.
.
XXVI
Alas rotas
.
El ser humano no está acostumbrado a recibir emociones de ese tipo.
Tiene un límite. Uno que le permite soportar ese tipo de cosas.
Pero cuando ese límite es sobrepasado…
—"¿Q-qué…?"
Se desata el miedo.
—"¿Q-qué es todo esto…?"
Sakura, succionando.
Y él solo está quieto. Está paralizado. Si duele o no, no lo sabe con exactitud. Hay una lucha interna en este momento que no se detiene en él. Una de esas batallas corresponde al pensamiento de apartar o no a Sakura de encima de él. Su razonamiento no le permite tomar decisiones así es su propio cuerpo quien lo hace por él.
Va a apartarla.
Va a empujarla.
Va a empuñar esa espada que hay en el suelo en contra de ella.
Y luego…
Luego…
Las actitudes ante la vida están condicionadas en gran medida por esos temores que brotan del interior, en grados tan diversos que van desde la simple timidez hasta el pánico desatado, pasando por la advertencia, el miedo y el terror.
Y eso último es lo único que Sakura ve, aun mareada por el frenesí de su instinto más primitivo, cuando siente como su cuerpo es empujado lejos. Lo distingue a penas pero es algo que grabará en sus retinas para toda la vida. Le servirá, si es que algún día vive más tiempo de lo normal, de recordatorio ante la culpa.
De cómo ha sido ella quien ha echado todo a perder.
De cómo ha sido todo culpa suya.
De ella. Siempre ella.
El rostro de Sasori deformado en el más puro estado de miedo.
—"Ah"
La historia se repite.
Los lamentos y el llanto incrementan.
—¿P-por qué…?
—"Con que así se ve el miedo en una persona"
.
I
.
El trayecto de regreso al Cuartel es un silencio perpetuo.
Sakura escucha voces distorsionadas.
Y ve, como si estuviese encima de una nebulosa, una luz que viene y va frente a sus ojos. Pronto se da cuenta que es un una pequeña linterna de bolsillo siendo movida de izquierda a derecha por su usuario. Personal del cuerpo médico está verificando sus signos vitales mientras el vehículo blindado se abre camino. A su lado un tanque de oxígeno. Del otro, un catete en su piel suministrando algo.
La boca le sabe a óxido. ¿Y cómo no?
Ha hecho lo que prometió nunca volver a hacerle a un humano.
Ha faltado a su código.
Ha roto su promesa.
Ha herido a una persona querida.
Con que así se siente la soledad.
Fría e incapaz de sentir el calor cercano de quien le hubo querido en ese corto periodo de tiempo. Tan pronto descienden del vehículo solo siente como es transportada de un lugar a otro encima de una camilla.
Los oídos le zumban.
La cabeza le da vueltas.
El pecho le duele.
No distingue nada.
Solo muchas voces e…interferencia.
Como una señal perdida en sus tímpanos repitiéndose de manera incansable. Como una tétrica y tortuosa melodía que no le dice nada pero que le hace querer gritar.
Está volviendo a pasar.
Lo mismo que hace un par de años.
—Sakura.
Mientras avanzan los pasillos, y más personal del cuerpo médico la escolta a medida que la camilla no se detiene por ningún motivo, ve los fantasmas de su penitencia.
Mikoto de un lado, junto a las bombillas que parecen estar perdiendo potencia.
—Sakura.
Fugaku del otro, con el pecho ensangrentado y un hueco en él.
—Todo es tu culpa.
—"No…" —menea la cabeza, cambiando de posición con desesperación, mirando al lado opuesto una vez más. Pero él también está ahí. Su hijo mayor. Itachi—. "No…"
—Si tan solo no te hubieses aparecido.
Es insoportable. El sonido del metal de la camilla chillando bajo su cuerpo. El sonido de abejas zumbando. El sonido de una risa macabra. El sonido de la culpa.
—Rompiste tu promesa, Sakura —dice la ilusión de Mikoto esta vez. La camilla sigue su curso pero ya no es el personal de SHINOBI quien la empuja justamente. Mikoto. Fugaku. Itachi. Los tres tan molestos como tenebrosos. Cubiertos de sangre y barro. Con las últimas heridas que Sakura recuerda haber visto en sus cuerpos. Y no están contentos. Y ella solo quiere gritar—. Lo abandonaste.
—"No es real…" —gime, cerrando los ojos con fuerza, suplicando que se detengan.
—Abandonaste a mi hijo —Fugaku.
—"N-no…"
—Abandonaste a mi hermano—Itachi.
—"N-no es real…"
—Abandonaste a…
—¡No!
Hay demasiada luz. O quizá sus ojos no han visto tal blancura en días que se siente completamente cegada. Esa no es…
—"Una habitación…" —capaz de volverse loca con solo reconocer el panorama en el que se encuentra, es que utiliza todo su autocontrol para no arremeter contra el cristal que la tiene encapsulada.
¿Cuántos días lleva ahí? No lo sabe pero no quiere pensar en eso ya. No quiere pensar en nada. Solo en las burbujas que desprende el respirador artificial que tiene pegado a la boca junto a las mil agujas que tiene en la piel.
Ya ni siquiera duele.
Ya ni siquiera le sorprende.
Estar en esa cápsula, encerrada, viendo como Kurenai lucha contra los soldados que le impiden que se acerquen a ella. Y atrás. Muy detrás, cerca del umbral de ese laboratorio, lo alcanza ver a él. No ve su rostro. No quiere llevarse la decepción ni el remordimiento de sus bonitos ojos marrones una vez que sucumba al desfallecimiento pues sus párpados apenas se mantienen entreabiertos.
Es su culpa, a fin de cuentas.
Y tarde o temprano el destino al que está atada desde hace tiempo iba a tocar su puerta. Qué ilusa al creer que podría tener una vida normal.
"¿Por qué?"
Oye y lee claramente letras hechas rayones en su mente, turbulentas, inconexas, palabras apenas unidas en una oración.
Sasori de nuevo, con el rostro deformado en confusión, viéndola.
"¿Por qué no me dijiste nada?"
Y Sakura finalmente cierra los ojos.
.
II
.
Cinco días después, finalmente sale de esa prisión de agua.
No siente frío, aunque debería al estar desnuda apenas cubierta por una manta. Kurenai está ahí, con el semblante más lamentable del mundo y la tristeza encima de sus hombros. A su lado, ese hombre. Las han descubierto piensa Sakura, quien no emite ni una palabra. Los recuerdos de hace un par de noches están presentes pero sentirse miserable o culpable por lo que ha hecho no le quitará ni un poco de remordimiento.
Aceptar que una vez más ha perdido contra el tiempo y ese instinto salvaje no la hace menos culpable.
Sabe lo que ha hecho.
Sabe que todo se ha echado a perder.
Sabe, además, con solo ver como custodian varios soldados a Kurenai mientras otros médicos la examinan, que el Canciller finalmente tiene conocimiento de todo lo que la mujer y ella han mantenido oculto todo ese tiempo. A pesar de que Danzou le ha pedido que le pase cada uno de los reportes sobre las particularidades de Sakura, porque desde el principio lucía bastante interesado en sacarle provecho, Kurenai se lo ha negado.
Y por tal acción será destituida de su cargo.
Sakura, por otro lado, cree que todo eso, mientras desmantelan el laboratorio y hurgan profundamente en cada expediente que Kurenai ha mantenido en oculto, es su culpa. Por haber orillado al instinto bondadoso de una mujer como ella solo por sentir un poco de empatía o lástima. Sakura cree que es debido a ella que todo el mundo tiene que sufrir.
Kurenai es una prueba más.
No se lo dice, pues ambas están más custodiadas que una docena de Draugs a punto de devorar a alguien.
Son tratadas como criminales.
Kurenai por mantener en secreto cada expediente de Sakura. Y la pelirrosa por, finalmente demostrar, ser un peligro para toda una nación.
.
III
.
Las noticias se esparcen rápido.
En cosa de nada todo el Cuartel debería saber lo que hace una semana ha acontecido durante la última misión en donde Iruka estuvo al frente. Pero para sorpresa de Sasori, quien poco o nada ha dicho desde ese día, nada de eso sucede.
