para prestarles atención a la manera en la que secretamente se comunican, ruidos metálicos se escuchan a su alrededor.

Los kunai... ¿se mueven?

El débil haz de luz de las celdas fotovoltaicas de la Arena apenas y le otorgan un destello a los cuchillos en el suelo. Cuchillos que se levantan como si estuviesen siendo manipulados por nada.

Hilos.

Pero Sakura tiene las manos ocupadas con sus respectivos kunai. Entonces...

—¡Ve!

Es una señal.

En cuanto Sakura separa la suela de sus zapatos del suelo, los kunai alrededor de Iruka se levantan como si tuviesen vida propia, atacándolo.

Eso, sumado a los ataques de Sakura, le imposibilita prestar atención en Sasori quien ya ha comenzado a moverse. Logrando atrapar el brazo izquierdo de Sakura, lo tuerce sin mucha fuerza, arrebatándole un kunai, haciendo uso de éste para cortar los hilos que los conectan al metal, lanzándola a ella lo suficientemente lejos y haciéndola impactar en la pared que para su buena suerte, toda esa sección está acondicionada con membranas suaves para sopesar los impactos.

Los kunai, además, caen al piso de manera autónoma, despejando la visibilidad, observando a Sasori a pocos centímetros de él con los brazos finalmente extendidos hacia donde está pero esta vez no hay hilos que pueda controlar. Por instinto, corre hacia él lo suficientemente veloz como para no darle ni tiempo a Sakura de que lo intercepte debido a la lejanía.

—"Muy ingenioso, niño" —reconoce, elogiando ese plan inesperado.

Por eso ha protegido a Sasori desde el inicio.

Por su uso con los hilos al adherirlos a los cuchillos.

¿Cuándo ha aprendido a usarlos?

Recuerda haberlo visto jugar un par de veces con un aparato curioso integrado a sus muñecas. El haberle dado un uso diferente y haberlo tomado por sorpresa definitivamente es algo que va a recordar durante un tiempo. Pero a pesar de su esfuerzo, hay lecciones que aún debe enseñarle. Como aprender a ser cordial. Aprender a escuchar.

Aprender. Aprender. Aprender.

Quizá, con el tiempo, y con la lección de la derrota, pueda lograr que asiente cabeza y madure y...

Los dedos de Sasori se tuercen y mueven de manera espontánea y rápida.

Pero, no hay hilos, ¿por qué los mueve? Iruka ha cortado los hilos de los kunai. Entonces ¿qué es lo que...?

—¿A dónde estás mirando, Iruka?

Con el brazo extendido, a punto de tocarlo y someterlo contra el suelo, y por supuesto dar por finalizado ese duelo, Sakura lo intercepta, impávida. Tan fresca como si hubiese estado a su lado todo ese tiempo y no tirada en el suelo, a varios metros lejos de ellos.

—"¿C-cómo?"

Uno.

Dos.

Tres.

Ese mismo patrón de nuevo.

Pero ahora se mueve un poco más rápido que anteriormente.

Iruka coloca sus brazos encima de él, en cruz, evitando el ataque de frente. Arrastrándose por unos centímetros pero sin tiempo de coger impulso pues Sakura ya vuelve a estar sobre él.

"Los kunai del suelo", piensa, cogiendo uno para detenerla. Metal con metal hacen ruido. Cogiendo la fuerza que de por sí es mayor a la de ella dada su edad y complexión, Iruka la empuja creyendo que es suficiente para quitársela de encima pero con la misma rapidez, Sakura vuelve a estar frente a él.

¿Pero cómo?

Por lógica debería caer primero antes de volver a levantarse pero ella ni siquiera ha llegado a tocar el suelo, y la ha empujado con suficiente fuerza como para hacer caer a un soldado promedio.

Es eso.

No está tocando el suelo.

¿Cómo es que no está tocando el suelo?

Izquierda. Derecha. Dos veces abajo y luego al frente.

Esa es la finta básica que un soldado hace para apresar a otro aunque su versión dista del orden de los pasos. Y eso es algo que solo él sabe. Entonces ¿cómo? ¿Cómo es que Sakura puede parecer estar leyendo cada movimiento que pretende hacer? En dos movimientos, intercepta sus manos. Ni siquiera puede tomar de vuelta algún kunai del piso.

Los gritos de los soldados ensordecen sus sentidos. Y apenas puede echar un vistazo al motivo por el cual gritan.

Y ese es su error.

Aunque no se arrepiente de haber desviado la mirada, porque seguramente le costará caro, y ver como Sasori, quien está un poco lejos, es quien le está arrebatando la victoria. Como un director de orquesta, frenético e incansable, mueve manos y brazos a libertad.

De nuevo el haz de luz.

Es él.

No es Sakura quien está interceptando y contrarrestando los ataques a una velocidad envidiable, es Sasori.

—¡Ya, coge uno! —el grito le ayuda a Iruka, al menos, a saltar lo más lejos posible de Sakura, quien todavía alcanza a rozarle la mejilla con el kunai, soltando un hilillo de sangre.