Eso sí.
Algo como las plegarias son inútiles esos días.
Lo eran desde antes.
Lo son ahora.
Sasori ha faltado a cada una de sus clases con Chiyo, y con Iruka es el mismo cantar.
Aún puede rememorar ese día.
La sorpresa del hombre al encontrarlo en pleno acto salvaje. Encontrarlo a él sosteniéndose el cuello con fuerza, tembloroso, cubierto de sangre. Encontrarla a ella también en la misma condición aunque sin una pizca de raciocinio. Según Iruka, tras el único cruce de palabras que se dieron durante el regreso al Cuartel, estar, en ese momento, cerca de Sakura representaba un peligro para cualquiera, incluyéndolo. Sasori no añadió más, ni siquiera hubo replicado en cuanto le ordenaron no acercársele.
Pero no era debido al rechazo.
Incluso puede apostar que no se debía ya a que tuviera miedo.
Verla desesperarse sobre esa camilla, sintiendo ataduras en brazos, piernas y cuello, fue traumatizante. Más que el hecho de estar gruñendo como un completo salvaje, verla siendo tratada como un animal, le produjo dolor.
Le produjo culpa.
Él la rechazó.
La empujó.
La mandó lejos debido al miedo.
"Lo desconocido siempre da miedo"
Quiere llorar.
Ella lo sabía.
Por supuesto que lo sabía.
No es como que Sakura no supiera de su extraño comportamiento. Lo sabía desde el inicio. Siempre lo supo, y aun así…
"Yo te protegeré"
—Eres una tonta…
…hizo promesas tan absurdas.
.
IV
.
La vida en el Cuartel, después de ese día, sigue su rumbo.
Algunas cosas han cambiando pero en lo que concierne para la gente, viviendo vidas tan apresuradas y desinteresadas por el resto, nunca se supo más allá de lo que únicamente las falsas versiones decían.
Sasori se sabe cada una de ellas.
Ninguna de ellas ciertas.
Nadie puede venir a contarle falsos testimonios cuando él hubo vivido todo.
De lo que oye, la versión más particular es que Sakura, al encontrarse más cerca del centro de la concentración de las esporas, fue rociada por estas, adquiriendo ligeros patrones de comportamientos que la desestabilizaron por completo. De ahí que se volviera salvaje y acérrima a querer atacar a los suyos. La versión más extensa cuenta como la hubieron llevado de emergencia a los laboratorios y como fue atendida hasta el cansancio para lograr estabilizarla.
La misma versión también dice como el Canciller ordenó a sus hombres más capaces hacer todo lo posible por salvarla. Esto, ante el Cuartel, y ante la gente inocente de Konoha, fue un acto de benevolencia. Un acto tan humano de parte del hombre que los gobierna. Si el Canciller es capaz de hacer hasta lo imposible por salvar a un miembro de su fuerza, entonces debían confiar ciegamente en él ante cualquier ataque que se produjera.
Simple propaganda.
Pero para él, para Iruka, Kurenai e incluso Chiyo, el panorama de la verdad dista de esa historia.
—Sakura será trasladada a otro lugar fuera de los laboratorios —Sasori detiene el lápiz sobre el papel.
¿Por qué le dice eso? ¿Por qué justamente el día en el que ha decidido intentar volver a retomar su vida en ausencia de ella?
Hoy se cumplen las dos semanas de estar separados. No porque simplemente Sasori lo haya decidido así, sino porque Sakura día y noche es analizada y custodiada dentro de los laboratorios. De hecho no han dejado que nadie la vea desde ese día. No sabe si Iruka o Kurenai están al pendiente de su progreso y tampoco es como que sienta el deseo de saber en qué estado se encuentra.
Dos semanas del incidente es tiempo reciente para él. De hecho las marcas de dientes en su cuello apenas se han comenzado a borrar.
Sakura le ha mordido con ganas esa vez.
—¿Sasori? —cuando Chiyo intenta rozar su mano, Sasori la aparta.
Tan callado.
Tan ausente.
Un niño que era pura risas y gestos entre los pasillos.
Las bromas se han acabado. Las aventuras y las anécdotas pelando tubérculos, también. Los entrenamientos con Iruka, suspendidos hasta sabrá un Dios inexistente cuándo. Tiene catorce, luce como todo un apuesto soldado pero desde hace dos semanas no sabe donde refugiarse ni dónde pasar el rato haciendo absolutamente nada.
Por supuesto le es permitido ausentarse a las actividades el tiempo que necesite para procesar todo lo ocurrido. El Canciller no ha puesto objeción en ello, aunque Sasori piensa que todo es parte de su imagen de falsa condescendencia.
No le está haciendo un favor, piensa.
Si Sasori quisiera, ahora mismo convocaría a duelo a una docena de soldados y saldría victorioso en cuestión de nada, solo para descargar un poco toda esa frustración acumulada de catorce días sin tocar armas. Pero en su lugar está ahí, como cada día, en la habitación de Chiyo.
No en pos de tomar clases. Simplemente le gusta pensar que es un adorno o un mueble más dentro de esas paredes. Sin más propósito que el de estar ahí, inmóvil, viendo las horas pasar. Apenas hoy había decidido tomar un libro y hojear en él. Los días así son aburridos. Le recuerda a sus primeros días en ese lugar.
Y entonces, la triste realidad.
"Lo estás haciendo mal"
Se escucha a sí mismo a un lado, y se ve, además, a un lado también. Un recuerdo bastante doloroso como preciado. Él y Sakura, tomando clases con Chiyo. Riendo de bobadas. Dedos manchados del grafito de sus lápices respectivos. Siendo ellos, codo a codo, encima de un banquito.
Y luego…nada.
El recuerdo se desvanece y toda esa felicidad también.
Decaído, vuelve la mirada a su cuaderno. Apenas hay un par de garabatos y un par de Kanjis y…
—Estás preocupado por ella ¿verdad?
¿Cómo le dice eso?
Ah, claro, debió haber visto la flor de cerezo que hubo dibujado antes de que él pusiese el brazo sobre el papel para cubrirlo.
Aunque hacerle esa pregunta es bastante cruel considerando lo cercanos que han sido ellos dos desde hace cuatro años. No existía día en el que no estuviesen juntos y de repente ya no más. Se siente como si le hubiesen desprendido un brazo. O al menos así lo siente él. Más que la decepción y el desconocimiento ante esa condición que, Sasori presume, Iruka, Kurenai, y hasta Chiyo, quizá sabían pero que nunca le dijeron. Ya ni siquiera está molesto por el hecho de ser el único en no saber sobre eso.
Está molesto, furioso, pero con él mismo.
—"Yo estuve más cerca de ella que ningún otro y…."
Y aun así nunca se percató de todo lo que le sucedía.
—Sasori… —el nuevo intento por tomar su mano es finalmente aceptado.
Sasori no rehúye de ella, solo se aferra a esa cálida mano con desmedida fuerza. ¿Qué ha estado haciendo todo este tiempo? ¿A dónde había estado mirando sino a todo lo que Sakura estaba soportando? Porque lo sabe. Sabe que aunque Iruka niega que existiese un ápice de raciocinio en ella esa noche, sí lo hubo.
Cuando Sasori la separó con fuerza debido al miedo, lo pudo ver. Nadie más vio el dolor de sus ojos ante el rechazo. A pesar de saber que era su culpa, pudo notar en los ojos de Sakura como el dolor se esparcía por sus esmeraldinos.
¿La decepcionó?
¿Esperaba más de él?
"Yo te protegeré"
¿Y cuándo, se supone, él la protegería a ella?
¡¿Qué ha estado haciendo todo este tiempo?!
—Quiero verla…—la mujer engrandece los ojos, asombrada. La mano de Sasori tiembla debajo de la de ella, reaccionando y cediendo a sus emociones. Esas que durante dos semanas han estado ausentes—. Quiero que esté bien…—la hoja de papel, humedecida. Chiyo solo atrae su cabeza al espacio entre su cuello, consolándolo—. Quiero protegerla…
—Te aseguro que ella también quiere lo mismo, Sasori.
.
V
.
A esa hora del día, Sasori ya no está en dónde Chiyo. Luego de haber llorado por aproximadamente una hora ha prometido, con una seriedad desconocida en su rostro, que no volverá a hacerlo por lamentarse sobre las cosas.
Le ha prometido, además, volverse más fuerte que ningún otro soldado.
Incluso de Sakura.
Le ha prometido controlar sus emociones pues, según él, se siente demasiado frágil si le pone demasiada atención a lo que le rodea.
Chiyo no sabe hasta qué punto preocuparse por esas promesas pero prefiere creer que se deben al calor del momento y que no serán un problema a futuro.
Que Sasori conservará partes del niño bondadoso que fue ahora que es casi un adolescente.
Que será un hombre maravilloso y con el tiempo un soldado ejemplar.
Sobre Sakura no han dicho nada más de lo necesario pero basta con solo mirarle a los ojos y ver la llama de sus pensamientos a cerca de ella para sentirse aliviada de volver a tener a ese Sasori expresivo.
Con Iruka ahora, por otro lado, el panorama de la realidad luce triste y desfavorable para Sasori y para Sakura. Kurenai ha sido un pilar fundamental, así como lo ha sido y es Iruka, para ambos. No tener la certeza de lo que le deparará el destino ahora que han encontrado incongruencias en su labor como soldado la han colocado en una posición en la que pende de un hilo. Ya ni siquiera es por su reputación, realmente no saben lo que pueda suceder con ella ahora que el Canciller ha descubierto todo lo que le hubo ocultado con respecto a Sakura.
—Bajaran de rango a Kurenai.
—¿La van a exiliar?
—No lo sé. Pretendo abogar por ella cuando se dicte su sentencia, al menos para que pueda vivir en la ciudad, pero…—el hombre presiona con fuerza los bordes de la taza de café que Chiyo le ha ofrecido.
Su reflejo sobre el inmóvil líquido es lamentable. No ha dormido si quiera lo necesario desde hace dos semanas pues no puede evitar sentir toda la culpa y la responsabilidad de lo acontecido.
—Ella te ha pedido que no lo hagas ¿verdad? —silencio—. Iruka.
—¿Qué se supone que haga ahora, Chiyo? —pregunta, con la angustia y la incertidumbre apoderándose de su voz.
—¿Has hablado con ella?
—Ella me pidió que no dijera nada —confiesa, cabizbajo. Ambos agradecen profundamente que Sasori no esté presente. Iruka, además, no sabe qué cara poner siempre que se lo topa desde aquella noche—. Ella cree que puedo proteger a Sasori y a Sakura en caso de que sea necesario —expresa con entristecida sátira.
—Yo también lo creo, Iruka —dice la mujer, colocando una mano encima de su antebrazo en señal de apoyo—. Kurenai está consciente de que, de ser descubiertos ambos, Sasori y Sakura quedarían desprotegidos ante el peligro —Iruka niega, irónico. Ha visto crecer a ese par y ha visto lo fuerte que son individualmente. A pasos agigantados, de no haber sucedido aquello, en un par de años más serían imparables—. Son fuertes, sí, pero ante la vida siguen siendo inexpertos —la melancolía en sus ojos lo trasladan a las noches de historias.
Noches con carpas improvisadas en la comodidad de su habitación. Y estrellas de papel pegadas y regadas por las paredes y el piso.
Ese par le ha devuelto, en gran medida, la vida y la esperanza luego de lo de Kakashi.
Y por eso piensa que les ha fallado. Ha jurado protegerlos, y las condiciones en las que ambos se encuentran ahora son lamentables. Sakura, reclusa, apartada de todos, y Sasori cada vez más perdiéndose en la soledad.
—Para ellos, eres una figura paternal. Lo de Kurenai será un golpe muy duro pero si llegas a faltarles tú, se romperán —Iruka suelta una risa irónica, en desacuerdo—. Kurenai lo sabe y por eso te ha escogido a ti para que guíes sus pasos de ahora en adelante.
—Nada de lo que he hecho prueba que soy capaz de proteger a alguien, Chiyo —aprieta con fuerza los puños dándole paso a más memorias.
A las más antiguas.
A Kakashi y él compartiendo tardes llenas de experiencia, luego de un duelo reñido entre ellos, prometiendo que cambiarán el mundo, tan solo teniendo la misma edad que Sasori y Sakura tienen ahora.
Promesas.
Promesas.
Y luego…Obito.
Y luego, nada.
Kakashi ha decidido apostar por alguien a quien apenas conocía de meses, en lugar de él. Nunca se lo dijo pero se sintió reemplazado. Y quizá ese fue su error: el nunca decir lo que sentía. El nunca expresar su punto de vista.
Y por eso, al final, Kakashi se fue.
Iruka no tuvo las agallas de proteger su amistad.
Por bastante tiempo pensó no volver a sentirse merecedor de algo o de la confianza de alguien, y entonces Sasori y Sakura llegaron a su vida. Pero nuevamente se siente en la posición de no serles de utilidad. ¿Qué hacer cuando lo que más quieres proteger es también una especie de atadura a tus inseguridades?
—Ellos necesitan de ti ahora más que nunca —replica ella, insistiendo.
—Te tienen a ti, Chiyo —la mujer sonríe, débil.
—Sabes a lo que me refiero —con la ternura propia de una madre, Chiyo le sostiene el rostro con ambas manos—. No los abandones. El mundo ya lo hizo una vez —Iruka respinga, afectado—. No repitas la historia, mi muchacho.
.
VI
.
Conseguir el acceso y la información necesaria sobre Sakura ha sido demasiado fácil.
Los soldados del área médica siempre suelen cuchichear y despistarse de vez en cuando de los dispositivos que hay a su alrededor.
Como un callado centinela, Sasori espera a que el personal salga del Invernadero.
Suponer que Sakura se encuentra ahí ha sido demasiado fácil como a la vez sorpresivo. Haber obtenido la información de la base diaria del área de informática, eso sí ha sido un poco difícil pero el adiestramiento de su entrenamiento, y la profecía de Kurenai sobre usar su mecanismo de hilos para sujetar cosas con mayor precisión, se ha cumplido. Ha sido un poco complicado colocar esos pequeños micrófonos en puntos estratégicos de la sala como también él escabullirse como un verdadero ninja.
Buscar el registro de Sakura, sin embargo, ha sido fácil también. Es de lo único que se mantienen reportes esos días del área médica, por lo que enterarse que de los laboratorios la han trasladado al Invernadero, parece que ha sido la mayor sorpresa.
—"Esto es cosa de Kurenai" —piensa, una vez dentro del lugar, pensando que ha sido ella la que ha intervenido para trasladar a Sakura a un lugar que ella considere adecuado para su recuperación, aunque claro, siguiendo completamente aislada del mundo.
Ha cogido el identificador de uno de los soldados de esa área al salir de ahí con bastante maestría. Ni siquiera notaran que les hace falta.
Y con la misma destreza hace que sus hilos, en vez que sus manos, presionen el par de botones que, él sabe, manipulan las cámaras. Han estado ahí infinidad de veces. Kurenai lo hizo para ellos. Su pequeño refugio en el que pueden ser ellos mismos. Aunque en ese preciso momento no puede presumir que ambos puedan darse la libertad de volver a ser simples niños.
La época en la que él era un niño asustadizo ya no existe.
En su lugar, ese muchacho.
—"Eso es nuevo" —piensa, tocando el cristal que divide ahora el pabellón verde de donde se encuentran las nuevas máquinas instaladas y él.
Como si fuera una jaula con una libertad condicionada a ese ecosistema falso que, esa noche, tiene un ambiente tropical. Con rapidez, y para nada de esfuerzo, presiona un par de botones conocidos, y el ecosistema cambia.
No es la orilla de la playa como le prometió pero Sakura reacciona tan pronto se da cuenta que el ambiente a su alrededor cambia, sugiriendo que no se ha quedado completamente sola una vez que oyó a la última persona salir hace un par de minutos.