Sasori, con la poca condición que tiene, coge aire de quien sabe dónde, tomando un último impulso para tirar los brazos hacia atrás, jalando a Sakura completamente, tal como lo hubiese hecho aquella noche en el almacén.

El menor le ruega a todos sus dioses existentes que Sakura en verdad haya conseguido coger su cascabel pues sus manos están ardiendo y duda mucho poder volver a hacer eso que acaba de hacer de nuevo.

Iruka, tan fatigado como ellos, respira con dificultad, tocándose la mejilla, viendo como Sakura apunta hacia él con el puño cerrado. El cuchicheo de los soldados cesa unos segundos, inadmisibles a creer, algunos, que lo que cuelga de su mano es un cascabel. Pero Iruka permanece imperturbable. Sí, está bien, Sakura lo ha cogido pero...

—...cada quien debía coger el suyo, Sasori.

Silencio.

Parece que las sospechas de Iruka son ciertas.

A pesar de que han dado un espectáculo admirable, Sasori no ha...

Sakura sonríe.

Un segundo puño al frente.

—Te lo dije, Iruka —ese segundo cascabel que Iruka ha creído que sigue en su cadera, resplandece igual que el niño con la sonrisa tan brillante como el mismísimo Sol. Los vítores se alzan opacando cualquier comentario mal intencionado de algunos rezagados y envidiosos soldados, porque los protagonistas son ellos e Iruka no puede hacer otra cosa más que dejarse caer, sentado en el suelo, con una sonrisa satisfecha ante lo que acaba de presenciar. Esos tallos de arroz...esos brotes de ciruelo —. ¡¿A dónde estás mirando?!

Han encontrado su camino.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Respondiendo a comentarios sin cuenta c:

Elene: ¿Y esta rosa? xDD Lo sé jajaja es un evento muy raro el que actualice muy seguido. Espero este capítulo también sea de tu agrado.

Anna: Al final México no pasó a octavos jajaja aunque me demoré por otras cuestiones. Sí, este arco está dedicado a ellos y a cómo era su relación y, por supuesto, por qué se separaron. Espero te guste!

Aya: Todas tus dudas serán resueltas jajaja al menos algunas en el próximo capítulo, el cual espero no demorarme mucho.

Mishi: Debo confesar que soy una sasosaku de clóset jajaja pero esta historia está enfocada al SS así que lo lamento mucho para las personas que en verdad quieren que haya algo entre estos dos. De cualquier forma este arco está dedicado a ellos y se que habrá más de una escena que les gustará si es que aman también esa pareja -w-

Información.

"Llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo." -Charlotte Brontë- (Frase usada en éste capítulo)

Notas:

¿Se nota de dónde he tomado ciertas escenas? -u-

Así es. La batalla de los cascabeles, de Kakashi, y la batalla de Sakura, Chiyo VS. Sasori. He tomado solo algunos elementos y lo demás lo he ambientado al mundo de Lotus. Parte del por qué me tardé con el capítulo (que es ridículamente largo además jajaja) es porque no solo me tuve que ver de nuevo dichas escenas, sino que además tuve que investigarme ciertas cosas para no escribir pura incoherencia.

El tema de los hilos de cobre es, creo, lo más deducible al ser un conductor de electricidad de primera. Aunado a eso he tenido que estudiar un poco sobre las "contracciones tetánicas" y otras cosillas más dado que esto no es mundo ninja y algo como "hilos de chakra", aquí no funciona. Debía darle un razonamiento y una solución diferente al hecho de que Sasori pueda manipular hilos y coger cosas. No solo por arte de magia. Además de que rescaté ese dato del mundo ninja dado que Sasori, lo sabemos, es un titiretero en el mundo de Naruto. Así que sí, básicamente él no usa katanas a diferencia de Sakura aquí.

Cuando regresemos al tiempo actual, espero escribir algunas escenas sobre Sasori, ya adulto, haciendo uso de sus habilidades ya como Fenrir -u- Recuerden que en capítulos pasados se menciona que Sakura y Sasori formaron equipo y llegaron a ser una pareja bastante temida entre los soldados. Esto solo es una muestra de cómo Sasori, si bien se sigue pintando como un niño normal, es bastante inteligente y habilidoso.

Y...¡un personaje nuevo! Kurenai c:

El tema del equipamiento en shinobi es bastante importante, por eso es que me demoro en ocasiones jajajaja Necesito investigar sobre muchas cosas.

En fin, espero que les haya gustado este capítulo. A mí me ha fascinado escribirlo.

En el próximo, si bien seguiremos en este arco, las cosas ya se volverán un poco turbias. El tema de la edad será tocado finalmente y es posible que demos un salto en el tiempo. Uno donde Sasori ya sea un chico de catorce años. Muchas dudas espero sean resueltas en el próximo capítulo. No planeo que este arco sea muy largo, intento hace todo bastante resumido, sino fácilmente me saldría otro fic a cerca del pasado de Sasori y Sakura jajajaja

¡besos!

Rooss-out.