Las altas palmeras son sustituidas por inmensos árboles frondosos. Calor es sustituido por frío. Colores cálidos por tonos azulados. Los paneles que proyectaron, todo el día, un cielo que no le favorecía, ahora es estrellado.
Se permite dudar a pesar de que sabe que solo una persona conoce esa parte de ella.
¿Qué cara estará haciendo?
Sakura se lo pregunta durante el tiempo que le toma ponerse de pie de su lecho solitario, ahora rodeada de sonidos propios de un bosque, y salir de entre los arbustos que le ofrecen protección.
Sabe que está ahí.
Lo confirma en cuanto lo ve cuando ella ha terminado de asomarse lo suficiente al borde de donde tiene permitido, rodeada del pálido azul de esa noche artificial, donde justo delante está el cristal que los divide.
No hay asombro.
No hay enojo.
El rostro de Sasori es un lienzo en blanco que a Sakura le resulta muy difícil de leer en ese momento.
¿Qué decir?
Mentir ya no vale la pena.
Él ha visto todo.
El penoso incidente en el que, Sakura piensa, el más afectado ha sido él. Pero para Sasori es lo contrario. Ahora, en cuanto la ve levantar su mano y pegar su palma al cristal, lo sabe. A cualquier otra persona le tomaría menos segundos, de los que a él le tomaría, decidir salir huyendo.
Pero él no.
Él nunca ha sido como los demás a pesar de que Sakura desea, desde el fondo de su corazón, que así sea.
"La gente que se queda a mi lado,…sufre"
Y sin embargo está ahí, suplicante, esperando que él responda. No lo culpará si no lo hace. No puede guardarle rencor. Él le ha dado todo y…
¿Por qué?
¿Por qué tiene ganas de llorar?
¿Por qué Sasori ha caminado hacia el borde del cristal y también ha colocado la palma de su mano encima de la de ella?
—No te temo —es lo único que dice para luego darle paso al sonido de un llanto que no ha sido escuchado en muchos años.
Esa es la primera vez, en mucho tiempo, que Sakura se permite llorar con ganas. Sasori no puede tocarla pero duele demasiado ver como su cuerpo se retuerce en espasmos que no la dejan hablar debido al llanto.
Duele más prometer algo que no sabe si podrá cumplir.
Duele más tener sentimientos tan complicados que no debería sentir.
Pero sobre todo…
—No te voy a abandonar, Sakura.
…duele verla así.
.
VII
.
La noche en la que todo ocurrió le recuerda a esa, aunque sabe que ese cielo es falso, la sensación de los dientes de Sakura sobre su cuello, arde.
Arde pero ya no le teme.
No desde que, por voluntad propia, (y luego de aprender como desvanecer ese cristal e ir hasta donde ella está), le proporciona su sangre. A escondidas de todos, Sakura mejora día con día.
La inestabilidad presentada pronto encuentra su punto de equilibrio. Y aunque tarde o temprano son descubiertos por la propia Kurenai, finalmente, parece ser, existe una manera de contrarrestar el hambre descontrolada de Sakura.
—Tu sangre es especial, Sasori.
—¿Lo dices por el sabor o por qué?
—Me refiero a sus propiedades —mientras Kurenai no aparta la vista de los gráficos, Sasori se siente ligeramente temeroso de que el Canciller, y otros tres soldados más, estén ahí.
Lo poco que sabe es que Kurenai ahora está en una especie de arresto domiciliario debido a lo sucedido con los datos escondidos. Supone, además, que es la única capaz de hacer bien su trabajo como para que el Canciller haya prescindido de ella y no haberla simplemente botado.
Es la única, además, capaz de fabricar una vacuna capaz de contrarrestar los instintos de Sakura. O eso es lo que ha entendido ese tiempo en el que ahora él también se la pasa mucho tiempo en los laboratorios.
Y en todo momento, estando el Canciller o no presente, Sasori no se despega de Sakura.
Si bien han vuelto a hablarse, la cosa es que Sakura representa ahora un ser bastante temeroso ante la sociedad. Y Sasori es su pilar. ¿Qué hay de malo en sentirse con ese único privilegio ahora? Sabe que es un pensamiento bastante infantil pero si Sakura desea estar a su lado incluso cuando tiene miedo de irse a dormir y descontrolarse, él lo hará.
—Explíquese, por favor, doctora Kurenai —ordena Danzou con la voz cargada de seriedad. Sasori solo aprieta más la mano alrededor de la de Sakura cuando la siente ligeramente temblar a su lado.
—La sangre de Sasori posee una particularidad única debido a lo expuesto que estuvo a las esporas hace tiempo. Se adaptó a ellas pero no presenta patrones hostiles a diferencia de Sakura a quien se le suministró un agente infeccioso directo a su ADN —a medida que Kurenai explica, Sasori solo se permite perderse en la conversación que tuvo con ella e Iruka hace días. Un breve resumen de todo lo que Sakura sufre debido a su condición.
Su molestia no se hizo esperar tan pronto ese par terminó de hablar.
¿Por qué no le habían dicho nada? ¿Por qué le habían ocultado algo tan importante? ¿Por qué Sakura había estado de acuerdo en no decirle nada? Pensar en el por qué ya ni siquiera tiene importancia en estos momentos.
Lo importante es avanzar. Es encontrar una manera en la que Sakura pueda volver a su vida normal. Y parece que todo depende de él.
—Su sangre funciona como una especie de catalizador temporal en Sakura. Con la creación de una vacuna, una especie de antídoto, Sakura puede estar más tranquila en el remoto caso de que vuelva a tener una recaída.
—¿Qué tanto tiempo te tomaría elaborarla? —pregunta Danzou, serio, quien en todo ese rato no le ha quitado la mirada a ese par silencioso.
—Un par de semanas —silencio.
—Tienes hasta entonces para fabricarla. Luego de eso, te vas —sentencia sin más, acercándose lo suficiente a ellos como para que Sasori, sin importarle el nivel jerárquico que existe entre ese hombre y un mocoso como él, se coloque delante de Sakura—. ¿Crees que voy a lastimarla? —pregunta con sátira. Kurenai, nerviosa, solo se dispone a observar. Hay tres soldados de rango alto además de ella ahí y debe ser por la razón que cree.
No es por ella.
Es porque Sasori y Sakura se han vuelto elementos tanto valiosos como desconfiables para los pocos que conocen la existencia de aquella condición.
—Solo busco el bienestar de ambos, Sasori —asegura el hombre, intentando tocar los cabellos sueltos de Sakura, pero Sasori se lo impide tan pronto se percata de ello—. ¿Qué pasa? ¿Por qué esa desconfianza, muchacho?
Si se lo preguntan, Sasori nunca le tuvo una mísera pizca de confianza al Canciller desde el momento en que lo encontró. Cabe decir que si lo ha obedecido durante los últimos años es porque, hasta ese momento, les había permitido vivir como quisieran. Pero basta ver sus ojos para que termine de disgustarle la idea de que Danzou tenga un interés bastante peculiar en Sakura.
Uno que no le gusta para nada.
—Sakura está susceptible al contacto con las personas desde lo ocurrido, Canciller. A la única persona que le permite estar cerca de ella es a Sasori —interviene Kurenai, abogando—. Hay que darle tiempo para que vuelva a acostumbrarse a todos nosotros.
—¿Es así, muchacho? —le pregunta directamente a lo que Sasori se sobre esfuerza por responder con falsa tranquilidad.
—Sí —responde, grave, tragando pesado—. No es nada personal, señor.
—Espero así sea.
Tan pronto se despiden, tanto Sasori como Kurenai pueden volver a circular aire en los pulmones de manera estable. Un soldado se ha quedado con ellos, vigilando, pero poco les importa al trío.
—Lo siento, Sasori. He dicho lo de la vacuna pero ni siquiera te he consultado si estás dispuesto a…
—Lo estoy —la mujer se azora levemente—. Si mi sangre puede serle útil a Sakura, entonces está bien.
Tal carga puesta en los hombros de ese chico; Kurenai admira su valor pero por sobre todo es bastante notorio el sentimiento que percibe por parte de él con tal solo ver como éste observa a Sakura con suma delicadeza.
En como acomoda sus cabellos –esos que llevan bastante rato sin ser peinados propiamente- detrás de su oreja. Cómo la procura. Cómo está tan al pendiente hasta de la manera en la que respira.
Lo ha venido sospechando desde hace un par de años.
—¿Dolió?
—¿Hm?
—Morder tu cuello.
Esa sonrisa que solo es para ella cuando ambos ignoran al resto del mundo.
—Un poco, pero se pasará pronto.
—¿Le dirás a los demás? ¿Que soy un monstruo?
—¿Acaso eres tonta? Voy a protegerte, sin importar qué.
Posiblemente se trate de amor.
.
VIII
.
Tan pronto la vacuna es fabricada, los niveles de alteración de células de Draug en Sakura se estabilizan. No pasan muchos días para que el cambio sea notorio incluso en el semblante de la pelirrosa. Y aunque Sasori, Iruka, Chiyo y Kurenai procuran que Sakura no sienta culpa alguna por lo lo sucedido, la espina sigue ahí.
Pasan los minutos.
Pasan las horas.
Pasan los días.
Y las actividades que estaban acostumbrados a ejercer vuelven a ser el día a día. Del resto de soldados curiosos poco o nada se preocupan. La coartada que ha generado el Canciller es lo suficientemente creíble para saciar la curiosidad de quienes preguntan directamente. El evento de la naturaleza de Sakura pasa desapercibido para el resto con el pasar de los días.
—Quita esa cara. No me estoy yendo de tu lado —le dice él, divertido, jugando con su nariz, cuando llega la hora de separarse pues desde que Sasori ha aceptado ser examinado con el fin de crear la vacuna, es evaluado constantemente.
—Ya me encuentro bien. No le veo sentido el que sigas yendo a los laboratorios —dice ella en tono descontento, aferrándose a su mano.
Sea por orden del Canciller.
O por petición de Kurenai.
A Sasori no le importa. No le importa con tal de mantener estable a Sakura.
—Está bien. Kurenai está ahí así que confío en ella —expresa para tranquilizarla. Más pronto que tarde, haciendo ese gesto con el meñique al que están acostumbrados, se despiden.
Y así medio año transcurre.
Y dos sucesos más, similares pero con una intensidad menor, ocurren. Es suficiente advertencia para todos el saber que Sakura podrá volver a caer en ese estado en cualquier momento. Y cuando las cosas son críticas el ser humano no piensa con tal de favorecer al ser querido.
—Aunque se puede controlar por un tiempo su instinto primitivo, tarde o temprano su naturaleza volverá a presentarse. Aquella con tendencias a atacar y devorar.
—¿Qué sugieres, Kurenai? —la mujer está cansada.
Cansada de probar y no obtener resultados. Por un tiempo la sangre humana de Sasori estuvo bien para contrarrestar la necesidad de Sakura pero pronto dejará de ser un método efectivo. Ella lo sabe. El Canciller lo sabe. El consejo, que delibera en esos momentos, también. El futuro de Sakura es incierto. Su crecimiento estancado, por otro lado, es alarmante.
Sasori sabe a cerca de eso a pesar que ese es un tema que ni Iruka o Kurenai han tocado con él. Le han dicho sobre lo que le han hecho a Sakura en el pasado pero han omitido partes esenciales. Como que no crece. Pero es evidente. Quizá no lo notó en su momento pero ahora, que pasa la mayor parte del tiempo con ella, es notorio. Aunque tampoco cree conveniente preguntarle a la misma Sakura debido a su inestabilidad.
Pero lo sabe.
Ha leído los registros en donde almacenan los expedientes. Infiltrarse ha sido muy fácil. Al menos para él quien cada vez se vuelve más hábil en ello.
—No lo sé. Tengo una hipótesis pero apenas la he probado en roedores.
—Explícala —pide Danzou con esa presencia que siempre impone tenebrosidad.
Sasori está asistiendo a la reunión por petición propia. Kurenai le ha negado la entrada, como es de esperar, pero para su buena suerte o maldita fortuna, Danzou lo ha autorizado.
—La sangre humana de Sasori dejará de ser útil pronto. Entonces pensé en la posibilidad radical de proporcionarle las mismas células de Draug a un ser vivo. De esa forma su cadena molecular mejoraría y existiría la posibilidad de que la sangre del portador se vuelva un antídoto aún más efectivo para ella —hace una pausa, mordiéndose el labio. El resto de los presentes murmura mientras Danzou parece incrustar una idea tenebrosa en su mente al ver a Sasori tan callado.
—¿Qué hay de probarla en humanos? —las voces callan y Kurenai lo mira como si estuviese demente—. Si tu hipótesis es correcta, si a un humano se le inyectan células de Draug, entonces podría…
—¡Es una locura! —la mujer niega repetidas veces—. ¡Solo lo he probado en animales! ¡Además, sería inhumano! ¡Estaríamos haciendo lo mismo que le hicieron a esta chica! —se exalta pensando en todo lo que Sakura tuvo que pasar para llegar a ese punto.
—Ciertamente, Danzou, no resolveríamos nada. Solo crearíamos otro problema —habla uno de los miembros del consejo, y Kurenai parece recuperar los colores al ver un poco de apoyo a tan absurda idea—. Según la información recopilada por la doctora Kurenai, Sakura es única en su especie. Se presume que el resto de personas con el que experimentaron, murieron. ¿Qué te hace pensar que un humano cualquiera podría soportar las células de un No Muerto en su organismo? Y no solo eso. Evolucionar hasta el nivel de Sakura.
—Debemos evitar más muertes. Probarlo en humanos no es opción —añade otro miembro más.
—No estaba pensando en un humano normal.
Si tan solo no lo hubiese hecho.
Si tan solo hubiese esperado.
Kurenai siente el estómago revolverse cuando finalmente el Canciller lo señala.
Y Sasori no puede estar más confundido que ningún otro en el momento en que siente las miradas encima de él. Más la de ese hombre.
Debió haberlo sabido, que su destino pronto sería tan improbable como lo era el de Sakura.
.
IX
.
Tan pronto se autoriza la descabellada idea, Kurenai sale del programa.
No porque el consejo haya votado por ello o porque el Canciller simplemente lo haya ordenado (aunque estaba ya dicho que tan pronto encontraran una cura favorable para Sakura, ella se iría), sino porque ha sido por su propio pie.
—No seré partidaria de esto. Incluso si es por la mejoría de Sakura, no sabemos si va a funcionar. No planeo usar como chivo expiatorio a Sasori bajo ninguna circunstancia.
—No hay antecedentes de que por tener Sasori cierta inmunidad a las esporas, vaya a ser lo mismo con las células de Draug —añade Iruka.
—¿Qué dice él? —pregunta Chiyo al par.
¿Que qué dice él?
Por supuesto que está asustado.
No sabe ni lo que va a ocurrirle tan pronto se someta a la prueba. No sabe si va a terminar convirtiéndose en una de esas cosas o si simplemente su cuerpo va a rechazar el producto y va a terminar muriendo de una manera bastante penosa.
Adiós, futuro.
Adiós absurda idea de pertenecer a SHINOBI.
Adiós, vida.
Tiene miedo.
Enserio que sí.
Está a punto de cumplir los quince y es oficialmente más grande que Sakura. La voz le ha engruesado. Los músculos se han pronunciado. El cabello le ha crecido un poco pero a pesar de que ya luce como todo un hombre, aún así tiene miedo.
Lo tiene y a la vez no por una simple razón.
—¿Tienes frío?
La mota rosa, que es el cabello de Sakura, le hace cosquillas mientras están recostados en medio del bosque. El Invernadero suele estar siempre en uso debido a ellos. Y hay ocasiones, como la de ahora, en las que Sakura solo quiere dormir teniendo la certeza de que cuando despierte Sasori seguirá ahí. Que no se irá a ningún lado.
Tal nivel de dependencia da miedo pero tampoco le importa mucho a él.
Con el pensamiento de sentir como le abraza es suficiente para que todo ese miedo se disipe.
—¿Por qué crees eso?
—Porque estás temblando como un perrito mojado —ríe él ante la ocurrencia tras oírla.
Si muriera mañana…
No, no quiere pensar en eso ahora.
Solo en el bonito sonido de Sakura, completamente tranquila, al respirar.
—Enserio, deja de temblar —la oye farfullar, dándole un golpecito en el pecho.
—Oh, cállate.
Y él solo se permite reír.
Quizá esa será la última vez que se permitirá hacerlo genuinamente.
.
X
.
La prueba es exitosa.
La prueba de la que Sakura no se ha enterado.
Y esperan, por mucho tiempo, mantenérsela en secreto.
Pero no cuentan con un pequeño detalle. Una reacción consecuente al entrar en contacto la particularidad de Sasori con las células de Draug. Un humano con corazón. Un corazón humano.
—¿Qué? ¿Por qué me miras tanto?
Sakura es consciente de la propia ralentización de su cuerpo. Lo sabe de sobra porque lo vive en carne propia. Pero es consciente de que los años transcurren y de que hay algo raro en Sasori que no le agrada.
—Te has estancado —comenta, dejando de comer.
Sasori la observa, confundido, continuando devorando su filete.
Y es que el estómago le gruñe en proporciones titánicas. Y cómo no, si hace unas horas lo tuvo vacío luego de presentar la primera prueba para volverse un soldado oficial. Sakura también ha estado ahí, cumpliendo espléndidamente su papel, siendo uno de los cadetes con más expectativa que ningún otro.
De ambos es bien sabido el nivel tanto táctico como estratégico que poseen. Verlos ahora, finalmente, luego de mucho tiempo postular para un lugar en las filas de SHINOBI es digno de admirar. Iruka no para de alardear sobre ellos con todo aquel con el que se topa.
De Kurenai les gustaría decir lo mismo pero la ven poco. Luego de ser destituida oficialmente de SHINOBI, y pasar a ser una simple ciudadana (gracias a que el consejo terminó reconociendo su valía y sus años de servicio en el Cuartel), la ven contadas veces.
—No sé a qué te refieres —confiesa él, limpiándose un poco la boca.
La cafetería está un poco vacía a esa hora, y ellos ya han casi terminado para irse a estirar un poco y luego pasar al Invernadero las últimas horas del día.
—¿Enserio no lo sabes? —la pregunta de Sakura es acompañada por una sospecha bastante precisa.
No deja de mirarlo, y aunque es probable que él admita secretamente que siente algo por ella, no es como que se ponga de todos colores cada que está a su lado.
—¿Ah? —emite solamente, genuinamente desorientado.
Y Sakura sabe que no miente. En verdad es pésimo para entender las cosas pero ésta escena no es sacada de una comedia. Sakura está siendo realmente seria al respecto a cerca de eso que sospecha pero que no se atreve a decirle, pero que claramente le está consumiendo el cerebro justo ahora.
—Nada —finaliza, tomando su respectiva charola para ir a depositarla en el lugar que corresponde—. Anda, ya vámonos.
.
XI
.
Pero vuelve a suceder.
Las esporas.
La segunda lluvia.
Y Sakura se topa, en medio de su primer misión como soldado activo, con el hombre del que dependerá los siguientes años. El hombre que le pinta una realidad tenebrosa pero verídica. Y todas las sospechas sobre Sasori, junto a las consecutivas visitas al laboratorio, hace que sienta que los papeles se han invertido.
¿Así se siente el peso de la mentira?
¿El peso del engaño?
¿El peso del mundo?
—¿Desde cuándo?
De esas veces en que Sakura se pierde en las montañas y da pistas de su paradero dos días después, sucia pero revitalizada.
Revitalizada incluso más de cuando las veces en que ha bebido la sangre de Sasori.
Hay un brío preciso en sus ojos cuando Sasori la encuentra dos días después de haber perdido su rastro. Esa, para él, también es su primera misión como soldado. Y ha vivido horas infernales luego de que le hubiesen reportado que Sakura se hallaba desaparecida.
Los recuerdos de esa noche, en cuanto la ve aproximarse, al campamento del Cuartel instalado, vienen a su mente.
La alegría de verla en una pieza dura poco en cuanto Sakura le toma por el cuello y le mira con ojos furiosos y dolidos.
—¡Oye! ¿Q-Qué estás…?
—¡Dime! ¡¿Desde cuándo te inyectas eso?! —Sasori engrandece los ojos, atónito. ¿Cómo demonios se enteró? —. ¡Respóndeme antes de que te tumbe los dientes! —exigente, completamente histérica, Sasori casi puede jurar como sus ojos se vuelven húmedos. Tarde o temprano iba a enterarse ¿no es así?
—Desde los quince, Sakura —la pelirrosa engrandece los ojos, y las lágrimas furiosas caen solas—. Tengo quince también ahora.
Eso quiere decir que…
Desde hace cuatro años.
.
XII
.
Lo sabían.
Todos ellos lo sabían.
Mientras Kurenai oye el funcionamiento de los pulmones de Sasori, Sakura luce apartada de todo. No deberían estar ahí en primer lugar. Haber conseguido salir a la superficie, sin embargo, fue fácil gracias a Iruka.
Convencerle fue sencillo pues el fundamento fue básicamente el que Sakura ya sabía lo que ha Sasori le sucedía. Detenerla de ir a ver a Kurenai para confirmar sus sospechas sería una tarea imposible.
Además de eso tanto él como Chiyo y la propia Kurenai se han ganado la mirada decepcionada por parte de la pelirrosa. Y aunque lo lamentan no hay forma de seguir mintiendo.
—La ralentización de Sasori es parecida a la tuya —oír esa palabra, y el nombre de Sasori en la misma oración, le hacen a Sakura querer vomitar—. Las células de No Muerto en él se adaptan a su cadena molecular, como a la tuya, pero la particularidad de su sangre lo hace inmune a que tenga recaídas como tú o a que presente tal patrón salvaje. La lentitud de su crecimiento es un efecto secundario. No creímos que fuera funcionar del mismo modo que contigo así que…
—¿No creyeron? —pregunta Sakura, filosa. No está para nada contenta y su semblante lo demuestra. Sasori quiere abrir la boca para decir algo pero se abstiene, virando el rostro—. No sabían lo que iba a sucederle y ¿aun así lo probaron con él? —Kurenai baja el rostro.
—Nada pasó ¿sí? —interviene finalmente el pelirrojo—. Mírame. Estoy completamente sano y…
—¿Es que no te das cuenta? —exaspera, furiosa. Hay algo que ese par no está tomando en cuenta. Un factor que afecta a Sakura más que a cualquiera. El hecho de pensar que vieron en Sasori el mismo patrón que ella para utilizarlo, le asquea—. ¡Te están usando!
—Sakura, escucha… —intenta dialogar la mujer, fracasando.
—¡Y tú lo permitiste! ¡Tú, Chiyo, Iruka…!
—¡Yo también lo permití! —vocifera el soldado, poniéndose de pie con brusquedad, colocándose un paso delante de Kurenai en señal de apoyo. Sakura, atónita, da un paso atrás—. Deja de buscar culpables, Sakura. Yo di mi consentimiento para esto.
—¿P-por qué?
—Lo hice por ti —que absurdo, piensa ella. ¿Por ella? Dios, es la respuesta más idiota del mundo.
Y aun así no puede evitar sentir felicidad y culpa a la vez.
Otra vez.
Otra vez está haciendo que la gente a su alrededor se hunda con ella.
—¿Por mí? —ríe, lo más cercano a la pura sátira—. ¿Yo valgo lo suficiente como para que te quedes en una edad estancada de por vida?
Sí, ¿por qué demonios lo haría? ¿Qué no tiene metas por cumplir? ¿El deseo de formar una familia? ¿El deseo de envejecer? De pronto siente como le falta el aire. Como todo da vueltas.
—Puede que tú pienses que lo mejor para mí es seguir creciendo y envejecer, Sakura —dice, dando un par de pasos al frente. Sakura, firme como su rostro cundido de lágrimas y furia, no retrocede—. Si es así como piensas, tu pensamiento y el mío son muy diferentes —hace una pausa antes de finalizar—. Si eso quieres para mí, está bien. Pero yo ya decidí.
Y Sakura piensa que es la peor decisión de todas.
.
XIII
.
La segunda lluvia de esporas sucedió ocho años después de la primera, lo que significa que Sakura lleva perdidos ocho años de su vida y Sasori cuatro.
¿Y luego qué sigue?
¿Vivir eternamente hasta que les llegue la fecha de caducidad a sus cuerpos?
Sakura no tiene prisa en crecer ni en decidir seguir haciéndolo pero las cosas se han salido de control desde lo acontecido con Sasori. No aprueba su estúpido razonamiento a cerca de continuar con el tratamiento de las células de No Muerto.
Desde entonces las cosas entre ellos están más tensas e incómodas que nunca.
—¿Y toda ésta grandiosa idea se le ocurrió al Canciller?
—¿Vas a seguir con lo mismo?
Por supuesto que lo hará.
Lo seguirá haciendo hasta que consiga sacarle esa idea de la cabeza y logre convencerlo de dejar de someterse a eso.
Las peleas entre ambos aumentan a cada segundo pues Sakura no escatima en demostrar su descontento, frente a él, cada que tiene oportunidad. Ya ni siquiera visitan el Invernadero. Y el poco tiempo que comparten juntos solo es para pelear.
—Deja de insistir, Sakura. No te voy a hacer caso —expresa el pelirrojo, pasando a su lado.
La cara seria de Sakura refleja que no le hace nada feliz la noticia que ahora hay en boca de todos. La propuesta de que Sasori será promovido de categoría debido a su rendimiento. Un rendimiento que ha encantado, irónicamente, al Canciller.
Sakura puede contar únicamente con los dedos de su mano izquierda las veces en las que ella es solicitada por ese hombre. Las de Sasori, por otro lado, necesitaría de, al menos, otras tres personas para llevar el conteo.
¿Qué hay con esa inesperada predilección hacia el pelirrojo por parte de ese hombre? Sasori justifica que son celos pero la verdad es que Sasori es un imbécil –según Sakura- que no se da cuenta del verdadero motivo por el que a ella le molesta tanta excesiva atención.
Un motivo mucho más perverso.
—Hoy no vi a Sasori en todo el día —comenta Sakura a Chiyo.
Los papeles se han invertido.
Y ahora ya no es ella la que se la vive en los laboratorios ni con Danzou.
Es él.
Y a Sakura le perturba toda esa situación.
Algo no está bien.
—Bueno…Ahora que subirá de rango es probable que tenga más obligaciones y tenga menos tiempo ¿no crees? —Sakura la mira como si no pudiera creer lo que oye. ¿En verdad ella tampoco se da cuenta de lo que sucede?—. ¿Pasa algo?
—Eso mismo quiero saber.
.
XIV
.
—Me acaban de promover. ¿Podrías, al menos, fingir que estás feliz? —y es que el semblante inconforme de Sakura demuestra todo lo contrario. Además ¿Hace cuánto que no se ven? —. Quita esa cara. Ve el lado bueno. Si escalo rápido podré volverme Fenrir pronto y podremos salir al exterior las veces que sean —dice él, sonriente, pero la pelirrosa no comparte ni una mísera pizca de emoción con él además de la frialdad. Y Sasori, últimamente, tampoco es muy paciente que digamos—. ¿Me vas a decir qué demonios te sucede?
—No estoy segura de querer salir más seguido —responde algo totalmente alejado de lo que en verdad desea decir, pero no miente tampoco.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de salir al mundo?
—No. Tengo miedo de lo que yo pueda hacerle a él.
Días nuevamente.
Semanas enteras.
Pasa mucho tiempo para que Sakura entienda que el Sasori al que conoció no va a volver si no hace algo.
No confía ni remotamente en lo que sea que Danzou está planeando hacer con él.
Solo un ciego como el propio oji marrón sería capaz de no ver esas dobles intenciones. Sakura lo sabe pues ha visto ese tipo de miradas en el pasado. Las que son perversas y las que solo buscan el bien propio a cambio de destrozar a una persona.
Las personas de ese extraño laboratorio hicieron lo que quisieron porque ella era tan débil que terminó permitiéndoselos.
Y la mirada de Danzou no es diferente a la de ellos.
La forma en la que ve a Sasori es tan parecida a cuando la vio a ella por primera vez.
Crear al soldado perfecto es una ambición muy poderosa, y Sakura está segura de que eso es en lo que planea convertir a Sasori.
.
—No has venido a ningún entrenamiento.
—No te incumbe, Sasori.
.
—¿Dónde estabas la semana pasada?
—¿Importa?
.
¿Qué hacer?
¿Qué es lo que puede hacer para que el Canciller deje en paz a Sasori y le libre de toda esa maldición? Ella ya está acostumbrada a eso. Pero él no. Y no puede permitir que lo hunda más.
Pero no es fácil. No es como que simplemente vaya y le pida a ese hombre que deje a Sasori en paz porque sospecha de sus oscuras intenciones. No puede, siquiera, mencionárselo. Primero debe hacer que deje de prestarle atención.
Librarlo de la prisión de su ojo que todo lo ve.
Incluso si eso es a costa del odio.
Incluso si eso es a costa de la envidia.
Más fuerte.
Más fuerte.
Más fuerte que nadie.
Los números rojos sellando el filo de su katana comienzan así. Y no pasa mucho tiempo para que comiencen a llamarla por otro nombre y a ponerle un sinfín de adjetivos que la pintan como una despiadada.
Las promesas.
El meñique.
Nada de eso importa ya pues ese es el único método que Sakura conoce para poder alejar a Sasori del Canciller. Ser mejor que él. Ser mejor y atraer los ojos del mundo una vez más. Incluso si eso implica que las personas a las que estima comiencen a resentirse con ella. Ya lo ha decidido. Pero primero debe convencer a Danzou de ello.
—Sakura será ascendida —el masticar de Sasori se detiene tan pronto Iruka abre la boca y suelta la oración. Debería…alegrarse ¿no es así?
Pero es que ya casi ni se ven en todo el día.
¿Cómo? ¿Cómo es que Sakura será ascendida si ha faltado a todos los entrenamientos? Durante las tardes ya ni siquiera se topan. Y cuando ambos son reclutados para misiones al exterior siempre lo hacen en escuadrones distintos.
De hecho no la visto durante toda la semana que ha transcurrido y le inquieta bastante. Danzou, además, ya no prescinde de él. Y no es como que le importe mucho. Pero Sakura…
—¿Enserio? —dice, queriendo restar importancia, pero el peso de las palabras de Iruka parecen no ser claras para él aún—. Supongo que eso es bueno.
—Sasori —lo llama, y el tono serio tensa el ambiente—. ¿Sabes lo que se dice ahora de ella?
—Solo sé que la llaman por un estúpido sobrenombre.
—Ayer mató a cincuenta personas.
La cuchara cae.
La sopa se enfría.
Su boca y sus ojos se petrifican.
—¿Q-qué…?
Ahí está de nuevo. Ese incesante zumbido que hace tiempo ha dejado de escuchar. Ese sonido propio de la interferencia, señal de que todo se está yendo en picada.
Todo se está saliendo de control.
Esas misiones que nadie se atreve a hacer por mero remordimiento humano, Sakura las toma.
Es fácil escalar haciendo el trabajo sucio que nadie quiere hacer, y es fácil atraer la mirada del mundo cuando abandonas la moral y solo obedeces sin replicar. El escenario se pinta solo cuando Sakura empuña su katana y todo su semblante cambia.
La irónica y amable chica se ha ido. No existe más.
Y Sasori no entiende tal imparcialidad en su semblante a la hora de tener que ejecutar a gente que se presume está infectada.
Cuando todas las espadas y armas flaquean, la de Sakura no.
Pero Sakura dice tener un plan. Pues a pesar de tener la mirada de Danzou sobre ella el tiempo de Sasori continúa congelado. ¿En qué momento va a dejarlo en paz? ¿Qué más necesita hacer? Y ella está condenándose de por vida matando a diestra y siniestra.
Hablar con Sasori tampoco es una opción.
Hace apenas anoche lo han hecho y han terminado peor de lo que ya estaban.
Exigencias como el saber porqué de lo que hace son cosas que a Sakura no le importa con tal de mantenerlo alejado a él de la atención de ese hombre. Pero eso es algo que Sasori simplemente no entiende, como tampoco entiende por qué es que Sakura cada vez más se vuelve en una figura a la que todo el mundo le causa temor.
Esto debe parar, piensa ella, ahogándose en la soledad del Invernadero pues no hay sitio, además de ese, al que pueda ir luego de la pelea que ha tenido con Sasori.
Está enfurecido.
Lo supo con ver sus ojos; y a la vez está muy decepcionado del método que Sakura ha implementado para escalar a pasos agigantados en las estadísticas de los soldados más fuertes.
"Ya ni siquiera te reconozco, Sakura"
Le ha dicho él antes de salir hecha una furia a quien sabe dónde.
Sin embargo las próximas noticias que Sakura tiene de él son devastadoras en cuanto un soldado de rango menor la encuentra.
Sakura acude tan pronto se lo informan, atravesando medio Cuartel para toparse con la escena.
—¡No! —pero poco o nada puede hacer tan pronto siente como dos soldados la sujetan de brazos.
A pesar de que esa sala secreta parece ser sin sonorización, es fácil imaginarse el tipo de gritos que Sasori está soltando mientras es castigado por su imprudencia.
Y es que solo un impulsivo como él, preocupado además, por el destino de Sakura al manchar sus manos de sangre por órdenes del Canciller, poco le ha importado el castigo que habría de obtener en tanto aborda en el despacho del hombre con toda la intención de golpearlo.
Nadie nunca había osado, si quiera, en tener tal pensamiento contra el soberano de todo.
Y entonces, Sasori.
Sasori recibiendo azotes.
Sasori cubierto de sangre.
Sasori con heridas en la espalda.
Uno.
Dos.
Sakura no puede seguir viendo y como puede se deshace de la prisión de ese par de soldados con el puro instinto de acudir a él.
—Yo me lo pensaría dos veces antes de dar un paso dentro de esa habitación, bella flor de Loto —la sangre de Sakura hierve cuando se percata de Danzou a un lado, como si fuera un simple espectador del castigo que él mismo ha ordenado en tanto Sasori ha intentado ponerle una mano—. En verdad resulta un poco decepcionante todo este asunto ¿sabes? —los puños de Sakura se tiñen de rojo a medida que el castigo continúa.
Y ella, tan cerca de él, está helada.
Ni siquiera ha distinguido una forma de entrar a esa parte de la sala pues donde ella y Danzou se encuentran luce como una conexión a parte en la que las personas de adentro no pueden verlas ni oírlas. Y eso incrementa su desesperación.
—Un futuro brillante como soldado siendo opacado por sentimientos tan innecesarios.
¿Cuánto cuesta el peso de la culpa?
Sakura se lo pregunta cada vez más desesperada. No puede pensar. No puede hablar. No puede moverse.
¿Qué puede hacer?
¡¿Qué?!
—¡Dijo que no lo lastimaría! —grita, devastada, pero sin tocarlo. Y el semblante del hombre se ensombrece un poco más cuando nota la rabia con la que lo mira—. ¡Dijo que si yo hacía lo que usted pedía lo dejaría a él en paz!
—Lo dije, es verdad —hace una pausa, solo para pintar un semblante aún más enfermo que el anterior—. Pero ya sabes lo que dicen, bella Sakura, solo un Rey puede transgredir sus propias promesas.
¿En qué momento se equivocó?
—¿Quieres salvarlo? Vuélvete como yo.
Un Rey que no respeta sus propias reglas.
—Rompe las reglas cuanto quieras. Haz lo que te plazca pero, a cambio, sírveme.
Quien no asume un riesgo nunca gana nada. Y para la altura de lo que está sucediendo, a Sakura solo le queda un camino. El mismo camino que se negó a aceptar el día en que Danzou la arropó bajo su capa con intenciones aún no previstas.
—Lo dejaré en paz pero ¿sabes que él no se quedará tranquilo en tanto tú estés con a su lado y confíe en ti, verdad?
Por eso le ha propuesto servirle. Porque de esa manera Sasori entenderá que su propia imprudencia lo ha llevado a terminar así.
No por Sakura.
No por él.
No por nadie.
—Haz algo, Lotus. Pruebame tu lealtad.
Algo para que se aleje de ella.
—Algo que deje una marca imborrable en él.
—Algo… —cuando Sakura entra a la habitación, temblorosa y sumamente afectada, y el verdugo le cede su posición, dándole además el instrumento con el que le ha dado los primero azotes, entiende que todo es su culpa.
Que todo terminará pronto.
Que ella no nació para tener días felices.
Colores rojizos.
Contrapuestos al sol.
Así quiere conservar el recuerdo de su sonrisa en su mente.
Y de cómo ella, quien luego de haber perdido tal facultad, pudo volver a hacerlo gracias a él.
Debió suponerlo desde el principio, desde el momento en que Danzou la llevo a manos de Chiyo y citó tales palabras.
"Has de ella una mujer de la que todo el mundo deba temer"
—¿S-Sakura…?
—Perdón.
La culpa se inyecta.
La ira también.
Uno.
Dos.
Tres azotes; y la espalda de Sasori no duele tanto como duele su corazón rompiéndose a pedazos.
Duele. Duele. ¡Duele!
¡Oye como grita!
¡Oye como suplica!
Y aun así…
"Aun así"
—"Lo siento. Lo siento. Lo siento. ¡Lo siento!" —piensa, gritando a su mente, pero de su boca no sale nada.
Debe aguardar su papel hasta el final aunque todo su interior está igual de roto a como lo está la espalda de él en estos momentos. Consciente de que los azotes que está recibiendo son de una persona a la que tanto quiere.
"Haz algo"
Algo para que deje de seguirla.
Algo para que deje de quererla.
—"L-lo siento..."
Algo para que la odie toda su vida.
.
.
Continuará...
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
-saca su cajita de Kleenex;
Les dije que sería sad (?) -la golpean- Resumiendo el acontecimiento por el que el dúo SasoSaku se separa, es simple. Danzou se vio amenazado, no solo por la inmensa fuerza que Sasori y Sakura representaban juntos, sino también por el hecho de entender que algo como lo que el pelirrojo comenzaba a sentir les haría perder la cabeza a ambos y los alejarían del sentido de servirle ciegamente.
Finalmente a Sakura no le queda más remedio que alejarse de él pero sabe que aunque lo haga, Sasori se cuestionaría y se negaría, es por eso que al final decide ser ella misma la que le de los azotes. Para que la odie y le de un motivo de separarse. Solo así el Canciller lo dejará en paz.
Recordemos también que el tiempo de Sasori se detuvo por cuatro años debido al tratamiento de las células. En el próximo capítulo haré una cronología de las fechas para que puedan entender mejor los tiempos en que sucede cada cosa.
Y bueno, con este capítulo concluimos el arco de Sasori. Espero que, además de haberles gustado, les haya servido para entender hasta qué punto llegó su relación. Además de que espero ahora tengan un panorama más completo a cerca de porque, en la actualidad, Sasori se comporta tan fríamente con ella.
Creo que es el capítulo más largo, y con más saltos de escenarios, que he escrito hasta ahora. ¡Espero haber cubierto sus expectativas!
Para quienes son multishipper, y además SasoSaku, habrán más escenas a cerca de ellos una vez que regresemos al tiempo presente, aunque claro, obviando el SasuSaku que se nos viene.
Y para las que extrañan a Sasuke, ¡Vuelve en el próximo capítulo!
Veo un trío inestablemente amoroso en el futuro de Lotus wuajaja.
Sin más por añadir, no me puedo ir sin antes agradecerles el inmenso apoyo que está recibiendo Lotus día con día c: Enserio, no hay palabras. ¡Gracias por tanto! ¡Espero estar a la altura de sus expectativas en los siguientes capítulos!
¡Besos!
Rooss-out.
